La justicia de Dios (código 2016-109) – Radios Fráter
  • marzo 30, 2016

La justicia de Dios (código 2016-109)

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Hay semanas que son particularmente trágicas, una de esas semanas, la del 13 de noviembre del 2015, estaba recordando nuestra boda, los 44 años de matrimonio, y Paris sufría un ataque terrorista de graves consecuencias y la gran mayoría nos enteramos a través de los medios de comunicación. Murió mucha gente, los que estaban comiendo en un restaurante de pronto fueron atacados por los disparos a discreción de los terroristas que ingresaron haciendo accionar sus armas de alto poder ofensivo. Los franceses quedaron con un síndrome de miedo, luego vimos en Turquía algo semejante y el 22 de marzo del 2016 Bélgica sufre un ataque terrible, esta vez en un aeropuerto. En el mostrador de una compañía aérea estalla la primera bomba que causó la muerte de 36 personas y dejó a más de doscientas heridos, porque una hora más tarde estalló otra bomba en el Metro.

El mundo está sufriendo ataques terroristas, las grandes ciudades del mundo, sobre todo en Europa y Norteamérica, han redoblado sus esfuerzos para procurar la mayor seguridad posible a sus ciudadanos. Eso nos recuerda épocas pasadas en Guatemala en las que vimos estallar grandes cargas explosivas en el Parque Central y vimos a mucha gente morir despedazada en los 80, vimos las torres del Banco Industrial estremecerse por terroristas que hicieron gran daño al país, destruyeron muchos puentes y torres de electricidad. Causaron gran daño con los secuestros y por las injusticias cometidas con nuestro pueblo. También hubo terroristas en Guatemala, mucha gente dañada, por supuesto.

En un reporte del Ministerio Público y la Procuraduría de los Derechos Humanos dice que en Guatemala del 2011 al 2014, solo en el transporte público murieron 1822 personas por extorsiones y1323 fueron heridas en el transporte público. La situación es similar en el mundo entero y nosotros en Guatemala no nos libramos de los violentos, de los extorsionistas, de los secuestradores, de los delincuentes. Esto viene a confirmar una verdad bíblica: todos somos pecadores, algunos aterrorizan con bombas, con ametralladoras, con pistolas pero otros aterrorizan con sus gritos, con sus amenazas, con sus puños, con sus golpes en los hogares. Hay muchas esposas, hay muchos niños que sufren el terror de una madre o de un padre agresivo, violento, gritón. Hay hijos que cuando llegan sus papás se esconden porque viene un terrorista, uno que aterroriza a su familia por su manera de ser agresiva y violenta. Todo lo resuelven somatando puertas, quebrando platos, dando patadas, hasta los perros salen huyendo de ellos.

No hay duda que todos somos pecadores, usted puede estar sentado a la par de un terrorista, de aquellos que aterrorizan a su familia, de aquellos que aterrorizan a sus empleados, a sus compañeros, qué terrible. Todos los seres humanos somos pecadores. Claro que cuando los vemos cantar tan bonito, levantar las manos al cielo, sentir la presencia del Señor, vemos a gente muy espiritual, muy devota y nos cuesta imaginar que esta gente que está aquí cantando y alabando al Señor sea pecadora, pero todos los que estamos aquí somos pecadores, la gran mayoría pecadores arrepentidos y gracias a Cristo Jesús transformados y vivimos una nueva vida en la que hemos dejado ese pasado de terrorismo, de maldad y de mucho pecado.

Los seres humanos tendemos a ser muy pecadores. A veces los pecados son tan comunes y corrientes como la mentira. Una de las mentiras más comunes y corrientes de los cristianos es cuando alguien en la célula nos cuenta o en el trabajo o en la casa, que está enfermo, afligido, desempleado le decimos voy a orar por ti. Esa es una de las mentiras más comunes, y ¿cuándo oramos por él? A veces decimos que vamos a orar, pero no lo hacemos., Por eso le recomiendo que cuando alguien le hable de su necesidad, en ese momento dígale que le permita orar por él. ¿Podemos orar por ti?

