La verdadera grandeza en el Reino (Código 2014-243) – Radios Fráter
  • agosto 13, 2014

La verdadera grandeza en el Reino (Código 2014-243)

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Todos, en esta vida, queremos llegar a ser grandes, nadie quiere ser chiquito. Los niños quieren crecer, los nuevos empresarios quieren prosperar, los estudiantes esperan graduarse, los casados esperan… aguantar. Todos queremos ser grandes, los que están en el deporte, quieren llegar a ser hombres y mujeres de medallas de oro, plata o cuando menos de bronce, pero todos quieren ser grandes. Y esto es un anhelo válido, usted tiene permiso para querer ser grande, es permitido, pero es muy importante entender que existen diferentes grandezas: la grandeza que es meramente humana y temporal, y la grandeza permanente y eterna. Y nosotros tenemos que enfocar nuestras baterías de energía espirituales, mentales y físicas en busca de la verdadera grandeza.

En el Reino de Dios existen principios claros para que podamos aspirar y alcanzar la verdadera grandeza. La gente quiere ser grande y en nuestros tiempos piensan que ser grandes es posición: ser gerente general de una empresa, ser ministro de estado, ser presidente de un organismo del Estado, ser una persona que figure todo el tiempo en los noticieros de televisión y en los medios impresos. La gente piensa que ser grande es un sinónimo de ser el centro de todo y estar en medio de todo, ¿será esa la verdadera grandeza a la cual debemos aspirar e inspirar a nuestros hijos a buscar? ¿Por qué muchos que alcanzan la “grandeza” terminan suicidándose o viviendo vidas con mucho sufrimiento a pesar de su “grandeza”?

No hay músico que haya llegado a ser tan grande, tan famoso como Elvis Presley, el rey del rock, murió en los 70 y todavía los jóvenes y los niños de hoy conocen a este muchacho que se crió en una iglesia de las Asambleas de Dios, hijo de un diácono, quiso estar en el coro de su iglesia y no lo aceptaron. Siendo de condición humilde, viviendo de ropa que le regalaban y su mamá se la arreglaba, llegó a ser grande, el rey del rock, dueño de la famosa Mansión en Memphis, Tennessee, un hombre que hizo decenas de películas, ganó millones de dólares, su rostro estuvo en las pantallas gigantes y todavía se le recuerda, terminó hecho un adicto a las drogas, hizo de la noche el día y del día la noche y terminó a los cuarenta, ni siquiera llegó a cumplir 50 años. En el solitario desespero de “pudo haber sido, pero no fue”. No basta alcanzar fama, no basta alcanzar riqueza, no basta alcanzar posición. Hay algo más para ser verdaderamente grande en esta vida y estar realizado.

Hay actores de esta época como el famoso Shia Labeouf, de las tres películas de Transformers. A pesar de tener lo que llaman todo: dinero, fama, carrera exitosa, el actor estadounidense de 28 años de edad fue arrestado en junio por interrumpir un musical en Broadway, insultar a los actores y escupir el rostro a un policía. Ese mismo mes, el representante de Shia informó que ingresaba a un centro de rehabilitación por problemas con la adicción al alcohol. Ser grande y alcohólico ¿de qué sirve? Ser famoso y adicto a las drogas ¿de qué sirve?

En mayo de 2013, el reconocido actor Philip Seymour Hoffman entró a un centro de rehabilitación para curarse de sus adicciones a los medicamentos y a la heroína. El 2 de febrero de 2014 fue encontrado muerto en su apartamento de Manhattan por una sobredosis de cocaína con heroína. El actor fue encontrado muerto en su apartamento después de una llamada de emergencia al 911 realizada por un amigo. El New York Times, citando una fuente policial, dijo que los investigadores encontraron una jeringa en el brazo del actor y un sobre que se cree es heroína. ¡Ah, qué fugaz y falaz es la grandeza humana! Fácilmente se acaba, pronto se llega a la destrucción propia por no saber encontrar el camino correcto a la grandeza.

El 11 de Febrero del 2012 y a la edad de 48 años en un hotel de Beverly Hills, Los Ángeles, fue encontrada muerta en la bañera, la famosa cantante y actriz de la película “El Guardaespaldas”, Whitney Houston. Ella también fue criada en una iglesia cristiana y miembro del coro, alcanzó la fama y el éxito económico. Según Guinness World Records es, hasta la fecha, la artista más galardonada de todos los tiempos. Según el documento forense, se confirmó que los investigadores encontraron en la habitación restos de drogas y utensilios necesarios para consumirlas. Incluso su tabique nasal tenía un agujero producto del uso crónico de cocaína.

