Nuestro Dios puede librarnos (Código 2014-225) – Radios Fráter
  • julio 30, 2014

Nuestro Dios puede librarnos (Código 2014-225)

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Cuando leemos las historias bíblicas nos damos cuenta que hay historias increíbles en la Biblia, historias que nos dejó Dios por dos motivos: el primero es para que las evitemos y el segundo es para que las imitemos. Vamos al Libro de Daniel 1:1 y podremos sumergirnos en la historia en el tiempo donde Babilonia era el imperio más importante. Había conquistado a Israel y muchos judíos habían sido desterrados a Babilonia. Usted recordará la grandeza de Babilonia, del rey Nabucodonosor, recordará los jardines colgantes de Babilonia y su esplendor, una de las siete maravillas del mundo antiguo. Y no solo se llevaron a los jóvenes, a los adultos, sino de los jóvenes tomaron a gente de la familia real y de la nobleza y los prepararon durante tres años para que sirvieran con el rey.

Daniel 1:1-8: En el año tercero del reinado del rey Joacim de Judá, el rey Nabucodonosor de Babilonia vino a Jerusalén y la sitió. El Señor permitió que Joacim cayera en manos de Nabucodonosor. Junto con él, cayeron en sus manos algunos de los utensilios del templo de Dios, los cuales Nabucodonosor se llevó a Babilonia y puso en el tesoro del templo de sus dioses. Además, el rey le ordenó a Aspenaz, jefe de los oficiales de su corte, que llevara a su presencia a algunos de los israelitas pertenecientes a la familia real y a la nobleza. Debían ser jóvenes apuestos y sin ningún defecto físico, que tuvieran aptitudes para aprender de todo y que actuaran con sensatez; jóvenes sabios y aptos para el servicio en el palacio real, a los cuales Aspenaz debía enseñarles la lengua y la literatura de los babilonios. El rey les asignó raciones diarias de la comida y del vino que se servía en la mesa real. Su preparación habría de durar tres años, después de lo cual entrarían al servicio del rey. Entre estos jóvenes se encontraban Daniel, Ananías, Misael y Azarías, que eran de Judá, y a los cuales el jefe de oficiales les cambió el nombre: a Daniel lo llamó Beltsasar; a Ananías, Sadrac; a Misael, Mesac; y a Azarías, Abednego. Pero Daniel se propuso no contaminarse con la comida y el vino del rey, así que le pidió al jefe de oficiales que no lo obligara a contaminarse.

                De todos los jóvenes de Israel, podemos decir que estos cuatro jóvenes estaban hechos, es el equivalente de que hoy el presidente Obama escoja a cuatro jóvenes apuestos de la nobleza y realeza de Guatemala y se vayan y les den de comer lo mismo que come el presidente Obama. Y no solo eso, que puedan estudiar durante tres años, no solo en Harvard sino juntarse con los mejores maestros de Estados Unidos. Era algo impresionante. Estaban viviendo una vida de lujo, estaban comiendo de la misma comida del rey, estaban a otro nivel.

Leí un libro hace muchos años, “Horse Sense” (Sentido de Caballo). El concepto de este libro es el siguiente: ¨Nadie tiene éxito en la vida porque sea muy bueno nadas más, sino porque encuentra un caballo qué montar. Y hablaba sobre el caballo económico, el mejor caballo económico, decía, es casarse con alguien con dinero. Créame, yo me casé por amor. Un día le dije: Mi amor, me voy a casar contigo, pero es por amor. Yo sé mi amor, me dijo ella, no tengo nada ahorrado. Sentido de caballo. Si queremos aplicar este concepto a estos jóvenes judíos, ellos habían encontrado un caballo y se llamaba el rey Nabucodonosor de Babilonia, la máxima autoridad del momento, el hombre más poderoso del mundo y ahora iban a estudiar tres años la lengua, la literatura. Iban a comer la comida del rey para poder, luego, servirle a él.

