Joven Rico y el reino de los cielos (código 2015-252) – Radios Fráter
  • agosto 16, 2015

Joven Rico y el reino de los cielos (código 2015-252)

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Hay unas palabras en las Escrituras que dijo Jesús que incomodan a la mayoría de seres humanos, palabras que cuando usted las oye se le para el pelo, porque precisamente son tan contrarias a la filosofía del mundo, son tan opuestas a lo que estamos acostumbrados a escuchar. Quisiera que podamos meditar en ellas y encontrar lo que Dios tiene para nosotros. Mateo 19:23-26 —Les aseguro —comentó Jesús a sus discípulos— que es difícil para un rico entrar en el reino de los cielos.  De hecho, le resulta más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios. Al oír esto, los discípulos quedaron desconcertados y decían: —En ese caso, ¿quién podrá salvarse? —Para los hombres es imposible —aclaró Jesús, mirándolos fijamente—, mas para Dios todo es posible.

 Es difícil para un rico entrar en el reino de los cielos. Quién no quiere prosperar, quién no quiere vivir mejor, quién no quiere ver a sus hijos en la mejor universidad de donde puedan prepararse y tener una profesión. Quién no quiere tener el capital para iniciar ese sueño de negocios y llegar al  punto donde se vive de sus rentas y se despreocupa del tránsito por las mañanas que, en Guatemala, es muy bendecido desde las cinco de la mañana. Quién no quiere tener, y Jesús nos dice: les aseguro que es difícil para un rico entrar en el reino de los cielos. ¿Será que Jesús se opone a las riquezas y lo que está proponiendo es que los cristianos hagamos un voto de pobreza en el cual nos humillamos y renunciamos a todo placer económico de esta Tierra y nos dediquemos únicamente a sufrir?

Porque Jesús está diciendo que es difícil para un rico entrar en el reino de los cielos, el reino de los cielos es el lugar donde Dios gobierna. Sé que cuando hablamos de gobernantes, usted está un poco lastimado en ese tema. De hecho uno le pregunta a los amigos por quién van a votar y le contestan que no saben y a cuánto estamos de las elecciones. ¿Por qué? porque la corrupción que ha invadido a nuestro país en todas las esferas, no solo en el gobierno ni en la iniciativa privada, es tan horrible, tan podrida que ya estamos cansados de que el dinero no se utilice para lo que es. Por un lado la gente muriéndose en los hospitales por falta de medicamentos y, en otro lado, otros robando.

Ahora imagínese tener a un gobernante justo en todo, por eso en el cielo, dice la Escritura, ya no hay tristeza ni dolor. Y esto de niño cuando lo escuché me marcó, porque en esta tierra sí se sufre porque leímos que, antes de orar por los enfermos, “si está afligido uno de ustedes”, la aflicción es señal que usted no está en Dios. Es más, Jesús  dijo: en el mundo tendrán aflicción, pero confíen, yo he vencido al mundo

El reino de los cielos del que está hablando Jesús, es ese el lugar, es ese momento en que vamos a ser gobernados por Dios y va haber paz total. Hoy saboreamos la paz, como cuando está sentado a la mesa en la hora del almuerzo y llegan los olores de ese cosido, ese caldo delicioso, y está salivando, porque no tiene el plato fuerte, pero usted ya está saboreando con el aroma lo que le espera, esa carnita, con gordo generalmente. Los cristianos estamos tan solo saboreando lo que viene de la eternidad. Paz podemos tener en la Tierra pero no una paz total, porque ya nos roban el celular, pero en el cielo hay paz total. Tenemos salud en esta Tierra, pero  todo el que sana aún con oración algún día se va a morir, porque estamos solo saboreando lo que será el reino de los cielos, por eso Jesús dijo que si lo veíamos echar fuera  demonios en el nombre de Dios, entonces el reino de los cielos estaba entre nosotros. El reino de los cielos ya está, pero todavía no. Lo que los teólogos llaman el ya, pero todavía no. Estamos tan solo saboreando.

