La parábola del rico insensato (código 2015-287) – Radios Fráter
  • septiembre 13, 2015

La parábola del rico insensato (código 2015-287)

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Todos hemos sido jóvenes, les he contado la historia de aquel camioncito desvencijado que ya tronaba por todos lados, atrás tenía un rotulo que decía: “yo también fui un último modelo”, y cuando nosotros somos nuevecitos último modelo, jovencitos, soñamos, aspiramos a cosas hermosas, cosas grandes. No he conocido a ningún jovencito que me diga Pastor ore por mí, quiero crecer y ser el pobre más pobre de todos del país. Nadie ha soñado crecer y ser pobre, todos soñamos a ser ricos, si yo fuera rico dice el violinista en el tejado, pero quiero aclararle que los pobres en el mundo viven con apenas dos dólares al día, es decir quince quetzales al día. Nosotros, los que estamos aquí, ya no somos pobres, porque ya no se es pobre si se desayuna bien, aquí todos tienen la oportunidad de desayunar bien, de almorzar bien, cenar bien.

Anoche tuvimos una lluvia copiosa en nuestra ciudad pero tuvimos techo para guarecernos, no nos mojamos, muchos vinimos en nuestros automóviles y otros en taxi y otros en autobús, pero Dios concede a cada uno la bendición de tener muchas riquezas. Dios nos ha prosperado, tenemos casa y algunos más de una, tenemos ropa y la mayoría más de la que podemos usar, porque hay una que hemos guardado esperando que nos quede en el futuro, por si nos va a quedar…de recuerdo. Dios nos ha prosperado grandemente, la voluntad del Señor es que tengamos vida nueva en Cristo, vida en abundancia aquí en la Tierra y vida eterna allá en el cielo. Dios quiere prosperarnos y bendecirnos, damos gloria a Dios porque así lo ha hecho.

Cuando empecé a predicar en templos, en el interior de la República, eran unas casitas de lámina con piso de tierra y unas bancas, unas puras tablas sobre blocks, hoy ha bendecido a la Iglesia en todo el país y una muestra de eso es esta casa de oración que Dios nos ha permitido levantar, que es una muestra del avance de la obra del Señor. El problema no es llegar a ser rico, el problema no es llegar a tener mucho, el problema radica más bien en nuestra actitud hacia la riqueza. ¿Dónde está nuestra mente y nuestro corazón? ¿Qué es lo que pensamos? ¿Podríamos decir que Dios me ha dado tanto, porque me quiere tanto? Es cierto, Dios nos ama. ¿No nos amaba cuando estábamos en la pobreza? Dios nos ama cuando estamos en la pobreza, cuando estamos en la escasez, el apóstol Pablo dice: he aprendido a estar en escasez, he aprendido estar en abundancia, para todo he sido enseñado. El amor de Dios no lo determina cuánto bienestar material tengamos. Podemos tener mucho dinero, bienestar material y Dios nos ama, podemos tener poco bienestar material pero también Dios nos ama.

Le hablaba a 180 parejas en una cena de matrimonios y les mostraba en partes de la prédica el video de una niña que se llama Miriam, una niña que está junto con los 450 mil sirios que han salido como refugiados por toda Europa, huyendo del grupo Isis que los ha perseguido y los ha matado. Esa niña decía “yo sé que Dios me ama y yo sé que ama, inclusive, aquellos que nos han expulsado de nuestras casas”. A veces el pueblo de Dios se encuentra como estos refugiados sirios huyendo de la muerte, dejando sus casas, dejando sus comodidades por salvar la vida, si a usted le toca salir huyendo una vez por salvar la vida y dejar su casa, su carro y cosas, sepa que a donde quiera que usted vaya, Dios lo va a seguir amando igual y lo guardará, lo ayudará a salir adelante. El problema de algunos es caer en el error de aquellos que se enriquecen y se olvidan de Dios nuestro Señor.

