¿Qué te pide el Señor tu Dios? Parte 4 (código 2015-340) – Radios Fráter
  • octubre 28, 2015

¿Qué te pide el Señor tu Dios? Parte 4 (código 2015-340)

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A veces nos gusta pedir, pero no pagar el precio. Puede pedirle a un arquitecto que le diseñe una casa y le pide todo lo que quiere. Me parece bien, le dirá, pero esta casa le va a costar un millón de dólares. Porque todo en esta vida tiene un precio, cada vez que pedimos algo tenemos que pagar el precio. Vivimos siempre orando a Dios y pidiendo a Dios que nos dé bendiciones. Siempre le pedimos, Señor, que mi hijo sí  salga este año de su grado. Ayuda a mi hija, tú sabes que no es muy agraciada, pero que consiga novio, Señor. Te pido Dios por mi suegra, ya va siendo hora que te la lleves a descansar. Se nos va la vida en pedir a Dios un montón de cosas, los candidatos a presidente ¿qué creen que pidieron el domingo? Señor que sea yo el favorecido, que gane yo Señor.

Todos pedimos, pero la pregunta que tenemos hoy es ¿Qué te pide el Señor tu Dios? Nosotros pedimos, pero el Señor ¿qué nos pide? Una lección que he aprendido en la vida después de estar en varias décadas en este mundo y predicar la Palabra del Señor es que todas las promesas de Dios son condicionales, siempre empieza diciendo “Si se humillare mi pueblo”, es un sí condicional. “Sí se convierte de sus malos caminos. Sí se aparta de la idolatría”. Si cumple con tal cosa, entonces Yo oiré desde los cielos. Nosotros pedimos y pedimos y a veces no cumplimos con las condiciones.

En Deuteronomio 10:12 y 13 está la cita bíblica sobre la cual hemos presentado, con la de hoy cuatro temas importantes, dice: »Y ahora, Israel, ¿qué te pide el Señor tu Dios? Simplemente que le temas y andes en todos sus caminos, que lo ames y le sirvas con todo tu corazón y con toda tu alma, y que cumplas los mandamientos y los preceptos que hoy te manda cumplir, para que te vaya bien. Para que le vaya mal en todo, simplemente no le tema al Señor. No ame y sirva al Señor con todo su corazón y le va a ir mal. No cumpla los mandamientos y los preceptos que Él manda y le va a ir mal, pero si queremos que nos vaya bien, tenemos que tener al Señor en primer lugar, este fue el primer tema que desarrollamos, Él pide que le temamos. Temer al Señor es tener un respeto reverencial y reconocer que Su presencia está siempre con nosotros. Cuando está en Guatemala, Dios está con usted, cuando va a El Salvador Dios está con usted y si se va a México, Dios está con usted, o en la china. La presencia de Dios es continua, es permanente y por eso debemos actuar y hablar con respeto a Dios, porque ahí está con nosotros. No se nos olvide que Dios está con nosotros porque Él existe, porque lo ha prometido y por eso tenemos que comportarnos de esa manera.

Luego hablamos en la segunda parte “andar por sus caminos”. La Biblia nos habla que hay un camino ancho, por el cual todos transitan, pero que lleva a la perdición, pero hay un camino angosto con una puerta estrecha que es el que caminan aquellos que llegan a la vida eterna. Juan 14:6 dice Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie llega al Padre sino por mí. Tenemos que andar por los caminos del Señor, tenemos que hacer su voluntad. ¿Cómo sabemos cuál es su camino? Por su Palabra. Leamos la Biblia en el Salmo 119:105 que dice Tu palabra es una lámpara a mis pies;   es una luz en mi sendero. ¿Quiere saber qué camino escoger? Señorita, hay dos o tres pretendiéndola, ¿a quién le digo que sí? La Biblia le dirá a quién. Escoja a aquel que es yugo igual con usted, aquel que jala parejo con usted, aquel que va con usted a la iglesia, que cree en Dios, que le sirve a Dios, que ama a Dios, ese podrá ser un candidato, porque anda en sus caminos, hace Su voluntad.

