¿Qué espera el Señor de nosotros? parte 2 (Código 2014-154) – Radios Fráter
  • mayo 28, 2014

¿Qué espera el Señor de nosotros? parte 2 (Código 2014-154)

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La semana pasada comenzamos a compartir una serie de tres temas, basados en el libro del profeta Miqueas, 6:8 “¡Ya se te ha declarado lo que es bueno! Ya se te ha dicho lo que de ti espera el Señor: Practicar la justicia, amar la misericordia, y humillarte ante tu Dios”. Si usted no ha leído el anterior, le recomiendo que entre a www.fraterpredicas.org o puede adquirir en la Fráter Librería el CD o el DVD y pueda leerlos, escucharlos o ver las prédicas.

Hoy en día necesitamos practicar la justicia, no solo hablar de la justicia, reflexionar sobre la justicia, predicar sobre la justicia, necesitamos practicarla. Santiago dice que no debemos ser solamente oidores sino practicantes de la Palabra. Cuando pasamos del dicho al hecho, entonces vemos grandes cosas, y practicar la justicia es algo muy importante. Dijimos que justicia es dar a cada uno lo que le corresponde y qué importante es ser justos. Al que honra, darle honra y al que tributo, tributo. Al que castigo, castigo, al que perdón, perdón. Hay que darle a cada uno lo que le corresponde.

Hoy quiero referirme sobre la segunda parte: amar la misericordia. Todos sabemos que cuando amamos de verdad pensamos en la persona amada, soñamos con la persona amada, escribimos el nombre de la persona amada y no se va de nuestra mente. En este caso cuando nos habla de amar la misericordia es porque debemos tenerla presente en nuestra vida. Uno de los salmos más maravillosos dice: Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, Y en la casa de mi Padre moraré por largos días.

El bien y la misericordia. Hay cosas que nos siguen siempre. La sombra, por ejemplo, a donde vayamos, ahí va. Nos sigue, no nos podemos desprender de la sombra. Yo estoy convencido que si nos apropiamos de esa verdad, el bien y la misericordia nos seguirán todos los días de nuestra vida. Son como los perritos falderos, si usted ha tenido uno de esos que andan por donde quiera que va, va a la cocina, al dormitorio, ahí va el perrito. Picola se llamaba la perrita que me llevaron un día mi nuera Aixa y mi hijo Alex a la casa. Esa perrita tenía una peculiaridad que donde uno andaba, ahí estaba ella. Si estaba en la cama enfermo, sea subía a la cama o se acostaba a la par de la cama para acompañarlo. Usted no se sentía solo.

El bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, los días buenos, los días malos, los días soleados, los días opacos, los días tristes, los días alegres, los días que tengo las bolsas llenas de plata y los días en la que solo hoyos tiene la bolsa. En Mateo 18:21-35 le preguntaron a Jesús, un día, cómo deberían sus discípulos ejercer el perdón y la misericordia. Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: —Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano que peca contra mí? ¿Hasta siete veces? —No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta y siete veces. (Una versión del 60 dice hasta 70 veces siete. El punto no es el número específico sino el significado que Jesús le da a este número, a esta parábola que él cuenta y esta ilustración. Esto no es algo que ocurrió en la vida real, fue una historia que Jesús les contó para ilustrar su punto) —le contestó Jesús.

Por eso el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al comenzar a hacerlo, se le presentó uno que le debía miles y miles de monedas de oro (El oro es un material caro y una moneda de ese metal significa mucho valor económico y si son miles y miles estamos hablando de millones y millones de quetzales, de dólares). Como él no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su esposa y a sus hijos, y todo lo que tenía, para así saldar la deuda. El siervo se postró delante de él. “Tenga paciencia conmigo —le rogó—, y se lo pagaré todo”. El señor se compadeció de su siervo, le perdonó la deuda y lo dejó en libertad (esto es algo que rara vez ocurre. Si usted le debe millones, de millones a un banco o a un empresario o a un jefe, difícilmente le va a decir: te perdono los diez millones de quetzales que me debes. Perdonar una deuda no es tan fácil, sin embargo, en este caso el dueño de la plata, del dinero lo perdonó).

