Resurrecciones en la Biblia (Código 2014-121) – Radios Fráter
  • abril 23, 2014

Resurrecciones en la Biblia (Código 2014-121)

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Todos estamos siempre muy expectantes de la vida, pero también estamos muy preocupados por la muerte. No hay excepciones, usted y yo un día ixcamik, como se dice en dialecto, nos moriremos. Nos han enseñado que el hombre nace, crece, se reproduce y muere, y es cierto, pero no termina ahí la historia, para el que cree en Cristo hay vida después de la vida, hay vida después de la muerte, la vida eterna nos espera, así que no es motivo de angustia. Cada domingo que nos reunimos recordamos con alegría la resurrección del Señor, porque fue un primer día de la semana y por eso la Iglesia se reúne principalmente el domingo por la mañana, también tenemos reuniones sábado, miércoles, viernes, todos los días, pero al reunirnos el domingo recordamos la resurrección del Señor.

Hay otras resurrecciones en la Biblia, por ejemplo: 1 Reyes 17:7- 23 dice “Algún tiempo después, se secó el arroyo porque no había llovido en el país. Entonces la palabra del Señor vino a él y le dio este mensaje: «Ve ahora a Sarepta de Sidón, y permanece allí. A una viuda de ese lugar le he ordenado darte de comer.» Las ironías de la vida, Dios le ordena a una viuda, no a una señora que tiene muchos recursos. No, a una viuda le ordena darle de comer. Así que Elías se fue a Sarepta. Al llegar a la puerta de la ciudad, encontró a una viuda que recogía leña. La llamó y le dijo: —Por favor, tráeme una vasija con un poco de agua para beber. Mientras ella iba por el agua, él volvió a llamarla y le pidió: —Tráeme también, por favor, un pedazo de pan. —Tan cierto como que vive el Señor tu Dios —respondió ella—, no me queda ni un pedazo de pan; sólo tengo un puñado de harina en la tinaja y un poco de aceite en el jarro. Precisamente estaba recogiendo unos leños para llevármelos a casa y hacer una comida para mi hijo y para mí. ¡Será nuestra última comida antes de morirnos de hambre! —No temas —le dijo Elías—. Vuelve a casa y haz lo que pensabas hacer. Pero antes prepárame un panecillo con lo que tienes, y tráemelo; luego haz algo para ti y para tu hijo. Porque así dice el Señor, Dios de Israel: “No se agotará la harina de la tinaja ni se acabará el aceite del jarro, hasta el día en que el Señor haga llover sobre la tierra”.

Ella fue e hizo lo que le había dicho Elías, de modo que cada día hubo comida para ella y su hijo, como también para Elías. Y tal como la palabra del Señor lo había anunciado por medio de Elías, no se agotó la harina de la tinaja ni se acabó el aceite del jarro. Poco después se enfermó el hijo de aquella viuda, y tan grave se puso que finalmente expiró. Entonces ella le reclamó a Elías: — ¿Por qué te entrometes, hombre de Dios? ¡Viniste a recordarme mi pecado y a matar a mi hijo! —Dame a tu hijo —contestó Elías. Y arrebatándoselo del regazo, Elías lo llevó al cuarto de arriba, donde estaba alojado, y lo acostó en su propia cama. Entonces clamó: «Señor mi Dios, ¿también a esta viuda, que me ha dado alojamiento, la haces sufrir matándole a su hijo?» Luego se tendió tres veces sobre el muchacho y clamó: « ¡Señor mi Dios, devuélvele la vida a este muchacho!» El Señor oyó el clamor de Elías, y el muchacho volvió a la vida. Elías tomó al muchacho y lo llevó de su cuarto a la planta baja. Se lo entregó a su madre y le dijo: — ¡Tu hijo vive! ¡Aquí lo tienes! Entonces la mujer le dijo a Elías: —Ahora sé que eres un hombre de Dios, y que lo que sale de tu boca es realmente la palabra del Señor”.

