El camino del Yo Soy (código 2016-083) – Radios Fráter
  • marzo 10, 2016

El camino del Yo Soy (código 2016-083)

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Hemos estado navegando en el libro de Juan en las últimas semanas, y para recordar un poco, si usted no ha venido, hemos hablado acerca de Jesús y el tiempo en el que está preparando a sus discípulos para su partida. Y aquí en esta escena, Juan 14:1-4 dice »No se angustien. Confíen en Dios, y confíen también en mí. En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas; si no fuera así, ya se lo habría dicho a ustedes. Voy a prepararles un lugar. Y si me voy y se lo preparo, vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté. Ustedes ya conocen el camino para ir adonde yo voy. Dijo entonces Tomás: —Señor, no sabemos a dónde vas, así que ¿cómo podemos conocer el camino? —Yo soy el camino, la verdad y la vida —le contestó Jesús—. Nadie llega al Padre sino por mí. Si ustedes realmente me conocieran, conocerían también a mi Padre. Y ya desde este momento lo conocen y lo han visto.

Tuve el gusto de compartir la semana pasada el tema de “No angustiarnos” y les conté acerca de una historia que quedó grabada en el corazón de mi esposo y el mío. Como la mayoría de ustedes siguen la pista de nuestra historia — somos papás de cuatro hijos, dos biológicos y dos niñas preciosas de nuestro corazón que vinieron por el milagro de la adopción—. En el proceso de adopción hay un tiempo en el cual uno tiene la presentación con el niño que se va a adoptar y tiene una serie de visitas, porque no solo se puede llegar a decir ya vine, vámonos, sobre todo porque la edad de nuestra nena que vino de número cuatro, aunque por edad es la número tres, ya tenía nueve años, así que había que hacer un proceso para que ella pudiera adaptarse y hacerse a la idea.

Recuerdo que llegamos a la primera visita, mi esposo empezó a hablarle, yo estaba muy nerviosa, y a decirle por qué estábamos allí porque a los niños les dicen que van a tener una visita y depende de la respuesta que dé se le dice qué está pasando. Tenía el teléfono en la mano pero estaba temblando, medio grabé. Le dijo, hemos estado pidiéndole a Dios agrandar nuestra familia. Ha contestado nuestra oración y nos ha concedido que yo sea tu papá y ella tu mamá. A ella se le iluminó la cara, se le agrandaron aún más los ojotes que ya tiene bien grandes y dijo: y ¿ya me puedo ir con ustedes hoy? —No mi amor, todavía no es posible, tenemos que hacer otras cosas, tenemos que venir a visitar y preparar algunos asuntos, pero vamos a regresar por ti.

Fueron un par de semanas de visitas, de ir y venir a donde ella vivía, nos permitieron sacarla a comer un helado. Ese fin de semana teníamos la boda de unos queridos amigos en Atitlán, viniendo de regreso la llamamos al hogar y esa llamada quedó en lo más profundo de mi alma, porque cuando ella nos habló era su última noche allí, pero llorando nos dijo —ya no quiero estar aquí, por favor, vengan ya por mí. Una noche nos faltaba, pero fue una noche muy larga para nosotros. Quería que amaneciera pronto para poder ir a firmar ese papel donde nos la llevábamos y darle la espalda a todo eso y empezar el proceso de restauración para su vida.

Si nosotros que somos malos sabemos dar cosas buenas, cuánto más nuestro Padre celestial nos puede dar. Regresamos por ella un 16 de marzo y la camisola de fútbol de mi hija, Evelyn López Garcia, va a decir Evy 16, porque ese día vino a casa. Si el Señor dijo que confiáramos que esperáramos, que no nos angustiáramos, que iba a regresar, Él va a regresar, no tenga la menor duda. Eso vimos en las últimas semanas y luego vamos a seguir en donde empieza Tomás y dice, como muchos de nosotros —Señor, no sabemos a dónde vas, así que ¿cómo podemos conocer el camino? No era un discípulo que se hubiera acercado en las últimas semanas del ministerio de Jesús, era uno de los doce, llevaba tres años con el Señor, iba y venía, no le contaban lo que Jesús hacía, estaba viendo a la par lo que estaba pasando, oía las enseñanzas todo el día, era de su equipo.

