Ninguno en los graderíos (código 2016-044) – Radios Fráter
  • febrero 10, 2016

Ninguno en los graderíos (código 2016-044)

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Casi a todos nos gusta el fútbol, hay aficionados y hay fanáticos que dependen del resultado para estar contentos o estar tristes, igualmente muchos han ido a un estadio y les ha caído un naranjazo o un pepitazo o han sentido que algo caliente les baja por la espalda, de todo ocurre en los estadios. La gente se emociona cuando está en el estadio y en el ambiente de la multitud, donde vienen los cantos de las porras, sobre todo el Himno Nacional y cuando alguna vez su equipo gana, no digamos. Interesante es que hay 22 jugadores en la cancha, cuatro árbitros y tres de ellos corriendo de un lado para el otro y 81 mil espectadores en el Santiago Bernabéu gritándole a todos los jugadores cómo hacerlo, diciéndole al árbitro cómo hacer su trabajo, diciéndole a los jugadores cómo debieron haber pateado ese penalti, porque lo fallaron. No digamos allá en el Camp Nou, sede del Barcelona, 99,354 espectadores diciéndoles a los futbolistas cómo se hacen las cosas. Y ahí están señoras que jamás han tocado una pelota, pero maltratando al jugador, y ahí están señores que jamás se han metido a un campo de fútbol, pero dándole clases de cómo hacerlo al técnico del equipo.

Una cosa es estar en los graderíos y otra es estar en la cancha, una cosa es verla venir y otra vivir con ella. Una cosa es sentarse allí en las sillas de la iglesia y criticar al coro por la forma cómo canta, otra es meterse a ensayar todas las semanas y venir a cantar. Una cosa es criticar al servidor que está en el parqueo con un frío tremendo y decir “este servidor no me deja estacionar donde yo quiero”, y otra es que usted se ponga el tacuche y vaya a hacerlo. Una cosa es criticar a los maestros de la Zona de Campeones por la forma en la que están haciendo su trabajo con los niños y otra es que usted se vaya a meter a la clase y cuidar unos veinticinco patojos, usted no aguanta al único que tiene. Una cosa es decir, observar y otra cosa es hacer y actuar.

Hay tres clases de personas en este mundo. Las que observan lo que está pasando, se dedican como el espectador de fútbol a ver lo que pasa. Hay otras que nos saben ni lo que está pasando, a estos no les interesa el fútbol para nada, no leen nada ni miran nada de fut.  Y hay otras que hacen que las cosas pasen. ¿En cuál de estas personas o estos grupos va  estar usted? ¿Los que observan a los que no saben ni qué está pasando o de los que hacen que pasen las cosas? Es importante que pasemos del dicho al hecho. He visto jóvenes solteros que ven  a un niño llorar, malcriado y su papá lidiando con él y como es soltero dice “si ese patojo fuera mío, un par de patadas le hubiera dado ya”, “un par de trancazos le daba y lo ponía quieto”. Es fácil hablar. Pasan los años y después uno los ve con su primer hijo ¿le dan su par de patadas? No. Porque una cosa es criticar al otro con su patojo y otra es tener al propio.

Es necesario que dejemos de estar en los graderíos, sentados en las bancas y nos pongamos a actuar. Debemos buscar la manera de involucrarnos en el Reino de Dios, en la obra de Dios para no ser meros espectadores sino ser actores. Hay por lo menos cuatro cosas que puedo recomendar para dejar de ser espectador en la obra de Dios y se convierta en una persona activa. Usted deja de ser un espectador cuando sostiene la obra en obediencia. De muchos años he visto en La Fráter a personas que son fieles en dar al Señor su diezmo mes a mes, sosteniendo la obra. Si ganan cinco mil, pues traen quinientos de diezmo, si ganan diez mil traen mil; si ganan cien mil traen diez mil de diezmo. Son fieles y por años Dios les ha bendecido, no solo económicamente, porque hay bendiciones que no se miden con dinero. Estar en paz con su mujer ¿será una bendición? Esa bendición vale millones. Tener a sus hijos libres der las drogas ¿valdrá la pena? Sí, estar sano es una buena bendición, a veces se puede tener el rollo de billetes pero se están muriendo por una enfermedad que los va a llevar a la tumba antes de tiempo.

