Y así fue salvo Zaqueo (Código 2014-353) – Radios Fráter
  • noviembre 19, 2014

Y así fue salvo Zaqueo (Código 2014-353)

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Hay personas que caen mal, aparte hay personas que son odiosas, arrogantes y algunas sinvergüenzas, que dolor es tener un pariente o un amigo que hace negocios turbios, que no le importa que sea su mamá, la esposa. Es un verdadero dolor cuando vemos a una persona muy apreciada o muy conocida que figura, inclusive, en los medios de comunicación como alguien que está haciendo actos ilícitos, actos reñidos con la ley, practicando corrupción. ¿Qué hacemos con esas personas? Nosotros los cristianos sigamos  el ejemplo de Jesús ¿qué haría Jesús si estuviera en mi lugar? ¿Qué haría Jesús si  tuviera que lidiar con un personaje de esos viles, despreciados, nada amados por la comunidad?

La historia que vamos a leer hoy es una historia de la vida real, es algo que ocurrió precisamente en el ministerio de Jesús, se encuentra en Lucas19:1-10, Jesús llegó a Jericó y comenzó a cruzar la ciudad. Resulta que había allí un hombre llamado Zaqueo, jefe de los recaudadores de impuestos, que era muy rico. En pocas frases hay una descripción  muy pintoresca y muy detallada de lo que era el personaje, vivía en Jericó. Jericó era una ciudad conocida como la Ciudad de las Palmeras. La primera vez que tuve el privilegio de pasar por Jericó, el autobús se detuvo, bajamos, tenían unos grandes exhibidores de toda clase de frutas, entre ellas una que no es muy común en nuestro país: dátiles.

Allí nos dijo el guía: miren ese árbol, es semejante al que estaba en la época de Jesús cuando se encontró con Zaqueo. Jericó era una ciudad importante, una ciudad de paso para llegar a Jerusalén y a otros muchos lugares. Jesús empezó a cruzar la ciudad y por supuesto, hubo una gran conmoción, porque había un personaje de la talla de Jesús en Jericó. Y Zaqueo era el jefe de recaudadores de impuestos. No solo recaudaba impuestos sino que era el jefe de los recaudadores, tenía a su cargo un equipo de personas que se encargaba de cobrar los impuestos al pueblo judío, por parte del imperio romano. Por eso es que Zaqueo era un personaje muy importante, además dice que era muy rico, porque la costumbre era pagarle al recaudador de impuestos porcentajes de lo que cobraba y entre más cobraban más porcentajes les quedaba, y a veces cobraban, aparte de lo que les iban a pagar de comisión, cantidades extraordinarias a los ciudadanos.

Zaqueo era  rico, a veces nosotros cuando tenemos a un conocido muy rico pensamos que no necesita oír del Señor, porque concluimos que esa persona lo tiene todo, tiene casa, carro, finca, inversiones, joyas, buena ropa, buena posición. Pero tenemos que entender que en la vida hay pobres, tan pobres que lo único que tienen es dinero, hay algunos que solo dinero tienen, no tienen ni siquiera con quien compartirlo porque se han separado y se han divorciado no una vez, varias veces–. Hay quienes tienen mucho dinero, pero no tienen paz, no tienen buena  salud, buenas relaciones, además nadie los quiere y Zaqueo era un caso típico.

Lucas 19:3-4 dice: Estaba tratando de ver quién era Jesús – eso es lo bueno de Zaqueo, en medio de todo lo malo, tenía algo bueno, quería ver a Jesús. ¿Qué hace usted cuando ve a un personaje de mala reputación entrar a La Fráter? ¿Qué es los primero que piensa? ¿Qué está haciendo este aquí? Aquí solo hay buenos, ese es de los malos, ¿qué está haciendo? Los malos también quieren, a veces, ver a Jesús. Les pasa lo del ladrón en la cruz,  ya estaba a punto de morir y hasta allí le dijo a Jesús, Señor, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Y qué hizo Jesús. No lo reprendió y le dijo, fuiste malo, fuiste ladrón, acuérdate de aquella viejita que te descabechaste, acordate de aquella señorita que además de robarle la violaste. No. Jesucristo inmediatamente le dijo: hoy estarás conmigo en el paraíso. El Señor le dio salvación. Es decir, de la pena de muerte no lo libró, pero sí de la condenación eterna. Alegrémonos de que Jesús ama a los pecadores.

