La religión versus el Evangelio (2015-113) – Radios Fráter
  • abril 12, 2015

La religión versus el Evangelio (2015-113)

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¿Sabe cuántas religiones existen? El último reporte que se publicó en 2005, dice que existen alrededor de 4 mil 200 religiones vivas en el mundo e innumerables religiones extintas. Cuando se busca el concepto de religión, entre varios, dice que “es una colección organizada de creencias, sistemas culturales y cosmovisiones que relacionan a la humanidad a un tipo de existencia”. Las principales son el cristianismo que tiene el 33.06 por ciento de adherentes en todo el mundo, lo musulmanes el 20.28 por ciento, los hindúes el 13. 33 por ciento. Y allí ya cubrimos las dos terceras partes de la población. Aunque el cristianismo está incluido en este dato, un cristiano verdadero debe practicar en el Evangelio más que una religión, una relación personal con Dios. Eso se espera de nosotros, una relación personal, íntima, continua con Dios. Cuando creó al hombre, lo creó con el propósito de tener comunión, amistad, relación con él. Dice el Génesis que Dios descendía cada día para hablar con Adán y Eva, conversaban. Qué privilegio el que tuvieron, hasta que pecaron, ¿culpa de quién? ¿De Adán? ¿De Eva? De los dos. Consecuencia de su pecado fue la expulsión del Edén y se rompió esa relación personal, se rompió esa intimidad y esa comunión con el Creador.

Entonces, el Señor empezó a instruir al pueblo que para ser perdonado de todos sus pecados tenía que existir un sacrificio y ese sacrificio era el que recibía la culpa del hombre, por eso Israel practicó sacrificios todos los días con una oveja o un cordero, un macho cabrío o un buey. Todo esto, porque sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados. Llegó el día en que Juan el Bautista presentó a Jesús delante del pueblo y les dijo: he aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo y entonces vino Jesús, era esperado por los israelitas como un líder político que les iba a devolver la gloria del reino de David, pero no, vino para devolverle al hombre la justicia, vino para devolverle al hombre la relación con Dios. Por eso Jesús se ofreció voluntariamente como sacrificio en la cruz del Calvario, para perdonar nuestros pecados. Claramente dijo en Juan 16:6: Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie llega al Padre sino por mí. Y por eso Jesús es el sumo pontífice, recuerde que pontífice viene del latín pontifex que significa puente, Él fue el puente que descendió del cielo, llegó hasta el suelo para perdonar los pecados suyos y que usted pudiera tener nuevamente relación con Dios, porque Dios es santo, el hombre pecador no puede tener comunión con Dios.

Hasta que Jesús viene y con su sacrificio, obtiene el perdón de sus pecados y lo declara justo y entonces usted ya puede tener buena relación con Dios. Debemos alegrarnos de tener esa buena relación con Dios, porque somos fruto de ese sacrificio. Por eso no podemos vivir motivados por una religión inspirada en el miedo y en el terror sino en una relación inspirada por la fe y en el amor en nuestro Señor. Y eso es lo que necesitamos. Pablo lo presenta de una manera muy clara en Romanos 5:1-11, dice: En consecuencia, ya que hemos sido justificados mediante la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. No hay cosa más terrible que pelearse con la persona que ama y respeta más: su mamá, su pareja, su amigo, no digamos con Dios. Por eso es importante entender esta metáfora que Pablo usa del tribunal a donde se lleva a un reo para ser juzgado, y dice aquí que llega pecador, pero sale justificado. Ser justificado es ser declarado sin culpa, inocente.

