¿Qué espera el Señor de nosotros? parte 3 (Código 2014-160) – Radios Fráter
  • junio 4, 2014

¿Qué espera el Señor de nosotros? parte 3 (Código 2014-160)

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¿Cuántos se quieren ir al cielo? ¿Cuántos se quieren ir hoy? No hay mucha prisa. Antes de irnos tenemos que llenar las expectativas que tiene Dios de nosotros. Como padres biológicos de uno, dos, tres o mucho más hijos, tenemos expectativas de nuestros hijos ¿Qué esperamos de ellos? Esperamos que sean hijos responsables, si estudian, si van a la escuela, que aprendan y ganen sus cursos, si son universitarios con mayor razón. Esperamos que sean hijos que nos honren con su conducta, que cuando la gente nos hable y nos diga: dichoso usted por los hijos que tiene, tan educados, tan trabajadores, tan responsables. Queremos tener hijos que sean obedientes. A veces se sufre porque el hijo es necio. – hijo, hija arregle su cuarto-. Si papi, si mami. Usted pasa por ahí y está peor que el caos que dejó el terremoto de 1976.

Los padres naturales esperamos tener hijos obedientes, responsables, cumplidores de las normas que tenemos en la casa. El Padre nuestro que está en los cielos espera de nosotros por lo menos lo que nosotros esperamos de nuestros hijos. Hay muchos pasajes bíblicos que nos instruyen al respecto. Uno de ellos está en el Libro del profeta Miqueas 6:8 ¡Ya se te ha declarado lo que es bueno! Ya se te ha dicho lo que de ti espera el Señor: Practicar la justicia, amar la misericordia, y humillarte ante tu Dios. Tres cosas importantes, la primera practicar la justicia, la segunda amar la misericordia y la tercera humillarte ante tu Dios.

En semanas anteriores cubrimos las dos primeras. Vimos que lo primero que el Señor espera de nosotros es que practiquemos la justicia. No se trata solamente de saber qué significa, no se trata solo de proclamar los principios de justicia y los derechos humanos y todo eso. Es muy importante practicar la justicia, cada uno tiene que practicar la justicia en su propia casa, en su propio empleo, en su entorno y lugar de actividades. Justicia es dar a cada uno lo que le corresponde y eso es tan importante para que podamos practicar la justicia. La Biblia dice que el pecado está en aquel que sabe hacer lo bueno y no lo hace. Usted sabe que lo bueno es venir a la casa del Señor y aquí está, pero a veces en vez de venir a la casa del Señor nos vamos constantemente a distintos lugares. Sabemos que lo bueno es perdonar a nuestros ofensores, pero una cosa es saberlo y otra cosa es hacerlo. Conocer y practicar son dos mundos muy diferentes. Muchos conocemos lo que es justo, el desafío es ponerlo en práctica.

En segundo lugar, vimos qué espera el Señor de nosotros y es que amemos la misericordia. ¿Qué es misericordia? Es no dar un castigo que sí se merece la persona. La persona comete una falta, merece un castigo específico, pero no se lo aplicamos porque damos misericordia. La Biblia dice en Romanos 6:23 Porque la paga del pecado es muerte, mientras que la dádiva de Dios es vida eterna. Dios sabe que merecemos por pecadores la muerte eterna, pero en vez de aplicarla nos da el regalo de la vida eterna por gracia, por fe. Creemos en Jesucristo nuestro Señor y Salvador personal, nos arrepentimos, nos corregimos y el Señor nos da vida eterna. Eso es la misericordia de Dios.

En Mateo 18:21 analizamos la parábola del siervo despiadado, este siervo llegó con su rey y le dijo: perdóname, no puedo pagarte la deuda que tengo contigo. Miles y miles de monedas de oro había gastado del rey, no tenía que pagar. Pero se arrodilló, se humilló, pidió que le tuviera paciencia hasta que le pagara hasta el último centavo, antes de vender a su esposa y a sus hijos para ir cancelando. Y la deuda le fue perdonada, le habían perdonado millones. Se fue contento, pero cuando salió a la calle se encontró con un amigo y este amigo le debía cien dólares. Y en vez de actuar como actuaron con él, dice que lo tomó del cuello y lo empezó a estrangular y a decirle: Págame lo que me debes, págame lo que me debes. Lo metió a la cárcel hasta que pagara el último centavo. Le fueron a contar al rey, mandó a llamar al siervo, al que había perdonado, y le dijo ¿por qué fuiste así de despiadado? Yo te había perdonado una deuda millonaria y tú no le perdónate a tu compañero una pequeña cifra que te debía, por lo tanto, ahora te voy a meter a la cárcel hasta que me pagues el último centavo. Deuda imposible de pagar. No iba a poder pagar jamás. Lo mismo ocurre con nosotros.

