Las mismas y mayores obras (código 2016-116) – Radios Fráter
  • abril 6, 2016

Las mismas y mayores obras (código 2016-116)

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Uno de los fundamentos de nuestra fe es reconocer que somos salvos por gracia, no por obras, para que nadie se jacte, para que nadie se gloríe; sin embargo, uno de los momentos de mayor profundidad de las enseñanzas de Jesús fueron precisamente en el Aposento Alto donde celebraba la última cena, allí abrió su corazón e hizo grandes enseñanzas, algunas hay que entenderlas conforme el contexto de lo que dijo. En el libro de los Efesios 2:8-10 dice Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte. Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica. Es importante entender que no somos salvos por las obras que hacemos, pero también hay que entender que hemos sido creados en Cristo Jesús para buenas obras.

Las buenas obras no salvan, pero la salvación hace que seamos personas de buenas obras. Tan importante es que seamos hombres y mujeres de buenas obras. Jesús en Juan 14:12 dijo Ciertamente les aseguro que el que cree en mí las obras que yo hago también él las hará, y aun las hará mayores, porque yo vuelvo al Padre. Esta enseñanza es muy importante y es aplicable a todos los que creemos en Él, porque si creemos en Jesús eso se aplica a nosotros. Claro que cuando dice que haremos las obras de Jesús, nos ponemos a imaginar y ¿cuándo voy a caminar sobre el agua y cuándo voy a resucitar a un muerto y cuándo voy a alimentar a miles con cinco panes y dos peces, y cuándo voy hacer mayores obras de las que hizo Jesús? Allí es donde tenemos que ver lo que dice el Señor en Su Palabra y entender qué es lo que nos manda hacer.

¿Cuáles son las obras que hizo Jesús? Mateo 4:23-25 dice Jesús recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas — ¿puede enseñar? Claro que sí, hay mucha gente que está enseñando no en las sinagogas pero sí en las casas—, anunciando las buenas nuevas del reino, y sanando toda enfermedad y dolencia entre la gente. Hay enfermedades físicas, mentales, espirituales, dolencias entre la gente. Esas eran las obras de Jesús. Su fama se extendió por toda Siria, y le llevaban todos los que padecían de diversas enfermedades, los que sufrían de dolores graves, los endemoniados, los epilépticos y los paralíticos, y él los sanaba. Lo seguían grandes multitudes de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y de la región al otro lado del Jordán. Estas son las obras que Jesús hacía: predicar, enseñar, sanar enfermos, echar fuera demonios, curar paralíticos, sanarlos y lo seguían grandes multitudes de distintas partes.

Dice que haremos obras mayores de las que hizo. Se nos ha dicho que un pasaje bíblico fuera de contexto, es solo un pretexto. Para interpretar cualquier pasaje bíblico debemos ver cómo este encaja en su contexto literario qué se dijo antes y qué se dijo después de ese texto y en su contexto histórico ¿en qué contexto histórico, quién dijo qué a quién? . Si no tomamos en cuenta ambos contextos, no interpretaremos el texto bíblico conforme a su significado original. Juan 13:31-38 dice Cuando Judas hubo salido, Jesús dijo: —Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, Dios glorificará al Hijo en sí mismo, y lo hará muy pronto. »Mis queridos hijos —quién puede decir así, solo aquel que hace la función de papá, de proveedor de dinero, de bienestar y eso fue Jesús para sus discípulos durante esos tres años: su proveedor—, poco tiempo me queda para estar con ustedes.

¿Qué hace cuando su mamá o su papá o aquella persona que usted aprecia dice: mis queridos hijos, poco tiempo me queda para estar con ustedes? ¿Cómo se siente? Hace pocos días, mes y medio quizá, me llamaron porque mi mamá estaba muy enferma, fui a verla y de veras le dolía mucho la cabeza. Oré por ella y al rato tuvo un momento crítico, empezó a trabar los ojos, se estiró toda, y me dije hoy sí se murió, qué feo está todo esto. Estábamos orando con mi esposa, mi cuñado, mi hermana. Y es una de las veces en las que me ha tocado orar y llorar ¿por qué? porque uno ora para que el Señor hagas la obra, pero está viendo que posiblemente la obra no será conforme a nuestra voluntad, porque se la va a llevar. Para no hacerles la historia triste, no se murió. Cada día está mejor, come mejor que antes que tuviera ese momento crítico. Hay esperanza que se recupere. Es triste cuando se muere la mamá o el papá.

