La parábola de los viñadores (Código 2014-167) – Radios Fráter
  • junio 13, 2014

La parábola de los viñadores (Código 2014-167)

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Una de las peguntas más indiscretas y comunes que la gente hace es ¿y vos cuánto ganás ahí? ¿Cuánto te pagan? La gente que trabaja en una misma organización con frecuencia se pregunta entre sí ¿a vos cuánto te pagan? Y quien hace esta pregunta quiere asegurarse que a él le están pagando más que al otro. Pero qué pena cuando alguien está trabajando y lleva quince años, entra uno nuevo al que le pagan exactamente lo mismo, entonces se pregunta ¿por qué? Yo tengo tantos años de estar aquí y ahora viene este patojo, este niño, esta niña y le pagan más que a mí.

A menudo ocurren esas cosas, a veces le cambian al jefe y viene uno nuevo que parece hijo suyo y gana cuatro veces más y a usted le toca hacer el trabajo duro. En lo natural hay diferencias en sueldos, salarios, la gente gana diferente aunque a veces haga lo mismo. Una de las grandes luchas que han tenido las mujeres en los últimos años es que les paguen lo mismo que le pagan a los varones cuando hacen exactamente lo mismo. A veces le pagan menos a las mujeres, simplemente por ser mujeres. Las mujeres deben ganar igual que los hombres, si hacen lo mismo.

Todos esperamos una recompensa por lo que hacemos. Cuando hablamos de recompensa hablamos que es la compensación, remuneración o premio. Se entrega siempre y cuando la parte que será beneficiada cumpla con los requisitos del que entregará. Microsoft, por ejemplo, ofreció una recompensa para el que descubriera quién era el creador de un virus de las computadoras. Aquí en Guatemala se han ofrecido recompensas por información con respecto a algunos delincuentes. Todos trabajamos día a día, algunos reciben su sueldo a la semana, otros a la quincena, otros cada mes y algunos se cobran cada tres meses, seis meses o cada año, dependiendo, cuando logran repartir los dividendos de sus empresas. Por lo general tienen un sueldo que reciben cada mes.

Los que compiten en las distintas ramas del deporte esperan una recompensa. Setecientos veinte mil euros está ofreciendo la Federación Española de Fútbol a cada uno de los integrantes de la selección española, en caso ganen otra vez el Campeonato Mundial. Es mucha plata. Son más de 7 millones de quetzales para cada jugador de fútbol. La gente en España está protestando, porque en medio de una crisis económica como la que ha atravesado ese país se le esté ofreciendo tanto dinero a un jugador, condicionado a sí ganan el campeonato. Todos esperan el premio, no solo de la Copa Mundial de fútbol sino premios económicos. Oportunidades de hacer publicidad con su persona.

Aquí en Guatemala fue un gran acontecimiento cuando se ganó la primera medalla de plata olímpica, por el marchista Erik Barrondo, quien recién ha ganado otra vez en Europa el campeonato de la especialidad. Todos esperamos premios. La Biblia también nos habla del concepto de la recompensa. Todos queremos recibir la recompensa de la que nos habla la Escritura, esa es una recompensa más duradera. Los millones de quetzales o miles de euros pueden fugarse, las riquezas tienen alas y vuelan, dice la Escritura, pero lo que sí es cierto es lo que el sabio Salomón en Proverbios 14:23 dijo: Todo esfuerzo tiene su recompensa, pero quedarse sólo en palabras lleva a la pobreza. Si quiere una recompensa humana aquí en la Tierra se demanda que le ponga esfuerzo. No se recompensa al negligente, al perezoso, al dejado. Se recompensa al esforzado. ¿Cuántos no habrán dicho alguna vez ahora sí hago mi tesis para graduarme? Y pasan cinco, diez, veinte años, toda una vida y se quedan solo en palabras. ¿Cuántos no han dicho ahora sí voy a comenzar como dice el pastor a ahorrar por los menos diez por ciento de lo que me ingrese? Voy a dar el diez por ciento de mis ingresos y voy ahorrar por lo menos diez por ciento para poderme dar el gusto de ampliar mi casa, comprar mi casa o pagar los estudios universitarios de mis hijos. Pero quedarse solo en palabras lleva a la pobreza. Por ejemplo, ha venido diciendo hoy sí voy a buscar trabajo. Póngale acción a sus palabras. Obras son amores y no buenas razones.