Vamos al capítulo 3:1-2, algo interesante pasa, en este episodio de la historia Daniel no está presente, pero sí Sadrac, Mesac y Abednego: El rey Nabucodonosor mandó hacer una estatua de oro, de veintisiete metros de alto por dos metros y medio de ancho, y mandó que la colocaran en los llanos de Dura, en la provincia de Babilonia. Luego les ordenó a los sátrapas, prefectos, gobernadores, consejeros, tesoreros, jueces, magistrados y demás oficiales de las provincias, que asistieran a la dedicación de la estatua que había mandado erigir. No era una estatua cualquiera, el punto más alto desde el suelo hasta el techo del Mega Auditórium, según el arquitecto Gabriel Barahona, tiene 34.4 metros. La estatua medía 27 metros de alto por dos y medio metros de ancho. Era algo impresionante de pararse y poder verlo. Hoy, lo vemos muy normal, porque hay edificios muy altos. Esta estatua era impresionante en la época.

Era de oro, el arquitecto Barahona sacó los metros cúbicos y son 168.75 metros cúbicos de oro. Para que lo entendamos en el lenguaje de los que no somos arquitectos o ingenieros, un camión de Mixto Listo con concreto tiene 7 metros cúbicos como máximo. Estamos hablando que se necesitarían 24 camiones a su capacidad máxima para fundir una estatua como de la que estamos hablando. Era algo impresionante, desconozco el valor del oro de esta estatua, pero sería un platal.

Sigamos leyendo, 3-6, para celebrar tal dedicación, los sátrapas, prefectos, gobernadores, consejeros, tesoreros, jueces, magistrados y demás oficiales de las provincias se reunieron ante la estatua. Entonces los heraldos proclamaron a voz en cuello: «A ustedes, pueblos, naciones y gente de toda lengua, se les ordena lo siguiente: Tan pronto como escuchen la música de trompetas, flautas, cítaras, liras, arpas, zampoñas y otros instrumentos musicales, deberán inclinarse y adorar la estatua de oro que el rey Nabucodonosor ha mandado erigir. Todo el que no se incline ante ella ni la adore será arrojado de inmediato a un horno en llamas.»

¿Qué haría usted si fuera Sadrac, Mesac y Abednego? ¿Obedecería esta orden? Siendo usted un fiel creyente en un Dios único, el Dios de la Biblia que se revela a Adán y a Eva y que a lo largo de la historia escoge a un pueblo llamado Israel, descendiente de Abraham, Isaac y Jacob al que le cambió el nombre por Israel y sus doce hijos se convierten en las doce tribus de Israel. ¿Qué haría usted? Es estar en el evento oficial más importante del momento. Van a estar el rey, todos los oficiales, todos los gobernantes, eso es un lujo.

Versículos 7-12: Ante tal amenaza, tan pronto como se escuchó la música de todos esos instrumentos musicales, todos los pueblos y naciones, y gente de toda lengua, se inclinaron y adoraron la estatua de oro que el rey Nabucodonosor había mandado erigir. Pero algunos astrólogos se presentaron ante el rey y acusaron a los judíos: — ¡Que viva Su Majestad por siempre! —exclamaron—. Usted ha emitido un decreto ordenando que todo el que oiga la música de trompetas, flautas, cítaras, liras, arpas, zampoñas y otros instrumentos musicales, se incline ante la estatua de oro y la adore. También ha ordenado que todo el que no se incline ante la estatua ni la adore será arrojado a un horno en llamas. Pero hay algunos judíos, a quienes Su Majestad ha puesto al frente de la provincia de Babilonia, que no acatan sus órdenes. No adoran a los dioses de Su Majestad ni a la estatua de oro que mandó erigir. Se trata de Sadrac, Mesac y Abednego”. Lleno de ira, Nabucodonosor los mandó llamar. —No es lo mismo que se enoje el policía de la garita en su condominio a que se enoje el presidente en funciones. La diferencia es que uno tiene toda la autoridad, tiene todo el poder en esta nación. Cuando los jóvenes se presentaron ante el rey — usted sabe que cuando el jefe lo manda a llamar a la oficina, no llega feliz. Yo siempre que mando a llamar a alguien le dijo por qué. Hágame favor de decirle a fulano de tal que venga, porque quiero hablar sobre tal y tal asunto. Me di cuenta que la gente llegaba toda cohibida. La gente se aflige, ¿cómo habrán llegado estos jóvenes? —Ustedes tres, ¿es verdad que no honran a mis dioses ni adoran a la estatua de oro que he mandado erigir? Ahora que escuchen la música de los instrumentos musicales, más les vale que se inclinen ante la estatua que he mandado hacer, y que la adoren. De lo contrario, serán lanzados de inmediato a un horno en llamas, ¡y no habrá dios capaz de librarlos de mis manos!