Luego en la tercera parte hablamos que le amemos y que le sirvamos con todo el corazón y con toda el alma. Le amamos porque le conocemos, sabemos que es real. Lo amamos y por eso le obedecemos, hacemos caso a Su voluntad y reflejamos el amor de Dios donde quiera que estamos. Servimos a Dios y reconocemos que somos siervos, esclavos de Dios y servimos a Dios en la iglesia, pero también fuera de la iglesia. Cada vez que entramos al transito y viajamos por una carretera principal despacio a vuelta de rueda en la hora pico y hay un vehículo en la boca calle esperando entrar, si amamos a Dios, amamos al prójimo detenemos la marcha para que esa persona pase. ¿Por qué? Porque Dios es amor y nosotros por amor dejamos que el prójimo entre a la vía del tránsito.

El amor a Dios y el servicio a Dios debe ser continuo, constante. Así que servimos a Dios y al prójimo en la iglesia, diezmamos y ofrendamos en la iglesia, pero no nos limitamos hacerlo solo en la iglesia, así como diezmamos y ofrendamos en la iglesia también somos caritativos con el prójimo que está en necesidad, que está enfermo, que está desempleado, que está de luto. Hablamos de Dios en la iglesia, pero no nos limitamos de hablar de Dios solo en la iglesia, reflejamos un carácter de justicia y rectitud en todo lugar.

Hoy llegamos a la última parte de este pasaje bíblico hermoso ¿Qué es lo que el Señor pide de nosotros? Deuteronomio 10:12 y 13? Que cumplas los mandamientos y los preceptos que hoy te manda cumplir para que te vaya bien. Todos queremos que nos vaya bien. Terminamos un año y empezamos uno nuevo y lo empezamos diciendo ¡Feliz navidad y próspero Año Nuevo! Todos queremos prosperar cada día de nuestra vida. A mí me gusta 3 de Juan 2 que dice: Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas y que tengas salud, así como prospera tu alma. Prosperemos en lo material sin dejar de prosperar en lo espiritual.

Todos necesitamos vivir en un cuadro referencial de reglas, en el hogar si los hijos no tienen reglas claras la cosa no funciona bien. No puede decirle a sus hijos que cada quien puede comer lo que quiera, cuando quiera, como quiera con quien quiera. No, usted le dice a los hijos aquí desayunamos a las seis de la mañana, ahora tienen que desayunar muy temprano porque hay que salir muy temprano a trabajar y a estudiar. Aquí almorzamos a tal hora, cenamos a tal hora y a esa hora tienen que estar.

Mis hijos sabían que  al sentarse alrededor de la mesa, había suficiente comida para todos, pero la regla era que lo que se sirvieran tenían que comérselo. ¿Por qué habría que desperdiciarse la comida? Hay quienes se sirven un montón y dejan un montón. Y a ¿Dónde va esa comida por lo general? Cuando estaban en la escuela primaria, la norma era ir a la cama a las ocho. En esa época estaba sacando unas cápsulas en Canal 5 de Televisión y antes de cada cápsula salía una cancioncita que decía “vamos a la cama que hay que descansar”. Ahí estaban mis hijos y los hijos de un montón viendo la capsulita, porque eso servía de acondicionamiento que ya era tiempo para ir a descansar. Después de la capsulita se iban a la cama los chicos. Tienen que establecerse reglas. No puede “sugerir” a sus hijos que se cepillen los dientes después de comida. Qué pasa cuando sugiere algo a los hijos, no lo hacen. Les sugiero que se bañen. Una sugerencia difícilmente es obedecida por los hijos.

Ayer estaba en una de tres bodas que hice, una en la mañana, otra al mediodía y la última en la noche. A las 11 de la noche ya estaba pidiéndole al Señor que me diera fuerzas. En la primera me tocó casar a un mayor del Ejército jubilado, que tiene un hotel- restaurante y como que varios de los soldados, que tuvo  su cargo, tiene trabajando allí, porque todos se cuadraban, todos servían rápido. En un ratito me dice si quería más carnitas de cerdo, pues si hay,  sí. Llama a uno de los muchachos, y le dice que le lleve más carnitas y le contesta –ya no hay–. –-Que me traigás, te dije, es una orden–. En el Ejército, las órdenes se cumplen, no se discuten. En el hogar las órdenes se cumplen, no se discute. En la iglesia, las órdenes se cumplen, no se discuten, porque  Dios es quien tiene toda autoridad sobre nosotros. Tenemos que aprender a obedecer.