Hay grandes bendiciones que el Señor imparte para aquel que es un miembro que sostiene la obra de Dios en obediencia. Proverbios 3:9-10  dice Honra al Señor con tus riquezas y con los primeros frutos de tus cosechas. Así tus graneros se llenarán a reventar y tus bodegas rebosarán de vino nuevo. Honrar al Señor no es solamente entonar cánticos, eso es parte. No solamente esa comportarnos cristianamente y tener un buen testimonio. Honrar al Señor también se hace con nuestras riquezas. Si el Señor nos bendice, conforme Él nos bendice tenemos que dar para Su obra. No escatime dar a Dios sus diezmos. Al final ¿quién es el dueño de todas las cosas? Dios. Y ¿cuándo se muera cuánto se va a llevar? Por eso es importante, ahora que está vivo, antes de estar boqueando en un hospital, dar al Señor de lo que tiene.

Porque una cosa es que usted caiga en coma y luego se muera y ya no pueda hacer nada y llegar al cielo y decirle al Señor “yo tenía la intención de dar un buena ofrenda un día”. Pero con la intención no basta. El que es fiel en lo poco, es fiel en lo mucho. Cuando se es fiel en diezmar con lo poco que tiene, también será fiel en diezmar en lo mucho que tiene. Los miembros, los muchos miembros, de La Fráter hemos aprendido, voluntariamente y en obediencia a dar mensualmente el diezmo de nuestros ingresos para los fondos de nuestra congregación. No sólo hemos dado, hemos administrado e invertido con integridad en la obra de Dios, lo que hemos recibido. Leímos que cuando hemos honrado al Señor con nuestras riquezas y con los primeros frutos de nuestras cosechas, nuestros graneros se llenarán hasta reventar. Aquel que es fiel al Señor no va a andar con escasez, en miserias. Dios siempre le abundará. Es mejor un noventa por ciento de lo que recibimos con la bendición de Dios, que vivir con un cien por ciento sin la bendición del Señor.

No damos para recibir, damos para honrar, pero Dios nos ha prometido que sobreabundará con el noventa por ciento restante y abrirá las compuertas de los cielos y derramará bendiciones, no solo dinero, sino hasta que sobreabunde, es decir, tengamos todo lo que necesitamos. Yo conceptualizo la abundancia como tener todo lo que necesito y algo más para dar. ¿Qué es realmente lo que necesitamos? Pablo dice con tener techo y comida y ropa estemos contentos con eso. Lo que pasa, se nos va la mano y nos endeudamos más de la cuenta por tener un montón de cosas que, realmente, no son necesarias.

Así que cuando hablamos del diezmo ¿está en los graderíos o está en la cancha? ¿Está simplemente observado, criticando o está en la jugada? Oíamos hace poco a un hermano,  que estaba rodeando de varios miembros de su iglesia local y todos criticaban que el pastor solo pedía diezmos y ofrendas. Todos hablando porque para hablar son buenos, si no vaya al estadio. Uno de ellos dice — bueno muchá, tanto que pelan ustedes a su pastor y a su iglesia, les pregunto ¿cuánto de ustedes diezman? Ninguno, entonces ¿por qué están hablando? Si ustedes no diezman solo hablan —. Porque están en los graderíos. No están en la jugada. Métase a la jugada y va a experimentar la bendición de Dios.

Muchos que han diezmado ven que Dios los ha bendecido en su vida, en su trabajo, porque son fieles. Si usted no es de ellos, aprenda y empiece a hacerlo. Pruebe a Dios y diezme. Dice Malaquías 3:10 Pruébenme en esto —dice el Señor. Dios nos pone a que lo probemos y que recibamos esas bendiciones que tiene para nosotros.

