Dolor con esperanza (código 2015-348) – Radios Fráter
  • noviembre 1, 2015

Dolor con esperanza (código 2015-348)

Escuche:

A mis hijos les pregunto ¿este es un buen día o un mal día? Vamos al colegio y hago la misma pregunta. Ellos dicen siempre este es un buen día y yo les digo este es el día que ustedes hagan con él. Hoy es el día que usted haga de él. 1 de noviembre no es el mejor de los días para mucha gente, es el día de los muertos, es recordar a aquellos que han partido, es pensar en aquel papá, aquella mamá, aquel amigo, aquella pareja, aquel hijo que ya no está con nosotros. Vamos a la Escritura, para encontrar esperanza en medio del dolor y usted que ha perdido a un ser querido pueda llorar esa pérdida, pero no perderse en su dolor al punto que deja de funcionar como pareja, deja de funcionar como esposo, esposa, como hijo, como empleado, como amigo y se convierte en un muerto en vida.

Antes se decía que todos los caminos llevan a Roma y puedo decirle que todos los caminos llevan a la muerte. No importa su situación, no importa su edad, todos tenemos que enfrentar la muerte. ¿Por qué surgió la muerte? Lo encontramos en Romanos 5:12 donde nos dice: Por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo, y por medio del pecado entró la muerte; fue así como la muerte pasó a toda la humanidad, porque todos pecaron. La muerte es el producto de la desobediencia de Adán y Eva, pero no era el producto del plan original de Dios. Usted recuerda, comieron del árbol del conocimiento del bien y del mal, sus ojos son abiertos. Andaban en el jardín del Edén desnudos y no se avergonzaban, pero cuando sus ojos son abiertos se avergüenzan y se esconden y tienen miedo. Precisamente lo que se experimenta cuando se comete pecado.

Dios baja y los llama y confronta a Adán ¿acaso comiste del árbol que te prohibí comer? Ambos son expulsados del jardín del Edén. La muerte es el resultado de la desobediencia de Adán y Eva, y desde ese momento hasta acá todos vamos a morir. Y, créame, yo no me quiero morir todavía, amo a este mundo, de hecho en Guatemala hay un plato muy tradicional que muchos comen, el famoso fiambre. Algunos no lo comen por motivos de conciencia, otros en su casa lo comen y están felices. ¡Qué alegre reunirse en familia! Compartir y comer, qué alegre es venir a la iglesia y buscar de Dios. Qué alegre es poder tomar unas vacaciones, poder despertar e ir a trabajar. Qué alegre es estar en esta Tierra. Yo, todavía no me quiero morir. Es más, le pido a Dios el privilegio de morir después de que todos ustedes hayan muerto.

La muerte es el producto de la desobediencia de Adán y Eva y les llega a todos, buenos y malos, niños, adultos, jóvenes y viejos. Salomón dice en Eclesiastés 3:18-20 Pensé también con respecto a los hombres: «Dios los está poniendo a prueba, para que ellos mismos se den cuenta de que son como los animales. Los hombres terminan igual que los animales; el destino de ambos es el mismo, pues unos y otros mueren por igual, y el aliento de vida es el mismo para todos, así que el hombre no es superior a los animales. Realmente, todo es absurdo, y todo va hacia el mismo lugar. Todo surgió del polvo, y al polvo todo volverá.

Se ha dicho que la muerte es la gran igualadora de los hombres, porque a todos nos llega por igual. Y la muerte produce un dolor más desgarrador posible existente en esta Tierra. Las mamás cuando hablan de parto es algo que la cara les cambia y todas las demás oyen y los esposos que han entrado a algunos partos, sé que han salido en una camilla junto con la esposa. Hay hospitales que prohíben que los hombres entren al parto si es cesárea, porque tienen que atender a la parturienta y atender al que se desmayó. Pero ni el dolor del parto se compara a la pérdida de un ser querido, a la pérdida terrenal de esa persona que nunca más vamos a ver aquí, que nunca más vamos a poder tocar, abrazar y besar. Que nunca más vamos a decirle esas palabras que hubiéramos querido decirles, porque no sabíamos que se iba a ir. Y ese dolor tan desgarrador es del alma, es de adentro, es de lo más profundo de nosotros de donde sale.