No hay cosa más dolorosa que ver morir a un hijo, aunque esta mujer estaba viviendo en tal pobreza, en tal escasez que dijo: voy a preparar el último pan con el poco de harina que tengo en la tinaja y el poco aceite que tengo en el jarro y ya se me acabó todo, voy a preparar un pan, nos lo vamos a comer mi hijo y yo y nos moriremos de hambre. Eran tres años de sequía en la Tierra, la crisis era mundial y así como en aquel entonces, muchos hoy en día piensan que van a morir de hambre, porque están escaseando los alimentos en su casa. Pero Elías le dijo a la viuda: – viuda, prepárame a mí primero un panecillo y luego preparas para ti y para tu hijo. Esta mujer, admirable, dijo: bueno, si de todos modos me voy a morir al comer este pan, mejor que se lo coma Elías y a lo mejor él me entierra. Preparó para Elías, para ella y su hijo y al otro día cuando metió la mano en la tinaja había otro puñado de harina y en la jara otro poco de aceite y al siguiente día también, a la siguiente semana también, el siguiente mes también, casi un año estuvo Elías con ella y entonces se comprobó que Dios suple todo lo que nos falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús nuestro Señor.

Jesús lo puso de esta manera: busquen primero el reino de Dios y su justicia y todas las demás cosas vendrán por añadidura, y Él habla específicamente de techo, ropa, alimentos. Yo sé que muchas veces nosotros retenemos el diezmo del Señor por miedo a que no tengamos para nuestros alimentos, por miedo que no tengamos para nuestras necesidades. Pero hemos aprendido a honrar a Dios primero, a buscar a Dios primero y lo primero que hacemos cuando recibimos nuestros ingresos es el diezmo del Señor, porque así aseguramos la bendición de Dios, rinde más un noventa por ciento con la bendición del Señor, que un ciento por ciento sin la bendición del Señor.

Por eso esta mujer aprendió y le dio a Elías primero y vivió toda la época crítica sin hambre, porque el Señor proveyó. Ni murió ella ni su hijo de hambre, pero un día el hijo se murió. Y entonces, le reclamó a Elías. Cuando se muere un ser querido empezamos con reacciones muy humanas y una de ellas es reclamar. “Es culpa tuya le dice la esposa a su esposo” o viceversa y a veces decimos que es culpa de Dios, y nos quejamos. Elías tomó a ese niño, y Dios oyó su clamor y el muchacho volvió a la vida, eso es resurrección: volver a la vida. Claro, quizá su hijo está vivo físicamente, pero puede que esté muerto espiritualmente y usted esté preocupado porque quién sabe qué hizo este fin de semana, dónde anda, a lo mejor no sabe de él en mucho tiempo, pero Dios también puede hacer que ese hijo vuelva a la vida espiritual y resucite. Resurrección física fue la que tuvo ese niño, hijo de la viuda de Sarepta.

Hay otra resurrección, en 2 Reyes 4:28-37, en este caso dice así, esto ya es con otro profeta, Eliseo que fue discípulo de Elías: —Señor mío —le reclamó la mujer—, ¿acaso yo le pedí a usted un hijo? —porque Eliseo llegó a hospedarse en la casa de esta mujer y su esposo. Era estéril y gracias al profeta tuvo su hijo, pero ahora mire lo que pasa—. ¿Acaso yo le pedí a usted un hijo? ¿No le rogué que no me engañara? Eliseo le ordenó a Guiezi: —Arréglate la ropa, toma mi bastón y ponte en camino. Si te encuentras con alguien, ni lo saludes; si alguien te saluda, no le respondas. Y cuando llegues, coloca el bastón sobre la cara del niño. Pero la madre del niño exclamó: — ¡Le juro a usted que no lo dejaré solo! ¡Tan cierto como que el Señor y usted viven! Así que Eliseo se levantó y fue con ella. Guiezi, que se había adelantado, llegó y colocó el bastón sobre la cara del niño, pero éste no respondió ni dio ninguna señal de vida. Por tanto, Guiezi volvió para encontrarse con Eliseo y le dijo: —El niño no despierta. Cuando Eliseo llegó a la casa, encontró al niño muerto, tendido sobre su cama. Entró al cuarto, cerró la puerta y oró al Señor. Luego subió a la cama y se tendió sobre el niño boca a boca, ojos a ojos y manos a manos, hasta que el cuerpo del niño empezó a entrar en calor. Eliseo se levantó y se puso a caminar de un lado a otro del cuarto, y luego volvió a tenderse sobre el niño. Esto lo hizo siete veces, al cabo de las cuales el niño estornudó y abrió los ojos. Entonces Eliseo le dijo a Guiezi: —Llama a la señora. Guiezi así lo hizo, y cuando la mujer llegó, Eliseo le dijo: —Puedes llevarte a tu hijo. Ella entró, se arrojó a los pies de Eliseo y se postró rostro en tierra. Entonces tomó a su hijo y salió.