Luego dice: »Al salir, aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros que le debía cien monedas de plata (cien monedas de plata comparado con miles de monedas de oro es un contraste muy grande. Como que usted tenga un millón de quetzales y el otro le deba cien quetzales. Pero se encontraron, le habían perdonado a él millones, y se encuentra con uno que le debe centavos). Lo agarró por el cuello y comenzó a estrangularlo. “¡Págame lo que me debes!”, le exigió. Su compañero se postró delante de él. “Ten paciencia conmigo —le rogó—, y te lo pagaré.” Pero él se negó. Más bien fue y lo hizo meter en la cárcel hasta que pagara la deuda. Cuando los demás siervos vieron lo ocurrido, se entristecieron mucho y fueron a contarle a su señor todo lo que había sucedido. Entonces el señor mandó llamar al siervo. “¡Siervo malvado! —le increpó—. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haberte compadecido de tu compañero, así como yo me compadecí de ti?” Y enojado, su señor lo entregó a los carceleros para que lo torturaran hasta que pagara todo lo que debía. »Así también mi Padre celestial los tratará a ustedes, a menos que cada uno perdone de corazón a su hermano.

Todos queremos que nos perdonen una deuda. Un día me acerqué a un empresario, de un medio de televisión, que año con año nos venían subiendo los costos y el dije: quiero contarle que tengo un sueño y una pesadilla. A ver, cuénteme me dijo. El sueño es que usted ya no me cobre. Y la pesadilla que me siga aumentando. Y le hice una relación de todos los aumentos que me había hecho en varios años, cedió. Sí, sigue cobrando, pero ya no aumentó. Ahora imagínese que usted debe su casa, tiene 20 años para pagarla y debe dos millones de quetzales de capital, más intereses. Y que usted llegue y le diga al banquero: fíjese que no le puedo pagar la deuda. Y que le diga, no se preocupe, tráigame los documentos, los voy a firmar.

Cancelada la deuda, usted se sentiría muy bien. Pero luego sale del banco feliz porque su casa está sin deuda, porque el banquero se compadeció de usted y le perdonó la deuda. Eso no va a pasar, es un sueño. Pero luego sale y se encuentra con un compañero de oficina que le debe quinientos quetzales. Y usted le dice: cuándo me vas a pagar. Porque yo no soy laguna para mantener lagartos. Págame. Y toma el puesto de aquel que trabaja en una financiera de tarjetas de crédito y empieza a cobrarle y usted lo amenaza con llamar a su esposa. Si no me pagas, se lo voy a decir a tu suegra. Si uno me pagas le voy na decir a todos en la célula que me debes, págame. Todos nosotros estamos endeudados con Dios, porque todos hemos cometido pecado. Si hay alguien que no ha pecado o piensa que nunca ha pecado, o padece de amnesia o está loco o es mentiroso.

Aquí desde las abuelitas hasta los nietos todos somos pecadores. Usted mira a su abuelita y es un ángel, es una pecadora. Usted la hubiera visto, es una pecadora. Usted y yo somos pecadores. ¿Hay alguno que sea justo? no hay ni uno, al menos que seamos justificados por la fe en el nombre de nuestro Señor Jesucristo tendremos paz para con Dios, de lo contrario, todos somos pecadores. El Padre celestial perdona todos nuestros pecados, pero si el Padre celestial ha perdonado mis pecados ¿por qué yo no perdono los pecados de mi mujer, de mi esposo, de mi hijo, de mi compañero? Es ahí donde se nos olvida que tenemos que amar la misericordia.

La mayoría de padres que tienen hijos en los colegios, sobre todo cuando son chiquitos, piensan que son angelitos. Ellos no son capaces de robarse una refacción, que no son capaces de quitarle la merienda a otros, que no son capaces de pegarle a otros, y cuando llaman a los papás al colegio no creen que sus hijos sean capaces de travesuras. Por eso decidimos en el Liceo Fráter poner cámaras en todos lados. Y entonces ahora cuando se llaman a los padres de familia: mi hijo no es capaz de pegar. Mire aquí está el video. Ese es su hijo. Un día me contaron que llamaron a un padre de familia y le dijeron que su hijo se había robado un peluche de la Fráter Librería. No puede ser, mi hijo no es así. ¿Quiere ver el video? ¿Cuánto cuesta el peluche?

