La parábola de los viñadores (código 2015-268) – Radios Fráter
  • agosto 30, 2015

La parábola de los viñadores (código 2015-268)

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Hoy veremos una parábola que no solo tiene que ver con el reino de los cielos sino cómo este reino se parece a esta historia de un propietario que sale de madrugada a contratar obreros para su viñedo.

La parábola de los viñadores está en Mateo 20:1-16. »Así mismo el reino de los cielos se parece a un propietario que salió de madrugada a contratar obreros para su viñedo. Me imagino aquellas esquinas de las grandes ciudades en donde está el montón de obreros sin trabajo, esperando que alguien llegue y les diga vengase hay trabajo por un día. Véngase, hay trabajo por dos días. Confiamos en el Señor que nos va a dar trabajo todos los días. Acordó darles la paga de un día de trabajo y los envió a su viñedo.

Cerca de las nueve de la mañana, salió y vio a otros que estaban desocupados en la plaza. Hoy encontramos a la gente desocupada en restaurantes, ahí están los desocupados tomando un café, toda la mañana platicando con los cuates. Les dijo: “Vayan también ustedes a trabajar en mi viñedo, y les pagaré lo que sea justo. Al primer grupo les ofreció pagarles un día de trabajo y al siguiente le ofreció lo que sea justo.” Así que fueron. Salió de nuevo a eso del mediodía y a la media tarde, e hizo lo mismo. Alrededor de las cinco de la tarde, salió y encontró a otros más que estaban sin trabajo. Les preguntó: “¿Por qué han estado aquí desocupados todo el día?” Esa pregunta se la va a hacer el Señor hoy, y se la va a hacer mañana, y pasado, ocúpense en la viña, hay necesidad de trabajar en la viña. “Porque nadie nos ha contratado”.

Imagínense un día a las cinco de la tarde, ¿habrá esperanza que alguien lo contrate? No, ese día ya no rinde. Lo mismo ocurre en la vida, no hay  como empezar algo en la juventud, que tratar de empezar hacer algo en la senectud. ¿A quién prefiere contratar en una empresa? ¿A un recién graduado de 25 años o a uno de 60? Solo que sea para presidente, entonces sí, pero si es para una empresa los prefieren jóvenes, algunos en la vida están a las siete de la mañana y otros en la  vida ya estamos llegando al ocaso, ya se va a poner el sol y entonces ixcamik, pero aun así, Dios contrata a los más jóvenes como a los más viejos para servirle.

Vayan también ustedes a trabajar en mi viñedo.” »Al atardecer, el dueño del viñedo le ordenó a su capataz: “Llama a los obreros y págales su jornal, comenzando por los últimos contratados hasta llegar a los primeros.” Se presentaron los obreros que habían sido contratados cerca de las cinco de la tarde, y cada uno recibió la paga de un día.

Por eso cuando llegaron los que fueron contratados primero, esperaban que recibirían más. Pero cada uno de ellos recibió también la paga de un día. Al recibirla, comenzaron a murmurar contra el propietario. “Estos que fueron los últimos en ser contratados trabajaron una sola hora —dijeron—, y usted los ha tratado como a nosotros que hemos soportado el peso del trabajo y el calor del día.”

 Pero él le contestó a uno de ellos: “Amigo, no estoy cometiendo ninguna injusticia contigo. ¿Acaso no aceptaste trabajar por esa paga? Tómala y vete. Quiero darle al último obrero contratado lo mismo que te di a ti. ¿Es que no tengo derecho a hacer lo que quiera con mi dinero? ¿O te da envidia de que yo sea generoso?” »Así que los últimos serán primeros, y los primeros, últimos. El propietario contrató a cinco grupos diferentes de obreros en cinco horarios distintos. Contrató un grupo a la madrugada, otro a las 9 de la mañana, otro a las doce del mediodía, otro a la media tarde y un último a las cinco de la tarde. Cada uno de los que estaban en cada grupo trabajó menos horas que el anterior. El último grupo trabajó ¡Sólo una hora! Nada más.

A los primeros obreros contratados de madrugada, el propietario ofreció darles la paga de un día de trabajo. A todos los demás obreros en los siguientes cuatro grupos que contrató, ofreció sólo pagarles lo que fuera justo. Pero a todos les dio el pago de un día de trabajo, sin importar las horas que hubieran trabajado. Y comenzó pagándoles desde los últimos que fueron contratados a los primeros. Los primeros obreros esperaban recibir una mejor paga y murmuraron contra el propietario. Les pagó lo mismo a todos ¿por qué esperaban recibir una mejor paga los primeros que los últimos? Porque habían trabajado más, habían soportado el peso del trabajo todo el día, el calor del sol todo el día, los últimos apenas habían trabajado una hora.

