Si ustedes me aman (código 2016-132) – Radios Fráter
  • abril 20, 2016

Si ustedes me aman (código 2016-132)

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Hay un modelo terrenal que todos admiramos por el amor, afortunadamente, casi todos, tenemos uno cerca, tenemos a quién admirar: la mamá, la madre. Muchos tenemos ese concepto de amor y lo hemos aprendido a través de ella. ¿Por qué la amamos tanto? La amamos porque ella nos ama, porque ella hace cosas indescriptibles por nosotros. ¡Que a nadie se le ocurra insultarnos con la mamá! porque se arma Troya. Le pueden decir cualquier cosa, pero si le mencionan a su mamá reacciona de manera distinta, dice cualquier cosa. Nos duele tanto, porque ella es la que nos ha cuidado, nos ha dado amor, nos ha dado ejemplo y por eso la valoramos, por eso la amamos. Es capaz de hacer muchas cosas especiales.

Cuando tenía cinco años, hay un recuerdo inolvidable porque pasé una crisis de salud. Padecía mucho de las amígdalas y donde vivíamos no teníamos acceso a médicos, ella era la que me inyectaba unas inyecciones llamadas “Triduralta”, a estas alturas no se sabe qué es eso, ya están descontinuadas,  pero sí dolían mucho hasta el último hueso, además de niño era muy flaco, pueden imaginarse el sufrimiento. Miraba a mi mamá a los pies de la cama llorando conmigo, con hielo para desinflamar la pompa. Hasta dos, tres o cuatro de la mañana cuidándome. Han pasado cincuenta años y yo sigo recordándome de esos cuidados y, seguramente, muchos de los que aquí estamos tenemos ese pensamiento y ese recuerdo, de ese amor incondicional. Me decía, algún día te voy a ver predicando, ella fue servidora de la iglesia por muchos años, porque tenía la fe, la convicción de que algún día su hijo malcriado iba a predicar. Y no solo conmigo, sino con mis otros hermanos, cada uno con su propio estilo, su propia forma.

En Guatemala tenemos tal concepto de la mamá, que todo es la mamá, hasta en los  saludos. ¿Cómo estás? La mamá de Tarzán. ¿Cómo te sentís? La mamá de los pollitos. Les aseguro que no conocen a la mamá de Tarzán, no se las han presentado, pero es la expresión que significa lo máximo; por eso de vez en cuando hay que ir a México porque  allá valoran un poquito a los papás. ¿Cómo estuvo? Bien padre, todo es bien padre. Pero eso no les quita a nuestras mamás en Guatemala que sigan siendo la mamá. ¿Por qué hablamos de la mamá? porque es el símbolo conocido terrenalmente como el modelo del amor, porque es lo que conocemos y lo que hemos sentido, pero cuando analizamos el amor a Jesús ella pasa a un segundo plano, puesto que Su amor sobrepasa y por mucho el amor de madre.

A veces es difícil de entenderlo, porque es tan grande, es tan puro que nos cuesta comprenderlo. ¿Por qué amamos a nuestra mamá? Por lo que ella es y por lo que ha hecho o hace. De la misma manera debemos amar a Jesús, por lo que es y por lo que hizo. Vamos a la Biblia en Juan 1:1-5, a Jesús lo amamos por lo que Él  es y es el Hijo de Dios. En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba con Dios en el principio. Por medio de él todas las cosas fueron creadas; sin él, nada de lo creado llegó a existir. En él estaba la vida, y la vida era la luz de la humanidad. Esta luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no han podido extinguirla. Eso es lo que Jesús es para nosotros y a veces nos cuesta entender, discernir el amor que Jesús tiene por nosotros.

A Jesús lo amamos por lo que hizo. Jesús se hizo hombre, fue tentado en todo pero sin pecado y murió en la cruz para redimirnos del pecado. Hizo grandes cosas por nosotros y a veces es tan grande su amor que no lo podemos dimensionar. Humanamente a veces vemos actos que sentimos compasión, que  sentimos ternura, por ejemplo: para navidad aquellos presidentes de compañías, juntas directivas en el convivio navideño le sirven el tamal a sus empleados y que bonito y uno realmente se siente identificado con esos actos de humildad. Para Navidad el alcalde de la ciudad capital le da el tamal a muchas personas que viven en soledad, desposeídos, a indigentes, y algunos que se aprovechan para  a comer su tamalito. Lo interesante es ver a esas autoridades sirviendo a gente tan humilde. Conmueve, que se bajen del podio y vayan a servirle a la gente sencilla.