Ante una amenaza de la máxima autoridad de gobierno, amenaza de muerte ¿qué haría usted? —Es que la vida que llevamos es demasiado buena. Y ahora está amenazando, ¿qué vamos hacer? Internamente adoremos a Dios y externamente postrémonos aquí¿Qué hacemos? Sadrac, Mesac y Abednego le respondieron a Nabucodonosor: — ¡No hace falta que nos defendamos ante Su Majestad! Si se nos arroja al horno en llamas, el Dios al que servimos puede librarnos del horno y de las manos de Su Majestad. Pero aun si nuestro Dios no lo hace así, sepa usted que no honraremos a sus dioses ni adoraremos a su estatua. ¡Qué carácter! Yo quiero que mis hijos sean como Sadrac, Mesac y Abednego. Yo quiero que sean como ellos, no sentían necesidad de rebelarse, vivían muy bien. ¿Será que reconsideraron y comprometieron su fe? Nunca, permanecieron firmes en su resolución, sin importar si esto significaba muerte. Y dijeron, nuestro Dios puede librarnos,

Daniel 3:19-25 Ante la respuesta de Sadrac, Mesac y Abednego, Nabucodonosor se puso muy furioso y cambió su actitud hacia ellos. Mandó entonces que se calentara el horno siete veces más de lo normal, y que algunos de los soldados más fuertes de su ejército ataran a los tres jóvenes y los arrojaran al horno en llamas. Fue así como los arrojaron al horno con sus mantos, sandalias, turbantes y todo, es decir, tal y como estaban vestidos. Tan inmediata fue la orden del rey, y tan caliente estaba el horno, que las llamas alcanzaron y mataron a los soldados que arrojaron a Sadrac, Mesac y Abednego, los cuales, atados de pies y manos, cayeron dentro del horno en llamas. En ese momento Nabucodonosor se puso de pie, y sorprendido les preguntó a sus consejeros: — ¿Acaso no eran tres los hombres que atamos y arrojamos al fuego? —Así es, Su Majestad —le respondieron. — ¡Pues miren! —exclamó—. Allí en el fuego veo a cuatro hombres, sin ataduras y sin daño alguno, ¡y el cuarto tiene la apariencia de un dios!

¿Será un milagro? y es que lanzaron a tres y ahora hay cuatro. Ya no están atados, ahora andan caminando. El resultado de este milagroso evento de que no se queman es que Nabucodonosor declara a Dios, al Dios de la Biblia, el Dios verdadero. Todo porque tres jóvenes estuvieron dispuestos a honrar a su Dios y si seguimos leyendo los versículos 26-27 dicen: Dicho esto, Nabucodonosor se acercó a la puerta del horno en llamas y gritó: —Sadrac, Mesac y Abednego, siervos del Dios Altísimo, ¡salgan de allí, y vengan acá! Cuando los tres jóvenes salieron del horno, los sátrapas, prefectos, gobernadores y consejeros reales se arremolinaron en torno a ellos y vieron que el fuego no les había causado ningún daño, y que ni uno solo de sus cabellos se había chamuscado; es más, su ropa no estaba quemada ¡y ni siquiera olía a humo! Nabucodonosor los llama “siervos del Dios altísimo”.

Versículos 28-30 Entonces exclamó Nabucodonosor: « ¡Alabado sea el Dios de estos jóvenes, que envió a su ángel y los salvó! Ellos confiaron en él y, desafiando la orden real, optaron por la muerte antes que honrar o adorar a otro dios que no fuera el suyo. Por tanto, yo decreto que se descuartice a cualquiera que hable en contra del Dios de Sadrac, Mesac y Abednego, y que su casa sea reducida a cenizas, sin importar la nación a que pertenezca o la lengua que hable. ¡No hay otro dios que pueda salvar de esta manera!» Después de eso el rey promovió a Sadrac, Mesac y Abednego a un alto puesto en la provincia de Babilonia.

