¿Qué fue lo que su venida nos trajo? parte 2 (Código 2014-399) – Radios Fráter
  • diciembre 28, 2014

¿Qué fue lo que su venida nos trajo? parte 2 (Código 2014-399)

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¿Cuántos han salido de viaje en estos últimos días a su pueblo o fuera del país? Cada vez que uno llega de visita al pueblo o llega a ver a los parientes en la segunda ciudad más importante de Guatemala -Los Ángeles California-, esperan que uno les lleve algo. Cuando se sale de viaje, la gente siempre espera que uno les traiga algo. Recuerdo cuando tenía al pastor Alex estudiando en Estados Unidos, decidimos aceptar una invitación para ir a predicar al Paso, Texas. Le ofrecí pagarle los gastos para que viajara de Houston al Paso y vernos, aproveché para decirle qué quieres que te lleve. ¿Qué creen que me pidió? Pollo Campero, un par de zapatos negros y otro par color café. Allá iba yo con mi gran caja. Esa noche en el hotel la abrimos y todos comimos pollo. Así que todos esperan que nosotros les llevemos algo en nuestras visitas.

El tema que estamos tratando desde hace ocho días, hablando de Jesús, ¿Qué fue lo que su venida nos trajo?, la primera venida de Jesús a la Tierra y vimos que según la profecía de Zacarías en Lucas 1:7-77 la primera cosa que nos trajo fue redención. Israel en esa época estaba bajo el dominio del imperio romano y esperaba la llegada de un libertador, de alguien que tuviera el suficiente poder político para restaurar el reino, y para liberarlo de la opresión de los romanos, aunque les ofrecían algunas ventajas -por ejemplo, seguridad-, les hacían pagar altos impuestos. Por eso cuando Jesús hizo la entrada triunfal a Jerusalén sobre un borreguito, todos dijeron éste es el rey. Porque en la antigüedad cuando los reyes entraban en son de paz iban sobre un borreguito. Cuando iban en son de guerra iban sobre un caballo.

Para Jesucristo no era ese el plan que tenía para su primera venida, eso sí, será su plan para la segunda venida. El Mesías, que es la palabra hebrea para ungido o el Cristo que es la palabra griega para ungido, del que profetizaban las Escrituras, no fue en ese momento el libertador político de Israel, pero sí fue el libertador espiritual de todo el mundo, por eso dice la Biblia “de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16). Y nosotros somos parte de esos redimidos, por la gracia del Señor, Él nos ha liberado.

También vino a pagar un rescate por aquellos que estaban raptados por el pecado, secuestrados por el pecado, mucha gente que vive hoy en día bajo el poder del rapto y del secuestro de los vicios, los temores, de los rencores, de las tristezas, de las miserias. Por eso, Cristo vino para rescatarnos de aquel que nos tenía cautivos. Gálatas 3:13 dic: Cristo nos rescató de la maldición de la ley. Efesios 1:7 dice: En él tenemos la redención mediante su sangre, el perdón de nuestros pecados. Y 1 Pedro 1:18 dice: Como bien saben, ustedes fueron rescatados de la vida absurda que heredaron.

