El buen samaritano (código 2015-260) – Radios Fráter
  • agosto 23, 2015

El buen samaritano (código 2015-260)

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Más de alguno ha tenido la experiencia de quedarse sin dinero en alguna parte o con el carro en mal estado en alguna calle o perdidos verdaderamente en alguna ciudad, y de pronto apareció una persona que les dio la mano de ayuda y que socorrió en el momento oportuno. Todos hemos tenido la experiencia de encontrarnos en una situación desesperada,  de angustia, de miedo y de pronto aparece alguien que nos da una ayuda y con eso logramos salir adelante y nunca olvidamos a esa persona, por lo menos no deberíamos olvidarla. Y cuando aparece alguien así decimos que es un ángel enviado por Dios o decimos es un buen  samaritano. Hay buenos samaritanos lo que implica que también hay malos samaritanos.

Tenía alrededor de 20 años, estaba pastoreando en Guastatoya, El Progreso, y mi mamá llegó a visitarme, era miércoles por la noche. Después del servicio tomamos mi carrito – el primer carro que compré, Opel Record 70, tenía diez años el carro, pero como que no había estado muy bien cuidado– y nos vinimos a la capital. A la altura de la cuesta de El Progreso a Sanarate, el carro empezó a tronar del motor, es como si llevara un chinchín, es una bulla horrible. Llegamos a la gasolinera y lo empezaron a revisar unos que estaban allí y me dijeron que el carro estaba fundido y que ya no lo podía mover, habría que remolcarlo.

Eran como las 10 de la noche. Empecé a ver cómo nos veníamos con mi mamá en autobús, a esa hora ya no hay muchos buses. En eso vi que llegó un carro a echar gasolina, era un gringo el que estaba manejándolo. Me acerqué a hablarle, le pregunté si era misionero y me respondió que sí, era misionero de la iglesia del Nazareno, en Cobán. Le pregunté para dónde iba y me respondió que para la capital. Le conté que era pastor de una iglesia en El Progreso, –allí tengo mi carro que se me acaba de descomponer, ando con mi mamá ¿me daría jalón de aquí a la capital? le dije.

–No. No lo conozco.

Me dije, aliviados estamos. El misionero fue sincero, me dijo usted me sale sobrando, no me importa, no lo conozco, mire cómo sale de su problema. ¿Ese era buen samaritano? Era malo. Ese era gringo malo, conozco a gringos buenos, pero él era mal samaritano. Entonces le dije a mi mamá que tendríamos que esperar que viniera el primer bus, el que por fin apareció. Subimos un costal de mangos que traía, porque era época de mangos en El Progreso y cuando hay mangos llueve. Nos quedamos en la terminal de Buses y de allí caminar hasta el Parque de la Industria, allí vivíamos en ese entonces, mi mamá todavía tiene por allí cerca su casita. Me costó que esos mangos llegaran a su destino.

Hay buenos y malos samaritanos, hay buenos pastores y hay malos, hay malos médicos. Hace poco estaba hablando con un médico de mi confianza que me contaba que da tristeza, porque cuando se juntan en los congresos empiezan a platicar, empiezan a decir que tienen que pagar la tarjeta de crédito, y “al primero que entre hoy lo opero”. Imagínese usted, hay que tener cuidado. “Tengo que pagar la letra de mi carro, el primero que entre hoy lo  opero”. Hay médicos buenos y médicos malos. Como le dijo aquel enfermo: doctor, y ¿cómo voy a salir de esta operación? –Sin carro, sin casa, sin fincas, sin dinero–. Hay de todo. Y nosotros como cristianos tenemos que entender que hay cristianos buenos y malos.

Lamentablemente hay quienes deberían ser cristianos pero no lo son y la Biblia nos habla, precisamente, de esa parábola. ¿Qué es una parábola? Es un medio utilizado por Jesús y los maestros de la época, para enseñar al pueblo judío. Es una historia de la vida real aplicada a una enseñanza moral, se contaban para obtener una acción o una reacción de parte del oyente. Porque en sí, la parábola es el mensaje que está inmerso en la historia, se dirige a los oyentes, se les cautiva con esa historia para referirse a sus propias acciones o para hacerlos reaccionar de cierto modo ante Jesús y su ministerio.