Jesús estuvo tres años anunciándoles el Evangelio y el plan: no he venido aquí a tener un gobierno, no he venido a solucionarles una cosa temporal. He venido a morir, ha llegado la hora, he venido a morir y, sin embargo, Tomás dice Señor, cómo así, no sabemos a dónde vas, lo que demuestra que trabajar para Jesús no es lo mismo que trabajar conociendo a Jesús. Y Tomás todavía no lo conocía, el Señor dio una respuesta tan fuerte, ya nos acostumbramos a oírla, no tiene el mismo impacto para nosotros hoy, como lo tuvo para ellos en aquel momento y para la gente del contexto donde se dijo. Dice Jesús en el versículo 6 del capítulo 14: —Yo soy el camino, la verdad y la vida —le contestó Jesús—. Nadie llega al Padre sino por mí. Si ustedes realmente me conocieran, conocerían también a mi Padre. Y ya desde este momento lo conocen y lo han visto.

Tomás está preguntando algo muy humano, que muchos de nosotros nos hemos preguntando ¿pero cómo es este asunto? Y a veces leemos y nos decimos que hubiéramos hecho la misma pregunta. Era necesario que el Señor se fuera, porque miremos lo siguiente: Jesús ha estado con ellos durante tres años exponiéndoles toda la verdad, el Maestro de maestros, el mismo Dios encarnado, y ahora a unas horas antes de morir todavía le estaban preguntando, porque todavía no habían entendido. Probablemente hubieran vivido ochocientos años y Jesús hubiera enseñado ochocientos años, pero como estaban simplemente tratando de entender con su mente humana, no lo hubieran podido entender nunca, ni conocerlo y nosotros hubiéramos quedado fuera, si Jesús se iba era porque iba a mandar a alguien que es el Espíritu Santo. Él iba a hacer que lo conociéramos aunque no de cara a cara. Créanme, si Jesús caminara entre nosotros hoy, lo volveríamos a crucificar. Necesitamos la ayuda del Espíritu Santo que vino después para poder revelar que Él es Dios, que no es un profeta más, que no es alguien buena gente, que es un maestro sino es Dios en la carne. Muchos quieren y tratan de encontrar a Dios a su manera, pero no se vale cantar esa canción cuando se trata de conocer a Dios, “A mi manera”. El Señor establece la manera en la que quiere ser conocido y Jesús está hablando de algo muy fuerte, cuando empieza diciendo “Yo soy…”.

Si usted ha visto la película de Moisés o se la han contado y creció en la iglesia y en la Escuela Dominical o en Zona de Campeones le han contado la historia, vamos a refrescarla, vamos a Éxodo 3:1-15 Un día en que Moisés estaba cuidando el rebaño de Jetro, su suegro, que era sacerdote de Madián, llevó las ovejas hasta el otro extremo del desierto y llegó a Horeb, la montaña de Dios. Estando allí, el ángel del Señor se le apareció entre las llamas de una zarza ardiente. Moisés notó que la zarza estaba envuelta en llamas, pero que no se consumía, así que pensó: « ¡Qué increíble! Voy a ver por qué no se consume la zarza.» Cuando el Señor vio que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza: — ¡Moisés, Moisés! —Aquí me tienes —respondió. —No te acerques más —le dijo Dios—. Quítate las sandalias, porque estás pisando tierra santa. Yo soy el Dios de tu padre. Soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Al oír esto, Moisés se cubrió el rostro, pues tuvo miedo de mirar a Dios. Pero el Señor siguió diciendo: —Ciertamente he visto la opresión que sufre mi pueblo en Egipto. Los he escuchado quejarse de sus capataces, y conozco bien sus penurias. Así que he descendido para librarlos del poder de los egipcios y sacarlos de ese país, para llevarlos a una tierra buena y espaciosa, tierra donde abundan la leche y la miel.