Es importante agradecer que Dios nos haya perdonado, pero es triste que no podamos perdonar a nuestros compañeros. Si Dios nos ha perdonado, es para que demos de gracia lo que de gracia hemos recibido. Podría contarles muchas historias de parejas que me han llegado a hablar. Como por ejemplo, Pastor, mi marido me fue infiel. Pastor, mi mujer me fue infiel. Y ahora qué hago. Les digo, tienen dos posibilidades, una, divórciese. La Biblia dice que el divorcio por causa de infidelidad sexual puede darse, lamentablemente eso abunda. Y la otra opción, perdone. Y conozco a tantos que han logrado perdonar a su esposa, perdonar a su esposo y hoy se encuentran sentadas aquí muchas parejas, gracias a que siguieron el buen consejo de perdonar, porque si perdona salva su matrimonio. Si perdona al amigo que lo ofendió, salva la amistad. Si perdona al hermano que le robó, usted salva su propia vida y hasta libera a su hermano. A todos, alguien nos ha robado, nos ha criticado, nos ha ofendido, nos ha dañado, nos ha estafado.

Si pudiéramos hacer la historia de todos aquí hoy, oiríamos historias como esta: mi papá fue un irresponsable, culpa de mi papá yo viví pobre, no pude estudiar, mi papá fue un borracho, mi mamá fue una dejada, fue una adicta, mi hermano fue un sinvergüenza, me violó y mi hermana fue una sinvergüenza y también me hizo mucho daño. Escucharíamos historias de las más tristes que pueden haber.

¿Qué vamos a hacer entonces? ¿Vivir toda la vida recordando aquel padre irresponsable, aquel hijo ingrato, aquella novia infiel, traicionera, aquel esposo que abandonó a sus hijos o aquel hijo que golpeó a su madre? Hay tantas historias y la gente vive sufriendo por el recuerdo de todas estas cosas. No solamente un recuerdo que nos haga sufrir y llorar, además nos hace sentir amargados, frustrados, enojados, resentidos. Por eso la enseñanza, en base a la pregunta de Pedro, ¿cuántas veces debo perdonar a mi hermano? ¿Hasta siete veces? lo que dice Jesús es todas las veces que sea necesario. Pregunto ¿cuántas veces debe perdonarnos Dios? Si nos perdonó la primera hace cincuenta años y de aquí para acá le dijo: ya te perdoné una vez, yaz no te vuelvo a perdonar. ¿Cuántos han pecado después que entregaron su vida a Cristo Jesús como su Señor y Salvador personal? Todos. Y qué dijo Dios, ya te perdoné una vez y por qué te voy a perdonar otra vez. La Biblia dice que la misericordia de Dios me seguirá.

El bien y la misericordia me seguirán. Por acá me tropiezo y caigo ¿quién creen que me sigue? la misericordia de Dios. Es por la misericordia de Dios que usted y yo no hemos sido consumidos. No es porque no hayamos cometido un solo pecado, la Biblia dice en Santiago que el que no ofende de palabra, ya es una persona madura, perfecta. Pero ¿cuántos hemos ofendido de palabra? A cuántos ofendido usted, solo porque el Real le ganó al Atlético. Es fácil ofender, hay que tener cuidado, en Guatemala hasta Suchitepéquez le ganó al Atlético en el 83 cuando vinieron para la reinauguración, después de la remodelación del Estadio. El punto es que todos ofendemos a nuestro padre, a nuestra madre, a nuestro hijo, a nuestro cónyuge, a nuestro amigo y por eso es necesario que nos preparemos para perdonar una y otra vez.

Me preguntan a veces qué he hecho para vivir 43 años con mi esposa. Les digo, mi estimado hay que practicar el perdón todos los días. He oído a algunas señoras decirle a mi esposa: dichosa, su esposo es el pastor. Le ha tocado a veces aguantar algunas cosas. Pero si usted no perdona, mete a la gente que le hizo daño en una cárcel y les impide vivir en libertad.

