Razones para amarnos (código 2016-053) – Radios Fráter
  • febrero 14, 2016

Razones para amarnos (código 2016-053)

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En la celebración del Día del Cariño también celebro el cumpleaños de mi esposa. Si la ven por allí díganle happy birthday. Gracias a Dios porque cada vez está mejor, pasan los años y como que si no pasaran, sigue con una energía extraordinaria, gracias a Dios por ello.

Hace algunos años había un hombre que tenía muchos conflictos con su mujer —cualquier parecido es pura coincidencia—, tenía pleitos por la mañana, al mediodía, por la tarde y si se despertaban en la madrugada seguían. Fue a buscar al pastor y le dijo ¿qué hago? mi mujer ya no me quiere, me trata mal, nos llevamos mal, me maltrata, ¿qué puedo hacer? El pastor le dice —¿ya le escribió una notita diciéndole cuánto la quiere, cuánto la aprecia, cuánto le agradece por todo lo que hace, ya le compró una caja de chocolates para expresarle así su amor? No. — ¿Ya le compró flores para llevarle y alegrarle la vida? — Menos. — Entonces hoy rompa el paradigma, váyase a un baño de vapor, límpiese bien, rasúrese, preséntese bien perfumado a su casa. Escríbale una nota diciéndole cuánto la ama, cómprele una caja de chocolates, llévele un ramo de rosas—.

Muy entusiasmado hizo todo lo que el pastor le dijo, se acicaló, llegó a su casa, tocó la puerta y cuando le abrieron sale su mujer con un estrés de mil por ciento. Se le queda viendo, se pone pálida, se impresiona. —No ves cómo estoy, me estalló la ola de frijoles, la cocina está llena de frijoles, el Juanito se salió de la casa en bicicleta, se fue en un desagüe que no tenía tapadera, vinieron los bomberos, lo llevamos al hospital, está con el brazo enyesado y ahora solo eso me faltaba que tú me vinieras bolo—.

Amar no es fácil, amar es difícil, cuesta mucho y por eso Jesucristo en Mateo 5:43 dice »Ustedes han oído que se dijo: “Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo.” Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen. El consejo de Jesús para tratar a un enemigo es amarlo. No es fácil, amar a un amigo cuesta pero a un enemigo es peor, oren por los que los persiguen, imagínese a alguien con una pistola detrás y usted corriendo, orando por el que lo persigue, no es fácil. Pero el Evangelio no es fácil, la vida bajo la ley era dura, la vida bajo la gracia es más dura, por eso Jesucristo dice oyeron decir ama a los que te aman y maldice a los que te maldicen, pero yo les digo, amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen. ¿Quiénes son los que lo persiguen?

No es nada fácil ganarse el favor de los suegros. Cuando llega a la casa de la novia y lo ven joven gafo y feo, no es fácil caerles bien a los suegros, porque ellos quieren que su hija se case con un pariente de alguien como Bill Gates y aparece usted todo mal emplasticado. No digamos si usted señorita se enamora del hijo de mami, y cuando la mami de su novio la conoce se le queda viendo de arriba para abajo y con esa mirada ya la destruyó. La mamá le dice a su hijo ¿ya conociste a los papás de esta niña? ¿Ya sabes qué clase de ralea es? ¿Ya sabes qué fama tienen? ¿Por qué te enamoraste de ese pegoste?

Los meses pasan, el muchacho se enamora más y se casa. Y en la boda está la suegra diciendo Dios mío, esta no era la que yo quería como mi nuera y empieza el conflicto entre nuera y suegra.

¿Qué debe hacer usted? Amarla, y ¡qué le queda! De ese pegoste van a nacer “pegostitos”, a los que usted va querer amar. Tiene que amar, no nos queda otra. Se casó, se ganó el respeto de los suegros y vienen los hijos, no es fácil amar a los hijos. Todos conocemos a un hijo respondón, un hijo malcriado, haragán, shuco, malhablado y que repite los grados con frecuencia. ¿Qué le queda hacer con ese hijo? Amarlo, no le queda más señora que amarlo y es que cuando le dicen ¿cuál es el mandamiento más importante? El Señor les dice ah, el primero es amar a Dios con todo tu corazón, con todas tus fuerzas, con toda tu alma. Y el segundo es semejante: amar a tu prójimo como a ti mismo y ¿quién es tu prójimo? El que está más próximo a usted, su esposo, su esposa, sus hijos, sus nueras, sus yernos, sus suegros, ahí es donde está el prójimo más próximo. A veces es más fácil amar a un prójimo que vive en África, que amar a la morena que tiene al lado.