En esta oportunidad, estudiaremos en la profecía del sacerdote Zacarías, la segunda cosa que la venida de Jesús nos trajo. Recordemos que el sacerdote Zacarías había pasado mudo durante todo el tiempo del embarazo de su esposa Elisabet. Este es el sueño de algunas señoras que tienen esposos groseros, que se queden mudos. No, medio mudos son algunos pero no mudos. Fue cuando escribió en una tablilla el nombre que llevaría su hijo y que el ángel le había ordenado ponerle, que era “Juan”, a quien conocemos como Juan el Bautista. Dios le soltó su lengua y pudo hablar. En esa profecía que dio Zacarías, encontramos la segunda cosa que la venida de Jesús nos trajo. Leamos en Lucas 1: 67-75, “Entonces su padre Zacarías, lleno del Espíritu Santo, profetizó: «Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha venido a redimir a su pueblo. Nos envió un poderoso salvador en la casa de David su siervo (como lo prometió en el pasado por medio de sus santos profetas), para librarnos de nuestros enemigos y del poder de todos los que nos aborrecen; para mostrar misericordia a nuestros padres al acordarse de su santo pacto. Así lo juró a Abraham nuestro padre: nos concedió que fuéramos libres del temor -muchos hemos sido liberados del temor, si usted tiene un temor póngalo a los pies de la cruz-, al rescatarnos del poder de nuestros enemigos, para que le sirviéramos. Él hizo todas esas cosas para que le sirviéramos, pero de una manera específica que le sirvamos con santidad y justicia, viviendo en su presencia todos nuestros días.

Tres cosas claras, Dios vino a darnos redención para darnos propósito para la vida. ¿Cuál es el propósito de nuestra vida? Debemos recordar que Jesús dijo: yo no he venido a este mundo para ser servido, sino para servir y para dar mi vida en rescate por muchos. El propósito de la venida de Jesús fue ese, enseñarnos a servir y enseñarnos a dar la vida en rescate por muchos. Dios permitió que Jesús viniera a la Tierra para traernos un ejemplo de vida, un modelo y estilo de vida que vale la pena imitar. Debemos vivir, entonces, para servir con santidad y justicia, viviendo en su presencia todos los días de nuestra vida. Servicio es una palabra que se utiliza mucho hoy día, se habla de un servicio de calidad, se habla de calidad total en el servicio. La palabra servicio define la actividad y consecuencia de servir y servir es un verbo que se emplea para dar nombre a la condición de alguien que está a disposición de otro, para hacer lo que este exige u ordena. Por eso hablamos de sirviente, que está a disposición de otro para hacer lo que le exige, lo que le ordena: prepárame el desayuno, sírveme un cafecito, plánchame la camisa, tráeme el libro. El sirviente está para cumplir las exigencias u órdenes de aquella persona a la que está sujeta.

A usted le han contratado en una empresa para trabajar y le establecen un horario y un calendario y usted recibe una paga por ese servicio. Si usted incumple con su parte del contrato, es probable que lo despidan, es probable que lo sustituyan, pero nosotros tenemos que aprender de Jesús a servir, servir de buena gana. Usted sabe cuándo alguien que está para servirlo a usted lo hace de mala gana. Usted sabe que está para servir a alguien, y lo hace de mala gana. No hay cosa que no sea tan fácil que no se vuelva difícil cuando se hace de mala gana. Ir a trabajar de buena gana es fácil, venir a la iglesia de buena gana es bonito, servirle a alguien una comida de buena gana es bonito. Dar para el gasto de la casa de buena gana es mejor, cuando usted lo hace de buena gana no sufre tanto, cuando lo hace de mala gana se le retuerce el intestino, por eso es importante aprender a servir como Jesús, de buena gana, con mucha buena voluntad.

Debemos estar dispuestos a servir a Dios, más que a esa empresa que nos contrató y que nos hace trabajar, a veces, de sol a sol y otras veces en horarios nocturnos. Hay en muchos países almacenes que funcionan 24 horas diarias, de lunes a domingo. Me sorprendió eso cuando vimos eso en Estados Unidos hace muchos años, que a las tres o cuatro de la mañana estaba la gente haciendo su shopping, sus compras, porque salían tarde de su trabajo, tenían que ir a un supermercado que estaba abierto 24 horas diarias todos los días de la semana.