Al final de la parábola, dice en Mateo, así también hará mi Padre con aquellos que no perdonen a sus deudores. La oración del Padre nuestro dice: Padre, perdona nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos. Si perdonamos a los que nos ofenden, definitivamente el Padre no tiene obstáculo para perdonar todos nuestros pecados. Pero si pedimos perdón por lo que hemos hecho y no perdonamos a aquellos que nos han herido, que nos han ofendido, que nos han traicionado, que nos han robado, entonces no hay posibilidades de recibir el perdón de Dios. Va directamente vinculada la actitud nuestra para con nuestro prójimo. Toda la relación del cristiano es con Dios y con el prójimo. La cruz es vertical hacia el cielo, pero también es horizontal hacia el suelo. Toda la ley se cumple en este mandamiento: amar a Dios con todo tu corazón y a tu prójimo como a ti mismo.

Tenemos que aprender a perdonar y a pedir perdón. La pregunta es ¿a quién tiene usted agarrado por el cuello y lo está estrangulando? ¿A quién tiene tomado del cuello y le dice: me la debes, me la vas a pagar? La venganza nunca es buena, mata el alma y la envenena, como dijo aquel filósofo. Y el Señor dice: mía es la venganza, yo pagaré si te hacen daño, no empiece a buscar sicarios, no empiece a contratar al primo que trabaja en no sé dónde, que no le tiembla el dedo para mover el gatillo. Póngase en las manos de Dios, Dios es justo y la Biblia dice que con tus ojos mirarás y veras la recompensa de los impíos. Si quiere leer más intensamente estos dos temas que ya dimos, están grabados pueden entrar a www.radiosfrater.com y ahí puede entrar a link Recursos y ahí va a oír, leer o ver el mensaje gratis. Póngase al día.

Tercer elemento que vamos a compartir hoy, Miqueas 6:8: ¡Ya se te ha declarado lo que es bueno! Ya se te ha dicho lo que de ti espera el Señor: Practicar la justicia, amar la misericordia, y humillarte ante tu Dios. Todos los días vemos en los medios de comunicación fotografías, videos de personas que son humilladas, todos los días vemos como capturan a un delincuente, le ponen los grilletes en sus manos y salen por la televisión humillados. Violadores, secuestradores, estafadores, todo tipo de delincuentes y cuando vienen con las esposas puestas en las muñecas tratan de ponerse un suéter, una camisa encima para que no se vean los grilletes, porque eso es vergonzoso y otros que todavía no están engrilletados hacen todo lo posible por cubrirse la cara con una gorra, con un suéter, una camisa, ¿por qué? porque no quiere dar la cara a la gente, una cara que está humillada, avergonzada. Nadie quiere pasar por una vergüenza, por una pena, por una humillación, que tratan de esconder.

Cada vez que vemos una guerra entre dos ejércitos observamos cómo un grupo capturado por el otro ejército experimentan humillación. Primero tiene que salir con las manos levantadas en señal de rendición. Luego entregan las armas, a veces hasta les arrancan las insignias y los hacen caminar descalzos. Dice la Biblia que en la mesa de David había varios reyes que comían en el piso, les habían cortado el dedo pulgar, estaban humillados. Los seres humanos somos capaces de humillar a la gente en muchas formas, pero lo que está pidiendo aquí el Señor es que no humillemos a la gente, lo que está diciendo es que nos humillemos ante Dios.

Una cosa es ser humillados a la fuerza y otra cosa es espontáneamente delante de Dios nuestro Señor. A alguien alguna vez le han puesto un arma para asaltarlo y en ese momento pone las manos arriba para que sepan que usted no va a ser uso de ninguna arma. Usted ya está sujeto a la voluntad del asaltante en ese momento y es humillante, la gente se siente mal. Hay quienes me han dicho que se sentían abusados, violados, humillados. Por la fuerza se puede someter a alguien, se puede humillar, pero Dios nuestro Señor no espera que seamos humillados ni por Él, aunque tiene todos los recursos y el poder para humillarnos, si quiere. Basta con levantar un poco su mano protectora de nuestra vida y el diablo va a entrar como entró en la vida de Job a destruir sus bienes, a destruir su familia y la salud. Job estaba sin uno de sus hijos, sin un solo centavo, tirado encima de ceniza, lleno de llagas y con una doña amargada. El Señor puede humillarnos, pero no quiere sino que humildes y voluntariamente nos humillemos delante de Él.