¡Qué historia! Ahora, ¿qué tiene que ver esto con nosotros, gente del año 2014? ¿Qué tiene que ver con nosotros? Lo primero, aunque nadie nos vea, debemos permanecer firmes en la fe. Ellos no tenían el freno del pueblo de Israel, no tenían el freno de sus papás, no tenían freno de ningún tipo, nadie que les pidiera cuentas, era un grupo élite del rey, al servicio del rey que vivía disfrutando de su comida, de sus recursos económicos, del conocimiento impartido en tres años, les habían cambiado el nombre, pero decidieron ser fieles a Dios, aunque nadie más los viera.

Qué triste, a veces no tenemos una estatua ni nos dicen que nos arrodillemos ante ella, pero nos arrodillamos ante cualquier otro tipo de tentación y nos arrodillamos y nos postramos, pero rápido. Ni siquiera somos amenazados. Voluntariamente, habiendo conocido el Evangelio de Jesús, aquel justo que muere por los injustos, aquel que nos redimió del pecado, que nos alcanzó, que nos transformó, que nos dio vida y, sin embargo, voluntariamente ante el primer momento sutil de la tentación respondemos como si fuéramos militares a la orden del superior. A ellos nadie los veía y sin embargo, fueron fieles, ¿sabe por qué? Ellos recordaban aquel pasaje en Deuteronomio 6:13-15 que dice: Teme al Señor tu Dios, sírvele solamente a él, y jura sólo en su nombre. No sigas a esos dioses de los pueblos que te rodean, pues el Señor tu Dios está contigo y es un Dios celoso; no vaya a ser que su ira se encienda contra ti y te borre de la faz de la tierra.

                Entendían, a veces uno entra a un restaurante y la gente, como decimos en Guatemala, se chivea. Se sonroja, porque tiene el montón de botellas de licor y no solo cerveza, de ahí para arriba. Y algunos hasta están un poquito contentos. Cuando un líder entra, aunque ningún líder entre ¿quién lo estás viendo? Dios. Usted y yo somos llamados a permanecer fieles no solo ante una amenaza como de postrarnos ante una estatua sino ante la amenaza del mundo que nos tienta a cada momento. Es otro rollo hoy, la televisión, el internet, todo nos está acercando a la tentación. Y es cuando nadie nos ve cuando debemos tener la actitud de Sadrac, Mesac y Abednego.

Un día un papá decidió ir a robar jocotes. Le dijo a su hija, si alguien se acerca me avisas y yo inmediatamente me bajo del árbol. Se sube a robar jocotes y papi, papi. Alguien te ve. Empieza a ver por todos lados y no hay nadie. Siguió agarrando jocotes y luego otra vez la niña que le grita y le dice que alguien lo está viendo. Vuelve a ver a todos lado y no hay nadie. Hija, otra vez fíjate bien, sigue robando. El grito de la niña que le avisa que alguien lo está viendo. Se baja y le dice: ¿dónde está, que no veo a nadie? Tres veces me has asustado. Papi, le dice ella, desde el cielo alguien te ve. Qué difícil es para nosotros en un mundo humanista, recordar esto, si no tenemos el hábito diario de la lectura bíblica, recordar que alguien nos ve y nos da más pena que nos vea el vecino, el amigo, a que nos vea Dios.

Aunque nadie nos vea permanezcamos firmes en la fe, para eso necesitamos apoyarnos en otras personas de fe, para que nos ayuden a vivir una vida consagrada a Dios. ¿Quiénes son ellos? Esta comunidad de creyentes. La iglesia, La Fráter, es una iglesia grande y a la vez pequeña. ¿En qué sentido somos grandes? Somos muchos, pero puedo platicar con algunos pero no con todos. Y usted si viene solo con su pareja o sus hijos entra, se sienta en la butaca de siempre y se enoja si alguien se la quita, después se levanta y se va. Entró solo y se fue solo, pero yo le tengo una noticia: aquí en La Fráter existen las células, grupos pequeños de miembros que nos reunimos por las casas para edificarnos unos a otros y evangelizar.