Se encuentra Jesús contando la historia del rico insensato. Ser rico no es pecado, no es una mala ambición, el problema es ser rico insensato, tenemos que ser ricos sensatos, dice Lucas 12:13-21 “Uno de entre la multitud le pidió: —Maestro, dile a mi hermano que comparta la herencia conmigo. —Hombre —replicó Jesús—, ¿quién me nombró a mí juez o árbitro entre ustedes? » ¡Tengan cuidado! —Advirtió a la gente—. Absténganse de toda avaricia; la vida de una persona no depende de la abundancia de sus bienes. Entonces les contó esta parábola: —El terreno de un hombre rico le produjo una buena cosecha. Así que se puso a pensar: “¿Qué voy a hacer? No tengo dónde almacenar mi cosecha.” Por fin dijo: “Ya sé lo que voy a hacer: derribaré mis graneros y construiré otros más grandes, donde pueda almacenar todo mi grano y mis bienes. Y diré: Alma mía, ya tienes bastantes cosas buenas guardadas para muchos años. Descansa, come, bebe y goza de la vida.” Pero Dios le dijo: “¡Necio! Esta misma noche te van a reclamar la vida. ¿Y quién se quedará con lo que has acumulado?” — quedarán con sus bienes el fisco, los hijos, las nueras, los abogados—»Así le sucede al que acumula riquezas para sí mismo, en vez de ser rico delante de Dios”.

¿Qué le pasa a quien acumula riquezas para sí mismo, en vez de ser rico delante de Dios? Se muere y lo deja todo. ¿Qué les va a pasar a todos los ricos insensatos y ricos sensatos? Se van a morir. Se muere el rico y se muere el pobre, el feo y el bonito, todos nos morimos, la diferencia entre el rico insensato y el rico sensato es que este usa sus riquezas para bien de los demás y no solo para acumularlas. El problema es vivir solo para acumular y acumular. Avaricia significa afán de poseer muchas riquezas, por el deseo de solo atesorarlas sin compartirlas con nadie. A usted, señora, le gusta tener toallas lindas, compra toallas lindas, tiene un montón pero siempre usa las viejas. Y si alguien quiere una toalla, le da la vieja, pero cuando llegan los ladrones se llevan las nuevas y le dejan las viejas. Si usted tiene algo úselo, no solo atesórelo, compártalo.

La parábola se origina en una disputa entre hermanos por una herencia. Lucas 12:13dice que Uno de entre la multitud le pidió: —Maestro, dile a mi hermano que comparta la herencia conmigo. La ley sobre las herencias era conocida y practicada en Israel. Deuteronomio 21:15-17 dice »Tomemos el caso de un hombre que tiene dos esposas, y que ama a una de ellas, pero no a la otra; ambas le dan hijos, y el primogénito es el hijo de la mujer a quien no ama. Cuando tal hombre reparta la herencia entre sus hijos, no dará los derechos de primogenitura al hijo de la esposa a quien ama, ni lo preferirá en perjuicio de su verdadero primogénito, es decir, el hijo de la esposa a quien no ama. Más bien, reconocerá a éste como el primogénito, y le dará el doble de las posesiones que le correspondan. Ese hijo es el primer fruto de su vigor, y a él le pertenece el derecho de primogenitura.

En Israel esto era una ley, por eso la parábola del hijo pródigo: hay dos hijos y al mayor le dan dos terceras partes y al menor una tercera parte, eso era la ley, es decir que una herencia de treinta mil dólares, veinte mil eran para el primogénito y diez mil dólares para el segundo. Hoy no estamos en esa ley de Israel, así que si usted es primogénito aguátese, con suerte le van a dar algo. Hoy los papás disponen dar lo que quieren a quien quieren y se busca la igualdad, pero el tena no era la herencia sino la avaricia después de haber heredado. Cada vez que se muere alguien, los herederos entran en conflicto, porque nunca están contentos, porque siempre quieren más, ese es el problema. Recientemente estuve en el funeral de un hombre muy rico, multimillonario y heredó a sus hijos en vida, pero ya están peleando, porque todos quieren más.

Hay dos posibilidades en la solicitud de este hombre: la primera es que el hermano mayor se había quedado con el cien por ciento. La segunda es que le habían dado las dos terceras partes al mayor y al otro su tercera parte, pero quería más. El punto es la avaricia, después de haber heredado. Hay un mandamiento que dice: no codiciarás y claramente dice no codiciarás a la mujer de tu prójimo, la casa de tu prójimo, el burro de tu prójimo y se refiere al animal, no está insultando al prójimo, pero cuántas veces hemos caído en esa codicia. Andamos con nuestra mujer y vemos a otra y decimos qué bonita está. En su corazón uno codicia que es el deseo vehemente de poseer muchas cosas, especialmente riquezas o bienes.

