¿Qué espera el Señor de nosotros? (Código 2014-148) – Radios Fráter
  • mayo 21, 2014

¿Qué espera el Señor de nosotros? (Código 2014-148)

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No es cosa fácil gobernar una nación, no es cosa fácil gobernar  un país. Por eso la Biblia nos exhorta a elevar oraciones por aquellos que están en eminencia. Es nuestra responsabilidad, como creyentes, una vez que pasan las elecciones y toma posesión el nuevo gobernante y su equipo – independiente de que no haya sido el escogido por nosotros, el preferido por nosotros- tenemos el deber cristiano de respaldarlo en oración y pedir a Dios que le dé sabiduría, porque los problemas que va a tener entre las manos son muy complejos, las presiones que va a tener a su alrededor son constantes y diversas. Las soluciones para cada uno de los casos no son tan fáciles de hallar y muy difícilmente se logra satisfacer al ciento por ciento de la población.

Cada uno en su propio entorno, cada uno en su propio nivel, en su ambiente. Tenemos que entender lo que el jurista Ulpiano, al hablar del concepto de justicia dijo: “justicia es la constante y perpetua voluntad de dar o conceder a cada uno su derecho”. Y esto se explica de esta manera: hay que vivir honestamente, no hacer  daño a nadie y dar a cada uno lo suyo. Cuando nosotros  honestamente le damos a cada uno lo suyo, lo que le corresponde, estamos haciendo justicia. Pero si se contrata a una persona y en ese contrato también se le hace que firme un finiquito para el final del año ¿será eso justo? Usted le está pidiendo a su empleado, o a la persona que está contratando, que desde ya le libere de toda responsabilidad, por si acaso al final del año usted no le da la gana pagar lo que debe a su trabajador.

Está establecido en la ley del país, por ejemplo, un salario mínimo y hemos sabido desde antaño de algunos comerciantes que contratan a un dependiente y le hacen firmar el recibo por salario mínimo, pero le pagan un 70 por ciento de ese salario. Eso es injusticia. Cuando usted a su esposa le debería dar mil, dos mil, tres mil, cinco mil, dependiendo la necesidad del presupuesto, pero solamente le da la mitad, eso es injusticia. “La otra mitad no te la puedo dar porque tengo un viaje a Europa y necesito la plata”. Tenemos que practicar, todos, la justicia. “¡Ya se te ha declarado lo que es bueno! Ya se te ha dicho lo que de ti espera el Señor – ¿qué espera el Señor de cada uno de nosotros? Practicar la justicia. Hoy hablaremos de la justicia, los siguientes fines de semana hablaremos sobre la misericordia, y humillarnos  ante nuestro Dios (Miqueas 6:8).

¿Qué espera Dios de nosotros? Que practiquemos la justicia. No solo que prediquemos la justicia, no solo que escribamos sobre la justicia, que tengamos diálogos sobre la justicia, sino que la practiquemos. Hablar es fácil, pero del dicho al hecho hay mucho trecho. Cada funcionario delante de las nación es juramentado para respetar la constitución de su país y para obedecerla y hacerla obedecer. Ahora decirlo es mucho más fácil que aplicarlo.

Tenemos que entender que Dios espera de nosotros, sobre todas las cosas, que practiquemos la justicia.  No es justo que un hijo haga las tareas propias y las del otro, cada hijo debe hacer su propia tarea. Cuando usted confiesa su pecado, cuando usted confiesa su culpa, cuando usted reconoce su error y pide perdón a Dios, Él lo perdona y usted es liberado. Puede venir a condenarlo quien quiera que venga, pero usted ya ha sido justificado, porque puso la fe en el nombre de Jesús, nuestro Señor. El diablo se encarga de condenarnos,  pero la Biblia dice: “ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, porque no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu”. ¿Qué espera el Señor de ti? Practicar la justicia. Es importante que nosotros practiquemos la justicia y por eso es nuestra responsabilidad, como padres, enseñar a nuestros hijos a practicar la justicia.