Y ahí va a encontrar a las mejores personas que lo van a amar. Va a alegrarse y va a sentirse amado. Esta gente es feliz, no solo se reúnen en la casa, han conocido a una familia espiritual. Cuando yo tuve mi célula, una célula de matrimonios, era fantástico. La gente nueva llegaba y me decía: qué alegre, qué bonito este grupo. ¿hace cuantos se conocen? Hace dos semanas. Lo conocí hace dos semanas, pero me lo jalé de la iglesia. Y eso es lo que necesitamos, ir a una célula, por eso hoy pase al Centro de Información en el Lobby o allá en el palco, atrás, ubíquese en una célula que le quede cerca de la casa, de la oficina y va a encontrar amigos fantásticos, amigos que son amigos dentro de la célula y fuera de la célula, amigos que lo van a edificar.

Es más, ahí lo van a desafiar a servir. El 30 de agosto o el 7 de septiembre se va a comunicar a todo el liderazgo con los temas que estamos recibiendo, va a haber un día en donde todos van a salir a dar y van a escoger un hospital o un orfanatorio, un asilo de ancianos, un hogar con necesidad y todos se van a reunir para llevar comida, actividades y sobre todo el mensaje de fe que es la esperanza que Jesús perdona los pecados y da vida eterna. Usted puede ser parte de esto, lo necesitamos. Usted necesita de esto, en su vida. Es bien difícil permanecer en la fe cuando estamos solos, porque las tentaciones van a llegar. Hay que ser valiente, así como fuiste perseverante en la U para graduarte, lo mismo requiere el Evangelio hasta el final. La Escritura dice, el que persevera hasta el fin, ese será salvo.

Sadrac, Mesac y Abednego no estaban solos, se tenían a ellos, se tenían entre ellos, se apoyaban mutuamente, seguramente se sentaron un día y dijeron muchá qué vamos a hacer. ¿Qué vamos a hacer con esta advertencia, con esta amenaza? ¿Nos cuadramos o permanecemos firmes? Tres de nuestros jóvenes se quedaron sin sus papás, no porque hayan muerto, el papá se fue con otra y la mamá en su tiempo se fue con otro. Se quedaron solos. Hoy los tres sirven en la iglesia como voluntarios y dos trabajan en oficinas. Y el día que pasó todo este alboroto se sentaron los tres y uno de ellos tomó la palabra y dijo: nuestros papás nos enseñaron el camino de la fe y nosotros tres vamos a seguir en el camino de la fe y ese domingo estaban en la iglesia recibiendo. ¿Ha sido fácil? No, son jóvenes espectaculares, de los que nosotros estamos orgullosos, porque son jóvenes comprometidos en sus principios cristianos. Apóyese en otras personas.

Primera cosa, aunque nadie más nos vea, debemos permanecer firmes en la fe. Segundo, a pesar de cualquier situación que tengamos que enfrentar, aún sea esta la muerte, debemos permanecer firmes en la fe. Yo quiero que usted lo reciba bien, porque hay gente que se me acerca y me dice pastor estoy dudando de la existencia de Dios. ¿Por qué? Tengo problemas, se murió mi hijo, mi familia. Mi esposa tiene cáncer y ¿por qué está dudando? Está mal el negocio y ¿por qué está dudando? Porque tengo problemas. Por eso le digo lo siguiente: a pesar de cualquier situación que tengamos que enfrentar, aún sea la muerte debemos permanecer firmes ante Dios. Nosotros leímos el milagro, pero la Escritura está llena de personas que fueron fieles a Dios hasta la muerte y Dios no los salvó: Esteban en el Libro de los Hechos, predica, lo apedrean y muere. No muere triste, no muere desanimado, dice que levantó la mirada al cielo y vio la gloria. Y es que Jesús dijo: en el mundo tendrán aflicción, pero confíen, yo he vencido al mundo. La aflicción está presente en la vida del cristiano y va a llegar la aflicción a nuestra vida de muchas maneras, pero nuestra esperanza es Dios nuestro Señor.