Veamos la parábola de Lucas 10:25-37 “En esto se presentó un experto en la ley y, para poner a prueba a Jesús, le hizo esta pregunta: —Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna? Una gran pregunta, y si a usted le hicieran esa pregunta porque es líder de célula, servidor de la iglesia, un cristiano con cuarenta años de estar en la iglesia, ¿qué le respondería? Jesús replicó: — ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo la interpretas tú? Aquí es importante ubicar a Jesús, quien está hablando en el período de la ley, antes que viniera la época de la gracia y por eso todo el mundo pensaba que había que hacer algo para obtener la vida eterna. Hoy sabemos que la vida eterna no la conseguimos con lo que hacemos sino por lo que Jesús hizo por nosotros en la cruz del Calvario, por eso recibimos la vida eterna, porque Él pagó el precio por nuestros pecados, aunque no hayamos hecho nada para merecerlo, la tenemos. La enseñanza antes de Jesús era todo era por obra, todo era hacer y el hacer los llevaba, según la enseñanza que tenían, a obtener la vida eterna.

Como respuesta el hombre citó: —“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser, con todas tus fuerzas y con toda tu mente”, y: “Ama a tu prójimo como a ti mismo.”  —Bien contestado —le dijo Jesús—. Haz eso y vivirás. Pero él quería justificarse, así que le preguntó a Jesús. Noten que en la primera frase del versículos 25 dice En esto se presentó un experto en la ley y, para poner a prueba a Jesús. Este personaje estaba haciendo preguntas capciosas, estaba viendo cómo Jesús se enredaba o estaba tratando de demostrar que Jesús no estaba tan bien preparado en las cosas de la ley como él que era un experto.

Así que queriendo justificarse le preguntó a Jesús: — ¿Y quién es mi prójimo?

Como decía un anuncio publicitario hace muchos años: esa pregunta ni se pregunta. Cada vez que usted llega a su casa su esposa le dice ya viniste. Ya vine, hay preguntas que no se preguntan, en la mañana se despierta, ronca, deja de roncar, estornuda y les pregunta: ¿ya te despertaste? O alguien lo llama a las diez de la noche, usted está tratando de dormirse y contesta y le dicen ¿te desperté? Hay preguntas que no se preguntan, pero tenemos por costumbre hacerlas. Y el experto dice ¿quién es mi prójimo? ¿Este no sabía? Claro que sí sabía, pero quería poner a prueba a Jesús, quien contestó con una historia que dice:

—Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de unos ladrones. Le quitaron la ropa, lo golpearon y se fueron, dejándolo medio muerto. Resulta que viajaba por el mismo camino un sacerdote quien, al verlo, se desvió y siguió de largo.

 Este era como el misionero que me vio y dijo que se lo lleve la tristeza, yo me voy en mi carrito, que Dios lo bendiga. Este sacerdote que vio al hombre tirado medio muerto, ensangrentado, hizo lo que usted y yo haríamos al encontrar a un tipo tirado: pasarse a otra banqueta. Probablemente pensaría que a lo mejor se está haciendo el muerto y me asalta. Y la  señora diría y me agarra. El sacerdote lo vio y siguió de largo. Así también llegó a aquel lugar un levita, y al verlo, se desvió y siguió de largo. Pero un samaritano que iba de viaje llegó a donde estaba el hombre y, viéndolo, se compadeció de él. Si algo necesitamos realmente es compasión, ¿qué es compasión? sentimiento de tristeza que produce el ver padecer a alguien y que impulsa a aliviar su dolor o sufrimiento, a remediarlo o a evitarlo. Siente tristeza porque el hombre está desnudo, malherido y usted se mueve a la acción.