El cristiano que dispone servir a nuestro Señor tiene que ser un cristiano que sirve las 24 horas diarias, siete días a la semana. Esa es la realidad. No podemos decir: Señor, soy un cristiano a tu servicio sábado y domingo, de lunes a viernes serviré a Satanás. Tenemos que servir al Señor, los siete días de la semana. No puede ser un cristiano ocasional. Dícese que un jovencito de un pueblo demasiado remoto a donde no había llegado la civilización, vino a visitar a un pariente en la ciudad, que lo puso a ver si la luz del pide vías del carro encendía. Y le decía ahora sí, ahora no, ahora sí, ahora no. La luz intermitente estaba haciendo su función: ahora sí, ahora no. Hay cristianos que parecen luces intermitentes, arbolitos de navidad con luces, ahora sí, ahora no, ahora sí soy cristiano, ahora no soy cristiano. Ahora sirvo al Señor, ahora no me da la gana. Pero el verdadero cristiano está dispuesto a vivir para servir, porque el que no vive para servir, no sirve para vivir. El que sirve, sirve y el que no sirve, no sirve.

Tenemos que servir y servir todos los días. Estar dispuestos todos los días para servir a Dios, es ser sirviente de Dios, esclavo de Dios. Y como tal vivimos para trabajar para Él sin horario y sin calendario, rindiéndole nuestra vida por completo. La pregunta es ¿sirve usted a Dios o solo se sirve a sí mismo? O sirve a mamón, el dios de la riqueza y a veces vivimos para servir a mamón el dios de las riquezas. Sí, somos buenos trabajadores. Sí, servimos bien en nuestras empresas y sí damos nuestra vida por nuestro negocio, pero se nos olvida que nadie puede servir a Dios y a las riquezas. Tenemos que servir primero a Dios y las riquezas van en segundo lugar. Es más, Jesús dijo: busquen primeramente el reino de Dios y su justicia y todas las demás cosas vendrán por añadidura. Alimentación, vestuario, vivienda serán añadidas. Si usted busca al Señor, usted recibirá todo del Señor.

Recuerdo la historia de aquel gran potentado que era muy rico, con muchas haciendas y le dio a escoger a su esclavo, a su servidor de más confianza, uno de los regalos que tenía allí, una de las posesiones. Le dijo, -yo me voy a morir, quiero dejarte algo que tú aprecies, que tú quieras-. Y le dijo, patrón, regáleme esa gran foto suya que tiene en la sala. -Tuya será la foto-. Cuando oyeron el testamento decía: aquel que haya escogido para sí la foto que estaba en la sala, para él será mi herencia en su totalidad, y este que sirvió a su amo y por amor pidió el recuerdo en una foto, se quedó con todo el pisto del viejo. Así que usted ame al dueño del pisto, no al pisto del dueño. Ahora la palabra pisto está reconocida por la Real Academia de la Lengua como dinero, una gran palabra que dieron los guatemaltecos. Tenemos, entonces, que amar al dueño del dinero, al dueño de todas las cosas, ame y sirva al dueño de todo y tendrá todo, pero si solamente quiere una parte de las cosas, saldrá perdiendo.

Jesús nos redimió para que le sirviéramos con santidad y justicia. Zacarías nos muestra en su profecía que Dios nos redimió para que le sirviéramos, pero el servicio no debe ser cualquiera. Vimos que no implica un horario o un calendario, que no implica un lugar específico sino que más bien, es rendir nuestra vida completa a sus propósitos. Y servirle de norte a sur y de este a oeste donde quiera que Él nos lleve, porque la luz en medio de las tinieblas resplandece. Servir con santidad implica tener la esencia de Dios en nosotros. Dios es un Dios santo, Dios, es un Dios puro, no hay pecado en Él. Es por ello que nosotros pecadores no podemos permanecer frente a su presencia. Pero Jesús a través de su muerte nos justifica y nos declara justos, nos hace santos. Entonces comprendemos que su gran amor nos ha perdonado y rescatado.