Jesús les dice: me queda poco tiempo para estar con ustedes. Hoy, usted les informa a sus hijos que el médico le dijo que le queda poco tiempo y ellos se afligen. Y ahora quién nos va a ayudar a pagar la deudas, quién nos va a dar, y empiezan a preocuparse sobre la herencia, “cómo hacemos para decirle si ya hizo el testamento”. Cuando en una familia se mueren los padres se quedan pleitos entre los mismos hijos, buscando lo mejor de la herencia, que uno quiere la finca, que quiere la casa, el carro y empiezan las diferencias y los pleitos. He visto padres muy afortunados que no más se mueren, los hijos se pelean por la fortuna. Me buscarán, y lo que antes les dije a los judíos, ahora se lo digo a ustedes: Adonde yo voy, ustedes no pueden ir. »Este mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros. Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros. De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros.

Jesús, conociendo a sus discípulos, les dice les doy un nuevo mandamiento, que se amen los unos a los otros, no dijo que nos mordamos unos a los otros, que nos matemos. Una vez me dice una señora: viera pastor la somatada que anoche nos dimos con mi esposo, pero esa somatada es bíblica. ¿Por qué? Porque la Biblia dice “que nos somatemos los unos a los otros”. No, la Biblia dice que nos sometamos los unos a los otros, porque una cosa es someterse y otra es somatarse. Tenemos que aprender a amarnos. Esta es una buena oportunidad de reconciliarse con su peor enemigo: su mujer, póngase en paz. — ¿Y a dónde vas, Señor? —preguntó Simón Pedro. —Adonde yo voy, no puedes seguirme ahora, pero me seguirás más tarde. —Señor —insistió Pedro—, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Por ti daré hasta la vida. — ¿Tú darás la vida por mí? ¡De veras te aseguro que antes de que cante el gallo, me negarás tres veces! Y conocemos perfectamente la historia, así ocurrió.

Pasaron los años y, finalmente, Pedro dio la vida por su Señor. Llegó el momento en el que todos los discípulos fueron a donde Jesús iba, pero en ese momento no podían ir. “En breve me voy a ir”, la angustia llegó a todos porque “ahora qué vamos a hacer”. Recuerden que algunos pensaban que Jesús era el candidato a rey de Israel y que iba a darle la vuelta al imperio romano. Iban a tomar el control de nuevo, Israel iba a ser un reino. Todos se hacían con su ministerio, con su secretaría, con su puesto en la “guayaba”, en Guatemala guayaba se le llama al gobierno. Se esfumaba toda la campaña que habían hecho por tres años para conseguirse un puesto en el Congreso, un puesto en el Organismo Judicial, otro en el Ejecutivo. Entonces les entró la angustia, así como aquel que se mete a un partido político, hipoteca su casa y el dinero lo mete a la campaña. Le pide prestado al suegro porque se lo van a devolver en el primer año y lo mete a la campaña. Después resulta que su candidato perdió y se queda angustiado porque está muy endeudado.

Juan 14:1-11 dice »No se angustien. Confíen en Dios, y confíen también en mí. En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas; si no fuera así, ya se lo habría dicho a ustedes. Así que la promesa de Jesús fue que vendrá para llevarnos con Él. Tenga paciencia porque hoy puede venir para llevárselo, la venida del Señor no es solo por toda la Iglesia, se la está llevando por pedacitos. La semana pasada se llevó al suegro de Abner Ramírez, parte de la iglesia. Él puede venir por usted y se lo puede llevar. Otra semana murió el suegro de Edwin Fausto, personaje de Jesús en la Vía Dolorosa, vino el Señor por otro pedazo de su Iglesia. Vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté. Ustedes ya conocen el camino para ir adonde yo voy. Dijo entonces Tomás: —Señor, no sabemos a dónde vas, así que ¿cómo podemos conocer el camino? —Yo soy el camino, la verdad y la vida —le contestó Jesús—. Nadie llega al Padre sino por mí. Si ustedes realmente me conocieran, conocerían también a mi Padre. ¿Cómo vamos a ocupar la vivienda que Jesús tiene preparada para nosotros en el cielo? Por medio de la fe en Jesús, por eso dice el que cree en mí, ese llega al Padre también. Y ya desde este momento lo conocen y lo han visto. —Señor —dijo Felipe—, muéstranos al Padre y con eso nos basta. —¡Pero, Felipe! ¿Tanto tiempo llevo ya entre ustedes, y todavía no me conoces? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo puedes decirme: “Muéstranos al Padre”? ¿Acaso no crees que yo estoy en el Padre, y que el Padre está en mí? Las palabras que yo les comunico, no las hablo como cosa mía, sino que es el Padre, que está en mí, el que realiza sus obras. Créanme cuando les digo que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí; o al menos créanme por las obras mismas.

