¿Qué te pide el Señor tu Dios? (código 2015-312) – Radios Fráter
  • octubre 4, 2015

¿Qué te pide el Señor tu Dios? (código 2015-312)

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¿Le ha tocado ir a una entrevista para conseguir empleo? Cada vez las entrevistas se vuelven más sofisticadas, más complejas. Aun aquí en la Fráter hacemos pasar a todos los nuevos trabajadores por el polígrafo para ver si están diciendo la verdad, para saber si no son mentirosos y aun así nos meten goles a veces. Oí la entrevista que le hicieron a un aspirante a un puesto ejecutivo en una empresa importante y entre las preguntas claves que le hizo su entrevistador fue ¿cuánto quiere ganar? Y respondió -20 mil dólares mensuales-. ¿Así? le dijo. ¿Estaría de acuerdo que le diéramos un auto Mercedes Benz para que lo usara sin que tuviera que pagarlo? -Yo sí-, le respondió. ¿Le parece que le diéramos tres meses de vacaciones pagadas cada año? ¿Qué le diéramos vivienda en este edificio de apartamentos de lujo que está en la Avenida de las Américas? -Ah, usted está bromeando-. Usted empezó primero.

Imagínese que la entrevista la vamos a tener con Dios, el creador de los cielos y la tierra, el dueño de todo el universos y que Él nos quiere emplear para ser obreros en su viña, que seamos trabajadores de recaudar bien la cosecha que es abundante de almas. No solo recibiríamos esas preguntas de si somos honrados, si somos genuinos, si somos legítimos, si decimos la verdad, etcétera, sino que tendría que hacerse la pregunta, -Dios, ahora que estamos en esta entrevista, ¿qué pides tú de mí? Yo sé que tú me va a dar salvación, vida eterna, me vas a dar vida en abundancia aquí en la Tierra, me vas a dar ángeles que me acompañen, que me guarden, que me tomen de la mano si tropiezo, vas a cuidar de mi familia, si estoy enfermo me sanarás. En fin, yo sé que los beneficios de servirte, Señor, son muy grandes. No hay duda que es tu voluntad que sea prosperado en todas las cosas, así como mi alma está en prosperidad.

-Dios, ¿qué esperas de mí? ya que voy a trabajar para ti, ya que voy a ser tu servidor, ya que voy a ser tu jornalero-, porque toda persona cuando desea ser contratada para un servicio debe saber exactamente cuál es la función que va a desempeñar, cuál es la descripción del puesto y qué es lo que significa. Ahí es cuando les dicen que su horario va a ser de cuatro de la mañana a las doce del mediodía o de las siete de la mañana a cinco de la tarde de lunes a sábado. En fin, ahí le van a decir todas las cosas que usted tiene que hacer, porque no solo tenemos que pensar en los beneficios, todos debemos usar un verbo aprendido desde niños, los niños lo primero que aprenden a decir después de decir no, es dame, dame, dame comida, dame ropa, dame juguetes, dame vida, dame tiempo, dame dinero.

Y esa costumbre no se les quita aun cuando llegan a viejos, siempre están dame, dame, dame. Pero ¿qué es lo que nos pasa como hijos del Señor? Tenemos que aprender a decir ¿qué te puedo dar? ¿Qué te daré Maestro? ¿Mi juventud, mi vigor, mis tesoros, mi tiempo? ¿Qué te daré? Todo lo mejor te daré Señor. Tenemos que estar listos para saber qué espera Dios de nosotros. Por ejemplo, Jesús dijo claramente, si alguno quiere venir en pos de mí, tome su cruz cada día y sígame, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. El Señor no nos dora la píldora, no nos cuentea, no nos engaña. Cuando nos ofrece un lugar en Su reino, nos especifica claramente cuál es el costo.