Me llama la atención cómo Eliseo le dice a su criado vete a poner el báculo sobre el niño. No saludes a nadie, lo que le estaba diciendo es: enfócate en tu tarea, enfócate en tu misión. Si algo necesitamos en la vida es enfoque. A veces somos llamados a hacer algo, pero nos distraemos haciendo otras cosas buenas, necesarias, pero no la que Dios nos mandó a hacer. Y en este caso a Guiezi le dijo pon el báculo sobre el niño. Llegó Eliseo y logró que resucitara. Hay otra resurrección aquí. 2 de Reyes 13:20-21, después de esto, Eliseo murió y fue sepultado. Así que aunque yo resucite a un muerto, a dos, a tres o a cinco, también yo voy a morir. Eliseo resucitó a este niño, pero finalmente murió y fue sepultado. Cada año, bandas de guerrilleros moabitas invadían el país. En cierta ocasión, unos israelitas iban a enterrar a un muerto, pero de pronto vieron a esas bandas y echaron el cadáver en la tumba de Eliseo. Cuando el cadáver tocó los huesos de Eliseo, ¡el hombre recobró la vida y se puso de pie!

Ojalá que cuando a usted lo metan en una tumba estén los huesos de alguien como Eliseo. Hasta los huesos tenían poder de Dios para resucitar a este hombre. Imagínese a los que lo fueron a enterrar, no llegaron a la tumba de él por miedo a la banda que veían que se acercaba, tiraron el cadáver, se fueron corriendo y cuando llegaron a la casa se aparece el muerto. Siguieron corriendo. Lucas 7:11-17 “Poco después Jesús, en compañía de sus discípulos y de una gran multitud, se dirigió a un pueblo llamado Naín. Cuando ya se acercaba a las puertas del pueblo, vio que sacaban de allí a un muerto, hijo único de madre viuda. La acompañaba un grupo grande de la población. Al verla, el Señor se compadeció de ella y le dijo: —No llores. Entonces se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron, y Jesús dijo: —Joven, ¡te ordeno que te levantes!

Con esa autoridad yo le sugiero que mañana, pasado mañana y cada mañana le hable a su marido o a sus hijos para que se levanten y vayan a trabajar o a estudiar. El muerto se incorporó y comenzó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre. Todos se llenaron de temor y alababan a Dios. —Ha surgido entre nosotros un gran profeta —decían—. Dios ha venido en ayuda de su pueblo. Así que esta noticia acerca de Jesús se divulgó por toda Judea y por todas las regiones vecinas. Jesús resucitó a más personas. En los evangelios encontramos la historia de Lázaro, quizá el caso de resurrección hecho por Jesús más famoso, también está la hija de Jairo y muchos más resucitaron el día que Jesús mismo murió.

“Entonces Jesús volvió a gritar con fuerza, y entregó su espíritu. En ese momento la cortina del santuario del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. La tierra tembló y se partieron las rocas. Se abrieron los sepulcros, y muchos santos que habían muerto resucitaron. Salieron de los sepulcros y, después de la resurrección de Jesús, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a muchos (Mateo 27:50-53). Llega el día en que uno se va a morir.