Por algo dice la Biblia que obediencia quiero y no sacrificios. Dios quiere que le obedezcamos, no nos da sugerencia, nos da mandamientos. Nunca dice el Señor, te sugiero que perdonés a tu mujer que te dio un sartenazo en la cabeza. El Señor dice que debemos perdonar. Es un mandato. Amar a tu prójimo como a ti mismo, esa no es una opción, es un mandato. El Señor le ordena que perdone a su cuñado que le cae mal, porque dice el Señor ama a tu prójimo como a ti mismo. Todos los mandamientos son importantes, a Jesús le hicieron la pregunta ¿cuál mandamiento es más importante de todos? Amarás a tu prójimo como a ti mismo, amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y a tu prójimo como a ti mismo. Un mandamiento es una orden que un superior le da a un inferior.

Hoy escuchaba parte de la historia de uno de mis hijos. Un día me estaba rasurando y llega el mayor de ocho años. Me dice, ahora que vienen las vacaciones, ya que  vamos ir a Estados Unidos, nos llevas a Disney y luego, ¿me podría quedar en los Estados Unidos para mejorar mi inglés?  Le dije que sí. Después del seminario en Mexicali, tan  cerca de California, hicimos el paseo y lo dejé en el colegio en donde había hecho arreglos con un amigo pastor. Noviembre, diciembre y hasta después de Año Nuevo vino.

En esa época no existía celular, apenas en Ciudad San Cristóbal teníamos un teléfono, único y aquellos aparatos llamados tele escucha. Cada vez que íbamos a la oficina tratábamos de localizarlo y nunca pudimos. Se había hospedado  con una familia de millonarios que siempre andaban paseando y él feliz con ellos. Al año siguiente o a los dos años viene Alex y me dice, papi yo me quiero ir, empezó a hacer sus arreglos, pero los amigos en California tenían una serie de problemas en ese momento  y no me podían responder rápido. No quería hacer los exámenes finales del colegio, por eso se quería ir ya, para que le promediaran todas las clases, insistió tanto que le dije que llamaría a otro mi amigo en Alabama. Y se va Alex.

A los dos días una llamada, papi me quiero regresar. Y mi esposa oyendo me dice yo me voy a traerlo. Salió la voz del coronel de la casa que le dijo: ahora, te aguantás. Tanto molestar para que te mandara, ahora te quedás. – Hay aquí unos niños que molestan y me tienen de niñero –. Pues cuídalos. –Aquí hay unos caballos que me ponen a bañarlos–, pues báñalos. No hubo tales de “hijo te sugiero”. No, hay órdenes y gracias a Dios se quedó. A este pobre no le tocó quedarse con millonarios sino  con unos pobres  gringos más gafos, tan gafos que iban todas las mañanas a orar a la iglesia del lugar para pedir por el pan cotidiano.  Ahí estuvo aprendiendo.

Éxodo 20:1-20 Dios habló, y dio a conocer todos estos mandamientos: «Yo soy el Señor tu Dios. Yo te saqué de Egipto, del país donde eras esclavo.»No tengas otros dioses además de mí –es sugerencia o es mandamiento, ¡mandamiento! »No te hagas ningún ídolo, ni nada que guarde semejanza con lo que hay arriba en el cielo, ni con lo que hay abajo en la tierra, ni con lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te inclines delante de ellos ni los adores. Yo, el Señor tu Dios, soy un Dios celoso – nos ama tanto que nos quiere solo para Él, no nos quiere compartir con ningún otro dios–. Cuando los padres son malvados y me odian, yo castigo a sus hijos hasta la tercera y cuarta generación. Por el contrario, cuando me aman y cumplen mis mandamientos, les muestro mi amor por mil generaciones.