Un 1 de enero estaba en mi casa, todo desvelado después del servicio de Año Nuevo. Vinimos a orar a la iglesia y después vamos a la casa, me despierto todo cansado, pero el cansancio no era nada comprado con la llamada que recibí, llamaron al número de la casa, contesto y las palabras que oigo del otro lado son las siguientes. Alex, tengo a mi hijo muerto en mis brazos, no sé qué hacer.

Tenemos el ministerio Abrazos de Esperanza que se dedica, precisamente, a apoyar a aquellos que han perdido a un ser querido, que dirigen los esposos Villaseñor y la semana pasada tuvimos un desayuno de Esperanza y vinieron casi cuatro cientas personas y mientras don Rolando y Silvia daban su testimonio, él decía: cuando alguien pierde a un pareja se le dice viudo o viuda, cuando alguien se le mueren ambos padres se le llama huérfano, pero cuando alguien pierde un hijo, no tiene nombre. Un dolor tan desgarrador, profundo y es increíble que podamos llorar, inclusive a aquellos que han sido malos pero ocupaban un lugar importante en nuestro corazón.

El rey David tuvo un hijo que se rebeló ante él, que hizo tanta maldad y, es más, lo había quitado del trono y lo leemos en 2 Samuel 18:31-33 Entonces llegó el cusita y anunció: —Le traigo buenas noticias a Su Majestad. El Señor lo ha librado hoy de todos los que se habían rebelado en contra suya. Mire la pregunta, los que se habían rebelado en contra suya eran su hijo Absalón y la pregunta de David ante este hijo que estaba mal de la cabeza, que anhelaba poder, que había traicionado a su propio padre, es —¿Y está bien el joven Absalón? —preguntó el rey. Mire hasta donde es el amor de un padre — ¿Y está bien el joven Absalón? El cusita contestó: — ¡Que sufran como ese joven los enemigos de Su Majestad, y todos los que intentan hacerle mal! Al oír esto, el rey se estremeció; y mientras subía al cuarto que está encima de la puerta, lloraba y decía: « ¡Ay, Absalón, hijo mío! ¡Hijo mío, Absalón, hijo mío! ¡Ojalá hubiera muerto yo en tu lugar! ¡Ay, Absalón, hijo mío, hijo mío!»

Había visto llorar a mi mamá muchas veces, pero nunca como esa frase. Papa Juan, un hombre alto, como de 1.80-85, blanco, rubio, de ojos verdes, era mi bisabuelo. Estaba en la tienda de mi abuelita Mary, ella siempre tuvo tienda. Papa Juan iba a cerrar la puerta cuando entraron unas personas, le dieron un machetazo a mi bisabuelo en la cabeza y dos balazos. Estábamos en el cementerio y era la primera vez que veía llorar a mi mamá, así. Yo decía, ¿se va a morir? Porque no era llorar como cuando uno se lastima, no era llorar como cuando a uno lo operan, no era llorar como cuando uno está triste. Era un lloro tan de adentro que usted siente que la persona está realmente desahogándose. Era muy pequeño y era la primera vez que veía a mi mamá llorar como si se fuera a morir. La muerte de un ser querido es tan desgarrador como un dolor del alma.

En esos momentos difíciles hay palabras que no dan esperanza. La idea que tengo es que usted salga de este lugar con esperanza y si usted no ha perdido un ser querido, yo quiero que salga preparado porque le va a pasar, y a veces va a ser su pareja, su hijo, sus papás, los suegros, el mejor amigo. ¿Cómo vamos a enfrentar ese momento difícil? Porque es el simple caminar de todo mortal, pero hay palabras que no quitan el dolor y no sirven, que usted y yo no debiéramos de utilizar en una funeraria. Estas son palabras que he podido encontrar cuando converso con mis amigos que han perdido a un ser querido y les molesta. Yo sé que llegamos a la funeraria con tal de decir: aquí estamos, estamos para apoyarlos, estamos con ustedes en su dolor.