En Proverbios 1:8-19 dice: Hijo mío, escucha las correcciones de tu padre y no abandones las enseñanzas de tu madre. Adornarán tu cabeza como una diadema; adornarán tu cuello como un collar.  Hijo mío, si los pecadores quieren engañarte, no vayas con ellos.  Éstos te dirán: « ¡Ven con nosotros! Acechemos a algún inocente y démonos el gusto de matar a algún incauto; traguémonos a alguien vivo, como se traga el sepulcro a la gente; devorémoslo entero,    como devora la fosa a los muertos. Obtendremos toda clase de riquezas; con el botín llenaremos nuestras casas. Comparte tu suerte con nosotros, y compartiremos contigo lo que obtengamos.» ¡Pero no te dejes llevar por ellos, hijo mío! ¡Apártate de sus senderos! Pues corren presurosos a hacer lo malo; ¡tienen prisa por derramar sangre! De nada sirve tender la red a la vista de todos los pájaros,  pero aquéllos acechan su propia vida y acabarán por destruirse a sí mismos. Así terminan los que van tras ganancias mal habidas; por éstas perderán la vida.

Si algo tenemos que enseñar a nuestros hijos  es que las ganancias mal habidas no sirven. Una ganancia por un carro robado no es lo correcto, una ganancia por el rescate de un secuestro no es lo correcto. Una ganancia por algo mal habido no es lo correcto, además lo que es del agua, el agua se lo lleva. He visto personas hacer ganancias mal habidas y luego sufren las consecuencias, caen presos, pierden el buen nombre. Yo le digo el buen nombre vale más que las muchas riquezas. De qué le sirve tener millones y millones y millones y todos digan ahí va el ladrón, ahí va el hijo de Satanás, por eso es importante que enseñemos a nuestros hijos desde chicos a practicar la justicia. Justicia es dar a cada uno lo que le corresponde. Si algo tenemos que enseñar a nuestros hijos es esto.

El profeta Miqueas nos declara lo que es bueno y lo que Dios espera de nosotros: practicar la justicia. Dios nos enseña lo que es justo en Su Palabra. Un hombre distinguido por su justicia y su  sabiduría para juzgar fue el rey Salomón y enseñó algo que me ha llamado mucho la atención y es lo que está en Eclesiastés 8:11 Cuando no se ejecuta rápidamente la sentencia de un delito, el corazón del pueblo se llena de razones para hacer lo malo. No se puede entretener la aplicación de la justicia. ¿Qué es lo que nuestro Señor espera de nosotros? Practicar la justicia. No hablar de justicia sino practicarla, es dar a cada uno lo que le corresponde. Al que hay que darle libertad porque es obediente a las leyes, que esté libre. Y al que cárcel porque incumple las leyes, hay que darle cárcel. Al que hay que darle castigo, hay que darle castigo. Si nosotros como padres practicamos la justicia con nuestros hijos y les damos el premio o el castigo que merece, nuestros hijos crecerán para ser hombres y mujeres justos.

1 Pedro 1:14-16, dice: Como hijos obedientes, no se amolden a los malos deseos que tenían antes, cuando vivían en la ignorancia. Más bien, sean ustedes santos en todo lo que hagan, como también es santo quien los llamó;  pues está escrito: “Sean santos, porque yo soy santo. Nosotros como padres nos queremos hijos que salgan en los periódicos acusados de traficantes de personas ni que sean ladrones ni que sean secuestradores ni que sean violadores. Que no esté nuestro hijo en esas fotografías de un periódico  y que diga que mató a siete. Ningún padre se alegra de eso, al contrario, se quiere ver al hijo que salga en un periódico pero como una persona notable, porque es respetuosa, trabajadora, altruista. Como padres queremos que nuestros hijos sean obedientes y que hagan sus tareas, que estudien, que hagan sus deberes y ayuden en la casa, que sean responsables  y respetuosos, pero sobre todo queremos que nuestros hijos sean obedientes. Todos queremos tener hijos obedientes  y el Padre nuestro que está en los cielos también quiere tener hijos obedientes. La Biblia es la constitución del reino de Dios, esta es la ley que Dios quiere para nosotros sus hijos y tenemos que obedecerla.