Que su primer cheque o transferencia electrónica cada semana o cada quincena o mes sea su diezmo, antes de sacar el cheque de la Empresa Eléctrica, antes del abono de la casa que compró, antes de pagar el seguro, antes de ir al supermercado, su primer cheque debe ser el diezmo para el Señor, porque la Biblia dice que la gente se preocupa por el qué comerá, qué vestirá, cómo se cubrirá, pero Jesús dijo: busquen primero el reino de Dios y su justicia y las demás cosas vendrán por añadidura. Pongamos en primer lugar a Dios nuestro Señor cuando se trata de dar.

Segunda manera de dejar ser un espectador y convertirse en un jugador, en un actor en la iglesia, Efesios 6:7-8 dice Sirvan de buena gana.  Hay quienes sirven pero de mala gana, se entra a una tienda con el deseo de comprarse un traje y los que atienden no le ponen atención. Se va con la disposición de comprar, pero no lo atienden y cuando usted le dice al empleado que lo atienda nota que lo hace de mala gana. Si algo tenemos que aprender en la obra del Señor es servir de buena gana. Recuerde que el que sirve, sirve y el que no sirve, no sirve. El que no vive para servir no sirve para vivir. El camino de la grandeza está cimentado por la buena disposición de servir al prójimo. La gente más grande en este mundo es la gente más dispuesta a servir, está lista para servir cuando es necesario. Sigue diciendo Pablo en Efesios 6:7-8 Sirvan de buena gana como quien sirve al Señor y no a los hombres, sabiendo que el Señor recompensará a cada uno por el bien que haya hecho, sea esclavo o sea libre.

Los miembros de La Fráter hemos aprendido a servir, es un gusto, es un privilegio poder servir a Dios y a cada uno de sus hijos. Por eso usted viene y sigue viniendo, porque encuentra siempre a alguien dispuesto a servirle. Lo mismo ocurre en una célula, encuentra a la gente dispuesta a servirle. Una señora llevó a una pareja de amigos a una célula donde ella empezó a asistir esta semana. Ya conocía a varios de los miembros del grupo, pero sus amigos era la primera vez que llegaban y me cuenta que se sorprendió cuando vio lo  rápido que los integraron, lo rápido que los recibieron con amor, qué rápido los atendieron bien y eso es porque hay una disposición de servir de buena gana. Es importante que aprendamos a servir no solo de buena gana sino además servir con excelencia y del Señor vamos a recibir la recompensa.

Es importante ese deseo continuo por querer hacer las  cosas cada vez mejor. Lo que hacemos, busquemos la manera de mejorarlo; y por eso me impresiona en La Fráter hay alrededor de 3,500 voluntarios que sirven al Señor, la gran mayoría de ellos con excelencia. Sirven en un ministerio, sirven en medios de comunicación, sirven en un ministerio a las cárceles, sirven todos los domingos que nos reunimos o entre semana ayudándolo a estacionar su vehículo, guiándolo, recogiendo las ofrendas, dándole la bienvenida. ¿Usted cree que les pagamos a los servidores que están ahí bien entacuchados? No, les decimos que deben diezmar, si no, no sirven. Son voluntarios que han aprendido servir y por eso la gente que viene las primeras veces y se encuentra con un conocido: a ese abogado lo conozco, tiene pisto en paleta y ¿qué está haciendo parqueando vehículos? Aquí está sirviendo. Es muy fácil estar en los graderíos, muy cómodo, hasta su “cuaje” se echan aquí. Pasan toda la noche chateando, viendo tele, platicando, chupando, bromando y entonces se vienen a dormir aquí el domingo.

Hay hermanos que están firmes y adelante sirviendo. Hay otros que están en las células, abren su casa, la preparan y no importa que lleguen los hermanos bajo el agua, a veces con lodo en los pies, no importa, entran y los reciben con amor y los atienden , están dispuestos a servir. Recuerde que el ornato de la casa son los amigos que la visitan.