Palabras como resignación, resignación es la capacidad de aceptación de las adversidades, y es cierto que con la resignación comienza el proceso de sanidad, pero en ese momento el que ha perdido un ser querido no quiere que se lo digan, es como si yo anduviera en la calle y de repente me doy un resbalón, el 80 por ciento de ustedes se va a reír, el otro 20 estaba dormido. Del 89 por ciento el veinte por ciento va a sacar un celular y va a subir las fotos en las redes sociales, y yo en el suelo y llegue alguien y me diga resignación, ya pasó. ¿Cambia eso algo en mí? Ahora, si me fracturo y me llevan al hospital, tengo que resignarse y empezar mi proceso de sanidad.

Otras palabras que suelen decirse con buenas intenciones: No llore, ya dejó de sufrir. ¿Quién se quiere morir? Estaba predicando en la Fráter Roosevelt y pregunté ¿quién se quiere morir? Y un señor gritó: yo. En serio, estaba en primera fila. No tenga pena, al final platicamos usted y yo pero lejos del puente del Incienso. Ese día ese hombre se arrepintió de sus pecados y entregó su vida a Cristo Jesús.

Uno sostiene la esperanza que ya dejó de sufrir, pero usted no llora porque ya dejó de sufrir, llora porque ya no está. Gente que llega y le dice no llores, él no quisiera verte así, no te quisiera ver llorando, te quisiera ver fuerte. Palabras que no sanan el dolor. No llore, ya está en un mejor lugar. Y es que no se llora porque ya está en un mejor lugar, se llora porque no está, por eso se le llama luto. Y todos lo enfrentamos diferente, hay quienes dos días después están como si nada, hay quienes años después están sufriendo todavía. Tenemos que pasar esa fase.

Juan 11:32-38, hablando de Lázaro, ese amigo que había muerto, Cuando María llegó adonde estaba Jesús y lo vio, se arrojó a sus pies y le dijo: —Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Al ver llorar a María y a los judíos que la habían acompañado, Jesús se turbó y se conmovió profundamente. — ¿Dónde lo han puesto? —preguntó. —Ven a verlo, Señor —le respondieron. Jesús lloró. Estas palabras me dicen que Dios entiende, Dios sabe su dolor, anteriormente a que llorara dice que se conmovió profundamente. — ¡Miren cuánto lo quería! —dijeron los judíos. Pero algunos de ellos comentaban: —Éste, que le abrió los ojos al ciego, ¿no podría haber impedido que Lázaro muriera? Jesús resucita a Lázaro Conmovido una vez más, Jesús se acercó al sepulcro. Era una cueva cuya entrada estaba tapada con una piedra. Jesús llama Lázaro aunque resucita, se volvió a morir, porque ese es el curso natural del ser humano.

Corremos el riesgo ante la muerte de morir en vida, de estar muertos en vida y los cristianos no podemos estar muertos en vida porque estamos en Cristo ¿sabe por qué? Y grábeselo, sobre todo si usted no ha perdido un ser querido: para el cristiano la muerte duele, pero duele con esperanza. ¿Sabe por qué el cristiano no puede dejar de existir ante la pérdida de un ser querido? Porque entiende que la vida no es del nacimiento, no es de la cuna a la tumba. Entiende que esto es algo temporal, algo breve y usted y yo aguardamos un cielo nuevo y una Tierra nueva donde estaremos por la eternidad, el cielo es la esperanza de la iglesia de Cristo, y cuando entendemos esto, todo cambia, pero cuando me pongo a pensar en la temporalidad de esta Tierra comparado con la eternidad, en un reino que se llama el reino de Dios, el reino de los cielos donde gobierna gente íntegra, así quisiéramos que fuera en la Tierra. Cuando el ser Supremo, el Todopoderoso, el Dios que se revela en la Biblia, en un pueblo llamado Israel, para mostrarnos su carácter de justicia, de rectitud, de santidad, para que las demás naciones un día a través de la promesa que le hizo a Abraham fuera bendecidas, inclusive los gentiles, los que no somos judíos, y recibiéramos la salvación en Jesús, el perdón de pecados para aquellos que nos arrepentimos y creemos que el sacrificio de Jesús es suficiente, y la promesa es la vida eterna.