Me refiero al país de los cananeos, hititas, amorreos, ferezeos, heveos y jebuseos. Han llegado a mis oídos los gritos desesperados de los israelitas, y he visto también cómo los oprimen los egipcios. Así que disponte a partir. Voy a enviarte al faraón para que saques de Egipto a los israelitas, que son mi pueblo. Pero Moisés le dijo a Dios: — ¿Y quién soy yo para presentarme ante el faraón y sacar de Egipto a los israelitas? —Yo estaré contigo —le respondió Dios—. Y te voy a dar una señal de que soy yo quien te envía: Cuando hayas sacado de Egipto a mi pueblo, todos ustedes me rendirán culto en esta montaña. Pero Moisés insistió: —Supongamos que me presento ante los israelitas y les digo: “El Dios de sus antepasados me ha enviado a ustedes.” ¿Qué les respondo si me preguntan?: “¿Y cómo se llama?” — Yo soy el que soy —respondió Dios a Moisés—. Y esto es lo que tienes que decirles a los israelitas: “Yo soy me ha enviado a ustedes.” Además, Dios le dijo a Moisés: —Diles esto a los israelitas: “El Señor, el Dios de sus antepasados, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, me ha enviado a ustedes. Éste es mi nombre eterno; éste es mi nombre por todas las generaciones.

Cuando Jesús dijo “Yo soy” inmediatamente supieron que estaba dando una declaración atrevidísima, porque los niños israelitas crecen aprendiendo de memoria el Pentateuco, es decir Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio. Se sabían la historia de Moisés de pe a pa y sabían que el nombre que Dios había dicho acerca de si mismo era “Yo soy”, así que cuando Jesús dijo “Yo soy” estaba diciendo yo soy Dios, no soy un profeta más. Quizá ha oído o tiene algún delantal, poster con Isaías 43:19 el Señor está abriendo camino en la soledad y ríos, en el desierto. ¿A qué se está refiriendo? Está diciendo que está abriendo camino para que nosotros vengamos hacia Él, está hablando de Cristo, está hablando que Él iba a allanar el camino como si fuera un campo de trigo que es alto y va a pasar, apachándolo o cortándolo para que podamos venir sin estorbo hacia a Él.

En Hechos 4:12 dice: De hecho, en ningún otro hay salvación, porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres mediante el cual podamos ser salvos.

El Señor nos está diciendo que no podemos hacer otro camino, que “no hay otra manera de venir a mí. Es por este lado o no es, es en mí término o no puedes llegar”. He visto gente tratado de esquivar los obstáculos que se ponen en los caminos que se atascan de tránsito porque no hay otras vías alternas, solo hay un camino. El Señor está diciendo que para llegar a Él es una vía exclusiva. Dice yo soy el camino hacia el Padre. También dice yo soy la verdad de las verdades, yo soy la verdad. ¿Cómo sabe un ingeniero civil o un arquitecto que algo está torcido? Tiene que haber un punto de referencia, tiene que ver algo en dónde podamos ver si está recto, tiene que ver un lado recto para poder medir todo en base a ello. Es algo simple, sin embargo, hoy vivimos en un mundo donde se nos dice que la verdad es relativa y que toda vez sean buena gente y nos le hagan daño a alguien está bien. Vive tu vida. Y nos tachan que somos gente que creemos en fábulas, en un ser imaginario, pero entonces dónde está el factor innegable de que cuando miro en Facebook que publican la noticia terrible y triste de un asesinato, de una violación, de un ultraje a un niño, miro en los comentarios y la gente aún con palabrotas se indigna y se expresa que eso no está bien. Cómo, si todo es relativo, dónde está el punto recto. Tiene que haber una medida, tiene que haber un estándar y esa conciencia fue puesta por Dios, porque Él es la verdad. Nosotros siempre queremos torcerlo pero en realidad Él es el estándar, es el autor y consumador de la fe, por Él fueron hechas todas las cosas, no hay otro camino.

En un centro de recreación hay una casa donde juegan con las perspectivas, con efectos visuales y se está adentro y muchos quieren salir, porque no hay una referencia, no hay nada recto, todo es torcido, entonces marea. El mundo marea porque pareciera que no hay un estándar recto y ¿si se está sujeto a la opinión suya? Entonces quién me dice que yo estoy mal, si usted es de opiniones. El Señor está diciendo yo soy la verdad. En el conocido Sermón del Monte, Jesús en Mateo 5 está recordándoles la ley, Ustedes han oído que se dijo a sus antepasados, pero les digo. ¿Qué está diciendo el Señor Jesús? Moisés era un profeta, recibió instrucciones de Dios y les comunicó estas reglas, estas leyes, pero “yo soy Dios y yo digo”, está diciendo soy superior a un maestro, está diciendo soy superior a un profeta. Está diciendo que es el alfa y el omega, el principio y el fin.