De aquí sacan algunos aquella enseñanza de las maldiciones generacionales, leamos Ezequiel 18:20, Dios trata con cada persona, no pasa el pecado de un padre a un hijo, ni el pecado de un hijo a un padre, cada quien es responsable delante de Dios por su propia vida. Por el contrario, cuando me aman y cumplen mis mandamientos les muestro mi amor por mil  generaciones.

»No pronuncies el nombre del Señor tu Dios a la ligera. Yo, el Señor, no tendré por inocente a quien se atreva a pronunciar mi nombre a la ligera. »Acuérdate del sábado, para consagrarlo. Trabaja seis días, y haz en ellos todo lo que tengas que hacer, pero el día séptimo será un día de reposo para honrar al Señor tu Dios. No hagas en ese día ningún trabajo, ni tampoco tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tus animales, ni tampoco los extranjeros que vivan en tus ciudades. Acuérdate de que en seis días hizo el Señor los cielos y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, y que descansó el séptimo día. Por eso el Señor bendijo y consagró el día de reposo. »Honra a tu padre y a tu madre, para que disfrutes de una larga vida en la tierra que te da el Señor tu Dios.  »No mates.  »No cometas adulterio. »No robes.  »No des falso testimonio en contra de tu prójimo.  »No codicies la casa de tu prójimo: No codicies su esposa, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su burro, ni nada que le pertenezca.»

¿Para qué nos dio el Señor mandamientos y preceptos? Para que nos vaya bien, ¿por qué exigimos a los hijos chiquitos para que se acuesten temprano? Para que duerman suficiente, para que se desarrollen bien físicamente, para que rindan bien el día siguiente en la escuela. ¿Por qué exigimos que nuestros hijos coman bien y no solo chucherías sino que coman verduras, yuca, papa, güisquil, chayote le dicen en otros lados, que coman zanahoria? ¿Por qué queremos que nuestros hijos estén bien educados, por eso les enseñamos a dar buenos días, buenas tardes, que sean cordiales, corteses? Para que les vaya bien, nadie va a contratar a alguien para un trabajo si es una persona malcriada, impuntual, que se duerme a media mañana, nadie va a contratar a una persona que no ha sido bien educada, por eso ponemos reglas en nuestra casa, en el colegio, en la iglesia, en la nación, para que a la gente le vaya bien. Si no hay reglas, hay caos. Cuando no había rey en Israel, dice la Biblia, todos hacían lo que les parecía bien a sus ojos, en otras palabras, lo que les daba la gana, y eso no puede ser.

Uno de los mandamientos que ya vimos dice “No tengas otros dioses además de mí. Cualquier dios que no sea Dios, será una invención humana, ¿podrá un dios inventado darnos la verdad? ¿Podrá un dios que no existe darnos esperanza, un dios que no tiene vida escucharnos? Dios es el único Dios, Él es el creador, el sustentador del universo, el dueño de la verdad, en Él estamos seguros, en la revelación de Su Palabra conocemos quién es Él. Lo que pide de nosotros es nuestra  paz, nuestra esperanza, la revelación de vida, y todo el que cree y vive para Dios vive bien, porque  vive en Su perfecta voluntad. Quien está fuera de Dios experimentará el engaño, la falsa esperanza y la muerte eterna. Sus mandamientos existen para que los obedezcamos y para que nos vaya bien.

Hoy vivimos en una nación que en una gran parte ha dejado de ser politeísta, ahora somos monoteístas, y creemos en un solo Dios creador de los cielos y la Tierra, ya no creemos en el dios de la guerra, en el dios de la fertilidad, en el dios del amor. Ya no somos politeístas la mayoría, pero hemos creado otros dioses, hay uno que le dicen san Messi, para otros  san Cristiano Ronaldo, muchos de los ídolos que tenemos hoy en día son deportistas y les rendimos culto. Son cantantes, hay quienes adoran a Lady Gaga,  y ahí tienen el poste de ella,  san Lady Gaga te rindo culto y me visto igual que tú, me desnudo igual que tú, porque no se viste bien a veces. A veces nuestro dios es aquel mismo que mencionó Jesús cuando dijo no pueden servir a Dios y a las riquezas y nuestro dios son las riquezas y nuestro templo es el banco. Los edificios más impresionantes en el mundo son el World Trade Center, las Torres Gemelas, por algo vimos en vivo como se venían al suelo.