Santiago 4:17 dice: Así que comete pecado todo el que sabe hacer el bien y no lo hace. No basta con que conozcamos la Biblia, yo conozco gente que conoce mucho de ella, pero no hace nada de lo que lee y lo que tiene de la Biblia en su mente. Es importante que, de lo que sabemos de la Biblia, lo pongamos en práctica. Por eso debemos conocer y practicar lo que sabemos, porque del dicho al hecho hay mucho trecho. Cuántas cosas sabemos, que muchas veces no practicamos como es. Nosotros como hijos de Dios sabemos que leer la Biblia es bueno, pero ¿la estamos leyendo regularmente?

Huir de la tentación es bueno, pero ¿estamos huyendo de la tentación? Escuchar antes der hablar, si eso ocurriera en cada pareja, en cada hogar, escuchar antes de hablar, habría menos pleitos y sartenazos. Por algo Dios nos ha dado dos orejas y una boca, para oír el doble de lo que hablamos, pero hay quienes no oyen, están pensando qué responder y por eso hay tanto problema. Sabemos que  es bueno ser detallista con nuestra esposa, pero cuándo fue la última vez que usted le llevó una flor. Qué importante es ser detallista con nuestra esposa, pero ¿lo hacemos? Qué importante es dedicarle tiempo  a los hijos, lo sabemos. Conocer y practicar son dos mundos, conocemos la Biblia, conocemos de la justicia, usted puede ser un abogado que conozca de la justicia y del derecho legal de pe a pa, pero una cosa es saberla y otra es practicarla. Mire lo que dice Mateo 23:1-12, porque muchos fariseos conocían la justicia pero no la practicaban. Los fariseos eran los hombres de derecho de aquel entonces, eran los que interpretaban la ley, eran los abogados.  

Después de esto, Jesús dijo a la gente y a sus discípulos: «Los maestros de la ley y los fariseos tienen la responsabilidad de interpretar a Moisés. Así que ustedes deben obedecerlos y hacer todo lo que les digan. Pero no hagan lo que hacen ellos, porque no practican lo que predican.  Atan cargas pesadas y las ponen sobre la espalda de los demás, pero ellos mismos no están dispuestos a mover ni un dedo para levantarlas. »Todo lo hacen para que la gente los vea: Usan filacterias grandes y adornan sus ropas con borlas vistosas; se mueren por el lugar de honor en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, y porque la gente los salude en las plazas y los llame “Rabí”. »Pero no permitan que a ustedes se les llame “Rabí”, porque tienen un solo Maestro y todos ustedes son hermanos. Y no llamen “padre” a nadie en la tierra, porque ustedes tienen un solo Padre, y él está en el cielo.

Por supuesto que sí podemos llamar papás a nuestros papás naturales, la Biblia dice honrarás a tu padre y a tu madre, así que no le vaya a poner a su papá otro apodo porque aquí dijo el pastor, que no hay que llamar padre a nadie en la Tierra. Ni permitan que los llamen “maestro”, porque tienen un solo Maestro, el Cristo.  El más importante entre ustedes será siervo de los demás. Porque el que a sí mismo se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido. Versículos 23-28 » ¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas! Dan la décima parte de sus especias: la menta, el anís y el comino. Pero han descuidado los asuntos más importantes de la ley, tales como la justicia, la misericordia y la fidelidad. Debían haber practicado esto sin descuidar aquello.

Está bien que diezmen todo lo que tienen que diezmar, eso es correcto dijo Jesús, pero está mal que no practiquen la justicia además de diezmar. ¡Guías ciegos! Cuelan el mosquito pero se tragan el camello. » ¡Ay de ustedes, maestros de la ley  y fariseos, hipócritas! Limpian el exterior del vaso y del plato, pero por dentro están llenos de robo y de desenfreno. ¡Fariseo ciego! Limpia primero por dentro el vaso y el plato, y así quedará limpio también por fuera. » ¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas!, que son como sepulcros blanqueados. Por fuera lucen hermosos pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de podredumbre. Así también ustedes, por fuera dan la impresión de ser justos pero por dentro están llenos de hipocresía y de maldad.