Por eso cuando, si es buen trabajador, llega a una empresa va a procurar hacer todo lo mejor, para quedar bien con aquel que lo contrató y que se dé cuenta que no hizo una mala elección, sino que escogió al mejor de todos los que estaban aspirando al puesto. Que se sienta contento, satisfecho en vez de decirle, después de los dos meses de prueba, que siempre no, no nos parece su desempeño. Necesitamos agradar a Dios con nuestro desempeño para que Él diga buen siervo   Y ahí recibimos el reconocimiento. En

En Deuteronomio 9:7 encontramos el relato interesante de un pueblo que se llama Israel, que es muy parecido a un pueblo que se llama Iglesia. Israel es una manera de ver a la Iglesia hoy en día, porque Dios lo escogió para que fuera el pueblo escogido, un pueblo que fuera testimonio a todas las naciones paganas y que vieran cómo debería ser un pueblo gobernado por Dios, un pueblo monoteísta, un pueblo teocrático, un pueblo obediente a la ley de Dios. Como espera Dios que la Iglesia sea hoy una muestra del cómo se debe vivir en este mundo. Dios espera que Iglesia demuestre al mundo que la vida debe ser como la Iglesia vive: una comunidad que vive en respeto mutuo, en armonía constante, en trabajo diligente y en obediencia a todas las leyes nacionales y bíblicas, pero a veces no ocurre eso.

Acaba sacar Moisés a Israel de la esclavitud de Egipto, los tiene en el desierto, está recién llegado este grupo de casi tres millones de personas al desierto y en Deuteronomio 9:7-21 dice: Recuerda esto, y nunca olvides cómo provocaste la ira del Señor tu Dios en el desierto. Desde el día en que saliste de Egipto hasta tu llegada aquí, has sido rebelde contra el Señor. Nosotros también hemos sido rebeldes con el Señor ¿cuántas veces hemos quebrantado su ley? 8 A tal grado provocaste su enojo en Horeb, que estuvo a punto de destruirte. Cuando subí a la montaña para recibir las tablas de piedra, es decir, las tablas del pacto que el Señor había hecho contigo, me quedé en la montaña cuarenta días y cuarenta noches, y no comí pan ni bebí agua. Allí el Señor me dio dos tablas de piedra, en las que él mismo escribió todas las palabras que proclamó desde la montaña, de en medio del fuego, el día de la asamblea. »Pasados los cuarenta días y las cuarenta noches, el Señor me dio las dos tablas de piedra, es decir, las tablas del pacto, y me dijo: “Levántate y baja de aquí en seguida, porque ese pueblo tuyo, que sacaste de Egipto, se ha descarriado. Bien pronto se han apartado del camino que les mandé seguir, y se han fabricado un ídolo de metal fundido”.

13 »También me dijo: “He visto a este pueblo, y ¡realmente es un pueblo terco! Déjame que lo destruya y borre hasta el recuerdo de su nombre. De ti, en cambio, haré una nación más fuerte y numerosa que la de ellos”. »Luego me di vuelta y bajé de la montaña que ardía en llamas. En las manos traía yo las dos tablas del pacto. Entonces vi que ustedes habían pecado contra el Señor su Dios, pues se habían fabricado un ídolo fundido con forma de becerro. ¡Bien pronto se habían apartado del camino que el Señor les había trazado! Así que tomé las dos tablas que traía en las manos y las arrojé al suelo, haciéndolas pedazos delante de ustedes. »Nuevamente me postré delante del Señor cuarenta días y cuarenta noches, y no comí pan ni bebí agua. Lo hice por el gran pecado que ustedes habían cometido al hacer lo malo a los ojos del Señor, provocando así su ira. Tuve verdadero miedo del enojo y de la ira del Señor, pues a tal grado se indignó contra ustedes, que quiso destruirlos. Sin embargo, el Señor me escuchó una vez más. Así mismo, tan enojado estaba el Señor contra Aarón que quería destruirlo, y también en esa ocasión intercedí por él. Luego agarré el becerro que ustedes se fabricaron, ese ídolo que los hizo pecar, y lo quemé en el fuego; lo desmenucé y lo reduje a polvo fino, y arrojé el polvo al arroyo que baja de la montaña.

