La paz que Jesús promete (código 2016-149) – Radios Fráter
  • mayo 4, 2016

La paz que Jesús promete (código 2016-149)

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Qué hermoso es saber que nuestro Señor y Salvador Jesucristo murió en la cruz del Calvario para darnos paz, muchos han experimentado ya esa paz de Dios. En este mundo se habla de paz. Uno de los grandes temas de las Naciones Unidas, de todas las organizaciones mundiales es buscar la paz y por eso se hacen grandes concilios, grandes congresos y convenciones, todo en busca de la paz. En Guatemala, hace pocos años, se firmó lo que se llama “La paz firme y duradera”, se hizo un pacto entre el ejército y la guerrilla. Ahora ¿estamos en paz? La paz no es lo mismo dependiendo de quien la da. Para el mundo es la firma de un documento, pero a través de la historia hemos visto cómo en una oficina se reúnen algunos a firmar la paz y al mismo tiempo se están preparando para hacer la guerra. Reuniones dilatorias, entreteniendo al enemigo para sorprenderlo con una nueva estrategia, con un nuevo ataque, con una nueva arma.

Jesús nos da paz y no como el mundo la da. La paz del mundo es exterior, es aparente, la de Cristo es interior a pesar de lo que se viva en el exterior. Aún en medio de los sufrimientos y pruebas más terribles, Jesús nos ha prometido la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento. Por eso en Juan 14:1-4 Jesús dijo a sus discípulos No se angustien. Confíen en Dios, y confíen también en mí. En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas; si no fuera así, ya se lo habría dicho a ustedes. Voy a prepararles un lugar. Y si me voy y se lo preparo, vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté. Ustedes ya conocen el camino para ir adonde yo voy.

Jesús había anunciado su partida de este mundo, sus seguidores, sus fieles discípulos estaban angustiados pensando en qué va a pasar ahora. Hablamos ampliamente el 20 y 21 de febrero sobre el tema “No se angustien”, y aunque el contexto de su futura separación y muerte al ser crucificado causó angustia, Jesús nos inspiró paz.

En el versículo 27-31de Juan 14 nos muestra cómo aun en medio de su futuro arresto y crucifixión, Jesús prometió darles paz a sus discípulos y es allí donde dice  La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo. No se angustien ni se acobarden. »Ya me han oído decirles: “Me voy, pero vuelvo a ustedes.” Si me amaran, se alegrarían de que voy al Padre, porque el Padre es más grande que yo.  Y les he dicho esto ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, crean. Ya no hablaré más con ustedes, porque viene el príncipe de este mundo. Él no tiene ningún dominio sobre mí, pero el mundo tiene que saber que amo al Padre, y que hago exactamente lo que él me ha ordenado que haga. ¡Levántense, vámonos de aquí! 

 Aquel que va a morir en la cruz habla de dejar paz, Su paz, inclusive antes de ser arrestado, juzgado injustamente y morir por medio del instrumento de tortura más horrible de la época: la cruz, Jesús habla de darles paz a sus discípulos. Promete darnos la paz con Dios Una cosa es tener paz con Dios y otra cosa es tener la paz de Dios. Tener Paz con Dios tiene que ver con ponernos a cuentas con Él. Usted sabe qué es tener paz con su mujer, porque llega a su casa y empieza el pleito, ¿por qué? porque usted chupa y cuando llega a la casa ya se gastó todo lo del gasto. En paz con una persona no es lo mismo disfrutar la paz con esa persona.

Los seres humanos somos pecadores, Dios es santo y debido a nuestro pecado tenemos conflicto con Él. Estar en pleito con Dios no es agradable, porque se rompe la comunicación, Dios no habla al hombre, el hombre no puede hablarle, hay una gran separación. Jesucristo vino a hacer la paz, por eso se le llama el príncipe de paz. Juan el Bautista presenta a Jesús – he aquí, el cordero de Dios que quita el pecado del mundo –.  Y cuando lo quita viene una relación de armonía entre el hombre y Dios. Eso es tener paz con Dios, Pablo lo explica de esta manera en Romanos 5:1-2 dice En consecuencia, ya que hemos sido justificados mediante la fe. Solo puede ser justificado aquel que es culpable. Usted es declarado culpable, es llevado al tribunal, cuando el juez le dice que no es culpable de todo lo que se le acusa, entonces el reo dice he sido justificado, sale inocente, ya pagó el precio.