Servimos con excelencia en todo lugar con nuestro testimonio de vida, si es un mecánico, es un mecánico que sirve bien, que no engaña a su clientela, que de veras cambia el repuesto. Si es un sastre, es un uno que hace su trabajo a la medida, no como aquel que le hizo un traje a un amigo y le hizo una manga más corta que la otra y cuando le reclamó le digo que era fácil, que se agachara un poco. Hay que servir con excelencia donde quiera que estemos. Cuando hablamos de servicio ¿está en los graderíos o en la jugada? Si usted no ha estudiado en la Facultad de la Fe y Liderazgo, le recuerdo que el primer nivel inicia el primer domingo del mes y en los Centros de Información se puede inscribir. Un prerrequisito para servir en La Fráter es que tome esa capacitación en la Facultad. Son ocho meses, dos horas a la semana y empezará a servir con entusiasmo. Todavía hay muchos que pueden tomarlo y los que ya  cursaron el primer nivel pueden continuar en el segundo que comenzará ahora con material mucho más importante y mucho más lleno de conocimientos para que pueda llevar adelante su ministerio. Ubíquese y sirva.

Tercero. Deja de ser un espectador cuando, cumple la obra al comisionar a otros. ¿Cómo se puedo comisionar a otro? Primero hay que traerlo a los pies de Cristo. Es muy bonito ver a ese amigo o familiar que empieza a conocer del Señor, empieza a crecer y luego es tan ducho que empieza a hacer lo mismo que hicieron por él. Lo hace con otra persona, con un amigo, con un familiar. Cuando tomamos a una persona le compartimos nuestro testimonio, le hablamos de Jesucristo y los traemos a los pies de Cristo.  Allí no termina todo, viene, hacemos el llamado, pasa al frente, hace su oración de fe. Allí no termina todo, allí comienza. Es como una señora embarazada, ¿Cuándo nace su criatura allí terminará todo? Apenas está empezando, después vemos a las mamás bien atareadas con el muchachito, a ese muchachito hay que cambiarle pañales varias veces al día y qué tarea tan difícil. No va a agarrar a este muchachito y a devolverlo. Claro que hay madres desalmadas que lo tiran, pero la gran mayoría ama a su bebé, lo bañan, lo limpian, le dan de mamar.

La lactancia materna es una maravilla, porque no le cuesta mucha plata a usted, pero es un gran alimento que le da a ese bebé. Los primeros días lo que sale es el calostro pero dicen que les da a los niños esa fortaleza para tener impunidad contra muchas enfermedades. Aquellos niños  que les dieron de mamar salen mejor que aquellos a los que solo les dieron la pacha, el biberón, porque no hay como que de usted salga ese alimento para su  hijo y ese calor que maternalmente le da a su bebé. Lo mismo ocurre cuando  se convierte alguien acá, debe  tomarlo como a su hijo, que la va a chorrear es cierto. Quizá vino bolo y usted le habla, a los pocos días anda otra vez “socado”, pero lo que nos queda con esos hijos espirituales es limpiarles la embarrada que se dieron, empolvarlos, bañarlos hasta que aprendan.

Todos los que hemos tenido hijos sabemos que los niños no aprenden ir solos la primera semana, pasan años y usted está enseñándoles, hasta que al fin llega el día en el que va solo, avisa. Fiesta hacemos todos, hasta fotos se les toma. Los hijos en la fe son iguales, necesitan alguien que les esté ayudando hasta que aprendan, pero cuántos damos gracias a Dios por aquellos que nos ayudaron para que aprendiéramos, nos ayudaron y aprendidos. Igual hay que ayudar a aquellos que empiezan, por eso hablamos de Convertir, Conservar,  Capacitar y Comisionar. Traemos a los pies de Cristo a un amigo, luego hay que conservarlo llevándolo a la célula, por eso es importante que vayamos a una célula y si no se va, hay que empezar a asistir a una con su amigo para que desarrollen nuevas relaciones, el hábito de congregarse, aprender a orar por alguien, quien lo llame, quien lo visite y luego capacitarlo enseñándole a leer la Palabra de Dios, inscribiéndolo a la Facultad de la Fe y Liderazgo para que aprenda y de esa manera llega al punto en el cual  lo podemos comisionar. Lo que aprendió, lo que se hizo por él, ahora tiene que hacerlo por su hermano que anda igual de bolo, igual de violento como anduvo usted en el pasado. Ahí empieza la gente a compartir su testimonio. Esto es dejar de ser un espectador y comisionar a otros. Así que cuando hablamos de ir a hacer discípulos de Jesús ¿está en los graderíos o está en la jugada?

