El Padre Celestial parte 3 (Código 2014-189) – Radios Fráter
  • julio 2, 2014

El Padre Celestial parte 3 (Código 2014-189)

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Hablamos en las tres semanas anteriores sobre varias características del padre, porque la responsabilidad como padres es modelar a Dios frente a nuestros hijos. La mejor manera para que ellos conozcan a Dios es viendo en nosotros esas características que distinguen a Dios. Un padre  abusivo con sus hijos, hará pensar a los niños que el Padre nuestro que está en los cielos es de esa manera, porque los chiquitos ven en su papá como el dios en su casa, que les provee, les protege, el que les instruye, que les prepara.

Hemos visto características del Padre celestial, por supuesto que las puede encontrar en reproducción en CD o DVD y comprarlas o puede adquirirlas gratis en audio, video y texto, en www.radiosfrater.com en el área de Recursos. Ahí va a encontrar los temas anteriores y ponerse al día. La semana pasada dijimos que el Padre celestial es compasivo. Él tiene esa cualidad de  tener compasión, somos padres imperfectos, pero tenemos que aprender a imitar al Padre perfecto y ser padres compasivos con los hijos imperfectos que tenemos. Si usted cree que sus hijos son perfectos, le voy a decir la verdad. No lo son. Hay papás que cuando los llaman al colegio van a dar la impresión que sus hijos son perfectos, ángeles bajados del cielo, sin pecado concebidos. Pero no, son imperfectos, y por eso cometen grandes errores. Tenemos que aprender a ser compasivos. El Padre celestial trabaja en Su obra y nosotros tenemos que ser ejemplo de hombres de trabajo. De trabajo integro que sin importar la profesión dignifiquemos al hombre, al proveer para nuestra familia y enseñemos a nuestros hijos la importancia de ser hombres y mujeres esforzados en el área laboral.

Anoche (el sábado 28) le hablaba a más de doce mil personas en Explo Music Fest y les decía hay que sudar la camiseta para alcanzar la meta. Se requiere cinco por ciento de inspiración y noventa y cinco por ciento de transpiración. Tenemos que esforzarnos como dice la Escritura: esfuérzate y sé valiente. Cuesta graduarse, trabajar cuesta, hacer una casa cuesta, iniciar un negocio cuesta, llevar a cabo un ministerio cuesta. Tenemos que sudar la camisola para alcanzar la meta.

Hablamos también de que el Padre celestial quiere que todos crean en Jesús y que tengan vida eterna. Tenemos que ser padres que viven como Jesús vivió y que los principales sueños para nuestros hijos no sean solamente logros materiales, económicos sino una vida espiritual consagrada a Dios. Después de esta meta principal de vivir para Dios, cualquier otra es secundaria. El Padre celestial es justo, tenemos que ser padres justos que no tratan con preferencias a un hijo por encima de los demás. Ser equitativo, dar a cada uno lo que corresponde. Padres que jamás se prestan a la corrupción o al soborno, porque viven y enseñan el camino de justicia a sus hijos. Además hablamos hace ocho días que el Padre celestial concede gracia y paz. Tenemos que ser padres que en medio de los errores y pecados de nuestros hijos podamos, igual que nuestro Padre celestial, extender la gracia que los restaura.

Vamos a referirnos a las otras características. El Padre celestial es misericordioso, que significa no dar el castigo que se merece. Todos nosotros somos pecadores, la Biblia dice que la paga del pecado es muerte, pero el regalo de Dios es vida eterna en Cristo Jesús. Por su misericordia no hemos sido consumidos y eso que hemos pecado una vez, dos, tres, millones de veces, pero el Señor en su misericordia no nos ha dado el castigo que merecemos, porque las misericordias de Dios son nuevas cada mañana. Como dice la canción: “Cada día me levanto para comenzar de nuevo”.  Y cada día que usted se levanta, Dios en su misericordia está dispuesto a perdonarlo por cualquier falta, por cualquier culpa que usted tenga.