La recompensa viene para el que se esfuerza. Proverbios 12:14 dice que Cada uno se sacia del fruto de sus labios, y de la obra de sus manos recibe su recompensa. Esto lo sabe hasta el diablo. Cuando hablaron de Job, Dios decía, mira a mi siervo Job un hombre perfecto, recto, temeroso de Dios, apartado del mal. Y el diablo le dijo: así, cualquiera te teme, al trabajo de sus manos les ha dado bendición, lo has hecho rico, has dado protección a su casa, a su ganado, a sus hijos, a todo. Así cualquiera te es fiel. El diablo sabe que Dios bendice el trabajo de nuestras manos.

Yo no sé qué es lo que usted hace para vivir, puede ser que construya casas, puede ser que tenga restaurante, puede ser que haga costuras, lo que sea que haga, Dios bendice el trabajo de sus manos. Al trabajador Dios lo bendice. Recuerde que el que no trabaja bueno es que no coma, dice la Escritura. Es importante el trabajo. Mateo 5:12 dice, Alégrense y llénense de júbilo, porque les espera una gran recompensa en el cielo. Así también persiguieron a los profetas que los precedieron a ustedes. A veces el pueblo de Dios ha sido objeto de persecución. Hay una joven mujer musulmana que está en este momento en la cárcel, ahí tiene a su bebé. Tiene problemas, la están condenando a muerte, por su fe cristiana. Nacida en una familia musulmana tiene que morir musulmán, según su ley. Esta mujer es una prueba de la persecución que está recibiendo hoy por su fe en Cristo.

Algunos por creer en Cristo se exponen a persecuciones, persecución por la familia, rechazo social, desheredados por su fe, “si te conviertes a Cristo para nosotros ya estás muerto”, excluido, rechazado. Puede ser que seamos objeto de persecución, de ataque, de calumnia, de crítica, pero aunque nos toca como le ha tocado a muchos a través de la historia, llevar una vida cristiana de huir, de ocultarse, de esconderse y adorar a Dios en secreto, esto dice el Señor será solo aquí en la Tierra la época de persecución, porque hay una recompensa que espera en los cielos, como la han recibido los profetas que fueron perseguidos y están allá.

Una parábola elocuente sobre lo que Dios hace con sus siervos es la que está en Mateo 20:1-16, Así mismo el reino de los cielos se parece a un propietario que salió de madrugada a contratar obreros para su viñedo. En Guatemala no tenemos muchos viñedos, lo que tenemos son cafetales y los propietarios salen de madrugada a contratar a los jornaleros para la cosecha, para el corte del café. En Israel no hay café, hay uvas y a la hora de la cosecha urge quien corte o se pierden. Acordó darles la paga de un día de trabajo y los envió a su viñedo. Cerca de las nueve de la mañana, salió y vio a otros que estaban desocupados en la plaza. Deberíamos estar desde la madrugada sirviendo en la obra del Señor, pero dejamos pasar los mejores tiempos para servirle.

Les dijo: “Vayan también ustedes a trabajar en mi viñedo, y les pagaré lo que sea justo. A veces en las iglesias se ora y dicen: se necesita evangelizar en tal barrio. Y alguien dice que lo haga don Mario, porque él es bueno para evangelizar. Necesitamos orar. Que ore doña Lupita, ella es buena para orar. Siempre estamos pensando que sean otros los que hagan la obra en vez de decir yo soy el que debo trabajar en el viñedo del Señor.

Y a ellos les dice les pagaré lo que sea justo. Así que fueron. Salió de nuevo a eso del mediodía y a la media tarde, e hizo lo mismo. Alrededor de las cinco de la tarde, salió y encontró a otros más que estaban sin trabajo. Les preguntó: “¿Por qué han estado aquí desocupados todo el día?” “Porque nadie nos ha contratado”, contestaron. Él les dijo: “Vayan también ustedes a trabajar en mi viñedo.” »Al atardecer, el dueño del viñedo le ordenó a su capataz: “Llama a los obreros y págales su jornal, comenzando por los últimos contratados hasta llegar a los primeros.” Se presentaron los obreros que habían sido contratados cerca de las cinco de la tarde, y cada uno recibió la paga de un día.

10 Por eso cuando llegaron los que fueron contratados primero, esperaban que recibirían más. Pero cada uno de ellos recibió también la paga de un día. Al recibirla, comenzaron a murmurar contra el propietario.

