De endemoniado a predicador (código 2015-394) – Radios Fráter
  • diciembre 10, 2015

De endemoniado a predicador (código 2015-394)

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Cada 7 de diciembre se realiza en Guatemala una práctica tradicional que muestra el desarrollo, o mejor dicho el subdesarrollo del país, con la quema que aquí se llama fogarones, con los que se contamina el ambiente, ya nuestro planeta está muy contaminado y con esa “quema del diablo” lo contaminamos aún más. Los líderes de los países más desarrollados del mundo andan en una cumbre tratando de ponerse de acuerdo para corregir, prevenir el problema de la contaminación ambiental. Poco a poco se ha ido creando la conciencia y por eso poco a poco tenemos menos fuegarones en nuestras colonias. Ojalá que llegue el día en que abandonemos esa costumbre, sobre todo con la falsa ilusión, falsa idea que con un incendio enfrente de nuestra casa vamos a echar al diablo. El diablo no se echa por medio de fuegarones, lamentablemente no es esa la mejor manera de enfrentarlo.

¿Son reales los demonios? Sí, son reales, no son una figura mística, no son solo de una mitología griega o maya o cristiana. Existen, son reales. Existe un mundo oculto a nuestros ojos, un mundo espiritual en donde Jesús ya es el vencedor. Los demonios son reales, Jesús es real pero Él es el vencedor. Uno de los propósitos de Jesús de dar su vida en la cruz del Calvario no fue solo darnos salvación para nuestra alma, sanidad para nuestro cuerpo, paz para nuestra mente, vida en abundancia, vida eterna. El propósito era también vencer al demonio en la cruz. Cuando Dios creó al hombre lo creo con toda autoridad y dominio sobre el diablo, pero por la desobediencia de Eva y Adán, como consecuencia de haberse puesto a conversar con quien no debía, platicando con la serpiente antigua que se llama diablo, Satanás, le metió duda, le dije que comiera de ese fruto que no era malo, el fruto prohibido. Lo comió y lo llevó a su casa para convencer a Adán que comiera y en ese momento perdieron toda su autoridad sobre lo creado, sobre sus vidas, sobre este paraíso que Dios había hecho para ellos.

Jesús viene en condiciones adversas y se le presenta Satanás, no en el jardín del Edén, sino en el desierto, ahí cuarenta días en ayuno y oración. El diablo se le presentó para tentarlo en varias ocasiones del lapso de cuarenta días y cuarenta noches. La primera fue, si eres hijo de Dios, metiéndole duda, pero Jesús ya tenía esa convicción, porque momentos antes de llegar al desierto, al ser bautizado en aguas del cielo se oyó una voz fuerte que dijo: tú eres mi hijo amado, estoy muy complacido contigo. Y hoy les digo en el nombre de Jesús: tú eres el hijo amado del Padre y lo importante es que Él esté complacido contigo también, por tu conducta. En el desierto empezó la victoria de Jesús sobre el diablo, porque dice el Evangelio que después de vencerlo ya no se le apareció jamás, en su ministerio, para tentarlo, reconoció a Jesús como su vencedor.

Y eso ocurre en nuestra vida cada vez que le demostramos al diablo que somos vencedores, ya no viene para atormentarnos ni para tentarnos ni provocarnos, porque sabe que tenemos convicción de nuestra identidad en Cristo y que le hemnos vencido. Es importante que hagamos una aclaración, hay quienes piensan que Dios está en un lado con todo su poder y en el otro está el diablo con todo su poder, y eso no es cierto, porque el diablo no es igual a Dios, porque Dios es el creador. el diablo es una creación. Dios es el Todopoderoso, el diablo no tiene poder, porque está vencido, es como un león sin muelas, usted puede meter la cabeza en la boca del león y no lo va a morder, porque ya Jesucristo lo venció y dice a sus hijos sobre el león y el basilisco pisarás, hollarás al cachorro del león y al dragón, porque el Señor nos ha dado autoridad sobre toda fuerza del enemigo y tenemos poder para vencer a cualquier espíritu malo, a cualquier demonio, a cualquier diablo. No hay que ver al diablo como un ser todopoderoso como un equivalente a Dios en lo malo, porque es un enemigo vencido, derrotado, ya está condenado al infierno para siempre.