Proverbios 28:13 “Quien encubre su pecado jamás prospera; quien lo confiesa y lo deja, halla perdón”.  La misericordia es no dar el castigo que se merece. El perdón de Dios nos libera del castigo a través de su misericordia y sacrificio de su hijo Jesús en la cruz del Calvario. 2 Corintios 1:3 dice “Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso. Si Dios no fuera misericordioso hace ratos usted y yo ya nos habría partido un rayo, ya estaríamos muertos, ajusticiados por nuestros pecados. Por eso es que como padres terrenales tenemos que extender misericordia a un hijo, y así tener el corazón del Padre Celestial en nosotros. No una, sino muchas veces a lo largo de nuestra vida, nuestros hijos nos fallarán y le fallarán a otros. Extender misericordia es tener el corazón del padre Celestial.

Se ha ido un hijo suyo sin permiso y se ha llevado un carro, luego lo llama para decirle: papá, me chocaron. Se ha ido un hijo suyo de capiuza  en vez de ir a la escuela, a la universidad, se van al puerto y después resulta que de regreso un accidente y se mueren tres compañeros y él queda malherido. Ha llegado un hijo suyo a decirle: papá quiero decirte que te hice abuelo. ¿Qué podemos hacer ante todas estas cosas los papás? ¿Qué es lo que hace el Padre nuestro que está en los cielos con nosotros sus hijos cuando fallamos?

La parábola del hijo pródigo muestra cómo el hijo menor de este hombre tomó su herencia, se fue. La desperdició, la acabó en el extranjero y cuando regresó sin un centavo, sucio, en harapos, destruido moralmente, y con la convicción de decirle a su papá: padre he pecado contra el cielo y contra ti. No soy digno de ser tu hijo, hazme como uno de sus trabajadores comunes y corrientes, como uno de tus peones. ¿Pero qué hizo el padre cuando lo vio por la ventana que se acercaba de regreso a casa? Dice la Biblia que el padre salió a su encuentro, corrió, lo abrazó y celebró el regreso de su hijo. Venía hecho una desgracia, pero seguía siendo su hijo y lo recibió con los brazos abiertos, hizo fiesta, le puso otra vez un traje nuevo, le puso el sello de sus empresas en la mano, porque el anillo que le dio era para sellar los documentos, los contratos que utilizaban en esa época Y le puso calzado en los pies, porque los esclavos no tenían calzado. Ah, esa misericordia que Dios tiene con nosotros es la que hace que estemos hoy, estamos aquí, porque Dios ha sido misericordioso y por eso tenemos hoy una vida nueva en Cristo, nuestra familia está unida, nuestro trabajo está en pie. Seamos misericordiosos con nuestros hijos.

Tenemos la siguiente característica que la encontramos en 2 Corintios 1:3-4  “Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación,  quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también nosotros podamos consolar a todos los que sufren”. ¿Conoce a un hijo que sufre? Sí, hoy existe en los colegios y escuelas lo que se llama bullying, acoso escolar, se ataca a niños y niñas o porque son gorditos o porque son chaparritos o porque son altos o porque simplemente les da la gana acosarlos. Y hay niños que sufren, niñas que sufren en sus escuelas y colegios, ¿qué vamos a ser nosotros como padres? Consolarlos en medio de la tribulación y hacer todas las gestiones necesarias para que termine ese acoso escolar. Los niños, hoy sufren.

Hay algunos que sienten  el rechazo, no solo en su colegio sino en el barrio y hasta en la familia. Y algunos hasta les dicen es que “sos el “recha (zado)”. Hay una “L” que se hizo famosa en Estados Unidos, porque le dicen a la gente “loser”, perdedor, y por eso nosotros como padres tenemos que estar listos para que si nuestro hijo o nuestra hija sufre algo, le demos consuelo. Es duro para una jovencita cuando el primer novio que tiene le pasa enfrente a la nueva novia y ni siquiera le dijo agua va. Simplemente se la pasó, es duro. -Es que soy fea mami. No hija, tú no eres fea, mírame a mí, yo soy linda y tú naciste de mí, eres preciosa.

