De rodillas ante Él (código 2015-416) – Radios Fráter
  • diciembre 27, 2015

De rodillas ante Él (código 2015-416)

Escuche:

Una familia cuatro hermanos, tres mujeres y un varón , estaban en la casa algunos hijos de ellas, estaba la mamá. Eran alrededor de quince personas. Cuatro de ellos necesitaban utilizar el único carro que tenían, el hermano se los iba a prestar y empezaron a preguntar ¿quién tiene la llave? Otras personas lo habían utilizado, entonces les responde que no la tenía. Empezaron a averiguar y preguntar, eso es típico, usted pregunta por algo y nadie sabe dónde está. Al principio preguntaban riéndose, pero después de dos horas que no aparecía la llave empezaron los gritos, en una de esas el dueño del carro dice “muchá, yo la tengo”. Todo ese tiempo estuvo buscando y nunca se dio cuenta que la tenía dentro de la bolsa, nunca se metió la mano sino hasta después de dos horas.

Muchas veces en la vida tenemos las cosas y no nos damos cuenta. Estaban dos amigos y uno de ellos le pregunta al otro, ¿cuántas posesiones tenés? ¿Cuándo empezaste? ¿Cuánto te generan mensualmente? Y el otro amigo le dice no sé. Le empieza a contar que su esposa quería una casa, le dijo que la iban a comprar al contado y empezó a trabajar, trabajar y trabajar y ahorrar. Un día mi esposa me dice ¿ya viste cuánto tenemos en la cuenta de ahorros? Ya tenemos para comprar la casa al contado y no solo para una sino para comprar dos casas. Y resultaron comprándolas. Esta persona no se había dado cuenta de todo lo que tenía, de hecho empezó a hacer la lista de las posesiones y no se había dado cuenta de qué tenía.

Muchas veces andamos en la vida y no nos ponemos a pensar, no hacemos un inventario si quiere mental o escrito de las bendiciones que Dios nos ha dado. ¿Cuándo fue la última vez que usted hizo ese inventario de lo que Dios le ha dado? ¿Ya hizo un recuento de lo que Dios le ha dado en el 2015? Esta es la última semana, y este año pasará a ser historia, ¿ya se sentó a hacer el inventario de lo que Dios le ha dado este año y no solo en el 2015, sino en toda la vida? Es necesario que hagamos inventarios, tengo ocho años de trabajar aquí en la Fráter, amo este trabajo, amo lo que hago, me apasiona el trabajo de las células, hago otras cosas, pero antes de trabajar en la Fráter, lo hice alrededor de diez y seis años como gerente de logística en otras empresas y estuve muy ligado al control de inventarios, a la distribución de productos y algo que era clave para poder tener un buen control de bodegas era precisamente el inventario y actualizarlo a un sistema que permitiera que, al consultarlo, se pudiera tener la certeza de que estaba de acuerdo al inventario físico. En esa época aprendí que los inventarios son necesarios para un buen control de lo que se tiene. Y entre más seguido se hagan, es mejor el control de lo que se tiene. Con lo que se cuenta.

En la vida espiritual tiene que hacer un inventario seguido de lo que Dios le ha dado y en el sistema de su mente usted tiene que tener ese inventario actualizado y repasar todo lo que Dios le ha dado. ¿Cuándo fue la última vez que hizo un inventario de las bendiciones de Dios? Hagamos uno en este momento muy rápido, qué regalo le ha dado Dios, El regalo de la vida. Hoy está aquí, tal vez con achaques, pero con vida, tal vez para poderse comer su tamal tuvo que tomarse una pastilla para que no le hiciera daño; tal vez tiene anteojos, pero está con vida; tal vez no oye muy bien pero está convida. Dios nos ha dado el regalo de la vida y cada mañana que nos levantamos, cada mañana que vemos ese sol resplandecer tenemos que decir Señor, hoy hago un inventario y tengo que darte las gracias por la vida.

Qué tal el regalo de la provisión. ¿Será que Dios ha sido su proveedor? claro que sí, ha provisto los frijoles, el huevo, el chirmolito, los tamales, porque ha sido nuestro proveedor, no nos ha dejado abandonados. Muchas veces pasamos inadvertido el regalo de una familia espiritual. En la Fráter ha encontrado una familia espiritual, ha encontrado personas que lo han amado y lo han recibido. Venía al grupo de jóvenes hace muchos años, no conocía a nadie. Llegaba, me sentaba, estaba en el servicio y al terminar me iba. No conocía a nadie. Hasta que un día, alguien me dijo hoy no te vas, te vas a quedar y te voy a presentar a más personas. Y conocí gente y encontré a mi familia espiritual, venía de una familia desintegrada, a mi mamá le había tocado sacarme adelante, pero allí encontré a mi familia espiritual. Toda la familia de mi esposa está en otro país, pero aquí ha encontrado a su familia espiritual. Mis hijos casi no tienen primos, pero aquí han encontrado a una familia espiritual. ¿Ha encontrado una familia espiritual aquí? Eso tiene que estar todos los días en nuestro inventario de agradecimiento.

