El Padre celestial parte 2 (Código 2014-182) – Radios Fráter
  • junio 26, 2014

El Padre celestial parte 2 (Código 2014-182)

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Hemos venido estudiando acerca del Padre nuestro que está en los cielos y en todo lugar, y que tiene propósitos muy grandes para cada uno de nosotros, para la familia que dejó en la Tierra a los padres terrenales para que pudieran trabajar con sus hijos de una manera esplendorosa, siendo un gran ejemplo para que puedan ser hombres y mujeres de bien para nuestra querida Guatemala.

La semana pasada aprendimos que nuestro Señor nos ve en lo secreto. Conoce todos nuestros pensamientos, nuestras intenciones del corazón y, aunque nos escondamos, siempre conoce nuestra condición. En lo secreto nos ve y conoce cómo somos, también aprendimos que el Padre celestial conoce las necesidades de nuestra familia, de nuestra persona en enfermedades y en necesidades económicas. También aprendimos que tenemos un Padre a todo dar, un Padre accesible en todo momento de nuestra vida, tanto en las necesidades como también cuando tenemos bendiciones. Es un Padre que escucha cuando estamos apenados, afligidos estamos necesitados de una oración, de un abrazo, de un apoyo, ahí está Él para ayudarnos y sostenernos.

El perdón es algo muy importante que aprendimos. El perdón necesitamos darlo a las personas que nos han lastimado, que nos han herido, que nos han hecho de menos, que nos han puesto a un lado, que nos han dado un puntapié, tenemos que perdonarlas. Pero ese perdón tiene que ser de corazón y poner las ofensas en el fondo de la mar, así como hace el Señor, y no seguir masticando las situaciones que frustraron nuestra vida. Es un Padre que le fascina que nosotros perdonemos a todos aquellos que nos han lastimado. Y también el Padre nos revela que es Jesús en nuestra vida y aquí está Su Palabra que nos revela toda su vida, todo su amor para cada uno de nosotros.

Vamos a aprender que no solo esas cinco características tenemos de nuestro Padre, para que hagamos la diferencia en nuestros hogares. Vamos a aprender que tenemos un Padre celestial que es compasivo. No hay cosa más hermosa que escuchar a personas que son compasivas, que son misericordiosas, que no están toda la vida señalando sino que nos ayudan a salir adelante. El Señor en Lucas 6:32-36 nos manda a amar a nuestros amigos y amar a nuestros enemigos, no es así como quien dice que lindo, qué bonito, ahí viene el ingrato. Es difícil poder amar aquel que nos ha hecho daño, pero el Señor nos manda a que amemos a nuestros enemigos.

Podría contar de lo que tuve que hacer años atrás y cómo Dios me ayudó en esta área del perdón, porque siempre hemos sido lastimados por alguien y cómo el Señor nos ayuda a perdonar. El Señor lo que quiere es que hagamos el bien a todas las personas, sin mirar a quien. Cuando somos agradables a Dios y hacemos y cumplimos sus mandamientos, el Señor nos da una gran recompensa. Hay bendición cuando somos personas diferentes, dice que seremos recompensados y seremos hijos del Altísimo. Es un honor que tengamos a nuestro Padre, el Altísimo Dios, que nos ayuda en todas nuestras necesidades.

En el versículo 36 dice sean compasivos, así como su Padre es bondadoso con los ingratos y los malvados. Seguramente usted conoce a un ingrato y a un malvado o póngale una etiqueta X que usted quiera ponerle. Conocemos a varios, pero sean compasivos, así como su Padre es compasivo. La perfección de Dios debe ser nuestro ejemplo cada día en nuestra vida. Nuestro Dios es misericordioso y compasivo, no se alegra del mal de las personas, llega y trabaja en el corazón. Trabaja con compasión, siente compasión. Si Él sintió dolor, siente compasión con sus hijos. Conoce cada uno de nuestros sufrimientos.