Apocalipsis 3:20 dice: Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo. Fui invitado a la casa de unos queridos amigos a almorzar. Fueron muy atentos y muy agradecidos y no terminaron de decirme, qué bueno que estés aquí. Cuando uno llega a una casa, aunque sea de un amigo, hay que tocar la puerta, tocar el timbre, somatar la puerta. No se mete a ninguna casa sin que antes le abran la puerta, si usted es una persona culta, respetuosa y educada. Yo puedo ser el jefe de una empresa y tener acceso total a cualquier lugar de la empresa, pero si soy respetuoso antes de entrar a la oficina de alguno de mis subalternos, debo tocar la puerta y esperar que abra.

Si alguien es muy respetuoso de la voluntad del hombre, porque Él lo creo siendo un agente moral libre, le dio libre albedrío, capacidad de escoger, pero no irrumpe en nuestra casa y no se nos mete, sí no decimos adelante Dios. No irrumpe en nuestra casa, dice: llamo a la puerta. Si usted oye y abre, Él entra. Si usted oye pero no abre, se va, la presencia de Dios se va. La persona del Señor se va.

Esto me hace recordar un concurso de pinturas, en la que el primer premio se le otorgó a “La puerta del alma”. Pero alguien objetó, por qué el premio a esta pintura a la que le falta algo importante: no tiene el abridor, de afuera no se puede abrir, no tiene el jalador de la puerta. Ese es un defecto. El pintor galardonado explica: la puerta del alma solo se pude abrir por adentro.

Esto es lo que ocurre en nuestra vida. Usted deja entrar en su corazón únicamente a la persona que quiere que entre. Puede estar en una empresa trabajando con cien gentes, pero las cien gentes no están en su corazón. Son compañeros de trabajo, pero no son gente que le agrade, que distinga, que aprecie. Quizá algunos ha dejado entrar a su corazón, puede estar rodeado de ciento de mujeres pero no a todas deja entrar a su corazón. Señorita, usted puede estar rodeada de cientos de hombres, pero no va a dejar entrar a su corazón a todos sino solamente aquel a quien invite y le diga pasa, vas a ser mi amigo, mi novio, mi esposo. Y eso ocurre en la relación espiritual. Si usted no abre su corazón y dice: Señor entra, quiero estar contigo, quiero tener comunicación contigo, el Señor no entra, el Señor se va de largo y por eso es importante que aprendamos a hacer uso de nuestra voluntad para recibir al Señor en nuestro corazón.

Nadie puede humillarse ante un dios que no cree que existe, por eso el primer requisito para humillarse delante de Dios es creer que existe. Si usted es de lo que creen que Dios no existe, entonces no va a sentir la necesidad, el deseo de humillarse ante Dios. Salmo 14:1 Dice el necio en su corazón: “No hay Dios. Cualquier persona, con mucho respeto lo digo, que piensa que Dios no existe es un necio. Hay quienes no creen que Dios existe, pero creen en las teorías más extrañas de la creación de todo. Piensan que en una forma espontánea todo se formó, es como si les dijera que este reloj que tengo en mi muñeca un día un alambrito empezó a retorcerse hasta que se convirtió en esa máquina. Todo reloj tiene un creador, todo aparato tiene un creador, todo el universo tiene un creador y ese Creador es Dios nuestro Señor, Él es el Creador, Dios existe, lo vemos en sus obras, en el sol, la luna, las estrellas, todo. Cada vez que veo a un niño que nace veo obrando la mano de Dios perfecta en cada una de estas criaturas.

Para humillarnos delante de Dios primero tenemos que reconocer que Dios existe. Pero si somos de los necios que decimos que no existe, entonces se aplica el Salmo 14:1 a nosotros, dice el necio en su corazón: «No hay Dios.» Están corrompidos, sus obras son detestables; ¡no hay uno solo que haga lo bueno! ¿Por qué hay tanta corrupción en el mundo, por qué hay tanta violencia en el mundo, por qué haya tanta injusticia en el mundo? Porque la gente piensa que no hay Dios y que nunca los va a llamar a juicio, que nunca va a poner a prueba su conducta, que nunca los va a juzgar. Les tengo noticias, Dios sí existe y un día nos va a juzgar a cada uno de nosotros. Y Él nos va a pagar conforme a nuestras obras. Dios sí existe. Si todos supiéramos a ciencia cierta que Dios existe nos abstendríamos de hacer lo malo y haríamos lo bueno, porque sabríamos que Dios nos va a recompensar o castigarnos según nuestras buenas o malas obras.