El propietario no estaba siendo injusto con los primeros viñadores, porque el trato fue: me trabajas el día, te pago un día y aceptado, pero el propietario que era dueño de su dinero y si quería ser generoso qué le importaba a ellos, dice en el versículo 14: Quiero darle al último obrero contratado lo mismo que te di a ti. ¿Es que no tengo derecho a hacer lo que quiera con mi dinero? ¿O te da envidia de que yo sea generoso?” A veces los hijos en la casa se molestan porque al mayor usted les da cien y al segundo le da cien y al más pequeño le da lo mismo  y ni novia tiene. A veces, como papá, como dueño de la plata hace lo que da la gana hacer con su plata, el dueño de una empresa hace lo que le da la gana con el dinero de su empresa para pagar.

Era el dinero del propietario, no el dinero de los obreros. Y con su dinero el propietario podía hacer lo que quisiera, y por eso preguntó ¿o te da envidia que sea generoso? La envidia es entristecerse o enojarse por el bien ajeno. Dios bendice al que le da la gana. Probablemente usted no hubiera bendecido a ese  señor que está cerca de usted, hubiera aquerido meterlo al bote, pero Dios con su gracia que es abundante e inmerecida no lo tiene en el bote, está sentado cerca de usted o enfrente o atrás recibiendo las mismas bendiciones. Si usted y yo fuéramos dios, esto estaría vacío, hubiéramos mandado al infierno a todos, pero como la gracia de Dios es abundante e inmerecida estamos usted y yo aquí por la gracia de Dios, no porque lo merezcamos, es por la gracia de Dios.

Los obreros que sólo trabajaron una hora ¿merecían la misma paga? No. Cualquiera con dos dedos de frente sabe que no, supongamos que el día lo pagaba a cien quetzales y eran diez horas de trabajo, ¿cuánto deberían haber recibido los que entraron a las cinco y salieron a las seis? Diez, eso es muy lógico, pero la gracia de Dios no funciona de acuerdo a nuestra lógica. Su gracia está al alcance de todo pecador arrepentido que corre a Él para comenzar de nuevo y encontrar la vida verdadera. ¿Es justa la gracia? Lo justo es el castigo. La paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna. Lo justo es que estemos condenados a muerte por nuestros pecados, porque aquí hemos pecado todos y el Señor por su gracia nos alcanzó, porque nos arrepentimos y dispusimos comenzar de nuevo y encontrar la vida verdadera.

La gracia siempre es un favor inmerecido, no estamos aquí porque lo merezcamos, estamos aquí porque Dios quiso perdonarnos y salvarnos. En Romanos 3:19-26 Ahora bien, sabemos que todo lo que dice la ley, lo dice a quienes están sujetos a ella, para que todo el mundo se calle la boca y quede convicto delante de Dios. Por tanto, nadie será justificado en presencia de Dios por hacer las obras que exige la ley; más bien, mediante la ley cobramos conciencia del pecado. La justicia mediante la fe, pero ahora, sin la mediación de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, de la que dan testimonio la ley y los profetas. Esta justicia de Dios llega, mediante la fe en Jesucristo, a todos los que creen. De hecho, no hay distinción, pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios, pero por su gracia son justificados gratuitamente mediante la redención que Cristo Jesús efectuó. Dios lo ofreció como un sacrificio de expiación que se recibe por la fe en su sangre, para así demostrar su justicia. Anteriormente, en su paciencia, Dios había pasado por alto los pecados; pero en el tiempo presente ha ofrecido a Jesucristo para manifestar su justicia. De este modo Dios es justo y, a la vez, el que justifica a los que tienen fe en Jesús.

Efesios 2:1-10 En otro tiempo ustedes estaban muertos en sus transgresiones y pecados, en los cuales andaban conforme a los poderes de este mundo. Se conducían según el que gobierna las tinieblas, según el espíritu que ahora ejerce su poder en los que viven en la desobediencia. En ese tiempo también todos nosotros vivíamos como ellos, impulsados por nuestros deseos pecaminosos, siguiendo nuestra propia voluntad y nuestros propósitos. Como los demás, éramos por naturaleza objeto de la ira de Dios. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados! Y en unión con Cristo Jesús, Dios nos resucitó y nos hizo sentar con él en las regiones celestiales, para mostrar en los tiempos venideros la incomparable riqueza de su gracia, que por su bondad derramó sobre nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte. Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica.