Hoy vamos a estudiar una porción de la Escritura en donde un endemoniado se encuentra con Jesús. Esta historia es importante, porque nos muestra la autoridad que hay en Cristo y que usted debe ejercer cuando le toque echar fuera a un demonio en Su nombre. A veces nos toca la oportunidad de enfrentarnos a estas circunstancias y vencerlas en el nombre de Jesús. Lucas 8:26.39 dice Navegaron hasta la región de los gerasenos, que está al otro lado del lago, frente a Galilea. Al desembarcar Jesús, un endemoniado que venía del pueblo le salió al encuentro. Hacía mucho tiempo que este hombre no se vestía; tampoco vivía en una casa sino en los sepulcros. Cuando vio a Jesús, dio un grito y se arrojó a sus pies. Entonces exclamó con fuerza: —¿Por qué te entrometes, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Algunos comentaristas concluyen en que este era un hombre gentil, porque esto de “Hijo del Dios Altísimo” era una frase muy común usada por los gentiles, por lo tanto se concluye que este endemoniado no era judío y por esa razón no lo invitó a seguir con Él en ese entonces.

¡Te ruego que no me atormentes! Es que Jesús le había ordenado al espíritu maligno que saliera del hombre. Se había apoderado de él muchas veces y, aunque le sujetaban los pies y las manos con cadenas y lo mantenían bajo custodia, rompía las cadenas y el demonio lo arrastraba a lugares solitarios. —¿Cómo te llamas? —le preguntó Jesús. —Legión —respondió, ya que habían entrado en él muchos demonios. Y éstos le suplicaban a Jesús que no los mandara al abismo. Como había una manada grande de cerdos paciendo en la colina, le rogaron a Jesús que los dejara entrar en ellos. Así que él les dio permiso. Y cuando los demonios salieron del hombre, entraron en los cerdos, y la manada se precipitó al lago por el despeñadero y se ahogó. Al ver lo sucedido, los que cuidaban los cerdos huyeron y dieron la noticia en el pueblo y por los campos, y la gente salió a ver lo que había pasado. Llegaron adonde estaba Jesús y encontraron, sentado a sus pies, al hombre de quien habían salido los demonios. Cuando lo vieron vestido y en su sano juicio, tuvieron miedo. Los que habían presenciado estas cosas le contaron a la gente cómo el endemoniado había sido sanado. Entonces toda la gente de la región de los gerasenos le pidió a Jesús que se fuera de allí, porque les había entrado mucho miedo. Así que él subió a la barca para irse. Ahora bien, el hombre de quien habían salido los demonios le rogaba que le permitiera acompañarlo, pero Jesús lo despidió y le dijo: —Vuelve a tu casa y cuenta todo lo que Dios ha hecho por ti. Así que el hombre se fue y proclamó por todo el pueblo lo mucho que Jesús había hecho por él.

Hay gente atormentada hoy en día, y en el caso de este hombre había sido atormentado por una legión de demonios, no solamente lo atormentaba, atormentaba al pueblo donde vivía y todos los lugares donde pasaba este hombre, porque lo que provocaba con su apariencia y sus actos era miedo. ¿Quién es un endemoniado? ¿Qué es un endemoniado? Alguien quien por su pecado, ha abierto puertas para que un demonio tome control de su voluntad y ahora es esclavo del demonio. Este endemoniado no era detenido ni por cadenas que le ponían, dice que las rompía, además estaba desnudo, suficiente motivo para que la gente se asustara al verlo, y vivía en los sepulcros. Alguna vez hemos ido a un cementerio, sobre todo cuando le toca sepultar a un ser querido y de ahí ya no volvemos a ir la mayoría, sino hasta cuando se muere otro conocido, pero eso de vivir en un sepulcro sí está feo, a nadie le gusta ir a vivir allí, hoy hay cementerios jardín otro ambiente, otro aspecto y hasta los abren a determinadas horas para que la gente entre a correr, a caminar porque hay quienes viven muy cerca. Este hombre vivía atormentado por un demonio, por muchos demonios y causaba miedo a la comunidad.