Me he encontrado en restaurantes con un gran apetito y a punto de comer, con alguien deseoso de compartir conmigo un buen rato y se me han acercado a decirme que la cajera tiene un gran problema, ¿podría orar por ella? Viene ella acá o voy allá donde se encuentra. Y ahí oramos, en el mismo restaurante. Tenemos que tomar acciones inmediatas porque una de las mentiras más comunes que hacemos: voy a orar, vamos a orar, y a veces nos lo hacemos. Y ¿por qué viniste una hora tarde? Mucho tránsito, Jueves Santo, la ciudad vacía, no hay carros, pero todavía la gente usa la misma excusa. Toda la gente le echa la culpa al tránsito, he comprobado que cuando se quiere estar puntual en algún lado, no hay tránsito que nos detenga. Nos adelantamos, salimos más temprano, usamos esa aplicación que se llama “waze” y nos manda por lugares que son peligrosos pero nos hace llegar más rápido hacia dónde vamos.

La Biblia dice en Proverbios 13:5 El justo aborrece la mentira; el malvado acarrea vergüenza y deshonra. No mintamos. Si vamos a pedir prestado, no mintamos, no digamos “te voy a pagar el sábado” si sabemos que no podemos pagar. Es mejor decir “gracias por prestarme esta plata, pero ahorita estoy mal, pedile a Dios que te pueda pagar. Ayudame en oración para que pueda pagarte”, porque hay gente que promete pero no cumple. Dice que va a pagar pero no paga, promete que va a vender su carro para pagar y lo ve a la siguiente semana con otro carro nuevo y se dice que vendió el carro pero en vez de pagarme se compró otro. Levítico 19:11 dice No roben. No mientan. No engañen a su prójimo.

¿Quién puede pararse ante Dios y decir que nunca ha mentido? Ninguno. Cuántas veces se encontró con una amiga que le dice “¿qué te parece mi peinado?” Y usted por dentro dice que la Chilindrina se vería mejor, pero en vez de decirle la verdad, le dice “te mirás divina”.

A veces preferimos mentir que decir la verdad, porque tendemos a ser mentirosos ¿Quién puede pararse ante Dios y decir que nunca ha pecado? Nadie, todos somos pecadores y debido a que todos somos pecadores somos convictos del pecado. Y lamentablemente a veces observamos juicios en los cuales los culpables salen libres y los inocentes son condenados, pero delante de Dios, ante la ley de Dios, todos estamos convictos y convicto es aquel acusado al que se le ha probado legalmente un delito. Todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario, pero Dios ha demostrado por medio de Su Palabra, de Su ley que todos somos convictos. Romanos 3:19 dice “Ahora bien, sabemos que todo lo que dice la ley, lo dice a quienes están sujetos a ella, para que todo el mundo se calle la boca y quede convicto delante de Dios.

¿Qué dice la ley? El decálogo de Moisés, fundamento del Derecho en el mundo entero, dice, Éxodo 20: 1-17 Dios habló, y dio a conocer todos estos mandamientos: «Yo soy el Señor tu Dios. Yo te saqué de Egipto, del país donde eras esclavo. »No tengas otros dioses además de mí. A veces el deporte, el dinero se vuelve nuestro dios. Jesús dijo no pueden servir a Dios y a Mammón, el dios de las riquezas. »No te hagas ningún ídolo, ni nada que guarde semejanza con lo que hay arriba en el cielo, ni con lo que hay abajo en la tierra, ni con lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te inclines delante de ellos ni los adores. Pero hoy en Guatemala muchos están adorando al portero Pablo César Motta, “el súper Mota”, el “san Motta” que detuvo tantos disparos de los jugadores de los Estados Unidos. Hay otros que amaban tanto a Maradona que hicieron una iglesia que se llamaba “iglesia maradoniana.

