La lepra de Naamán (código 2015- 243) – Radios Fráter
  • agosto 9, 2015

La lepra de Naamán (código 2015- 243)

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Más de alguna vez nos hemos enfermado, todos nos enfermamos, se enferma el rico, se enferma el pobre. Las enfermedades llegan a nuestra vida cuando menos nos lo imaginamos. Hoy hace ocho días me estaba recuperando de una faringitis, no había sentido un dolor tan agudo en la garganta desde hacía muchos años, tan agudo que una noche apenas dormí una hora con nueve minutos, 30 segundos. Pero gracias a Dios que las enfermedades pasan, pero hay enfermedades que dan un poco más de pena contarlas, las de la piel, por ejemplo. A nadie la gusta enseñar un gran hongo que tiene en el brazo o un pie de atleta. Enfermedades como la lepra no son enfermedades agradables, al extremo que al leproso en Israel lo aislaban totalmente por temor a la contaminación física  y espiritual.

La Biblia nos cuenta de un hombre lleno de prestigio, de alta posición, de mucha opulencia y de gran influencia en el reino en el cual trabajaba, pero tenía lepra. Cuando alguien tiene lepra, todo lo demás cae en un segundo plano. El diablo dijo en una ocasión, y se lo dijo a Dios, hablando de Job: todo lo que el hombre tiene lo dará por su vida. Y por eso aquella frase: “ahí va Romeo, gastó su juventud en hacer dinero, luego gastó su dinero en recuperar su salud. Ahí va Romeo sin salud y sin dinero en un ataúd”. Esa es la triste y verdadera realidad de la vida. Gastamos la juventud en hacer plata, después gastamos la plata para recuperar la  salud y luego morimos sin dinero y sin juventud. Por eso es muy importante, si usted tiene plata la comparta, con nosotros, con sus hijos, en el reino de Dios. La utilice para ayudar al necesitado, antes que llegue el día como decimos en uno de nuestros idiomas ixkamik.

Abra su Biblia en 2 Reyes 5:1-27 “Naamán, jefe del ejército del rey de Siria, era un hombre de mucho prestigio y gozaba del favor de su rey porque, por medio de él, el Señor le había dado victorias a su país. Era un soldado valiente, pero estaba enfermo de lepra. En cierta ocasión los sirios, que salían a merodear, capturaron a una muchacha israelita y la hicieron criada de la esposa de Naamán. Un día la muchacha le dijo a su ama: «Ojalá el amo fuera a ver al profeta que hay en Samaria, porque él lo sanaría de su lepra.» Naamán fue a contarle al rey lo que la muchacha israelita había dicho. El rey de Siria le respondió: —Bien, puedes ir; yo le mandaré una carta al rey de Israel.

Mire hasta donde llega el mensaje de una empleada de oficios domésticos. Dios usa a todas las personas que se dejan ser usadas por Él. Esta era una esclava sirviendo de criada en la casa de Naamán, así que no importa la posición socioeconómica que usted ocupe, cuando usted conoce a Dios, usted tiene algo que los demás no tienen, aunque sean los más ricos del reino, porque el que tiene a Cristo, tiene la verdadera riqueza que debemos aspirar a tener. El que conoce a Dios tiene el conocimiento más grande que podamos tener.

Esta criada, ni el nombre tenemos de ella, no tenía la opulencia ni el prestigio, ni la influencia, ni el poder que tenía Naamán y su señora, pero tenía algo más importante: conocía el poder de Dios. Si no tiene los millones que tienen los Novella o los Gutiérrez o los Botrán o los Gates no se preocupe, porque usted es hijo del dueño del oro y la plata de todo el universo y está bien conectado con la sabiduría de Dios. Y con lo que sabe puede ayudar al más rico, que al pobre. Por supuesto que Dios usa al rico para bendecir al pobre y lo lleva a ser un instrumento de paz. Eso pasó con Naamán al final, se convirtió en otro mensajero de Dios, Dios usa a la criada, usa al potentado, toda vez que ambos reconozcan el señorío de Dios en sus vidas.