La vida del hombre no consiste en la abundancia de bienes que posee. No se trata de tener más apartamentos en lugares exclusivos como Manhattan, no se trata de tener muchos millones de dólares o muchos carros, o figurar en todas las revistas. ¿Por qué muchos que alcanzan la “grandeza” terminan solos o mueren? Si la grandeza que este mundo ofrece llenara nuestros corazones, llenara nuestras vidas, no habría gente “grande” que se suicidara, mueren esclavos de las drogas o viven en el solitario desespero del pudo haber sido, pero no fue: llegar a viejo, rico y solo. Estos que mencionamos, ninguno llegó a viejo, murieron jóvenes y famosos.

Es que cuando Jesús es el centro de nuestra vida entendemos que no somos el centro, no somos lo importante, Jesús es el importante. No somos un dios, servimos al Dios de los cielos y de la Tierra. Dios nos hizo para ser seres que adoraran no para ser adorados. Y toda persona que recibe adoración en lugar de llenarse en el largo plazo se drena, porque no fue hecho para ser el centro, fue hecho para adorar al que está en el centro de todo y ese es Dios. La Biblia nos enseña al respecto de estar en el centro o que Jesús sea el centro. Vale la pena poner a Jesús en el centro de nuestra vida. Vale la pena que Jesús sea el centro de nuestra vida.

Lea esta historia de la vida real, ocurrió precisamente cuando Jesús estaba en la Tierra, dice Mateo 20:20-28 “Entonces la madre de Jacobo y de Juan, junto con ellos, se acercó a Jesús y, arrodillándose, le pidió un favor. —¿Qué quieres? —le preguntó Jesús. —Ordena que en tu reino uno de estos dos hijos míos se siente a tu derecha y el otro a tu izquierda. Cualquier mamá quisiera ver a sus hijos a la derecha de Otto Pérez Molina y el otro a la izquierda de Otto Pérez Molina, el actual presidente de Guatemala. Cualquier madre norteamericana quisiera ver a su hijo a la derecha de Barack Obama y al otro hijo a la izquierda de Barack Obama, por eso cuando usted está tan cerca de un gobernante tiene influencia, tiene acceso a las mieles del poder, tiene posibilidades de hacerse grande en lo humano.

¿Y qué dijo Jesús? —No saben lo que están pidiendo —les replicó Jesús—. ¿Pueden acaso beber el trago amargo de la copa que yo voy a beber? —Sí, podemos. Tenga cuidado con lo que pide, tenga cuidado con lo que responde. Cuando el Señor le pregunta y usted responde, es responsable de lo que dijo. Ellos, posiblemente, se imaginaron que la copa de la que el Señor hablaba era la copa de oro con la que iba a beber vino en el palacio, cuando Jesús se hiciera el Mesías de Israel y tomara control del gobierno y estableciera Su reino y se quitara de encima al imperio romano, entonces Jacobo y Juan serían ministro de finanzas, ministro de economía, tendrían poder. La copa que Jesús estaba hablando era el cáliz del dolor que bebió hasta el último sorbo en el Getsemaní y en la cruz del Calvario. Y por eso ellos dijeron sí, podemos.

—Ciertamente beberán de mi copa —les dijo Jesús—, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me corresponde concederlo. Eso ya lo ha decidido mi Padre. ¿Sabe cómo murió Jacobo? En Hechos l2: 1-2 aparece la historia de cómo murió Jacobo, dice: En ese tiempo el rey Herodes hizo arrestar a algunos de la iglesia con el fin de maltratarlos. A Jacobo, hermano de Juan, lo mandó matar a espada.

¿Cuál fue la respuesta que recibió Jacobo? Beber de la copa que yo voy a beber, murió a espada después de haber sido maltratado, después de haber sido encarcelado. ¿Y Juan? váyase al último libro que está en el Nuevo Testamento, Apocalipsis 1:9 Yo, Juan, hermano de ustedes y compañero en el sufrimiento, en el reino y en la perseverancia que tenemos en unión con Jesús, estaba en la isla de Patmos por causa de la palabra de Dios y del testimonio de Jesús. ¿Cómo murió Juan? Pues murió allí, aislado, en una isla, enterrado. Esa fue la copa que bebieron. Su aspiración era de ser grandes, pero la grandeza que recibieron no fue en esta Tierra, fue en el Reino de Dios, después del sufrimiento vivido aquí en la Tierra.