Zaqueo estaba viendo quién era Jesús. Cuando estoy en una acto social o cívico se me acercan personas que no me imaginaría, me dicen: Pastor, yo veo sus programas todos los domingos por televisión. Y digo, increíble, a este señor le es difícil llegar a la iglesia, pero la iglesia llega a él, porque tiene ese mismo deseo que tenía Zaqueo, él quería ver a Jesús, pero la multitud se lo impedía, pues era de baja estatura. Por eso se adelantó corriendo y se subió a un árbol para poder verlo, ya que Jesús iba a pasar por allí. Me recuerdo que  cuando era niño me llevaban a ver los desfiles de la Fiesta Patria, y como uno de niño es chaparrito, más de lo que es cuando crece. Si uno quiere ver el desfile tiene que meterse adelante o subirse en los hombros de un adulto. Entonces ya puede ver, y a veces hay que hacer un poquito de esfuerzo, Zaqueo lo hizo, quería ver a ese famoso Jesús que había hecho tantas maravillas. Lucas 19:5-6 Llegando al lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo: —Zaqueo, baja en seguida. Tengo que quedarme hoy en tu casa. Así que se apresuró a bajar y, muy contento, recibió a Jesús en su casa.

Se pueden imaginar, qué hizo la multitud cuando Jesús se paró debajo del árbol y levantó la mirada y se quedó viendo hacia arriba, todos se quedaron viendo hacia arriba, porque querían saber dónde estaba la mirada de Jesús y se encontraron a Zaqueo. ¿Qué hace usted cuando de repente le ponen la mirada? Se siente un poco incómodo, porque todos lo están observando, ¿qué pensaría Zaqueo que Jesús le iba a decir en ese momento? Arrepiéntete corrupto, o arrepiéntete sinvergüenza, arrepiéntete ladrón, pero Jesús no le dijo eso, le dijo, tengo que quedarme hoy en tu casa. Así que se apresuró a bajar y muy contento recibió a Jesús en su casa. Imagínese que chasco para la multitud, porque pensaba que Jesús iba a acusar, a regañar y condenarlo y en vez de eso lo premió, porque le dijo: yo tengo que quedarme hoy en tu casa. ¿Se sentiría muy privilegiado que alguien muy famoso viniera y le dijera que quería quedarse en su casa? Por supuesto que si, sobre todo Jesús, un personaje admirado y apreciado. Por eso cuando Zaqueo supo que Jesús quería quedarse en su casa, bajó enseguida del árbol y contento lo fue a recibir.

¿Qué le pasó a Jesús a raíz de eso? La gente no le aplaudió, seguimos leyendo,  Al ver esto, todos empezaron a murmurar: «Ha ido a hospedarse con un pecador.» La gente no quiere que Jesús esté con los pecadores, lo quieren solo para ellos y se consideran  muy santos. Si hubiera estado usted allí, hubiese hecho lo mismo que la multitud: ese Jesús solo  con los ricos quiere estar, porque seguramente está buscando plata de ellos, algún interés está buscando de ellos, debería estar con los pobres, ¿por qué Jesús se va a meter con un pecador? Si no lo hubiese hecho, ni usted y yo no estuviéramos aquí, porque no hay bueno ni aún uno. Todos los que aquí estamos somos pecadores, pero Jesús nos amó y dijo: yo quiero estar en tu corazón y nosotros abrimos nuestro corazón y dijimos muy contentos: Señor, entra a mi corazón y trasforma mi vida despreciable en una vida apreciable. Por eso hoy somos lo que somos por la gracia de Dios. Es por su gracia que no hemos sido consumidos. Tenemos que aprender de Jesús, tenemos que aprender y juntarnos con los pecadores, tenemos que aprender, visitar y mostrar nuestro amor a los pecadores. Claro, a veces cuando estamos dentro de la iglesia y hemos dejado muchas malas prácticas, pecados y andamos caminando rectamente, se nos olvida que hay personas que no conocen de Jesús y necesitan ser amadas, visitadas y alguien debe de hablarles de Jesús.

Al principio de La Fráter propuse que los miembros de la iglesia fueran personas recién convertidas, la mayoría. Había una señora muy querida que se convirtió a Jesús, empezó a participar en mis estudios bíblicos y reuniones. En eso me dijo: mi hija se va a graduar y queremos invitarlo a la graduación y a la celebración, entonces me fui a la celebración. Los pastores en esa época no íbamos fiestas y allá andaba el pastor Jorge H. López en el Club de Oficiales, sentado con un motón de pecadores. La mesa llena de wiski, del gordo Botrán, cervezas y algunas bebidas gaseosas y yo sentado a la par de ellos.