Hebreos 11:6 dice En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan. Debemos estar plenamente convencidos que Dios existe y ciertamente recompensará a los que le buscan. A muchos nos ha bendecido, nos ha sanado el cuerpo enfermo, nos ha provisto el dinero necesario, nos ha protegido en medio de tantos peligros, nos ha librado de las lenguas detractoras, nos ha recompensado. A veces llegan momentos difíciles a nuestra vida, a veces llegan momentos de enfermedad y pareciera que no vamos a poder salir de eso, pero permítame recordarle que Dios es quien rescata del sepulcro nuestra vida, nos corona de favores y misericordias, sacia de bien nuestra boca, nos rejuvenece como al águila y por eso estamos aquí contentos y felices alabando a Dios, porque Él existe y nos ha bendecido grandemente.

Humillarse delante de Dios significa inclinar nuestro cuerpo delante de Él en señal de sumisión y acatamiento. Doblar nuestras rodillas, postrarnos delante de Dios, reconocer que es Todopoderoso, que es Rey y Señor del universo y es nuestro Señor. Abatir el orgullo y la altivez es reconocer que Dios es Dios y que sólo él merece toda nuestra adoración y todas nuestras fuerzas. En aquella enseñanza que dio Jesús sobre la espigas y la cizaña y habló de los falsos y los verdaderos discípulos de Jesús, aprendimos que las espigas y las cizañas crecen juntas, pero la espiga del trigo se llena de fruto, la cizaña se mantiene vacía de fruto. Así que a la hora de la cosecha, el trigo por el peso del fruto que lleva dentro se doblega, se inclina, se humilla. La cizaña que está vacía de fruto se mantiene enhiesta, altiva, orgullosa, pero cuando vienen a cortar todo por parejo el fruto del peso del trigo hace que deje de flotar en el agua y la cizaña flota y entonces se junta y dice el Señor que se quema. Si quiere ser una persona que se libre del incendio que vendrá, tiene que ser una persona llena del Espíritu, el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, mansedumbre, humildad. Tenemos que ser humildes y yo he visto en la vida que la humildad nos engrandece. La Biblia dice: caíste por cuanto te enalteciste. La Biblia dice el que se exaltare será humillado y el que se humillare será exaltado.

Por eso Pedro escribe que debemos humillarnos debajo de la poderosa mano de Dios, para que nos exalte cuando sea tiempo. Dios tiene para usted y para mí un lugar de honra pero espera primero que aprendamos a humillarnos delante de Él. Cuando nos humillamos delante de Él, entonces nos exalta y nos pone en un lugar de altura. La Biblia dice que Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes. ¿Por qué cree que cae mal en todos lados? probablemente sea soberbio, sea altivo, sea orgulloso, sea una cizaña que se cree la divina garza. Si quiere ser una persona que tiene gracia, que encuentra el favor de Dios y la gente y donde quiera que vaya lo quieran, lo aprecian es porque es humilde.

Acepte ser el burro que lleva a Jesús en el lomo y verá cómo en todos lados le abren las puertas. No porque usted sea un gran burro sino porque lleva a un gran jinete controlando las riendas de su vida, Jesús. Por eso Juan decía a Él conviene crecer y a mí menguar. Cada vez que nosotros desaparecemos y dejamos que Jesucristo aparezca empezamos a disfrutar de grandes bendiciones de Dios. Tenemos que reconocer que Él existe y que recompensa a quienes le buscan. Reconocer que Dios es Dios y que solo Él merece toda nuestra adoración y todas nuestras fuerzas. Pero a veces adoramos más los carros que tenemos y nos arrodillamos ante nuestros carros y los limpiamos con qué cuidado. Feliz con su Sentra, se entra el agua, se entra el lodo, pero usted está feliz con su carro.

Porque no hay como el primer carro. Es el que más satisfacción le da y a veces el último carro más caro, más moderno, hace que usted se postre ante ese carro. Se postre ante su casa. Hay señoras que les cuesta arrodillarse ante Dios, pero en su casa a limpiar todo, para que esté nítido, muy bonito y es bueno, hay que ser limpios, hay que mantener higiene y hay que cuidar todo, pero hay que recordar que por encima de la casa, del carro, de la plata que tengamos y de todas las cosas que somos, el que está arriba de todo es Dios nuestro Señor. Él es quien nos da todo lo que tenemos, a Él nos debemos. Permítame hacerle rápidamente un test, una prueba rápida y sencilla. ¿Cómo sabemos si estamos viviendo una vida humillada ante Dios? ¿Cómo sé que me estoy humillando delante de Dios?

