Meta #3 Despójese del pecado (Código 2015-024) – Radios Fráter
  • enero 25, 2015

Meta #3 Despójese del pecado (Código 2015-024)

Escuche:

La tercera meta es despojarse, despojarse es quitarse algo, es despojarse del pecado. Todos tenemos un pecadillo o simplemente llamémosle “pecadón”, “pecadazo”. Mire el rostro de un vecino y mirará el rostro de un pecador, todos somos pecadores, el que lo niegue ya empezó por pecar de engaño. Todos somos pecadores y si queremos tener éxito en nuestra vida tenemos que despojarnos del pecado. El problema es que la mayoría de nosotros solo nos vemos a nosotros mismos cuando estamos frente a un espejo. ¿Ya se vio en el espejo? ¿Le gustó lo que vio? O posiblemente al verse dijo Señor mío ten misericordia de mí. Quizá usted quiere verse con una hermosa cabellera, pero lo que ve es un brillante coco.

Un día, personas más o menos de nuestra edad, me dijeron ¿por qué esos grupos que traen para Explo Music Fest son muy peludos? Yo no puedo criticarlos, pueden pensar que es envidia. Siempre nos vemos en el espejo y al rato se nos olvida cómo somos, los griegos decían que el ser humano ha sido creado con dos alforjas: una que va al frente con los defectos de los demás, y otra que va en la espalda con los propios, por eso somos fáciles de señalar. Se decía en una fiesta, tan fea esa señora, como se viste. Pero si usted se viera señora. Va a una reunión de exalumnos, hace treinta años que no se miran, lo primero que se dice es: tan vieja que está esa, pero si usted se viera. Tan gorda que está, pero si usted se pesara.

Siempre vemos en los demás lo malo, pero muchas veces lo que vemos en los demás es una mera proyección de los malo que hay en nosotros. Dicen que el ladrón juzga por su condición y nosotros nos proyectamos. Hay un libro de psicología que fue publicado en los años 70 que dice “cuando yo estoy bien, los demás están bien”, pero si yo estoy mal, los demás están mal. Recuerdo a aquella señora que miraba por la ventana de su casa, según ella, todos los vecinos no sabían lavar su ropa porque estaba sucia. Hasta que unos meses más tarde lavaron las ventanas de la casa de la señora y comentó: ahora sí la tienen limpia. No era la ropa la sucia, era su ventana y nuestros ojos son las ventanas del alma y a veces por nuestros ojos vemos sucios a los demás, pero no son ellos los sucios, soy yo.

Por eso es importante que entendamos la lección que Jesús nos dio. Jesucristo dijo en Lucas 6:41-43 » ¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo y no le das importancia a la viga que tienes en el tuyo? Lo que vemos en el ojo del hermano es una astilla, pero es un reflejo de la viga que está en el mío. Ese tan impuntual, a lo mejor el impuntual soy yo. Ese tan tacaño y a lo mejor el tacaño soy yo. Es fácil ver el defecto ajeno sin ver el nuestro. ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Hermano, déjame sacarte la astilla del ojo”, cuando tú mismo no te das cuenta de la viga en el tuyo? Y Jesucristo muy directo, muy claro, dice ¡Hipócrita! La palabra hipócrita viene del griego hypokrisis (hipócrates) que significa máscara, yo actúo. Así les decían a los que actuaban en el teatro, porque en el teatro se asume un papel que no es el suyo. Se pone una máscara y actúa, usted no es así pero está actuando. El actor actúa como policía o como diputado o como maestra, está actuando.

Shakespeare dijo con toda verdad: el mundo es un teatro y los seres humanos somos los actores. Por eso es importante que nos quitemos el pecado nuestro para luego ver con amor y consideración al prójimo. Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás con claridad para sacar la astilla del ojo de tu hermano. Muchas veces no nos damos cuenta que podemos estar igual o peor que la persona que estamos juzgando. Lo que vemos mal en otros muchas veces no lo queremos ver en nosotros. Hay una historia en la Biblia basada en un personaje extraordinario, un mega líder, un hombre ejemplar, reconocido por todo Israel y hasta hoy muy admirado, este se llamó David, el rey.