Deje de codiciar, deje de ser avaro y empiece a aceptar y estar contento con lo que tiene. Bendiga a la vieja que Dios le dio, cuando la conoció no era vieja, usted la hizo vieja y usted está más viejo que ella, junto con ella. La vida hay que disfrutarla pero no caer en la avaricia. Quizá usted conoce un hecho que se le llama “el caso de la línea”. Han capturado a decenas de personas, altas autoridades de la Superintendencia de Administración Tributaria, altas autoridades del gobierno han sido capturadas, están presas. Los jueces determinarán si son culpables o no, pero los que sí podemos saber es que ese es un ejemplo de lo que pasa cuando caemos en la avaricia y en el deseo de tener más de lo que nos corresponde.

A Juan el Bautista le preguntaron, cuando estaba predicando, recuerde que vino después de cuatrocientos años de silencio, entre el Antiguo y el Nuevo Testamento no hubo predicadores por cuatro siglos y el primero que aparece fue un éxito, estaba en la boca de todos. La gente llegó a preguntar, los soldados le preguntaron a Juan ¿y nosotros qué tenemos que hacer? Juan les dijo: conténtense con lo que ganan. Usted es electo diputado, pues conténtese con lo que gana, por qué tiene que meter quince plazas fantasmas, ¿por qué? por la avaricia. La codicia es lo que nos hace caer en delitos y luego nos lleva a juicios, a procesos, a la cárcel y antes de ser condenados ya hemos perdido el buen nombre, el prestigio, la vergüenza. Pobres nuestros hijos cuando ven que estamos en primera plana como ladrones, como corruptos. Qué nieto va llegar al colegio el día lunes a decir que mi abuelo está en la prensa, porque está preso. Estoy orgulloso de mi abuelo, gran ladrón. Nadie, por eso dice la Biblia más vale el buen nombre que las muchas riquezas.

La avaricia siempre nos lleva a vivir atados al trabajo y por trabajar, trabajar, y trabajar nos olvidamos de disfrutar de los hijos, de la pareja, de los amigos, de la iglesia. El objeto de la avaricia es querer tener más y más dinero y nos obliga a vivir para servir al pecado, el robo, las extorsiones, la corrupción. Todo lo que involucra el pecado de la avaricia tiene de rodillas a nuestra Guatemala, la que debe ser una Guatemala más próspera e íntegra. Este hombre de la parábola dice que era una persona altamente productiva, porque había logrado sembrar y Dios lo había bendecido con una gran cosecha. Usted puede ser un buen trabajador y sembrar su tierra, su finca, pero que esa finca produzca mucho fruto depende de la naturaleza, eso depende de Dios si no llueve a tiempo se pierde, si no llueve en su momento oportuno sufre pérdida y si llueve en exceso se cae.

Ayer me contaba un hermano que tenía siembra de maicillo y que llovió tanto, el viento fue tan fuerte que se cayó todo, ahora está tratando de cortar un poco y recuperar algo. Puede ser muy productivo, pero si le da un surmenage y sufre un problema de salud quedará siendo un vegetal improductivo. Todo lo que hacemos es porque Dios nos da la oportunidad de hacerlo, la vida para hacerlo, la salud para hacerlo, los recursos, las relaciones. Esta persona generaba cada vez más y más riqueza al punto de decir que tenía que hacer graneros nuevos para que le cupiera todo lo que estaba recibiendo, como decimos comúnmente: “esta persona ya estaba hecha”. Tenía más que suficiente, por esos hablaba consigo mismo y decía: Alma mía, ya tienes bastantes cosas buenas guardadas para muchos años. Descansa, come, bebe y goza de la vida.

Pensamos que como ya alcanzamos cierto patrimonio, cierta fortuna ya estamos hechos. No es cierto, puede tener su dinero guardado en un banco y un día para otro el famoso gran banco de décadas se viene abajo y pierde todo su dinero. Puede tener su dinero invertido en las Torres Gemelas, como un edificio imposible de botar, pero vienen unos aviones manejados por terroristas a estrellarse a esas torres y se vienen abajo y usted pierde su inversión. Viene un tsunami y la casa tan linda de la playa desaparece. El hotel que mandó a hacer, desparece. Nunca pensemos que ya estamos hechos, que ya tenemos todo, que ya guardamos tanto que ahora podemos estar tranquilos. No, recuerde que la Biblia dice: el Señor es mi pastor, nada me falta y si yo pierdo todo lo que tengo en el banco, Él proveerá para mi pan cotidiano, pase lo que pase seguirá siendo mi proveedor.