A través de mi experiencia ministerial he tenido épocas en las que el tema de los demonios se vuelve moda. Recuerdo allá en los 60 cuando la iglesia donde me crie tuvo un impacto grande, porque entramos en el mover del Espíritu Santo, empezaron a manifestarse los diferentes dones y estábamos atendiendo a la gente que llegaba enferma, pensábamos que la mayoría llegaba enferma por causas demoníacas. Aprendí con el tiempo que no todas las enfermedades son producto de los demonios, unas son producto de la glotonería y el egoísmo hace que nos enfermemos. Si en la época de frío se levanta temprano, abre la puerta y sale al jardín solo con playera a recoger los periódicos, se expone a una enfermedad, y no es un espíritu de pulmonía el que hay que sacarle después. La gran mayoría de las enfermedades no son producto del diablo sino que son producto de nuestra imprudencia, nuestra negligencia. ¿Por qué mató a ese? Es que sentí que me entró un demonio. No fue un demonio, fue su propia ira, su propio enojo que lo llevó a hacer ese tipo de cosas. No todo lo que hacemos en la vida es causa del diablo, que es una buena excusa, le echamos la culpa de muchas cosas, pero la verdad no la en la mayoría de las cosas que a usted le pasan.

Una y otra vez oré por gente que me decía que orara porque tenía un espíritu de borrachera y a la semana siguiente volvía a venir por lo mismo, hasta que aprendí que la borrachera no es demonio. Manifiestas son las obras de la carne que son adulterio, fornicación, inmundicia, odio, celos, iras, contiendas, borracheras, hechicerías y cosas semejantes a esta. Hay muchas cosas que no son producto del diablo, son producto de la carne, dice la versión de Reina Valera del 60. La naturaleza pecaminosa es la que nos hace caer en un montón de cosas. Usted se mete con una mujer que no es la suya, no porque el diablo lo empujó, se requieren dos para bailar un tango y no se necesita de diablo, solo se necesita que ella le eche una sonrisitas y ya cree que lo invitó a ir a la cama y la convence, después vienen a que les echemos fuera demonios. No, a la que hay que echar es a ella, porque no es su mujer.

Estábamos reunidos una con los miembros de la junta directiva de la iglesia en el segundo o tercer piso del Auditórium Menor. Y abajo estaban orando por un endemoniado. De repente llegan a tocarnos la puerta y a decirnos que había un demonio que no quería salir y la muchacha está toda violenta, que grita, que patea y ya no sabían qué hacer. Llego a donde ella se encontraba. Pedí que la soltaran porque la tenían amarrada, es más, sálganse todos se fueran todos y que se quedara fulano de tal para ser testigo. Le pregunté ¿qué hiciste? Es que me acosté con mi novio. Ahí está el demonio. Había caído en un pecado de fornicación. Tenía un cargo de conciencia y culpabilidad enorme, y posiblemente preocupada por qué tal si quedé embarazada, Le dije, Dios también ama a los fornicarios que se arrepienten de sus pecados. Arrepiéntete de tu pecado y así ya no tendrás ningún tormento. Oramos, se arrepintió y quedo tranquila. Llamamos al resto y les dije, aquí está su caso, no era demonio, era pecado.

Discernir entre la causa del tormento, es importante para no desperdiciar tiempo y energía echando fuera demonios que no existen, hay muchas cosas que son producto de nuestra naturaleza pecaminosa. Nos gusta el alcohol, lo buscamos; nos gusta la fornicación, buscamos la fornicación; nos gusta la manipulación, buscamos la hechicería; nos gusta el guiri guiri, buscamos el chisme. Hay muchas cosas que son producto de nuestra propia naturaleza pecaminosa. Sí, hay endemoniados que sí tienen al demonio adentro. En agosto de 1963 se desató un avivamiento extraordinario en la iglesia local donde yo crecí, como me quedaba al otro lado de la calle, noche tras noche, año tras año ahí estaba muy consagrado, muy espiritual, aprendiendo de la lucha espiritual, del ayuno, de la oración, de la Palabra, todas estas cosas muy hermosas. Llegaba mucha gente por oración, había que hospedarla y muchos de los hermanos a veces tenían que abrir sus casas para hospedar.

Un día llegó una señora joven muy endemoniada, necesitaba donde hospedarse. Mi abuela y mi primo Hugo acababan de fallecer, se quedó en el cuarto de mi tía donde había dos camas disponibles. A la par estaba yo en la casa de mis papás.