¿Se enoja el Señor, el pastor también? El pueblo de Israel era un pueblo terco como es el pueblo de la iglesia hoy en día, en muchos lugares. Tan solo cuarenta días después que Moisés sube a la montaña ellos se pierden. Aarón, el hermano de Moisés, les funde un becerro de oro, lo proclama su Dios, Moisés regresa nuevamente y le da las tablas de piedra, donde encontramos la razón del tema de hoy, donde buscamos responder “¿Qué te pide el Señor tu Dios? En Deuteronomio 10:10-13 dice: «Yo me quedé en la montaña cuarenta días y cuarenta noches, como lo hice la primera vez, y también esta vez el Señor me escuchó. Como no era su voluntad destruirlos, el Señor me dijo: “Ve y guía al pueblo en su camino, para que entren y tomen posesión de la tierra que juré a sus antepasados que les daría. »Y ahora, Israel, ¿qué te pide el Señor tu Dios? Simplemente que le temas y andes en todos sus caminos, que lo ames y le sirvas con todo tu corazón y con toda tu alma, y que cumplas los mandamientos y los preceptos que hoy te manda cumplir, para que te vaya bien.

Ahora le pregunto ¿quiere que le vaya bien? ¿Quiere prosperar en todas las cosas? ¿Quiere ser exitoso en sus estudios? ¿Quiere ser exitoso en sus negocios? ¿Tener éxito en su familia, en su profesión? Todos queremos ser exitosos, nadie ha venido a mí a decirme que ore, porque quiere ser el más fracasado de todos. Nadie ha venido a decirme: Pastor, yo quiero que mi gestión gubernamental termine y que yo sea el más aborrecido de todos los gobernantes. Nadie ha venido a decirme que quiere que su empresa se venga a la quiebra y quedar endeudado por cincuenta años. Todos queremos que nos vaya bien.

¿Qué tenemos que hacer para que nos vaya bien? Simplemente temer a Dios, podrá decir que Dios no nos ha dado un espíritu de temor sino de poder, de amor, de dominio propio. Una cosa es tener espíritu de temor y otra cosa es temor a Dios. Muchos tienen temor que los aplaste un carro cuando están en el intenso tránsito en el bulevar San Cristóbal, ese temor es bueno porque los hace estar alerta y no se va a travesar así nomás. Y si va conduciendo, hay quienes tienen temor que los choque un camión, porque es algo horrible, ese temor lo hace a usted una persona precavida. Hay quienes tienen temor que le roben a su mujer. Sí, usted se enamora de la más bonita de todas, todos se la quieren quitar. Ese temorcito hace que sea un hombre pilas y su mujer ande siempre muy contenta y satisfecha con usted para que nadie se la lleve.

Comenzamos hablando de la entrevista. Cuando está trabajando en una empresa necesita tener un poco de temor de la empresa, un poquito de temor del jefe, un poquito de temor del dueño en el sentido que si usted no llega puntual, si no hace su trabajo ¿qué va a hacer el jefe o el dueño de la empresa? Lo va a despedir. Eso de desempeñarse bien, no es lo mismo ser un lisonjero, porque hay quienes cuando está el jefe todo camina bien, aquí en Guatemala hay una expresión que dice “culebra”, “chaquetero”, “soba levas”. Porque cuando está el jefe todos sentados trabajando o parados produciendo o cada quien haciendo lo que debe y cuando no está el jefe hay quienes no hacen bien su trabajo. Por eso cuando el jefe llega a la empresa o a la institución donde sirve, siempre hay un mensaje que suena por ahí: aguas, aguas; pilas, pilas, alertas porque ya vino el mero mero, el dueño de la empresa, el número uno. Y todos quieren quedar bien.

Es importante que aprendamos a comportarnos bien, a hacer nuestro trabajo bien siempre. Por eso la Biblia dice que nosotros no trabajamos para el ojo del hombre sino para el ojo de Dios, porque Él sí nos ve siempre, aunque no esté usted consciente de que ahí está. Cuando le dice a una muchacha agáchate, vamos a entrar al motel. Usted cree que nadie lo ve, pero Dios lo está viendo que usted entra con una mujer fea. Hay un ojo que nos ve, Dios siempre ve, cuando está solo en su casa y cree que nadie lo está viendo, está engañado, lo está viendo el mero mero, el número uno, el dueño de la empresa, el que es Omnipresente, porque está presente en todos lados, es Omnisciente, porque sabe todas las cosas, Omnipotente, porque Dios es Todopoderoso, por eso debemos aprender a temer al Señor, porque tiene todos los recursos para saber si usted y yo hacemos bien las cosas o no.