Así que usted y yo estamos saboreando lo que a plenitud vamos a tener en ese reino de los cielos, “pero les aseguro que es difícil para un rico entrar en el reino de los cielos”, ¿se refería a votos de pobreza o a qué? Y siempre que leamos una porción de la Escritura es importante que retrocedamos y encontremos el contexto y en cualquier predicación, si usted toma una frase de un predicador puede ser que eso signifique lo que sea, porque no tenemos el contexto. Jesús, fue tan atacado, tan acusado, tan probado con preguntas que sus respuestas las tenemos en los evangelios y generalmente contestadas con parábolas, esas historias que hacía, donde la multitud entendía que tenían un solo punto, y los oyentes que estaban ahí sentados se daban cuenta que ellos eran un personaje en la historia, que el que hizo la pregunta era otro personaje en la historia.

En el contexto que vamos a leer no tiene nada que ver con una parábola, fue una respuesta directa a tres preguntas directas. Ahí mismo en Mateo 19:16-24, Sucedió que un hombre se acercó a Jesús y le preguntó: —Maestro, ¿qué de bueno tengo que hacer para obtener la vida eterna?— ¿Por qué me preguntas sobre lo que es bueno? —respondió Jesús—. Solamente hay uno que es bueno. Si quieres entrar en la vida, obedece los mandamientos. — ¿Cuáles? —Segunda pregunta— preguntó el hombre. Contestó Jesús: —“No mates, no cometas adulterio, no robes, no presentes falso testimonio,honra a tu padre y a tu madre”, y “ama a tu prójimo como a ti mismo”.  —Todos ésos los he cumplido —dijo el joven—. ¿Qué más me falta? Tercera pregunta. —Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Luego ven y sígueme.  Cuando el joven oyó esto, se fue triste porque tenía muchas riquezas.

¿Qué haría si Jesús le dice esto: anda y vende lo que tienes y dáselo a los pobres, luego ven y sígueme? Por eso les decía que este texto es bien complicado, porque todos queremos tener, es más, gracias a Dios, todos hemos sido prosperados y los que están pasando por una prueba económica sabemos que van a salir de ella. Y entonces llega lo que leímos: —Les aseguro —comentó Jesús a sus discípulos— que es difícil para un rico entrar en el reino de los cielos. De hecho, le resulta más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios. ¿Qué estaba mal con este joven rico? Si su pregunta, la primera que hace, es ¿qué de bueno tengo que hacer para obtener la vida eterna? Estaba enfocado, él quería la vida eterna.

¿Qué estaba mal en él? Se creía bueno, no del cielo, creía qué hacer lo bueno era merecer el cielo, merecer la vida eterna. Yo, entonces, consigo el cielo con mis obra, Jesús le dice por qué me preguntas sobre lo que es bueno, solamente hay uno que es bueno. Si quieres entrar en la vida obedece los mandamientos. Creía que las obras son las que nos dan salvación. Que ser moralmente correcto nos da vida eterna, pero se requiere más que eso, eso no era suficiente. Es probable que sea un hombre y mujer ejemplar, pero no va ir al cielo y puede decir ¿cómo es eso? si yo no lastimo a nadie, no me meto con nadie, hago el bien cuando puedo en todo lugar y con todas mis fuerzas.

No solo creía que el ser bueno daba la vida eterna, leemos en la Escritura que no hay ninguno bueno, vea a su alrededor. Mire a toda la gente, no es posible que un marido alguna vez le haya pegado a su mujer. Desde aquí no veo que sea posible que alguno de ustedes haya dado mordida, desde aquí no creo que alguno de ustedes haya levantado un falso testimonio, una calumnia. No creo. Debería llamarse la iglesia angelical de Guatemala, porque nadie se ve malo, sin embargo, la Escritura dice en Romanos 3:10-12  Así está escrito: “No hay un solo justo, ni siquiera uno; no hay nadie que entienda, nadie que busque a Dios. Todos se han descarriado, a una se han corrompido. No hay nadie que haga lo bueno; ¡no hay uno solo! Hay gente que admiramos, pero no son justos, a la luz de la Escritura no son buenos. No importa las obras que hagamos, no pueden comprar el cielo. La salvación no es una balanza donde tengo buenas obras de un ladeo y malas obras en el otro extremo. Hago malas obras y pesan más y me voy al infierno. Y hago buenas obras y pesan más y me voy al cielo, el Evangelio sí pide obras.