Igual, sale inocente como si hubiera sido inocente después de haber cumplido veinte años de cárcel, sale justificado, ya no lo pueden condenar por el mismo crimen. Ahora, todos los humanos somos culpables de pecado. Mire a su vecino, es un pecador, es culpable,  pero ¿cómo puede ser libre del pecado? ¿Cómo puede ser libre usted y yo del pecado? Dice aquí Pablo: En consecuencia, ya que hemos sido justificados mediante la fe tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. Jesucristo vino, me tomó de la mano, tomó de la mano a Dios Padre y nos unió y entonces hicimos las paces, ya estamos en paz con Dios. Veía el reportaje de un futbolista chileno al que le cayeron duro en la pierna y sufrió fractura expuesta. Poner paz entre ese futbolista quebrado y el que lo quebró no es fácil. Y eso es lo que ocurre entre el hombre y Dios, hay conflicto. No hay paz pero nuestro Señor vino y por medio de Jesucristo al creer en Él, por la fe en Él, usted y yo alcanzamos ser justificados, declarados inocentes, gracias a Jesús, y que hemos creído en Él hoy usted y yo delante de Dios somos justificados, todos los pecados fueron perdonados, ya no tenemos que pagar nada, Cristo lo pagó todo por nosotros, Él nos libró de la muerte eterna.

2 También por medio de él, y mediante la fe, tenemos acceso a esta gracia en la cual nos mantenemos firmes. Así que nos regocijamos en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Así que Jesús bajó del cielo para tomar la forma de hombre, fue tentado en todo pero sin pecado, vivió una vida santa y eso le permitía morir por los pecados de los demás. Murió en la cruz del Calvario para reconciliarnos con Dios y al hacerlo ahora tenemos una relación de paz con Dios, estamos en paz con Dios. Así que Jesús no solo promete justificarnos y darnos la paz con Dios sino que nos reconcilia con el Padre perdonando nuestros pecados y tomando nuestro  lugar en la cruz. No es específicamente de esta paz de la que Jesús está hablando en Juan 14:27, hay otra paz.

Cuando les dice La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo. No se angustien ni se acobarden.  La palabra paz en hebreo es shalom. Esta  palabra significa paz o bienestar. Por eso leemos en la Biblia que Jesús entró y dijo paz a vosotros, en la Reina Valera del 60; la paz sea, decimos en la Nueva Versión Internacional. Puede referirse tanto a la paz entre dos partes como también a una paz interior, calma o tranquilidad de un individuo. Eso es lo que sorprende en algunos cristianos cuando están en grandes conflictos y uno los va a ver al hospital, a la cárcel, al sitio del conflicto en el que están y los encuentra con paz en vez de encontrarlos angustiados, los encuentra con paz.

Por eso Jesús les dijo mi paz os doy. Jesús nos salvó, al morir en la cruz  del Calvario en nuestro lugar, y nos dio paz con Dios, pero esta paz que habla en Juan 14:27 va más allá de esto. El contexto en el que aparece, Jesús será crucificado, a pesar que morirá y lo sabe está en paz. Esta es una paz en la que no importan las circunstancias exteriores sino el bienestar interior que descansa en el Todopoderoso.

Yo no se la doy a ustedes como el mundo la da, porque esta paz no es más que como la define el mundo: la ausencia de problemas o dificultades. Incluso es la ausencia de problemas o dificultades como resultado de la fuerza física: no hay guerra, hay paz.  Esta paz no es como la da el mundo. Una paz exterior que lo mide todo por lo que se ve. Esta paz que viene de Jesús es una paz a pesar de lo que se ve, usted ve la destrucción que causa un terremoto y, sin embargo, está en paz, siente la paz, ve que se le destruyó todo su edificio, su casa, su templo pero usted está en paz. Está sobre el cadáver de su hijo y, sin embargo, en su corazón tiene paz. Esta paz que viene de Jesús es una paz que viene a pesar de todo lo que se ve y se experimenta en el exterior. Es una paz interior que se eleva por encima de lo que pueda pasar en el exterior.