En la madrugada me fueron a llamar, yo un muchachito como de trece a catorce años, porque ya no soportaban a la señora. Tomé mi Biblia, oré por ella, se calmó, pero ya no mes dejaron regresar a mi cuarto. Me quedé en una silla de playa recostado y de pronto un berrido, tomé mi lámpara en una mano y la alumbré, era más fea que el mismo, por todo tipo de gesticulaciones que hacía. Empecé a reprender. No me salía la voz, estaba asustado. Me recordé que tenía que usar el nombre de Jesús, nunca se le olvide el nombre de Jesús, porque usted va en su Nombre. Reprendí el espíritu y gracias a Dios salió. Puedo decir que Dios puede utilizar a un niño de catorce años que cree en la Palabra de Dios y cree en el nombre de Jesús, también lo puede usar a usted que tiene cuarenta. Hay poder en el nombre de Jesús.

Una cosa es la posesión demoníaca y otra es practicar las obras de la carne. Una cosa es estar poseído por el demonio y otra es estar atado al pecado que tenemos y que nos lleva a hacer cosas que no convienen y, por supuesto, cada vez que hacemos algo que no es conveniente caemos en un infierno, una angustia, en la desesperación. Las consecuencias son terribles. Pero en esta lectura que hemos visto de este endemoniado geraseno, vemos que el león salvaje se volvió un manso gatito frente a Jesús, aquel hombre que no lo podían controlar ni con cadenas, que no lo podían sujetar, ante Jesús se volvió un manso gatito.

Permítaseme decirle que el diablo saben quién es usted. En son de broma pero es cierto, les digo a los amigos que en el infierno hay una foto de ellos y con un letrero que dice “se busca”. Hay quienes buscan nuestra caída, pero el Señor ha prometido llevarnos de la mano, para que nuestro pie no tropiece en piedra y guardarnos sin caída. El Señor es poderoso para guardarnos sin caída hasta el final de nuestra existencia. Así que “el todopoderoso” endemoniado se arrojó a los pies de Jesús, reconoció la divinidad de Jesús. Los espíritus pidieron metidos en los cerdos, porque ningún espíritu se puede comunicador sino es a través de un cuerpo, donde expresa su ira, su lascivia, su concupiscencia, su violencia. Se metieron en los cerdos y se precipitaron al lago por un despeñadero, pero para sorpresa de toda la comunidad encontraron al hombre sentado a los pies de Jesús, vestido y en su sano juicio.

Nadie quiere tener a Jesús cerca, cuando no quiere tener cambios en su vida. La gente que no quiere cambiar, que quiere seguir en su pecado, la gente que quiere seguir en su corrupción, que quiere seguir en sus negocios turbios no quiere estar cerca de Jesús, por eso no se acercan a la iglesia, a la célula. Buscan estar lejos de Jesús, porque Jesús nunca va a dejar que una persona siga en la misma vida en la que se encuentra. Cuando se tiene un encuentro con Jesús, se tiene una transformación en su vida, por eso aquí hay miles de personas que han sido transformadas gracias al encuentro que tuvieron con Jesucristo, Él nos liberó de muchas cadenas, de un estilo de vida desagradable.

Les entró tanto miedo a los gerasenos que le pidieron s Jesús que se fuera, a causa de ellos Jesús solamente hizo un milagro en ese lugar. Jesús no hace milagros en algunos lugares, porque la gente no quiere que esté ahí, porque la gente no quiere que haya un cambio radical, una transformación en su vida. El hombre que había sido sanado le rogaba a Jesús que le permitiera acompañarlo, porque una vez que usted ha sido sanado quiere estar con su sanador, que es Jesús. Usted quiere demostrar su gratitud, quiere demostrar su amor, quiere agradar a aquel que lo salvó. Jesús no les permitió irse con Él sino que le dio una orden, le dijo vuelve a tu casa y cuenta todo lo que Dios ha hecho por ti.

Muchos hemos sido sanados, muchos hemos sido liberados de algún vicio. Hemos visto la restauración en nuestro matrimonio, la provisión abundante de Dios en nuestra vida. Afuera hay gente con problemas de salud, de familia, problemas financieros, con angustia en su mente, con miedo en su corazón y es necesario que alguien les vaya a contar que hay esperanza. Y si usted ya experimentó lo que Dios obró en su vida y lo menos que puede hacer es ir y compartir su experiencia con aquellos que están alrededor suyo. Primero los de su casa, gente que lo conoce y que puede dar fe que usted ahora ya no está loco, porque la familia es la primera que dice que está loco, que es el puro diablo, pero de repente viene el cambio y ellos son los primeros interesados en oírnos. Debemos contar nuestra historia, de cómo Dios nos transformó.