Cuarto. Usted deja de ser un espectador cuando, crece en la obra al leer y practicar la Biblia. 2 Timoteo 3:15-17 dice Desde tu niñez conoces las Sagradas Escrituras, que pueden darte la sabiduría necesaria para la salvación mediante la fe en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra. Muchos de nosotros hemos aprendido a leer y practicar la Biblia todos los días de nuestra vida. Si usted no la está leyendo, hágalo, por lo menos un capítulo diario, empiece. Ahora hay aplicaciones en los teléfonos, mientras está esperando a un doctor que lo atienda, a un cliente que lo atienda, puede leer su Biblia para ser sabio, créala para ser salvo y practíquela para ser santo. Propóngase buscar un lugar y un horario para leer y poder crecer en la obra del Señor, a través de la lectura de Su Palabra.

Un fanático de fútbol siempre está leyendo de futbol, termina el partido y se queda leyendo u oyendo las noticias, los comentarios. Pero si usted es un cristiano debe leer la Palabra del Señor diariamente. Lo que ha mantenido a Fraternidad Cristiana por 37 años en constante crecimiento y desarrollo es que perseveramos en el orden dado en la Biblia. Modas van y modas vienen, a veces les agarra por reírse a lo loco, entonces dicen “que ahí está la presencia del Señor”, pasa la moda, viene otra que hay que caerse porque si usted no se cae el Espíritu Santo no está presente. Van y vienen, hay que tener cuidado, hay que examinar todo lo que creemos, todo lo que vemos y todo lo que hacemos a la Luz de las sagradas Escrituras.

Voy a contar una experiencia que tuve hace varias décadas allá en Monte Sión. Llevamos a los jóvenes a un retiro y después de la predicación hice el llamado y se llenó de jóvenes, había llovido mucho en la tarde y micrófono en mano empecé a imponer manos sobre cada uno de los jóvenes. Y cuando impuse manos a un joven sentí que me salió corriente eléctrica y por dentro me pregunté si era manifestación del Espíritu. Quité la mano y se la puse a otro e igual sentí la corriente eléctrica. Al tercero, igual. Le dije al que me estaba asistiendo que me detuviera un momento el micrófono, se lo di y le impuse la mano al cuarto sin el micrófono y no me pasó electricidad. Esto no es del Espíritu, me dije, esto es de electricidad. Milagro que no me estoy electrocutando, pero esos patojos a los que les impuse manos y les pasó la electricidad han de haber pensado qué unción la del pastor, ese pastor sí vino ungido. Treinta años después habrán de contar que el Señor derramó Su Espíritu en su vida con electricidad.

Dios puede hacer lo que quiera, obrar como quiera, hacer las manifestaciones que quiera, botarlos, darles vueltas, revolcarlos, lo que quiera, pero lo que sí les puedo decir es que el justo por su fe vivirá y si retrocede no alegrará a mi alma, dice el Señor.

La vida del cristiano debe ser de convicciones y no solo de meras sensaciones. Sí, a veces sentimos cosas muy bonitas, pero no siempre, lo que siempre sí vamos a tener es la convicción de que el Señor va a estar con nosotros todos los días de la vida, hasta el fin del mundo, pase lo que pase, venga lo que venga ahí estará el Señor con nosotros, porque eso es lo que Él ha prometido.

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