Tenemos que consolar a nuestros hijos. Consolar es aliviar la pena o la aflicción de una persona. Dios nos da el alivio en medio de nuestras tribulaciones. No importa la prueba, Dios está ahí con nosotros consolándonos para que podamos vivir. Es difícil el día que llega al trabajo y le dicen no necesitamos más de sus servicios, está despedido. Es difícil para cualquier persona, y los jóvenes, hijos nuestros, a veces les toca pasar por una situación de esas. Otras veces invierten su dinero en una empresa y los estafan.

¿Qué tenemos que hacer nosotros? Consolarlos, hay que ayudarlos en medio de su tribulación.  Qué terrible es cuando una persona se queda huérfana o se queda viuda. ¿Qué hace el Padre nuestro que está en los cielos cuando alguien se queda viudo o se queda huérfano? Viene a consolarnos, la Biblia dice en el Salmo 68:5 “padre de los huérfanos y defensor de las viudas es Dios”. Así que si usted es huérfano quiero decirle que su nuevo padre es Dios que está en los cielos, y si usted es viuda, quiero decirle que su nuevo esposo nunca le va a quemar el rancho, porque es Dios.

Así  como Dios consuela a la viuda, así como Dios consuela al huérfano, así como Dios consuela al desempleado, así como Dios consuela al estafado, al perseguido, al extorsionado, nosotros como padres tenemos que acercarnos y consolar a nuestro hijo, a nuestra hija. Dice el versículo 6 del Salmo 68 “Dios da un hogar a los desamparados”.  Que terrible es cuando a usted le quitan la casa, desahucio, para afuera y usted se queda en la calle, ahí necesita usted un consuelo, un amparo y Dios es el que nos da amparo, nosotros como padres naturales tenemos que dar a nuestros hijos ese amparo. No podemos ver a nuestros hijos y a los nietos durmiendo en el parque teniendo una casa para darles.

Tenemos que aprender a ser consoladores. Nuestros hijos enfrentarán tribulaciones que el mundo les da y otras tribulaciones que ellos mismos se producirán si desobedecen los mandamientos de Dios. Un hijo que no sigue el consejo y cae en las drogas, puede convertirse luego en el asesino de su propia madre y del vecino y suicidarse después, como ocurrió esta semana. Muchacho de 21 años metido en drogas, discutiendo con su mamá, la mata. Entra un vecino a ver qué está pasando, lo mata. Luego ¿qué pasa con el muchacho? Se suicida. Hay problemas, qué terrible para la familia alrededor, qué terrible para la familia del vecino, qué terrible para ese condominio o ese lugar donde vivían en Ciudad de Plata.

La gente necesita consolación y nosotros que hemos pasado por diferentes tribulaciones hemos recibido consuelo de Dios, para que podamos consolar a otros. Desde que son chicos nuestros hijos y empiezan a dar los primeros pasos tropiezan, caen y a veces lloran. Tenemos que correr, ayudarlos a levantarse, a nuestra nietecita a levantarse, tomarla en nuestros brazos y consolarla, porque eso es lo que debemos hacer como padres. Cuando no lo hacemos nuestros hijos van creciendo y poco a poco se  van alejando y ya no nos buscan para que les demos consuelo.

Lo que debemos hacer como padres naturales, terrenales es amar a nuestros hijos. Padre, si usted tiene a uno de sus hijos a la par, qué tal si se acerca a su hijo y le dice te amo. Hija, te amo. Señora si usted tiene cerca a su hijo o hija dígale: hijo te amo, estás feo pero te amo. A veces eres malcriado pero te amo. A veces no eres lo que yo quisiera que fueras, pero te amo. Has perdido tres veces el grado, pero te amo. Dios nos ama a pesar de que fracasamos muchas veces. Nos ama nuestro Padre celestial y por eso debemos aprender de Él y amar a nuestros hijos.