Pero qué hay en común entre todo esto que hemos comentado, Lázaro, la hija de Jairo, la hija de la viuda de Naín, Eliseo, aquel hijo de la viuda, el hijo de la viuda de Sarepta, el cadáver aquel que tiraron en la tumba de Eliseo. ¿Qué hay en común con todos estos que resucitaron? El común denominador de todos ellos es que se volvieron a morir. Si usted se muere y oro por usted y resucita, va a resultar que se volverá a morir, por eso no oro para que resucite. A veces me han invitado a orar por una persona que está gravemente enferma y ahí está la persona octogenaria, toda acabada le digo: Me dijeron que viniera a orar por usted para que sane. Y quiero decirle que yo sé que Dios puede sanarlo a usted de esta enfermedad, pero de morirse tiene. Dios lo va a sanar de esta y se va a enfermar de otra, va a tener un accidente, le van a dar un balazo, un susto, va a perder el Barsa o va a perder el Real y de morirse tiene.

A este que se está muriendo en ese momento, le digo: voy a orar para que Dios lo sane, pero de nada sirve que Dios lo sane si usted no reconoce que es un pecador y necesita entregar su vida a Jesús. Si usted no reconoce a Jesús como su Señor y Salvador personal de nada servirá que sane, porque de morirse tiene. Por eso es más importante ser sanado del alma por medio de la fe en Cristo Jesús nuestro Señor, que ser sanado de un cáncer, de cualquier enfermedad terminal.

Por eso no solo oremos por el enfermo para que sane, oremos para que se convierta a Cristo, porque todos los enfermos que sanan, se van a morir, tarde o temprano. Todas las sanidades son maravillosas, todos los milagros son maravillosos, pero lo más grande e importante es que una persona se arrepienta de sus pecados y confiese su fe en Jesucristo, porque ese jamás morirá. Jesús dijo: Yo soy la resurrección y la vida, el que en mí cree vivirá, aunque muera. Hay muerte física, pero hay vida eterna. Ahora Jesucristo también resucitó, Pedro lo predicó en su primer mensaje en público en Hechos 2:32 y dijo en el día de Pentecostés: “A este Jesús, Dios lo resucitó, y de ello todos nosotros somos testigos”.

Jesús es el único a quien Dios directamente resucitó sin que hubiera ninguna intercesión humana, una oración hecha por un hombre. Solo Jesús resucitó para siempre, pues venció a la muerte para siempre. Todas las resurrecciones en la Biblia testifican el poder de Dios. El poder del Creador que no sólo nos creó sino que nada le cuesta devolvernos la vida. Sin embargo, todas las personas que resucitaron en la Biblia, volvieron a morir.

Lucas 24:36-42 dice: “Todavía estaban ellos hablando acerca de esto, cuando Jesús mismo se puso en medio de ellos y les dijo: —Paz a ustedes. Aterrorizados, creyeron que veían a un espíritu. — ¿Por qué se asustan tanto? —les preguntó—. ¿Por qué les vienen dudas? Miren mis manos y mis pies. ¡Soy yo mismo! Tóquenme y vean; un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que los tengo yo. Jesús resucitó con carne y huesos. Resucitó con su cuerpo físico, pero un físico trascendental, un cuerpo transformado, un cuerpo glorificado, un cuerpo que podían tocar no solo ver, pero dice también: Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Como ellos no acababan de creerlo a causa de la alegría y del asombro, les preguntó: — ¿Tienen aquí algo de comer? Le dieron un pedazo de pescado asado, así que lo tomó y se lo comió delante de ellos”.