Es tiempo, la iglesia debe recordar que esta vida no es el plato fuerte, es el cielo. Si les digo cuántos quieren estar con Dios hoy, sé que si usted es como yo, todavía no se quiere morir, quiero estar en el cumpleaños de mi hija, 13 de noviembre, 13 años. El cristiano no puede dejar de existir porque perdió a un ser querido, por qué, 2 Corintios 4:14 Pues sabemos que aquel que resucitó al Señor Jesús nos resucitará también a nosotros con él y nos llevará junto con ustedes a su presencia. Dios que resucitó a Jesús nos va a resucitar a nosotros que creemos en Él y vamos a conocer un cielo nuevo y una Tierra nueva, de la que no sabemos mayor cosa, Juan, dijo en Apocalipsis, que son calles de oro y un mar de cristal y que pudo poner en las palabras terrenales más adecuadas para que pudiéramos comprender esa gloria celestial. Calles de oro, mar de cristal donde no hay sufrimiento ni dolor, donde hay esperanza.

Y no comprendemos todo a plenitud, pero esa es la promesa de Dios, esta es la esencia de la fe, creer que Cristo Jesús no solo nos redime del pecado en la cruz del Calvario sino que nos promete resurrección. Creer esto es tener fe, pero no fe en el aire sino fe en Jesús, el Hijo de Dios, históricamente comprobado, aquel que murió en la cruz del Calvario y al tercer día, tal como lo prometió, resucitó y hoy está sentado a la derecha del Padre, el lugar más importante, el lugar de honor, porque la mayoría de gente que es derecha, no zurda y la espada se llevaba en el lado izquierdo, un lugar de honor, confianza. Intercede por nosotros, dice la Escritura.

Don Chema Jo, es uno de los propietarios del restaurante Lai Lai, resulta que su esposa por muchos años asistió a la Fráter y su hija asiste es quien nos ayuda en el vestuario para la Vía Dolorosa y otras obras de teatro que montamos. Fernando Galindo, su esposo, es uno de los del sanedrín. Fui invitado a varias cenas que fueron ofrecidas en honor a don Chema en la fecha de su cumpleaños. Fuimos advertidos que iban a servir trece platos y había que comer un poquito de cada uno para disfrutar el resto, porque el que se comía todo en el primero, ya no le cabía lo demás. Quiero que sepa, que esta vida es la entrada, el plato fuerte es el cielo. No conocemos todo a cabalidad, no sabemos todo, pero la Escritura dice que Jesús nos promete: yo me voy y les voy a preparar un lugar. ¿Cuántas moradas hay en el cielo? A eso fue, a prepararnos un lugar. Jesucristo nuestro salvador, nuestro redentor de pecados promete vida eterna, por eso estamos aquí un 1 de noviembre buscando de Dios, a lo mejor con el corazón partido, pero buscando de aquel que dijo: yo soy la resurrección y la vida, el que en mí crea aunque esté muerto vivirá. Eso es lo que creemos

Por eso para el cristiano la muerte duele, pero duele con esperanza. Creemos los cristianos que para seguir viviendo tenemos que entender lo que es la resurrección. Tenemos que entender que hay momentos para llorar. Hay cristianos que condena a alguien que llora en un funeral, que llora en un entierro. Salomón dice que es mejor llorar que reír, porque llorar le hace bien al corazón. ¿Cómo se siente después de llorar? Con los mismos clavos pero relajado. ¿Cómo siente el corazón? Romanos 12:15 nos dice Alégrense con los que están alegres; lloren con los que lloran. Al momento que alguien pierde a un ser querido, usted debe ir y llorar con él. La fortaleza viene de Dios, por eso es tiempo de llorar.