No te inclines delante de ellos ni los adores. Yo, el Señor tu Dios, soy un Dios celoso. Cuando los padres son malvados y me odian, yo castigo a sus hijos hasta la tercera y cuarta generación. Por el contrario, cuando me aman y cumplen mis mandamientos, les muestro mi amor por mil generaciones. »No pronuncies el nombre del Señor tu Dios a la ligera. ¿Cuántas veces hemos usado el nombre de Dios a la ligera? Yo, el Señor, no tendré por inocente a quien se atreva a pronunciar mi nombre a la ligera. »Acuérdate del sábado, para consagrarlo. Trabaja seis días, y haz en ellos todo lo que tengas que hacer, pero el día séptimo será un día de reposo para honrar al Señor tu Dios. No hagas en ese día ningún trabajo, ni tampoco tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tus animales, ni tampoco los extranjeros que vivan en tus ciudades. Acuérdate de que en seis días hizo el Señor los cielos y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, y que descansó el séptimo día. Por eso el Señor bendijo y consagró el día de reposo.

La cristiandad ha tomado el primer día de la semana como día de reposo porque el primer día de la semana Jesucristo resucitó y nos dio salvación, libertad y el verdadero reposo en el Espíritu Santo, por eso guardamos el primer día de la semana como Día del Señor, día domingo. »Honra a tu padre y a tu madre, para que disfrutes de una larga vida en la tierra que te da el Señor tu Dios. He dicho muchas veces que un padre puede con cinco hijos y a veces cinco hijos no pueden con un padre. A la hora que está enfermo todos zafan bulto, todos dicen yo no tengo, qué mire cómo sale, que se encargue el Seguro Social, que se encargue el gobierno, la caridad.

»No mates. La mayoría no hemos matado con pistola, con cuchillo pero a veces tenemos un arma que destruye la reputación de las personas, se llama lengua y en este aspecto, aquí, la mayoría han sido criminales ¡qué lengua tienen! qué fácil devoran la reputación de una persona, la destruyen alrededor de una taza de café, y a veces lo hacen de una manera espiritual, “hay que orar por aquel. ¿Por qué? Aquí viene el chisme. »No cometas adulterio. Claro, hay quienes no han cometido adulterio, son tan feos que no han tenido la oportunidad, pero si se les presentara lo más probable es… quién sabe.

»No robes. Y aquí caemos también, nos llevamos un clip de la oficina que no es nuestro, un bolígrafo que no es nuestro, una medicina del hospital en el que trabajamos y que no es nuestra; en fin tantas historias que hemos visto en los periódicos. »No des falso testimonio en contra de tu prójimo. »No codicies la casa de tu prójimo. Cada vez que es invitado a inaugurar una casa de algún amigo o familiar disfrútela, admírela, celébrela, pero como me dijo uno de mis hijos que estamos hablando de comprar casa. –Vos Tenés casa –. Y el otro le contesta Yo no tengo casa, la tiene el banco y será mía hasta que termine de pagarla. – Yo solo pago para vivir ahí, esa es la verdad, y lo haré durante veinte años–.

Presume el carro que tiene y no lo ha pagado. Presume la joya y no es suya, todavía la debe. Así que no codicie la casa de su prójimo, ore por él para que Dios lo ayude, a ver si logra terminar de pagarla. No codicies su esposa. Puede verse muy bonita, oler muy bonito pero solo Dios sabe cómo es en la intimidad, a lo mejor es Jezabel encarnada, usted no sabe cómo es esa señora. Las viejitas decían: ¿quieres conocer a Andrés? vive con él un mes. Una cosa es verla venir y otra vivir con ella, así que mejor no la codicie, más vale vieja conocida que joven con sida.

No codicies su esposa, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su burro, ni nada que le pertenezca.» ¿Quién no ha quebrantado la ley que Dios les dio a Moisés y a Israel? Todos somos convictos ante Dios. Todos hemos quebrantado los mandamientos, no solo uno sino a veces más de uno y con uno que quebrantemos somos culpables de toda la ley.

