Un esposo sometido a Cristo – Radios Fráter
  • septiembre 21, 2016

Un esposo sometido a Cristo

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Dios creó al hombre en el jardín del Edén y aunque lo puso en una situación ideal — no tenía suegra, no había  cuñados, no había nueras, no había yernos, no había entenados ni arrimados, no había maras, no había políticos, ni ladrones ni enfermedades —, pero dijo Dios no es bueno que el hombre esté solo le haré una ayuda idónea y creó a la mujer y fue Dios quien planeó que a partir de entonces todo fuera a través de una familia. Dios estableció un orden divino para traer a la sociedad orden, paz, armonía y eso es a través del hogar, de la familia. Vamos al Nuevo Testamento y Pablo, en Filipos en la cárcel que se abre y el carcelero que le grita, y ahora ¿qué debo hacer para ser  salvo? Mi vida está expuesta a la muerte, porque posiblemente los prisioneros se han escapado, aunque ninguno escapó. En Hechos 16:3, le dice: Cree en el Señor Jesús; así tú y tu familia serán salvos. 

Hemos estado en los últimos 38 años, aquí en la Fráter, diciendo que somos una iglesia cristiana para la familia y seguimos esforzándonos, porque cada vez más hay ataques en contra de la familia, por eso estamos con esta serie que se llama “Familias sobre la roca”, y hace tres semanas comenzamos la parte que se llama “Familias sometidas a Cristo”, quien es la roca.

Toda familia que reconoce a Jesucristo como su Señor y Salvador personal y construye su familia sobre la doctrina de Cristo, sobre la fe en Cristo es una familia que va a contribuir a la sociedad con su buena conducta y aportará mucha paz. Estamos utilizando como base bíblica Efesios 5:22; 6:4 para tratar estos temas. En Efesios 5:21 leímos: Sométanse unos a otros, por reverencia a Cristo. Esta es la clave para tener familias donde existe orden, amor y paz. Aprendimos que no es lo mismo someter a una persona a que esa persona se someta voluntariamente a nuestro Señor Jesucristo y a su familia. Someter, es siempre imposición, siempre es violencia, fuerza, pero someterse es una rendición, es una entrega voluntaria que hacemos al aceptar la autoridad de otra persona. Por eso hablamos que una esposa sometida a Cristo es más fácil que pueda estar sometida a su esposo.

En Efesios 5:22 leímos la semana pasada Esposas, sométanse a sus propios esposos como al Señor. El esposo no tiene por qué someter a su esposa ni obligarla, ni imponerle manos con fuerza para que ella se sujete. Es un acto voluntario de cada esposa, cada esposa reconoce que en el hogar el esposo es el líder, acepta el liderazgo de su esposo, reconoce esta autoridad como lo hace con la autoridad de Cristo. También citamos las opiniones del Pastor John Piper, quien dice que la sumisión o sometimiento no es estar de acuerdo con todo, no es dejar su cerebro en el altar, no significa que no trate de influir en su esposo. No es poner la voluntad del esposo antes que la voluntad de Dios y no significa que obtiene toda su fuerza espiritual de su esposo. No significa vivir o actuar con temor. Según el Pastor Piper el sometimiento, en el matrimonio como sumisión o sometimiento,  es el llamado de la esposa a honrar y afirmar el liderazgo de su esposo y ayudarle a llevarlo a cabo de acuerdo a sus talentos.

Ahora, hablemos de los esposos. Efesios 5:25-33 dice Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella. El estándar que nos pone es alto, nos pone como referencia el amor de Cristo, el amor de Dios por la iglesia. Cristo se entregó por ella para hacerla santa. Él la purificó, lavándola con agua mediante la palabra, para presentársela a sí mismo como una iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección, sino santa e intachable. Todos queremos una esposa así, intachable, radiante, sin arruga ni ninguna otra imperfección sino santa. ¿Se puede tener una esposa así? Claro que se puede, pero necesitamos seguir el ejemplo de Cristo, porque somos los esposos los que hacemos que la esposa esté radiante. Ve a una esposa marchita, va a ver a un esposo pura lata. Ve a una esposa radiante, va a ver un esposo a todo dar. Una esposa feliz, radiante es porque tiene un esposo que le ama, pero uno que la somata, en vez de amarla, va a tener a una mujer marchita. Conocer la clase de esposo que es una persona mire a su esposa, eso va a decir mucho de él.

Así mismo el esposo debe amar a su esposa como a su propio cuerpo. El que ama a su esposa se ama a sí mismo, pues nadie ha odiado jamás a su propio cuerpo; al contrario, lo alimenta y lo cuida, así como Cristo hace con la iglesia. Nos gusta comer todos los días, así como le gusta comer debe procurar que su esposa coma bien, por qué solo usted se va a dar gusto. Llega con su esposa a contarle que comió rico en tal restaurante, y la pobre comiendo frijoles y tortillas. Así como a usted le gusta alimentarse bien, debe procurar que su esposa sea bien alimentada. Así como a usted le gusta vestirse bien, debe procurar que su esposa esté bien vestida.  Porque somos miembros de su cuerpo. «Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos llegarán a ser un solo cuerpo.» Esto es un misterio profundo; yo me refiero a Cristo y a la iglesia. En todo caso, cada uno de ustedes ame también a su esposa como a sí mismo, y que la esposa respete a su esposo.

¿Cuál es el mandamientos más grande? le dijeron a Jesús, ¿cuál es el mandamiento más importante? Y Jesús les respondió: amen a Dios con todo su corazón, con todas sus fuerzas, con toda su alma y a su prójimo como a sí mismo. ¿Quién es su prójimo? Su mujer. Acaso no duerme con ella o dormía, no sé. El prójimo es el más próximo, es más fácil amar a alguien allá en El Cambray 2 y enviarle a regalar algo, que amar a aquel que está a la par suya todos los días y a ese no le da ni los buenos días. Por eso aquí concluye Pablo y dice que cada uno de ustedes ame a su  esposa como a sí mismo, no le hagas a tu esposa lo que no quieras que te hagan a ti.