Por eso la Biblia habla del fruto del Espíritu y el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz. Solo cuando se tiene el fruto del Espíritu se va a experimentar esa paz. La gente puede estar en un ambiente de paz, es decir en un país sin guerra, sin conflictos, pero en su interior viven angustiados, viven preocupados. Por eso Jesús remata diciendo no se angustien ni se acobarden, porque nos está dando la paz que existe en medio de los problemas y no la que trasciende a la ausencia de ellos.

Una cosa es tener paz con Dios y otra cosa es tener la paz de Dios. Si podemos encontrar paz con Dios podemos ser salvos, si nos morimos no nos vamos al infierno sino al cielo, pero a pesar que sabemos que iremos al cielo estamos angustiados y acobardados, porque hay desempleo, enfermedades, amenazas, persecución. Si usted se muere angustiado se va a ir al cielo, pero va a vivir en la Tierra con mucha angustia. Por eso no basta tener paz con Dios, tenemos que disfrutar la paz de Dios, la paz que es fruto del Espíritu, que es la que Jesús nos dio al enviar al otro Consolador, al Espíritu Santo que vive en nosotros, mora en nosotros y ya no está solo con nosotros sino que está dentro de nosotros y viene sobre nosotros para investirnos de poder.

Por eso, Pablo en Filipenses 4:12- 14 dice Sé lo que es vivir en la pobreza. Todos sabemos que es vivir en la pobreza, no tener casa propia, no tener carro. Sabemos lo que es no tener para pagar los estudios de los hijos. Sabemos que es no tener para comprar la comida, sabemos qué es ir a pedir fiado, porque no hay para comer en la casa. Sabemos lo que es ir a la escuela pública, porque no hay para pagar un colegio privado. Sabemos lo que es estar en la pobreza. Hay que aprender a vivir en la pobreza, porque aunque estemos en la pobreza, David dice fui joven y ahora soy viejo, pero no he visto justo desamparado ni a su descendencia que mendigue pan. Sé que es vivir en la pobreza, así como dice Pablo, pero sé que gracias a Dios jamás mendingué pan, siempre hubo en la mesa el pan cotidiano con cafecito y a veces hasta con queso, frijolitos y crema. Dios ha sido fiel.  Hay que aprender a vivir en la pobreza y a confiar en que Dios suplirá lo que nos falta, conforme a sus riquezas en Gloria en Cristo Jesús.

Cómo se ha convertido en importante el Salmo 23 en la iglesia: El Señor es mi pastor, nada me falta, pero recuérdese que también dice que somos ovejas de su rebaño y el pastor nos trasquilará, así que si tiene lana déjese trasquilar, para eso son las ovejas: para producir lana, para que el pastor les haga el favor de trasquilarlas. Así que cuando pasen a recoger los diezmos y ofrendas déjese trasquilar, le va a caer muy bien.

Pablo dice, sé lo que es vivir en la pobreza y los que es vivir en la abundancia. He aprendido a vivir en todas y cada una de las circunstancias, tanto a quedar saciado como a pasar hambre, a tener de sobra como a sufrir escasez. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Cundo usted y yo  estamos en Cristo podemos pasar por un día de escasez, un año de escasez, un año de sufrimiento, de cárcel, de ataque, de problemas.

Un día llegué a un grupo de pastores, estaban congregados en el Consejo Apostólico de Guatemala, y aproveché para regalarles el primer libro que escribí, “Fórmulas Bíblicas  para Prosperar” y les dije este es el libro que leyó el apóstol fulano de tal y miren cómo Dios lo ha prosperado. – Pero Pastor, tenés que escribir otro capítulo en ese libro –. ¿Cuál? – Cómo sufrir las consecuencias de ser prosperado –. Y es cierto, a veces se sufre cuando uno está pobre, pero también se sufre cuando se está en abundancia, porque todos lo critican. –Miren el templo que se hicieron, por qué no dieron eso a los pobres –. También vivir en la abundancia implica persecución, sufrimiento. – Miren la casa que tiene. Narco ha de ser –. Hay que tener cuidado, cuando se prospera también se sufre, todos lo señalan, todos lo acusan. – A saber qué está haciendo –. No crea, porque ya prosperó y está en abundancia, ya es rico, no va a tener problemas. Le va a caer duro, también van a existir persecuciones, sufrimientos.