Así que el rey de Siria le respondió, versículo 5, —Bien, puedes ir; yo le mandaré una carta al rey de Israel. Y así Naamán se fue, llevando treinta mil monedas de plata, seis mil monedas de oro y diez mudas de ropa. Eso era lo que tenía nada más. Un día el apóstol Pedro subió al templo, vio a un hombre cojo y le dijo: no tengo plata ni oro, pero lo que tengo  te lo doy, en el nombre de Jesús levántate. Pero cuando tenemos miles de monedas de plata, miles de monedas de oro y ciento de mudadas de ropa, eso es lo que tenemos para dar y si usted es eso lo que tiene delo, la Biblia dice que el que tiene el don de hacer la plata que sea generoso en compartirla. Eso es lo que Dios les ha dado algunos: el don de hacer mucha plata. El hombre era generoso, no hay duda, iba preparado para dar lo que tenía.

Versículo 6: La carta que le llevó al rey de Israel decía: «Cuando te llegue esta carta, verás que el portador es Naamán, uno de mis oficiales. Te lo envío para que lo sanes de su lepra.» 7 Al leer la carta, el rey de Israel se rasgó las vestiduras y exclamó: « ¿Y acaso soy Dios, capaz de dar vida o muerte, para que ese tipo me pida sanar a un leproso? Ahí es donde nos equivocamos los cristianos, nos creemos dios solo porque Dios usó muestras manos. Las pusimos en un enfermo y este sanó, por eso ya nos creemos la gran cosa, hasta queremos que las gente nos haga reverencia, que nos haga pleitesía y nos reconozca como que somos la gran cosa, el apóstol Pablo con los nueve dones del Espíritu colgando en nuestro pecho.

Si Dios lo usa para sanar a un enfermo, dele la gloria a Dios, porque a veces va a poner la mano en un enfermo y en vez de sanar se va a morir. A mí me ha pasado, he orado por enfermos que se han muerto y por todos los enfermos que he orado y han sanado  también se han muerto, porque todos se mueren. Está establecido que todos se mueren, por cuanto todos pecaron están destituidos de la gloria de Dios. Dice la Biblia que la paga del pecado es muerte. Es muy importante entender lo que este rey de Israel dijo: « ¿Y acaso soy Dios, capaz de dar vida o muerte? No, no somos dioses, pero creemos en el Dios todo poderoso y Él sí puede a través de nosotros, en el nombre de Jesús,  sanar enfermos, echar fuera demonios, resucitar a los muertos, transformar vidas. Déjese usar, si se muere no importa, imponga manos, ore por el enfermo.

Un día estaba un miembro de nuestra iglesia muy grave en el hospital y un pastor muy reconocido, que ya descansó en los brazos del Señor ya estoy en esa época en la que cuento de los que ya se murieron, estoy vivo de milagro—, me dice qué hago yo cuando hay una persona como esa, cristiana, líder de la iglesia, buena persona, sierva del Señor, oramos, ayunamos y de todos modos no se cura, ¿qué hace? Le respondo, cuando se curan le doy la gloria a Dios y cuando no se curan le doy el descredito a Dios. Yo, no soy Dios, solamente soy un siervo del Señor. Yo traigo el mensaje del Señor y Él es quien respalda Su Palabra, pero le puedo asegurar que se cumple lo que dice la Escritura: sea Dios veraz y todo hombre mentiroso, Dios siempre cumple Su Palabra y por eso viva confiado que el Señor estará a su lado siempre.

¡Fíjense bien que me está buscando pleito!» Cuando Eliseo, hombre de Dios, se enteró de que el rey de Israel se había rasgado las vestiduras, le envió este mensaje: « ¿Por qué está Su Majestad tan molesto? ¡Mándeme usted a ese hombre, para que sepa que hay profeta en Israel!» Así que Naamán, con sus caballos y sus carros, fue a la casa de Eliseo y se detuvo ante la puerta. Entonces Eliseo envió un mensajero a que le dijera: «Ve y zambúllete siete veces en el río Jordán; así tu piel sanará, y quedarás limpio.» Naamán se enfureció y se fue, quejándose: « ¡Yo creí que el profeta saldría a recibirme personalmente para invocar el nombre del Señor su Dios, y que con un movimiento de la mano me sanaría de la lepra!