Sí, usted puede ser el gerente general de la empresa, el presidente de la Republica, el ministro de Estado, el diputado al Congreso y de pronto se queda sin nada, pero si es un rico sensato todos dirán que se quedó sin nada, pero sabe que lo tiene todo, porque tiene a Cristo en su corazón, tiene a Dios su lado y Él lo levantará del polvo, Él lo restaurará como restauró a Job, que tenía todo, pero ese hombre sabía que el temor a Dios es lo más importante y por eso cuando se quedó sin nada, se murieron todos sus hijos, perdió todo su dinero, perdió la salud, tuvo sarna desde la coronilla a la planta de los pies, el hombre se postró, adoró agradeció a Dios. Años más tarde Job era restaurado y llegó a ser dos veces más rico que antes, llegó a tener unas hijas más lindas que las muertas, cuando Dios está en el centro de nuestra vida podemos perderlo todo, pero no perdemos nada porque lo tenemos con nosotros, y si Dios es con nosotros, quien contra nosotros. Dios y yo somos mayoría, dijo Lutero en alguna ocasión.

El pecado de este hombre rico insensato era hacer sus planes sin tomar en cuenta su muerte y sobre todo a Dios. Santiago dijo: ay de aquel que dice iremos a tal ciudad, vamos a comprar, vamos a vender y de aquí a un año vamos a tener tales resultados. Santiago dice no, no piensen así, no hagan planes sin incluir a Dios. En vez de eso digan: si Dios quiere iremos a tal ciudad y haremos tales negocios, y si Dios quiere vamos a tener muchas cosas, pero si no quiere no haremos lo que estamos pensando. Dios tiene que ser el centro de nuestra vida, de lo contrario seremos necios. Cuánto tenemos nunca demostrará ni cuanto queremos a Dios ni cuánto Dios nos quiere a nosotros. Lo que sí es cierto, es que Dios un día nos llamará a su presencia y de nosotros dependerá llegar y poder decirle gracias Dios por todo o llegar y decir Señor se quedó todo lo que tenía en la Tierra y lo peor es que vengo al cielo y no tengo tu favor. Va a ser muy duro llegar a la presencia de Dios y que nos diga: no te conozco, apártate de mí, hacedor de maldad.

Otra historia será para todos los que hemos creído en Jesucristo como nuestro Señor, llegar al cielo, ver a Dios Padre y decirle aquí estoy contigo para toda la eternidad. No es lo mismo llegar delante del juez que llegar delante de nuestro Papá, usted va a llegar delante de su Papá y le va a decir no te preocupes hijo, no hay ningún juicio pendiente para ti, la sangre de Cristo limpió todos tus pecados, tú has sido perdonado, aquí no hay un expediente sobre el cual procesarte, te preparaste a tiempo, te perdoné a tiempo y ahora estarás aquí. La vida de una persona no depende de la abundancia de sus bienes, la vida de una persona depende de las buenas relaciones que sostiene y la relación que más importa es la relación con Dios nuestro Señor. Dios nos ha bendecido, nos ha enriquecido, Dios nos ha prosperado, compartamos con el necesitado.

Les comparto lo que dice Mateo 6:31-34 Así que no se preocupen diciendo: “¿Qué comeremos?” o “¿Qué beberemos?” o “¿Con qué nos vestiremos?” Porque los paganos andan tras todas estas cosas, y el Padre celestial sabe que ustedes las necesitan. ¿Qué sabe el Padre que necesitamos? comida, ropa, techo y Él es quien nos provee. Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas. 

Tenemos que buscar el reino de Dios, hacer voluntad del Rey, guardar sus leyes, sus principios, sus mandamientos y cuando hacemos eso Él se encargará de que nosotros tengamos como añadidura todo lo demás. Ordene sus prioridades, primero busque el reino de Dios, obedezca a Dios siempre, traiga los impuestos del reino de Dios, es decir si Dios lo prospera traiga sus diezmos. Dios le da un millón traiga los cien mil que corresponden. Primero dé al Señor lo que es del Señor Y luego comparta con su familia, con los necesitados, porque al fin y al cabo, créame, se lo vuelvo a decir: se va a morir y todo lo que ha acumulado ¿para quién será? No siga guardándolo, disfrútelo compartiendo con otros.

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