¿Cuál es la razón por la que los discípulos podrán hacer las mismas obras que Jesús hizo y aún mayores? Leemos en Juan 14:12 Ciertamente les aseguro que el que cree en mí las obras que yo hago también él las hará, y aun las hará mayores, porque yo vuelvo al Padre. “Porque yo vuelvo al Padre ustedes harán las obras que yo hago y las harán mayores, esto qué quiere decir. Se va Jesús y ahora ¿quién podrá sanarnos? ¿Ahora quién podrá liberarnos? ¿Y ahora quién podrá sanarnos? Yo vuelvo al Padre ¿qué quiere decir eso? Abra su Biblia en Juan 7:37-39 En el último día, el más solemne de la fiesta, Jesús se puso de pie y exclamó: — ¡Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba! De aquel que cree en mí, como dice la Escritura, brotarán ríos de agua viva. Con esto se refería al Espíritu que habrían de recibir más tarde los que creyeran en él. Hasta ese momento el Espíritu no había sido dado, porque Jesús no había sido glorificado todavía.

Cuando Jesús estuvo en la Tierra el Espíritu Santo estaba totalmente en Jesús, nadie más lo tenía y en el Poder del Espíritu Santo sanó enfermos, echó fuera demonios. El primer mensaje que leyó en la Sinagoga fue basado en Isaías y dice en Lucas 4:18 dice que «El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Y relata toda la agenda que llevaría a cabo en su ministerio. Por eso Jesús dice que haremos grandes obras y las haremos mayores, porque “yo vuelvo al padre”. Aquí en Juan 7 dijo que no había sido glorificado todavía. ¿Cuándo fue glorificado? Cuando resucitó de la tumba, cuando resucitó fue llevado al cielo y entonces recibió del Padre el Espíritu santo. En Juan 20:10-17 dice Los discípulos regresaron a su casa, pero María se quedó afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro, y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. — ¿Por qué lloras, mujer? —le preguntaron los ángeles. —Es que se han llevado a mi Señor, y no sé dónde lo han puesto —les respondió. Apenas dijo esto, volvió la mirada y allí vio a Jesús de pie, aunque no sabía que era él. Jesús le dijo: — ¿Por qué lloras, mujer? ¿A quién buscas? Ella, pensando que se trataba del que cuidaba el huerto, le dijo: —Señor, si usted se lo ha llevado, dígame dónde lo ha puesto, y yo iré por él. —María —le dijo Jesús. Ella se volvió y exclamó: — ¡Raboni! (que en arameo significa: Maestro). —Suéltame, porque todavía no he vuelto al Padre. Ve más bien a mis hermanos y diles: “Vuelvo a mi Padre, que es Padre de ustedes; a mi Dios, que es Dios de ustedes.

María se queda llorando en el sepulcro, de pronto se aparece Jesús, es el domingo de resurrección, cuando le habla con la confianza con la que lo había hecho siempre reconoce a su Maestro y entonces, típico, corre a darle un abrazo, pero el Señor le dice —Suéltame, no me abraces, porque todavía no he vuelto al Padre. Acababa Jesús de salir de la tumba. No había vuelto al Padre, en Juan 14:12 leemos que el que cree en mí las obras que yo hago, él también las hará y las hará mayores porque vuelvo al Padre. ¿En qué momento Jesús vuelve al Padre? En el momento en el que sale de la tumba, en ese momento vuelve al Padre, María vio la ascensión de Jesús que no fue tan pública como las que está en los Hechos de los Apóstoles, subió al Padre.