Cualquier otro que me vio allí, ¿qué pensó? Ya le está entrando al wipe el pastor, ya cayó de la gracia, está chupando con estos cuates. Les prometo que no me bebí un solo trago, una bebida gaseosa y ahí estábamos oyendo al conjunto Café, pero no era una célula, era una banda de música, todos bailando, celebrando y yo ahí sentado, a muchos ni los conocía, eran amigos de los papás de la graduada. Ahí estuve platicando, tocaban el tema de la política, pues hablaba de política. Hablaban del gobierno, los escuchaba. Que querían hablar de negocios, pues hablaba de negocios.

Ahí estaba platicando con este montón de bolos, porque toda la mesa, a excepción de las señoras, estaban “chupando”. Cuando ya estaba el anfitrión así bien entonado, bien azul decimos en Guatemala, cuando estaba bien borrachito, me dice: yo tengo una granja en San Lucas y mañana vamos a tener un almuerzo, ¿no quiere ir almorzar con nosotros? Voy, le dije. Recuerden ustedes que en tiempo de crisis no hay que desperdiciar la comida gratis. Ahí se presentó la oportunidad de ir y compartir más íntimamente con esta persona que estábamos tratando de traer a los pies de Cristo. Invitó al resto de invitados que tenía en la mesa, así que al otro día, como a la diez de la mañana, estábamos dándonos cita en San Lucas, en la granja de este personaje.

Todos andaban de goma, menos yo. En  eso dicen, mientras preparaban ahí algo para el almuerzo, vamos a San Lucas a traer aguacates, vamos dijeron todos, vamos dijo el pastor y se metió en la colada. Y nos fuimos al mercado de San Lucas a buscar los aguacates. Días después, supe que lo que andaban buscando era una cantina donde seguir “chupando”, pero como andaba con ellos no se animaron. Dice la Escritura que nosotros somos la sal de la Tierra y la sal detiene la corrupción, agarre un pescado y si no le echa sal y lo pone al sol, se corrompe, pero si le echa sal se detiene la corrupción y eso es lo que hacemos los cristianos en el mundo, sin querer queriendo metemos freno a la corrupción, porque nosotros no andamos en busca del trago, en busca del vicio.

Regresamos, almorzamos, comimos chicarrones, los aguacates y todo lo demás. Y luego dice la esposa del anfitrión: mira Jorge, por qué no nos cantas algo. Eso es lo bueno de ser cantante. Fui a sacar de mi carro un acordeón, mi concertina, me la puse en las piernas, aunque no lo crea, yo tocaba esa cosa cuando iba a los pueblos a predicar, es un buen instrumento porque no necesita electricidad y se oye por todos lados.  Me puse a cantar, me acompañaba mi esposa, la esposa del anfitrión y poco a poco se fueron animando a decir algo los demás y cantaron un poco, tomé mi Biblia y les empecé a compartir la Palabra. El concuño del anfitrión cuando ya terminamos, oramos y salimos al patrio me dice: mira Jorge, te doy mil quetzales de mi bolsa, en aquel tiempo era al uno por uno con el dólar, por encima del sueldo que te pagarían en la iglesia Luterana Cristo Rey, para que te vayas a pastorear allá con nosotros, porque si tienes a estos oyendo la Palabra, vas a llenar ese templo rápido. Ese sí tenía visión. Le dije, no. En este momento estoy por comenzar La Fráter y  ahí nadie me está ofreciendo sueldo todavía, le dije, pero confío en Dios.

De ese grupo de bolos que estaban allí esa mañana, dos se convirtieron en ancianos de la iglesia. Son los zaqueos  del tiempo moderno. Si puede conocer a alguien que es borracho, que es mujeriego, que es maltratador, que cae mal, recuerde que nuestro deber es ir a donde están ellos y hablarles de Cristo, amarles. Cuando menos lo  sientan vendrán a los pies de Cristo. Y usted cumplirá la Gran Comisión que Jesús inició dándonos ese ejemplo. No tenga miedo de juntarse con los pecadores. El que anda entre la miel algo se le pega, pero usted sea la miel, que ellos se le peguen. ¿Por qué siempre han de ser ellos los que lo embarran a uno? ¿por qué no puede ser usted el que los embarra a ellos? así como ellos lo pueden contaminar, usted también los puede contaminar, pero con algo bueno.