La gente cuando Jesús estuvo predicando, Mateo 14:14 dice, lo seguía, caminaba con Él horas y horas bajo el sol, bajo la lluvia, porque sabían que de la boca de Él salía una palabra dulce, una palabra que daba aliento, que daba vida, pero cuando Jesús, desembarcó y vio a tanta gente, tuvo compasión de ellos. Compadecerse de las otras personas agrada a Dios. No solo se compadeció de ellos dice que sanó a los que estaban enfermos. Nosotros pasamos sufrimientos, pero quiero decirle que no estamos solos, tenemos un Padre celestial, tenemos a Jesús nuestro Señor que intercede por nosotros y nos saca adelante.

En el Libro de los Salmos encontramos palabras hermosas que describen lo que es nuestro amado Padre, le llaman castillo fuerte, pronto auxilio. ¿Para cuántos no ha sido el pronto auxilio en las tribulaciones? Cuando siente que se ahoga, el Señor extiende su mano y lo saca adelante, porque Él es bueno y para siempre es su misericordia. Es un refugio seguro, mucha gente nos puede echar, nos puede lastimar, pero en Jesús encuentra un refugio seguro, un lugar de protección y un lugar en donde puede comer sanamente y alimentar su alma y su espíritu.

Debemos ser padres comprensivos también. Debemos tener con nuestros hijos la misma compasión que ha tenido Dios con nosotros, también debemos demostrárselo a nuestros hijos, para que ellos puedan aprender. Él se compadece de cada situación que pasamos y nos ayuda a salir adelante, eso es ser un padre compasivo, eso es ser un padre misericordioso. Un hijo puede tener un accidente, tomó el carro sin permiso y se lo llevó. Se estrella, queda fracturado, pero usted no se alegra. Usted se pone a pensar, mi hijo está accidentado, qué voy a hacer. Algunas personas que todavía no conocen a Jesús y tienen un corazón tan duro que no lo vuelven a ver, ni lo recogen. Pero cuando usted mira a ese hijo que está herido en ese accidente, lo saca y lo ayuda. Destruyó el automóvil, pero está vivo, el vehículo se vuelve a hacer, pero la vida del hijo vale muchísimo.

En una enfermedad reniega y se expresa de esta manera: otra vez, ¿qué te pasa? y se pone a pensar en el dinero que tiene que gastar para el sanatorio o la cola que tiene que hacer en un hospital nacional. Cuando un niño está enfermo, cuando un joven está enfermo, la esposa está enferma o viceversa, tenemos el poder de Dios y la autoridad para poner manos sobre él y orar, ayudarlo a salir de esa enfermedad. ¿Qué hacemos como padres compasivos cuando un hijo se queda sin trabajo? ¿Le vamos a ayudar? ¿Le vamos a ayudar con dinero? No le vamos a dar todo, pero vamos a estar ahí como un padre compasivo para nuestros hijos. Estos ejemplos van ayudar a su hijo, a su hijo a ser mejores hijos compasivos que cuando miren a la abuelita que está bajando las escaleras temblando con Parkinson, y ellos siendo compasivos le ayuden con paciencia. Porque van a ver el ejemplo de papá y mamá.

La compasión siempre surge en nosotros cuando nos ponemos en lugar de otros, y ponernos en el lugar de otros nos lleva a comprometernos y a extender ayuda, estas son palabras del Pastor Alex. A veces la gente pasa por situaciones muy difíciles, drogas, problemas, sufrimientos y uno cuando los ve tiene que ponerse en el lugar de esas personas. Tenemos que ser compasivos para ayudarles a salir adelante. Si nuestro Padre que es tan grande y que nos ha visto que somos pecadores arrepentidos y nos ha salvado y nos ha sacado adelante, cuánto más usted papá, usted mamá, tiene que ser diferente. Jesús hace la diferencia, y tenemos que poner en práctica lo que Dios nos está ordenando, para que nuestros hijos sean uno hijos compasivos.

El padre celestial sigue trabajando en Su obra. En Juan 5:16 nos habla que muchas personas seguían a Jesús y querían lastimarlo, querían ver cómo caía y si era sábado no había que hacer nada, pero si a usted se le va un hijo en un barranco, no le va a decir que no solo porque el sábado no se tiene que hacer nada. Mi padre sigue obrando hasta el día de hoy, Él no se detiene, no descansa, su oído está atento a los hijos que claman con todo el corazón. Y si ese hijo se va en el barranco y es sábado, no le vamos a decir: papito, mañana domingo te vengo a recoger. No tengas pena, puedes caminar si no estás fracturado. Así no es nuestro padre, Él trabaja día y noche y eso es importante para cada uno de los cristianos que amamos a Dios con todo el corazón, porque nos da la seguridad que no estamos solos.