Eso es lo primero que pide el Señor por medio de Moisés a Israel, que le tema. Todo el versículo dice Simplemente que le temas y andes en todos sus caminos, que lo ames y le sirvas con todo tu corazón y con toda tu alma, y que cumplas los mandamientos y los preceptos que hoy te manda cumplir, para que te vaya bien. Todo eso es porque Dios no quiere destruirnos sino hacernos bien. Los planes del Señor siempre son buenos para nosotros, por eso hay que creer que Dios existe, que está presente en todos lados. Hace muchos años entré al aeropuerto y saliendo venía un miembro de la iglesia – estábamos empezando y todos eran neófito, eran nuevos-, este todavía tenía la costumbre de fumar y cuando me vio iba a tirar el cigarrillo, cerró la mano, no sé dónde se metió el cigarrillo, no sé qué hizo, pero ahí platicamos un buen rato y él trató que yo no me mediera cuenta. Ya me había dado cuenta y antes que yo, Dios ya se había dado cuenta, porque cuando él se fue después que me vio a mí se lo sacó de donde lo tenía o encendió otro cigarrillo.

He entrado a un restaurante y he visto a algún hermano en una mesa llena de botellas vacías. Quizá usted esté en una mesa donde hay botellas llenas por alguna norma y cuando ve al pastor se preocupa y trata de esconderlas, le da más pena que el pastor lo vea a que Dios lo vea. Preocúpese, tema a Dios, porque Él nos ve. Hace muchos años, cuando Ciudad San Cristóbal era un lugar que solo la visitaban los que llegaban a tirar cadáveres y los que habíamos sido pioneros, hace unos treinta y cinco años, salimos mi esposa yo de la casa, agarré la esquina, crucé, solo habían cuatro casas en todo el sector B-2 y B-3. En una, cabal a la vuelta, estaba parado un carro y afuera estaba parado un hermano de la Fráter que yo conocía perfectamente bien con una muchachita a la que yo no conocía. Mi esposa, que ya me conoce, me dijo no vayas a parar, no vayas a parar y metí freno.

Bajé el vidrio de la ventana y le dije hola mi hermano, estás perdido. Me contestó: busco al licenciado fulano de tal, pero me dicen que no vive aquí, le estoy buscando trabajo a mi sobrina. Bueno, le dije, ¿sabes cómo salir de aquí? Esa semana llegó a su célula, dio su testimonio y dijo: hermanos, ¿saben qué pasó esta semana? El pastor me sorprendió con una mi chava. Pasaron los años y después me lo contó no era su sobrina. A veces nos da más miedo que nos agarre el pastor, el líder de la célula, el suegro, la mamá, el socio, el amigo. A quien deberás debemos temer es a Dios, porque siempre va a estar presente en todos nuestros actos.

Temer a Dios es respetarlo y reverenciarlo por lo que Él es. Es el mero, mero, el número uno, el dueño de la Tierra. Tiene mucho poder para hacernos daño si quiere, tenemos que reverenciarlo, no se puede tratar a Dios como a un igual. Recuerdo una vez que un jovencito lo hicimos ganar porque hicimos todas nuestras llamadas y ganó un concurso internacional y vino a Guatemala y se presentó frente a la Municipalidad y ahí frente al alcalde que le dio la felicitación. Empezó a tutearlo delante de todo el mundo, todos sentimos incómoda la situación porque era un patojo que lo habíamos hecho ganar a puro centavo llamando todos. Cuando se paró frente al alcalde de la ciudad ya se creía igual, ¿dónde está ahora el cantante? A saber y ¿el alcalde? Volvió a ganar.