El hombre era importante en su reino, era un referido del rey. El profeta qué hace cuando llega la gran caravana de carros cargados, hoy hubieran llegado varias Suburban. El profeta ni siquiera salió a saludarlo. Cualquiera hubiera dicho que era mal educado, qué descortés, qué desatento. En lugar de atender bien a este, tiene pisto. Pero no. solo mandó al mensajero que le dice vaya a  bañarse al Jordán, métase siete veces y se va a curar.

Se molestó. No se moleste usted si un día viene aquí y quiere que el Pastor Jorge H. López le imponga manos y le saque los demonios, porque le va a enviar a otro más feo que lo atienda, a otro más joven, más viejo, pero lo que sí les puedo decir que todos los que estamos aquí tenemos autoridad que Dios nos ha dado. La unción no está centralizada en el pastor, la unción está repartida en todo el cuerpo de creyentes, por eso es que ya no ando de casa en casa, como en los primeros años, orando, visitando, enseñando, porque ahora hay cientos de grupos por las casas y están cada uno por la calles o en las casas compartiendo Palabra del Señor.

El día que yo me muera esto no se va a acabar, porque usted ya aprendió a hacerlo y la obra del Señor va a seguir adelante, porque hay muchos que han aprendido y usted es uno de ellos. Mi labor ha sido equipar a la iglesia, para la obra del ministerio, pero ¿qué pasó con este? Se fue, militar, sirio, se enojó. Si se ha enojado alguna vez porque según usted no lo atendieron con la debida importancia, porque es la gran cosa, además viene de oriente. Naamán se enfureció y se fue, quejándose: « ¡Yo creí que el profeta saldría a recibirme personalmente para invocar el nombre del Señor su Dios, y que con un movimiento de la mano me sanaría de la lepra! ¿Acaso los ríos de Damasco, el Abaná y el Farfar, no son mejores que toda el agua de Israel? ¿Acaso no podría zambullirme en ellos y quedar limpio?» Furioso, dio media vuelta y se marchó. Entonces sus criados –note, otra vez los criados, no tenían la plata del general, pero tenían sabiduría- se le acercaron para aconsejarle: «Señor, si el profeta le hubiera mandado hacer algo complicado, ¿usted no le habría hecho caso? ¡Con más razón si lo único que le dice a usted es que se zambulla, y así quedará limpio!» Así que Naamán bajó al Jordán y se sumergió siete veces, según se lo había ordenado el hombre de Dios. ¡Y su piel se volvió como la de un niño, y quedó limpio!

¿Valdrá la pena seguir instrucciones del hombre de Dios? ¿Valdrá la pena seguir instrucciones de la Palabra de Dios? Cuando se siguen las instrucciones de la Palabra del Señor, le va bien. La Biblia dice, por ejemplo en Malaquías 3:10, Traigan íntegro el diezmo para los fondos del templo, y así habrá alimento en mi casa. Pruébenme en esto —y vean si no abro las compuertas del cielo y derramo sobre ustedes bendición hasta que sobreabunde. Pero usted no suelta el diezmo, sigue más agarrado que una viejita bajando las escaleras. Si seguimos las instrucciones del Señor nos va a ir bien. La  Biblia dice si tú vienes, si traes tu ofrenda al altar y ahí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, ve con él a solas, entra en paz con él y entonces vuelve y presenta tu ofrenda.