Estos tres jóvenes no sabían que iban a ser salvados. Usted y yo porque leemos la historia sabemos el final, pero cuando lo leemos en tiempo presente sin saber qué va a pasar, me imagino a los amigos aconsejando que se postraran y ya. Pero no, permanecieron firmes. Y dijeron Nuestro Dios puede librarnos. Pero luego agregaron, pero aún si nuestro Dios no lo hace así. Ellos no eran fieles a Dios porque les fuera bien, eran fieles a Dios porque Él era Dios. Uno de mis amigos, lo conocí precisamente en el entierro de su esposa. Fui a ese entierro porque sentí una carga, se quedaba con dos hijos. Qué difícil es quedarse con niños como de diez y seis años.

En el entierro lo fui a saludar y le dije que tenía deseos de invitarlo a almorzar. Fuimos a comer y nos hicimos amigos. Su esposa había muerto de cáncer, una mujer joven. Y cuando empezó a tenerme confianza, me contó el siguiente testimonio: Cuando mi esposa se enfermó llamé a un amigo a Estados Unidos y le dije: te cuento que mi esposa tiene cáncer. La respuesta de su amigo fue: vamos a ver, ahora sí, dónde está tu Dios, a ver si la sana. Ella murió. Dejar la iglesia porque mi esposa murió de cáncer, pelearme con Dios porque mi esposa murió de cáncer. ¿Será esto una alternativa para un verdadero cristiano? Dios puede librarnos de las pruebas y lo ha hecho, pero aún si no lo hace así, permanezcamos fieles a Dios. Ser fiel a Dios cuando estamos con salud y abandonarlo cuando estamos con enfermedad no es fidelidad, es interés. Ser fiel a Dios cuando tenemos dinero en la cuenta bancaria y abandonarlo cuando tenemos un despido y no tenemos en el banco, eso no es fidelidad, eso es interés. Y hoy la iglesia está sufriendo porque hay demasiado interés y no hay fidelidad. La fidelidad es hasta la muerte. La muerte es el límite pero de allá para acá todo.

Que se hace cuando el uno de enero se recibe la llamada de un padrino de bodas y cuando se contesta dice: Alex, tengo a mi hijo muerto en mis brazos, un hijo que se graduaba ese año. Su esposa me contó cómo fue que estaban en el cuarto con el otro hijo que les quedó. Cuando llegan al cuarto a decirle, su hermano está muerto, ella lo levanta y le dice: vamos a orar, porque Dios me dejó uno. Eso es fidelidad. Fidelidad es luego. Este papá que perdió a su esposa con cáncer a un día, si no me recuerdo, del cumpleaños de este señor, sigue al frente de los retiros de hombres de la iglesia y sigue sirviendo con pasión y que tenga que llorar todavía no hacia el suelo sino hacia al cielo de donde viene nuestra esperanza. Eso es fidelidad.

Fidelidad en los buenos momentos no se prueba. La fidelidad se prueba en los malos momentos, cuando usted llama a un amigo a las dos de la mañana y le contesta: voy para allá o cuando llama a otro y le dice: vos, estoy cansado, voy a orar por vos. ¿Recuerda a Job? Queremos hablar de fidelidad, Job lo perdió todo, solo le dejó una mujer que ojalá se hubiera muerto. Sí, porque llegó el momento que le dijo: todavía permaneces fiel a Dios, mejor maldícelo y muérete. Esa mujer, de verdad, era accionista del infierno.

Y Job, dice la Escritura, que estaba sentado cuando llegó el primer criado a darle la noticia de sus animales, otro criado sobre la noticia de sus animales, otro criado sobre la noticia de sus animales. Todo se ha perdido. Todo lo económico y dice la Escritura que seguía sentado y se paró. Fue hasta que llegó el siervo y le dijeron: todos tus hijos estaban celebrando y se cayó la casa y se murieron todos. Entonces se puso de pie y cayó de rodillas en señal de adoración y exclamó: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo he de partir. El Señor ha dado; el Señor ha quitado. ¡Bendito sea el nombre del Señor! Eso es fidelidad.