Pero mire la historia, en 2 Samuel 11:1-15, En la primavera, que era la época en que los reyes salían de campaña, David mandó a Joab con la guardia real y todo el ejército de Israel para que aniquilara a los amonitas y sitiara la ciudad de Rabá. Pero David se quedó en Jerusalén —en una batalla anterior lo habían querido matar y sufrieron mucho para salvarlo, así que esa vez se quedó—. Una tarde, al levantarse David de la cama, comenzó a pasearse por la azotea del palacio, y desde allí vio a una mujer que se estaba bañando — cuando vemos a una mujer que se está bañando llama la atención, pero no mire lo que no es suyo, mire a su mujer. Mírela, ella es suya—. La mujer era sumamente hermosa, por lo que David mandó que averiguaran quién era, y le informaron: «Se trata de Betsabé, que es hija de Elián y esposa de Urías el hitita.» — Allí era para que él pusiera freno a su deseo, pero no.

Entonces David ordenó que la llevaran a su presencia, y cuando Betsabé llegó, él se acostó con ella. Después de eso, ella volvió a su casa. Hacía poco que Betsabé se había purificado de su menstruación, así que quedó embarazada y se lo hizo saber a David. Entonces David le envió este mensaje a Joab: «Mándame aquí a Urías el hitita.» Y Joab así lo hizo. Cuando Urías llegó, David le preguntó cómo estaban Joab y los soldados, y cómo iba la campaña. Luego le dijo: «Vete a tu casa y acuéstate con tu mujer.» Tan pronto como salió del palacio, Urías recibió un regalo de parte del rey, pero en vez de irse a su propia casa, se acostó a la entrada del palacio, donde dormía la guardia real. David se enteró de que Urías no había ido a su casa, así que le preguntó: —Has hecho un viaje largo; ¿por qué no fuiste a tu casa? —En este momento —respondió Urías—, tanto el arca como los hombres de Israel y de Judá se guarecen en simples enramadas, y mi señor Joab y sus oficiales acampan al aire libre, ¿y yo voy a entrar en mi casa para darme un banquete y acostarme con mi esposa? ¡Tan cierto como que Su Majestad vive, que yo no puedo hacer tal cosa! —Bueno, entonces quédate hoy aquí, y mañana te enviaré de regreso —replicó David. Urías se quedó ese día en Jerusalén. Pero al día siguiente David lo invitó a un banquete y logró emborracharlo. Cuidado, porque a veces lo emborrachan para meterlo en problemas.

 A pesar de eso, Urías no fue a su casa sino que volvió a pasar la noche donde dormía la guardia real. A la mañana siguiente, David le escribió una carta a Joab, y se la envió por medio de Urías. La carta decía: «Pongan a Urías al frente de la batalla, donde la lucha sea más dura. Luego déjenlo solo, para que lo hieran y lo maten.» Vean la mentalidad de David, más adelante dice, en 2 Samuel 11:26-27, Cuando Betsabé se enteró de que Urías, su esposo, había muerto, hizo duelo por él. Después del luto, David mandó que se la llevaran al palacio y la tomó por esposa. Con el tiempo, ella le dio un hijo. Sin embargo, lo que David había hecho le desagradó al Señor. Pregunto ¿le agradó al Señor que David abusara de su autoridad y se llevara a la esposa de Urías? No. ¿Le agradó al Señor que David se hubiese acostado con la mujer de Urías y embarazarla? No. ¿Le agradó al Señor que David quisiera limpiar su pecado engañando a Urías, mandándolo a la muerte? Tampoco. ¿Le agradó al Señor que David tramara un plan perfecto para que ese soldado valiente muriera en la batalla por órdenes del rey? No.