Lea todo el pasaje, es importante. Muchos conocemos lo que es justo, el desafío es practicarlo, congregarnos es importante, pero congregarnos no es suficiente, vivir la Palabra de Dios es la única manera de practicar la justicia de Dios y experimentar la plena alegría y paz que viene de guardar sus mandamientos y preceptos. En el Antiguo Testamento el Señor dijo: obediencia quiero y no sacrificios solamente. Hacían muchos sacrificios, sacrificaban ovejas, bueyes, porque así decía ley, pero Él decía: no me basta con los sacrificios, lo que quiero es obediencia. Así como un padre espera de sus hijos obediencia, Dios, el Padre nuestro que está en los cielos, espera de cada uno de nosotros obediencia. Practicar la justicia.

1 de Juan 1:5-10 dice: Éste es el mensaje que hemos oído de él y que les anunciamos: Dios es luz y en él no hay ninguna oscuridad.  Si afirmamos que tenemos comunión con él, pero vivimos en la oscuridad, mentimos y no ponemos en práctica la verdad. Pero si vivimos en la luz, así como él está en la luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesucristo nos limpia de todo pecado.  Si afirmamos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no tenemos la verdad. Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad. Si afirmamos que no hemos pecado, lo hacemos pasar por mentiroso y su palabra no habita en nosotros.

Todos somos pecadores, no hay justo ni  aún uno, dice la Escritura, pero tenemos que aprender a reconocer nuestros pecados. El ser humano siempre tiende a echarle la culpa a otro, nadie reconoce su culpa. El plato se quebró, nunca se dice: boté el plato y lo quebré. Nunca se dice choqué el carro, siempre se dice me chocaron, un loco que venía como a mil por hora. Yo no le di al poste, se me corrió el poste. No sé de donde  me apareció el árbol. La culpa es del poste, del árbol, pero nunca decimos: Yo fui el culpable. Tenía una conocida a la que su esposo le regaló un anillo y por ir viendo el anillo se estrelló. Ese anillo le salió caro, conozco a otros que por ir viendo su celular, cuántos pueden decir mea culpa. Suena el celular y corren a atenderlo y ¡pum! empotrados en el bus de enfrente. Hay que dejar el móvil a un lado. Es importante que pronto asumamos nuestras responsabilidades. Reconozcamos nuestros  yerros pronto, porque la Biblia dice que si nosotros confesamos nuestros pecados, Dios que es fiel y justo nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad y  eso lo hemos experimentado todos aquí,  Él nos ha limpiado, nos ha perdonado. 1 de Juan 2:1-6 Mis queridos hijos, les escribo estas cosas para que no pequen. Pero si alguno peca, tenemos ante el Padre a un intercesor, a Jesucristo, el Justo. Él es el sacrificio por el perdón de nuestros pecados, y no sólo por los nuestros sino por los de todo el mundo. ¿Cómo sabemos si hemos llegado a conocer a Dios?– pregunta clave, la repito: ¿cómo sabemos si hemos llegados a conocer a Dios? Respuesta: Si obedecemos sus mandamientos.

La prueba que usted ha conocido a Dios es que usted obedece sus mandamientos, usted practica la justicia.  El que afirma: «Lo conozco», pero no obedece sus mandamientos, es un mentiroso y no tiene la verdad. En cambio, el amor de Dios se manifiesta plenamente en la vida del que obedece su palabra. De este modo sabemos que estamos unidos a él: el que afirma que permanece en él, debe vivir como él vivió. ¿Estamos dispuestos a vivir como Él vivió? ¿Estamos dispuestos a hacer lo que Él hizo, a obedecer cómo Jesús obedeció? Espero que sí, gracias a Dios porque por su misericordia estamos con vida plena.

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