Hablando de ricos y pobres. Un día estaba en el aeropuerto lustrándome los  zapatos y me dice el lustrador – le cuento una historia pastor–. Cuéntela, –vino el hijo de Nelson Rockefeller y se lustró en Nueva York y de propina le dio cien dólares al lustrador–. Y luego vino el papá, don Nelson Rockefeller y también se lustró los zapatos y de propina le dio diez dólares–. Y le dice, don Nelson, por qué me da solo diez si su hijo me da cien. – Ah, es que mi hijo tiene un papá millonario–. Yo tengo un papá millonario y usted también.

Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Puedo vivir en escasez y en la abundancia, puedo sufrir la escasez, puedo sufrir la abundancia.

14 Sin embargo, han hecho bien en participar conmigo en mi angustia. La angustia de Pablo era porque estaba preso, en la cárcel de Filipos. He ido a visitar a algunos miembros de la iglesia, recuerdo que hace varios años fui a visitar a uno que le dio un balazo a su mujer y se la tronó. Le dieron un montón de años, lo fui a ver, no es cómodo estar preso, un hombre de clase alta. Cada vez que he ido a la cárcel me da cosa, porque en algunos casos han llegado a las cárceles personas que no han salido, las han retenido los presos para negociar que les den mejor comida y digo yo a qué hora se quedan con el Pastor de la Fráter, quién va a predicar el domingo.

Pablo estaba preso, y en la cárcel a usted le falta de todo y la cárcel ha sido lo mismo a través de la historia y de plano allá tenía que pagar lo que aquí pagan los que entran a la cárcel: talacha. Así se le llama en Guatemala, el dinero que se tiene que pagar para no mandarlo a trapear todos los pisos de la cárcel, los baños, para que no lo golpeen y no lo maten. Se necesita plata, ¿de dónde iba a sacar plata Pablo? Por eso le escribe a los filipenses, porque no era justo que Pablo les haya  dado tanto y ahora que está preso no le den nada. Entre todos los hermanos recogieron una buena ofrenda y se la mandaron. Y Pablo en la cárcel feliz, tenía para sus tortillas, la talacha, la comida, tenía suficiente, porque los hermanos se desprendieron  de lo que tenían, se dejaron trasquilar y enviar su lana para sostener el ministerio de Pablo. Pero no todas las iglesias hicieron eso, porque hay iglesias donde el aceite del Espíritu Santo no pasó por el codo y no están ungidas del codo. Por eso Pablo en medio de sus angustias  se animó alegrarse en el Señor y tener la paz del Señor.

Filipenses 4:4-7 dice Alégrense siempre en el Señor. Insisto: ¡Alégrense! Que su amabilidad sea evidente a todos. El Señor está cerca. No se inquieten por nada. No le pagaron la renta de su casita que tiene alquilada, no se inquiete por nada. En la fábrica no le pagaron su sueldo a tiempo, no se inquiete por nada. No quedó el candidato que usted quería para alcalde, no se inquiete por nada. Su hija se enamoró de un muchacho más feo que su marido, no se inquiete por nada. Su hijo sigue becado en la casa, exigiendo su desayuno en la cama, mañana cumple cuarenta años, no se inquiete por anda, más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.

Para disfrutar la paz de Dios ¡alégrese!, dice Pablo, ya he dicho que usted no tiene la culpa por la cara que tiene, pero sí tiene culpa por la cara que pone, así que alégrese. Por qué tiene que vivir amargado toda la vida, parece que fuera un perro Buldog bautizado en jugo de limón. Alégrese. Ser santo no significa ser enojado, al contrario, hay que estar alegre. Es más, la Biblia dice el gozo del Señor es nuestra fortaleza. Que todos estén amargados y usted feliz, al fin al cabo usted exhibe quien la roba la paz, quién le roba el gozo, porque dice tan feliz que estaba alabando al Señor cuando de repente miro a mi ex allí, me robó la paz. No se deje robar la paz ni el gozo.