Pero usted viene, aquí encuentra al hermano con el que tiene pleito y entonces solo cambia de pasillo y se va por otro, da la vuelta como Naamán enfurecido y cambia de lugar. En vez de seguir las instrucciones, la Biblia dice si están enojados no dejen que se acabe el día antes de resolver el enojo, pero lo que usted hace es no resolver el enojo, se acuesta con su mujer enojado, ella enojada y los dos dan la media vuelta. Están en la cama espalda con espalda, pero recuerden que el silencio duele más que la distancia.

Cuando se siguen las instrucciones del Señor, se tiene éxito. Ahí estaba el bravo sirio sano. Hubiera querido verle la cara al hombre y a los criados que le decían: se lo dije, se lo dije. 15 Luego Naamán volvió con todos sus acompañantes y, presentándose ante el hombre de Dios, le dijo: —Ahora reconozco que no hay Dios en todo el mundo, sino sólo en Israel. No solos la criada que tenía en su casa lo reconocía, ahora él también reconocía al Dios Todopoderoso.  Le ruego a usted aceptar un regalo de su servidor. Pero Eliseo respondió: — ¡Tan cierto como que vive el Señor, a quien yo sirvo, que no voy a aceptar nada! Y por más que insistió Naamán, Eliseo no accedió.  —En ese caso —persistió Naamán—, permítame usted llevarme dos cargas de esta tierra, ya que de aquí en adelante su servidor no va a ofrecerle holocaustos ni sacrificios a ningún otro dios, sino sólo al Señor. Y cuando mi señor el rey vaya a adorar en el templo de Rimón y se apoye de mi brazo, y yo me vea obligado a inclinarme allí, desde ahora ruego al Señor que me perdone por inclinarme en ese templo.  —Puedes irte en paz —respondió Eliseo.

Qué bonito es vivir la vida sin tener amor al dinero, Eliseo tenía una relación tal con Dios y ha de haber tenido suficiente plata que dijo  no le voy a recibir nada a este señor, esto viene del extranjero. Recuerdo un día, me senté frente a un joyero famoso en Guatemala, al que le habían, en un accidente, quebrado los dos fémures, lo habían casi desahuciado que jamás iba a caminar y me tocó irlo a visitar, era hijo de una señora que estaba empezando a venir a la iglesia y llegué a su casa. Logré orar por él, estaba amargado, resentido y discapacitado. El señor lo sanó y se levantó y empezó a venir a la iglesia y antes de aceptar a Cristo empezó  a diezmar, se convirtió en un hombre que no podía darse el lujo de dejar de diezmar. Un día visitándolo en su joyería me dijo: quiero darle esto, una pulsera que cargaba, de oro, muy linda. No gracias, les dije, no se la puedo recibir. ¿Por qué?  Porque no me la voy a poner, no uso esas pulseras. Se quedó desconcertado, pero a veces es bueno seguir el ejemplo de Eliseo y decirle a la gente: no gracias.

Hay cosas que regaladas no salen bien. Se logra mantener una mejor postura en su dignidad, en su autoridad y en su realidad. Eliseo pudo haber aceptado las 30 mil monedas de plata y los miles de monedas de oro, y las mudadas de ropa, pero ha de haber pensado: no lo necesito. Quiero darle una lección a este hombre que nadie puede comprar el favor de Dios. Dios nos favorece, no por lo que le damos sino porque a Él le da la gana favorecernos. Dios nos ama, no porque le damos sino porque Él quiere bendecirnos.

Eso es gracia, gracia es recibir un favor inmerecido. Usted merecía la muerte, pero Dios lo

tiene vivo y con vida eterna, porque esa es la gracia de Dios: dar lo mejor del cielo, para

rescatar lo peor del suelo.

Eso es lo que pasó con Jesús, vino a esta Tierra para salvarnos, perdonarnos, transformarnos y nosotros no podemos pagar ni comprar la salvación, que es por fe, por gracia no por obras, por eso desde la criada hasta el magnate más poderoso pueden ser salvos, porque la gracia de Dios alcanza a todo el espectro de la sociedad. Por eso Juan 3:16 dice »Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios amó al mundo, a todos, desde el más pobre hasta el más rico, desde el pecador más insignificante hasta el pecador más notable.