Amar al prójimo no es fácil. A vece los peores enemigos son los de su casa, los de su parentela, pero ahí es donde queda la gran responsabilidad que Jesús nos da de amar a los enemigos, orar por quienes nos persiguen. Continuamos en Mateo 5:45 ¿para qué tenemos que amar? para que sean hijos de su Padre que está en el cielo. Hijo de lobo, lobo será. Hijo de marrano, marrano será. Hijo de oveja, oveja será, Hijo de Dios, será como Dios. O ¿no es usted hijo de Dios? Tiene que parecerse a Dios y Dios lo que hace con los pecadores es amarlos, por eso es que sí queremos ser como nuestro Padre celestial, tenemos que aprender a amar a los que no son amables.

Hay personas que nos caen mal, son plomosos y lo que nos queda hacer con esas personas es amarlas. Se tiene que amar a todos, porque somos hijos de Dios, si fuera hijo del diablo otra sería la sugerencia, pero dice ser hijo de Dios y trata a los demás como si fuera hijo del diablo. Por eso tenemos serios problemas en el mundo, porque no nos amamos como debemos amarnos. Amen a sus enemigos, oren por los que los persiguen para que sean hijos de Dios. Por lo general, los hijos se parecen a los papás y si no se parecen por favor no se los diga a los papás. Un día una pareja de hermanos me invitó a comer y estando ya en confianza me preguntaron ¿Pastor, le podemos hacer un regalo? Sí. Me dieron una lámina en donde estaba dibujado un señor y con este mensaje: “Dios hizo unas pocas cabezas perfectas, a las demás les puso pelo”. Por supuesto que me reí cuando leí el mensaje. Llegue a mi casa, se los mostré a mis hijos, se rieron conmigo. Uno agarró la lámina, la clavó en la puerta de su cuarto y ahora está pelón como su papá. Porque si usted es pelón va a tener hijos pelones y esos pelones van a tener peloncitos.

Tenemos que parecernos al Padre nuestro que está en los cielos y la Biblia dice en 1 Juan 4 que Dios es amor. 1 Juan 4:7-8 dice Queridos hermanos, amémonos los uno a los otros, porque el amor viene de Dios, y todo el que ama ha nacido de él y lo conoce. El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor. Si usted ha nacido de Dios, tiene que tener las características que distinguen a Dios. Dios es santo, Dios es amor y por lo tanto tenemos que actuar como que somos hijos de Dios y amar, eso no es nada fácil. 1 Juan 4:10-11, En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y envió a su Hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de nuestros pecados. Queridos hermanos, ya que Dios nos ha amado así, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros.

El amor no es un mero sentimiento, es un acto de la voluntad que exige perdonar los pecados y practicar el sacrificio, así como Jesús lo hizo. Todos conocemos el amor tipo Hollywood que es un atardecer en la playa, un ocaso lleno de colores, suave brisa que mueve las hojas de las palmeras, delfines saltando en el fondo, una rubia entre sus brazos, esbelta, hermosa y sin celulitis y usted besándola. Eso es de película, la realidad es otra, usted llega su casa y su esposa con olor a manteca, ha estado cocinando, preparándole una cena deliciosa. Está con su ropa mata pasiones y usted llega con el deseo de expresarle amor. Por supuesto, esa es la verdad. La señora quisiera verse como la rubia en la playa y ser besada por Brad Pitt, en cambio le aparece un chaparro lleno de grasa porque es mecánico o un médico contaminado por todo lo que hizo en el IGSS, con olor a medicina y otras cosas. Esa es la realidad, por eso es que el amor es sacrificio. No es así nomás.

Les he contado la historia de aquel seminarista que se enamoró de dos patojas en la Escuela Bíblica. Una era preciosa, pura modelo, linda, la cabellera era una cosa soñada, el cuerpazo impresionaba, preciosa la muchacha. Pero inútil, no sabía cocinar, no sabía tocar ningún instrumento, no hacía nada. La otra, era una patoja fea, más fea que una noche de tormenta, pero era sonriente, amable, atenta, buena cocinera, siempre entusiasta, sirviendo en todos los ministerios de la iglesia y además cuando cantaba, usted cerraba los ojos y pensaba que era un ángel el que estaba cantando, cantaba precioso. Así que dijo: para el ministerio me conviene más la fea que canta.

Se casaron. El día de la boda estaba al frente esperando a la novia, ella empieza a caminar. Cuando la mira se sorprendió, vestido blanco, peinado hermoso, maquillaje increíble tanto que pensó que había hecho una buena elección, no estaba mal. Se hace la boda, se van al hotel, estando el hotel llega emocionado porque tenía años de soñar su luna de miel. Pasaron una noche de esas memorables en las que se funden en las cataratas del amor. Otro día medio agotado se despierta y ve a su amada al lado de la cama, por allá tirado el vestido de novia, los zapatos, la corona, el maquillaje había surtido sus efectos. Amaneció despeinada, más agotada que él, con la boca entreabierta. En ese momento a él le cayó un bautismo de angustia y empezó a preguntarse ¿qué hice? Dios mío, me casé con ella. En eso se le encendió el bombillo, la despertó y le dice: canta mi vida, canta.