Pablo dice alégrense, sean amables. Presenten a Dios sus peticiones y denle gracias. ¿Cuándo fue la última vez que usted dio gracias? Dé gracias. ¿Cuántos ya le dieron hoy gracias a Dios porque tienen trabajo? Puedo preguntar de otra manera, ¿cuántos tienen trabajo y quieren darle gracias a Dios? El trabajo no es una maldición, es una bendición. Adán, el jardinero del jardín no solo era eso, era el administrador del jardín del Edén. Cuando lo puso en el jardín no lo puso a verse el ombligo sino a trabajar, lo puso como administrador, a ponerles nombre a todos los animales, a cuidar de todo lo que estaba ahí. El trabajo existe antes del pecado, porque Dios es trabajador, creo los cielos y la Tierra en seis días y en el séptimo descansó, porque Dios trabaja y usted ¿por qué no trabaja? Pablo dice que el que no trabaja bueno es que no coma. M’hijo yo con mucho gusto te alimento, pero ya a tus cuarenta y cinco años deberías trabajar. Por supuesto, la Biblia nos habla de la prosperidad y la bendición, pero siempre va de la mano del trabajo.

Miremos lo que dice Proverbios 18:9 El que es negligente en su trabajo confraterniza con el que es destructivo. Tenemos que ser diligentes, el negligente es el dejado, el que deja todo para mañana, para después, para quién sabe cuándo y lo que pospone jamás lo hace. Por eso se dice el lunes empiezo la dieta, pero nunca lo hace. En cambio el diligente, dice Proverbios 22:29, ¿Has visto a alguien diligente en su trabajo?  Se codeará con reyes, y nunca será un Don Nadie. Si usted quiere que sus hijos sean “alguien en la vida” enséñeles a ser diligentes, no solo que haga la cama sino que la haga bien hecha, no solo que lave los platos sino que los lave bien, no solo que escriba sino que escriba correctamente.

Da tristeza cada vez que veo las pantallas y me encuentro con errores, con horrores ortográficos. Hay que estar diciéndoles todos los días falta una tilde, esto va con tal letra, eso no va así, por qué, porque aprendieron a escribir y a leer negligentemente. No solo es de leer, sino de leer bien, no solo es de escribir sino de escribir bien. Antes oíamos mucho en nuestra congregación voy a cantar para la gloria de Dios y pasaba a cantar un mamarracho de  cantante. Todo desafinado. Pero si usted si quiere ser alguien en la vida tiene que ser alguien diligente.

Solamente el producto de la diligencia hace que nosotros seamos promocionados. Veamos lo que dice Pablo en 2 de Corintios 9:6-9 Recuerden esto: El que siembra escasamente, escasamente cosechará, y el que siembra en abundancia, en abundancia cosechará. Pero para cosechar hay que sembrar, si siembra poco cosechará poco y si siembra mucho, mucho cosechará, pero si no siembra nada, nada cosechará. Por eso cada vez que pasan recogiendo los diezmos, ofrendas y promesas de fe se ponen muy espiritual y cierra los ojos y se pone a orar, se pone muy atento y se pone hablar con su mujer, con su hijo con tal de no sembrar. No siembre y no recibirá nada, porque el que no da nada, no recibe nada, así de elemental.

Cada uno debe dar según lo que haya decidido en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al que da con alegría. Si usted quiere ser amado por Dios, tiene que dar. Jesús dijo no he venido a este mundo para ser servido sino para servir y dar mi vida en rescate por muchos. Y Dios puede hacer que toda gracia abunde para ustedes, de manera que siempre, en toda circunstancia, tengan todo lo necesario, y toda buena obra abunde en ustedes. Todos queremos tener lo necesario, aparte es tener lo suntuario, para derrochar, para lujos, caprichos. Todos queremos tener lo necesario y por eso dice el Señor Dios puede hacer que toda gracia abunde para ustedes, de manera que siempre, en toda circunstancia, tengan todo lo necesario, y toda buena obra abunde en ustedes  Como está escrito: «Repartió sus bienes entre los pobres; su justicia permanece para siempre.»  El que le suple semilla al que siembra también le suplirá pan para que coma, aumentará los cultivos y hará que ustedes produzcan una abundante cosecha de justicia.  Ustedes serán enriquecidos en todo sentido.