Y dice que hemos sido justificados mediante la fe y “tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”. Ya no estamos peleando con Dios, ahora estamos reconciliados con Dios, porque el mediador que es Jesús nos llevó, por eso dice la Biblia que hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo hombre. “También por medio de él, y mediante la fe, tenemos acceso a esta gracia en la cual nos mantenemos firmes. Así que nos regocijamos en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Y no sólo en esto, sino también en nuestros sufrimientos”. Pablo dice que nos regocijamos en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios y no solo en esto sino en nuestros sufrimientos, ¿se regocija usted en sus sufrimientos? Le declaran cáncer y gloria a Dios, aleluya. Qué alegre. Mataron a mi hijo, qué bueno que lo mataron. Es una contradicción aparente, ¿cómo podemos regocijarnos en los sufrimientos? pero esto es muy importante, porque el verdadero Evangelio implica también sufrimiento. Jesús dijo: “si alguien quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, lleve su cruz cada día y sígame” ¿Para qué es la cruz? Para ser sacrificado, para morir.

La vida cristiana implica también sufrimiento. Claro que hay sufrimiento y no se sienta mal y no se sienta como que está fuera de la voluntad de Dios porque sufre. He visto a cristianos legítimos ir a recoger el cadáver de su hijo asesinado, o ir al hospital y ver agonizando a un ser querido. Se sufre a veces persecución. Hay cristianos en el mundo que están sufriendo terribles persecuciones, la quema de sus casas, de sus viviendas, la muerte de sus seres queridos, viven millones como refugiados en distintos países por causa de su fe. Por eso dice Pablo, que nos regocijemos en nuestros sufrimientos, “porque sabemos que el sufrimiento produce perseverancia”. La gente es inconstante, la gente no dura, pero cuando sufre, el sufrimiento le hace desarrollar una calidad de perseverancia y por eso estamos aquí, porque a pesar de los sufrimientos hemos aprendido a perseverar en la fe en Cristo, porque el que persevere hasta el fin, este será salvo, el que persevera alcanza. Sí, hay que correr con paciencia, con constancia la carrera que nos ha sido propuesta. Cualquiera que ha practicado la carrera sabe que hay momentos en los que se siente dolor y ya no se quiere correr, quizás baja un poquito el ritmo, quizás camina un poquito, pero sigue corriendo hasta llegar a la meta.

“La perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza. Y esta esperanza no nos defrauda, porque Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado”. Quiero compartirle una verdad ¿quiere conocer a alguien que tenga entereza de carácter? ¿Qué sea íntegra? ¿Qué sea perseverante? ¿Qué sea madura? ¿Qué sea estable? Le voy a presentar a alguien que ha pasado por grandes pruebas de sufrimiento. La Biblia dice que la prueba de nuestra fe es más preciosa que el oro cuando es probada con fuego. La prueba de nuestra fe es comparable con la prueba del oro. ¿Cómo se hace para saber que el oro está siendo purificado? El oro se purifica con fuego. ¿Quiere ser como oro puro? Deje que le metan fuego, el fuego de la prueba y ahí estará el que está purificando el oro sacando la escoria. Se da un martillazo y ¿qué palabras salen de su boca? Ahí le sale el cobre. Necesita ser purificado en su lenguaje, porque de la abundancia del corazón, habla la boca. Lo que necesitamos no es cambiar la conducta de la gente, lo que necesitamos es cambiar el corazón de la gente. Cuando el corazón de la gente cambia, entonces es otra su manera de ser, vivir y de tratar. Por eso es que pasamos por pruebas para ser aquilatados.

“A la verdad, como éramos incapaces de salvarnos – Nadie puede salvarse a sí mismo y es un pecador, solo Jesús puede salvarlo y eso fue lo que hizo: murió en la cruz del Calvario para salvarlo–, en el tiempo señalado Cristo murió por los malvados. Difícilmente habrá quien muera por un justo, aunque tal vez haya quien se atreva a morir por una persona buena. Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros. Y ahora que hemos sido justificados por su sangre, ¡con cuánta más razón, por medio de él, seremos salvados del castigo de Dios! Porque si, cuando éramos enemigos de Dios, fuimos reconciliados con él mediante la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, habiendo sido reconciliados, seremos salvados por su vida! Y no sólo esto, sino que también nos regocijamos en Dios por nuestro Señor Jesucristo, pues gracias a él ya hemos recibido la reconciliación”.