Porque hoy se proclama un evangelio de salud total en esta Tierra y no existe la salud total. La Tierra simple y sencillamente es saborear a la distancia la gloria celestial, pero no todos van a sanar, aún Lázaro que fue resucitado, se murió, ya está en la gloria. Dios puede, porque aquí hay sanidad pero no todos sanan, porque Dios ve el mundo diferente. Usted y yo aquí nos morimos, aquí sufrimos, para Dios es fiesta y bienvenida en casa. Dice la Escritura: muy estimada es la muerte de sus fieles, de sus santos.

Prepárese, porque en su vida habrá problemas y es ahí donde usted no debe decir, como gente que yo he conocido que lleva quince años en la iglesia, pero con un evangelio corrompido que cree que nada le va a tocar y cuando llega dicen que está dudando de Dios, porque su hijo está enfermo. —Pero si le he servido. Sí, pero usted nos le hace un favor a Dios. Usted y yo somos esclavos de Dios, siervos de Jesucristo. Él no nos debe nada, nosotros le debemos todo. Y si hablamos entonces de la prosperidad y hablamos de una prosperidad en donde nunca va a haber un problema, nunca nos van a robar un carro, ¿qué va a pasar cuando suceda? La gente va a dudar de Dios.

Jesús dijo: En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo. Dios nos prospera para que vivamos bien, dice la Escritura, y disfrutemos de la riqueza y seamos generosos en buenas obras. Nos sana, pero la esperanza no es una vida eterna en este cuerpo terrenal sino es una vida eterna en un cuerpo celestial. Y la muerte no es el fin de nuestra existencia. Crea, Dios está con usted. Jesús fue fiel, en el momento del bautismo cuando Dios habló y dijo este es mi Hijo amado en el que tengo complacencia. También estuvo con Él en el jardín del Getsemaní cuando dijo: Señor, si es posible, haz que pase esta copa de mí. No pasó, tuvo que morir en la cruz, pero su muerte fue nuestra vida.

Yo le puedo hablar de esto, pero no le puedo hablar solo porque sí: me gradué a los 17 años del colegio, hace poco, 1993. Y estaba emocionado por estudiar Biblia, conseguí una beca de trabajo a través de un predicador, misionero mexicano, resulté en el Instituto Cristo para las Naciones en, Texas, estudiando Biblia. Estar lejos de Guatemala es horrible, sobre todo cuando se es muy apegado a los papás. Amaba mi casa, amaba a mis papás. Yo iba a todos lados con ellos, y estar lejos es horrible, se extraña el atol de elote, los tamalitos colorados, los frijolitos, los huevitos. Es tanto que uno llega a extrañar hasta los ladrones.

Estaba estudiando en el Instituto, me gradué y regresé todo emocionado a servir, en mayo de 1996, y mi papá me dice vas a predicar tal fin de semana en La Fráter Roosevelt, teníamos tres servicios. El viernes antes de esa primera prédica, sin mi papá en la iglesia, fuimos con mi mamá con un médico, porque me había sentido una masa. Me examinó, fue bien frío, y su respuesta fue, Señora, su hijo para mí que tiene un tumor canceroso. Prepárese para lo peor. Salimos del hospital, nos fuimos en el carro, mi mamá iba mal, esforzándose por portarse bien y me dice: hijo, vamos a orar para que Dos te guarde.

Me contó después que entró al baño a llorar y clamar y a interceder por mí. Y, me dice, no te preocupes. ¿Sabe que le dije de corazón? Mama, yo no me preocupo, yo solo te digo que si mi tiempo ha llegado, ha llegado. Y allá en el cielo está la Chiqui de Marroquín. Y, empecé a mencionarle un montón de nombres, y está nuestro Señor. Claro, por dentro no estaba feliz, estaba triste. En esos momentos nunca dejé de congregarme. El pelo se me estaba cayendo, no se me cayó todo, mejor me lo rapé. Porque la actitud del enfermo lo sacará adelante, dice la Escritura. No diga, por qué Dios. Diga, mi Dios puede, pero si no lo hace no me doblaré. Me arrodillaré.

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