Naamán se fue, y ya había recorrido cierta distancia cuando Guiezi, el criado de Eliseo, hombre de Dios, pensó: «Mi amo ha sido demasiado bondadoso con este sirio Naamán, pues no le aceptó nada de lo que había traído. Pero yo voy a correr tras él, a ver si me da algo. ¡Tan cierto como que el Señor vive!»  Así que Guiezi se fue para alcanzar a Naamán. Cuando éste lo vio correr tras él, se bajó de su carro para recibirlo y lo saludó. Respondiendo al saludo, Guiezi dijo: —Mi amo me ha enviado con este mensaje (¿lo había mandado su amo? No. Ese es un concepto de un falso profeta, un falso profeta es uno que no ha sido enviado, todo profeta de Dios, todo hombre de Dios siempre será enviado, no se auto envía, es enviado): “Dos jóvenes de la comunidad de profetas acaban de llegar de la sierra de Efraín. Te pido que me des para ellos tres mil monedas de plata y dos mudas de ropa.” —Por favor, llévate seis mil —respondió Naamán, e insistió en que las aceptara.

Echó entonces las monedas en dos sacos, junto con las dos mudas de ropa, y todo esto se lo entregó a dos criados para que lo llevaran delante de Guiezi. Al llegar a la colina, Guiezi tomó los sacos y los guardó en la casa; después despidió a los hombres, y éstos se fueron. Entonces Guiezi se presentó ante su amo. —¿De dónde vienes, Guiezi? —le preguntó Eliseo. —Su servidor no ha ido a ninguna parte —respondió Guiezi. Eliseo replicó: — ¿No estaba yo presente en espíritu cuando aquel hombre se bajó de su carro para recibirte? ¿Acaso es éste el momento de recibir dinero y ropa, huertos y viñedos, ovejas y bueyes, criados y criadas? Ahora la lepra de Naamán se les pegará ti y a tus descendientes para siempre.

¿Qué ganó Guiezi? Lepra y no solo él, toda su descendencia. Noten, todo lo que nosotros hacemos, puede ser de mucho bien o de mucho mal para la familia. Usted puede decir ese Guiezi es un aprovechado, usted es igual, usted también es leproso, ¿nunca ha cometido un pecado? ¿Cuántos hemos cometido al menos un pecado en la vida? ¿Cuántos hemos cometido por lo menos un millón de pecados en la vida? Todos somos pecadores, usted, él, yo, nosotros, todos somos leprosos, así que tenemos un común denominador. Los seres humanos, todos somos leprosos. El pecado es tan desagradable tan vergonzoso, tan horrible como una lepra. Todos tenemos lo que podemos llamar una lepra moral, una lepra espiritual.

Así es fácil juzgar a los que capturó el Ministerio Público, porque los investigó la Cicig y los tienen ligados a un  juicio. A usted no lo han descubierto todavía, pero todos tenemos nuestro pecadón o pecadillo, pecadazo, o pecado como le quiera llamar. Desde que Adán y Eva pecaron  tendemos hacia el mal. Todos los que hemos nacido desde Adán y Eva para acá, ya venimos con ese germen de la lepra del pecado en nuestro ser. Pecado es rebelarnos ante los caminos y la voluntad perfecta de Dios. Toda la maldad que vive nuestra sociedad, tiene su origen en el pecado. Toda la violencia, todo el irrespeto, todo el robo, la codicia. Secuestro, la pedofilia, la trata de personas. Todo tiene su raíz en el pecado. Para encontrar la cura a nuestra lepra espiritual, debemos reconocer que estamos enfermos.

Naamán no era una de estas personas que creen en la súper fe, no era de los que dicen la verdad todo el tiempo, era de los que decían que no tenían lepra, se curó hasta que reconoció que la tenía. Si usted no reconoce su situación, no puede resolverla. Me gusta como se creó el programa de los Alcohólicos Anónimos, doce pasos. El primero es reconocer que se es alcohólico. Mientras una persona no reconoce su situación, no la pueden ayudar ni los mismos alcohólicos. Tiene que reconocer y pasar al frente y decir: yo me llamo fulano de tal y soy alcohólico. Cuando ya reconoce su condición, entonces lo pueden ayudar.

