No regrese a su pasado (Código 2015-075) – Radios Fráter
  • marzo 12, 2015

No regrese a su pasado (Código 2015-075)

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Dicen que la cabra tira para el monte. Y a veces aunque dejamos de hacer algo que no conviene, volvemos otra vez. La Biblia nos lo presenta de una manera muy dramática, dice el perro vuelve a su vómito. Nuestro pasado lo podemos ver como algo desagradable, la Biblia dice que todos somos pecadores y el que lo niegue habrá cometido otro, la mentira, y como cristianos también hemos caído en la vida, lamentablemente somos personas muy dadas a buscar las cosas del mundo del pecado y a veces caemos en el pecado. ¿Qué hacemos cuando eso ocurre? La semana pasada hablamos de dos ejemplos elocuentes, el de Judas y el de Pedro, ambos discípulos de Jesús, ambos estuvieron con Jesús cuando echó fuera demonios, cuando resucitó muertos, cuando abrió los ojos de los ciegos, cuando multiplicó los panes, cuando hizo toda clase de milagros.

Es más, ellos recibieron la misma autoridad y ambos echaron fuera demonios, ambos sanaron enfermos, hicieron cosas extraordinarias, pero cuando llegó el día y la hora cuando Jesús fue capturado ¿quién se encargó de su captura? Judas, el traidor. ¿Qué fue lo que hizo Pedro? Aunque había jurado que no iba a abandonarlo, que iba a dar su vida, en la cara, cerca de Jesús lo negó tres veces. ¿Qué fue lo que hizo Judas? Dice que lloró amargamente, sintió remordimiento, usted y yo hemos sentido remordimiento, remordimiento es ese dolor que hay dentro de nosotros, porque hemos hecho algo incorrecto, porque hemos dañado a alguien. Remordimiento es pesar por la culpabilidad por algo que hicimos mal.

El remordimiento no basta para corregir nuestra vida, tenemos que pasar al arrepentimiento y el arrepentimiento es cambio de mentalidad, cambio de conducta, cambio de vida. Pedro también lloró, pero decidió cambiar, decidió buscar a Dios, se dejó atrapar por la gracia de Dios. No se deje capturar solo por el remordimiento, porque lo podrá llevar al suicidio y a la autodestrucción como le tocó a Judas. Déjese atrapar por la gracia de Dios que está dispuesto a perdonarle y darle una segunda oportunidad, porque Él nos da no una sino muchas oportunidades. Así que si usted cae en un pecado, si falla delante de Dios, si abandona a Jesús en un momento dado, si usted lo niega con sus actos y con sus palabras, recuerde que Jesús le dijo a Pedro: —antes que el gallo cante me negarás tres veces, pero yo he orado por ti, para que tu fe no falte y una vez vuelto, guieis a mis discípulos—.

Judas se convirtió en un suicida, Pedro se convirtió en el pastor de la iglesia en Jerusalén. Y no fueron solo Pedro y Judas quienes abandonaron a Jesús, la Biblia dice en Mateo 26:35

—Aunque tenga que morir contigo —insistió Pedro—, jamás te negaré.

Y los demás discípulos dijeron lo mismo, pero todos abandonaron al maestro. Crucifican a Jesús, todos se van a esconder pensando que les va a pasar lo mismo, el líder de los discípulos había muerto. Cuando a usted se le muere un ser querido entra en un período que se llama luto y ese es un proceso complicado. Se empieza con la negación. “No se ha muerto, está vivo”, pero tiene que pasar de la negación a otros pasos y a veces se entra en el pleito con Dios. ¿“Por qué no sanaste a mi hijo”, “por qué no salvaste a mi esposa”, por qué no libraste a mi amigo”?.

Empiezan esos pleitos con Dios y llega a veces a caerse en depresión y al encierro. Hay muchos que encuentran refugio debajo de las sábanas y se meten en la cama y no salen de ahí por días, por semanas, por meses. Yo conocí el caso de una señora que quedó viuda y por dos años no salía de su dormitorio, encerrada. Hasta que llegamos con un grupo de sus amigas a hablarle de Cristo y gracias a Dios se recuperó, se levantó, porque en Cristo hay salida para nuestras depresiones, en Cristo hay esperanza para nuestras desilusiones. Dos años después la encontré en el aeropuerto y me contó que se había casado. He visto llorar a las viudas en el cementerio y después en el altar otra vez.