Dios no tiene horario. Muchas veces el niño se le acerca y usted le dice que tiene que trabajar, tiene qué hacer, que se quite de ahí. El niño sigue halando la falda de la mamá y le dice: m’hijo perdóneme, pero estoy ocupada. Tu papá ya va a venir y cómo es de exigente. Tengan un tiempo para sus hijos, el trabajo es bueno, la comida es bueno que usted la haga, pero tenga ese relax, esa comunicación, ese amor con cada uno de sus hijos.

El Señor sigue trabajando en nuestra vida cada día y Él no se cansa, Su oído está atento al clamor de sus hijos. Gracias a Dios queridos padres y querida familia por el trabajo que Dios ha provisto a su vida, donde usted gana el sustento de cada día. Eso es ser un buen padre, proveedor para su casa. Si trabajan los dos, no diga esa plata es mía, me la gané con el sudor de mi frente y papito yo pago el colegio y tú pagas la casa y tú pagas esto y yo pago esto. Eso no va con el Señor, creo que somos una persona en Cristo, somos unidos en Cristo, entonces si trabajamos los dos tenemos que juntar lo que se gana y administrarla.

Hemos hablado aquí en La Fráter de mucha administración, de cómo hacer un presupuesto para que nos alcance el dinero, que el dinero no divida nuestras casas y si usted es proveedor responsable, querido padre, cuando su hijo venga y le diga: ya siento el calor de la calle, está muy fuerte el sol y las plantas de mis pies ya sienten el calor del pavimento que quema. No le diga patojo malcriado, otra vez, no cuidas los zapatos. Los zapatos se gastan, no son para mantenerlos guardados, se usan. Usted le dice que le saque la plantilla a los otros y que se las ponga a estos, y usted mientras tanto se compra un par de tenis lindos, preciosos y su camisola del equipo que más le encanta y llega bien vestido a casa. ¿Cómo se va a sentir ese muchacho, qué actitud va a tener con usted? Tenemos que ser proveedores responsables para nuestros hijos. El trabajo nos es castigo de Dios, el trabajo es una bendición. Cuide su trabajo, dele gracias a Dios por la fuente de donde usted tiene ese dinero.

Padres, no se avergüencen del trabajo que tienen, si es en el mercado atienda a su clientela con gracia, con amor, con dulzura. Si es en una oficina, igual, todos trabajamos igual, y el esfuerzo Dios lo bendice. Dios no bendice a los haraganes. Pero siempre habrá comentarios como, usted está más cerquita de Dios, dichosa, usted que es esposa de pastor. Nada qué ver, todos estamos cerca del Señor si queremos, todos podemos crecer en Dios si queremos, si nos esforzamos en leer Su Palabra, en llenarnos de Él.

Había dos personas, eran tan haraganes debajo de una hamaca, debajo de una planta de bananos. Estaban Pedro y Juan, tirados bajo la sombra.

– Vos Pedro, le dice Juan, tengo un hambre que ya no soporto.

Y le dice Juan –mirá vos, yo también.

– Mirá cómo están esos guineos–.

–Ay vos, si quiera cayera un guineo.

– Pero mejor si cayera pelado vos.

El perezoso Dios no lo bendice, Dios bendice al que provee. Dice 1Timoteo 5: 8 El que no provee para los suyos, y sobre todo para los de su propia casa, ha negado la fe y es peor que un incrédulo. Dios bendice el trabajo, el esfuerzo de nuestras manos, tanto en el trabajo diario como en el trabajo en su hogar, así que seamos diligentes. Fuera pereza en el nombre de Jesús y sigamos adelante para proveerles el sustento de cada día a nuestros hijos.

Nuestro amado Padre celestial quiere que todos le conozcan y que tengan una vida en abundancia. Juan 6:35-40 Yo soy el pan de vida —declaró Jesús—. El que a mí viene nunca pasará hambre, y el que en mí cree nunca más volverá a tener sed. Eso lo hemos experimentado, que el Señor es el proveedor, es el que nos da en abundancia, y también dice Todos los que el Padre me da vendrán a mí; y al que a mí viene, no lo rechazo.