Creemos que debemos rodearnos de otros que nos ayuden en medio de nuestro dolor. Eso es lo que Gálatas 6:2 nos dice Ayúdense unos a otros a llevar sus cargas, y así cumplirán la ley de Cristo. Y mucho tiene que ver este contexto en lo que es la restauración espiritual, pero se aplica a todo. No está hecho para llevar las cargas solo, es más, no dice pastores ayuden a los miembros a llevar sus cargas, dice ayúdense unos a otros, porque a veces son los miembros los que llevan y comparten el peso de la carga del líder de célula, porque su líder no es más que usted, es uno más en el camino de la vida. A veces son los líderes que los que llevan las cargas de los miembros.

No es lo mismo enfrentar los dolores de la vida solo que acompañados, porque es mejor dos que uno, porque si uno cae el otro lo levantará, y esa es la fortaleza de una comunidad como la iglesia, es una comunidad que la une Cristo, que nos une la fe en creer que Dios nos formó para buenas obras y desobedecimos a través de Adán y Eva, entró el pecado en nosotros, nos arrepentimos de nuestros pecados y creímos en Jesús como nuestro Señor y Salvador y nuestra vida cambió, por eso dice la Escritura ayúdense unos a otros a llevar sus cargas y así cumplirán la ley de Cristo. Creemos que así como Jesús murió y resucitó, un día resucitaremos con Él. Creemos que debemos rodearnos de otros que nos ayuden en medio de nuestro dolor. Creemos que por la fe en Dios debemos seguir viviendo.

Recuerda la historia en 2 Samuel capítulo 12, se nos habla acerca de David, el rey cuando tenía que salir a la guerra, estaba paseándose en el techo del palacio. De pronto ve a una mujer bañándose, Betsabé, era hermosa. Y entonces ahí cayó en pecado, porque mandó a que le informaran quien era ella. La llama, se acuesta con ella y queda embarazada y su esposo Urías, el hitita, era miembro del ejército de David y andaba peleando. Cuando sabe que está embarazada le dice a Urías venite, pero este no se va a dormir con la esposa, al día siguiente lo ve en el palacio y le pregunta por qué no fue a dormir con su esposa. Cómo voy a dormir a mi casa mientras mis hombres están sufriendo frío y hambre. Lo emborracha y tampoco va. Al día siguiente lo manda de regreso con una carta con las instrucciones de su muerte. Póngalo en lo más fuerte de la batalla y aléjense para que él muera. David se convierte en el héroe nacional al tomar una viuda y tomarla como esposa.

Y ocurre, lo que vamos a leer en 2 Samuel 12:13-25, — ¡He pecado contra el Señor! —reconoció David ante Natán. —El Señor ha perdonado ya tu pecado, y no morirás —contestó Natán—. Sin embargo, tu hijo sí morirá, pues con tus acciones has ofendido al Señor. Dicho esto, Natán volvió a su casa. Y el Señor hirió al hijo que la esposa de Urías le había dado a David, de modo que el niño cayó gravemente enfermo. David se puso a rogar a Dios por él; ayunaba y pasaba las noches tirado en el suelo. Los ancianos de su corte iban a verlo y le rogaban que se levantara, pero él se resistía, y aun se negaba a comer con ellos. Siete días después, el niño murió. Los oficiales de David tenían miedo de darle la noticia, pues decían: «Si cuando el niño estaba vivo, le hablábamos al rey y no nos hacía caso, ¿qué locura no hará ahora si le decimos que el niño ha muerto?»