Así que esta parábola nos recuerda que los últimos serán primeros. La gracia de Dios no descansa sobre la obra del hombre. Usted no recibe el perdón de pecados porque lo merezca, sino a pesar de que no lo merece. ¿Merecemos el perdón de pecados? No, pero a pesar de eso, Dios nos perdona, eso es la gracia de Dios, significa que es dada a todos por igual. Alguien lo explicó de esta manera: “Así que los últimos serán primeros, y los primeros, iguales”.

En otras palabras, no importa quién es primero, ni quien es último, todos reciben el mismo perdón de pecados por la gracia de Dios. “Así que los últimos serán primeros, y los primeros, últimos”. Ejemplo: ¿recuerda a quiénes llamó Jesús primero para ser sus discípulos? ¿Se recuerda de esos doce? De Andrés, Pedro, Juan, Judas, todos ellos, Dios los bendijo. Cuando ya estaban sirviendo al Señor algunos fueron encarcelados, otros quemados, otros torturados. Pablo dice que recibió tres veces treinta y nueve azotes cada vez, pero el ladrón que estaba a la par de la cruz, aquel que había robado a saber cuántas veces, había golpeado a saber cuántas viejitas, había maltratado a saber a cuántas personas y lo tenían a punto de ser crucificado ¿qué le dijo el ladrón a Jesús? Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Jesús no le dijo vos no lo merecés porque sos un ladrón, sinvergüenza. Jesús le dijo hoy mismo estarás conmigo en el paraíso. ¿Será justo eso? No, pero claro, le dijo que de la pena de muerte no sería librado.

¿Se recuerda de la historia del  hijo pródigo? Si, son dos hermanos a los que el padre les da la herencia. El más chiquito se va y desperdicia toda la plata, regresa y el padre hace fiesta, manda a que lo bañen, que le den traje nuevo, sandalias nuevas, otro anillo que era el sello de la empresa del papá, con ese anillo sellaba los contratos. Le vuelve a dar toda autoridad, toda potestad, lo restaura como su hijo. Y ¿qué dice el hijo mayor cuando ve que hay gran fiesta en la casa? ¿Se alegró o se enojó? Igual que usted. Quiero que sepa que el que llega de último, después de gastar toda su vida haciendo pecado y se arrepiente, Dios los perdona. Y el que llega primero desde la infancia y permanece fiel al Señor, también.

Ahora no caiga usted en el error en el que caí cuando era niño. Un día le dije a mi pastor, un pastor que cuando yo lo conocí era un charamilero que se quería quitar la vida lanzándose al paso del ferrocarril, caminando hacia el ferrocarril llegó donde estaba la iglesia donde estábamos congregados. Oyó los cantos, entró, se convirtió a Cristo, entró hecho un charamilero, hediondo, sucio y atrás iba la mamá peor que él todavía. Ese día se convirtieron los dos. Pocos años más tarde, después de ir a la Escuela Bíblica, se convirtió en el pastor de esa iglesia. Yo lo vi entrar como charamilero, pero la gracia de Dios lo trasformó.

Un día caminando con él de la iglesia hacia el internado, de noche, le digo: don Ramón, yo quisiera tener un testimonio como el suyo para dejar con la boca abierta a la gente y decirles yo era charamilero, me quedaba tirado por las calles y de ahí me levantó el Señor – porque todos cuando oyen un testimonio así se quedan boquiabiertos–. Y qué les voy a contar yo, hermano Ramón. No, me dijo, yo quisiera tener un testimonio como el tuyo, porque la Biblia dice: Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado, sino que en la ley de Jehová está su delicia y en su Ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, y su hoja no cae, y todo lo que hace prosperará. La gracia de Dios es abundante y esa gracia es la que nos tiene aquí hoy.

Si un día entrara uno de sus conocidos y que se arrepiente, aunque sienta envidia,  dele gracias a Dios, aunque diga por qué Dios hace eso, porque a Dios le da la gana, Él es el propietario, la Biblia dice que “Del Señor es la tierra y de su plenitud el mundo y los que en él habitan, porque Él la formó, la fundó sobre los mares”. Dios es el propietario y quiere que todos disfrutemos de su dinero, de sus gracia, de su bendición. Creo que debemos estar agradecidos por esa gracia que el Señor nos ha dado.

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