El apóstol Pedro lo aprendió de tal manera que luego dice que nosotros somos nación santa, pueblo adquirido por Dios. Usted aunque no lo crea es parte de la nación santa y si es parte de la nación santa, usted debe ser santo como Dios es santo. Y cuando hablo de santo, no hablo de un bulto de San Gabriel o de San Nicolás, San Lucas o San Mateo. No, hablo de una persona, usted y yo, tenemos que ser santos y santo viene de la palabra griega hagios que significa diferente. En su trabajo, todos roban, usted no roba porque es diferente, es santo. En su trabajo todos piden mordidas, usted no pide mordidas porque es diferente, es santo. Me dice uno, ¿puedo pedir ofrendas? la misma mica con diferente montera. Tenemos que ser santos, porque Él es santo, nuestro servicio tiene que darse en santidad.

En la antigüedad, cuando los sacerdotes entraban al tabernáculo para ofrecer servicios al Señor, tenían que pasar por el lavacro de la purificación, ahí tenían que lavarse las manos, lavarse los pies y entonces ministraban en el santuario. Usted y yo no tenemos que lavarnos las manos, lavarnos los pies, no solo para venir a servir aquí en el santuario, en el templo sino para servir a Dios todos los días, porque ahora el santuario soy yo, usted es el santuario. La Biblia dice que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, por lo tanto dentro de usted está Dios y Dios habita en la santidad.

Por eso es muy importante no contaminar nuestro cuerpo con cosas que desagradan a Dios, para que podamos darle un servicio de santidad, porque nosotros tenemos que ser santos porque Dios es santo. Servir con santidad a Dios es alejarnos del mundo y consagrarnos completamente a Él, esto es muy difícil, cuando no estamos enamorados de Jesús, pero cuando estamos enamorados de Jesús, sus mandamientos no son carga, no son gravosos. Por amor le servimos. Por eso la Escritura dice que su yugo es fácil y ligera su carga. Porque al estar enamorados de Jesús, le servimos en santidad. ¿Se ha enamorado alguna vez? Es bonito, estar enamorado es bonito, aunque su mamá diga, ¿de este medio mudo te enamoraste hija? Sí, porque es usted la enamorada, su mamá no, su mamá se enamoró de otro. La mamá lucha porque su hija se bañe, se peine, sea ordenada, se vista decentemente y lucha día tras día, año tras año y la hija terca. Mamá, el viernes voy a salir, y sale con una blusita y una falda que solo falta que se le mire hasta el espíritu. La mamá le dice: hija, así no se viste una hija de Dios, así no se viste una cristiana, una hija mía no se viste así. Cámbiate, pero ¡qué esperanza!, la niña es terca, rebelde, malcriada, pero sale y en una de esas reuniones conoce a un joven y este joven es de Fráter Jóvenes, es un muchacho de esos rectos, muy bien educado, muy trabajador, muy cortés, muy amable y la muchacha le echa el ojo y dice: esto es lo que me recetó el doctor.

Llega a su casa y dice mamá, conocí a un muchacho, pero mira es un bocado de rey, es la cosa más linda, mamá. Ese va ser mío. Porque los muchachos creen que ellos son los que conquistan, pero resultan conquistados. Total, la muchacha se dio una colgada del muchacho, enamorada al máximo. Llega a la primera cita en su casa, a traerla para salir y ella sale como siempre toda pizpireta, toda traslúcida y este se les queda viendo y le dice: ¿así vas a salir? No, cámbiate, ponte algo más tapado y ella les dice con mucho gusto Pedrito, ahorita vengo. Se cambia, la mamá no puede creer lo que está viendo, su hija la rebelde, la exhibidora cambiándose y poniéndose recatada.