Por eso abrimos la Facultad de la Fe y Liderazgo cada domingo del mes, cada primer domingo del mes, para que pueda llegar y encontrar una familia espiritual, dos maestros que lo van a ayudar a encontrar una familia. Tenemos 592 células, donde las personas llegan y sin conocer a nadie, muchas veces, ahí encuentran a la familia espiritual que está en los momentos difíciles, en los momentos duros, y en los momentos alegres. Tenemos más de 41 ministerios donde cada voluntario encuentra una familia espiritual. Eso tiene que estar en nuestro inventario de todos los días.

Este que le voy mencionar también tiene que estar, ¿qué tal el regalo de perdón de pecados y de la salvación? Usted y yo estábamos perdidos, Efesios 2:8 dice Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios. Hemos sido salvados, porque Dios nos regaló su gracia. Cuando se recibe un regalo hay un precio que pagar, alguien pagó el precio por su salvación y fue Dios, que no escatimó, no dijo no tengo presupuesto, Dios no regateó, mandó a lo más preciado para rescatarlo a usted y a mí, mandó a Su Hijo Jesucristo. Eso nunca se nos puede olvidar, eso tiene que estar en el inventario de nuestra mente todos los días. 1 Juan 4: 10 dice En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y envió a su Hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de nuestros pecados. Gálatas 1:4 Jesucristo dio su vida por nuestros pecados para rescatarnos de este mundo malvado. Usted no se la pidió, Jesucristo se la dio; usted no se la quitó, Jesucristo dio su vida por nuestros pecados. Eso siempre tiene que estar en nuestra mente. El regalo de la vida eterna, un día vamos a morir, el Pastor Jorge decía prepárese porque usted puede ser el siguiente, pero ¿sabe una cosa? tenemos el regalo de la vida eterna. Jesucristo dijo yo soy la vida, y la resurrección, el que cree en mí aunque muera vivirá.

¿Qué más regalos le ha dado Dios? ¿Qué más tiene que estar en su inventario? Cuando hacemos este inventario, cuando hacemos una lista, cuando repasamos, cuando pensamos en las bendiciones que Dios nos ha dado tenemos dos caminos. El hombre actúa de dos maneras. Hay dos tipos de personas, hay dos tipos de actitudes. Lucas 17:11-19 Un día, siguiendo su viaje a Jerusalén, Jesús pasaba por Samaria y Galilea. Cuando estaba por entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres enfermos de lepra. Como se habían quedado a cierta distancia, gritaron: — ¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros! Al verlos, les dijo: —Vayan a presentarse a los sacerdotes. Resultó que, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, al verse ya sano, regresó alabando a Dios a grandes voces. Cayó rostro en tierra a los pies de Jesús y le dio las gracias, no obstante que era samaritano. — ¿Acaso no quedaron limpios los diez? —Preguntó Jesús—. ¿Dónde están los otros nueve? ¿No hubo ninguno que regresara a dar gloria a Dios, excepto este extranjero? Levántate y vete —le dijo al hombre—; tu fe te ha sanado.

Dos tipos de personas, dos actitudes, los agradecidos y los desagradecidos. En el Antiguo Testamento se dice que los leprosos debían permanecer afuera, no tenían que estar cerca de los sanos y por eso, como estaban a la distancia, dice que lo más cerca que podía estar un leproso de una persona sana eran cincuenta metros. Estaban a esa distancia de Jesús y reconocieron que podía sanarlos y por eso le gritaron que tuviera compasión de ellos. Estaban marginados, estaban despreciados. La gente no podía acercase a ellos ni ellos a la gente, es más, les tenían cierto desprecio. La lepra es una enfermedad donde la piel pierde su sensibilidad, su aspecto no debía haber sido agradable, su piel no era como la suya y la mía.

Pero reconocieron que Jesús los quería sanar. Les ordenó que fueran con el sacerdote, porque tenían que presentarse ante él para ser declarados sanos y es allí donde podían regresar con su familia. Los diez están sanos, pero uno solo regresa y nueve siguen su vida normal, nadie sabía que Jesús los había sanado. Solo uno regresó a darle las gracias. ¿Qué clase de personas somos de las que agradecen, de las que regresan a agradecer o de las que no agradecen? Ante esta situación tenemos dos problemas, corremos dos peligros, el problema de no agradecer las bendiciones, de no darnos cuenta de lo que tenemos y verlo tan normal que ya no agradecemos. Cuánta gente que cuando vio a estos leprosos dijo Señor, pobres estos leprosos, pero te doy gracias por mi piel. Cuánta gente reparó en que tenía una piel sana, porque muchas veces vemos las cosas tan normales y hasta que ya no las tenemos le damos gracias a Dios por ello. Pero las tenemos y las vemos tan normal que no regresamos a agradecer y corremos el peligro de no agradecer lo que tenemos.