¿Se habrá reconciliado con alguien alguna vez? A veces nos toca estar en medio de dos personas que amamos, que respetamos, que conocemos, a lo mejor es una pareja de amigos, de esposos o una pareja de socios y que se pelean. ¿Le ha tocado? Nos toca, a veces, hacerla de mediador entre la guerrilla y el ejército o entre una esposa y el esposo, finalmente tenemos éxito y logramos que se pidan perdón, que se den la mano, que se abracen, que se besen y después viven juntos para siempre y muy contentos. Por eso dicen que entre casados y hermanos no hay que meter las manos. Puede ver a un hijo con la nuera, o una hija con el yerno en grandes pleitos y usted sufriendo, pero buscando la reconciliación. Pelearse con la esposa es grave, pelearse con un amigo es difícil pero pelearse con Dios, eso sí es verdaderamente poco recomendable, porque a usted le conviene estar en paz con Dios y la única manera es poniendo su fe en Jesucristo, quien fue el mediador que vino a ponernos en paz a los hombres con Dios, para que podamos disfrutar de Su paz.

Romanos 3:21-26 dice: Pero ahora, sin la mediación de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, de la que dan testimonio la ley y los profetas. Esta justicia de Dios llega, mediante la fe en Jesucristo, a todos los que creen. ¿Cómo llega esta justicia a nosotros? Mediante la fe en Jesucristo a todos los que creen. Por eso es que insistimos, ¿alguien quiere creer en Jesucristo? ¿Alguien quiere confesar con su boca lo que cree en su corazón? porque la Biblia dice que con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Usted es un pecador, la única manera de dejar de serlo es arrepentirse, pidiéndole a Jesús que lo perdone y entonces logra esa justicia. “De hecho, no hay distinción, pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios”. Todos somos pecadores, todos hemos pecado, el que piensa que no es pecador está loco. Todos estamos en la misma condición y todos privados de la gloria de Dios.

El ser humano no puede tener la gloria de Dios, no puede entrar a la gloria de Dios, porque está sucio, está contaminado, está infectado por el pecado, aquí está el pero, “pero por su gracia son justificados gratuitamente mediante la redención que Cristo Jesús efectuó”. ¿Para ser justificado, tiene que entrar en la plaza que tenemos enfrente y entrar de rodillas para que el Señor perdone sus pecados? ¿Para ser justificado tiene que hacer penitencia, ponerse una corona de espinas, espinas en todo el cuerpo y andar sufriendo para que sea justificado? ¿Qué tiene que hacer para ser justificado? Nada, porque Cristo ya lo hizo por usted Cristo ya murió en la cruz por usted.

En las religiones se nos enseña a hacer muchas cosas, para ganarnos el favor de Dios. Usted no se gana el favor de Dios, usted acepta el favor de Dios, usted recibe el perdón de Dios. No tiene que hacer nada para ganarse a Dios, Dios lo ganó a usted, a pesar de ser pecador, Él le amó. Trasladémoslo a la familia. Siempre ha tenido un hijo obediente. Usted ama a ese hijo, por eso la parábola del hijo pródigo es tan impresionante, porque el papá nomás vio que su hijo venía en el camino salió con los brazos abiertos a recibirlo, porque esa es una ilustración de la gracia de Dios. Él nos ama, no porque estemos bien vestidos, no porque seamos gente de alcurnia o porque tengamos mucho conocimiento. Nos ama a pesar de lo malo que somos. Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna (Juan 3:16).