David no vio mal engañar a Betsabé, quién pensó que su esposo había muerto como héroe, cuando él había establecido el plan detallado de su muerte. David no vio mal llevarse a la viuda Betsabé y tomarla como esposa, lo vio como la oportunidad de salir como héroe. Tan buena onda, tan magnánimo, se va a quedar con la viuda, cualquiera se hubiera quedado con ella, era hermosa. He visto a las viudas llorando y después llorar de alegría porque se casan otra vez. ¿Usted cree que su mujer se va a quedar sola para siempre? Si es hermosa, no. Y si usted le deja buena herencia, menos. Para David, todo estaba bien, no había hecho nada malo, según él era muy inteligente, un gran estratega. Un hombre listo que había logrado resolver el escándalo de que había embarazado a Betsabé, pero no fue así. El espejo llegó pronto y se puso frente a David.

Pregúntese, ¿estoy haciendo algo que desagrada a Dios? ¿Estoy haciendo algo que desagrada a Dios? ¿Estoy robándole a alguien? ¿Estoy estafando a alguien? ¿Estoy engañando a alguien? ¿Estoy metiéndole a alguien? ¿Estoy practicando malos hábitos y vicios que no le agradan a Dios? ¿Qué estoy haciendo lo que desagrada a Dios? Porque el Señor nos va a poner un espejo para que nos veamos. En Lucas 6:41 leímos que debemos sacar primero la viga de nuestro ojo y entonces veremos con claridad, para sacar la astilla del ojo del hermano.

2 Samuel 12:1-12, podríamos llamarlos el espejo de David, allí se vio tal y como era. El Señor envió a Natán para que hablara con David. Cuando este profeta se presentó ante David, le dijo: —Dos hombres vivían en un pueblo. El uno era rico, y el otro pobre. El rico tenía muchísimas ovejas y vacas; en cambio, el pobre no tenía más que una sola ovejita que él mismo había comprado y criado. La ovejita creció con él y con sus hijos: comía de su plato, bebía de su vaso y dormía en su regazo. Era para ese hombre como su propia hija. Pero sucedió que un viajero llegó de visita a casa del hombre rico, y como éste no quería matar ninguna de sus propias ovejas o vacas para darle de comer al huésped, le quitó al hombre pobre su única ovejita.

Tan grande fue el enojo de David contra aquel hombre, que le respondió a Natán: — ¡Tan cierto como que el Señor vive, que quien hizo esto merece la muerte! ¿Cómo pudo hacer algo tan ruin? Ah, qué fácil es acusar a otros, calificarlos y descalificarlos— ¡Ahora pagará cuatro veces el valor de la oveja! Entonces Natán le dijo a David: — ¡Tú eres ese hombre! Así dice el Señor, Dios de Israel: “Yo te ungí como rey sobre Israel, y te libré del poder de Saúl. Te di el palacio de tu amo, y puse sus mujeres en tus brazos. También te permití gobernar a Israel y a Judá. Y por si esto hubiera sido poco, te habría dado mucho más. ¿Por qué, entonces, despreciaste la palabra del Señor haciendo lo que me desagrada? ¡Asesinaste a Urías el hitita para apoderarte de su esposa! ¡Lo mataste con la espada de los amonitas! Por eso la espada jamás se apartará de tu familia, pues me despreciaste al tomar la esposa de Urías el hitita para hacerla tu mujer.” »Pues bien, así dice el Señor: “Yo haré que el desastre que mereces surja de tu propia familia, y ante tus propios ojos tomaré a tus mujeres y se las daré a otro, el cual se acostará con ellas en pleno día. Lo que tú hiciste a escondidas, yo lo haré a plena luz, a la vista de todo Israel.

