Una multitud que estaba ciega (Código 2014-249) – Radios Fráter
  • agosto 20, 2014

Una multitud que estaba ciega (Código 2014-249)

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Cada vez que un famoso aparece en cualquier parte del mundo, siempre está acompañado de multitudes. Cuando el papa visita a una ciudad, siempre hay multitudes atrás de él, siempre lo siguen. Las multitudes se han vuelto algo muy común hoy en día. ¿Ha visto los partidos de fútbol del Real Madrid contra el Barsa? Hay multitudes. Y la gente paga caro por estar en esas multitudes. Me invitaron una vez a ver un partido entre el Real Madrid y el Atlético de Madrid en el estadio Vicente Calderón y la verdad que eran unas tremendas multitudes y eso que ahí solo caben como 40 mil personas. Claro, tuve que soportar, en ese entonces la legislación permitía que la gente fumara en los estadios. Tenía a la par un español fumando pipa. Y fumé pipa por dos horas, y detrás de mí una señora que tenía un vocabulario soez, como nunca había escuchado y, por supuesto, iba en contra del Real Madrid y a cada uno de los jugadores les decía sus cosas, estaba Figo jugando ese día. Figo, regrésate a tu país le decía. No quise ni hablar, para que no prensara que yo no era español.

Multitudes van a ver los juegos de béisbol, multitudes van a las ferias agostinas, multitudes por todos lados. Una vez me dijo un amigo que solía venir a la Fráter, ya no voy a venir a la Fráter. Y ¿por qué? Es que a mí no me gustan las multitudes—, y yo le dije y ¿qué vas a hacer cuando llegues al cielo? ¿O te vas a ir al otro lado? Te va ir peor, porque también ahí hay multitudes. Mire lo que dice la Biblia en Apocalipsis 7:9-12, Juan dice: Después de esto miré, y apareció una multitud tomada de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas; era tan grande que nadie podía contarla. Estaban de pie delante del trono y del Cordero, vestidos de túnicas blancas y con ramas de palma en la mano.Gritaban a gran voz: « ¡La salvación viene de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!» Todos los ángeles estaban de pie alrededor del trono, de los ancianos y de los cuatro seres vivientes. Se postraron rostro en tierra delante del trono, y adoraron a Dios diciendo: « ¡Amén! La alabanza, la gloria, la sabiduría, la acción de gracias, la honra, el poder y la fortaleza son de nuestro Dios por los siglos de los siglos. ¡Amén!»

Yo quiero estar ahí, me gustan las multitudes, me encanta cuando la iglesia está llena, me encanta cuando la gente está deseosa de estar frente al Rey de reyes y decirle: Señor, de ti viene la salvación. La salvación viene únicamente de Cristo Jesús. Pedro dijo hay un solo Dios y un solo Señor, un solo Mediador entre Dios y los hombres Jesucristo Hombre. Yo espero un día, cuando el Señor me recoja y ser parte de esa multitud, que esté allá gritándole a Jesús con más entusiasmo, pero hoy veo y oigo a la gente gritar a Messi, a Ronaldo, a todos los deportistas. Nuestro Señor merece todas las ovaciones del mundo, Él merece toda la gloria, toda la honra, siempre y por siempre.

Allá por 1993 tuve la oportunidad de realizar una gira por Sudamérica iban Marcos Witt, Juan Carlos Alvarado, Danilo Montero y un montón de músicos, nos recibían los medios de comunicación, todos sabían quiénes eran ellos, nadie sabía quién era el pelón que andaba con ellos. Ellos eran los famosos y ahí estaban las cámaras, los reporteros, las delegaciones y yo miraba cómo estaban estos jóvenes que participaban de esa nueva adoración y alabanza que entró en Latinoamérica. Me tocó predicar ante multitudes, fue una de las primeras veces que me paré en un famoso parque de Chile y ahí estaba en ese parque de Santiago de Chile con multitudes predicando la Palabra del Señor. Hablando de fútbol, estuve en el estadio del Newell’s Old Boys, ese gimnasio estaba repleto. Yo amo las multitudes, pero sobre todos a las multitudes que alaban a mi Cristo y adoran a mi Señor y que siguen la voz del Rey de reyes.