Un programa de televisión que me ha conmovido se llama “El jefe encubierto”, se trata de dueños de compañías del más alto nivel, con su jet privado, campo de golf y todas  las comodidades que se pueda imaginar, por supuesto honradamente. Se disfrazan como empleados, son compañías tan grandes que nadie los reconoce, para ir analizar qué es lo que el trabajador del más bajo rango hace. En una oportunidad, a uno de estos presidentes le tocó ir acompañar a un fontanero, se metió donde se metía el trabajador, hizo lo que tenía que hacer y pueden imaginarse lo que le sucedió. Así se dio cuenta cuál era el trabajo que hacía su colaborador. Y cuando se ven esos actos no puede dejar uno de conmoverse.

Si alguien ha visto ese programa, aseguro que ha derramado una lágrima, porque es conmovedor lo que se ve. Cito esto, porque si eso conmueve, si eso mueve nuestros sentimientos, imagínese lo que Jesús hizo por nosotros. Eso es para doblar rodillas y darle gracias por lo que ha hecho en nuestra vida, siendo el Hijo de Dios y eso lo vemos en Filipenses 2:5-11 que dice La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos. Y al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz! Por eso Dios lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

Eso es lo que Jesús hizo por nosotros. ¡Cómo no amarlo! ¿Cómo no darle nuestra vida? ¿Cómo no darle todo? Si Él ya lo hizo. Puede haber alguien que se sacrifica por otro ser humano, quizá un padre puede dar la vida por su hijo, puede darle un riñón o puede darle otro órgano para que siga viviendo y eso lo entendemos, pero ¿habrá alguien que estuviera dispuesto a dar la vida por el Smiley (convicto de extorsión y asesinato), por un violador, por un asesino?  Ahí la cosa es distinta y, sin embargo, para Jesús eso no fue un impedimento, Él dio la vida por todos y eso hace que lo amemos.

Romanos 5:6- 8 dice  A la verdad, como éramos incapaces de salvarnos, en el tiempo señalado Cristo murió por los malvados. Difícilmente habrá quien muera por un justo, aunque tal vez haya quien se atreva a morir por una persona buena. Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros. Cómo no lo vamos a amar, y ese es el reto de hoy. Estoy seguro que si pregunto ¿cuántos amamos a Jesús? todos levantarían su mano, todos proclamamos que amamos a Jesús, lo difícil está cuando tenemos que demostrarlo. Hay una canción que dice “dices que me amas, pero con tus actos me demuestras lo contrario”,  y a veces así nos toca con Jesús, decimos que lo amamos pero todavía nos falta. En Juan 14:15 dice Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos, o sea que no es solo del diente al labio sino hay que darle vuelta a nuestra vida, honrar a Jesús con nuestros actos.

Me viene a la mente la historia de un indigente que al pasar por una cuadra vio una casa muy bonita, bien arreglada, bien pintada y vio que salía y entraba gente muy agradable y dijo voy a tocar la puerta, de pronto me dan un panito para el día. Tocó la puerta, le abrieron sonrientemente, pidió algo de comer y no solo le dieron algo de comer sino también le dieron de beber. Y dijo ¡qué buena onda, qué padre son los de esta familia!  Al otro día, lo mismo. Tocó la puerta y ya le tenían preparado lo que le iban a dar de comer. No puede ser, esta familia está por encima de todo, se dijo. El tercer día pasa lo mismo y comentó –esto no es normal, mejor me quedo–. Efectivamente, se quedó sentado a ver que más pasada. El otro día ya era el extremo, toca la puerta y le abren, –pase adelante–. Así sucio, harapiento, lo entran a la casa, lo sientan en su sala, no solo le dan de comer, le predican de Cristo y ese indigente dice – ¿qué está pasando aquí, estos no es normal? – Le cambian la ropa, lo bañan, acepta al Señor y cambia su vida y esa familia lo tuvo por mucho tiempo, sin que diera un solo centavo. Cambió su vida, ahora predica la Palabra del Señor y da testimonio de lo que una familia amorosa, cuando habla de Jesús, puede hacer en una persona.

Esa casa bonita es la Fráter, esa familia son ustedes y ese indigente era yo. Y les digo con pena, con vergüenza que ese indigente era yo porque venía siempre a tocar la puerta de la  Fráter y nunca me la cerraron, me venía a sentar, sin haber dado diezmos, sin haber dado ofrendas y nunca me negaron el alimento. Ustedes con sus diezmos, ofrendas y promesas de fe hicieron que me sintiera bien en esta familia, que nunca me falta la comida espiritual y con ese amor lograron, a través de Cristo, que mi vida se trasformara. Esa es la fidelidad del Señor, y les digo que muchos de los que están aquí tendrán un testimonio similar. Tenemos que hablar de lo que Cristo ha hecho en nuestras vidas.