Un día todo lo que vemos y adoramos va a ser quemado por el fuego del Señor. Los edificios más importantes de las ciudades son los bancos, va uno a Miami y mira edificios, bancos, bancos y más bancos. Va a Panamá, es impresionante, ¿por qué? porque le rendimos culto a Mamon y a las riquezas. Nuestra vida a veces se llena de varios dioses. Una época en la que el futbolista más admirado era Maradona, en Argentina hasta una capilla le hicieron y varios entraban a la capilla y se llamaban seguidores de Maradona y se decían “maradonianos”. No tengan otros dioses delante de mí, pero también habla de no mates. Eso hay que entenderlo. Conocemos familias que han sufrido la muerte violenta de alguien. Tenemos aquí en la iglesia a un hermoso grupo que se llama Brazos de Esperanza, y surgió precisamente porque le mataron al hijo de 25 a la querida familia Villaseñor. Se han dedicado para tener varias reuniones en el meses para poder consolar a quienes sufren la muerte de un ser querido, porque aún una muerte natural nos hace sufrir, no digamos un muerte violenta.

No matarás, dice el Señor. Dios valora tanto la vida que estableció que aquel que quita la vida de otro debe pagar con su propia vida. Delante de los ojos del Señor, la pena de muerte es correcta, Dios ama tanto la vida que castiga con la muerte a aquel que es un asesino, violador, pederasta, secuestrador. En algunos países entre las leyes existe la pena de muerte, pero una persona que aplica la pena de muerte, un juez que la dicta y luego ordena la ejecución no está matando, está aplicando la justicia. Dios es amor, pero es tan justo que ni a su propio hijo lo liberó de la pena de muerte en la cruz del Calvario, porque Él tomó para sí los pecados suyos, un homicida, mentiroso, pecador como cualquiera de nosotros, el Señor tomó para sí ese pecado y pagó con su vida el castigo que deberíamos sufrir por nuestro pecado.

Así que no matarás, no debe interpretarse como “pobre el pollo”. Ya se puso a pensar que cada vez que se come un pollo, alguien se lo “tronó”. Cada vez que usted se come un bistec, es producto que mataron a una vaca. ¿Cuántas vacas se habrá comido en su vida? No matarás no quiere decir que no mate ni una mosca, mate la mosca le va a contaminar la comida, lo que está diciendo es que no cometerás asesinato.

Vamos con otro mandamiento, no codicies la casa de tu prójimo. La codicia es ese deseo o apetito ansioso y excesivo de bienes o riquezas, no solo es un pecado sino que produce otros pecados, porque debido a que estamos codiciando el carro del vecino, del pariente, del compañero de trabajo, hipócritamente lo felicitamos, pero en el interior nuestro decimos Dios eres injusto, se lo das a este mediomundo en vez de dármelo a mí que soy tu hijo amado. Vamos a la boda y vemos que se casa la muchacha más fea del grupo con un muchacho “tan buena onda”, cristiano y con  pisto. Decimos, Padre, en vez de dármelo a mí, se lo diste a ella.

No codiciarás al esposo de tu amiga, la casa de tu amigo, el carro de tu vecino, ni la muchacha de tu vecina. Porque hay quienes les gusta estar sacando a las muchachas de oficios domésticos de otras casas. Las interrogan, les preguntan si las tratan bien, si les dan buen sueldo, si tienen televisión en su cuarto, cuántas horas de trabajo. En fin, resultan proponiéndoles doscientos quetzales más de sueldo para que se vayan con ellas. No codiciarás. La codicia es la que hace que la gente se meta de pie y jeta en esa carreta del afán por madrugar, trasnochar, trabajar, trabajar, y trabajar para tener aquella refri que hace hielo, que hace agua para tomar ya fría. Aquella refri que es lo último que lo que hace falta es que diga “como te quiero mi amor”. Trabaja y trabaja para comprar aquel televisor LED grande, grande,  lo único que falta es cambiarse de casa para ponerla.