 24 Cuando lo oyeron los otros diez, se indignaron contra los dos hermanos. ¿Por qué se indignaron? Porque dijeron ¿cómo no se me ocurrió a mí decirle a mi mamá que le hablara a Jesús? ¿Cómo no le dije a Jesús que fuera yo el que ocupara ese lugar? Jesús los llamó y les dijo: —Como ustedes saben, los gobernantes de las naciones oprimen a los súbditos, y los altos oficiales abusan de su autoridad. Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor. Si yo quiero hacerme grande, entonces tengo que ser el servidor de los demás. El que quiera hacerse grande tiene que ser el servidor.

En lo humano, el grande es el servido, el grande es el que tiene a los servidores a su alrededor, las personas que lo atienden, que lo adulan y que lo cuidan, pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor. Y el que quiera ser el primero deberá ser esclavo de los demás; ¿Quiere ser el primero? Tiene que ser el esclavo de los demás. El que quiera hacerse grande, tiene que servir. El que quiera ser el primero, tiene que ser el esclavo, el que reciba instrucciones. Así como el Hijo del hombre no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos. El ejemplo es el Hijo del hombre, y el Hijo del Hombre es Jesús, ¿qué es lo que dice Jesús? el Hijo del hombre no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos. ¿Quiere ser el primero, el grande? Tiene que seguir el ejemplo de Jesús. Jesús hizo dos cosas: servir y dar. Una persona que sirve, una persona que da, esa persona va en el camino de la grandeza.

La verdadera grandeza está pavimentada con piedras de servicio y dadivosidad, y lo más grande que se puede dar en la vida es su propia vida. Es más fácil, a veces, meternos la mano en la bolsa y dar un poco de dinero para ayudar a una causa caritativa, es más fácil meternos la mano en la bolsa y dar un poco de dinero para ayudar a unos pobres en algún lugar, pero dar su vida en rescate por muchos, ahí está la grandeza.

Esta semana llegaron a Estados Unidos un médico y una mujer que estuvieron trabajando en África con enfermos de ébola, una enfermedad que tiene una incidencia de muerte del 90 por ciento. Ir a dar la vida para ayudar a los africanos que se están muriendo, eso los hace grandes, dar la vida. Sí, por favor, dé sus diezmos. Sí, por favor, dé sus ofrendas. Sí, dé sus promesas de fe, sea generoso con todo lo que tiene materialmente, pero recuerde, que el ejemplo de Jesús fue más allá, Jesús no solo dio su posición, dio su fortuna, dio todo lo que tenía, sino que dio su vida en rescate por muchos.

Por eso, el dar engrandece, dar nuestro tiempo, dar nuestro talento, dar nuestro tesoro, eso es lo que nos hace grandes. Mateo 20:28 dice: así como el Hijo del hombre no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos. Peter Druker, famoso, por ser el ejemplo de enseñanza en administración, dice que hay tres instituciones en el mundo que admira: la Iglesia, hospitales y el Ejército. Dice que la administración de esas instituciones es impresionante, pero la más impresionante es la iglesia, porque está llena de voluntarios, voluntarios que aman a Dios y aman al prójimo y que están dispuestos a dar su tiempo, su talento y su tesoro todo el tiempo. Ese es el camino a la grandeza, el camino del servicio, el camino de la dadivosidad. Qué importante es aprender esa gran lección que nos da nuestro Señor Jesucristo.

“Muchos gobernantes oprimen a los súbditos y muchos altos oficiales abusan de su autoridad”. En otras palabras, en el mundo tenemos una pirámide, en donde los que tienen una posición inferior sirven a los “grandes”. Es más, los “grandes” tienden a oprimir a sus súbditos y a abusar de su autoridad. Estoy seguro que si yo le preguntara sobre algunos ejemplos, de aquellos “grandes” que hoy oprimen a sus súbditos o que abusan de su autoridad, podría contarnos muchas cosas, pero Jesús dice ustedes no deben ser así.

En este mundo los “grandes” se sirven de los pequeños, en este mundo los servidores públicos se sirven de los ciudadanos. Si los servidores públicos en nuestros países fueran conscientes de que no solo están para servir al ciudadano, sino que los ciudadanos les estamos pagando para que sirvan, otra sería la realidad en nuestros Estados. Pero el que tiene una posición no aprovecha para servir al público como se debe, es inconcebible que en el cuerpo de Cristo exista gente que se comporte como en el mundo. Cuando hablamos, especialmente, de una posición, entre nosotros no debe ser así, la grandeza del Reino de los cielos es muy distinta a la grandeza de este mundo.