Cuando hable con Dios háblele con reverencia, con respeto. Me impresiona cuando voy a predicar a Corea, en noviembre voy a estar de nuevo. Los coreanos de veras saben respetar la jerarquía, saben respetar a las personas y cuando se llega a Corea, como llego yo, porque ahora ya no soy un patojito, parezco pero ya soy mayor, entonces llego con mis seis décadas y media encima, con cincuenta años de ministerio y los hermanos y las iglesias con un respeto y una reverencia especial, saludan y uno que no está acostumbrado aquí, porque a ustedes les cuesta. Es bueno que aprendan un poquito de eso. Es importante que aprendamos amar y respetar a cada uno, según su jerarquía. Hay quienes se expresan: le dije al “colocho”. Cómo no, ¿desde cuándo le dice usted a Dios el “colocho? Ni que fuera su compañero de la misma mara. Debemos darle al Señor respeto, reverencia, reconocerlo que Él es verdaderamente digno que le tengamos ese reverencial miedo, ese respeto que merecemos darle al Señor.

Su posición inigualable de Creador merece un trato único, respetuoso reverente. Respetar a Dios significa obediencia. Muchos creen en Dios pero no lo respetan. Eso no es tener temor de Dios. Quien lo teme le cree, reconoce su grandeza y actúa con reverencia y respeto hacia Él. ¿Cómo se expresaba el rey David de Dios? Mire lo que dice el Salmo 145:1-21, Te exaltaré, mi Dios y rey; por siempre bendeciré tu nombre. Todos los días te bendeciré; por siempre alabaré tu nombre. Grande es el Señor, y digno de toda alabanza; su grandeza es insondable. Cada generación celebrará tus obras y proclamará tus proezas. Se hablará del esplendor de tu gloria y majestad, y yo meditaré en tus obras maravillosas. Se hablará del poder de tus portentos, y yo anunciaré la grandeza de tus obras.

Se proclamará la memoria de tu inmensa bondad, y se cantará con júbilo tu victoria. El Señor es clemente y compasivo, lento para la ira y grande en amor. El Señor es bueno con todos; él se compadece de toda su creación. Que te alaben, Señor, todas tus obras; que te bendigan tus fieles. Que hablen de la gloria de tu reino; que proclamen tus proezas, para que todo el mundo conozca tus proezas y la gloria y esplendor de tu reino. Tu reino es un reino eterno; tu dominio permanece por todas las edades. Fiel es el Señor a su palabra y bondadoso en todas sus obras.

El Señor levanta a los caídos y sostiene a los agobiados. Los ojos de todos se posan en ti, y a su tiempo les das su alimento. Abres la mano y sacias con tus favores a todo ser viviente. El Señor es justo en todos sus caminos y bondadoso en todas sus obras. El Señor está cerca de quienes lo invocan, de quienes lo invocan en verdad. Cumple los deseos de quienes le temen; atiende a su clamor y los salva. El Señor cuida a todos los que lo aman, pero aniquilará a todos los impíos. ¡Prorrumpa mi boca en alabanzas al Señor! ¡Alabe todo el mundo su santo nombre, por siempre y para siempre! Respete y reverencie a Dios. Quien teme a Dios vive como Dios manda. No le falta el respeto a su Creador. Reconozca su grandeza, su majestad y témale.

¡Terrible cosa es caer en las manos del Dios vivo! (Hebreos 10:31). Si usted le pierde el respeto y la reverencia y un día cae en las manos de Dios ¿qué puede hacer con usted? aniquilarlo, destruirlo. Si el Señor lo permite viene un terremoto y se acaban las ciudades. Si el Señor lo permite, viene una inundación y arrasa con las ciudades. Si el Señor lo permite viene un tsunami y arrasa con las ciudades. Si el Señor lo permite, viene un volcán, hace erupción y destruye las ciudades. Dios es Todopoderoso y cosa terrible es caer en las manos del Dios vivo, por eso es importante que aprendamos a ser caso lo que dice Deuteronomio “¿qué pide el Señor tu Dios de ti? Simplemente que le temas, que le respetes, que le reverencies, que le obedezcas, que le agrades, que trates siempre de quedar bien con Él. Proverbios 8:13 dice que Quien teme al Señor aborrece lo malo; yo aborrezco el orgullo y la arrogancia, la mala conducta y el lenguaje perverso. Qué buen consejo. Si usted teme a Dios, usted también aborrece el orgullo, la arrogancia, la mala conducta y el lenguaje perverso.