2 Tesalonicenses 2:16-17 dice “Que nuestro Señor Jesucristo mismo y Dios nuestro Padre,que nos amó y por su gracia nos dio consuelo eterno y una buena esperanza,  los anime y les fortalezca el corazón, para que tanto en palabra como en obra hagan todo lo que sea bueno”.   Le recomiendo leer mi libro “Escuela para Padres”, ahí enseño como deben los padres amar a sus hijos, cual es la mejor manera de despertar ese amor y cómo debemos amar a nuestros hijos, porque el Padre nuestro que está en los cielos nos enseñó a amar a Jesús su hijo, cuando Jesús tenía treinta años y estaba a punto de iniciar su ministerio y fue a bautizarse con Juan el Bautista, al salir del agua dice que su Padre abrió los cielos y el Espíritu Santo descendió en forma corporal como de paloma. No era una paloma, cómo paloma dice la Escritura, se oyó una voz del cielo que decía: tú eres mi hijo amado, estoy muy complacido contigo (Marcos 1: 9-11).

No hay cosa más grande para nosotros los padres, que darles a nuestros hijos seguridad de su identidad. No permita que su hijo tenga dudas, como decirle yo no sé hijo si tú eres mi hijo de verdad. Solo tu mamá lo sabe, creo que te pareces más al lechero. Cuidado, no le meta esas inseguridades a su hijo, si lo ama debe darle seguridad de su identidad, seguridad de su función, seguridad, de su destino. Tenemos que amar a nuestros hijos para dar esa seguridad. Léalo despacio. Compre “Alas para tu  familia”, léalo despacio, ponga en práctica, le van a servir los consejos que hemos dado ahí.

El amor de Dios se manifestó hacia nosotros al enviar a Su Hijo Jesús. Es la muerte de Jesús en la cruz la que nos muestra el amor de Dios. La Biblia dice que “de tal manera amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito para que todo aquel que en él crea no se pierda más tenga vida eterna”.  Nosotros le amamos a Él porque Él nos amó primero. Nos dice todavía, tú eres mi hijo amado, quizá tu padre te rechazó, te abandonó, tu madre no te quiso, quizás todos te rechazaron, pero yo te amo. Le quiero decir que si nadie en este mundo le ama ni le quiere y todos le rechazan, corra a los brazos de Dios, porque tiene los brazos abiertos para decirle que le ama. Yo sí te amo, ven cómo eres, no importa lo que hayas hecho, yo te amo, dice el Señor.

Me llamó la atención cuando leí la edición dominical de Prensa Libre, que dice “Este año van unas  dos mil modificaciones, miles se cambian el nombre, retiro de apellido paterno entre causas”. Hay madres que están pidiéndole a sus hijos cambiarse el nombre, quitando el apellido del papá, porque muchas mujeres piensan que con el cambio de nombre pueden quitarle los derechos de los padres hacia a sus hijos, pero no es cierto. Claro hay algunos que se cambian el nombre por otras causas, pero otros se lo cambian porque el padre es irresponsable, no responde, no sostiene, no consuela, no protege, no ama, no ayuda a sus hijos.

Usted ama cuando da. No solo los recursos económicos para sostener a su familia, hemos dicho ahí en el libro “Escuela para Padres” que amor se deletrea  t-i-e-m-p-o. Tiempo. Si usted ama, da tiempo. A veces es más fácil dar dinero, tomar una tarjeta de crédito, “una extensión de la mía, haz lo que quieras, pero no me molestes. Estoy ocupado con mi empresa, estoy ocupado con mi amante. No me molestes. Aquí está, vete”. A veces es más fácil dar dinero que dar tiempo a nuestro hijo, pero lo que quiere su hijo no es su dinero, lo que quiere su hijo no es su carro, su casa, no son sus viajes, lo que el niño quiere es a su papá. Y si usted es papá dese a su hijo y si quiere póngase una moña que le sale más barato, dese a su hijo, quiere jugar, platicar, correr, nadar, ver tele con usted. Jugar video juego con usted, dese usted a su hijo. Usted ama cuando da tiempo y aliento y se interesa en los temas y hobbies de sus hijos. Ame a sus hijos con todo y enséñelos a amar a su prójimo.