Así que él creía que era bueno, que ser bueno daba la vida eterna. Jesús dice que solo hay uno bueno y cuando le dice que guarde los mandamientos, le responde en el versículo 16 en adelante: Maestro, ¿qué de bueno tengo que hacer para obtener la vida eterna? Si quieres entrar en la vida, obedece los mandamientos.  — ¿Cuáles? —preguntó el hombre. Contestó Jesús: —“No mates, no cometas adulterio, no robes, no presentes falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre”, esto lo encuentra en la Biblia en Éxodo 20, ahí están los mandamientos. ¿Cuántos nos da aquí? Si los cuenta nos da seis, son los seis mandamientos que guardan la relación del hombre con el hombre, son los mandamientos que son moralmente correctos, lo que se espera de la humanidad. ¿A cuántos les han robado su celular? Esta gente ha sostenido la economía informal del país. Dios le dijo al pueblo de Israel a través de Moisés no robarás.

Cuántos han perdido a un ser querido por la violencia, y dice no matarás, no cometas adulterio, no des falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre y ama a tu prójimo como a ti mismo. 20 —Todos ésos los he cumplido —dijo el joven—. ¿Qué más me falta? Y si los cuenta hay seis, pero el último no es el último mandamiento que dice ama a tu prójimo como a ti mismo, eso fue el resumen que hizo Jesús. El creía que había cumplido con los mandamientos y a lo mejor ve a su alrededor y usted no ha hecho nada malo, según usted, pero no hay justo ni siquiera uno. No solo creía que la bondad, que el ser bueno lo llevaba al cielo, creía que él era bueno y creerse que uno es bueno es precisamente lo malo. Se lo pongo así, ni la viejita que usted ve y le inspira ternura. Hasta las viejitas que parecen que cuando sudan, sudan agua bendita. Aún ellas no son buenas, fueron malas, malvadas, chirmoleras, mentirosas, ladronas. Sí, recuerdo la historia que contaron unos amigos que viajaron a los Estados Unidos con la abuelita y siempre que comían en un restaurante y se iban, la última en salir era la abuela. Le preguntaron por qué se quedaba de último. La controlaron y lo que hacía: todos se levantaban, ella regresaba a robarse la propina.

Este joven rico no solo creía que lo llevan al cielo las buenas obras y lo bueno que uno hace, creía también que él era bueno. Hace unas preguntas, Jesús lo manda a que cumpla los mandamientos, pero entre los que le menciona no aparece uno que está en Éxodo 20 que es no codiciarás. Jesús conocía el corazón de este hombre y le menciona cinco mandamientos y el resumen de los cinco: ama a tu prójimo como a ti mismo, pero no le dice no codiciarás, porque el pecado de este joven rico era su codicia. Quería más, más y más y entonces Jesús le pide que venda todo lo que tiene, todo.

21 —Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Luego ven y sígueme. Cuando el joven oyó esto, se fue triste. Llega entusiasmado a hacerle una pregunta: qué de bueno tengo que hacer para tener la vida eterna. Guarda los mandamientos, le dice, ¿cuáles? Se los menciona, excepto uno. Todos los he guardado, no solo los buenos llegan al cielo, yo soy bueno y entonces toca la llaga, anda vende todo lo que tienes y se va triste. Éxodo 20:3 dice No tengas otros dioses además de mí. Según él cumplía con los mandamientos, pero ni siquiera el primero cumplía.

¿Cuál era su dios, entonces? Su dinero. Y no existe otra parte en la Escritura, en ningún lugar que le pida Jesús a la gente que venda todo lo que tiene y que se lo dé a los pobres, y entonces va a ser rico y va a tener tesoros en el cielo. No existe en otra parte. Si usted siente un alivio en este momento, es probable que su dinero sea su dios. Porque Dios no le pide a todo el mundo que venda todo lo que tiene, solo se lo pidió a una persona y fue a un joven rico, porque conocía que su dinero era su dios.

En Guatemala conocemos todo tipo de gente y el chapín es lo máximo. El chapín es increíble, yo lo viví en otro país, no fue que me deportaran de Estados Unidos, pero yo  estoy feliz en Guatemala, Guatemala es un país especial, pero en un país donde ha habido tanta pobreza, aun los que prosperan siguen con el casete de no gastar casi nada,  creo que es bueno. Nadie llega  tener y gastárselo todo, rico no es el que gasta, rico es el que guarda. Tengo un amigo que, él dice que no, desayuna a las 11, muchas veces para ahorrarse un tiempo de comida, porque la gente que sabe lo que es no tener, aun cuando tiene, no quiere volver a no tener. Entonces es muy cuidadosa en el gasto, lo que llamamos frugalidad, muy cuidadosos. Duro es hacerlos cambiar de carro, duros es hacerlos gastar ¿por qué? porque tienen.