Una de las cosas que nos gusta comer en la casa es queso fundido, queso derretido con panito. Mi esposa por un constipado pierde el sabor de los alimentos. No puede sentir el sabor a la comida cuando se enferma. Una vez me dice que no sentía el sabor del queso, yo sí lo estaba sintiendo. Cuántas veces le ha dado usted gracias a Dios por sus papilas gustativas, porque lo vemos tan normal que se dice que el tamalito está sabroso. Cuánto hace que le dio gracias a Dios por sus manos, cuándo le dio gracias a Dios por sus pies, porque hoy pudo venir aquí caminando, talvez con dolencias, pero pudo venir. Cuándo fue la última vez que le dio gracias a Dios por sus riñones, sus ojos, por su estómago, por su laringe, por sus riñones, por todo lo que usted es. Lo miramos tan normal que tienen que funcionar. Cuándo fue la última vez que le agradeció a Dios por su corazón sano, lo miramos tan normal, pero no podemos caer en el problema de no ver las cosas, no podemos caer en el problema que se vuelvan tan normales, tenemos que ser agradecidos con el tiempo, con todo lo que tenemos.

El segundo problema es perder de vista y no reconocer al dador de las bendiciones. Este leproso regresó a decirle Jesús, muchas gracias. Reconoció que Él era el dador, no obstante que era samaritano, los samaritanos no se llevaban con Jesús. En el Antiguo Testamento Dios les empieza a decir que, por eso manda profeta tras profeta, el pueblo tenía que adorarlo, pero empiezan irse en pos de otros dioses y por eso caen cautivos, primero se divide en dos reinos, el reino del norte y el reino del sur. El reino del norte por lo mismo, porque no obedece a Dios, es llevado cautivo por Asiria, Samaria era la capital de Siria. El reino del sur es cautivo por Babilonia, y entonces lo que empieza a pasar es que los judíos se empiezan a mezclar con los de Samaria y se genera los samaritanos, una mezcla entre judíos y gente de Samaria. Los judíos despreciaban a los samaritanos, Jesús tuvo compasión de ellos. Jesús no los despreció y este samaritano no puso como excusa que Jesús era judío y no lo iba a recibir. Regresó y le dio las gracias a Dios, porque sabía quién le había dado la sanidad.

Tenga cuidado, no pierda de vista quién es el que le da las cosas. ¿Cuántas bendiciones hay en su vida, hay gratitud en su vida? ¿Regresa a darle gracias? Hay seis cosas que le quiero mencionar, actitudes que debemos tener sí hay agradecimiento en nuestro corazón. La gratitud nos lleva a amarlo al obedecer sus mandamientos. Juan 14:15 Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos. Observe este cuadro, su hijo llega a decirles papi y mami, estoy agradecido por todo lo que han hecho por mí, por mi colegio, por pagarme el colegio, los sacrificios, por todo lo que han trabajado, estoy agradecido por los útiles. Usted se para y primero dice y ¿qué mosca le picó a este? Pero después usted se dice que ha hecho un buen trabajo con su hijo, le enseñó a ser agradecido.

Entonces le dice, podemos llegar al siguiente nivel. Bueno mijo le voy a pedir que, usted sabe que ya hizo un buen trabajo con él, vaya a hacer su cuarto, a sacar la basura y a lavar los platos. Entonces, su hijo le contesta que no lo va a hacer, eso que lo haga mi hermana o mi hermano. En ese momento ve que hay algo que no cuadra, porque si la persona está agradecida, si su hijo está agradecido, lo reconoce a usted y sabe lo que usted ha hecho por él, entonces tendrá que obedecer. Cómo no vas a obedecer, si estás agradecido. Si estás agradecido, hay que obedecer porque aquí yo soy la autoridad. Así estamos nosotros, muchas veces le decimos gracias por las cosas, pero no obedecemos.