Hebreos 1:1-4 dice Dios, que muchas veces y de varias maneras habló a nuestros antepasados en otras épocas por medio de los profetas, en estos días finales nos ha hablado por medio de su Hijo. A éste lo designó heredero de todo, y por medio de él hizo el universo. El Hijo es el resplandor de la gloria de Dios, la fiel imagen de lo que él es, y el que sostiene todas las cosas con su palabra poderosa. Después de llevar a cabo la purificación de los pecados, se sentó a la derecha de la Majestad en las alturas. Así llegó a ser superior a los ángeles en la misma medida en que el nombre que ha heredado supera en excelencia al de ellos. El Señor Jesús hizo el trabajo que tenía que hacer. Cuando estamos oyendo lo que está diciendo Yo soy, está diciendo lo que Dios dijo que haría, que está cumpliendo en mí, eso les está diciendo a los discípulos.

Juan 18:1-11, esto es tan increíble, yo lo había leído, pero no había puesto atención en esto sino ahorita viendo en el Yo soy, lo reencontré, no me había detenido a meditar en esto. Cuando Jesús terminó de orar, salió con sus discípulos y cruzó el arroyo de Cedrón. Al otro lado había un huerto en el que entró con sus discípulos. También Judas, el que lo traicionaba, conocía aquel lugar, porque muchas veces Jesús se había reunido allí con sus discípulos. Así que Judas llegó al huerto, a la cabeza de un destacamento de soldados y guardias de los jefes de los sacerdotes y de los fariseos. Llevaban antorchas, lámparas y armas. Jesús, que sabía todo lo que le iba a suceder, les salió al encuentro. — ¿A quién buscan? —les preguntó. —A Jesús de Nazaret —contestaron. —Yo soy. Judas, el traidor, estaba con ellos. Cuando Jesús les dijo: «Yo soy», dieron un paso atrás y se desplomaron. — ¿A quién buscan? —volvió a preguntarles Jesús.

—A Jesús de Nazaret —repitieron.

 Déjeme decirles que un destacamento de soldados romanos era una élite de soldados, cualquier soldado romano era un hombre rudo, era fortachón, no era cualquier pato, diríamos. No era cualquier debilucho, no era cualquier gente, era de élite y un destacamento tenía doscientos soldados romanos. Y eran más de doscientos. Si usted es hombre de milicia, sabe que para todo hay protocolo, no se inventa uno qué hacer en este escenario o en esta situación. Esto era la aprehensión de un revoltoso, insurrecto, pero era un carpintero que no había causado mayores alborotos, pero iba acompañado de doce, era bastante la diferencia entre soldados y discípulos. Jesús no espera que lo encuentren, Él va y dice ¿a quién buscan? Cuando lo encuentran, cuando Judas lo señala, les dice “Yo soy”. Lo que dice ahí es impresionante, también aprendí, estudiando esto, que cuando alguien menciona un nombre propio en el relato es porque fue un testigo ocular y Juan luego está diciendo el nombre de alguien a quien le cortan la oreja.

Cuando el Señor Jesús es confrontado por este destacamento de hombres rudos, de esa élite militar, cuando dice “Yo soy” los hombres dan un paso atrás, cuando alguien da un paso atrás está haciendo fuerza para no caerse, pero doscientos cayeron en el instante ¿por qué? Porque Jesús es el “Gran Yo soy”, y nadie queda de pie delante de Él, absolutamente nadie. Jesús estaba dando un destello, esos destellos últimos de su divinidad antes de rendirse como cordero, antes de rendirse como sustituto para salvarnos. Cuando dice “Yo soy”, esa palabra tuvo el mismo efecto que tuvo para Moisés y si revisa acerca de lo que ya vimos de Moisés, la escena es parecida. Quítate las sandalias y cuando ve que es Dios se tapa la cara. No creo que se haya quitado las sandalias y quedó parado. Se las quitó, se postró y cuando dice se tapó la cara me lo imagino con la cara en la tierra. Nadie delante del Gran Yo soy queda de pie.

Hay un asunto aquí, a los discípulos y a nosotros nos cuesta mucho entender el propósito de Dios en Cristo, pero es un propósito: la salvación. En el camino del Señor Jesús para demostrar Su divinidad, Su deidad que Él era Dios encarnado hizo milagros, prodigios para demostrar que Él era, Eso era como una consecuencia secundaria para el propósito primario de su misión que era la salvación de nuestra alma, porque todo lo que Dios nos puede dar y solucionar durante nuestra vida se va a quedar en esta vida, pero la salvación de nuestra alma, es para siempre.

