¿Persistiremos en el pecado para que la gracia abunde? (Código 2014-311) – Radios Fráter
  • octubre 15, 2014

¿Persistiremos en el pecado para que la gracia abunde? (Código 2014-311)

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Hay café descafeinado, hay azúcar sin azúcar y hay cristianos light, sin Cristo. Es lamentable que hoy en día, no solamente tengamos comida baja en calorías, baja en grasas, sino también tengamos cristianos bajos en fe, bajos en compromiso, bajos en valores. Necesitamos retomar ese evangelio que Jesús predicó en el que dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, tome su cruz cada día y sígame. Tomar la cruz cada día es crucificarse, es morir a uno mismo, es decir no al pecado. El pecado es la muerte del alma, por eso dice la Biblia que la paga del pecado es muerte, pero el regalo de Dios es vida eterna en Cristo Jesús. No hay cosa más desagradable que ver un cadáver, por eso, por lo general, los cadáveres se esconden, se sepultan, se ponen bajo tierra, se meten en un cajón, porque aunque sea el cuerpo de una madre, de un hijo, de una esposa, una vez que ese cuerpo se libera de la presencia del espíritu y el alma salen de ese cuerpo, ya no tiene una aspecto agradable.

Hace muchos años tuve la oportunidad de hacer una visita al museo nacional de Egipto y una de las cosas que me llamó la atención al caminar por el interior, fue ver las momias de monos –son animales muy simpáticos, muy graciosos y divertidos en el zoológico, pero cuando están momificados, ya no es lo mismo –. También vi las momias de algunos personajes de las dinastías y realezas egipcias, pero la verdad, lo atractivo, es ver el proceso para mantener ese cadáver ahí. Nosotros no podemos vivir como momias, tenemos que ser cristianos con vida.

¿Qué prefiere, ser un cristiano momificado? Creo que no hay insulto tan feo, tan asqueante que le digan tenés cara de momia, pero a veces nuestra vida cristiana está tan momificada que no tenemos vida, la vida del espíritu, la vida de Dios nuestro Señor. Hemos aprendido que el Evangelio de Jesús es buena noticia, es aquella que dice que todos estamos condenados a muerte eterna por desobedecer y rebelarnos ante los mandamientos de Dios, para liberarnos de la muerte y declararnos justos no por nuestras obras, pues éramos pecadores. Dios envió a su Hijo Jesús, tentado en todo, pero sin pecado. El único que cumplió la ley para morir en nuestro lugar en la cruz del Calvario, y salvarnos. Creer en ese sacrificio es lo único que salva. Jesús intercambió lugares con usted, usted debía morir, pero en cambio Él murió en su lugar. Jesús no murió porque fuéramos buenos sino porque éramos malos y no podíamos cumplir la ley.

Un día estábamos con un par de hermanos a la salida de un restaurante y uno de ellos me dice que había estado “malito” por algunos días. El otro interviene y le dice, no, vos siempre has sido malo, enfermo has estado. No está aquí porque haya sido bueno sino porque fue malo, ha sido pecador, por usted murió el Señor. La salvación es por gracia y no por obra. Efesio 2:8-9 dice“Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte.

El hombre siempre ha querido salvarse a sí mismo y por intentarlo ha hecho toda clase de esfuerzos por hacer obra, de ahí es donde surgen las “indulgencias”. A través de la historia las indulgencias siempre han sido bienvenidas por la gente, porque a través de los siglos reconoce que ha sido mala, pecadora, siempre han habido homicidas, siempre han habido prostitutas, siempre han habido borrachos, pedófilos, ladrones, mentirosos, hipócritas. El pecado siempre ha existido en el mundo, desde que Adán y Eva desobedecieron al Señor en el Edén.

Por eso la iglesia a través de los siglos ha usado y a veces ha abusado de las indulgencias. De ahí que se han construido grandes catedrales en Roma y en muchas partes del mundo, a través de la compra de indulgencias, comprar indulgencias era “como para vivir libre de culpa, de pecado por un año o por cinco años”, pero es claro que la salvación no se compra con nuestro dinero, la salvación se compró con la vida que Jesús ofrendó en la cruz del Calvario por nosotros. Nosotros, sin hacer nada, recibimos esa salvación por la fe, no por obras, la gente decía que era salva porque había comprado un millón de quetzales o un millón de dólares en indulgencias y el pobre que no había podido comprarlas se sentía en condenación. Pero lo hermoso en Cristo, que tanto el más pobre como el más rico pueden ser salvos si creen en Jesús como su Señor y Salvador personal, y por gracia recibimos el perdón de pecados.