Y le dice Ve más bien a mis hermanos y diles: “Vuelvo a mi Padre, que es Padre de ustedes; a mi Dios, que es Dios de ustedes. María Magdalena fue a darles la noticia a los discípulos. «¡He visto al Señor!», exclamaba, y les contaba lo que él le había dicho. Al atardecer de aquel primer día de la semana, estando reunidos los discípulos a puerta cerrada por temor a los judíos, entró Jesús y, poniéndose en medio de ellos, los saludó. — ¡La paz sea con ustedes! Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Al ver al Señor, los discípulos se alegraron. — ¡La paz sea con ustedes! —repitió Jesús—. Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes. ¿Cómo envío el Padre a Jesús? En virtud del Espíritu Santo. Antes de que Jesús recibiera el Espíritu Santo en el bautizo en agua, en el río Jordán por Juan el Bautista, no predicó, no sanó a un enfermo, no echó fuera a un demonio no hizo ningún milagro, pero ese día cuando Juan lo sacó del agua dice que se abrieron los cielos y descendió sobre Jesús el Espíritu Santo en forma corporal como paloma y se escucharon unas palabras que decían: «Éste es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él.»

De allí fue llevado al desierto, se enfrentó al diablo durante cuarenta días y cuarenta noches, venció las tentaciones que le puso porque estaba lleno del Espíritu Santo. Usted no va a poder vencer las tentaciones con sus propias fuerzas, no va a poder enfrentarse al diablo y vencerlo con sus propias fuerzas, es imposible. El ser humano con sus propias fuerzas no puede, pero cuando recibe y cree en Jesús como su Señor y Salvador, el Espíritu Santo entra a su vida y le da una autoridad para vencer al pecado, al mundo, a la carne y al mismo diablo.

Acto seguido, sopló sobre ellos y les dijo:—Reciban el Espíritu Santo. Recibieron el Espíritu Santo el mismo día de la resurrección. Ese mismo día volvió al Padre, subió al Padre, recibió del Padre el Espíritu Santo y entones vino a sus discípulos que estaban atemorizados, encerrados en ese Aposento Alto y les dice: reciban el Espíritu Santo, sopló sobre ellos. Otra vez sopló Dios sobre el hombre, ¿recuerda cuando creó a Adán y Eva? hizo al hombre de barro, luego dice que sopló y le dio esa forma vida, lo hizo un ánima viviente. El soplo de Dios le dio vida al hombre, pero ese hombre cayó en pecado y por caer en pecado murió. La relación de Dios con el hombre se interrumpió, se cortó y para recuperar esa vida espiritual Jesús fue crucificado, sepultado y resucitado. A sus discípulos les sopló y le dijo: reciban el Espíritu Santo. En ese momento se volvieron espíritus de visitantes, el espíritu que estaba separado de Dios por el pecado se conectó con Dios por obra del Espíritu Santo. Esto es lo que ha ocurrido cuando usted creyó en Jesús como su Señor y Salvador, en ese momento el Espíritu Santo entró en usted y en ese momento fue sellado con el Espíritu Santo. Usted está lleno del Espíritu Santo, tiene la presencia de Dios en su corazón y esa presencia es lo que lo hace a usted vencedor.

Así que cuando Jesús dice vuelvo al Padre se refiere que va para recibir el Espíritu Santo y traerlo a sus discípulos. Es muy importante esa gran verdad, aquí mismo en Juan 14:15 »Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos. ¿Cómo se comprueba que amamos a Dios? Porque obedecemos sus mandamientos. Nos dio uno nuevo que dice amarnos los unos a los otros, pero si usted no ama a su pariente, a su compañero, a su hermano ¿cómo puede decir que ama a Dios? Si amamos a Dios obedecemos lo que dice, que perdonemos; no es fácil perdonar, pero hay que aprender cuando uno es ofendido lo importante es perdonar. Cuando veo a alguien que me ha ofendido le doy la mano, un abrazo y si es señora le doy un beso. Yo sé que por dentro se retuerce todo, pero la Biblia dice que cuando hacemos bien a nuestros enemigos se les pone el rostro rojo de la vergüenza. Versiones antiguas dicen “ascuas de fuego sobre su cabeza”.

La Escritura dicen traigan todo los diezmos al alfolí, ¿será ese un mandamiento del Señor? Cada vez que trae sus diezmos, está cumpliendo con un mandamiento del Señor, así que no me diga que ama al Señor, pero no diezma, es como que llegue con su esposa, ahora que es principio de mes, y le diga te amo mucho esposa, pero el sueldo me lo chupé todo. Si la ama se lo va a demostrar proveyendo para la comida, para la medicina, para el seguro, para la renta, para que vaya al salón de milagros. Si usted ama a su esposa le provee, le da, así que si amamos a Dios vamos a demostrar que lo amamos obedeciendo sus mandamientos. Y yo le pediré al Padre, y él les dará otro Consolador para que los acompañe siempre. El Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede aceptar porque no lo ve ni lo conoce. Les está diciendo, hijos dentro de poco me voy, pero no van a quedarse solos, les voy a dejar repuesto, les voy a dejar otro igual que yo, otro consolador, el parakletos, es el término griego para Consolador. Otro que hace las veces mías y este dice que va a estar con ustedes acompañándolos siempre.

