Sin anotar un gol (código 2016-167) – Radios Fráter
  • mayo 19, 2016

Sin anotar un gol (código 2016-167)

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La gente se emociona cuando su equipo favorito gana un encuentro futbolístico, de baloncesto, de voleibol o lo que sea. Cada equipo tiene un grupo de seguidores, de aficionados y también hay algunos que son fanáticos. Leía en las redes sociales el otro día a una joven que empezó a seguirme y decía mi religión es el fútbol, mi templo es el Bernabéu y mi ídolo es  Cristiano Ronaldo.

Hay gente que se vuelca sobre un deporte y sobre un conjunto deportivo, de tal manera que se apasionan y disfrutan al máximo las mieles del triunfo y sufren al extremo las hieles de la derrota. Todos los fanáticos de un equipo de futbol salen diciendo ganamos, pero la verdad es que los que ganaron son los jugadores que estuvieron en la cancha, los que hicieron el esfuerzo, los que sudaron, los que metieron los goles, los que sufrieron las patadas y, sin embargo, por el mérito de estos jugadores los seguidores se apropian del triunfo, sin meter un gol, sin dar una patada, sin correr un metro, sentados echando panza en la sala. Ellos se dan el mérito de “ganamos”. Los cristianos también tenemos por qué sacar el pecho y levantar la frente y decir ganamos. El único que tiene el mérito de que nosotros hayamos obtenido la victoria sobre el pecado, la victoria sobre satanás, la victoria sobre la pobreza en la cruz del Calvario, es Jesucristo, Él es el campeón de campeones. A Él debemos seguir y  celebrar con apasionamiento, con todo nuestro corazón; porque, cierto, somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó, que en la cruz dio su vida para que podamos tener esta alegría.

Un mérito es un derecho para recibir un reconocimiento por algo que se ha hecho, pero a veces nos robamos el mérito de otros y decimos ganamos. En cambio, Jesucristo siendo Dios se despojó de su divinidad, vino a la Tierra, se hizo hombre para habitar entre los hombres y experimentar todo lo que experimentamos usted y yo. Jesucristo sufrió todo tipo de tentaciones, la única diferencia es que nosotros nos fuimos de boca y Jesucristo las resistió y venció al diablo. Siendo Jesús el creador del cielo y la Tierra, vino al mundo para experimentar lo que es la necesidad del ser humano, para vivir en carne propia la desilusión, el engaño, la traición, la soledad, el éxito, la fama, el fracaso. Todo esto, lo hizo Jesucristo y luego dio su vida para morir en la cruz del Calvario, ninguno  de nosotros sufrimos la corona de espinas que llevó en su cabeza, ninguno de nosotros sufrimos los clavos en nuestras manos, en  nuestros pies. Ninguno de nosotros fuimos despojados de la ropa y exhibidos desnudos, solo Jesucristo tiene ese mérito, pero por los méritos de Cristo podemos decir somos más que vencedores, porque obtuvo la victoria sobre Satanás, sobre el pecado, sobre la enfermedad, sobre la pobreza.

Por eso hoy damos gloria a Jesús, porque somos el equipo ganador. ¿Qué recibe usted por los méritos de Cristo? En primer lugar, recibe la libertad de la necesidad de las buenas obras, para recibir salvación. No necesitamos hacer buenas obras para recibir salvación, hacemos las buenas obras porque hemos recibido la salvación. El apóstol Pablo lo escribió muy claro en Efesios 2:1-9 cuando dijo En otro tiempo ustedes estaban muertos en sus transgresiones y pecados, en los cuales andaban conforme a los poderes de este mundo. Se conducían según el que gobierna las tinieblas, según el espíritu que ahora ejerce su poder en los que viven en la desobediencia. En ese tiempo también todos nosotros vivíamos como ellos, impulsados por nuestros deseos pecaminosos, siguiendo nuestra propia voluntad y nuestros propósitos. Como los demás, éramos por naturaleza objeto de la ira de Dios.  Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados! Y en unión con Cristo Jesús, Dios nos resucitó y nos hizo sentar con él en las regiones celestiales, para mostrar en los tiempos venideros la incomparable riqueza de su gracia, que por su bondad derramó sobre nosotros en Cristo Jesús. Los versículos que siguen, son fundamentales en la doctrina de la salvación de nuestras almas, por eso los subrayé.  8 Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios,  no por obras, para que nadie se jacte.