Jesús resucitó con un cuerpo que aunque lo tocaron, lo abrazaron, les dijo nos vemos, y atravesó la pared, sin destruirla. Con esas cosas que uno mira solo en ciencia ficción, pero esto es verdad, Jesucristo resucitó con un cuerpo para ser incorruptible, como dice la Biblia, es decir que jamás ese cuerpo se va a infectar, jamás volverá a sufrir diabetes, ese cuerpo, jamás tendrá lumbago, jamás tendrá artritis, jamás tendrá epilepsia, jamás tendrá ningún cáncer, ese cuerpo no tendrá ninguna enfermedad, cuando usted resucite lo va hacer con un cuerpo perfecto como el cuerpo de Jesús, porque es la muestra de lo que será el cuerpo suyo y el mío cuando resucitemos.

Sí, la Biblia claramente dice que nuestro cuerpo es nuestra casa temporal de habitación, y Pablo dice que en el hombre exterior nos envejecemos y no desgastamos, pero en el interior nos renovamos. Nuestro cuerpo llega a un punto en el que, como dice la Biblia, cuando morimos el cuerpo vuelve al polvo y el espíritu vuelve a Dios que lo dio mientras llega la resurrección, cuando llega la resurrección el Señor tomará el espíritu, el cuerpo para reunirlos y ser un solo ser eternamente con Dios, siempre y cuando usted haya creído en Cristo, si no será un solo ser lejos de Dios y eso será el infierno. Aquel que muere con la fe en Cristo tendrá una experiencia eterna maravillosa.

En 1 Corintios 15, los corintios influidos por el pensamiento griego creían que el cuerpo no tenía ninguna importancia, lo que importaba era el espíritu, decían ellos, porque una vez muerto ya no existiría el cuerpo, por eso lo que se hiciera con él no importaba, porque de todas maneras era irredimible. Y ese pensamiento griego estaba afectando la mentalidad de los cristianos en Corinto, por eso en 15:12-28 Pablo les escribe y les dice: Ahora bien, si se predica que Cristo ha sido levantado de entre los muertos, ¿cómo dicen algunos de ustedes que no hay resurrección? Si no hay resurrección, entonces ni siquiera Cristo ha resucitado. Y si Cristo no ha resucitado, nuestra predicación no sirve para nada, como tampoco la fe de ustedes. Aún más, resultaríamos falsos testigos de Dios por haber testificado que Dios resucitó a Cristo, lo cual no habría sucedido, si en verdad los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado. Y si Cristo no ha resucitado, la fe de ustedes es ilusoria y todavía están en sus pecados. En este caso, también están perdidos los que murieron en Cristo. Si la esperanza que tenemos en Cristo fuera sólo para esta vida, seríamos los más desdichados de todos los mortales. Lo cierto es que Cristo ha sido levantado de entre los muertos, como primicias de los que murieron. 

Quiere decir una cosecha grande de resucitados a través de Cristo. De hecho, ya que la muerte vino por medio de un hombre –Adán-, también por medio de un hombre – Jesucristo- viene la resurrección de los muertos. Pues así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos volverán a vivir, pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; después, cuando él venga, los que le pertenecen. Entonces vendrá el fin, cuando él entregue el reino a Dios el Padre, luego de destruir todo dominio, autoridad y poder. Porque es necesario que Cristo reine hasta poner a todos sus enemigos debajo de sus pies. El último enemigo que será destruido es la muerte, pues Dios «ha sometido todo a su dominio».Al decir que «todo» ha quedado sometido a su dominio, es claro que no se incluye a Dios mismo, quien todo lo sometió a Cristo. Y cuando todo le sea sometido, entonces el Hijo mismo se someterá a aquel que le sometió todo, para que Dios sea todo en todos. Hoy estamos recordando que Cristo resucitó de los muertos, pero los que creemos en Cristo también resucitaremos de la muerte.