¿Qué estaban haciendo Pedro y los discípulos? Se habían ido sufriendo, a lo mejor conversaban unos con otros y decían: Pedro, qué mala onda, cómo negaste al Señor. Judas d’altiro la echó a perder, cómo entregó al Maestro, o a lo mejor no decían nada porque todos tenían la cola machucada, todos habían abandonado al Señor, pero Pedro como era uno de los líderes del grupo tomó una decisión y eso está en Juan 21:2-7, Estaban juntos Simón Pedro, Tomás (al que apodaban el Gemelo), Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo, y otros dos discípulos. —Me voy a pescar —dijo Simón Pedro. —Nos vamos contigo —contestaron ellos. Salieron, pues, de allí y se embarcaron, pero esa noche no pescaron nada.

Cuándo Pedro conoció a Jesús ¿qué estaba haciendo? Pescando. Ese era su trabajo y ahora que Jesús ya no está y el proyecto del reino del que habían hablado ya no existía, decidieron volver al pasado, de vuelta al pasado. Y esa vuelta al pasado es porque se dice no sirvo para ser cristiano, no sirvo para ser hijo de Dios, no sirvo para serle fiel a Dios, por lo tanto me voy a chupar otra vez y vuelve al pasado. Fallé al Señor, no sirvo, de cristiano no doy una, voy a buscar nuevamente a mi examante, a buscar otra vez las drogas, a quien asaltar, a quien engañar. Hay decisiones que son peligrosas, pero decidió volver al pasado. Recuerde, cuando toma una decisión ejerce influencia en aquellos que lo rodean. Todos somos líderes, todos tenemos un círculo de influencia a veces es nuestra familia, a veces es nuestro grupo de trabajadores y si decide como Pedro: me voy a pescar, ya no aguanto más, ya no quiero estar aquí. Los otros discípulos dijeron lo mismo, nos vamos contigo Pedro.

Cuando usted toma la decisión de no ir a la iglesia, porque ha sido infiel, no ha diezmado, no ha sido bueno para orar, para evangelizar. Ha fallado, le han dado privilegios y no ha cumplido y comenta para sí: yo no sirvo, mejor me voy. Cuidado, porque está ejerciendo influencia sobre aquellos que están cerca de usted, su mamá, su papá, sus hijos, sus hermanos, sus amigos. Pedro se fue a pescar. ¿Tuvieron éxito en la primera noche de pesca? No. No tuvieron éxito. A veces decidimos empezar nuestro propio proyecto, nuestro propio negocio, nuestra propia empresa y si no está el Señor con nosotros no podemos lograr nada. Dice Salieron, pues, de allí y se embarcaron, pero esa noche no pescaron nada. Al despuntar el alba Jesús se hizo presente en la orilla, pero los discípulos no se dieron cuenta de que era él. —Muchachos, ¿no tienen algo de comer? —les preguntó Jesús. —No —respondieron ellos. —Tiren la red a la derecha de la barca, y pescarán algo. Así lo hicieron, y era tal la cantidad de pescados que ya no podían sacar la red. — ¡Es el Señor! —dijo a Pedro el discípulo a quien Jesús amaba.