Jesús sintetiza la lección, no sólo para Jacobo y Juan, que le han pedido a su mamá que postrada consiga los dos puestos de más alto honor en el Reino de Jesús sino también para los 10 restantes y para los millones y millones de discípulos que estamos hoy acá. La madre de Jacobo y Juan no estaba pidiendo una oportunidad más para que sus dos hijos fueran los principales en un reino terrenal bajo el liderazgo de Jesús. Querían honra, reconocimiento, poder, dinero, posición. Pero Jesús les dio una lección que debemos vivir todos los días de nuestra vida, si es que queremos que Jesús sea el centro de nuestra vida.

La lección que Jesús da la podemos resumir en la siguiente declaración: “el que quiera ser el mayor deberá ser el sirviente. El que quiera ser el primero, debe ser el esclavo”. Y recuerde, el que sirve, sirve. Y el que no sirve, no sirve. El que no vive para servir, no sirve para vivir. ¿Es usted un servidor o es usted un servido? Tenemos que aprender a servir con todo el corazón. El mensaje no es: sirva y será el mayor. El mensaje no es sea esclavo y será el primero. Entendiéndose que es como pagar el derecho de piso y luego ya estamos hechos. En otras palabras, el mayor es el que comienza sirviendo, sigue sirviendo y muere sirviendo. Tenemos que aprender a servir hoy, a servir mañana y servir hasta el final de nuestra vida. Que la luz de nuestra candela se acabe y cuando ya quede poco por quemarse la llama sea más grande, llegaremos a viejos sirviendo a nuestro Señor, amando a nuestro prójimo como a nosotros mismos.

A veces el grande se vuelve una persona muy complicada de aprender, muy exigente, muy difícil de satisfacer, muy llena de cosas. Si algo tenemos que aprender es que la grandeza está en la sencillez. El que es grande, es sencillo. He visto a gente muy grande, en cualquier campo de la vida, en la política, en la empresa, en el deporte, en el ministerio pero la verdadera gente grande es la gente sencilla y por eso digo que la grandeza está en la sencillez.

Somos llamados a ser sirvientes y esclavos de Dios. El apóstol Pablo siempre se presentó así: “Pablo, siervo de Cristo Jesús”. Pablo entendía que todo lo que hacía lo hacía para Dios y no para él. Cada minuto de nuestra vida debe ser un servicio a Dios. Nuestro todo debe ser consagrado a Dios y al prójimo. Entiéndase que en todas las áreas de su vida son para que viva como siervo y esclavo de Dios. Si usted repara automóviles, recuerde que está sirviendo a Dios, no haga las cosas para ser visto por los hombres, haga las cosas para ser visto por Dios, porque Él recompensa a quien hace algo bueno en secreto y lo hace en público. Él es justo con todo. En casa, en el tránsito, en el colegio, en la universidad, en el trabajo, en el gimnasio, en el parque, en el cine, en todo lugar usted es un siervo y esclavo de Dios. Su voluntad, debe someterla a la de Él. Somos llamados a ser sirvientes y esclavos del prójimo. La regla de Oro nos declara por amor a Dios, siervos y esclavos de los demás. Mateo 7:12 dice: Así que en todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes. De hecho, esto es la ley y los profetas. ¿Cómo quiere ser tratado? Trate así a los demás.

Cantinflas se hizo famoso por sus películas con moraleja. Hizo una película que se llamó “Si yo fuera diputado”. Ahora yo le pregunto si usted fuera diputado, ¿cómo sería? Si usted fuera alcalde, ¿cómo sería? Si usted fuera el cajero de la SAT, recibiendo los impuestos, ¿cómo lo haría? Si usted fuera un trabajador de la Policía Nacional Civil, ¿cómo sería? Es fácil juzgar a los demás, es fácil criticar a los demás, pero cuando usted está en ese puesto, a veces cambia la cosa. ¿Cómo sería? Así que en todo traten a los demás, tal y cómo quieren que ellos los traten a ustedes.