Así que este endemoniado pasó de endemoniado a predicador de la Palabra. Dice la Biblia que se fue a predicar no solo a su casa, se fue a predicar Palabra de Dios por Decápolis, un área donde había diez ciudades. La pregunta de hoy es ¿cuál es su historia? ¿Cómo vino a conocer a Cristo? Me encanta cuando en alguna reunión me empiezan a contar cómo llegaron al conocimiento de Cristo, cómo vinieron a la Fráter. Mi esposa me contaba que tuvo una reunión con un grupo de mujeres que trabajan todos los días de la semana, pero a las seis de la mañana los sábados se reúnen para ver los temas que van a compartir en sus grupos, después de salir del trabajo. Se les preguntó ¿cómo era su Navidad antes de conocer a Cristo? Una dijo, mi Navidad era triste. Mi esposo era un alcohólico y llegaba siempre a golpearnos y no nos daba los recursos necesarios para nuestras necesidades. Eso era año tras año hasta que la fulanita me invitó a venir a la Fráter. Dios transforma vidas, pero hay que contarlo a otros que están sufriendo. Hay madres que han sufrido por mucho tiempo por sus hijos.

Me contó una persona que estuvo en la cárcel y estando preso se le acercó un hombre apodado hacha, porque era un marero, sicario, tatuado. Musculoso, muy fuerte. Le hablaba de Cristo una y otra vez y no quería entender. Un día le dije, hay una anciana que está orando por un hombre joven, para que Dios lo transforme. En ese momento el marero se puso a llorar y le dijo: a usted quién le contó que es mi mamá la que ora allá en el pueblo, para que Dios me transforme. – No me lo dijo nadie, simplemente se lo dije-. Y ese preso se arrepintió en ese momento, en la cárcel. Se convirtió en pastor en la cárcel y ahora está de pastor en una iglesia en San Salvador. ¿Podrá hacer Dios estas obras? Claro que sí, son los endemoniados de la época que Dios transforma, que Dios libera pero alguien tiene que hablarles y si es necesario que usted caiga preso para que le vaya a hablar a otros, y si usted conoce la Palabra hábleles a aquellos, que no conocen de Dios. Pero usted que no está preso, empiece a compartir lo que Dios hizo en su vida, con aquellos que lo están rodeando.

Dios también lo ha sanado del pecado, como Jesucristo sanó a este endemoniado geraseno ¿Cuál era su historia sin Cristo? Cuando no conocía a Cristo, ¿cómo era mi vida? Segunda pregunta ¿Cómo se encontró con Cristo? ¿Cómo fue mi encuentro con Cristo? Usted sabe, porque estaba allí. ¿Cómo es su vida ahora? Tres preguntas que debemos hacernos y responderlas a aquellos que necesitan de nuestro Señor y decirles, mi historia sin Cristo era así, así. Pero yo tuvo un encuentro con el Señor de esta manera y mi vida hora es con paz, con sobriedad, con armonía, mi familia fue transformada.

Vuelva a casa y cuente todo lo que Dios ha hecho por usted. Todo pecador perdonado solo quiere vivir con Jesús, pero no se debe olvidar de los demás. Ir a contarles cómo era su vida antes de encontrarse con Jesús, para que ellos tengan su propio encuentro con el Señor. El ser humano está hecho para disfrutar las historias, nos gusta oír historias, pues contemos la nuestra. Cuente la historia de todo lo que Dios ha hecho por usted y cuéntesela a todos los que pueda. Cuénteles cómo es amar a Dios y como la historia del nacimiento de Jesús se ha hecho realidad en su vida, porque usted ha conocido a Cristo.

1 Pedro 2:9-10 dice Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable. Ustedes antes ni siquiera eran pueblo, pero ahora son pueblo de Dios; antes no habían recibido misericordia, pero ahora ya la han recibido. Si usted no está proclamando las obras de Dios, no está cumpliendo el propósito por el cual Dios lo hizo especial.

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