En marzo de 1983 celebramos en Guatemala el primer centenario de la Iglesia Evangélica en el país, fue 1883 que el primer misionero presbiteriano fue invitado por el presidente Justo Rufino Barrios para venir a Guatemala a predicar el Evangelio, y ese primer misionero fue la semilla. Se empezó a predicar el Evangelio. Por eso la Iglesia Presbiteriana Central todavía tiene ese edificio atrás del Palacio Nacional de la Cultura, porque Justo Rufino Barrios declaró en Guatemala la libertad de culto. Hizo algo importante: la libertad de culto.

Gracias a ese esfuerzo, en 1983 nosotros nos estábamos reuniendo, apenas teníamos cuatro años de haber surgido como iglesia y estábamos en el Cine Reforma. Ahí tuvimos nuestra reunión y después salimos para integrarnos a la marcha de creyentes que venían por todos lados. El Campo de Marte se llenó casi con un millón de personas. Ya no éramos poquitos, habíamos presentes un millón. Por el privilegio de ser pastor me invitaron a subir a la Tribuna que está en el Campo de Marte, me acompañaron mis hijos, mi esposa y desde ahí se veía eso maravillosamente bien. Una multitud de un millón de personas dándole gloria a Cristo. Hoy somos, según las estadísticas, 40 por ciento de la población que es de 16 millones. Nosotros somos muchos millones más.

El Señor nos permite ver multitudes salvadas por Su gracia. Yo amo a las multitudes y gracias a Dios ahora tenemos suficiente espacio para que vengan, usted encárguese de que vengan, usted dígale a su suegra que venga, aquí va a ser liberada. Traiga a sus hijos rebeldes, malcriados, aquí el Señor los va a transformar en hijos obedientes, respetuosos y siervos del Señor. Usted traiga a aquella vecina con la que se ha peleado por años, reconcíliese con ella y luego tráigala a los caminos del Señor. Las multitudes siempre han seguido a Cristo. Cuando estuvo en la Tierra en Mateo 20:29-34 dice: Una gran multitud seguía a Jesús cuando él salía de Jericó con sus discípulos. Dos ciegos que estaban sentados junto al camino, al oír que pasaba Jesús, gritaron: — ¡Señor, Hijo de David, ten compasión de nosotros! La multitud los reprendía para que se callaran, pero ellos gritaban con más fuerza: — ¡Señor, Hijo de David, ten compasión de nosotros!

Ya me imagino a la gente, alrededor de ellos, diciéndoles cállense, cállense. Pero yo quiero decirle que cuando usted está necesitado, grita. Algunos que se han escapado de ahogarse en un lago, en un río, ¿cómo reaccionan cuando sienten que ya no pueden y que se van a ahogar? Serían ustedes tan amables ahí en la playa de avisar al salvavidas que aquí hay un personaje, pastor de la Fráter, que necesita su ayuda. ¿Qué hace usted cuando se está ahogando, cómo grita? Así sea usted una persona encargada del protocolo del Presidente, cuando usted está necesitado grita, grita.

Estos dos ciegos oyeron, porque estaban ciegos, la multitud gritaba ¡allá viene Jesús, allá viene Jesús, allá va Pedro, allá va Juan, allá va Santiago! todos gritaban, entonces los ciegos dijeron esta es nuestra oportunidad. ¿Sabe por qué a veces no recibe ayuda? Porque no la pide, pide tan suave que nadie lo escucha, hay gente que tiene necesidad pero no se atreve a pedir por el orgullo. Jesús dijo hasta ahora nada han pedido, pidan y recibirán, porque el que pide recibe. Y el que busca, halla, y el que llama se le abrirá.