Me llama la atención Proverbios 12:9 Vale más un Don Nadie con criado que un Don Alguien sin pan. Hay gente que se cree la gran cosa y no tiene para comer ¿qué les pasa? Hay quienes tienen ego y un orgullo tan enorme y están necesitados de una dádiva, por eso dice el proverbista: Vale más un Don Nadie con criado que un Don Alguien sin pan. Pero me impresiona aún más esta, Proverbios 22:29, ¿Has visto a alguien diligente en su trabajo? Se codeará con reyes, y nunca será un Don Nadie. Haga bien su trabajo, usted es carpintero, haga bien sus muebles, sus puertas, ventanas. A usted lo van a llamar los reyes para que haga sus puertas, ventanas. Es usted un buen médico, a usted lo van a referir para que opere a los importantes de este mundo. Es usted un buen chef, lo van a llamar para los banquetes más importantes de esta tierra, pero para eso usted tiene que ser alguien diligente en su trabajo. Es usted un abogado, haga bien su trabajo y lo van a llamar, se va a codear con reyes, pero si usted es un chapucero, chapuces hará toda la vida y no será referido para codearse con los grandes y los importantes en esta tierra.

A la luz de la grandeza en el Reino ¿cómo debemos conducirnos? No caiga en la trampa del orgullo, usted es un simple mortal. Permítame decirle algo, así con voz de profeta, usted se va a morir. Y si tiene dudas, tráigame a su notario y se lo firmo, pero se va a morir. Cuenta la historia que al lado del emperador romano siempre había alguien que cuando el emperador entraba por las calles de Roma o por cualquier otra ciudad y todo el mundo salía a vitorearlo, adularlo y alabarlo, y a él que le habían dicho que era dios, había alguien que le decía de vez en cuando al oído: eres mortal, te vas a morir. Aquí todos nos vamos a morir, yo soy el primero, ya vamos llegando. Y por eso tenemos que recordar que no debemos caer en la trampa del orgullo, porque somos simples mortales. Cuando alguien se muere, todo lo deja. Todo, hasta la mujer deja y a veces me toca casarla otra vez.

No caiga en la trampa de idolatrar a otro ser humano, actor, líder, pastor, empresario deportista, Sólo Dios merece adoración. No caiga en la trampa de idolatrar, porque Dios no acepta ídolos, es celoso. Esto no prohíbe elogiar. Usted tiene un joven en su clase que es un estudiante muy responsable, siempre adelante, siempre cumplidor, elógielo, dígale: te felicito por ser un buen estudiante, elógielo. Usted tiene un hijo que se esfuerza por hacer algún trabajo o un buen desempeño en su deporte, en sus artes, en su célula, elógielo. El elogio es un alimento necesario para el ser humano, para seguir adelante, no sea pichicato en elogiar, elogie, pero no lo vuelva ídolo. Canta muy bonito y alguien se le acerca y le dice qué bonito canta, puro ángel, aprenda a recibir elogios porque hay que aprender a recibirlos.

Si usted recibe una corona de elogios, esté dispuesto a exponerla a los pies de Jesucristo, pero reciba la corona. Sea agradecido y dígale gracias. Miles de veces se me han acercado mucha gente para decirme: Pastor, han sido de bendición sus mensajes, yo lo veo por la tele, soy católico pero lo veo por la tele. Soy cura, pero lo veo por la tele. Reciba los elogios y póngalos a los pies del Rey de reyes y Señor de señores, quien merece siempre todo el honor, toda la gloria. Si su esposa cocina rico, elógiela y dígale: mi amor, qué rico te salió este pulique, este pepián, esta carnita que te quedó riquísima. Elógiela o la próxima comerá plástico.

La posición que tiene o llegue a tener, es para bendecir a otros. Si Dios lo ha puesto en una posición importante, recuerde que es para que usted bendiga a otro, es para que usted sirva a otros. Si Dios lo ha puesto de ministro de educación, de ministro de salud pública aproveche ese corto tiempo que le dan en ese ministerio, para ser de bendición a los enfermos, a los analfabetas, será de bendición donde Dios lo ha puesto. Más que una posición, anhele estar posicionado en Cristo. Llénese de compasión y oración por aquellos que se creen el centro del universo, la mamá de los pollitos, la tía de Tarzán, la última Pepsicola en el desierto. Recuerde que sólo Dios merece adoración y no comparte su gloria con nadie, eso dice Isaías 42:8, “Yo soy el Señor; ¡ése es mi nombre! No entrego a otros mi gloria, ni mi alabanza a los ídolos”. Pero dice también el Señor, recuérdelo: Yo honoro a los que me honran. ¿Quiere ser honrado? Honre primero a Dios. ¿Quiere ser bendecido? Busque primero el reino de Dios y su justicia y todas las demás cosas vendrán por añadidura. No se afane por la ropa, por el techo, por los bienes materiales, esos vienen de rodada cuando usted busca primeramente el reino de Dios y su justicia, todas estas cosas vendrán por añadidura.

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