¿Qué hizo David en ese momento? Dice 2 Samuel 12:13-20, — ¡He pecado contra el Señor! Cuando lo pongan frente al espejo de Dios, frente al espejo de la Palabra de Dios y vea que ha pecado, lo que más le conviene es 1. Reconocer su pecado. 2. Arrepentirse de su pecado. 3 Confesar a Dios su pecado. Eso hizo David, no le negó nada a Natán, — ¡He pecado contra el Señor! —reconoció David ante Natán. La paga del pecado es muerte,

 

—El Señor ha perdonado ya tu pecado, y no morirás —contestó Natán— (porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús nuestro Señor). Sin embargo, tu hijo sí morirá, pues con tus acciones has ofendido al Señor. Dicho esto, Natán volvió a su casa.

 Usted puede decir que no ha hecho lo que hizo David, pero a lo mejor ha hecho esto. Romanos 1:28-32 dice Además, como estimaron que no valía la pena tomar en cuenta el conocimiento de Dios, él a su vez los entregó a la depravación mental, para que hicieran lo que no debían hacer. Se han llenado de toda clase de maldad, perversidad, avaricia y depravación. Están repletos de envidia — aquí se dice que si la envidia fuera tiña, todos fueran tiñosos. Llegó su compañero con un carro nuevo y usted comenta muy lindo, pero por dentro se le retorció el estómago. Dios mío, si yo soy tu siervo, ¿por qué se lo diste a él? Fue a la boda de su amiga, feliz ella con su vestido blanco y su novio guapo y con pisto y usted la felicita con la expresión qué bonita pareja, pero por dentro usted comenta yo merecía a este hombre, envidia—, homicidios, disensiones, engaño y malicia. Son chismosos ¿conoce a un chismoso, lo vio esta mañana en el espejo? —, calumniadores, enemigos de Dios, insolentes, soberbios y arrogantes; se ingenian maldades; se rebelan contra sus padres; son insensatos, desleales, insensibles, despiadados. Saben bien que, según el justo decreto de Dios, quienes practican tales cosas merecen la muerte — Ah, usted creyó que solo los adúlteros como David, los envidiosos, los chismosos también, dígale a su vecino cuidado, porque usted también merece la muerte, de acuerdo a esto merecemos la muerte. La paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna, por eso no estamos muertos, sin embargo, no sólo siguen practicándolas sino que incluso aprueban a quienes las practican.

Hay un Salmo hermoso en el que se inspiró David para escribirlo, precisamente cuando Natán fue a verlo por haber cometido adulterio con Betsabé. Es el salmo 51, lea lo que dice y que sea nuestra oración: Ten compasión de mí, oh Dios, conforme a tu gran amor; conforme a tu inmensa bondad, borra mis transgresiones. Lávame de toda mi maldad y límpiame de mi pecado. Yo reconozco mis transgresiones; siempre tengo presente mi pecado. Contra ti he pecado, sólo contra ti, y he hecho lo que es malo ante tus ojos; por eso, tu sentencia es justa, y tu juicio, irreprochable. Yo sé que soy malo de nacimiento; pecador me concibió mi madre. Yo sé que tú amas la verdad en lo íntimo; en lo secreto me has enseñado sabiduría. Purifícame con hisopo, y quedaré limpio; lávame, y quedaré más blanco que la nieve. Anúnciame gozo y alegría; infunde gozo en estos huesos que has quebrantado. Aparta tu rostro de mis pecados y borra toda mi maldad. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu. 

Lea este salmo y órelo delante de Dios, dígalo con arrepentimiento, dígale al Señor purifícame. Yo sé que hemos pecado, que hemos fallado y como vimos en esa pequeña lista, hay otra lista todavía en la Biblia que nos hace vernos en el espejo de nuestros pecados, pero lo que nos queda hoy es despojarnos de nuestro pecado, porque es más fácil despojar a otro de su pecado. Despojémonos del nuestro, quitémonoslo, dejémoslo fuera.

 

Mensajes por Categoria

Mensaje por fecha

  • 2018
  • 2017
  • 2016
  • 2015
  • 2014
  • 2013
  • 2012
  • 2011
  • 2010
  • 2009
  • 2008
  • 2007