¿Cuánto tiempo tiene de estar con ese dolor en la pierna, en el estómago? clame al Señor. La Biblia dice: como el ciervo clama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios el alma mía. Pero a veces nos estamos muriéndo porque necesitamos de Dios, pero no clamamos, preferimos seguir sufriendo la ceguera. Preferimos seguir sufriendo en el hogar, preferimos seguir sufriendo en el trabajo, preferimos seguir viendo a nuestro hijo arruinarse. Si usted necesita de Dios clámele. Sí, puede ser que la multitud se lo impida un poco. Sí, la multitud puede ser que no entienda su necesidad, pero hay uno que sí entiende, y ese es Jesús, Jesús lo ama a usted y aunque es muy importante Él se va a detener, Él lo va a socorrer. Dice la Biblia que Jesucristo cuando oyó los gritos de estos, la multitud los reprendía para que se callaran, pero ellos gritaban con más fuerza: — ¡Señor, Hijo de David, ten compasión de nosotros! Jesús se detuvo y los llamó.

Yo sé que cuando tenemos un grado de importancia, un grado de fama, un grado de reconocimiento, a veces vamos en medio de la multitud y acompañados de un séquito de escuderos o de guardaespaldas o de gente que de buena manera quiere protegernos o ayudarnos, y cuesta detenerlos. Cuando alguien dice: pastor, pastor. Pero un verdadero líder, un verdadero pastor, un verdadero hijo de Dios, aunque sea una persona famosa, encumbrada y reconocida y que esté rodeada por multitudes, siempre debe hacer su tiempecito para detenerse con aquella persona que está gritando por una oración, por un consejo.

Dios lo ha puesto al frente de una célula y usted ya se cree el apóstol Pablo, sea accesible a su gente, si lo llaman para orar por ellos, atiéndales, si lo llaman porque están enfermos en el hospital, visíteles. La gente necesita que sigamos el ejemplo de Jesús y nos detengamos, porque Jesús está en el cielo, pero usted y yo somos el cuerpo de Cristo. Hoy no va a venir Jesús literalmente a sanar a ciegos, pero ahí está Juan, ahí está María, ahí está José, ahí está Felipe, ahí está Raúl, Rolando, Susana, usted es el cuerpo de Cristo. Si usted es el que anda en medio de la multitud, sí, multitud de clientes, de negocios, multitud de trabajos, de privilegios, deténgase como Jesús se detuvo y ayude al necesitado, porque en medio de toda multitud hay gente necesitada, y nuestro Señor nos da el ejemplo a detenerse, porque esos ciegos gritaban: Señor, ten compasión.

¿Sabe qué es lo que nos falta a los cristianos? Tenemos la Biblia, tenemos radio, tenemos televisión, tenemos programas, tenemos recursos ¿sabe qué es lo que nos falta en esta receta de vida cristiana que Jesús nos enseñó? Es un elemento clave que se llama compasión. A veces nuestra vida como que de tanto ver el mal, de tanto ver a los enfermos, de tanto ver a los necesitados se nos hace callo en la conciencia y eso es triste. Recuerdo que cuando nuestro hijo Alex, Pastor Asociado de la iglesia, vino de estudiar de los Estados Unidos, dos años en la escuela bíblica ministerial Cristo para las Naciones. Yo lo vi tan flaco y un joven que regresa de Estados Unidos después de estar dos años, por lo general no viene flaco, viene gordo. Yo dije que pudieron más los frijoles de la casa que las hamburguesas de Estados Unidos, lo sometimos a un examen. Lo examinaron de todo, no le encontraron nada. Luego dice: doctora, ¿es normal que yo tenga un testículo duro y uno suave? Y le dijo, no es normal. Lo manaron con el urólogo, quien lo examinó. Yo andaba predicando a una multitud en uno de los gimnasios de la Ciudad de México, mi esposa tuvo que acompañarlo al hospital, a la clínica. El urólogo vio los exámenes, un profesional que a saber cuántos de esos casos ha visto. Y me cuentan que sin ninguna compasión, simplemente les dijo: tiene cáncer, hay que operarlo, solo Dios sabe qué va a pasar.