El hombre, a través de los siglos, ha buscado obtener la salvación con sacrificios personales, pagando con dinero su salvación, pero no es así como se logra sino como dice Pablo: es por la sola fe y por la sola gracia, la fe en el sacrificio que Jesús hizo, en la fe en Jesús. En la edad media, la cristiandad se había apartado de esta enseñanza fundamental del apóstol Pablo. En la edad media se llegaba a Roma y se encontraba con una ciudad totalmente pervertida. Y hubo un monje alemán llamado Martín Lutero que empezó a leer las sagradas Escrituras y llegó a comprender que la salvación era por gracia, era por fe, no era por las obras o por los sacrificios o penitencias o por medio de las indulgencias que una persona hallaba redención para su alma. Y por eso, cuando este monje llegó a Roma, empezó a criticar duramente la vida de lujuria y licenciosa que se llevaba en esa ciudad. Dice que en esa época había más prostitutas que sacerdotes, quienes eran en su mayoría los clientes principales.

Empezó a predicar y no le gustó ver que la gente, para obtener perdón de sus pecados, caminaba de rodillas por las calles y hasta subía grandes y largas escalinatas dejando la piel y la sangre en las huellas de las gradas, para poder encontrar el perdón de pecados. Y él que ya sabía lo que la Biblia decía, se decía esto no puede ser, porque no es por sacrificio humano que somos perdonados, es por el sacrificio que Jesucristo ya hizo que hemos recibido el perdón de pecados. Por eso escribió las 95 tesis y las clavó en las puertas de Wittenberg y empezó a tratar de atraer a todos al camino correcto de las sagradas Escrituras.

En ese entonces la iglesia institucional giraba alrededor de lo que se llamaba bulas y por medio de las cuales la gente podía pagar con dinero sus indulgencias y alcanzar así perdón de pecados. Usted puede dar todo lo que tiene y no alcanzar el perdón de pecados. El orden es inverso, primero se es salvo por la gracia de Dios, por medio de la fe en el nombre de Jesucristo y luego hace obras no para salvarse sino porque ya es salvo. En Efesio 2:1 dice Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica. Puede hacer todas las buenas obras que quiera, puede ayudar a los pobres, a los ricos, a los ignorantes, puede dar todo su dinero, puede hacer todos lo que quiera, pero como consecuencia de que ya es salvo. Por eso decimos que por medio de los méritos de Cristo somos liberados de la necesidad de las obras para recibir salvación, ya no tenemos que hacer buenas obras para recibir salvación, porque ahora la recibimos por la fe en Jesús, por la gracia de Dios y como consecuencia hacemos buenas obras.

En segundo lugar, por los méritos de Cristo se recibe la justificación de sus pescados, sin tomar en cuenta la ley de Dios. Pablo le escribe a los Gálatas 3:10-11 que dice “Todos los que viven por las obras que demanda la ley están bajo maldición, porque está escrito: «Maldito sea quien no practique fielmente todo lo que está escrito en el libro de la ley.» Ahora bien, es evidente que por la ley nadie es justificado delante de Dios, porque «el justo vivirá por la fe». Nadie, antes de Jesús, pudo cumplir toda la ley que estaba escrita en el Antiguo Testamento o en la Torá, como dicen los judíos, nadie. Por eso vino y pudo ser el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, porque Él fue el sacrificio santo y puro que vino a sustituirnos en al castigo. Estaba Jesús en la cruz a punto de morir y a la par dos ladrones. Uno le dijo: Señor, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. ¿Había cumplido la ley ese ladrón? No, por quebrantarla estaba ahí en la cruz y sin embargo, Jesús les dijo hoy estarás conmigo en el  paraíso.

Si usted se muere hoy ¿a dónde se va? Si creyó en Cristo Jesús se va al cielo, así que muérase tranquilo, no va andar penando como alma desorbitada perdida en el espacio. En el momento en el que fallezca será llevado a la presencia del Señor y usted señora o señor que ve morir a su familiar llore, pero no llore con desesperación, porque un día también se va a morir y se va a reunir con sus seres queridos en la presencia del Señor. Allá estaremos juntos para vivir con el Señor por toda la eternidad. He visto a los deudos llorar por el ser querido, pero al poco tiempo los he visto sonreír de nuevo. Claro, ya tomaron posesión del carro del difunto, la casa del difunto, la herencia del difunto y entonces vuelve la sonrisa, por eso antes de morirse comparta lo que tiene, disfrute lo que tiene, traiga sus diezmos porque en vez de traerlos los está guardando para que se los chupe el yerno bolo que tiene.