Por más de diez años pasé sentado en esas bancas sin diezmar, sin hacer nada. A mí de pisto que no me hablen – me decía–, como se ha oído que los pastores, que los aviones, eso conmigo no va, así que gracias por el servicio, por la comida, pero yo me voy–. Pero llega el momentito en que cuando amamos a Jesús eso sale de nuestra mente, y cuando amamos de verdad y de  todo corazón, todo lo que tenemos que hacer para Él fluye, ya no es necesario que se obligue a hacerlo como a mí me pasó. Al principio me sentía obligado, comprometido, pero cuando amé verdaderamente al Señor me dije que todo lo que diera de ahí en adelante no alcanzaría para pagar lo que hizo en mi vida y eso ojalá se replique en muchas más almas ganadas para Él. Eso es lo que tenemos que pensar.

Amar a Jesús es reconocer lo que Él es, el Hijo de Dios. Amar a Jesús es reconocer lo que hizo en la cruz. Amar a Jesús es deleitarnos en lo que es y en lo que hizo en su vida. Amar a Jesús es una entrega continua y total. Cuando entregamos ese amor verdaderamente a Jesús es totalmente distinto, no es lo mismo venir a la iglesia,  no es lo mismo levantar la mano que amarlo de todo corazón.

Obedecerán mis mandamientos, si lo amamos. Juan 14:15 Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos. La obediencia a Jesús, fluye de manera natural en aquel que lo ama. Aquel que ama a Jesús, simplemente lo obedece. Y lo que uno quisiera más que nada en el mundo es que Él morara en nuestro corazón. Todos lo anhelamos y todos queremos hacerlo, pero el que no obedece los mandamientos de Jesús, no lo ama. Juan14:21 dice ¿Quién es el que me ama? El que hace suyos mis mandamientos y los obedece. Y al que me ama, mi Padre lo amará, y yo también lo amaré y me manifestaré a él. Eso es lo que un cristiano debe anhelar en su corazón, tener a Jesús y que Él se manifieste en él. Juan 14:23-24 Le contestó Jesús: —El que me ama, obedecerá mi palabra, y mi Padre lo amará, y haremos nuestra vivienda en él. El que no me ama, no obedece mis palabras. Pero estas palabras que ustedes oyen no son mías sino del Padre, que me envió. Y continua en Juan 15: 9-10 Así como el Padre me ha amado a mí, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. Si obedecen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, así como yo he obedecido los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

Así que este mensaje es para transformar ese deseo que tenemos que el Señor more en nosotros, convirtiéndonos en obedientes para que Él esté y se manifieste en nosotros, y que nos brinde su Espíritu Santo para que nos guíe. Él lo ofreció que iba a mandar a su Espíritu Santo, porque aunque Él no estuviera iba a dejar a alguien para que se encargara de guiar nuestros pasos, eso lo dice en Juan 14:15-26 »Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre, y él les dará otro Consolador para que los acompañe siempre: el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede aceptar porque no lo ve ni lo conoce. Pero ustedes sí lo conocen, porque vive con ustedes y estará en ustedes. No los voy a dejar huérfanos; volveré a ustedes. Dentro de poco el mundo ya no me verá más, pero ustedes sí me verán. Y porque yo vivo, también ustedes vivirán. En aquel día ustedes se darán cuenta de que yo estoy en mi Padre, y ustedes en mí, y yo en ustedes. ¿Quién es el que me ama? El que hace suyos mis mandamientos y los obedece. Y al que me ama, mi Padre lo amará, y yo también lo amaré y me manifestaré a él. Judas (no el Iscariote) le dijo: — ¿Por qué, Señor, estás dispuesto a manifestarte a nosotros, y no al mundo? Le contestó Jesús: —El que me ama, obedecerá mi palabra, y mi Padre lo amará, y haremos nuestra vivienda en él. El que no me ama, no obedece mis palabras. Pero estas palabras que ustedes oyen no son mías sino del Padre, que me envió. Todo esto lo digo ahora que estoy con ustedes. Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, les enseñará todas las cosas y les hará recordar todo lo que les he dicho.

Cómo hacemos para amar al Señor, seguramente muchos de los que estamos aquí hemos sentido cómo el Señor ha transformado nuestra vida, cómo de un corazón de piedra lo ha transformado en un corazón de carne. ¿Está dispuesto a amar al Señor, a dar su tiempo, a dar su vida para demostrarle verdaderamente que Él está en nosotros? Y todos los días de deberíamos pensar cómo éramos  y cómo somos ahora, porque en esa reflexión le estamos diciendo a Jesús te recuerdo  y con lo que haga hoy voy a honrar lo que tú hiciste por mí.

Todos los días cuando oremos, reflexionemos quién es Él, para que en todas las decisiones que tomemos se manifieste y con nuestras vida podamos honrarlo y podamos decirle Señor, te amo, pero no solo de palabra sino también con mis acciones.  En Romanos 5:8 dice Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros. Ése cambio de vida puede ser a partir de hoy y estoy seguro que muchas personas están aquí esperando el toque del amor de Jesús.

 

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