Mateo 28:1-10 dice: Después del sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. Sucedió que hubo un terremoto violento, porque un ángel del Señor bajó del cielo y, acercándose al sepulcro, quitó la piedra y se sentó sobre ella. Su aspecto era como el de un relámpago, y su ropa era blanca como la nieve. Los guardias tuvieron tanto miedo de él que se pusieron a temblar y quedaron como muertos. El ángel dijo a las mujeres: —No tengan miedo; sé que ustedes buscan a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, tal como dijo. Vengan a ver el lugar donde lo pusieron. Luego vayan pronto a decirles a sus discípulos: “Él se ha levantado de entre los muertos y va delante de ustedes a Galilea. Allí lo verán.” Ahora ya lo saben. Así que las mujeres se alejaron a toda prisa del sepulcro, asustadas pero muy alegres, y corrieron a dar la noticia a los discípulos. En eso Jesús les salió al encuentro y las saludó. Ellas se le acercaron, le abrazaron los pies y lo adoraron. —No tengan miedo —les dijo Jesús—. Vayan a decirles a mis hermanos que se dirijan a Galilea, y allí me verán.

El mensaje del Señor una y otra vez es: No tengan miedo. Si algo debemos evitar en nuestra vida es precisamente el miedo. ¿De qué sirve vivir una vida y vivirla llena de miedo y amanecer pensando que nos vamos a morir y anochecer pensando que la muerte se acerca? Qué voy a ser ahora que seré viejo, qué voy a hacer ahora que estoy enfermo, y qué voy a hacer ahora que me muevo en medio del peligro que hay en estas ciudades y ahora ya no me voy a subir a un crucero porque ese ferry en Corea se hundió, ya van 58 cadáveres, 240 y pico de desaparecidos. Ya no voy a subir a un avión porque mire ese avión de Malasia, no aparece, no aparecen los cuerpos, ya no voy a salir. Miedo, miedo, miedo de morir, el miedo paraliza, el miedo impide ver hacia adelante con proyección, con fe, con esperanza, con sueños de graduarse un día, con sueños de casarse un día, con sueños de tener hijos un día, con sueños de ver sus hijos tener a sus nietos un día, con sueños de ver a sus nietos crecer y convertirse en siervos de Dios un día. El temor nos roba la alegría de vivir. Hay temores de todo tipo, los médicos le llaman fobias, hay muchos temores, pero Jesucristo nos vino a librar de los temores y por eso nos dice una y otra vez: no tengan miedo.

En Hebreos 2:14-15 dice: Por tanto, ya que ellos son de carne y hueso, él también compartió esa naturaleza humana para anular, mediante la muerte, al que tiene el dominio de la muerte —es decir, al diablo—. Cristo anuló al diablo, el diablo está anulado. No le eche la culpa al diablo por lo que usted hace, no es el diablo, es su carne la que le hace hacer cosas. El diablo está anulado y dice en el versículo 15: y librar a todos los que por temor a la muerte estaban sometidos a esclavitud durante toda la vida. Sí, yo se los digo una y otra vez, vamos a morir pero no vamos a vivir atemorizados por la muerte que nos espera. Mientras llega la muerte nosotros viviremos, como dice la Biblia, siempre gozosos, siempre agradecidos, siempre fervientes en el espíritu, siempre viviendo cada día como si fuerza el último día de nuestra vida, pero trabajando como si fuéramos a vivir cien años más. Esperemos la muerte así como esperamos a Cristo. Sí, a veces decimos que aún no viene. ¡Va a venir! Por eso debemos vivir como si viniera Cristo hoy y esforzarnos como si fuera a venir dentro de cien años. Él nos ha venido a liberar del temor a la muerte. Así que cuando usted sienta temor a la muerte, recuerde Hebreos 2:14-15, Cristo vino a vencer al diablo por medio de su muerte y a liberarnos del temor de la muerte. No dice que nos a librar de la muerte, nos vino a librar del temor a la muerte. Usted se va a morir, pero no viva con miedo, disfrute este día, cómase su tortilla con chicharrones tranquilo hoy, cómase su pacaya envuelta en huevo, cómase su pollo frito, disfrute sus postres. Coma lo que debe de comer, por supuesto. Disfrute su comida.

Mientras llega vamos a hacerlo sin temor, sin temores.

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