Tenemos que tratar de que nuestros hijos conozcan al Dios verdadero y que tengan vida eterna. Muchas veces venimos solitos al servicio o no van los niños a la Zona de Campeones o no van a su célula o a su grupo. Algunas veces se quieren quedar en casa y usted le dice que se queden, el papá le dice que vayan. Hay controversia, no están de acuerdo los papás. Tienen que ponerse de acuerdo para que todo fluya.

Lo que quiere el Señor es que hablemos de nuestro Padre celestial a nuestros hijos, que no seamos enojones, que no seamos muy duros, toscos. Que seamos personas diferentes. El Señor perdona todos nuestros pecados, la salvación es personal, su hijo debería estar con usted. Siempre he dicho que el hijo que vive en casa y tampoco provee tiene que ser obediente, usted lo tiene que traer. Pero si es pequeño y no lo lleva a la Zona de Campeones, no lo involucra, no le habla de Dios el joven va a creer sin su amado Rey. Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo tú y toda tu casa. El Padre celestial no quiere que nadie se pierda si no que todos vengamos a su conocimiento y le reconozcamos como nuestro Señor y Salvador.

Lo que Dios quiere es que dejemos la manera difícil o dura que vivíamos en el mundo de pecado y que comencemos a dar pasos de fe y de esperanza en el nombre de Jesús. Los padres tenemos sueños y algunos no salen como se quisiera. Hay que interesarse por el estudio académico, hay que realizarlos, algunos me dicen que solo pueden estudiar en la Universidad de San Carlos, no es mala, es buena universidad, lo que se tiene que hacer es no participar en huelgas, ni quemar buses.

Gracias a Dios por los papás que pueden pagar una universidad cara. Queridos jóvenes, hay que ponerle ganas al estudio, ahorrar a sus papás, a sacar provecho de ese trabajo y esfuerzo que hacen sus padres para que usted salga adelante. Los hijos necesitan tener sueños espirituales y nosotros somos los primeros en tenerlos.

Cuando veo a los jóvenes involucrados, cuando veo aquel joven tímido que ahora tiene su grupo en casa, que llegan señoritas y jóvenes, que veo que ahora se desenvuelven, que llega a casa y estudia la Palabra y los papás lo miran y dicen entre sí, ¿este qué? Cuando Dios toca el corazón y el Espíritu Santo trabaja es maravilloso, no podemos detener la obra del Señor. Y qué padre no se siente tan a gusto al ver a sus hijos involucrados en el servicio.

Algunos papás son ingratos porque les reclaman a sus hijos que están mucho tiempo en la iglesia. Pero papá y mamá ¡están en la casa del Señor! Agradezca que no está en un burdel, que no anda en drogas, que no anda echándose las cervecitas, que no anda de mujer en mujer, que no está haciendo lo desagradable para Dios. Eso es importante.

Nuestro Padre celestial es justo. Juan 17: 25-26 dice: Padre justo, aunque el mundo no te conoce, yo sí te conozco, y éstos reconocen que tú me enviaste. Yo les he dado a conocer quién eres, y seguiré haciéndolo, para que el amor con que me has amado esté en ellos, y yo mismo esté en ellos. Tenemos un Padre justo, tenemos un Padre santo, maravilloso que nos ayuda en todas nuestras debilidades. Un padre que tiene a su lado a Su Hijo Jesús, quien intercede por cada uno de nosotros. Cuando fallamos como personas, como cristianos el Señor está con su ojo puesto y dice: sabes qué, a este le voy a jalar las orejas, porque el Señor a quien ama también lo reprende, también lo castiga. Y ¿qué dice Jesús? Por favor Padre, yo te suplico que le des otra oportunidad.