Vamos a seguir leyendo, — ¿A quién buscan? —volvió a preguntarles Jesús.

—A Jesús de Nazaret —repitieron. —Ya les dije que yo soy. Si es a mí a quien buscan, dejen que éstos se vayan. Esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho: «De los que me diste ninguno se perdió.» En el idioma original dice perdónenlos y llévenme a mí, porque el protocolo era hay un revoltoso, un insurrecto, nos llevamos a él y a sus seguidores y si se los llevaban no iban a sobrevivir, todos iban a ser condenados, todos iban a morir y entonces el mensaje moría con ellos. El Señor una vez más más da un paso al frente y dice: llévenme a mí y dejen a ellos en paz. El versículo 10 dice: Simón Pedro, que tenía una espada, la desenfundó e hirió al siervo del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. (El siervo se llamaba Malco.) — ¡Vuelve esa espada a su funda! —le ordenó Jesús a Pedro—. ¿Acaso no he de beber el trago amargo que el Padre me da a beber? Les estaba diciendo, por tres años, he venido a morir: he venido a dar mi vida, he venido a rescatar a muchos, como oveja al matadero he venido, ha llegado el tiempo. Está en la Santa Cena, y les está diciendo: ya se acercó la hora.

Y, sin embargo, Pedro tiene en la cabeza no es posible que vayas a morir, quiero que me soluciones este problema, quiero que te quedes. Hacía unos momentos Jesús le había dicho: apártate de mí Satanás, ¿por qué se lo dice? Porque le estaba distrayendo de su propósito divino, de su misión. Pedro estaba tratando de inventarse otro camino para tratar a Dios a su manera, para llegar a Dios a su manera. Desenfunda su espada y le corta la oreja. Jesús le dice no, no, acordarte que dijimos que yo no he venido para saciar necesidades aquí nada más, me interesa la salvación de sus almas. Mi interés no solo son ustedes dos, los amo, pero mi interés y esto es una oración hermosa que está en este mismo pasaje, Señor que no se pierdan, y oró por nosotros, por los que íbamos a creer el mensaje, por estos doce discípulos torpes que tenían tantas dudas.

Pedro andaba con Él y había oído muchas veces la misión y sin embargo, quería hacerlo a su manera, pero el Señor le dice que ha venido a morir por injustos no por justos. He venido a dar mi vida en rescate. Los soldados se acercan y queda demostrado que este hombre no es un profeta más, que no es un maestro nada más, es la solución y el puente que Dios extiende y el camino que abre y la verdad que necesitamos para nuestra salvación eterna, porque nuestro problema más grande son nuestros pecados y la solución más maravillosa es Cristo. Si usted vio la producción de Navidad en Orquesta, todo lo que pasó en ese pesebre, todo lo que vio y el coro de ángeles y la majestad con la que el cielo regocijaba resueltamente, porque en ese cuerpecito de bebé, estaba circulando la moneda aceptable para pagar nuestro rescate.

¿Por qué el color rojo en Navidad? Era los que necesitábamos para regresar, era esa sangre. Alrededor de estos acontecimientos, el Señor estuvo agonizando de angustia y dijo: Señor, si es posible de pasar de mí esta copa, pero que no se haga mi voluntad sino la tuya. La copa representa el juicio, la copa representa el castigo eterno para el que decide rechazar a Dios como Dios. Se la tenía que beber hasta el fondo para poner activa la salvación. Eso soldados llegaron y se cayeron. A Él no lo aprehendieron a la fuerza, Él se entregó. En el Getsemaní oró hágase tu voluntad y el silencio de Dios dijo: Hijo, mi voluntad y la única manera es tu sangre. La paga del pecado es muerte, el pecado de todos merecía muerte, pero nuestra muerte no es suficiente, porque el Dios al cual servimos no es un Dios que nos da sensaciones cálidas y de paz. Déjeme decirle que Dios se vistió de cordero, pero es un león rugiente, santo, nadie se queda de pie delante de Dios. Cuando el Señor dijo yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie viene al Padre si no es por mí, estaba diciendo: no podrás alcanzar la talla que mi Padre exige para regresar a Él, porque exige perfección. El juicio viene.