Ezequiel 18:21dice: »Si el malvado se arrepiente de todos los pecados que ha cometido, y obedece todos mis decretos y practica el derecho y la justicia, no morirá. Dejen la cólera que tienen algunos cristianos. Cómo vino a la iglesia ese fulano de tal, si yo lo conozco, es corrupto, es un estafador, es un mentiroso, es un adúltero, es un homosexual, es un pedófilo. Es lo que usted quiera que sea. Y cuando usted lo ve buscando al Señor, en vez de alegrarse en su corazón que hay otro pecador que está viniendo a buscar a Dios, usted siente enojo y pide que el Señor lo parta con un rayo. Así eran los discípulos de Jesús, Señor, quieres que oremos para que caiga fuego encima de ellos. Nosotros queremos ser muy legalistas, queremos ser más exigentes que Dios y Él que es todo misericordia se encuentra con unos hijos que a veces somos todo rencor, todo ira, todo enojo. Eso le pasó a Saulo de Tarso, que se convirtió al Evangelio, era perseguidor de la Iglesia, participó en el primer martirio que fue en la vida de Esteban y tenía cartas dadas por las autoridades religiosas de su época que le autorizaban entrar por las casas de los cristianos, sacar a las mujeres, a los hombres, torturarlos, encarcelarlos, golpearlos por causa que ellos eran cristianos.

Y de pronto, Saulo de Tarso se encuentra con Cristo, se convierte y aparece en la Fraternidad Cristiana de Jerusalén. ¿Qué hicieron los hermanos? No le dieron la bienvenida, tampoco lo invitaron a una célula, por varios años nadie le dirigió la palabra, nadie, excepto uno, Bernabé, el hijo de consolación. Lo llamó y le pidió que fuera su pareja y ahí estuvieron por varios años. No fue fácil, porque a veces nosotros no creemos que Dios pueda transformar a un perseguidor de la iglesia en un creyente genuino en Cristo Jesús.

Por eso debemos aprender a amar la misericordia. Si el malvado se arrepiente de todos los pecados que ha cometido, y obedece todos mis decretos y practica el derecho y la justicia, no morirá, vivirá por practicar la justicia, y Dios se olvidará de todos los pecados que ese malvado haya cometido. La Biblia dice que Dios es omnisciente, sabe todas las cosas, pero en un acto de su propia voluntad decide olvidarse de todos los pecados que Jorge H. López ha cometido. Dios que tiene la capacidad de recordar todo, decide olvidar nuestros pecados. Valió la pena que Dios olvidara todos mis pecados, sus pecados. Dios no está con un dedo acusador recordándole los pecados que cometió en el pasado. Dice que los lanza a lo profundo de la mar para no acordarse más de ellos.

Seguimos con Ezequiel 18: 23 ¿Acaso creen que me complace la muerte del malvado? ¿No quiero más bien que abandone su mala conducta y que viva? Yo, el Señor, lo afirmo. Por supuesto que el Señor no quiere que usted persevere en el pecado, no. Pablo dice si perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde, de ninguna manera. Dios quiere que usted se aparte de su mala conducta. Y cuando usted se aparta y se arrepiente, viene Dios nuestro Señor y lo perdona y lo bendice y lo restaura y le da una buena relación.

Por favor, ya no le diga a su hijo: Si haces eso, ya no te quiero. Porque es falso, usted va a querer a su hijo aunque sea un ladrón. Usted va a querer a su hijo, aunque sea el peor de la clase. Usted va a querer a su hijo, aunque sea el más chaparrito de todos en el colegio. Usted va a querer a su hijo, aunque no saque las mejores notas del colegio. Nunca le diga a su hijo, si haces esto ya no te voy a querer, porque eso no refleja lo que Dios es. Dios ama al pecador, aborrece el pecado.

Aun aquel ladrón que pasó toda la vida haciendo daño y cuando estaba colgado en la cruz del Calvario a la par de Jesús, le dijo: Señor, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Jesús no le respondió tú no puedes, has sido un criminal, has sido un asesino, un delincuente. No, Jesús en ese momento le dijo hoy estarás conmigo en el paraíso. Yo no sé cuál sea la vida y la conducta que usted tiene o ha tenido, pero sí le puedo asegurar y si hoy le dice a Jesús: Jesús acuérdate de mí, ten piedad de mí, perdóname, sálvame. El Señor lo perdonará. No lo librará de la pena de muerte, pero sí le perdonará todos sus pecados y eso lo llevará a la presencia de Dios nuestro Señor. Y eso es lo que Jesús le está enseñando a Pedro y a sus discípulos. Así también mi Padre celestial los tratará a ustedes, a menos que cada uno perdone de corazón a su hermano. ¿Cuál es nuestro problema? Alguno me dice: yo perdono, pero no olvido. Puede ser que quede ahí en su memoria, pero ese recuerdo ya no le produzca odio, rencor, resentimiento. Supere esos resentimientos. Sí, aquel hombre la obligó a abortar y toda la vida ha sufrido por ese aborto que cometió, porque usted concedió a la petición de ese hombre. Ya no se atormente más, ya no desee buscar condenación ni condenar a nadie más.