El Padre celestial nos da consuelo y una buena esperanza. 2 Tesalonicenses 2:16-17dice  Que nuestro Señor Jesucristo mismo y Dios nuestro Padre, que nos amó y por su gracia nos dio consuelo eterno y una buena esperanza, los anime y les fortalezca el corazón, para que tanto en palabra como en obra hagan todo lo que sea bueno”.  Si algo necesitan nuestros hijos es esperanza. Quizá usted no le pueda dar todo lo que materialmente sus hijos soñarían tener, quizá no les puede dar la vivienda que sus hijos quisieran tener o el transporte que sus hijos quisieran tener, la educación que sus hijos quisieran tener, pero usted sí les puede dar algo importante: la esperanza, y enseñarles que ellos pueden cambiar su destino, que ellos pueden cambiar su situación. La esperanza es algo tan importante.

Un día de crisis en el país se me acercó un reportero y me preguntó ¿qué palabra podía darle al país en este momento de crisis? Y le dije que los líderes tenemos que ser distribuidores de esperanza. Las crisis pasan, los problemas pasan, los conflictos pasan, pero la gente que tiene fe en Dios y fe en ella permanece. Cuántos problemas hemos sufrido y aquí estamos porque tenemos fe en Dios nuestro Señor y esa esperanza nos sostuvo en medio de la dificultad. Un día me dijeron que mi hijo tenía cáncer. El joven apenas tenía 17 años, acababa de regresar de Estados Unidos, de prepararse en un seminario bíblico para iniciarse en el ministerio. Y de pronto me dicen que tiene cáncer. En medio de esas noticias difíciles es cuando necesitamos recibir esperanza, esperanza de que el cáncer que tiene ahora no lo tendrá después, porque en el nombre del Señor lo vamos a quitar y el Señor lo va a sanar. Y Dios hace la obra.

El Pastor Alex está vivo sin cáncer. Sufrió de cáncer, hubo que quitarle un tumor  canceroso, hubo que someterlo a quimioterapia, pero está sano, recuperado y en medio de esa crisis Dios nos da a nosotros esperanza y tenemos que darle esperanza a nuestra familia de que vamos a salir adelante. Sí, probablemente sea usted el que está sufriendo porque le dijeron que su hijo tiene tal enfermedad, su hijo tiene tal problema mental, su hijo tiene tal dificultad. La esperanza es un estado de ánimo optimista, basado en la expectativa de resultados favorables relacionados a eventos o a circunstancias de la propia vida o el mundo en su conjunto.

Cuando vemos nuestro país o vemos el continente o vemos el mundo entero, vemos guerras y rumores de guerra, vemos violencia y estadísticas de inseguridad y de asesinatos y de maldades terribles que pueden envolvernos en un caos sentimental y emocional y hacernos pensar que no hay solución para esta vida. Pero el Padre nuestro que está en los cielos nos da esperanza y por eso podemos esperar confiando de que vamos a ver cambiar las cosas y podemos abrigar un deseo con anticipación de que las cosas van a cambiar. No siempre será de noche y empiezan los rayos del sol a salir, un nuevo día con una nueva esperanza. No les estoy anunciando un candidato, estoy anunciándoles a Cristo Jesús. Él es quien nos trae la esperanza que no avergüenza.