En tercer lugar, por los méritos de Cristo usted recibe la paz con Dios. Romanos 5: 1 dice En consecuencia, ya que hemos sido justificados mediante la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. Una vez que hemos sido declarados justos, es decir, inocentes, sin culpa. Cuando usted reconoce al Señor Jesús como su Señor y Salvador personal Dios le perdona todos sus pecados y lo declara justo, sin culpa, inocente y entonces disfruta de tener paz con Dios. Todos hemos experimentado alguna vez tener a un ser querido con quien estamos peleados, puede ser la mamá, el papá, un hermano, el cónyuge y todos están sentados en la misma mesa pero no se hablan, están en la misma  cama pero no están en paz y a veces esa situación hace que se separen. Eso es lo que le ha pasado al hombre con Dios, porque Dios es santo y el hombre es pecador y así como el agua y el aceite no se llevan la  santidad de Dios y el pecado del hombre no se llevan, por lo tanto hay un pleito ahí; están separados.

Y a eso vino Jesucristo, por eso dijo en Juan 14:6 —Yo soy el camino, la verdad y la vida —le contestó Jesús—. Nadie llega al Padre sino por mí. ¿Qué hizo Jesús? Construir el camino que conecta a Dios con el hombre, el hombre vive en guerra, en pleito con Dios, pero por la fe en Jesucristo nos reconciliamos con Dios. Es agradable experimentar la reconciliación, respira tranquilo, come en paz y eso es bonito estar en paz con Dios. Si es feo estar en pleitos con la suegra, imagínese estar en pleito con Dios, que sí puede destruirnos en un santiamén. Por eso es que por los méritos de Cristo tenemos la paz con Dios y podemos hablar con Él. Cada vez que oramos hablamos con Dios porque tenemos paz con Él, ya no estamos en pleito.

En Cuarto lugar. Por los méritos de Cristo se recibe la libertad del pecado. Romanos 6:8-23 dice Ahora bien, si hemos muerto con Cristo, confiamos que también viviremos con él. Pues sabemos que Cristo, por haber sido levantado de entre los muertos, ya no puede volver a morir; la muerte ya no tiene dominio sobre él. En cuanto a su muerte, murió al pecado una vez y para siempre — cada vez que  celebramos la cena  del Señor y partimos el pan no estamos crucificando a Jesús otra vez, Jesús fue crucificado una sola vez y para siempre —; en cuanto a su vida, vive para Dios. De la misma manera, también ustedes considérense muertos al pecado.

Cuando se considera así mismo muerto al pecado es una persona a la que pueden maltratar y no responde con maltrato, porque un muerto ya no reacciona, un muerto puede ser tentado con una mordida de cinco millones de dólares y no reacciona, porque está muerto. Por eso Pablo nos enseña que debemos considerarnos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús. Por lo tanto, no permitan ustedes que el pecado reine en su cuerpo mortal —o sea que el pecado mande en nuestro cuerpo, que gobierno, que dé las órdenes a nuestro cuerpo—, ni obedezcan a sus malos deseos. Porque a veces tiene el deseo de darle una trompada a su marido, pero tiene que morir a esos deseos. A veces tiene ganas de echarle matarrata a la comida de la familia, porque ya no los aguanta, pero usted tiene que aguantarse a esos deseos.

13 No ofrezcan los miembros de su cuerpo al pecado como instrumentos de injusticia; al contrario, ofrézcanse más bien a Dios como quienes han vuelto de la muerte a la vida, presentando los miembros de su cuerpo como instrumentos de justicia. Así el pecado no tendrá dominio sobre ustedes, porque ya no están bajo la ley sino bajo la gracia. Entonces, ¿qué? ¿Vamos a pecar porque no estamos ya bajo la ley sino bajo la gracia? ¡De ninguna manera! ¿Acaso no saben ustedes que, cuando se entregan a alguien para obedecerlo, son esclavos de aquel a quien obedecen? Claro que lo son, ya sea del pecado que lleva a la muerte, o de la obediencia que lleva a la justicia. Es cierto que tenemos la gracia de Dios que nos ha perdonado de tantos pecados, de todo pecado pero hay quienes toman este  pasaje para darse permiso de pecar todo el tiempo. Parece que fueran como aquel agente 007 que tiene licencia para matar, así hay cristianos que han tomado esa cita como licencia para pecar, “porque peco, rezo, empato”. Pero Pablo dice: ¡De ninguna manera! Hay que considerarse muerto y parar de pecar.