Número uno, nuestra voluntad se ha sometido a la voluntad de Dios. Si mi voluntad es hacer la voluntad de Dios, yo soy una persona que estoy viviendo humillada delante de Dios, porque hago no lo que yo quiero, hago no todo lo que digo, hago lo que Él quiere que yo haga. Hago lo que Él dice que yo haga. Un día Jesús reclamó a sus discípulos y les dijo: ustedes me llaman Señor, Señor, ustedes dicen que yo soy su dueño, que soy su amo, que yo soy su autoridad, que ustedes son mis esclavos, pero, dijo el Señor, no hacen lo que yo quiero. No hacen lo que yo les mando.

La prueba de que yo estoy humillado bajo la poderosa mano de Dios es que yo hago lo que Él me ordena. En el ejército las órdenes se cumplen, no se discuten, pero usted en el ejército de Dios cada vez que el Señor le manda hacer algo, no lo hace, se cuestiona por qué tengo que perdonar a esa vieja. El Señor le dice perdónalo, y usted dice yo no lo perdono, porque siempre argumentamos. Si el Señor dice que salte, si quiere preguntar solamente dígale qué tan alto quieres que salte. Pero si Él lo manda a humillarse, humíllese. Si a usted lo invitan un día hablar con el rey de España o la reina en Inglaterra, le van a enseñar que cuando ya esté frente a ellos tiene que inclinarse, porque es la reina, y aunque tenga un poco de artritis ahí va, porque es la reina.

Me impresiona la cultura tan respetuosa que hay de la jerarquía, de la autoridad en Corea del Sur. No he estado en Corea del Norte. Usted llega y como a mí me ha tocado llegar, pastor de la Fraternidad Cristiana o como dicen en muchos países de la Mega Fráter, me reciben con limusina en el aeropuerto, ramos de flores, un fotógrafo que me acompaña en toda la gira, y después me traen un álbum voluminoso de fotos. Y en donde quiera que pase, todos los hermanos de la iglesia se inclinan, yo les correspondo igual. Porque hay un reconocimiento de la autoridad, del señorío, de la jerarquía que tenemos humanamente hablando. Si alguien es el jerarca, el de más alta autoridad, el más digno de todos, el Rey de reyes, por qué no nos vamos a humillar ante Dios. Y le dice al Señor tú eres digno, te amo, te admiro, te respeto, te bendigo Dios.

Que importante es saber, no solo que Dios existe sino que es digno de nuestra adoración y de nuestra alabanza. También sabemos que estamos viviendo una vida humillada ante Dios, cuando nuestro trato hacia los demás esté saturado de humildad, nuestro trato a los demás deberá estar saturado de humildad. Si Dios ya nos hizo multimillonarios, seamos humildes y si estamos con lo del gasto para este día nada más, con mayor razón, seamos humildes. No menospreciemos a nadie ni por su raza ni por su lengua, ni por su vestuario ni por los cuántos quetzales que tenga en la bolsa o en los bienes que le rodean. Seamos humildes.

Si algo va a impresionar a la gente, no es la ropa que llevemos ni el carro que manejemos, ni las joyas que ostentemos ni el dinero que tengamos, lo que va a impresionar a la gente es nuestro carácter, nuestra humildad, van a saber que estamos con Cristo, porque Jesucristo dijo: aprendan de mí y sean mansos y humildes de corazón y Jesucristo, el Hijo de Dios, sabía que ser manso y humilde de corazón es vital para nuestra existencia y para la proclamación del Evangelio, la gente tiene que ver en nosotros el fruto del Espíritu y estar como las espigas del trigo llena de fruto para manifestar nuestra humildad.

También vamos a manifestar pasión para que otros se sometan a la voluntad del Señor y lo vamos a animar para que vengan a Cristo. Nuestra fidelidad hacia Dios no está condicionada a las situaciones presentes. Somos fieles a Dios porque están vivos todos nuestros hijos, están vivos todos nuestros nietos, están vivos nuestros padres, están vivos nuestros hermanos, pero el día llegará en que fallecerá nuestro hijo, nuestros padre nuestra madre, cualquiera de nuestros seres querido y entonces seguiremos siendo fieles al Señor.

Hoy tenemos un gran trabajo que nos produce mucho dinero y mucho prestigio, mañana quizá no tengamos ese tipo de trabajo y tengamos otro más modesto, pero igual seremos fieles a Dios nuestro Señor siempre, siempre, pase lo que pase, venga lo que venga. Fieles a Dios nuestro Señor en las buenas y en las malas, en riqueza o en pobreza, como dijo el apóstol Pablo: he sido enseñado para estar contento, satisfecho cualquiera que sea la circunstancia. He aprendido a estar en abundancia, he aprendido a estar en escasez, pero siempre voy a ser fiel a Dios mi Señor.

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