 Cuántos no han murmurado. Si yo trabajo desde hace 20 años y ahora viene este y le pagan lo mismo que a mí. No puede ser. “Estos que fueron los últimos en ser contratados trabajaron una sola hora —dijeron—, y usted los ha tratado como a nosotros que hemos soportado el peso del trabajo y el calor del día.” Pero él le contestó a uno de ellos: “Amigo, no estoy cometiendo ninguna injusticia contigo. ¿Acaso no aceptaste trabajar por esa paga? Tómala y vete. Quiero darle al último obrero contratado lo mismo que te di a ti. ¿Es que no tengo derecho a hacer lo que quiera con mi dinero?

¿Tenía derecho este propietario de hacer lo que quisiera con su dinero? Sí. ¿Usted tiene derecho hacer lo que quiera con su dinero? Sí y no. Porque usted no es el propietario. El propietario es Dios y usted es el jornalero del propietario, o si quiere ponerlo muy elegante, usted es el siervo de Dios y siervo significa el esclavo de Dios, el sirviente de Dios. Así, en el Registro de las Propiedad dice que la casa está a su nombre, pero eso es un decir, el dueño de esa casa es Dios. Dios es el propietario de nuestro carro y el verdadero dueño de nuestros hijos, uno dice: mi hijo, pero no es suyo, por eso dice herencia de Jehová son los hijos. Dios es el dueño, por eso cuando a Él le parece recoger a uno de nuestros hijos, lo recoge, uno de nuestros carros, una de nuestras casas, porque Él es el dueño, usted es solamente el jornalero, el administrador de los bienes de Dios. ¿O te da envidia de que yo sea generoso?” A la gente le encanta que alguien que tiene mucho dinero sea generoso pero con ella, si es generoso con otro tiene envidia. ¿Ha sentido envidia alguna vez? La envidia es terrible.

Dios nos llama para servirle a todos, a los que van en la madrugada, a los que van a media mañana, a los que van a media tarde y a los que van una hora antes. ¿Sabe por qué? Porque Dios quiere que le sirvamos desde la madrugada de nuestra vida o en el ocaso de nuestra vida. Desde el amanecer hasta el anochecer, Dios quiere que le sirvan desde los niños hasta los viejitos, no se sienta mal o porque se siente muy joven o se siente muy viejo, el Señor quiere que todos le sirvamos. Hay algunos que hemos tenido el privilegio de servir a Dios desde nuestra infancia, otros empezaron a servir al Señor cuando eran adolescentes, otros en la década de los veinte a los treinta y ¡Cuántos empezaron a servir al Señor desde los cuarenta para arriba!

Dios permite que le sirvan los niños, yo me he gozado en esta vida sirviendo a Dios desde mi infancia y me he gozado viendo a muchos de sus hijos sirviendo desde la infancia, juventud y hasta en la adultez y otros aun en la senectud, Dios quiere que le sirvamos todos.

A mí me encanta lo que dice el Salmo 92:12: Como palmeras florecen los justos; como cedros del Líbano crecen. Plantados en la casa del Señor. Es importante que usted eche raíces en la casa del Señor, raíces en la iglesia del Señor, raíces en la obra del Señor. Florecen en los atrios de nuestro Dios. Aun en su vejez, darán fruto.

 Estamos en una sociedad en la que se endiosa, se exalta a la juventud. Las modelos y los modelos son jóvenes, guapos, sin arrugas y aun así les aplican el Photoshop y les hacen crecer donde deben crecer y de crecer donde deben crecer. Hay un culto a la juventud. Dios no hace discriminación entre el joven y el viejo, por eso dice el salmista aún en su vejez darán fruto siempre estarán vigorosos y lozanos. Esto está mejor que cualquier cosmético que usted está comprando caro. Lo mejor que a usted le conviene es estar plantado en la casa del Señor, sembrado en la obra del Señor y eso lo hará ser un día viejo pero vigoroso y fructífero.