Sigamos con Romanos, pero por su gracia son justificados gratuitamente”. ¿Tengo que pagar algo para ser salvo? La justificación, la gracia es gratis. Claro, para nosotros es gratis, para Dios le costó el sacrificio de Su Hijo. “Dios lo ofreció como un sacrificio de expiación que se recibe por la fe en su sangre, para así demostrar su justicia. Anteriormente, en su paciencia, Dios había pasado por alto los pecados; pero en el tiempo presente ha ofrecido a Jesucristo para manifestar su justicia. De este modo Dios es justo y, a la vez, el que justifica a los que tienen fe en Jesús”. No tenemos que estar agregando un montón de requisitos para tener esa buena relación con Dios, más de los que Dios nos establece.

El pastor Tim Keller, de la iglesia Redeemer en Nueva York, en su libro Iglesia Centrada, utiliza una tabla para explicar esta diferencia entre vivir una vida a la luz del Evangelio y una vida motivada por la religión. Número uno, “obedezco y luego soy aceptado”, pero un vida motivada por el Evangelio, dice, “soy aceptado, luego obedezco”. Por su obediencia, usted no se va a ganar la aceptación con el Señor, usted es aceptado así como viene, con todas sus mañas, con todos sus vicios, con todos sus errores, con todos sus temores, tal como usted le dice Dios: te adopto como mi hijo, yo te voy a transformar, yo te voy a quitar ese vestido sucio y te voy a poner uno blanco, yo te voy a quitar esa suciedad de los pies y te voy a poner sandalias, te voy a quitar esa miseria que tienes y te pondré un anillo para que tengas autoridad. El Señor nos acepta, luego somos obedientes. Todo el pueblo en el Antiguo Testamento, el pueblo de Israel, no pudo obedecer la ley, nadie. Ninguno de los profetas en la antigüedad, ninguno de los reyes, ninguno de los sacerdotes en la antigüedad pudo cumplir toda la ley, porque quebrantaban algún mandamiento y entonces eran culpables de incumplirlos todos, hasta que vino el Espíritu Santo, después que Jesús pagó el precio en la cruz y dice que escribió la ley en nuestros corazones para darnos la capacidad de cumplir la ley. Primero es aceptado como un hijo de Dios y luego el Señor le da la capacidad para que usted sea obediente.

En segundo lugar, una vida motivada por la religión “se basa en el miedo y en la inseguridad. Una vida motivada por el Evangelio se basa en una motivación de un gozo agradecido”. Mucha gente profesa una religión, porque tiene miedo. La religión del miedo, una religión de mucha sangre, de muchos puñales, de mucho miedo: el infierno, que sí existe, pero nuestra vida no debe ser motivada por el miedo y la inseguridad. Pequé, ahora me voy al infierno. Pequé, ahora tengo miedo del juicio. Pequé y ahora tengo una culpabilidad y voy a ser destruido, voy a ser juzgado por Dios. Nuestra vida en el Evangelio está motivada por el gozo y el agradecimiento de que el Señor nos ha adoptado como sus hijos y nos ha de librar de toda culpabilidad.

Número tres, si usted está motivado por la religión, dice, “obedezco a Dios para conseguir cosas de Él. Si está motivado por el Evangelio usted dice: obedezco a Dios para conseguir deleitarme en Él y parecerme a Él”. En vez de tener un deseo de conseguir cosas de Dios. Usted lo que quiere es deleitarse en Dios y parecerse a Dios. ¿Sabe usted cuando lo invitan a una casa si de veras la gente se está deleitando con usted? He estado en casas donde no me quieren ver ni en pintura. Quizá uno sí quería que estuviera ahí y por eso me invitó, pero el resto me quería ver, pero fuera de la casa, lo más lejos posible, no se están deleitando con mi presencia. He estado en otros lugares donde sé que la gente se deleita con mi presencia. Se nota desde que se llega y la forma cómo lo saludan, cómo le dan la mano, cómo lo reciben, cómo lo atienden, cómo lo sirven, cómo lo miran a los ojos. Así se sabe que se están deleitando en usted. Permítame preguntarle ¿usted está aquí sentando deleitándose en el Señor? O ¿está sentado porque la suegra lo trajo?