Se acercó, le curó las heridas con vino y aceite – hoy hubiera sido alcohol o una de esa cremas que se usan. Era lo que llevaba, recuerde que no era dueño de farmacia, era viajero–  y, y se las vendó. Luego lo montó sobre su propia cabalgadura, lo llevó a un alojamiento y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos monedas de plata y se las dio al dueño del alojamiento. “Cuídemelo —le dijo—, y lo que gaste usted de más, se lo pagaré cuando yo vuelva.”  ¿Cuál de estos tres piensas que demostró ser el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? —El que se compadeció de él —contestó el experto en la ley. —Anda entonces y haz tú lo mismo —concluyó Jesús. Me llama la atención que Jesús le pregunta al expertos en la ley ¿quién piensas tú que es el prójimo del malherido?, dice el prójimo es el samaritano.

Cuando hablamos del prójimo pensamos en el otro, pero en este caso Jesús está enfocando la situación en el experto de la ley, si tú quieres  ser un buen prójimo, de tu semejante, porque sinónimo de prójimo es semejante. Un prójimo es un ser humano y lo que se espera de un buen prójimo es que este se compadezca de otros semejantes que están sufriendo alguna necesidad. El hombre estaba herido, estaba golpeado y por eso Jesús enseñó que la vida eterna la obtiene el que ama a Dios con todo su corazón y a su prójimo como a sí mismo. Jesús enseñó que toda persona, de cualquier nación es nuestro prójimo.

Pregunto si este misionero que me vio, me hubiera visto con pelo rubio, ojos celestes, piel blanca,  no sé, tal vez ahí me hubiera dado ayuda. Porque a veces cuando la gente ve a alguien de su propia raza se siente más inclinado ayudarlo.

Jesús está enseñando que el samaritano fue el mejor prójimo de los tres, los primeros dos eran judíos. En la época de Jesús, los judíos eran la raza non plus ultra, se creían la mamá de Tarzán, se creían la gran cosa, al extremo que no dejaban entrar a un gentil en su casa, lo más que podía llegar era a la puerta y ahí lo atendían. Se recuerda cuando Jesús atendió a aquella señora sirofenicia, tenía a una hija que estaba enferma, poseída por un demonio y Jesús le dijo yo no he venido a atenderlos a ustedes, he venido  a servir a los de la casa de Israel, porque Jesucristo vino y lo primero que hizo fue atender a su pueblo, a los judíos. La Biblia dice claramente que a los suyos vino, pero los suyos no lo recibieron, lo rechazaron. Por eso dice que nosotros ahora hemos sido alcanzados por la gracia de Dios.

Le dijo a esta mujer: el pan es para los hijos, no para los perros. Suena fuerte, pero ese era el trato que daba todo judío, incluyendo a Jesús, al que no fuera judío. En la época de Jesús éramos perros, porque había un racismo entre judíos y no judíos. Los samaritanos estaban a medio camino, porque eran medio judíos, estos eran judíos que se habían casado con mujeres extranjeras y se habían ido a vivir a Samaria, entonces los judíos de pura cepa los veían con menosprecio. Tuve un primo que era ladino igual que yo, pero se enamoró de una guatemalteca indígena, autóctona. Cuando iba a la casa de él, ya casado con esta señora, estaba en el extranjero porque no entendía lo que hablaban porque lo hacían en cachiquel.

¿Tenemos que menospreciar a un primo nuestro porque se casa con una mujer indígena? ¿Es menos ese primo que aquel que se casa con una mujer gringa o una mujer coreana o china? Tenemos que entender que Jesús está dando una lección importante sobre decir no al racismo, nosotros también tenemos que decir no al racismo. Que se me haya presentado un gringo malacate, no me hace pensar que todos los misioneros gringos son malos. No, hay unos peores, y hay otros mejores, pero no vamos a menospreciar a todos, no podemos generalizar. O ¿será mejor un indígena guatemalteco que un nativo de Corea? Pero este tiene ascendencia maya y los mayas conocían mejor el cero y construyeron las pirámides más grandes del mundo, ahora se ha descubierto que las pirámides que hay en Petén son más grandes que las pirámides de Egipto. ¿Hará eso inferiores a los egipcios? No. Un árabe un judío a ¿quién tenemos que menospreciar? A Ninguno.