Nadie es justificado por medio de hacer las obras de la ley de Dios. Romanos 3:19-20 Ahora bien, sabemos que todo lo que dice la ley, lo dice a quienes están sujetos a ella, para que todo el mundo se calle la boca y quede convicto delante de Dios. Por tanto, nadie será justificado en presencia de Dios por hacer las obras que exige la ley; más bien, mediante la ley cobramos conciencia del pecado.

Hace muchos años en Guatemala no se exigía el uso del cinturón de seguridad, por supuesto cada frenazo paraban con el dentista para arreglarse los dientes o revisándose con Rayos X la cabeza, porque por no usar el cinturón cada vez que frenaban se golpeaban con la cabeza en el vidrio delantero. Muchos no lo usan porque se les arruga la ropa o por algún inconveniente de comodidad, pero después de sufrir un susto cumplen con las disposiciones de tránsito. Antes que se aplicara el cepo en Guatemala, se estacionaban en cualquier parte. Iba todos los lunes a Canal 5 de Televisión, a grabar las Cápsulas de Reflexión al principio de la Fráter. Miraba la 11 avenida de la zona 1 llena de vehículos de lado a lado que decía “se vende”, “se vende” y no se podía pasar ni encontrar estacionamiento. Desde que existe el cepo hay conciencia de que debe estacionarse solo en lugares permitidos.

Lo mismo ocurre con la ley de Dios, nos hace conscientes que somos pecadores. Romanos 3:21-26 nos dice Pero ahora, sin la mediación de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, de la que dan testimonio la ley y los profetas. Esta justicia de Dios llega, mediante la fe en Jesucristo, a todos los que creen. De hecho, no hay distinción, pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios, pero por su gracia son justificados gratuitamente mediante la redención que Cristo Jesús efectuó. Dios lo ofreció como un sacrificio de expiación que se recibe por la fe en su sangre, para así demostrar su justicia. Anteriormente, en su paciencia, Dios había pasado por alto los pecados; pero en el tiempo presente ha ofrecido a Jesucristo para manifestar su justicia. De este modo Dios es justo y, a la vez, el que justifica a los que tienen fe en Jesús.

Nuestra justificación no descansa en nuestras obras, sino en las obras de Jesús, quien sí guardó toda la ley del Antiguo Testamento. Dice en el libro de los Hebreos que Jesús fue tentado en todo, pero sin pecado. Es decir que supo lo que es ser tentado por una mujer que se le lanza a uno, hay quienes no han caído en un pecado porque no han tenido la oportunidad de pecar, pero el día, aunque sea feo y mal emplasticado, se le lance una señora lasciva, ardiente entonces va tener que demostrar que puede huir de la tentación.

No ha robado, porque no ha tenido la oportunidad, pero cuando lo encuentren en una oportunidad de pecar y robar dinero ahí será otra historia. Es solo en la fe en Jesucristo que la justicia de Dios llega a todo aquel que cree. No son mis obras sino las obras de Cristo las que me perdonan. Por gracia somos salvos y esto es por la fe dice la Biblia, ¿qué es gracia? Es un favor inmerecido, en otras palabras no merecíamos ser salvados, porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús. Por gracia somos salvos, porque a Dios le plació salvarnos por medio de Jesús, y pone a disposición de todo pecador su justicia sin costo, gratis mediante la redención de Jesús.

En la antigüedad un esclavo podía ser redimido cuando alguien lo compraba, pagaba el valor que le habían puesto, lo compraba y en vez de seguir esclavizado lo declaraba libre, por eso dice la Biblia conocerán la verdad y la verdad les hará libres. Si conocemos a Jesucristo seremos verdaderamente libres. Jesús nos redimió, pagó el precio por nuestros pecados. ¿Cuál fue el precio de nuestra redención? La sangre de Cristo Jesús.