¿Quién era el discípulo que Jesús amaba? Juan, el amado quien estaba más cerca del Señor, es quien le dijo a Jesús en la última cena: Señor, dime ¿quién es el que te va a entregar? Y Jesús les dijo: el que meta su mano en mi plato, ese será el que me entregue. Llegó Judas, metió la mano en el plato del Señor y fue Juan el primero que supo quién iba a ser el traidor. Mis respetos para Jesús, porque sabiendo que lo iba a traicionar lo dejó cenar con Él, lo dejó servir con Él, lo dejó manejar las finanzas, lo dejó ser de su círculo de confianza y es porque el amor de Dios es infinito, la Biblia dice que de tal manera amó Dios al mundo. Dios nos ama a pesar de nuestras debilidades, a pesar de nuestros pecados, la gracia del Señor está siempre con nosotros. Veo aquí algo, los discípulos eran expertos pescadores en el mar, se fueron a pescar y no lograron nada. Jesús les dijo, tiren la red a la derecha y pescaron. Dice en otro de los evangelios que pescaron ciento cincuenta y tres pescados. Jesús ¿era pescador? No, era carpintero, pero la diferencia es que estaba bien conectado con el Señor, es más había descendido del cielo por segunda vez, pero ahora como Rey de reyes. Si estamos con Dios todo es posible.

Un ejemplo, a veces nos resistimos a ser fieles diezmadores y decimos que no nos alcanza y por eso tenemos que usar el cien por ciento de los ingresos para todo lo que queremos. Y no le alcanza y otro con menos ingresos decide tomar el diez por ciento de los ingresos que percibe y dárselo al Señor y a él sí le alcanza el 90 por ciento que le queda, porque vale más un 90 por ciento con la bendición de Dios, que un cien por ciento sin la bendición de Dios. ¿Lo ha probado?

El pecado y la culpabilidad pueden hacer estragos en nuestra vida. Aquel que había declarado “Tú eres el Cristo, el hijo del Dios viviente”. Ahora estaba atravesando el peor momento de su vida. Su pecado era evidente y trató de escapar, volviendo a pescar. Pedro decide volver a lo que hacía antes de conocer al Maestro. En su tristeza de haberlo abandonado y de haberlo negado, Pedro decide irse a pescar. En otras palabras, ya no más con esto, me voy. Pero no va solo, cinco discípulos más se van con él. Aquí hay una gran verdad que he aprendido a través de los años. Si usted quiere prosperar plantado tiene que estar, eso dice el Salmo 1 será plantado junto a corrientes de agua y todo lo que haga prosperará. Si hace tamales prosperará haciendo tamales, serán los más ricos de todo el barrio, la gente hará cola para comprárselos. Si hace escrituras, trabajo de notariado y abogacía le abundarán los clientes. Si hace campaña política, será electo, porque es una persona que ha aprendido a estar plantada, bien sembrada. Permanezca plantado, eche raíces.

Para que un hogar permanezca tenemos que echar raíces con la misma pareja. No existe matrimonio que no haya tenido algún conflicto, no existe matrimonio que no haya tenido alguna discusión, algún problema, alguna infidelidad alguna vez, cuántas cosas pueden pasar, pero si usted tira la toalla con su pareja y busca otra es probable que le cueste, porque ya no hay hombres perfectos en este mundo, el último se casó hace 44 años. No hay hombres perfectos, no hay mujeres perfectas, claro, un chico se enamora de una muchacha linda y comenta que es un ángel, pero años después dice que es un ángel caído. Tenemos que aprender a echar raíces, ser gente de convicciones, vale la pena ser gente de convicciones. Si amamos a Dios lo hacemos cuando somos jóvenes y cuando somos viejos, si amamos a Dios cuando somos pobres y cuando somos ricos, si amamos a Dios lo hacemos cuando somos ignorados y cuando somos famosos, porque tenemos convicciones profundas, echamos raíces.

Algunos cristianos son como maceta. Una maceta está de adorno en la sala y si no le parece la pone en el corredor o se la regala a la amiga del cuchubal. La maceta anda de un lado a otro. Pero si usted tiene un árbol de eucalipto sembrado al frente de su casa no lo puede regalar, no le puede decir a su vecina que se lo regala, que se lo lleve, ¿por qué no? porque tiene raíces y ese árbol permanece en verano, en invierno, en los huracanes, en los problemas, en las sequías. Echa raíces.

En las empresas es lo mismo. Consigue trabajo y en la primera semana empieza a quejarse del jefe que tiene, de los compañeros, del horario, del salario y como maceta se va a otra empresa. Y allá se encuentra con otro jefe peor del que tenía, con un horario y con un salario peor al que tenía. Hay que aprender a echar raíces, a prosperar siendo plantados.