El amor es un sacrificio, de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él crea no se pierda, más tenga vida eterna. Dios nos amó tanto, porque sacrificó tanto. Si usted ama tanto, sacrifíquese. 1 Juan 4:12-16 dice Nadie ha visto jamás a Dios, pero si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece entre nosotros, y entre nosotros su amor se ha manifestado plenamente. ¿Cómo sabemos que permanecemos en él, y que él permanece en nosotros? Porque nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y declaramos que el Padre envió a su Hijo para ser el Salvador del mundo. Si alguien reconoce que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Y nosotros hemos llegado a saber y creer que Dios nos ama. Dios es amor. El que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él.

Si no amamos como Dios ama, no podemos decir que somos hijos de Dios. El amor no es un mero sentimiento, es un sacrificio. No hay nada como el amor de una madre, cuando usted nació lo único que hacía era mamar y expulsar lo mamado y la madre tenía que limpiarlo una y mil veces. El amor más que un sentimiento es un sacrificio, porque cuando el niño llora a las tres de la madrugada y la temperatura está a cuatro grados, está calientita en su cama y llora el bebé, en ese momento a usted le baña una luz del cielo, siente una emoción jamás sentida y entonces dice: me levanto emocionada a ver a mi angelito. Mentira, primero hace lo posible por ver si su marido se levanta. — M’ijo, me hicieron cesárea hace ocho días, ayúdame —. Eso de levantarse en la madrugada a cambiar al niño, darle de mamar, peor si son los primeros días duele, dicen las señoras que dan lactancia materna que los primeros días duele.

Ese es amor. Es sacrificio. No solo son besos y abrazos, hay sacrificio y ese es el ejemplo que nos da Dios: nos amó y se sacrificó. 1 de Juan 4:17-19 Ese amor se manifiesta plenamente entre nosotros para que en el día del juicio comparezcamos con toda confianza, porque en este mundo hemos vivido como vivió Jesús. Les tengo buenas noticias, este es el Evangelio, usted y yo vamos a comparecer delante de Dios, en el día del juicio. Ahora están muchos con la camisa levantada porque anda el Ministerio Público y la Cicig atrás y de repente caen unos de las aduanas, caen unos de la SAT, caen unos de la iniciativa privada y usted con el temor de cuándo me toca. Cosa seria es estar en un juicio.

Todos, sin excepción, vamos a comparecer en el día del juicio delante del Señor. Si ha estado alguna vez enfrentado por la ley, preso, consignado o con la amenaza que lo van a juzgar y con peligro de que los lleven a la cárcel, adentro usted siente temor, pero si es hijo de Dios que vive como Dios manda que vivamos, puede estar seguro que en el día del juicio usted va a llegar con plena confianza, sin miedo que lo van a condenar, sino va a llegar con la confianza que va a salir bien. En el amor no hay temor, sino que el amor perfecto echa fuera el temor. El que teme espera el castigo, así que no ha sido perfeccionado en el amor. Nosotros amamos a Dios porque él nos amó primero.

Y si Él nos amó y nosotros lo amamos que venga el juicio, porque usted ha vivido conforme a la voluntad de Dios. Lo espera el juicio, sí, pero para que no sufra las consecuencias prepárese amando a Dios y amando al prójimo como Dios lo hace.

Juan 4:20-21 Si alguien afirma: «Yo amo a Dios», pero odia a su hermano, es un mentiroso; pues el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios, a quien no ha visto. Y él nos ha dado este mandamiento: el que ama a Dios, ame también a su hermano. Mire a su prójimo y pregúntese usted mismo ¿amo a esta criatura de Dios? Puede ser su esposa, su suegra, su nuera, su hijo, aquel hermano que le debe un montón de plata. ¿Amo a mi hermano, a mi hermana o no amo a mi hermano y a mi hermana? Amo o no amo.

Es muy importante que aprendamos a amarnos. No es tan fácil el amor, usted cree que con un apretón de manos ya amó a su hermano. Amar al que nos ama es fácil, pero el amor es un acto de nuestra voluntad, no es un sentimiento, es una decisión de perdonar la ofensa. Sé que lo han ofendido, no una vez sino muchas, pero ¿está dispuesto a perdonar? Así como Dios está dispuesto a perdonar nuestras ofensas, debemos perdonar a los que nos ofenden. Por eso hay que decidir a perdonar, hay que vivir la regla de oro: tratar a los demás en todo momento, como deseamos ser tratados, predicar con el ejemplo el Evangelio de Jesús que transforma el corazón del hombre, compartir nuestro testimonio de cómo éramos antes de conocer a Jesús, cómo fue nuestros encuentro y cómo vivimos ahora en medio de las pruebas actuales.

Sea generoso con el necesitado y ayude sin que se lo pidan.

 

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