El samaritano vio al que estaba tirado y desnudo y sacó lo mejor de su corazón, porque era un buen prójimo y le dio su ayuda. Señora, está enojada porque su hijo se enamoró de una mujer que no es de su raza, aunque la suya esté hecha pedazos, pero usted cree que es la gran cosa.  El cristiano no puede ser racista. Si su hija ladina se enamoró de un ladino, si su hijo blanco se enamoró de una negra, déjelo. Si la negra de su hija se enamoró de un blanco, ámelo, ya tendrá su nieto negrito, blanquito, coloradito. Usted va a tener un arcoíris de colores de sus hijos y va a decir gracias Dios, porque desde el negro hasta el blanco me gustan todos, todos son creación de Dios y a todos debo traer a los pies de Cristo.

Puede decir que por posición social, si hay que tener cuidado. Si yo soy de pisto, ¿por qué me he de juntar con este que no tiene? Júntese porque de repente le cae la extinción de dominio y se queda sin nada, entonces ya queda igual que el otro. Si hay quienes dicen que tienen mucha plata, pero porque han trabajado con sus manos, otros se han esforzado y han hecho una fortuna pero aún las fortunas bien hechas se acaban ¿Han leído la historia de Job? era el más rico de todos y un día terminó siendo el más pobre de todos.

Así que ni por clase ni posición social, ni por raza. Tenemos que ayudar al prójimo en lo que necesite. He ayudado a gente muy rica a aprender a amar a su mujer, tienen mucha plata, pero a la mujer la quieren hasta matar, tenga paciencia, pero no se encargue de acelerar el proceso, ya llegará el día, por ahora tiene que amarla. He enseñado a gente muy poderosa a perdonarse a sí misma, porque muchas veces no se perdonan los errores que han cometido. Todos hemos cometido errores y nos estamos recriminándonos toda la vida. La gente va hablando sola en el carro. Sola se recrimina por los errores cometidos, hemos cometido hasta pecados y algunos hasta hemos sido perdonados por Dios nuestro Señor, pero nosotros no nos perdonamos. Ya no viva así, perdónese. Sí, falló, pero perdónese, no más vivir así, practiquemos la compasión.

1 Juan 3:16 En esto conocemos que es el amor, en que Jesucristo entregó su vida por nosotros; así también nosotros debemos entregar la vida por nuestros hermanos. Si alguien que posee bienes materiales ve que su hermano está pasando necesidad y no tiene compasión de él, cómo se puede decir que el amor de Dios habita en él. Queridos hijos no amemos de palabra ni de labios para afuera sino con hechos de verdad. En Guatemala decimos obras son amores y no buenas razones.

Si su marido llega, la besa, la abraza, pero  no le da lo del gasto, no la ama, lo que quiere es acostarse con usted, porque si la amara le daría lo del gasto. Todos tenemos  alguien a quien ayudar. Empecé preguntando cuántos hemos sido ayudados, y todos hemos sido ayudados, la pregunta de ahora es ¿a quién vamos a ayudar, quien necesita de nuestra ayuda? A veces la ayuda no es material, a veces es poco de tiempo. He hablado con millonarios que no son felices porque me pongo a almorzar con ellos y me dicen que a sus hijos les dieron los mejores colegios, los mejores carros, mejores universidades, mucho dinero y ahora ni los llaman, ni se lo agradecen, ni los visitan. La gente es pobrecita porque lo único que tienen es dinero, hay quienes necesitan amigos, por eso están las células, vaya a una y ahí va a tener buenos amigos y va a quedar bendecido si los invita a comer, más amigos va a tener. Todos son amigos del hombre que da, dice la Biblia.

 

 

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