Dios sabe si usted está aquí y sí se está deleitando en Él o está pendiente del tiempo que resta para terminar. Si aprendemos a deleitarnos en Dios nuestra motivación va a ser diferente, vamos a querer parecernos a Él, va a ser nuestro modelo, la imagen de lo que realmente queremos llegar a ser. Los hijos chiquitos por lo general quieren ser como sus papás, luego crecen y ya les da vergüenza. Nuestro deleite debe ser parecernos a nuestro Padre celestial. Cuando en el crisol se saca la escoria y va quedando el oro líquido, una de las maneras antiguas para saber que ese oro ya estaba purificado, era que usted podía ver ese oro líquido y se podía reflejar su imagen. ¿Qué imagen está esperando Dios ver en nosotros? La de Él, pero cuando todavía ve una imagen de alguien enojado, impaciente, codicioso, peleonero, avaro, borracho, dice, hay que darle otro poco de fuego hasta que se parezca a mí. Nuestro deleite debe ser parecernos a Dios nuestro Señor.

Otra comparación, “cuando las circunstancias de mi vida no van bien me enojo con Dios o conmigo mismo”, porque creo, como los amigos de Job, que todo lo que es bueno, todo el que es bueno merece vida placentera. Y esta es una de las equivocaciones que tenemos en la vida cristiana. Soy cristiano y por lo tanto merezco todo lo bueno, porque yo merezco mejor carro, merezco la mejor casa, las mejores joyas, mejores viajes, merezco, merezco, pero en la vida cristiana no siempre las circunstancias son muy buenas. Dice que cuando la vida es motivada por el Evangelio pensamos así: “cuando las circunstancias de mi vida no van bien, lucho, pero sé que si bien Dios puede permitir que eso me suceda para capacitarme, me hará sentir su amor paternal durante mi sufrimiento”.

Es triste ver sufrir a un hijo, cuando ha invertido toda la plata que usted le prestó y la pierde. Pero qué podemos hacer. ¿Por eso lo deja y lo abandona? No, usted lo acompaña. Veamos lo que dice Isaías 43:1-2, Pero ahora, así dice el Señor, el que te creó, Jacob, el que te formó, Israel: «No temas, que yo te he redimido; te he llamado por tu nombre; tú eres mío. Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te cubrirán sus aguas; cuando camines por el fuego, no te quemarás ni te abrasarán las llamas. Pero el Señor no dice: no pasarás por el fuego, no vas a pasar por el río. El Señor dice: cuando te lleve el río, yo voy a estar contigo. Vas a sentir que te ahogas, vas a sentir que te mueres, vas a sentir que la vida se te acaba, pero no te preocupes, yo estaré contigo.

Una vida motivada por la religión dice: “cuando me critican, me siento enojado o devastado porque para mí es esencial pensar que soy una ‘persona buena’. Las amenazas a esa imagen de mí mismo deben ser destruidas a toda costa”. Más de alguna vez hemos sido criticados. A lo mejor usted me ha criticado, pero cuando nuestra vida está motivada por la religión, piensa que su imagen es tan importante que uno tiene que destruir esa crítica, pero he aprendido a través de la vida que la crítica es para mi bien, no para destruirme, y la pregunta que hay que hacer es ¿es cierto o no es cierto lo que dicen? Porque si es cierto, mi responsabilidad es corregir lo que me están criticando, pero si no es cierto, el Señor me va a librar de esa lengua, y me ha librado a través de todos estos años. No se preocupe por su imagen, deje que Dios se preocupe por ella, Él va a salir adelante a decir este es mi hijo, yo lo escogí, lo amo así como es. Ustedes ¿qué? Si yo quiero bendecirlo ¿qué?