¿Qué es lo que pasó? ¿Cuál es la diferencia? La diferencia se llama amor, cuando usted ama se cumple lo que dice 1 Corintios 13, el amor todo lo puede, lo que no puede la mamá, lo que no puede el papá, lo que no puede la abuela puede el amor y el amor hace que esta muchacha se convierta en una joven bien vestida, ordenada, disciplinada, educada, respetuosa. La mamá se asusta, porque como está el novio ahí, hasta recoge la mesa, se ofrece lavar los platos. Hace cosas que son misión imposible para la mamá sola. Todo por el amor. Hasta le dice querés conocer mi cuarto y la mamá va y ve que lo arregló. “Por amor fue una vez al Calvario con una cruz a cuestas”, escribió el cantante y de veras por amor es que usted y yo somos nuevas personas, porque Cristo nos amó primero y ahora nosotros le amamos también a Él.

Ser buenos, no es fácil, es humanamente imposible, ser correctos todo el tiempo es humanamente imposible. Por eso es que necesitamos cambiar de yugo y ponernos un yugo que es fácil. Mateo 11:2-30 dice: Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma. Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana. Jesús es honesto, transparente, claro, nos dice vengan a mí, todos están trabajados, cargados, están agobiados, están cansados, vengan a mí yo les daré descanso. ¿Qué descanso nos ofrece el Señor? Ponernos el yugo de Él. Venimos agobiados, venimos cansados porque ya traemos yugo. Todo ser humano anda con un yugo encima, yugo es ese aparato que utilizan los bueyes para llevar las carretas y halar las cargas pesadas. Todo ser humano lleva el yugo puesto y aquí en Guatemala hasta lo confiesan: ¿cómo estás? Por aquí halando la carreta, se creen bueyes los hermanos. Pero tienen razón, todo ser humano lleva un yugo encima y ese yugo lo hace esforzarse, lo hace agobiarse, lo hace cansarse, porque no es un yugo suave.

Alguna vez se ha puesto una blusa o una camisa que tiene una etiqueta que le raspe el cuello. Es horrible, así que no importa que piensen que es de la Megapaca, uno le quita la etiqueta y ya no le molesta. El yugo de Cristo es un yugo suave, recuerden que Jesús sabía de yugos, porque pasó treinta años viviendo con José, su papá adoptivo, en el oficio de carpintero. Jesús trabajó todo el tiempo que vivió con su papá en calidad de carpintero, podríamos decir que la carpintería de José decía “aquí se hacen yugos a la medida”, porque el mejor yugo para un buey era el que se hacía a la medida. Hace poco fui a comprar una camisa y como las cosas varían, les dije mídame el cuello y me lo midió para saber exactamente la talla. Pues lo mismo se hace con los bueyes, para que tengan un yugo suave, es tomarle la medida y hacerlo que no le sea difícil usarlo.

Y Jesucristo nos habla claramente que vamos a tener un yugo. Jesús habla a los hombres que trataban de encontrar a Dios y que se empeñaban con todas sus fuerzas en ser buenos, y resultaba imposible. El pueblo de Israel estaba buscando la verdad y buscando a Dios en el cumplimiento de todas las reglas y mandamientos que se les habían dado, no era fácil, cumplían un mandamiento y quebrantaban otro, cumplían una regla y quebrantaban otra, siempre estaban quebrantando alguna regla o algún mandamiento y eso era verdaderamente agobiante. Nunca estaban completamente libres, siempre estaban bajo la culpa de una falta cometida. Por eso constantemente tenían que llevar un sacrificio al templo, para pagar así, con el derramamiento de la sangre de ese sacrifico, el perdón de sus pecados.

Y el Sumo Sacerdote, una vez al año, agarraba un carnero y ponía en él todas las culpas de Israel, para que fueran liberados. Y eso es lo que vino a hacer Jesucristo, de hecho Juan el Bautista cuando lo presentó en el Jordán dijo, he aquí, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Y de ahí para acá, ninguno de nosotros tiene que hacer un sacrificio de algún animal para obtener redención, porque Cristo ya fue sacrificado una vez y para siempre, por todos nuestros pecados. Para los judíos la religión consistía en cargas. Vea lo que dice Mateo 23: 1-4, Después de esto, Jesús dijo a la gente y a sus discípulos: «Los maestros de la ley y los fariseos tienen la responsabilidad de interpretar a Moisés. Así que ustedes deben obedecerlos y hacer todo lo que les digan. Pero no hagan lo que hacen ellos, porque no practican lo que predican. Atan cargas pesadas y las ponen sobre la espalda de los demás, pero ellos mismos no están dispuestos a mover ni un dedo para levantarlas.