Tenemos la gran responsabilidad de cumplir esa gran verdad. Así que Jesús se fue a la casa de Zaqueo, no le importó que lo “pelaran”. Aquí en confianza, a mí también me han pelado, usted de vez en cuando. Pero que no  nos importe que nos pelen si estamos haciendo lo que el Señor quiere que hagamos, porque luego van a decir: y se convirtió, ¿por qué? porque nos atrevimos a llevar el Evangelio, nos atrevimos a sentarnos con el pecador. Recuerdo a una señora que cuando la conocí, tenía una cara de puro perro bulldog, bautizado con jugo de limón. Con el cigarrote en la mano hablando, tuve que fumar con ella un rato y ahí empezamos a platicarle de Cristo y se convirtió, dejó el vicio, la cara ya no está empurrada, ahora es un amor de gente. Tiene una vieja, su suegra, su tía, su mamá, su mujer, pues ore al Señor para que alguien le hable de Cristo y la persona experimente el cambio.

Recuerdo también al principio, en una casa donde me invitaron uno de los que estaban allí bebiendo, en esa reunión, me invitó a su casa y fui a compartir del Evangelio. Cuando entré a su casa me di cuenta que era gente muy devota, muy religiosa, tenía imágenes de bulto grandes casi de mi tamaño, en una esquina una y en la otra esquina la otra. Cuando vaya a visitar a una persona muy devota, muy religiosa y que tiene imágenes, usted debe ser prudente, no puede llegar con su martillo a decirles que va a romper la cabeza de las imágenes, usted no puede llegar así. Usted no debe decir hagamos una fogata y las metemos ahí, usted no puede llegar en esas condiciones. Yo llegué y dije, si me saludan, saludo. No me saludaron,  di me enseñanza y no me estorbaron en ningún momento, pasaron los días y seguí compartiendo la Palabra. Y un día me dijeron, pastor, usted cree que podemos de verdad, porque nosotros le rezamos a la Virgen. Así, les dije yo. Pues miren la Virgen es un modelo de fe para los creyentes, es un ejemplo. Ojalá nuestras mamás, nuestras hermanas, nuestras hijas y nuestras mujeres fueran como la Virgen María, pero la Biblia nos enseña que al orar debemos pedir al Padre.

Los discípulos le dijeron un día a Jesús, y se los fui a enseñar: Enséñanos a orar. Jesús les dijo así deben orar ustedes: Padre nuestro que estás en el cielo. Si Él hubiera dicho: Madre nuestra que estás en los cielos, yo sería el primero en estar orando con ustedes a la Virgen María. Ella no tiene la culpa, les dije, ella no dice en ningún momento: órenme, pídanme récenme. No, la gente le ha puesto esa responsabilidad que no es de ella, Jesús dice: todo lo que pidan al Padre en mi nombre yo lo haré. Cuando empezaron a ver en la Biblia lo que dice al respecto, dijeron tiene razón y entonces les dije: ¿quieren recibir a Jesús como su Salvador? Sí, me dijeron. Arrodíllense, les dije, y ahí nos arrodillamos en medio de las imágenes, no nos estorbaron. Oramos, recibieron a Jesús como su Salvador, él más adelante se convirtió en anciano de la iglesia.

Un día llegué, ya no estaban las imágenes ni pregunté qué hicieron con ellas, las vendieron, las regalaron, no sé. Pero usted no llegue a una familia que quiere alcanzar, para llevarla a los pies  de Cristo con la espada desenvainada, diciéndoles idolatras, se van ir al infierno. No. Así no es la  manera. Borrachos van a parar en el lago que arde con fuego de azufre. Tiene que llegar con amor, poco a apoco usted va a ver cómo la Palabra de Dios es viva y eficaz  y va llegando al corazón, hasta el momento en que la gente se convierte a Cristo, se va liberando de cosas como Zaqueo que tenía un problema grave, parecido al que hemos tenido muchos aquí: amor al dinero, pero una vez que Jesús le habló en su casa, se convirtió a Cristo.

Versículo 8, Zaqueo dijo resueltamente: —Mira, Señor: Ahora mismo voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes. ¿Qué bienes tiene usted? un millón en bienes, diez millones en bienes, cien millones, aunque sea solo cien mil en bienes, no es fácil decir la mitad la voy a dar a los pobres. Una señal  de que es verdaderamente un cristiano arrepentido, convertido es que usted se vuelve generoso. Hay quienes son tan tacaños que no dan ni los buenos días. Hay quienes son más agarrados que una ancianita bajando por las escaleras, hay quienes han sido ungidos, pero el aceite de la unción no pasó por el codo. La mujer le pide lo del gasto y les da dolor darle a la mujer. El hijo le pide para el colegio y le duele darle. Le piden para la comida y los meten al ministerio de ayuno y oración.