¿Qué es gracia? Un favor inmerecido. Ninguno merecíamos ser salvos, lo que merecíamos era ser condenados a muerte, pero nuestro Señor vino y por gracia nos ha salvado. Gracia es dar lo mejor del cielo para salvar a lo peor del suelo. ¿Quién cree usted que era lo peor del suelo? Yo, uno piensa que lo peor es el otro. Y a veces oímos o leemos un mensaje de estos y decimos lástima que no vino aquella, para ella estaba bueno el mensaje, lástima que no vino aquel, para él estaba bueno el mensaje, la verdad que lo mejor del cielo es Jesucristo y lo peor del suelo soy yo, pero por mí vino Jesús a morir en la cruz del Calvario y por eso somos salvos e hijos de Dios.

Romanos 5:1 dice justificados mediante la fe, tenemospaz con Dios. Cuando nosotros ponemos nuestra fe en el nombre de nuestro Señor Jesucristo somos declarados justos y al ser declarados justos somos declarados inocentes, sin culpa. Quiero decirle que delante de Dios todos somos pecadores, pero por la gracia de Dios –si nos arrepentimos y reconocemos a Jesús como nuestro Señor y Salvador –, seremos declarados justos, porque para el Señor todos somos injustos, hasta que creemos que Jesús es nuestro Señor y Salvador y somos declarados justos. Justificados por la fe tenemos paz en Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.

Esa es la gracia, el problema que tenemos, es que hemos abusado de la gracia. Sí, la gracia de Dios perdona cualquier pecado, entonces caemos en aquel llamado agente 007, que tiene licencia para matar. Pues así como James Bond dice que tiene licencia para matar, hay cristianos que tienen licencia para pecar. La gracia de Dios me permite pecar y por la gracia de Dios, que es tan abundante, puedo matar una vez y me perdona, matar dos veces, me perdona. Robar una vez, me perdona. Robar mil veces me perdona y por eso estamos hablando hoy de la gracia de Dios y hacernos una pregunta ¿persistiremos en el pecado para que la gracia sobreabunde?

Tendría unos 13 años de edad y caminaba a la par de mi pastor Ramón Avilés, de origen salvadoreño, sonriente, cantaba bien, tocaba la guitarra, tenía un testimonio de esos que impactan. Había sido charamilero, de esos que pasan el día bebiendo, anochecen bebiendo, amanecen bebiendo y viven bebiendo el licor casero que preparan en algunos expendios de cantina. Estaba en el peor nivel, andaba mal vestido, enfermo, le temblaba todo. Y no era solamente borracho, charamilero sino que lo hacía junto con su mamá.

Un día iba caminando por la vía férrea, esperando que llegara el tren, para que lo matara, ya no quería vivir así. Era un 15 de Septiembre, teníamos un servicio por la tarde en la iglesia. Esperando que llegara el tren para quitarse la vida, de la iglesia El Calvario, donde yo me congregaba, empezaron a escucharse cánticos. Se sintió atraído, entró a la iglesia así como andaba, mal vestido, y cuando alguien hizo el llamado para convertirse a Cristo, él pasó al frente y su mamá detrás. Yo lo vi, para ese entonces tendría yo unos ocho o menos años de edad. La gracia de Dios se manifestó, transformó a este hombre, dejó el licor, dejó toda su vida de pecado, fue a la Escuela Bíblica y se convirtió en el pastor general de esa iglesia.

Un día caminaba con él de la iglesia a su casa y le decía: cómo quisiera tener un testimonio como el suyo, para poderle decir a la gente lo que Dios ha hecho en mi vida. Se me queda viendo y me responde –ah, Jorgito, yo quisiera tener un testimonio como el tuyo, porque dice el Salmo 1 dichoso el varón que no anduvo en camino de pecadores ni en silla de escarnecedores se ha sentado, sino en la ley del Señor medita de día y de noche. A partir de entonces, ya no desee ser charamilero, para tener un testimonio “impactante”, Usted se queda impresionando cuando alguien viene y dice: yo era un drogadicto, yo maté no sé cuántos, yo tuve veintinueve mujeres, treinta suegras. Yo les puedo decir una cosa muy grande: la gracia de Dios transforma vidas y Dios por su gracia nos tiene aquí.