Una cosa es ser frugal y no gastar el dinero y otra cosa es ser tacaño y el chapín cuando se habla de tacañería, hay muy buenos tacaños. Pero hay gente que no es tacaña solo con los demás sino con los de su familia y hasta consigo mismo, porque quieren más. La riqueza es relativa, sé es rico o pobre en comparación a. Nadie dice cuando tiene un millón de quetzales que ya es rico. Usted que desayunó es una persona rica, porque 1 de Timoteo 6: 8 dice “si tenemos ropa y comida contentémonos con eso”. Este joven rico no se contentaba con lo que tenía, quería más y no solo quería más, adoraba lo que tenía más que a Dios y se fue muy  triste porque tenía mucho. Vemos tanto el tema del dinero que se nos olvida que esta historia es más que dinero, la segunda parte que dice vende todo lo que tienes, luego ven y sígueme.

¿Sabe quién entra al cielo? Aquel que deja cualquier dios que hizo a su Dios por un lado. Si hace buenas obras está demostrando que usted le sigue, pero si solo tiene buenas obras y Dios no es su Dios sino un extra en su vida, es un domingo por la mañana para salir con la conciencia tranquila después de una semana en lo que hizo lo que quiso, afectó a un montón con engaños, con mentiras, y después: aquí estoy Señor adorando tu nombre. Me gusta que la gente reconozca que es un pecador, yo soy un pecador, pero no me gusta la gente que con una manera impositiva dice: como yo soy pecador, aguántenme. Es gente que cree, pero no vive.

Luego ven y sígueme, se fue triste porque tenía muchas riquezas y entones el Señor le dice a los discípulos, que vimos en el inicio, 23 —Les aseguro —comentó Jesús a sus discípulos— que es difícil para un rico entrar en el reino de los cielos. De hecho, le resulta más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios. Le resulta más fácil a un camello entrar, ese animal grande conocido en Israel, pasar por el ojo de una aguja. Una vez fui con mi papá, es una impresionante experiencia. Recuerdo a una señora que iba con nosotros, no sé qué edad tenía, pero no era menos de 75 años, le había tocado duro en la vida, se miraba golpeada, pero quería subirse a un camello. Nadie dijo no, qué hace uno con una viejita con el capricho enraizado en su corazón. Todos sacaron las cámaras para ver su subida o su caída o registrar el evento. El camello es un gran animal.

Jesús estaba hablando literalmente de un camello, “le resulta más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja”, los que han tenido una aguja en su mano y han intentado enhebrarla, es un desafío. Quizá hemos cortado el hilo y le quedan un montón de pelitos diminutos que apenas se pueden ver, intenta varias veces, pero uno de esos pelitos obstruye la entrada. Es más fácil que un camello entre al reino de los cielos, que un rico, porque el rico confía en sus riquezas, ama sus riquezas y puede hacer de ellas su dios. Lo primero que piensa cuando se enferma no es en la oración, piensa  en sus cuentas bancarias, en su seguro internacional, que tiene, su  seguro médico.

Los discípulos se asustan. Al oír esto, los discípulos quedaron desconcertados y decían: —En ese caso, ¿quién podrá salvarse? —Para los hombres es imposible —aclaró Jesús, mirándolos fijamente—, mas para Dios todo es posible. A qué llegamos con esto, Dios debe ser nuestro Dios. Jesús debe ser nuestro tesoro. Para el joven rico, su dios era su dinero, la pregunta que le quiero formular hoy es ¿quién es su dios? A veces su dios es su pareja, habla bien de su pareja, sirve a su pareja, casi que idolatra a su pareja. A veces su dios es su hobby, a veces su dios son sus sueños, a veces su dios es la imagen externa que usted proyecta ante la sociedad, porque toda persona que se suicida generalmente nunca se veía mal. ¿Cuál es su dios? Porque, créame, el que está en Dios tiene paz con Él, paz con el prójimo. No existe persona buena, y este es el resumen de lo que hemos hablado, todos somos pecadores.