Hay gente que de verdad es dura, agarrada, pero cuando alguien conoce a Cristo, una señal  que se convierte es que se vuelve una persona generosa. Es importante que seamos generosos y que ayudemos al pobre, que ayudemos a la obra del Señor, que traigamos nuestros diezmos, ofrendas, promesas de fe y lo hagamos con generosidad. Zaqueo demostró inmediatamente que se había convertido de verdad. Martín Lutero decía: hay que hacer dos bautismos en agua para los cristianos, uno para su persona y otro para su billetera, porque hay quienes se convierten a Cristo, pero su billetera no. El abuelito de mi esposa, el abuelo Juan, un hombre guapo, alto, calvo de ojos azules, ese abuelito se convirtió a Cristo en Santa Anita Ixhuatán, estamos hablando de hace 50 años, y había sido borracho, machetero, porque por ahí con machete se saludan, y cuando se convirtió empezaron a molestarlo los vecinos del pueblo y a provocarlo, y les dijo un día: yo me convertí a Cristo, pero mi machete todavía no. Así hay algunos cristianos hoy en día: yo me convertí a Cristo, mi billetera todavía no, pero tenemos que traerla también a la conversión.

Zaqueo no solamente decidió dar la mitad de sus bienes, sino dijo devolveré cuatro veces la cantidad que sea. Arrepentirse es más que creer, arrepentirse es el principio de una transformación de vida, arrepentirse es cambiar la forma de pensar, en donde lo que antes nos llenaba, ahora nos da asco. Lo que antes nos daba alegría, ahora nos muestra que solo nos vaciaba. Zaqueo se arrepiente y dice resueltamente, es decir con valentía, resueltamente ofreció regalarle la mitad de sus bienes a los pobres y lo que había defraudado de las personas les devolvería cuatro veces la cantidad que fuera. Eso es arrepentimiento, eso es hacer frutos dignos de arrepentimiento.

No sabemos lo que hablaron con Jesús, pero sí sabemos que su tiempo y su vida transformaron la vida de Zaqueo. ¿Por qué dijo cuatro veces les devuelvo al que haya defraudado? Porque en Éxodo 22:1 dice que Si alguien roba una oveja, deberá devolver cuatro ovejas por la oveja que había robado.  Y en 2 Samuel 12:1-7 hay una historia tremenda, que dice  El Señor envió a Natán para que hablara con David. Cuando este profeta se presentó ante David, le dijo: —Dos hombres vivían en un pueblo. El uno era rico, y el otro pobre. El rico tenía muchísimas ovejas y vacas; en cambio, el pobre no tenía más que una sola ovejita que él mismo había comprado y criado. La ovejita creció con él y con sus hijos: comía de su plato, bebía de su vaso y dormía en su regazo. Era para ese hombre como su propia hija. Pero sucedió que un viajero llegó de visita a casa del hombre rico, y como éste no quería matar ninguna de sus propias ovejas o vacas para darle de comer al huésped, le quitó al hombre pobre su única ovejita. Tan grande fue el enojo de David contra aquel hombre, que le respondió a Natán: — ¡Tan cierto como que el Señor vive, que quien hizo esto merece la muerte! ¿Cómo pudo hacer algo tan ruin? ¡Ahora pagará cuatro veces el valor de la oveja! Entonces Natán le dijo a David: — ¡Tú eres ese hombre! Así dice el Señor, Dios de Israel.

David se había metido con Betsabé, por la ventana vio que se bañaba una mujer y dice que era sumamente hermosa ¿y qué hizo David? Empezó a preguntar quién era, la mandó a traer y ella obedientemente llegó ante el rey. El rey inmediatamente disfrutó de esa hermosura de mujer, después llegó la mujer a decirle que estaba embarazada. Ahí es cuando se le llena el cuarto de agua a todo hombre. En ese momento, David mandó a matar al marido de Betsabé, primero lo mandó a traer para que se quedara con la esposa  una noche y echarle el muerto del muchachito, ¡qué si el cuate se quedó durmiendo en el palacio! Al otro día, David le dijo por qué no te quedaste con tu mujer. No es posible que mis soldados estén durmiendo en el campo, a la intemperie, y yo con mi mujer. ¿Qué hizo David? Le mandó una carta al capitán en el campo de batalla, y en la carta que llevaba Urías el hitita iban las instrucciones: déjenlo solo en el fragor de la batalla, ¿para qué? para que  lo mataran, así fue David. Y Natán le dijo  Por eso la espada jamás se apartará de tu familia.