Pasaba horas y días enteros tratando de ayudar a alcohólicos hasta que aprendí que no se puede ayudar a ninguno hasta que reconozca que es alcohólico. Aquellos que se declaran “bebedores sociales” seguirán siendo bolos toda la vida. Yo solo me tomo una cuando estoy solo y otra cuando estoy acompañado, ese nunca se va a componer. Igual ocurre con el pecado, mientras la persona no reconozca que es un pecador, no puede recibir el favor de Dios. Así que paso número uno, para liberarse de la lepra espiritual, es reconocer que tenemos pecado, reconocer que somos pecadores.

Romanos 3:10-18, “Así está escrito: «No hay un solo justo, ni siquiera uno; no hay nadie que entienda, nadie que busque a Dios. Todos se han descarriado, a una se han corrompido. No hay nadie que haga lo bueno; ¡no hay uno solo!» «Su garganta es un sepulcro abierto; con su lengua profieren engaños.» « ¡Veneno de víbora hay en sus labios!» «Llena está su boca de maldiciones y de amargura.» «Veloces son sus pies para ir a derramar sangre; dejan ruina y miseria en sus caminos, y no conocen la senda de la paz.»  «No hay temor de Dios delante de sus ojos.» Por eso matan, por eso roban, engañan, son corruptos, por eso hay tanto pecado y mal en la sociedad.

Para encontrar cura a nuestra lepra espiritual debemos reconocer que no podemos pagar por el tratamiento. Eliseo le dijo a Naamán no te recibo plata, lo que te pido es que obedezcas la Palabra que el Señor te ha dado: ve y zambúllete. Igual, usted puede venir y decir, aquí traigo un millón de dólares para recibir el don de Dios. Puede traer cien millones de dólares, cien millones de marcos, cien millones de yenes y traerlos a la iglesia, pero no puede obtener así el perdón de sus pecados. En cambio pude venir sin ni un centavo y decir: Señor, cómo puedo, si no tengo cómo pagarte. Igual, Dios va a perdonar al pobre y al rico siempre que ambos reconozcan su necesidad, como hizo el publicano en el templo, cuando junto con el fariseo estaban orando. El fariseo decía, Señor, te doy gracias como ese publicano, yo ayuno dos veces por semana, yo diezmo de todo lo que poseo, yo sí soy bueno, no cometo adulterio, yo soy espiritual. El publicado decía: Señor, ten piedad de mí, pecador. Cuando reconoce que es un pecador, el señor lo perdona. Después puede traer todos los millones que quiera, que Él se los va a aceptar, pero eso es ya parte de su gratitud hacia Dios y su generosidad que como hijo de Dios va a tener.

Para encontrar la cura a nuestra lepra espiritual, debemos reconocer que no podemos pagar por su tratamiento. Naamán recibió la bendición del rey para ir a buscar al profeta Eliseo, pero llevó mucho dinero y Eliseo no le aceptó ni un centavo para que aprendiera que el favor de Dios es gratis. En este mundo el dinero tiene poder, en el cielo ya no lo tiene, cuando se muera cree que va a llegar a la puerta del cielo y decir: San Pedro déjame entrar, aquí te traje y le muestra fajos de dinero. Para empezar, su pisto no puede irse con usted, cuando se muera todos su dinero aquí se va a quedar, sus yernos con una sonrisa, sus nueras felices, sus hijos y nietos realizados, ya se les hizo. Se murió el dueño del pisto, repartámoslo, disfrutémoslo. Por eso goce lo que tiene, disfrute de lo que tiene, pero sepa que cuando se muera, aquí se quedan con todo y cuando usted despierte ante la presencia de Dios va a ser más rico de lo que pudo ser en la Tierra, porque va a estar en la presencia del Señor y va a caminar en calles de oro.