Pero hay quienes abusan de la gracia y caen en un libertinaje que ignora por completo el costoso discipulado que Dios nos exige cuando nos da Su gracia. El diccionario define la palabra libertinaje como la actitud irrespetuosa de la ley. Hay gente que no respeta semáforos, que no respeta velocidad, que no respeta ninguna ley, que hacen lo que les da la gana, son libertinos, hacen todo lo que ellos quieren, son como aquel gaucho que dice sobre la pampa mi caballo, sobre mi caballo yo y sobre yo mi sombrero, yo hago lo que me da la gana, a mí nadie me manda y hay gente que vive así, tienen una actitud irrespetuosa de la ley, la ética o la moral, abusa de su propia libertad en menoscabo de la de los demás. También se define como el desenfreno en el modo de obrar o de hablar.

No podemos caer en ese desenfreno, en ese libertinaje, en otras palabras, vivir la vida sin límites, sin ley, sin rendirle cuentas a nadie, creyendo que así jamás habrá consecuencias. Rubén Darío, poeta nicaragüense, se encerraba – se cuenta– con sus amigos en las cantinas, las cerraban, escribió: “mi juventud fue como potro sin freno”. Un potro sin freno, es cosa seria. Tendría unos 17 años y fuimos a predicar a una finca en la costa sur y parte de lo divertido ir a ese lugar fue que nos dieron caballos para ir a galopar. No tenía mucha experiencia en ese arte de montar, solo sabía que la rienda era para parar, cruzar. Caminamos por la montaña hasta salir a la carretera por Taxisco. Había una entrada por la carretera. No sé por qué, pero el caballo empezó a correr. Tomó velocidad y yo muy contento porque dejaba atrás a mis compañeros, en eso vi la carretera, el asfalto y los buses que pasaban.

Me dije, aquí terminó la vida del aprendiz de pastor. Llegó al asfalto, no paró, solo hizo una como media curva y siguió. Ahí fue donde me salió la inspiración de jinete. Me agarré del cuello del caballo, agarré las bridas que tenía, salté sin soltar al caballo y paró. Si usted no agarra bien los frenos de un caballo ¿qué va pasar? Se desboca. Aquí hay muchos desbocados. El salmista dice no seas como la mula sin frenos. Tenemos que aprender a ponernos freno, porque aunque usted es cristiano y la gracia lo ha salvado, va a una reunión y entre todos hay una señora que le sale por los ojos la concupiscencia y lo peor es que se le acerca y usted “siente la vibra”.

La señora lo saluda, lo abraza y no lo suelta y usted tampoco. Se empieza a desbocar. ¿Qué pasará al final? A lo mejor le pasa lo mismo que le pasó a aquel que se metió a un motel con una a mujer, pasó la noche y a la mañana siguiente se levantó y mira en el espejo que con pintalabios escribieron “bienvenido al club de los sidosos”. No se desbosque, puede tener una buena borrachera, al día siguiente ir a la iglesia, si hay santa cena mejor, se pone a cuentas con el Señor y estar en paz. Entonces se aplica aquello que dice: el que peca y reza, empata. Cómo no chón, así no es la vida. ¿Persistiremos en el pecado para que la gracia crezca? No. Dietrich Bonhoeffer, un pastor y teólogo luterano alemán, a los 21 años ya era doctor en teología en Estados Unidos, y pudo quedarse en ese país y tener una vida muy tranquila, pero regresó a Alemania en la época de los nazis y le tocó predicar la Palabra, lo acusaron de complotar contra Hitler.