Todo el pueblo judío llevaba cargas pesadas. Y eso les hacía cansarse, agobiarse, pero Jesús dice: mi yugo es suave. Un niño andaba cargando a otro niño, a un hermanito de él que era cojo. Llevaba en sus brazos una carga fuerte. Y un hombre le dijo: ¿no es muy pesada la carga que llevas en tus brazos? Y le responde el niño: esto no es una carga, este es mi hermanito.

Ah cuando usted lleva una carga por amor, que le fue dada a usted por amor, es más fácil llevarla. No es que no llevaremos carga, pero será fácil llevarla porque la llevamos por amor. Por algo dice la Escritura que debemos amarnos los unos a los otros. Amar y bendecir a los que nos maldicen, amar aun a aquellos que son nuestros enemigos, cuando aprendemos a amar como Jesús amó, esa carga que se da con amor y se lleva con amor siempre resultará liviana, pero dice también servir con santidad y justicia. ¿Qué es servir con justicia? Nos hace pensar en un concepto de importancia muy grande hoy día, porque la justicia es una virtud que inclina al hombre a dar a cada uno lo que le corresponde o le pertenece.

¿Por qué tiene que ser fiel a su esposa, aunque sea mandona, gritona, chismosa, fea? ¿Por qué tiene que ser fiel a su mujer? Porque eso es justicia, a ella le corresponde su cuerpecito, algo deformadito ya, pero es de su mujer. Un día decidió entregárselo a ella y por lo tanto ese cuerpo es de ella y viceversa señora. Su marido ya está usado, gastado, destartalado, arrastrado, pero ese es su marido y a usted en justicia le corresponde reconocerlo como su esposo. Usted trabaja en una empresa donde hay un jefe que, según usted en su mente, es un poco ignorante y, sin embargo, es el jefe y a lo mejor el dueño de toda la empresa, pero usted piensa que es un poco raro. Pero en justicia, a usted le queda darle a ese señor el lugar que le corresponde, darle el honor que le corresponde, el respeto que le corresponde, reconocer la jerarquía que le corresponde.

Servir en santidad y justicia es dar a cada uno lo que le corresponde, lo que le pertenece, ese es el trabajo grande que tienen los jueces en Guatemala y en el mundo entero: servir a la ciudadanía impartiendo justicia. Si a usted le corresponde trabajar ocho horas, trabaje las ocho horas, no como algunos que se les va media hora en un café, otra media hora en otro café, tres horas chateando, y resultan trabajando cuatro horas. Tenemos que aprender a trabajar y servir en justicia. Hacer lo que debe hacer, no importa lo que cueste, es servir con justicia. Zacarías menciona que Dios nos llamó para que le sirvamos con santidad y justicia. Son dos términos que van de la mano. La santidad denota la pureza espiritual que debemos reflejar al consagrarnos a Dios y la justicia un carácter, ecuánime, equitativo que toma decisiones correctas, buscando glorificar a Dios, servirle con santidad y justicia. ¿Cómo puede servir a Dios con santidad y justicia? Pregúntese ¿estoy sirviendo a Dios con santidad y justicia en mi función docente, en mi función política, profesional, en mi rol familiar? Tengo que servir a Dios con santidad y justicia.

¿Qué nos trajo Jesús en su primera venida? Número uno, redención. Dos, propósito para la vida, servir a Dios en santidad y justicia. Digámosle al Señor, gracias porque no solamente nos diste la orden sino la muestra.

El modelo, el ejemplo, es Jesús.

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