La gratitud nos debe llevar a obedecer sus mandamientos, leer Su Palabra. Usted debe leer la Biblia y poder decir yo voy a vivir de acuerdo a Su Palabra. La gratitud nos debe llevar a cumplir la misión evangelizadora y discipuladora. Lea lo que dice Pablo a Timoteo en 2 Timoteo 2:2 Lo que me has oído decir en presencia de muchos testigos, encomiéndalo a creyentes dignos de confianza, que a su vez estén capacitados para enseñar a otros. Lo que le está diciendo es que vaya a discipular a otros, a enseñar a otros y eso lo habían aprendido de Jesús, en Mateo 28:19 les dice vayan y hagan discípulos. Estamos para hacer discípulos, si estamos agradecidos tenemos que ir y hacer discípulos.

Hace algunos años estaba predicando en una Reunión en Confianza, en donde tenemos a los nuevos convertidos y me tocó un mes con ellos, prediqué un domingo y al siguiente se acercó una señorita que ya tenía dos domingos de asistir. Llegó ese día y me dijo estoy tan gradecida con Dios, por lo que hizo en mi vida, porque me rescató, porque me salvó. Traje a mi hermano, él puede quedarse callado, él no es cristiano, pero lo traje a la Reunión en Confianza. ¿Puede hablar con mi hermano? Llegué, le platiqué y le pregunté si quería recibir al Señor como su Señor y Salvador y me contestó que sí, hicimos la oración. ¿Por qué? porque ella estaba tan agradecida que lo que estaba haciendo era cumplir la misión discipuladora y evangelizadora. La gratitud nos lleva a amar a nuestro prójimo al tratarlo como deseamos ser tratados. Juan 13:35 dice De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros. Si usted está agradecido con Dios tiene que amar a su prójimo, perdonarlo, acercársele. No puede estar agradecido con Dios y estar peleando con su prójimo.

Cuarta cosa. La gratitud nos lleva a contar de Su poder para que otros se arrepientan de sus pecados. Usted tiene una historia que contar, tiene una historia, un antes de Cristo, cuando Cristo llegó a su vida y después de que Cristo llegó a su vida. Un antes de cómo llegó y un después de cómo es ahora su vida, cuente esa historia. Mi papá se fue de la casa, lo miraba esporádicamente. Una de las cosas que hacíamos con él era ir al estadio. Mirábamos el primer tiempo, generalmente de cremas o rojos y a la selección. Luego mi papá con sus amigos me llevaba al Tercer Tiempo, era un bar que había arriba del palco del estadio Mateo Flores, y ahí se ponían a tomar. En el partido ya iban entonados, pero ese tercer tiempo se volvería tercero, cuarto, tenía minutos extras. Salían en estado alcohólico, mi papá me iba a dejar a mi casa.

Un día estaba en la Fráter cuando vi entrar a uno de esos amigos de mi papá, su vida había sido transformada, un médico que había trabajado con mi papá dejó el alcoholismo, cambió su vida y ahora puede contar de ese poder de Dios, ahora es un servidor, un líder de célula, puede contar historia del poder de Dios. Cuente su historia, sea agradecido contándole la historia a muchos para que se arrepientan de sus pecados.

Quinta cosa La gratitud nos lleva no a ver lo que nos hace falta, sino a valorar lo que tenemos. 1 Timoteo 6:8 dice Así que, si tenemos ropa y comida, contentémonos con eso. No importa que no tenga, mire lo que tiene. La gratitud nos debe llevar a valorar lo que tenemos, olvidando lo que no tenemos, no nos enfoca en lo que no tenemos sino que nos lleva a ver lo que tenemos.

Sexta cosa. La gratitud nos lleva a doblar nuestras rodillas delante de Él en agradecimiento. Cuando dobla rodillas es porque se rinde a Él, porque le dice Señor, aquí estoy rendido, ya no hago nada más, tú eres el Rey, yo te doy las gracias, me postro ante ti. Acompáñeme a Lucas a ver esa historia del leproso, cómo llegó este leproso, este samaritano, cómo llegó este hombre que había sido despreciado, no solo por la lepra sino doblemente despreciado porque era samaritano. Lucas 17:15-16 Uno de ellos, al verse ya sano, regresó alabando a Dios a grandes voces. Cayó rostro en tierra a los pies de Jesús y le dio las gracias, no obstante que era samaritano.

Hoy es un buen momento para que hagamos un inventario de todo lo que Dios nos ha dado y que seamos agradecidos con Él. Pongámonos de rodillas y así como este samaritano llegó de rodillas, nosotros nos ponemos de rodillas delante de Él y digamos Señor, gracias. Haga allí donde está un inventario de lo que le ha dado. Le ha dado comida, trabajo. Qué más le ha dado, haga el inventario mental, por el hijo que tiene, por la salvación, por el perdón a nuestros pecados, por la comida, por la provisión, el techo. Gracias porque has estado en los momentos difíciles, gracias por esos éxitos, por los títulos, por los negocios. Gracias Señor, gracias Padre, gracias Dios.

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