Querido padre de familia ¿usted es justo con sus hijos? ¿Usted es parejo con sus hijos? O le compra lo mejor al más grande y al chiquito no le compra nada. Si no tiene dinero para los tres o cuatro hijos junte el dinero y lo compra después, porque eso le hace daño a nuestros hijos. Dios es justo y nosotros deberíamos ser padres justos cada día, mamás justas para con nuestros hijos. Nuestro Padre es tan hermoso que actúa con justicia y nosotros podemos vivir en los caminos del Señor. El padre que actúa con justicia no trata con preferencia a sus hijos. He tenido consejerías donde recibo a la mamá o al joven y me dice: yo trabajo, voy a la U y cuando regreso la nena que está en casa nada más, que no trabaja ni estudia está sentada con su comidita caliente. Y el que trabaja todo el día y fue a la universidad, que Dios lo socorra.

Queridos padres, seamos justos con nuestros hijos. No los menosprecie, si uno es blanquito, el otro morenito y el otros es altito gordito, ámelos por igual, sea justo con sus hijos. Esto es lo que al Señor le agrada. Usted tiene que tener un balance con sus muchachos. Nosotros mismos, muchas veces, como padres provocamos la ira, la contienda, el enojo, el desprecio en nuestros hijos, porque les sembramos eso en nuestra casa. Sea un padre a todo dar, lo puede hacer, Jesús está con nosotros, pero tiene que poner en práctica la Palabra, para que todo esto funcione. El Padre celestial concede gracia y paz en nuestros corazones. La gracia es algo inmerecido, es un regalo de Dios que nos da a cada uno.

En 1 Corintios 1:3-3 dice Pablo, llamado por la voluntad de Dios a ser apóstol de Cristo Jesús, y nuestro hermano Sóstenes, a la iglesia de Dios que está en Corinto, a los que han sido santificados en Cristo Jesús y llamados a ser su santo pueblo, junto con todos los que en todas partes invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y de nosotros: Que Dios nuestro Padre y el Señor Jesucristo les concedan gracia y paz. Cuántos necesitan tener esa gracia y la paz de Dios en sus corazones.

Dios nos da gracia y paz y nosotros hemos sido santificados. Se pueden imaginar cuántas iglesias hay en toda Guatemala, desde la iglesita en nuestro pueblo más escondido como en la ciudad donde adoran, alaban y bendicen el nombre del Señor. Y ahí donde nosotros hemos sido lavados con la sangre de Cristo, santificados, apartados para hacer buenas obras.

El Señor quiere que de verdad amemos y consigamos la paz. El Señor dice: mi paz os dejo, mi paz os doy. Yo no se las doy a ustedes como el mundo la da, no se angustien ni se acobarden. ¿Quién nos da la paz? Nuestro Señor, Él es el que da la paz. Un hogar donde hay ira, contiendas, donde hay problemas, donde hay contestaciones malas, donde está la controversia, ese pleito entre mamá y papá y los hijos, ahí no hay paz, ahí no hay bendición.

Yo anhelo la paz de Dios en mi casa ¿y ustedes? Debemos anhelar esa paz. En el nombre de Jesús tómela para su familia, en el nombre de Jesús tire el enojo, la ira, la contienda y sea dulce, amable. Deje el orgullo por un lado. Ya no se queje de que lo trataron mal, que no le dieron comida, ahora está mejor, está bien dado, bien ponchado, bien flaquita, está llena de vida. Deje la amargura ya, y no le dé todo lo que quieren sus hijos, no es excusa que no lo haya tenido. Ahórrelo, úselo bien, póngalos en un buen colegio, ayúdelos. Dios es bueno, es maravilloso.

Tenemos que ser unos padres a todo dar. El Señor nos da de Su gracia, de Su paz y de Su amor. Muchas veces usted necesita tener gracia para con su hijo, la paz de Dios que usted puede darle e infundirle en los momentos de angustia y de dolor, esa gracia usted la tiene que extender a sus hijos. El perdón del hijo que se equivocó y tiene embarazada a la novia, la hija que se fue de casa, tantas cosas que pueden pasar en un hogar.

Qué tal si usted abre las puertas de su corazón y usted es dulce, es humilde. No quisiera que todas esas cosas pasaran. Uno quisiera que todo fuera lindo y hermoso, pero “en el mundo tendréis aflicciones, pero confiad que yo he vencido al mundo” y si Dios ya venció al mundo, usted también lo puede hacer en las circunstancias difíciles en su casas.

 

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