Yo lo viví en mi abuela, llegó a los 90 años y estaba dando fruto, a los 90 a nadie le dan trabajo pero en la obra del Señor siempre hay que hacer. Y en la obra del Señor mi abuelita evangelizaba, iba a las iglesias a predicar, oraba por los enfermos y enseñaba a sus nietos con su palabra y con su ejemplo. Y ahí vi cómo un niño siendo yo de pocos años a la par de una anciana, ya de muchos años, ambos sirviendo al Señor. Lo que le quiero decir es esto: al Señor se le antoja recompensar a todos por igual. Si usted sirve al Señor desde su infancia o lo empieza a servir ahora que está en su edad madura o anciano, Dios lo va a recompensar igual. No solo a los que han dedicado toda la vida servir al Señor sino aquellos que le dedican una hora al día de su vida, porque nuestro tiempo se nos va y vaya si se va. Hace poco estaba celebrando mi cumpleaños número 64. Cuando me preguntan digo 6,4, porque pueden pensar que tengo 74. Espero llegar, pero lo que sí le puedo asegurar es que el Señor bendice a sus hijos por parejo, porque la gracia de Dios se aplica igual al que se convierte de niño y al que se convierte de anciano.

Gracia es dar lo mejor del cielo para salvar a lo peor del suelo, lo mejor del cielo es Jesús, lo peor del suelo soy yo, pero Él vino a morir en la cruz para salvarme a mí y para salvarlo a usted, esto es gracia. Gracia es recibir un favor inmerecido, usted no merece ser hijo de Dios, pero es hijo de Dios por gracia. ¿Se acuerda que era hijo del diablo? ¿Se acuerda cuando hacía las obras del diablo? Pero ahora Dios lo tomó, así como era, pecadorazo de primera, yo sé que usted vio en el espejo a un gran pecador, pero a ese pecador Dios por su gracia lo transformó y lo hizo un hijo de Dios justificado, santificado, limpiado. Pablo dice: algunos de ustedes eran homosexuales, eran adúlteros, eran mentirosos, eran ladrones, pero hoy ya no porque hemos sido justificados y la gracia de Dios se ha manifestado en nuestra vida y es por la gracia de Dios que somos lo que somos.

Romanos 3:22-24 dice Esta justicia de Dios llega, mediante la fe en Jesucristo, a todos los que creen. De hecho, no hay distinción, pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios, pero por su gracia son justificados gratuitamente mediante la redención que Cristo Jesús efectuó. No importa que se convierta alguien de niño o que se convierta de anciano, la gracia de Dios se mantiene igual. ¿Recuerda a Jesús en la cruz del Calvario? Ya estaba a punto de expirar pero a la par tenía a dos ladrones, delincuentes, dignos de la pena de muerte, pero uno de ellos le dijo a Jesús: acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Jesús le respondió, hoy estarás conmigo en el paraíso.

Dios cumplió su promesa, porque ese ladrón, antes que usted, ya está allá. ¿Conoce a otro ladrón aquí en Guatemala? Si ese ladrón viene y le dice a Jesús me arrepiento, reconozco que tú eres mi Señor y Salvador. Jesús le dirá: estarás conmigo en el paraíso cuando te mueras, le añado comentarios, de la pena de muerte no te librarás, pero la salvación para ti es segura, y en la resurrección resucitará el cuerpo de un ladrón justificado para estar por siempre en la presencia de Dios.

No importa el pecado que usted haya cometido si usted se arrepintió, la gracia de Dios cayó sobre su vida y usted ahora lleva un destino seguro que es la presencia del Señor, el paraíso es la presencia de Dios. Esa es la recompensa para todos. Este ladrón estuvo a la par del Señor y Él lo transformó. Todo pecador arrepentido es un hijo con todos los beneficios, sin importar el tiempo de su conversión al Evangelio, si usted tiene hoy 70 años o 50 o 30 años y se convierte junto con otros de ocho o nueve y diez años usted va a recibir del Señor el mismo derecho de ser hijo de Dios y cuando se es un hijo de Dios a la hora de la repartición de la herencia, se reparte igual.

Nos espera una buena recompensa, vale la pena ser hechos postreros. Los primeros tuvieron la dicha de conseguir trabajo desde principio del día, disfrutaron de la seguridad de que pasaron ocupados todo el día, trabajando en la viña del Señor y al final sabían que tendrían su recompensa. El error de ellos fue no agradecer ese privilegio sino murmurar porque el mismo privilegio se les dio a otros que llegaron horas más tarde y trabajaron menos.