17 Pero gracias a Dios que, aunque antes eran esclavos del pecado, ya se han sometido de corazón a la enseñanza que les fue transmitida. En efecto, habiendo sido liberados del pecado, ahora son ustedes esclavos de la justicia. Hablo en términos humanos, por las limitaciones de su naturaleza humana. Antes ofrecían ustedes los miembros de su cuerpo para servir a la impureza, que lleva más y más a la maldad; ofrézcanlos ahora para servir a la justicia que lleva a la santidad. Cuando ustedes eran esclavos del pecado, estaban libres del dominio de la justicia. ¿Qué fruto cosechaban entonces? ¡Cosas que ahora los avergüenzan y que conducen a la muerte! Pero ahora que han sido liberados del pecado y se han puesto al servicio de Dios, cosechan la santidad que conduce a la vida eterna.  Porque la paga del pecado es muerte, mientras que la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor.

Por los méritos de Cristo se recibe la libertad del pecado. Aquí hay muchos que han experimentado ser esclavos del pecado. Usted no quiere emborracharse, pero vuelve otra vez a echarse los tragos y termina gastándose todo su sueldo y todavía pide al crédito. Otros han estado esclavizados al adulterio y por más que quieren ser fiel a su cónyuge el carro agarra siempre y se estaciona frente de la casa del “cónyuge” equivocado, hasta que es liberado de ese pecado que lo domina, que lo tiene esclavizado. Ya no quiere drogarse, pero vuelve a drogarse. Ya no quiere fumar, pero vuelve a fumar. Ya no quiere pedir mordida, pero vuelve a pedir mordida. Tal vez un poquito religiosamente usted dice ahora deme una ofrenda. Pero tiene que liberarse de ese pecado, pero por sus propias fuerzas no puede, pero le puedo asegurar que por los méritos  de Cristo hemos sido liberados del pecado y por eso es que nuestro cuerpo ahora sirve a la justicia, no sirve a la iniquidad.

Esos son los méritos de Cristo y por esos méritos se recibe un amor inigualable que debe llevar a amarlo con todo. El amor es bello, es hermoso. El amor de la madre, que bien se disfruta cuando vemos a los niños que pasan al frente a cantar y dicen te amo mami. Tenemos que amarnos, el amor es maravilloso, por la conducta que hemos llevado esclavizados al pecado, hemos hecho que ya la gente no nos ame, a la gente le cuesta amar al bolo, al ladrón, al vago, al ratero, al malcriado, al presumido, al soberbio, al arrogante. La gente huye de aquellos que no son amables y llega un momento en el que ya no los quiere ni su mamá, ya no lo quiere su mujer; su suegra desde qué ratos no lo quiere. Sus hijos ya lo aborrecen, llega un momento en el que sus amigos le huyen porque usted ha vivido esclavizado al pecado y esa conducta de pecado lo ha hecho que sea rechazado.

Le quiero dar una mala noticia, ya nadie lo quiere; pero le voy a dar ahora una buena noticia, hay uno que sí lo ama y es Dios nuestro Señor. Dios lo ama, aunque nadie más lo ame, aunque haya  salido en la portada de las principales revistas nacionales, en las primeras planas de los periódicos, en los noticieros y telenoticieros y que esté en la lengua de todos como un gran sinvergüenza, Dios lo ama todavía y si es como el ladrón que estuvo a la par de Jesús en la cruz y se arrepiente, el Señor le dirá: hoy estarás conmigo en el paraíso, pero de la pena de muerte no te libras sinvergüenza. Pero Dios lo ama. Es un amor inigualable.

1 Juan4:19 dice Nosotros amamos a Dios porque él nos amó primero. Por eso estamos aquí, porque Él nos amó primero y vale la pena. Si usted se apasiona, se emociona, se pone triste, depende del resultado de su equipo, yo quiero decirle que usted debe amar más apasionadamente a Cristo Jesús que a cualquier equipo que sea de su preferencia. Jesús merece nuestro amor, merece nuestra devoción, merece que le demos todo lo mejor, porque por sus méritos tenemos ese amor inigualable. Romanos 5:7-8 dice Difícilmente habrá quien muera por un justo, aunque tal vez haya quien se atreva a morir por una persona buena. Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros. Y gracias a Cristo Jesús hoy estamos vivos, llenos de la paz de Dios, del amor de Dios y si el Señor nos recoge el día de hoy, seguramente, estaremos en la presencia de Dios nuestro Señor.

 

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