Allá el oro es asfalto para calles. Sí, el dinero en la Tierra tiene poder, pero en el cielo no lo tiene. Ni las buenas obras pueden comprar el perdón de Dios, podrá encontrar el perdón de Dios por la gracia y por la fe y luego va a hacer muchas buenas obras, porque cuando nosotros nacemos de nuevo es para hacer buenas obras. No es que hagamos buenas obras para ser salvos. Somos salvos para hacer buenas obras. La vida no es una balanza en la que sumamos buenas con malas obras. La cura para la lepra espiritual del pecado es tan cara, que no se puede pagar. Para encontrar la cura a nuestra lepra espiritual debemos morir al orgullo y correr a la cruz de Cristo.

Naamán, el gran general, que aceptó la instrucción del profeta sin verlo y al fin obedeció, fue curado, por eso dice Santiago 4:6 Pero él nos da mayor ayuda con su gracia. Por eso dice la Escritura: “Dios resiste a los orgullosos, pero da gracia a los humildes. Usted se cree la gran cosa, ¿qué cree que hace Dios con usted que es orgulloso? Lo resiste. El apóstol dijo resistan al diablo y huirá de ustedes. Igual como se resiste al diablo, hay que resistir al orgulloso. Si usted viene a mí con orgullo y cosas, mejor lo dejo por un lado. ¿Por qué? Porque eso es lo que hace Dios, Dios no trata con orgullosos. La gente que Dios recibe es a la humilde, que no quiere decir sin plata, Dios recibe a gente con mucha plata, pero humilde. La humildad no es no tener plata, es una actitud del corazón que reconoce que Dios es más grande que cualquiera de nosotros, y que reconoce a los demás como superiores a sí mismo. No crea que los demás son inferiores,  porque es de color diferente de piel, es superior. No crea, somos tierra, venimos del polvo y al polvo volveremos, lo bueno es que en este cuerpo de barro o en este recipiente de polvo habita nuestro Señor Jesucristo, el Espíritu Santo. Eso es lo que vale en nosotros, la presencia de Dios.

El perdón de Dios no está con el orgulloso que cree que con sus fuerzas puede. El perdón de Dios está disponible al humilde que reconoce su pobreza espiritual, por eso dice bienaventurados los pobres en espíritu. El perdón de nuestros pecados y la cura a nuestra lepra espiritual está en la cruz, por eso dice Pablo a los Colosenses 1:21-23 En otro tiempo ustedes, por su actitud y sus malas acciones, estaban alejados de Dios y eran sus enemigos. Pero ahora Dios, a fin de presentarlos santos, intachables e irreprochables delante de él, los ha reconciliado en el cuerpo mortal de Cristo mediante su muerte, con tal de que se mantengan firmes en la fe, bien cimentados y estables, sin abandonar la esperanza que ofrece el evangelio. Éste es el evangelio que ustedes oyeron y que ha sido proclamado en toda la creación debajo del cielo, y del que yo, Pablo, he llegado a ser servidor. Nuestros pecados nos alejan de Dios y nos convierte en sus enemigos.

La muerte de Cristo en la cruz en nuestra reconciliación con Dios, Él es el camino que une los dos puntos cuando Jesús dijo: yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie viene al padre si no es por mí. El punto del pecador con el punto de Dios es unido por medio del sacrificio de Jesucristo. Murió el justo por los injustos, tomó nuestro lugar. Para encontrar la cura a nuestra lepra espiritual: debemos arrepentirnos de nuestros pecados y creer en el Evangelio de Jesús. Arrepentimiento y fe, cuando usted se arrepiente de sus pecados, decide cambiar, une la fe en nuestro Señor Jesucristo como su Señor y Salvador personal y entonces se da el nuevo nacimiento. Cuando usted reconoció que es pecador, Él lo toma, lo transforma en un hijo de Dios totalmente nuevo.

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