Cuando vine me contaron todo. Y le dije a la doctora que estaba en la clínica de la iglesia. Lucky, ¿a quién me recomiendas para operar a Alex?. Y me dijo: conozco a un cirujano con el que he operado, es cristiano, es el doctor Ochomogo. Apellido no muy común entre nosotros, y fui con él. Llevamos los exámenes, los vio y nos dijo: sí, hay que operar. Pero vamos a orar, oremos y oramos, un doctor orando por los pastores de la Fráter, pero el Señor nos dio esperanza, consuelo y el hijo se salvó. Nos falta compasión. ¿Por qué no decir las cosas a la gente necesitada con compasión? pongámonos en el lugar del que sufre, pongámonos en el lugar del pecador. El borracho ya no quiere beber, pero no sabe qué hacer. No sabe, pero usted sí sabe, en Cristo hay esperanza para el borracho, para el enfermo, para el adicto a drogas, para aquel hogar que ya está por romperse. Necesitamos compasión.

Viví en una familia de muy escasos recursos, tenía que ir a pedir fiado a la tienda para que nos dieran lo necesario para el desayuno. Como yo era el mayor de los hermanos, mi mamá me decía a veces que fuera a la tienda y allá iba a pedir fiado el pan de cada día, el café, el azúcar. Y a veces la dueña de la tienda me decía delante de todos los clientes: dígale a su mamá que si no viene a pagar lo que debe, no le voy a dar más. A ella no le importaba que hubiera mucha gente, delante de todos. No hay duda que se vuelven expertos en cobrar y usted tiene que pagar. En medio de esas escaseces y necesidades.

Un día estábamos en la iglesia y llega una mujer enferma, tenía llagas desde la coronilla hasta las plantas de los pies. Andaba con un manto sobre su cabeza y con un niño que apenas caminaba. Decidió el pastor recibirla y que se quedara a dormir en una de las bancas mientras se oraba por ella y el niño. Luego dice el pastor: aquí está esta señora y necesitamos a alguien de la iglesia que se haga cargo del niño, mientras oramos por esta mujer. Y ¿quién creen que levantó la mano y dijo yo me lo llevo? Mi mamá. Y yo dije, somos cinco hijos en la casa, con ella somos seis. Y cuando me papá llega, siete. Ella vio al niño, vio a la mujer y tomó a ese niño. A veces al desayunar en nuestra casa, qué rico, o al cenar qué rico, el café caliente y el pan de manteca. Muchos crecimos comiendo pan y tomando café y miren como crecimos y quedamos bonitos.

Yo decía, pero a mi mamá ¿cómo se le ocurre? apenas nos alcanza. A veces para orar había que imponerle manos al pan para que no se lo llevara un hermano. Pero aprendí desde muy niño, que ella tenía compasión, no da el que tiene mucho, da el que quiere dar. Tenga poco o tenga mucho, pero hay más dicha en dar que en recibir. Nunca nos faltó el pan, nunca nos faltaron los frijoles, nunca nos faltó la comida. Pero para ponerle la tapa al pomo, un día veo que mi mamá sale con un plato de comida para dársela a un borracho que estaba afuera de la casa. Fui a verlo, usted sabe que un borracho que tiene muchos días de beber, es una persona que anda mal vestida, desarreglada y ahí estaba el hombre sentado en la entrada de la casa.

Mi mamá salió con un plato de comida caliente a dárselo y le dije ¿quién es él? Si mal no recuerdo, me dijo, hijo este es el pastor que me casó. Hermanos, qué triste. ¿Cómo puede un pastor volverse borracho? pero necesita de nosotros compasión para levantarse, por lo menos para darle de comer, para que no se muera de hambre. Llevo dos días de llorar, porque tengo unos líderes especiales de la iglesia, uno cayó en adulterio, el otro en borracheras. Y he tenido que decirles, levántate, levántate, no te alejes del Señor. Siento compasión por estas personas que siendo líderes en la iglesia de pronto se dejan vencer por el pecado, por la carne, por el mundo, se alejan y pierden esta vida de privilegio que el Señor nos da. Hermano amado, aunque usted sea parte de la multitud, no se aleje de Cristo, clame y dígale: Señor, perdóname, yo quiero estar contigo, pero a veces estamos en la multitud y somos ciegos, no vemos lo que Dios está haciendo, no vemos el poder de Dios, no vemos la gracia de Dios. Tenemos que quitarnos esa ceguera espiritual. Podemos estar enfrente de Jesús y no verlo como estos dos ciegos que solo podían oír.