Me gusta el Salmo 92:12-15 porque lo ilustra de una manera muy linda. Dice: Como palmeras florecen los justos; como cedros del Líbano crecen. Plantados en la casa del Señor florecen en los atrios de nuestro Dios. Aun en su vejez, darán fruto siempre estarán vigorosos y lozanos, para proclamar: «El Señor es justo; él es mi Roca, y en él no hay injusticia.»

 Para prosperar hay que estar plantados en la casa del Señor. Aún en su vejez darán fruto y por eso vemos varios viejos dando fruto, porque estamos plantados. Sí, parece que la grama del vecino se mira más verde, la mujer del vecino parece más atractiva, tenga cuidado, conténtese con la esposa que le tocó. Es muy importante que echemos raíces, decida echarlas allí donde el Señor lo sembró y siempre estará fructífero, vigoroso y lozano.

Juan 21: 7-14 dice: Tan pronto como Simón Pedro le oyó decir: «Es el Señor», se puso la ropa, pues estaba semidesnudo, y se tiró al agua. Los otros discípulos lo siguieron en la barca, arrastrando la red llena de pescados, pues estaban a escasos cien metros de la orilla. Al desembarcar, vieron unas brasas con un pescado encima, y un pan. Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar —les dijo Jesús. Simón Pedro subió a bordo y arrastró hasta la orilla la red, la cual estaba llena de pescados de buen tamaño. Eran ciento cincuenta y tres, pero a pesar de ser tantos la red no se rompió. —Vengan a desayunar —les dijo Jesús. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: « ¿Quién eres tú?», porque sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio a ellos, e hizo lo mismo con el pescado. Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos después de haber resucitado.

 Recuerde que cuando Jesús llamó a Pedro y a todos los que eran pescadores les dijo: vengan en pos de mí y los haré pescadores de hombres. Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: vengan en pos de mí y los haré pescadores de hombres. En ese momento los discípulos estaban pescando peces, pero el llamado era para ser pescadores de hombres. Usted y yo estamos para pescar personas, pecadores que necesitan salir del mar de tristeza en el que viven, del mar de soledad, del mar de angustias y desesperación en el que viven, de ahí tenemos que sacarlos y llevarlos al Señor. ¿Alguna vez ha llevado a alguna persona que recibió a Jesucristo como su Señor y Salvador personal?

Eso es muy importante, pero no es suficiente sacar a un pez del agua, hay que descamarlo, hay que sacarle las vísceras, hay que limpiarlo para comerlo. Cuando usted come un pescado, ese pescado se convierte en pastor de la Fráter, lo mismo ocurre con cualquier persona, en ese momento es asimilada, convertida y transformada en el cuerpo de Jesús, es parte del cuerpo de creyentes. Esa persona deja de ser un borracho y se convierte en un hijo de Dios. Deja de ser un adúltero y se convierte en hijo de Dios, deja de ser una señora chismosa y mentirosa y se convierte en una hija de Dios.

Por eso cuando Jesús le dice a Pedro tráeme esos pescados, Pedro no solo fue y trajo uno sino la red completa. Eso es lo que nosotros tenemos que hacer hoy, ir por nuestro trabajo, nuestra escuela, por nuestro club y nuestro barrio, en todo círculo de amigos que tengamos y pescar hombres y mujeres para traerlos a los pies de Cristo. No basta con que una persona venga y se convierta a Cristo, hay que descamarla, hay que quitarle todo lo malo que tiene, porque cuando venimos a Cristo venimos llenos de cosas malas, malas costumbres, abusivos, malcriados, otros venimos orgullosos, llenos de odio, rencor, de dolor, de tristeza, decepciones, destartalados de todo.