Dietrich Bonhoeffer terminó los últimos dos años de su vida en la cárcel y, como el apóstol Pablo, escribió sus más importantes libros, uno de ellos se llama “La gracia barata versus el costoso discipulado”. Hizo publicaciones importantes y una de las que más impresionó es esta sobre la gracia, la gracia no es barata, la gracia costó la sangre de Cristo Jesús en la cruz y a nosotros también nos cuesta llevar la cruz cada día, por eso Pablo dice cada día muero, porque a Pablo como usted cada día le dan ganas de ir a ver a la otra, pero ¿por qué no va? porque cada día dice no.

Cada día muero, dice Pablo, pero usted como que cada día resucita y le dan ganas. Usted puede ser una persona que dice cada día tengo que cuidar mi cuerpo, es templo del Espíritu Santo y por lo tanto no debo comer lo que no me conviene, pero usted cada día mira las vallas publicitarias, su carro automáticamente se mete donde no debe, a comprar los que no debe, porque le dan ganas. Por eso Pablo dice: cada día muero.

¿Por qué vamos a persistir en el pecado? Es que ya tengo un hijo con ella, no importa. Mantenga al hijo y vuelva a su casa. ¿Persistiremos en el pecado para que la gracia crezca? No. Efesios 2:8-10 dice “Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte. Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica.

Dios nos ha creado en Cristo Jesús para buenas obras, pero esas buenas obras no son como las que decía alguien que era más enamorado que Don Juan Tenorio. Pastor, yo estoy con esta, que no es mi esposa, porque estoy haciendo una buena obra con ella, le estoy haciendo su casita, le estoy ayudando con su hijito. Cómo no chon, esas no son las buenas obras que Dios nos ha mandado hacer. No pastor, yo bebo y bebo, porque estoy haciendo una buena obra, estoy ayudando a la empresa productora de licores, ellos dan mucho trabajo, por eso bebo, porque estoy haciendo una obra social. Yo estoy haciendo una buena obra con los narcotraficantes, porque cómo les cuesta traer su droga, entonces yo la consumo. Esas no son las buenas obras para las que Cristo nos creó. Las obras tienen que ser de acuerdo a la voluntad de Dios.

Tito 2:11-14, dice “En verdad, Dios ha manifestado a toda la humanidad su gracia, la cual trae salvación y nos enseña a rechazar la impiedad y las pasiones mundanas. La gracia no es una licencia para pecar, la gracia nos enseña a rechazar la impiedad y las pasiones mundanas. Así podremos vivir en este mundo con justicia, piedad y dominio propio, mientras aguardamos la bendita esperanza. Vivir en este mundo con justicia, piedad y dominio propio, no es fácil, se requiere dominio propio cuando se dice no. Sí, están ayudando a los niños, pero no tiene por qué comerse cinco Big Mac, si usted quiere ayudar cómprelos y regálelos, nos tiene por qué comérselos todos para que se le arruine el hígado, el corazón, el cuerpo.

Dominio propio. A veces le dan ganas de golpear a alguien, aguántese. Sí, a veces quiere ahorcar a ese hijo rebelde que tiene, aguántese. Sé que usted a veces tiene ganas de darle una maltratada a ese cliente que no le paga, usted lo que necesita es dominio propio, justicia, piedad. La gracia nos enseña a vivir en este mundo con justicia, piedad y dominio propio mientras aguardamos la bendita esperanza, la gloriosa venida de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo. Él se entregó por nosotros para rescatarnos de toda maldad y purificar para sí un pueblo elegido, dedicado a hacer el bien. Para eso envió el Señor a Su Hijo Jesús, para eso dio su vida y por eso nos dio salvación por gracia, para que lleguemos a ser un pueblo elegido y dedicado para hacer el bien. Eso es la gracia.

1 de Juan 2:1-2, Mis queridos hijos, les escribo estas cosas para que no pequen. Pero si alguno peca, tenemos ante el Padre a un intercesor, a Jesucristo, el Justo. Él es el sacrificio por el perdón de nuestros pecados, y no sólo por los nuestros sino por los de todo el mundo. Sí, yo sé que usted tiene cuarenta y nueve años de ser cristiano y que a veces ha pecado, un día sí y un día no. Todos pecamos, pero no a todos nos atrapan en el pecado, no a todos nos sorprenden en el pecado, a veces no pasó nada, cree usted. ¿Sabe quién lo vio pecando? Hay un Dios que todo lo ve. Cuando usted entra al prostíbulo, con usted entra Dios, no le tiene miedo a los bares. Dios entra a los salones de tortura, cuando usted le está sacando la verdad a trancazos a alguien, ahí está. Cuando usted está alrededor de una cama poniéndose de acuerdo para hacer alguna elección, alguna cosa que no es conveniente ahí está Dios que todo lo ve.