Pero David, al ver que sus oficiales estaban cuchicheando, se dio cuenta de lo que había pasado y les preguntó: — ¿Ha muerto el niño? —Sí, ya ha muerto —le respondieron. Entonces David se levantó del suelo y en seguida se bañó y se perfumó; luego se vistió y fue a la casa del Señor para adorar. Después regresó al palacio, pidió que le sirvieran alimentos, y comió. — ¿Qué forma de actuar es ésta? —le preguntaron sus oficiales—. Cuando el niño estaba vivo, usted ayunaba y lloraba; pero ahora que se ha muerto, ¡usted se levanta y se pone a comer! David respondió: —Es verdad que cuando el niño estaba vivo yo ayunaba y lloraba, pues pensaba: “¿Quién sabe? Tal vez el Señor tenga compasión de mí y permita que el niño viva.” Pero ahora que ha muerto, ¿qué razón tengo para ayunar? ¿Acaso puedo devolverle la vida? Yo iré adonde él está, aunque él ya no volverá a mí. Luego David fue a consolar a su esposa y se unió a ella. Betsabé le dio un hijo, al que David llamó Salomón. El Señor amó al niño y mandó a decir por medio del profeta Natán que le pusieran por nombre Jedidías, por disposición del Señor. David lo tenía muy claro, es en vida cuando podemos ayunar y orar, una vez la muerte ha llegado solo nos queda la esperanza del más allá, de esa vida eterna que la Escritura habla.

Por Adán y Eva entró la muerte a la Tierra, el primer Adán afectó a todos los seres humanos, pero la Escritura habla de un segundo Adán, Romanos 5:12-21 Por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo, y por medio del pecado entró la muerte; fue así como la muerte pasó a toda la humanidad, porque todos pecaron. Antes de promulgarse la ley, ya existía el pecado en el mundo. Es cierto que el pecado no se toma en cuenta cuando no hay ley; sin embargo, desde Adán hasta Moisés la muerte reinó, incluso sobre los que no pecaron quebrantando un mandato, como lo hizo Adán, quien es figura de aquel que había de venir. Pero la transgresión de Adán no puede compararse con la gracia de Dios. Pues si por la transgresión de un solo hombre murieron todos, ¡cuánto más el don que vino por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, abundó para todos!

Tampoco se puede comparar la dádiva de Dios con las consecuencias del pecado de Adán. El juicio que lleva a la condenación fue resultado de un solo pecado, pero la dádiva que lleva a la justificación tiene que ver con una multitud de transgresiones. Pues si por la transgresión de un solo hombre reinó la muerte, con mayor razón los que reciben en abundancia la gracia y el don de la justicia reinarán en vida por medio de un solo hombre, Jesucristo. Por tanto, así como una sola transgresión causó la condenación de todos, también un solo acto de justicia produjo la justificación que da vida a todos. Porque así como por la desobediencia de uno solo muchos fueron constituidos pecadores, también por la obediencia de uno solo muchos serán constituidos justos.

En lo que atañe a la ley, ésta intervino para que aumentara la transgresión. Pero allí donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia, a fin de que, así como reinó el pecado en la muerte, reine también la gracia que nos trae justificación y vida eterna por medio de Jesucristo nuestro Señor. Creemos que Jesús es nuestra justificación ante Dios y así como por el primer Adán entró la muerte, por medio de Cristo Jesús entró la vida eterna, entró la esperanza, el perdón de pecados, siempre y cuando nos arrepintamos. Creamos en fe en ese sacrificio y vamos para lo que fuimos creados, para hacer buenas obras. Nuestra esperanza está en Jesús.

Cristian Prado fue un jovencito que estudió en el Liceo Fráter, ya no se pudo graduar, como consecuencia de una enfermedad que le afectó el hígado, pero fue amado por toda su promoción, sus compañeros se convirtieron en su familia espiritual. A pesar de haber sido operado en Europa, de muchos milagros de provisión, el Señor lo llamó a su presencia hace unas semanas, pero eso no es lo más impactante, porque nos enfermamos, nos morimos. En un accidente nos morimos. No Dios sino gente mala hace que gente buena se vaya. Por eso Salomón decía hay buenos que les va como si fueran malos y malos que les va como si fueran buenos, pero sé que es mejor tener a Dios y guardar sus mandamientos.