La gente por codiciar se endeuda y entonces tiene que trabajar más, más y más. No codicie. Ayer me tocó hacer rally de bodas, la primera en el Tejar, Chimaltenango; la segunda en el Auditórium Menor de Fráter Roosevelt y la tercera en el  Hotel Barceló. Después de predicarles – en cada ceremonia – les dije una frase que la repito: una pareja es rica no porque tiene todo lo que quiere sino porque disfruta todo lo que tiene. Quiere una tele de 70 pulgadas pero tiene una de 20 disfrútela. Quiere un auto de lujo, un Maserati, pero tiene uno de hace diez años, úselo porque no le dará pena dejarlo en cualquier lado y va ir a la par de ese auto deportivo y de lujo porque aquí en Guatemala no se puede correr a altas velocidades, en las calles todos vamos uno detrás del otro y vemos como los de a pie van más rápido que nosotros. Disfrute lo que tiene, goce lo que tiene. Quizá no tiene para comerse una paella con camarones, arroz y pollo, pero tiene en casa frijoles y tortilla. A lo mejor usted quiere tener de esposa a la Jennifer López, confórmese con la chaparra que consiguió, dele gracias a Dios y recuerde que vale más tener vieja conocida que joven con sida. Es importante disfrutar lo que tenemos, por eso dice la Escritura: no codicie.

Leamos un mandamiento más. Honra a tu padre y a tu madre. En esto nos hemos descuidado bastante, no hemos enseñado a nuestros hijos a honrar suficientemente bien a los padres. Como hijos debemos demostrar aprecio a nuestros padres, más allá de lo que sentimos en el corazón, el mérito que tienen es habernos dado la vida, independientemente del tipo de padre que hayan sido: buenos, malos, regulares o como el suyo pésimo, son dignos de honra, porque no dice honra a tu padre excepto que haya sido un irresponsable, así no dice el mandamiento. Así que si a usted le tocó un padre gacho, no le queda más que honrar al gacho de su padre. Este es el primer mandamiento con promesa. ¿Cuál es la promesa que Dios le hizo a Israel? Que tendría larga vida no solamente la persona sino el pueblo como sociedad y que les iría bien. Sus mandamientos existen para que los cumplamos y obedezcamos, para que nos vaya bien.

El hijo que no honra a sus padres vivirá amargado, pues no perdonará y quedará insatisfecho el día que falten, por no haberlos honrado como Dios manda. Me han oído decir que un padre puede con cinco hijos, pero cinco hijos no pueden con un padre. Su padre llega a viejo y por no haber sido un buen administrador no tiene como caer muerto, usted tiene que darle donde caer vivo, mientras muere. Y si necesita alimento tiene que darle de comer, darle medicina si la necesita, porque el mandamiento es honra a tu padre y a tu madre, para que tengas larga vida y te vaya bien.

Quiere morirse de viejo y tener larga vida y ver a sus hijos y a los hijos de sus hijos le queda honrar padre y madre. Cuando hablamos de honrar, pensamos en respetar, en darles las gracias, los buenos días. También es soltar pisto, eso es lo que nos cuesta, soltar plata para nuestro padre, porque señalamos siempre que no ahorró. “A mí ni me mantuvo bien y ahora yo tengo que mantenerlo bien”. Proverbios 3:9-10 dice Honra al Señor con tus riquezas y con los primeros frutos de tus cosechas. Así tus graneros se llenarán a reventar y tus bodegas rebosarán de vino nuevo.

Todos queremos tener la billetera repleta, todos queremos tener la chequera con bastante plata, todos queremos tener bastante dinero en el banco, todos queremos tener casas, carros, puntos, pero cuando nos piden que compartamos algo  de lo que el Señor nos ha dado, entonces nos volvemos más agarrados que una mano de trapecista. Tenemos que aprender a dar. Honrar a Dios, dice la Biblia, es hacerlo con nuestras riquezas, es decir, traer íntegros nuestros diezmos para los fondos del templo, como dice Malaquías 3:10, dar para la obra del Señor.