La pregunta es ¿encuentran sus hijos esperanza en sus enseñanzas y en sus palabras para su mañana? O llega su hijo con usted y el hijo ya tiene 29 años, ya se graduó de ingeniero, ya tiene trabajo y le va a decir que se va a casar. – Ay hijo, para qué. Mira cómo he sufrido, todavía estoy pagando el haberme casado. No hijo, quedate solo y no mal acompañado. ¡Qué padre más ingrato! O llega y le dice, papá fíjate que queremos tener nuestro primer hijo. – Para qué. Si mirá cómo me costó criarte. ¿Te acordás de aquellos problemas en que me metiste? Para qué vas a tener hijos, mejor quedate solo, vos y tu pisto.

Tenemos que darles a nuestros hijos esperanza. Y cuando le digan papa voy a tener un hijo, conteste me alegro hijo, Dios te bendiga, quiero ser abuelo para disfrutarlo y vos lo criás. Porque esa es la ventaja de ser abuelo. Yo les digo a mis hijos, dos alegrías me dan los nietos. Una cuando vienen y otra cuando se van. Porque tener unas cuatro o cinco horas a los nietos en la casa, ya está uno que pide pelo, necesita descansar, pero qué bueno que nuestros hijos pueden criar a estos nietos que tanta felicidad nos dan.

Si usted no brinda esperanza a sus hijos ¿quién lo hará? Nadie. Es muy probable que no encuentren un mentor o un padre sustituto que los motive a lograr cosas grandes en esta Tierra. Sea la esperanza de sus hijos. Lo primero que debe darle a sus hijos es la esperanza en Dios. Esa esperanza que nunca nos avergüenza, esa esperanza eterna. La segunda esperanza es que se hará realidad lo que se propongan como meta y trabajen incansablemente en ella, sin olvidarse de buscar primeramente el reino de Dios y su justicia. Papá yo quiero ser médico, qué bueno hijo. Vamos a hipotecar la casa para pagarte el estudio o vamos a buscar un préstamo. Dejame conseguir una beca. Anime a su hijo que se gradúe, si usted no llegó ni a ayudante de enfermero, pero su hijo puede llegar.

Muchos padres obreros, agricultores, campesinos, dueños de pequeñas empresas han logrado sacar a sus hijos adelante, los han convertido en ingenieros, en médicos, abogados, en diputados, en muchas cosas. Un padre puede con cinco hijos, lo triste es cuando los hijos no pueden con un padre. – Vos, está enfermo papá, hay que pagarle el hospital. Yo no tengo pisto mano, estoy bien frito. En el hospital San Juan de Dios se puede meter. Vamos a tirarlo al hospital Roosevelt. A veces ya no les damos esperanza a nuestros papás, pero nosotros como papás tenemos que darles esperanza a nuestros hijos.

2 Tesalonicenses 2:16-17 “Que nuestro Señor Jesucristo mismo y Dios nuestro Padre, que nos amó y por su gracia nos dio consuelo eterno y una buena esperanza, los anime y les fortalezca el corazón”. Tenemos que animar a nuestros hijos. La gente se desanima. Llegan los hijos a la casa: papá no entiendo álgebra, y ¿eso qué es? Sale desanimado. Papa no entiendo esto que  es física cuántica. Y ¿eso qué es? Tenemos que animarlos para que sigan adelante. La vida es difícil, por eso hay que sudar la camiseta para alcanzar la meta.

Dios nos anima y nos estimula y nos levanta el ánimo para que sigamos. A veces usted está tan desanimado por el problema que tiene en su empleo, en su negocio, en su relación familiar. Usted quiere tirar la toalla, pero en medio del desánimo usted viene a la Fráter y se sienta todo desanimado y al rato empiezan los cánticos y Dios por su Espíritu Santo empieza a animarlo. Y de repente se para y el predicador le empieza hablar de la Palabra y usted empieza a animarse y cuando sale de aquí sale sintiéndose todo un campeón porque todo lo puede en Cristo que lo fortalece.

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