Cuatro hijos se murieron antes que David, tres violentamente. El punto es que Zaqueo dijo cuatro veces le voy a devolver al que le haya defraudado, ese cambio solo lo hace nuestro Señor. Por  eso dijo Él en el versículo 9 Hoy ha llegado la salvación a esta casa —le dijo Jesús—ya que este también es hijo de Abraham. Ese día Jesús afirmó, hoy ha llegado la salvación a esta casa. Increíble, el recaudador de impuestos de Jericó se había arrepentido de sus pecados y la salvación había llegado a su casa. El odiado había sido amado, usted es odiado, rechazado, no lo quiere ni su mamá, ni su mujer, Dios lo ama, sus hijos no lo quieren, Dios lo ama. Usted es un hombre rico, pero nadie más lo quiere, solo usted se quiere, Dios lo ama y cuando Dios nos ama, no importa que nadie más no nos ame, porque con el  amor de Dios tenemos más que suficiente para el resto de nuestra vida.

Versículo 10 Porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. ¿Qué aprendemos de esta  historia real entre la vida de Jesús  y Zaqueo? así como Jesús se atrevió a relacionarse con un pecador, pero no con su mundo de pecado, tenemos que relacionarnos con los pecadores. Acuérdese de aquellos compañeros suyos pecadores, de aquellos parientes pecadores, vaya, relaciónese con ellos. De ninguna manera Jesús aprobó lo que Zaqueo hacía, pero se atrevió a pasar la noche en su casa y a compartirle de su amor y de la Palabra del Señor. Jeremías 15.9 dice que no te hagas tú a ellos sino que se hagan ellos a ti, que no te conviertas tú a ellos, que se conviertan ellos a  ti. Y así como Jesús se relacionó con pecadores, más no con su mundo y sus prácticas, relaciónese con los pecadores, pero no con su mundo de pecado. Así como Jesús se atrevió amar a un pecador, al punto que decidió hospedarse en su casa, coma y comparta con aquellos pecadores que conoce.

Un día se me acerca un hombre que empezaba a venir a la iglesia, entregó su vida al Señor y me dice: Pastor, quiero contarle algo y que me dé un consejo, yo tengo una cafetería, no, la verdad es una cantina, yo vendo cervezas, licores y me va bien. ¿Qué hago? Qué le hubiera dicho usted, rompa esas botellas de guaro, hermano. Bótelas en el lavatrastos, deshágase de todo ese guaro. Y en ese momento el Señor me dio una palabra atinada, y le dije: mira, ¿qué haría Jesús si estuviera en tu lugar? Nada más, y con esto se fue pensando qué haría Jesús si estuviera en mi lugar ¿seguiría vendiendo guaro? Pasaron los días y un día me dijo que ya no vendía licor, había vendido el negocio y ahora  estaba en otra línea de trabajo. Pasaron como veinte años y un día  delante de otros amigos me dice que le había servido aquella palabra que le di. Pensó que le iba a decir que dejara eso, que le iba a dar una regañada, pero le dije: ¿qué haría Jesús si estuviera en tu lugar?

A veces no necesitamos darle  bibliazos a la gente. Nada más mostrarles un poco de nuestra gracia, de nuestro amor, pero así como Jesús habló con amor y gracia a un pecador la verdad del reino, hablemos con amor y gracia la verdad del reino a nuestros amigos. Atrévase a decirles que reconozcan a Jesús como su Señor y Salvador personal. Y nosotros vamos a tener grandes resultados, vamos a tener grandes éxitos si nos atrevemos a desafiar a nuestros amigos a recibir a Jesús como nuestro Señor y Salvador personal. Pruébelo. Un día usted llegará al cielo y le dirán sus amigos, gracias vos, por haberme llevado a La Fráter a oír a ese gran predicador. Ahí entregué mi vida a Cristo. Otros le dirán me mandaste al infierno, pura lata, por qué no me hablaste de Cristo y allá desde el infierno le van a recriminar que usted no les habló del Señor.

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