Lo mismo ocurre cuando dice: honra a tu padre y a tu madre, no se trata solo de decirle: buenos días papa, que te vaya bien papa. Si se está muriendo de hambre, dele pan; si se está muriendo de frío dele ropa; si está enfermo dele medicina, dele casa. Algunos de ustedes no han oído estas historia, se les voy a contar brevemente. “Cuando me casé tenía 21 años y un día fui a la casa de mis papás y me encontré que una pared de adobe se había caído sobre la cama de mi papá. Le di gracias a Dios que no se encontrara en el lugar, además pensé que me iba ir al extranjero y podía ocurrir un terremoto y caerles la casa y todos se podían morir. Así que llame a unos albañiles que eran mis discípulos en el grupo de jóvenes de la iglesia. Les pregunté el precio para construir una casa de bloc en el terreno que ocupa la casa de mis papás, con tres dormitorios, tres baños, una sala-comedor y una cocina. Ahí hicimos el proyecto, no llamamos arquitecto sino que lo hicimos nosotros. Me dieron costos y les dije que empezáramos.

Le conté a mi esposa que iba a construir una casa a mis papás, – voy a hacerlo con el dinero que tengo-. ¿Tenés, pues? me dijo. Tenía ahorrado dos mil dólares, en 1971, dos mil dólares eran buena plata, había ahorrado, practico lo que predico. Cuando me casé le pregunté si quería luna de miel o fiesta. Luna de miel, me dijo. Me ahorre lo de la fiesta, fue noviembre del 71, hace cuarenta y cuatro años. Se construyó la casa, solo el techo fue el mismo solo con algunas láminas mejoradas, porque ya no alcazaba el dinero. Llegó el día que solo faltaba poner una tasa en el baño. Llegué a la ferretería y hablé con el empleado del mostrador, le pedí el precio y le dije que no me alcanzaba. Me dijo qué bonita chumpa la que trae. ¿Le gusta? le dije, hagamos trato, le doy la chumpa de cuero que había traído de los Estados Unidos en un viaje. Se quedó con la chumpa y yo me llevé la tasa”.

¿Saben? Para mí fue una marca en la vida dar todo el dinero que tenía en ese momento para darles la casita a mis papás y eso me ha permitido tener larga vida y prosperidad, porque el Señor después me dio un apartamentito nuevo, después la casa nueva donde estamos ahora desde ya hace treinta y siete años. Y les digo, si volviera a nacer y tuviera que volverlo hacer, lo haría con el mismo gusto, sobre todo porque ahora he visto mucho más la mano de Dios, la bendición de Dios. No se quede sin diezmar al Señor. Honremos al Padre nuestro que está en los cielos con nuestras riquezas, con nuestros bienes, démosle nuestros diezmos, nuestras ofrendas, no escatimemos darle al Señor lo que nos pide, el diez por ciento de nuestros ingresos, porque el Señor nunca se quedará con nada.

Podemos conocer bien los mandamientos, pero si no nos ponemos en práctica ¿de qué sirve? De nada. Santiago 1:22 dice “No se contenten sólo con escuchar la palabra, pues así se engañan ustedes mismos. Llévenla a la práctica. El secreto no está en oír sino lo que ponemos en práctica de la Palabra del Señor. 1 Juan 5:1-5 dice  Todo el que cree que Jesús es el Cristo, ha nacido de Dios, y todo el que ama al padre, ama también a sus hijos. Así, cuando amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos, sabemos que amamos a los hijos de Dios. Si amamos a Dios, obedecemos sus mandamientos. Si amamos a nuestros padres, obedecemos sus reglas y mandamientos. Si amamos a nuestro país, obedecemos también sus leyes. Y éstos no son difíciles de cumplir, porque todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Ésta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Por eso insistimos que usted crea que Jesús es el Hijo de Dios  y no  solamente lo cree en su corazón sino también, como dice la Biblia en Romanos 10:9 que lo confiese con su boca, porque cuando cree en el Hijo de Dios, usted se convierte en una persona que tiene poder de Dios para vencer al mundo, para vencer el pecado, la tentación. Entonces, ya no es difícil cumplir los mandamientos, porque los cumple, porque ama a Dios y por eso quiere agradarle y hacer su voluntad.

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