La Biblia dice que hay quienes tienen ojos, pero no ven. Y a veces usted puede estar aquí sentado y no puede ver la gloria de Dios, la gloria de Dios está entre nosotros. A veces no la podemos ver porque estamos ciegos, Señor, ábrenos los ojos. Clámele al Señor y dígale que le quite la ceguera, le destape los oídos para ver la gloria del Señor, para oír al Señor y si usted clama, el Señor se va a detener. Sí, Él es muy famoso, Él es el más grande de todos, es el dueño del cielo y de la Tierra, el Creador del universo, pero si usted clama Jesucristo se detiene y le dice, como les dijo a estos dos ciegos. Miremos como les dice. Jesús se detuvo y los llamó y les dijo — ¿Qué quieren que haga por ustedes? —Señor, queremos recibir la vista. Jesús se compadeció de ellos y les tocó los ojos. Al instante recobraron la vista y lo siguieron.

Mi hermano amado, si Jesús se detiene hoy y le pregunta ¿qué quieres que te haga? ¿Qué responderá usted? Señor, dame un millón de dólares. ¿Qué quiere? ¿Qué necesita? Un día Salomón asumió el reino de Israel y se fue a orar afligido Si a usted le dijeran hoy, vas a ser el Presidente de Guatemala, vas a tomar posesión mañana. Créame que se pondrá nervioso. ¿Qué voy hacer como presidente? Salomón se puso a clamar a Dios y se puso a decir: Señor, ayúdame y el Señor se detuvo en medio de tanta cosa, se le acerca y le dice: Salomón, pídeme lo que quieras, yo te lo daré. Salomón le dijo: Señor, dame sabiduría y el Señor le dijo, te la daré y por haber pedido sabiduría también te daré riquezas, fama, gloria y poder. Salomón recibió todo.

La Biblia dice que si alguien está falto de sabiduría, pídasela a Dios. Usted no sabe qué hacer con sus hijos, ya los somató, ya los echó de la casa, ya se puso a llorar, ya sintió que se moría de un ataque, ya le dijo que por causa tuya por poco me muero cuando naciste, pero no hay modo que responda. Si usted no sabe qué hacer con su hijo, pídale sabiduría al Padre. Le dije una vez a una señora, señora la voluntad perfecta de Dios es que usted no se divorcie. No me dijo, no he pensado en el divorcio, en el homicidio sí. A veces no sabemos qué hacer, estamos ciegos, no vemos el camino, no sabemos a dónde ir, no sabemos qué hacer y de pronto se oye que Jesús viene y en la multitud empezamos a sentir como que la presencia de Dios ahí está y como que algunos dicen qué lindo yo siento que Jesús está conmigo, Jesús me ha bendecido, me sanó y dice uno, yo era cojo y me sanó, era sordo y me sanó, yo era bolo y me quitó la borrachera, yo era ladrón y ya no robo, yo era Zaqueo el oficial corrupto y ya no soy. Y usted dice, si el Señor hizo eso con esas gentes entonces puede hacerlo conmigo. — ¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí! Clame al Señor, Jesús está dispuesto a detenerse y a preguntarle ¿Qué quieres que te haga? La Biblia dice que debemos aprender a pedir como conviene, porque a veces no pedimos como conviene. ¿Cuántos han pedido al Señor y Él les ha respondido?