Su hermano José David, abogado, estuvo en el desayuno de Esperanza, publicó en Facebook: a una semana de la partida de mi brother. Estaba revisando mis últimas conversaciones con él por whatsapp y las últimas que tuvimos esto me escribió: “yo estoy en paz con mi Dios y Él lo sabe. Estoy teniendo una relación bien bonita con Dios a pesar de esta tormenta. Siempre Él va primero pase lo que pase. Dios está sentado en el trono, yo estoy dispuesto a estar en Su presencia alabándole. Deciles a mis papás que son dos personas de admirar y vos también. Dios nos cubre y cobija en su mano, se los digo de todo corazón, un abrazo de paz y tranquilidad y sobre todo fortaleza, les manda Dios y yo”. José David sigue escribiendo no cabe duda que Dios lo estaba preparando para llevarlo a Su presencia, su misión en la Tierra ya había sido cumplida. La meta ya fue alcanzada porque su galardón ya le fue dado en los cielos como todo campeón. Cita mi hermano: un abrazo de paz y tranquilidad y sobretodo de fortaleza les manda Dios y yo. Esta frase que él escribió siento como si él me la estuviera diciendo en estos momentos a mi oído, paz, tranquilidad y fortaleza, tres elementos básicos que Dios nos está dando para superar esta situación. Un beso y un abrazo hasta el cielo mi angelito.

Un día nos tocará, pero mientras llega ese día yo le invito a que todo lo que hemos aprendido hoy lo sostenga, porque para el cristiano la muerte duele, pero duele con esperanza, tal vez está peleando con Dios en su interior y se pregunta ¿por qué Dios? Es el curso natural del ser humano, hay cosas que no entendemos y nunca vamos a entender. “Pero si tenía toda una vida por delante y mi hijo se hubiera graduado este año de quinto bachillerato”, “pero si me hijo estaba trabajando, fiel”. La muerte llega a buenos y malos. Tenemos que estar preparados y usted se dirá y se preguntará ¿dónde estaba Dios en esos momentos?

En la clausura de mis hijos, Juan Marcos, mi único hijo varón, tiene diez años, le tocó cantar, ha cantado con el micrófono pero esta vez lo pusieron hasta atrás. Estaba sentado pero no podía verlo, porque había otros niños adelante, y los hijos cuando hacen algo bueno quieren que el papá y la mamá los estén viendo. Yo quería verlo, porque a pesar que no estaba adelante con el micrófono cantaba como si fuera el que estuviera adelante y le pone todo el corazón y se mueve. Me salí de mi lugar y me fui al extremo con una visual perfecta de mi hijo, lo único que él nunca me vio cuando me levanté, nunca vio cuando me fui acercando. Lo vi cuando cantaba con todas sus fuerzas, miraba a su mamá, pero su papá no estaba. Grababa el video mientras cantaba. Mi corazón estaba despedazado en ese momento, porque creía que yo no estaba, pensaba que no estaba allí. Lo vi todo el tiempo, siempre estuve con él. Cuando terminó todo me dijo: papa donde estabas, saqué mi celular y vio la canción.

Quizás no ve a Dios en su vida, pero usted no está solo, Dios está ahí. Y está como un Padre que le dice: aquí estoy, voltéate yo soy tu solución, yo soy tu esperanza. Soy el que sostiene tu vida. Usted lo que tiene que hacer es dejar de llorar hacia el suelo y comenzar a llorar hacia el cielo, porque allá hay esperanza. La historia de la familia Prado no termina allí, esta semana el papá partió a la presencia del Señor, también estaba muy enfermo. Sabemos que la Palabra de Dios los sostendrá en estos momentos duros y podrán dar un testimonio de que más allá del sol tienen un hogar, más allá del sol.

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