En otras palabras, el Espíritu Santo va a estar con ustedes siempre, aun cuando se metan a la cantina, al prostíbulo, cuando se metan a hacer negocios chuecos, ahí va a estar el Espíritu Santo, por eso van a estar sintiendo una vocecita por dentro que les dice: no se metan a vainas, no hagan eso, salgan corriendo de ahí, no les conviene, porque el Espíritu Santo los vas a acompañar siempre. Sigue diciendo el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede aceptar porque no lo ve ni lo conoce. Pero ustedes sí lo conocen, porque vive con ustedes y estará en ustedes. No los voy a dejar huérfanos; volveré a ustedes. En la forma del Espíritu Santo y después en su última venida Él personalmente. Pero me llama la atención esto: el mundo no lo va a poder recibir porque no lo conoce, pero ustedes sí lo conocen porque vive en ustedes y estará en ustedes. En ese momento el Espíritu Santo estaba en su plenitud en Jesús, entonces vivía con los discípulos.

Esas son preposiciones importantes “con” y “en”. “Con”, significa a la par de, ¿a la par de quién está usted en este momento? Está con su suegra, con su hijo, con su amigo, con su acreedor. El no creyente siempre va a tener al Espíritu Santo con él, porque le va a estar redarguyendo, le va a estar diciendo arrepiéntete, Dios te ama, cambia tu vida, pero la promesa dice que “estará en ustedes”. ¿Qué quiere decir “en ustedes”? Una cosa es que tenga conmigo un delicioso plato de camarones, y otra que los tenga en mi boca y los disfrute, me los trague y entonces ¿dónde están ahora? en mí, lo mismo pasa con el Espíritu Santo, porque una cosa es que esté con nosotros y otra es que esté en nosotros y cuando se cree en Jesús ya no está con ustedes, ahora está adentro de ustedes y eso es lo que llevamos adentro de nuestra alma.

Hay más, vámonos al libro de los Hechos, en el capítulo uno, es donde nace la Iglesia Primitiva, donde surge la Iglesia que vino Jesús a edificar- 1:3-8 Después de padecer la muerte, se les presentó dándoles muchas pruebas convincentes de que estaba vivo. Durante cuarenta días se les apareció y les habló acerca del reino de Dios. Pero en el primer día sopló y les dijo: reciban el Espíritu Santo y ese soplo ellos lo respiraron, por eso la doctrina del Espíritu Santo en teología se llama reumatología, porque la palabra neuma significa viento y por eso se habla de neumáticos, cámaras llenas de aire que hacen que rueden nuestros vehículos, y por eso se puede morir de neumonía porque hay problemas con el aparato respiratorio. Los apóstoles recibieron el Espíritu Santo (Juan 20), Pero aquí en Hechos, estamos leyendo, Una vez, mientras comía con ellos, les ordenó:—No se alejen de Jerusalén, sino esperen la promesa del Padre, de la cual les he hablado: Juan bautizó con agua, pero dentro de pocos días ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo. Entonces los que estaban reunidos con él le preguntaron: —Señor, ¿es ahora cuando vas a restablecer el reino a Israel? —No les toca a ustedes conocer la hora ni el momento determinados por la autoridad misma del Padre —les contestó Jesús—. Pero cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos — aquí viene otra proposición, ya hablamos de “con” y “en” y ahora es “sobre” —. Cuando los discípulos recibieron la instrucción de Jesús que les dijo: —No se alejen de Jerusalén, esperen aquí, entonces recibieron el poder del Espíritu Santo, diez días más tarde en el día de Pentecostés, esto ocurrió en el capítulo 2: 1-11 que dice Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, vino del cielo un ruido como el de una violenta ráfaga de viento y llenó toda la casa donde estaban reunidos. Se les aparecieron entonces unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos. Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en diferentes lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse. Estaban de visita en Jerusalén judíos piadosos, procedentes de todas las naciones de la tierra. Al oír aquel bullicio, se agolparon y quedaron todos pasmados porque cada uno los escuchaba hablar en su propio idioma. Desconcertados y maravillados, decían: « ¿No son galileos todos estos que están hablando? ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye hablar en su lengua materna? Partos, medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia, de Judea y de Capadocia, del Ponto y de Asia, de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las regiones de Libia cercanas a Cirene; visitantes llegados de Roma; judíos y prosélitos; cretenses y árabes: ¡todos por igual los oímos proclamar en nuestra propia lengua las maravillas de Dios!»