Job 28:28 dice Temer al Señor: ¡eso es sabiduría! Proverbios 1:7 dice El principio de la sabiduría es el temor al Señor. Puede ser una persona educada, ya salió de sexto, ya salió de secundaria, de la universidad y ya no sabe cuántas maestrías tiene. Pero si no teme al Señor, todavía no tiene sabiduría, los que tiene es conocimiento humano, pero la sabiduría se le nota a aquel que aborrece el mal, deja su mala conducta, quita el orgullo de su vida, quita la arrogancia de su vida y humildemente vive para agradar a Dios y para hacer Su voluntad y ese es verdaderamente sabio.

Juan 3:16-21 dice: »Porque tanto amó Dios al mundo, que dio – cuando usted ama se va a notar porque da, usted puede dar sin amar, pero no puede amar sin dar. Cuando usted ama da y Dios es el principal ejemplo. Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Muchos hemos recibido ya de Dios esa vida eterna por la fe en Jesucristo. Gracias Dios amado por salvarnos o perdonarnos, darnos vida eterna. 17 Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él. El que cree en él no es condenado, pero el que no cree ya está condenado por no haber creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios.

Esto hay que entenderlo. Aquí solo hay dos caminos, creer o no creer. Si cree en Jesús como el Hijo de Dios y le reconoce como su Señor y Salvador del mundo y está dispuesto vivir para amarle, reverenciarle, temerle, obedecerle y respetarle será salvo. Si usted no cree, entonces no va a ser condenado algún día, ya está condenado. En el momento en el que usted dejó de creer en el Señor o no quiso creer en el Señor, en ese momento usted ya definió su eternidad, ya está condenado. Ésta es la causa de la condenación: que la luz vino al mundo, pero la humanidad prefirió las tinieblas a la luz, porque sus hechos eran perversos. Pues todo el que hace lo malo aborrece la luz, y no se acerca a ella por temor a que sus obras queden al descubierto. En cambio, el que practica la verdad se acerca a la luz, para que se vea claramente que ha hecho sus obras en obediencia a Dios.

El temor a Dios es una actitud de reverencia y respeto hacia Dios, que luego nos lleva a estos pasos: 1. a tener una conciencia de que Dios es el dueño de nuestras almas y tiene poder de otorgarnos la salvación eterna o condenarnos a la destrucción eterna. 2. Una conciencia de que Dios está permanentemente mirando todo lo que pensamos, decimos y hacemos. 3. Que Él tiene el poder para premiarnos o castigarnos de acuerdo a nuestra conducta, lo cual nos debería motivar a ser cuidadosos y apartarnos del mal. Tenemos entonces, con temor de Dios, un deseo permanente de agradarlo, de quedar bien con Él. Si usted se esfuerza por agradar a su jefe, de quedar bien, con mayor razón debe buscar la manera de agradar a Dios y quedar bien con Él con su vida, con su conducta, con todo lo que hace.

Un reconocimiento humilde de que Él es Dios y nosotros sus criaturas y por lo tanto es digno de ser temido y reverenciado. Lo peor que podemos hacer es imitar a Israel en su conducta en el desierto y ser necios, no seamos tercos, porque mire lo que dice el Salmo 14:1 Dice el necio en su corazón: «No hay Dios.» Están corrompidos, sus obras son detestables; ¡no hay uno solo que haga lo bueno! Mientras no incluyamos a Dios en nuestra vida y le demos el debido temor, respeto, obediencia, reverencia vamos a ser parte de ese grupo que menciona el Salmo 14, todos están corrompidos, no hay uno bueno entre ellos.

Mis hermanos amados, si la paga del pecado es muerte, pero el regalo de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro y usted y yo estamos aquí ahora por la gracia de Dios, por Jesucristo que murió en la cruz por nuestros pecados y le creímos y le recibimos y Él nos cambió y nos dio vida nueva.

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