Le voy a decir algo, y suena horrible, hemos aprendido a que tenga una connotación negativa, pero si usted y yo somos gente de la Biblia, somos gente que ha conocido al Señor y que lo ama, usted es como mi hija siendo llamada en oración al cielo, papá este lugar no es mi casa, ven a mí, te lo ruego, regresa ya. Quizá el hecho de que usted no desee la Segunda venida me está indicando que no conoce verdaderamente quién es su Padre y está demasiado cómodo en el orfelinato que es este mundo. No somos de este mundo y mientras tratemos de meter a Jesús en una caja pequeña para saciar nuestra necesidad aquí, y eso es lo que queremos, nos vamos a perder la vida en abundancias que realmente tiene y que va mucho más allá de una solución temporal.

Él es el camino, la verdad y la vida, la vida de verdad es vivir enfocados en vivir en lo que ha hecho por nosotros a favor de nosotros, aun cuando éramos infieles, porque Él murió por nosotros, cuando estábamos muertos en delitos y pecados y no teníamos nada que ofrecer. El Señor Jesús es un maravilloso Rey que no solo murió por sus amigos, murió por sus enemigos. Dios es majestuoso, está disponible, ese Dios regresará y si usted es un cristiano que lo conoce y que se esfuerza por ir en pos de Él y decirle Señor quiero conocerte, revélate a mí y quiero abrir mi palabra, quiero deleitarme en Tu Palabra, que no sea un oficio o una cosa en mi lista de gente cristiana que me dicen que tengo que leer la Biblia. Si usted es un cristiano verdadero, va anhelar el día del juicio, porque quiere decir que toda la injustica y toda la maldad, toda la cosa horrible que nos hace llorar en esta Tierra va a tener final y va a poner las cosas en perspectiva correcta. No sé a usted, pero a mí me da alegría. Entre más aprendo, me da alegría y alivio saber que aun en las Cortes humanas haya corrupción, va a llegar el día en el que el Señor va a reinar con justicia y ese día el gran yo soy va a estar y usted va a tener que presentarse frente y, al menos que esté parado escondido en Cristo, no se va a poder poner en pie.

Juan 14:19 dice Dentro de poco el mundo ya no me verá más, pero ustedes sí me verán. Y porque yo vivo, también ustedes vivirán. 1 Tesalonicenses 4:14 dice Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.

Nuestra esperanza, nuestra alegría, nuestra manera de vivir la vida se explica si es que hemos creído que Él es el Gran Yo soy y el único camino, verdad y vida. Si yo tengo la esperanza que lo veré, voy a poder perdonar a los que me ofenden, porque sé que Él hará que las cosas se esclarezcan al final, aun si me toca sufrir por aquí.

Si yo sé que viene y que regresará a hacer todas las cosas bien y que va a deshacer todo lo que hicimos mal y que secará toda lágrima, podré soportar cualquier situación que Él diseñe para que yo atraviese, podré confiar en Él y mi esperanza y la esperanza que usted tiene que tener es que la salvación sí es por la obra que hizo Jesucristo. Por la obra terminada en la Cruz del Calvario voy a tener entrada al Padre cuando exclamó Consummatum est y exhaló por última vez, hubo terremoto, se partieron las piedras en dos y en el santuario, en el lugar santísimo, donde no podíamos pasar jamás, se rasgó el velo de arriba para abajo diciendo: “bienvenidos”.

A Moisés, Dios le dijo, quédate allí, porque este lugar es santo, aquí a esta distancia. En Cristo oímos las palabras vengan a mí, vengan a mí los cargados y cansados que yo los haré descansar, acérquense. Jesús dijo: al que viene a mí yo no lo echo fuera. Usted no se puede salvar y por eso fue necesario Cristo y para eso fue erguida la cruz. Hay esperanza, Dios exige perfección y la dio perfectamente cumplida en su propio Hijo que era Dios hecho carne.

Hay quienes han tratado de ganar el favor de Dios con sus buenas acciones, con una vida decente. Muchos podrán decir que no han matado a nadie, no le han robado, ni abusado de nadie, pero eso no es suficiente y hay quienes piensan que Dios jamás los podría amar, porque son tan malos, pero los discípulos eran como ustedes y como yo, querían hacer las cosas a sus manera, pero el Señor tuvo misericordia porque la gloria se la lleva el que salva y el que salva es Él.

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