El que quebranta la ley de Dios es culpable de quebrantar toda la ley y es culpable de muerte eterna. El cristiano sí es llamado a hacer buenas obras, pero no es salvo por sus obras, el cristiano es  salvo por la obra de Cristo en la cruz, es salvo por Su gracia, porque el que fue perfecto y se vistió de carne y huesos y fue tentado en todo pero sin pecado, escoge morir en la cruz del Calvario por nosotros, para ante la ley de Dios encontrar el único camino que existía, para tener un sacrificio perfecto que terminara con los sacrificios del Antiguo Testamento, que decía que un animal podía morir en nuestro lugar, pero era limitado eso, porque ni siquiera limpiaba la conciencia de los pecadores.

Luego vino un sacrificio que es para siempre y el sacerdote que hacía el sacrificio y entraba al lugar santísimo, que es la sombra del mismo cielo donde está Dios, entraba con la sangre de un animal a pedir perdón por él, porque era pecador y después pedía perdón por el pueblo. Ahora tenemos un Sumo Sacerdote, dice la Escritura, que Él entra al verdadero lugar santísimo, no con la sangre de un animal sino con Su propia sangre. No es un sacerdote que se muere y viene el hijo, es un sacerdote que permanece para siempre bajo la orden  de Melquisedec un personaje que aparece una sola vez en la vida, no se sabe su principio ni su fin—, que permanece para siempre.

Somos llamados a hacer buenas obras, pero no somos salvos por las obras, el cristiano es salvo por la obra de Cristo en la cruz, es salvo por gracia. Jesús tomó ese lugar para liberarnos de la condena. Y por eso puede estar sentado con la frente en alto, habiendo sido un desgraciado, porque no tiene gracia. Porque creyó en el Evangelio de Jesús, se arrepintió de sus pecados y hoy le sirve. Ni su dinero ni nada más es su dios, Dios es su Dios, Dios es su todo, Él es lo que basta y sobra. Y es que cuando Dios no es nuestro todo y nos quedamos sin dinero, Dios ya no es nada, porque nunca fue nada.

Cuando Dios es nuestro todo en salud, es nuestro todo en enfermedad, porque el verdadero tesoro es el cielo. Yo no me quiero morir, espero que usted se muera primero, yo disfruto estar acá, yo disfruto la Tierra  con sus altibajos y sus momentos difíciles, con las injusticias que hay, pero también hay buenos momentos, también hay justicia. Hay enfermedad, pero también hay salud, hay gente hipócrita, pero también hay gente leal. Yo no me quiero morir, pero le puedo decir algo, todo el que muere con su fe puesta en Cristo entiende que esta vida no es nada comparado con lo que nos espera en el cielo.  Que no podemos entender a plenitud qué es, pero su esperanza es el cielo. Su verdadera riqueza es el cielo y no le estoy diciendo que haga votos de pobreza, le estoy diciendo que prospere y así puede honrar a Dios con sus diezmos, ofrendas y promesas de fe. Prospere y así puede ser generoso con el necesitado. Prospere y va a disfrutar lo que Dios le da. Mateo 19:23-24

 —Les aseguro —comentó Jesús a sus discípulos— que es difícil para un rico entrar en el reino de los cielos.  De hecho, le resulta más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.  Al oír esto, los discípulos quedaron desconcertados y decían: —En ese caso, ¿quién podrá salvarse? —Para los hombres es imposible —aclaró Jesús, mirándolos fijamente—, mas para Dios todo es posible.

Porque cuando Dios toca el corazón del hombre, que su dios es cualquier otra cosa, todas esas cosas pasan a ser secundarias. El apóstol Pablo llamaba a sus  obras de antes, sus títulos, la tribu de donde venía, lo religioso que era, un buen religioso cumplía con todo lo de los fariseos y decía: todo eso lo tengo por basura, lo tengo por estiércol a fin de participar de la gloria celestial. Al cielo no se llega siendo bueno, el cristianismo no es algo que se hace, es primero algo que se cree, que produce un arrepentimiento de pecados genuino en el corazón, que nos lleva a hacer para agradecer, hacer para honrar,  a hacer, no para obtener, sino a hacer para agradecer, hacer para honrar. Es por medio del perdón de pecados, del arrepentimiento que podemos ser salvos.

No sé cuál será su dios, pero solo quiero decirle: hay un único Dios que merece honor y gloria, y a pesar de ser un pecador y de necesitar su gracia, muchas veces, es a quien quiero servirle, es a quién quiero amar, porque sus caminos son paz, son vida verdadera, son paz duradera y a menos que usted se quiebre delante de Dios y reconozca que no es usted bueno, usted es un joven rico que necesita de Él.

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