Mateo 9:9-12 dice: Al irse de allí, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado a la mesa de recaudación de impuestos. «Sígueme», le dijo. Mateo se levantó y lo siguió. Mientras Jesús estaba comiendo en casa de Mateo, muchos recaudadores de impuestos y pecadores llegaron y comieron con él y sus discípulos. Cuando los fariseos vieron esto, les preguntaron a sus discípulos: — ¿Por qué come su maestro con recaudadores de impuestos y con pecadores? Al oír esto, Jesús les contestó: —No son los sanos los que necesitan médico sino los enfermos. A Jesús no le da vergüenza comer con usted, aunque sea pecador. A Jesús no le da vergüenza andar con usted, aunque usted sea pecadora, porque Él vino para sacarlo de ese pecado, para salvarlo, liberarlo. Versículo 13 Pero vayan y aprendan lo que significa: “Lo que pido de ustedes es misericordia y no sacrificios.” Porque no he venido a llamar a justos sino a pecadores.

Doy gracias a Dios por la misericordia que ha tenido conmigo, porque es por Su misericordia que yo estoy aquí con ustedes. Es por Su gracia, por Su amor, por Su misericordia. No es que yo haya sido una persona que nunca ha pecado. No, es por la misericordia de Dios. Él ha venido a llamar también a los pecadores y nosotros somos los primeros, y por eso tenemos que amar la misericordia y dar de gracia lo que de gracia hemos recibido. Hemos sido perdonados, aprendamos a perdonar. Hemos sido amados, aprendamos a amar. Es importante que lo hagamos.

Le pregunto, ¿a quién tiene agarrado por el cuello? Dios ya lo perdonó de muchos pecados, pero a quién no quiere perdonar, lo tiene agarrado del cuello, lo está estrangulando y le dice: tienes que pagarme, aquí decimos muy a menudo: es que me las debe. ¿Quién se las debe a usted? Mi papá, no puedo perdonarlo por lo que hizo. Ah mi mamá. No la puedo perdonar por haberse ido y dejarme acá sufriendo. No puedo perdonar aquel maestro que me hizo la vida de cuadritos. Me agarró para dañarme. Yo no puedo perdonar aquel novio que me dijo que me amaba y le entregué todo y luego me dejó con el embarazo y se fue y se casó con otra. A quién tiene usted ahí agarrado del cuello. Y todos los días lo mira y esa persona ya no está, pero lo sigue estrangulando y en la anoche es cuando usted no puede dormir, se acuerda de esa persona. Y surgen expresiones como: “Si la pudiera ver, la mataba”. “Yo no puedo verlo ni en pintura”. “Para mí ya estás muerto”. Pero a veces en el corazón llevamos el resentimiento que nos impide disfrutar la vida en abundancia que el Señor nos da.

Romanos 12:17-21 No paguen a nadie mal por mal. Procuren hacer lo bueno delante de todos. Si es posible, y en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos. No tomen venganza, hermanos míos, sino dejen el castigo en las manos de Dios, porque está escrito: «Mía es la venganza; yo pagaré», dice el Señor. Antes bien, «Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber. Actuando así, harás que se avergüence de su conducta.»No te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien.

No pague mal por mal, no se desquite. No sea vengativo, deje en las manos de Dios su caso, Él se encargará de vengarse por usted. Créalo. Sí, usted sufre porque un grupo de personas mataron a su hijo, y lo peor del caso es que las conoce, no se desquite usted, no practique linchamientos, déjelos en las manos de Dios, y usted verá la recompensa de los impíos. Dios espera de nosotros que practiquemos la justicia, amemos la misericordia y nos humillemos ante él.

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