Si algo interpreta el hombre cuando habla que vive en busca de la felicidad – hay una película que tiene este nombre, que habla de un hombre que en medio de su pobreza lo abandona la  esposa y se queda solo con el hijo y se la pasaba viviendo en autobuses, pasando la noche en sanitarios públicos, hasta que al fin logró estudiar para ser corredor de bolsa y logró un trabajo en Wall Street y se hizo rico –. Todo el mundo piensa que para ir en busca de la felicidad es ir en busca del dinero. Todos sabemos que la vida del hombre no consiste en la abundancia de bienes que posee, pero el ser humano promedio piensa que es feliz cuando busca el dinero y lo encuentra. Yo conozco a varios que lo encontraron por millones y no están felices, y usted los conoce también.

Ustedes será enriquecidos en todo sentido, pero Pablo no nos está dando una palabra engañosa, está diciendo la verdad. Muchos de aquí ya saben lo que es vivir en pobreza, pero ahora ya no son pobres, porque ahora Dios ya los bendijo con casa propia; otros con una casa alquilada peros tienen para pagar la renta, otros usaron en sus negocios la plata destinada a comprar la casa y les va muy bien. Ahora tenemos casa, tenemos carro, ya no miramos el sol para ver la hora, ahora tenemos reloj. Ya no vemos el suelo para caminar, porque ya no estamos descalzos, tenemos zapatos. Hay que alegrarse de haber dejado de ser pobres. ¿Para qué? ahí está el meollo, ustedes serán enriquecidos en todo sentido para que en toda ocasión puedan ser generosos. Y para que por medio de nosotros la generosidad de ustedes resulten acciones de gracias a Dios.

Si queremos estar con la paz de Dios, con la voluntad, con la abundancia de Dios  tenemos que seguir obedeciendo los mandamientos de Dios, por algo dice la Escritura: traigan íntegros los diezmos paras los fondos del templo. En el Antiguo Testamento diezmaban ovejas y cuando nacía una oveja tuerta o coja no decían esta vamos a llevar como diezmo al templo. El Señor no acepta ni las tuertas ni las cojas. Tráigame una oveja perfecta. Igual hoy, usted y yo ya no criamos ovejas, pero recibimos cheques y cuando usted lo recibe o le depositan en su cuenta su sueldo de la semana, mil dólares ¿cuánto tiene que traer de diezmo para la iglesia? Cien dólares. Si es de diez mil, mil, si es un millón, cien mil. Es fácil mi hermano, es el diez por ciento de sus ingresos. Cada semana, quincena o mes aparte lo que es para el Señor y lo trae al fondo del templo. Usted, entonces, se convierte en una persona amada por Dios, porque da con alegría. Cristo pagó el precio de tu pecado, pero tú tienes quedar lo que es del Señor.

Alguien me dijo que eso era en el Antiguo Testamento, le dije que le explicaría lo que dice el Nuevo Testamento. Dice en Hechos que los hermanos vendían sus propiedades y traían todo a los pies de los apóstoles. Tráigamelo todo, pues, le dije. Otro vino y me dijo, Pastor, los diezmos que estoy dando son muchos, porque como estoy ganando muy bien. Arrodíllese, le  dije, vamos a orar. ¿Qué vamos a orar? que el Señor le dé menos ganancia. Quiere diezmar menos, gane menos. Todos queremos ganar más, pero  no queremos diezmar más. Queremos cosechar más, pero no queremos sembrar más. Así que si usted nunca ha diezmado, yo lo animo a que lo haga a partir de ahora. Pruebe a Dios. Recibió su sueldo dé el diez por ciento, El Señor le ha dado, empiece a dar con gozo, a sembrar con gozo. Usted dezmaba cuando ganaba poco y como ahora ya gana mucho no diezma. Tenga cuidado, un día se va a unir a las filas de los desempleados y se va a lamentar de no haber sembrado en el reino del Señor.

Quiero orar por dos grupos, los felices que tienen trabajo para que lo hagamos bien, porque un buen trabajo hecho ahora será su mejor carta de recomendación mañana. Y quiero orar por los que no tienen trabajo, vamos a pedirle al Señor para que les provea un trabajo, para que puedan estar no solo en paz con Dios sino que puedan disfrutar la paz de Dios en medio de las circunstancias, para que el Señor les supla. Atrévanse a pedir al Señor que les provea.

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