Cristo se acercó a sus seis discípulos que estaban pescando y les dijo vengan a desayunar conmigo. Jesús nos invita a desayunar, eso fue lo que Jesús hizo con sus discípulos. Si usted trae a un amigo, una amiga, un familiar, una de las estrategias para traerlos a Cristo es invitarlos a desayunar y después le dice vamos a la Fráter, vas a escuchar a un predicador que te va a gustar. Una vez que esa persona desayuna, come con usted, tiene la oportunidad de platicarle lo que usted pasó, lo mismo que ella está pasando, lo que sufrió como ella, decirle que entiende lo que está pasando, pero gracia a Dios logró superar la muerte de su hijo, la pérdida de sus ahorros en aquellos bancos, en aquellas financieras, pero teniendo a Dios lo demás no importa, porque estando con Dios lo tenemos todo, me ayudó a salir y te ayudará salir y en medio del desayuno lo va a animar, lo va alentar. ¿Por qué estás triste? Porque mi mujer me dejó. Tiene que ayudar a la gente.

Jesús buscó a aquel que lo había negado tres veces. No es fácil, yo sé cómo pensamos nosotros. “Para mí ya estás muerta”, “ya no vuelvo a verte”. “No puedo verte ni en pintura”, “en esta casa el nombre de Federico no se menciona más”. Pero ¿qué hizo Jesús con Pedro? ¿Lo olvidó? No, lo fue a buscar. Si hiciéramos todo el tiempo esto con los parientes y amigos con los que nos peleamos, porque todos tenemos parientes que caen mal, todos tenemos parientes que son problemáticos. Se recuerda la historia de aquella señora que le conté, que decía: cuando los hijos son bebés dan ganas de comérselos, cuando crecen se lamenta uno no haberlo hecho. A veces hasta nuestros propios hijos son el más grande dolor en la vida. ¿Cómo le hacemos con ese hijo pródigo que lo tuvimos aquí en la iglesia, aprendió, fue líder, se fue y ahora está desperdiciando todas las cosas que el Señor le dio? Tenemos que buscarlo como Jesús buscó a Simón Pedro y a sus discípulos.

Lucas 22:61, El Señor se volvió y miró directamente a Pedro. Entonces Pedro se acordó de lo que el Señor le había dicho: “Hoy mismo, antes que el gallo cante, me negarás tres veces. Jesús miró a Pedro el día que lo negó. Somos elocuentes con las miradas, por eso decimos que hay miradas que matan, hay miradas que dan miedo, y miradas que dan cosa. Hay gente criminal que lo mira y usted dice ya me morí. Hay mamás que miran a sus hijos y tiemblan. Se acuerda cómo lo miraba su mamá. Quizá estaba recibiendo una visita y usted haciendo relajo y una mirada de su mamá bastaba, porque sabía que al irse las visitas le iba a caer. ¿Qué clase de mirada le dio Jesús a Pedro? Le ha de haber dicho, no te preocupes Pedro, yo te amo. Acuérdate que te dije que me ibas a negar, pero que había orado para que tu fe no faltara.

Cuando leemos lo que dice 1 Juan: 2:1 entendemos el rol de Jesús hoy día, dice: Mis queridos hijos, les escribo estas cosas para que no pequen. Pero si alguno peca, tenemos ante el Padre a un intercesor, a Jesucristo, el Justo. Hace poco estuve con un funcionario importante, un amigo me dice: ya tenemos cuello. Y yo dije para mis adentros, el cuello lo tenemos todos los cristianos, porque tenemos delante del Padre a Jesucristo quien es nuestro intercesor y cuando cometemos un pecado, Jesús en el cielo le dice al Padre que tenga paciencia con ese pelón, ya vendrá arrepentido, ten paciencia, vas a ver que se va a cumplir el propósito que tienes en él, ten paciencia Señor con esta tu hija, no para, siempre estará amargada. Nosotros haremos que se libre de sus amarguras. Ante el Padre tenemos cuello, tenemos a Jesús Él está intercediendo por nosotros. Usted y yo no podemos pecar en secreto, porque el Espíritu Santo está con nosotros en todos lados. Si usted se mete en un lugar muy escondido, ahí está el Espíritu Santo con usted, Dios lo sabe. Jesús está intercediendo, así como intercedió por Pedro y sus discípulos, intercede por usted y por mí, Dios quiere nuestra salvación, quiere nuestro perdón, quiere nuestra restauración.

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