Pero sinceramente, ¿acaso usted y yo hemos sufrido lo mismo que sufrió Pedro, Juan, Lucas, Pablo? ¿Sufrimos nosotros lo mismo que ellos? No. ¿A cuántos de nosotros nos han metido a la cárcel por predicar el Evangelio, nos han dado 39 azotes por predicar el Evangelio, nos han quemado por predicar el Evangelio, a cuántos nos han abofeteado? Y, sin embargo, usted y yo estamos recibiendo la misma gracia que recibió Pablo, Juan, Esteban – el primer mártir–. Gloria a Dios que nos está dando la misma recompensa. Lo triste es que usted pase de niño a viejo y nunca tenga el privilegio de trabajar para el Señor, puede aprovechar ahora para trabajar para el Señor. No importa, a mí me da gusto ver a señoras, ya abuelitas pero de esas abuelitas que tienen que sentarse para poder hacer algo, y las veo en Pequeños Gigantes empujando un carruajito, llevando en sus brazos a un bebecito. Pero están allí trabajando en la obra del Señor y ellas y yo estamos recibiendo la misma recompensa, porque el Señor honra a todos los que le honran.

Sirva lo que sirva pero sirva de algo, porque el que sirve, sirve y el que no sirve, no sirve. El que no vive para servir, no sirve para vivir. Sí, muchos tienen mucho dinero, muchas posesiones pero les falta una causa importante por la cual dar la vida: trabajar en la viña del Señor y servirle con todo lo que tenemos desde el amanecer hasta el atardecer de nuestra vida.

El punto de la parábola sobre la envidia de los primeros trabajadores, es porque el propietario (Dios Padre) es generoso y recompensa a todos por igual. Es triste ver en la iglesia a gente compitiendo con otros, porque lleva más años en la congregación. Aún enojados porque nombraron a un líder que lleva diez años menos que ellos, para un cargo de responsabilidad o personas que no reconocen la autoridad del liderazgo nombrado porque se creen superiores, mejor preparados, más antiguos, con mayor, como dice en inglés seniority, pero usted tiene que aceptar que Dios pone a quien quiere, donde quiere. La envidia demuestra la inmadurez en el corazón del hombre. Romanos 12:10 nos da un consejo apropiado para todos nosotros: Ámense los unos a los otros con amor fraternal, respetándose y honrándose mutuamente. ¿Cómo debe ser el trato entre nosotros? De amor y de respeto mutuo. Respétese y honre mutuamente al otro.

Recientemente escribí un tuit que dice: “qué hermoso es disfrutar el triunfo ajeno sin sentir envidia alguna. Es importante preferir, en cuanto a honrar a los demás, eso es madurez”. Si alguien triunfa a la par suya, alégrese, gócese. Yo bendigo a Dios cuando veo que mis amigos y mis hermanos se llenan de plata y de bienes porque digo que estos no me van a pedir prestado. Qué bueno que Dios los bendice y los prospera, los enriquece, los llena de salud y de mucha bendición. Entre mejor estén ellos, mejor estoy yo.

El hombre es tan grande como los hombres que lo rodean. No se rodee de hambrientos, rodéese de gente saciada por Dios, bendecidas por Dios, alégrese que Dios bendiga a todos. Hace muchos años, casi 37, fui a vivir a Ciudad San Cristóbal, y la gente cuando pasaba por el bulevar principal de vez en cuando decía: allá está la casa del pastor Jorge, notaban la casota. Hoy nadie sabe dónde vivo, ¿por qué? porque se llenó de casotas alrededor. Ahora hay muchas casas por todos lados y dicen: por aquí vive el pastor. Gócese de que otros prosperan, de que otros son bendecidos, otros se gradúan. Gócese de que otros triunfan, alégrese porque cuando un miembro del cuerpo sufre, todo el cuerpo debe sufrir. Y cuando un miembro del cuerpo es honrado, todo el cuerpo debe ser honrado.

Cuando yo recibo un reconocimiento, mi hígado se goza, nadie mira mi hígado pero él también recibe el reconocimiento. Nadie mira mi pulmón ni mi riñón, ni mi páncreas, ni mis intestinos, pero todo lo que tengo en mi cuerpo recibe el mismo trato y nosotros igual tenemos que reconocer que todos somos parte del mismo cuerpo de Cristo y que Dios nos ayude para no sentir envidia cuando Dios exalta a alguno de nuestros hermanos. La envidia demuestra que se trabaja por una recompensa terrenal y no por agradecimiento a la gracia inmerecida que recibimos. El padre es generoso y entrega su gracia a todo pecador que se arrepiente. No seamos hijos envidiosos de Dios.

Quiero decirle que Dios tiene una recompensa para usted y para el que está a la par suya, también para aquel chismoso, a cada uno el Señor le dará su recompensa. Lo importante es que seamos hijos de Dios.

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