El Señor lleva un récord de todos los pecados que usted y yo cometemos, Dios lo está grabando, hay un archivo en el cielo en donde se encuentran todos los pecados suyos, el diablo lo sabe, por eso el diablo se le presentó a Martín Lutero y le dijo: Martín, vos no podés ser un siervo de Dios, mirá la lista de pecados que has cometido. Y le proyectó en la pared la lista. Todos los pecados que el diablo le presentó eran ciertos, pero dice que en el escritorio tenía un tintero con tinta roja y agarró el tintero y los lanzó a esa pared. Dijo, es cierto, yo he cometido todos esos pecados, pero también es cierto que la sangre de Jesucristo, Su hijo, me limpia de todo pecado.

¿Ya se afligió porque sabe que el Señor lo sabe? Sí, su mujer no lo sabe pero Dios sí. Su mamá no lo sabe, su socio no lo sabe, la prensa no lo sabe, pero Dios si lo sabe. Lo único que espera es que usted venga arrepentido y diga: Señor, reconozco mis pecados, me arrepiento y creo en Jesús como mi Señor y Salvador personal. Y el Señor por su gracia lo perdona, de modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es, las cosas viejas pasaron y he aquí, todas son hechas nuevas. Lo único es que esta cita no se aplica a su esposa ni a su esposo. Es muy importante que usted sea fiel.

Una cosa es cierta, a veces pecamos, pero dice 1 Juan 2:1-2 “Mis queridos hijos, les escribo estas cosas para que no pequen. Pero si alguno peca, tenemos ante el Padre a un intercesor, a Jesucristo, el Justo. Él es el sacrificio por el perdón de nuestros pecados, y no sólo por los nuestros sino por los de todo el mundo. Dios nos manda en su Palabra a huir de la tentación o caeremos. Si no huimos de la tentación, lo más probable es que vamos a caer. Cuando se está en medio de la tentación, se tiene el trago enfrente, a la mujer enfrente que no es la suya o el hombre que tiene enfrente que no es el suyo, o el carro que se va a llevar a su casa, no es el suyo, tiene una variedad de tentaciones, no se va a poner a orar y decirle Señor, me robo o no me robo el carro. Ese no es el momento de orar, es el momento de huir, váyase, agarre su pichirilo y siga usándolo hasta que pueda comprar uno en mejores condiciones.

Cuando José cayó en manos de la mujer de Potifar, porque la mujer ha de haber sido preciosa, pero la pobre tenía un marido que no la atendía, se le lanzó a José. Cree que podía haber vencido la tentación si la abraza en ese momento y dice Padre, ayúdame, ayúdame, líbrame Señor de esta tentación. ¿Habría salido de esa tentación? No. En frente de la tentación no se ponga a alabar, no es el momento ni para alabar, ni para orar, ni para reprender, porque reprendiendo José hubiera caído redondo. Ante la tentación es el momento de huir. Si usted se lleva este consejo hoy, le va a servir toda vida. Cuando la tentación se presente, lo que usted debe hacer es huir. Después póngase a orar. Sea cual sea su tentación, Pablo dice: huye de las pasiones juveniles. Huye de todas esas cosas. El que se queda para ver, ese cae.

Romanos 6:1-14, ¿Qué concluiremos? ¿Vamos a persistir en el pecado, para que la gracia abunde? ¡De ninguna manera! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo podemos seguir viviendo en él? Declárese muerto al pecado, si su pecado era tomar, pero si ya se declaró muerto lo pueden dejar en medio de una cantina, ya no beberá. Por eso dice Pablo, para mi vivir es Cristo, y el morir es ganancia. Cada día muero. ¿Acaso no saben ustedes que todos los que fuimos bautizados para unirnos con Cristo Jesús, en realidad fuimos bautizados para participar en su muerte? Por tanto, mediante el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte, a fin de que, así como Cristo resucitó por el poder del Padre, también nosotros llevemos una vida nueva. 

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