En Hebreos 9:1-5 leemos Ahora bien, el primer pacto tenía sus normas para el culto, y un santuario terrenal. En efecto, se habilitó un tabernáculo de tal modo que en su primera parte, llamada el Lugar Santo, estaban el candelabro, la mesa y los panes consagrados. Tras la segunda cortina estaba la parte llamada el Lugar Santísimo, el cual tenía el altar de oro para el incienso y el arca del pacto, toda recubierta de oro. Dentro del arca había una urna de oro que contenía el maná, la vara de Aarón que había retoñado, y las tablas del pacto. Encima del arca estaban los querubines de la gloria, que cubrían con su sombra el lugar de la expiación. Pero ahora no se puede hablar de eso en detalle.

O sea que en el lugar de la expiación por los pecados del Antiguo Testamento era sobre el arca del pacto, en donde sólo una vez al año entraba el sumo sacerdote para expiar los pecados del pueblo. Se hacía un sacrificio y la sangre de ese sacrificio se llevaba y se rociaba sobre el arca del pacto. Por eso dice Hebreos 9:11-14 “Cristo, por el contrario, al presentarse como sumo sacerdote de los bienes definitivos en el tabernáculo más excelente y perfecto, no hecho por manos humanas (es decir, que no es de esta creación), entró una sola vez y para siempre en el Lugar Santísimo. Por eso cuando hablamos de tomar la Santa Cena, no hablamos de un sacrificio en el cual volvemos a crucificar a Jesús. Cuando celebramos la Cena del Señor y comemos del pan y bebemos de la copa no decimos “este es el sacrificio de Jesús”, en el cual vuelve a sufrir. No, Jesús sufrió una sola vez en la cruz del Calvario, entró al cielo, depositó su sangre, presentó su vida como sacrificio y se cumplió lo que había dicho Juan: este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. El sacrificio de Jesús en la cruz fue una sola vez y fue para siempre, bastó para redimir a todos los seres humanos que crean en Él.

Los sacerdotes en la antigüedad hacían sacrificios todos los días y todos los días expiaban el pecado de alguna persona y una vez entraba al lugar santísimo el sumo pontífice, cada año, para expiar los pecados de todo el pueblo. Entró una sola vez y para siempre en el Lugar Santísimo. No lo hizo con sangre de machos cabríos y becerros, sino con su propia sangre, logrando así un rescate eterno. La sangre de machos cabríos y de toros, y las cenizas de una novilla rociadas sobre personas impuras, las santifican de modo que quedan limpias por fuera. Si esto es así, ¡cuánto más la sangre de Cristo, quien por medio del Espíritu eterno se ofreció sin mancha a Dios, purificará nuestra conciencia de las obras que conducen a la muerte, a fin de que sirvamos al Dios viviente!

Por eso al leer Romanos 3:27 vemos que esta justificación no es solo para el pueblo de Dios, Israel, sino también para los gentiles, es decir, los chapines; nosotros también podemos ser justificados. Leamos Romanos 3:27-3 ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida ­– nadie puede jactarse que ha sido justificado por que hizo una catedral con sus propios fondos, nadie puede jactarse que fue justificado porque donó toda su riqueza para ayudar a los más pobres. Esas obras son buenas, son necesarias y dan mérito, pero no producen la justificación–. ¿Por cuál principio? ¿Por el de la observancia de la ley? No, sino por el de la fe. Porque sostenemos que todos somos justificados por la fe, y no por las obras que la ley exige.

Somos justificados por la fe, a veces vemos a creyentes que caminan cuadras, cuadras de rodillas buscando una justificación, buscando un perdón, buscando una expiación y no la encuentran. Ahora ¿Es acaso Dios sólo Dios de los judíos? ¿No lo es también de los gentiles? Sí, también es Dios de los gentiles, pues no hay más que un solo Dios. Él justificará por la fe a los que están circuncidados y, mediante esa misma fe, a los que no lo están. ¿Quiere decir que anulamos la ley con la fe? ¡De ninguna manera! Más bien, confirmamos la ley.

Hoy recordamos a Jesús, quien resucitó entre los muertos y gracias a Jesús hemos sido justificados, porque al creer en Él hemos sido justificados por la fe. Estaos libres de la culpa, de la pena, de la condenación del pecado.

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