Por eso una vida motivada por el Evangelio dice: “cuando me critican, aunque lucho, no es esencial que piense que soy una ‘persona buena’. Mi identidad no se fundamenta en mi actuación sino en el amor que Dios me tiene en Cristo”. No debemos preocuparnos en pensar si somos buenas personas, debemos pensar que somos lo que somos por la gracia de Dios. Somos lo que somos por el amor de Dios. Usted es lo que es, porque Dios lo ama y lo ha bendecido. Así lo critiquen, seguirá siendo para Dios, objeto de su amor. En una vida motivada por la religión, “mi vida de oración consiste principalmente en peticiones y solo soy ferviente cuando estoy en necesidad. El objetivo principal de mi oración es controlar las condiciones que me rodean”. Está viendo que alguien es secuestrado y usted se va volver muy espiritual. He oído de gente que fue secuestrada que me dice: allá me acordé de todos los salmos que sabía, que no eran muchos. Y la familia del secuestrado se vuelve espiritual. En su casa hay oraciones mañana, tarde y noche. Hay alabanza mañana tarde y noche, hay ayuno, hay dedicación, hay perdón de pecados, arrepentimiento. La gente cuando está en gran necesidad, se consagra, las oraciones son para peticiones.

En cambio en una vida motivada por el Evangelio, dice, “mi vida de oración consiste en momentos abundantes de alabanza y adoración. El objetivo principal de mi oración es tener comunión con Él”. En vez de estar pidiéndole al Señor, debe estar agradeciéndole, adorándole, bendiciéndole. ¿Qué hacen los papás cuando sus niños salen en el colegio cantando, bailando o declamando? Yo los miro tirados en el piso tomándoles video, tomándoles fotos, grabando, Cuando usted canta a Dios, ora a Dios, créame, puede ser el más desafinado de todos, pero Dios como padre suyo que es se goza de oírlo cantar. Sí, quizás nunca lo pondremos a cantar aquí, pero sí puede cantar allá en su ducha, en su sala, en su dormitorio y adorar a Dios, amar a Dios. Pero es importante que usted aprenda a alabar a Dios, adorarle, deleitarse en Él. El Salmo 37:4 dice Deléitate en el Señor, y él te concederá los deseos de tu corazón. Deléitese en el Señor y de rodada Él va a decir: cómo me cae de bien este patojo, cómo me agrada, cómo me busca, cómo me canta, cómo me alaba, cómo me adora, a propósito ¿cuál era la marca del carro que quería? ¿De qué se quería graduar? ¿Se quería casar? ¿Qué clase de mujer quería? Ahí va el Señor concediéndole los deseos de su corazón.

Una vida motivada por la religión, dice, “la visión de mí mismo oscila entre dos polos. Sí, cuando vivo a la altura de mis estándares me siento seguro, pero entonces tiendo a ser orgulloso y antipático con la gente que fracasa. Sí, cuando no vivo a la altura de los estándares, me siento humilde aunque inseguro me siento fracasado”. Pero una vida motivada por el Evangelio piensa: “la visión de mí mismo no se basa en una visión propia como alguien que alcanza logros morales. En Cristo soy pecador y perdido a la vez, pero aceptado. Soy tan malo que Él tuvo que morir por mí, y soy tan amado que Él gustosamente murió por mí. Esto me hace ser más humilde y sentirme más seguro, sin ser llorón ni jactancioso”. Sabemos que usted es pecador, que es malo, pero Dios lo ama. Aunque yo no quiera, Dios lo ama. Aunque su mujer no quiera, Dios lo ama. Aunque su suegra no lo quiera, Dios lo ama, y eso le debe dar seguridad, porque su identidad está basada en que Dios le acepta y le ama.

Le comparto Efesio 2:8-10: Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte.Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica. Somos salvos, por fe, no por obras sino fuimos salvados para hacer buenas obras. Nadie se salva por las obras que hace, pero todos hemos sido salvados para hacer buenas obras.

 

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