En medio de la multitud siempre hay un necesitado. Mateo 26:6-13 dice: Estando Jesús en Betania, en casa de Simón llamado el Leproso, se acercó una mujer con un frasco de alabastro lleno de un perfume muy caro, y lo derramó sobre la cabeza de Jesús mientras él estaba sentado a la mesa. Al ver esto, los discípulos se indignaron. — ¿Para qué este desperdicio? —dijeron—. Podía haberse vendido este perfume por mucho dinero para darlo a los pobres. Consciente de ello, Jesús les dijo: — ¿Por qué molestan a esta mujer? Ella ha hecho una obra hermosa conmigo. A los pobres siempre los tendrán con ustedes, pero a mí no me van a tener siempre. Al derramar ella este perfume sobre mi cuerpo, lo hizo a fin de prepararme para la sepultura. Les aseguro que en cualquier parte del mundo donde se predique este evangelio, se contará también, en memoria de esta mujer, lo que ella hizo.

Siempre hay gente en medio de la multitud que hace lo que la multitud no hace. En medio de la multitud una mujer agarra un frasco de perfume caro y se lo derrama a Jesús en la cabeza, qué rico. Nos gusta echarnos perfume, a veces pasa cerca una señora y uno siente la fragancia y a veces pasa por ahí un caballero y hay que salir huyendo. ¿Cómo hacen las señoras para echarse perfume? con el dedito se untan para que no se gaste, porque le costó caro, es un legítimo perfume francés, caro. En otra parte del Evangelio dice que ese perfume costaba cien denarios, cien jornales de trabajo. Ahora regalar cien días de trabajo, haga la cuenta de cuánto gana usted al día y usted da lo de cien días de trabajo a Jesús. Claro dirá qué desperdicio, mejor se lo hubiera dado a los pobres, el primero que dijo eso fue Judas, que se robaba las ofrendas.

Jesús dijo, no molesten a la mujer, usted creen que Jesús no disfrutó la perfumada que le dieron, la disfrutó. Sí, hubo gente que dijo para qué ese desperdicio en la Mega Fráter, cuánto dinero han gastado, se lo hubieran dado a los pobres, ¿y después qué?. Y después de habérselo dado a los pobres ¿qué?, qué les damos, en cambio ahora, todos los pobres se vienen a sentar aquí y en Cristo somos enriquecidos. Otros me dijeron, ¿para qué les va a poner butacas tan lujosas, tan elegantes, si la gente aquí es cochina? No aprecia lo bueno, llevamos más de siete años y la gente que viene aquí no hace destrozos porque aprecia lo bueno, le gusta lo bueno, le gusta tanto que va rumbo al cielo donde las calles son de oro, donde está lo mejor en la presencia del Señor.

Sí, aquí hay muchos que agarraron su alabastro de perfume y lo derramaron para el Señor, ofrendaron con sacrificio y con amor y sus diezmos, ofrendas y promesas de fe están invertidas en todas estas instalaciones y por eso tenemos mil ochocientos niños cada fin de semana viniendo a recibir Palabra de Dios y preparándose para convertirse en jóvenes que aman a Dios y en viejos que serán fieles al Señor, para Cristo lo mejor. Para mi Señor, lo mejor. Para el Señor lo mejor. ¿Sabe una cosa? Cuando usted le da al Señor es bendecido, Juan Romero hizo un poema, una parte de él dice “Cuando Dios te pide, es porque te quiere dar. Nunca puedes pagarle a Dios, cuando se trata de dar”. Usted nunca sale diciendo, hoy sí fregué a Dios, hoy sí le di una ofrenda que lo dejé pasmado. El Señor empieza por decirnos dame, hijo mío, tu corazón. Cuando usted le da su corazón al Señor, Él le da un corazón nuevo, porque el suyo es de piedra, encallecido, hay quienes las caricias los ofenden, son como perros apaleados, han sufrido tanto en la vida que ya no creen que nadie les va a amar, pero usted le da su corazón al Señor, un corazón herido, un corazón roto, un corazón lleno de rencor, un corazón lleno de maldad y el Señor le quita ese corazón y le hace un trasplante y le pone un corazón sensible, un corazón nuevo, porque Dios quiere que sus hijos tengan también lo mejor.

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