Allí empezó el cumplimiento de lo que Jesús les dijo en Juan 14, el que cree en mí y las obras que yo hago también las harán y las hará aún mayores, porque vengo al padre. El espíritu Santo en nosotros nos hace hablar las maravillas de Dios. Esa es la gran verdad. Si creemos en Jesús, tenemos el Espíritu Santo en nosotros, necesitamos ese poder del Señor para hablar, por eso dice en Hechos 1:8 Pero cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra. La principal evidencia de que usted es un cristiano lleno del Espíritu Santo es que habla las maravillas de Dios. Tenemos que hablar las maravillas de Dios de cómo nos sanó, nos transformó, nos salvó, bendijo nuestra vida, transformó nuestro hogar, nuestra empresa, cómo Dios nos ha guardado.

El Señor espera que seamos sus testigos y el testigo lo que hace es dar testimonio de lo que Cristo es, lo que Cristo hace. Ahora las obras que yo hago les harán ustedes ¿y qué hacía? Enseñaba en las sinagogas, predicaba en todas las aldeas, sanaba enfermos. ¿Qué tenemos que hacer que ya tenemos al Espíritu Santo? Eso, lo que Jesús hizo, por eso dijo las obras que yo hago también las harán, por eso tenemos que ir por todas partes hablando de Cristo a la gente, a los que nos rodean en el trabajo, a los que viven en nuestro condominio, a los que estudian con nosotros, los que son nuestros socios, trabajadores. Todos tenemos que hablar de Cristo.

¿Por qué dice que vamos a hacer las obras que Él hizo, y las haremos aún mayores? Mateo 10:7-8 dice Dondequiera que vayan, prediquen este mensaje: “El reino de los cielos está cerca.” Sanen a los enfermos, resuciten a los muertos, limpien de su enfermedad a los que tienen lepra, expulsen a los demonios. Lo que ustedes recibieron gratis, denlo gratuitamente. ¿A qué se refería Jesús cuando dice que haremos mejores obras? Antes quiero comentar que Jesús dedicó su ministerio al área de Palestina, nunca fue a España, a Roma, no fue a Colombia, no vino a Guatemala, pero nosotros sí estamos llegando a España, a Roma, a Colombia por medio de las televisión, en este momento están viendo ciento de miles de personas, repleto este auditorio solamente son 12 mil 244 personas , por televisión estamos llegando a cientos de miles, cada domingo a la 13 horas encienden Enlace, solo en Estados Unidos hay más de cien mil personas conectadas viendo nuestro programa, también hay en México, Centro y Sudamérica, Europa y en otros muchos lados.

Encuentro personas que en algún lugar me dicen que son católicos, pero que no se pierden los programas en Canal 7 los domingos. Si todos los que ven en Canal 7 nuestros programas vinieran al Mega Auditórium no cabrían.

Esas son las mayores obras que el Señor dijo que haríamos, porque ahora no solo le predicamos a más gente sino somos muchos más predicadores. Dios bendiga a todos los predicadores del mundo, a todos los creyentes, evangelizadores en el mundo. El que cree en mí las obras que yo hago, él también las hará y las hará mayores, porque yo vengo al Padre y como Jesús ya volvió al Padre y nos dio el Espíritu Santo estamos capacitados para hacerlo, he visto niños hacer la obra de Jesús, y he visto ancianos hacer la obra de Jesús, he visto niños en la escuelas primaria y secundaria andar con su Biblia y compartir de Cristo por todo el colegio. He visto ancianas en sus noventas, otras en cama hablar de Cristo a los vecinos y a los parientes que las visitan y que todavía no han conocido a Jesús. Así que no se sienta ni muy viejo ni muy niño, ni muy feo, ni muy pobre ni muy rico, Dios usa a los ricos también usa a los pobres también. Toda vez tengamos el Espíritu Santo en nuestro corazón haremos obras maravillosas.

Propongámonos hacer las obras que Jesús hizo. Él está feliz porque está viendo a su iglesia hacer las obras que Él hizo y mayores obras porque estamos siendo más los que difundimos el Evangelio a más gente, en mayores extensiones del mundo, gracias al Espíritu Santo que tenemos.

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