Vamos a Efesios 5:28. Así mismo el esposo debe amar a su esposa como a su propio cuerpo. El que ama a su esposa se ama a sí mismo. Amémonos a nosotros, pero también amemos a nuestra pareja. Así que el  esposo tiene que darle prioridad a su mujer, dice dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y los dos serán una sola carne. Eso de dejar al padre y a la madre, ya hablaremos más adelante de cómo honrar a los padres. Cuando  se casa decimos que el casado, casa quiere, pero ahí está usted, como decimos en Guatemala, zampado con su papá. Deje ya que los viejos descansen, además está acostumbrado a preguntarles a sus papás de todo, porque así creció. Las mamás están acostumbradas a que los hijos les pregunten de todo desde chiquitos, pero cuando ya tiene 25 años ya no, ahora pregúntele a su mujer.

Recuerdo a una pareja que me tocó atender, a ella consolarla y a él orientarlo. Ella me contó que la causa del divorcio era que su esposo padecía de “mamitis aguda”, todo se lo consultaba a la mamá, hasta para salir. Le dije que no tenía por qué llevar siempre a su mamá, que la dejara viendo televisión. No siempre hay que cargar con los suegros ni de ella ni de ustedes los esposos, ni preguntarles por las compras de muebles, son cosas que ustedes deciden, que su mujer escoja. Dos veces hay que cortar el cordón umbilical, una cuando usted sale del vientre de su mamá, y después hay que cortar el cordón psicológico, de dependencia del hijo con la mamá. Habrá oportunidades en las que tendrán que invitar a los viejos, pero debe amar a su esposa como a sí mismo y darle prioridad a ella, cuidarla con todo su corazón.

¿Qué significa esposos amen a sus esposas, así como Crista amó a la iglesia y se entregó por ella? Significa que el esposo, el líder del hogar ama en el día a día como Cristo amó y esto es hasta la muerte. Cuando se inicia en el noviazgo se enamora y llega a su casa y está dispuesto a esperarla hasta que termine de arreglarse, y cuando baja con la ropa que lleva puesta muestra hasta el alma. Le dice que se la cambie. Otra media hora y usted espera. Pero cuando ya se casa y llega el domingo, el día del Señor. Hay que ir a la Fráter a servir, usted le exige a su mujer que se apure y en vez de esperarla media hora se mete al carro y empieza a bocinar, arranca, acelera. Al fin baja la pobre señora con la joyas en una mano, el maquillaje en la otra y apena alcanza a meterse al carro y usted arranca. Cómo cambian las cosas.

Tenemos que amar a nuestra esposa en el día a día y si esto implica darle tiempo para que se arregle, que se arregle. Nuestras señoras necesitan arreglarse, si las queremos ver radiantes debemos dejarlas que se arreglen. A nadie le gusta andar con una señora toda fachuda, por eso hay que darle amor todos los días para que se cuide. Dedíquense tiempo. Amor he dicho que se deletrea: t-i-e-m-p-o, amar a nuestra esposa cada día es dedicarle tiempo. De novios se sentaba junto a ella y le hablaba horas de horas solo tonteras. Ahora casados usted ya no tiene tiempo de hablar con su pareja. A usted no le queda más remedio que escucharla, escúchela. Deje de ver la televisión. Quítele volumen o apáguela, escúchela, ámela, porque amar implica sacrificio como hizo Jesucristo.

Satisfágala en aquellas cosas que a ella le gustan, por ejemplo, a ella le gusta que usted se bañe, báñese; le gusta que se rasure, rasúrese; que tenga una barba bien recortada, recórtesela. Le gusta que se cierre la camisa hasta arriba, ciérresela. A usted le gustaba enseñar la barriga, a ella no, o al revés, a ella le gusta que ande mostrando todo el pecho peludo, complázcala. Cuando uno se casa por amor tiene que sacrificarse y eso es incomodar su propia vida, cambiar su estilo de vida, por amor a su pareja. A ella le gusta que se siente a comer con ella, hágalo. Le gusta tomar café a las 3 de la tarde y usted está con ella, tome café con ella. Sacrifíquese, dele gusto. Amar significa negarse a uno mismo por amor a otro.

Además vea lo que dice 1 Corintios 7:1-5 Paso ahora a los asuntos que me plantearon por escrito: Es mejor no tener relaciones sexuales. Pablo había tomado una vida de célibe y por eso hizo una obra misionera extensa y escribió muchas epístolas porque no tenía suegra que atender ni cuñados, ni nueras, ni hijos, ni esposa.  Pero en vista de tanta inmoralidad, cada hombre debe tener su propia esposa, y cada mujer su propio esposo. Nada que la sucursal, una para  el fin de semana y otra para el curso de la semana. No, su propia esposa, cada oveja debe tener su propia pareja. Recuerde que más vale vieja conocida que joven con sida, tenga cuidado. Tome en cuenta el siguiente versículo. El hombre debe cumplir su deber conyugal con su esposa, e igualmente la mujer con su esposo. Se le llama deber conyugal, tener relaciones sexuales con la esposa, porque cuando se casa adquiere deberes y uno de los deberes es tener relaciones sexuales con su esposa. Cuando usted es soltero busca pero como ella es de la Fráter le dice no, pero ya casado esa señora que también es de la Fráter le debe decir, sí hay.

Señora, usted tiene un deber conyugal con su esposo. Señor, usted tiene un deber conyugal con su esposa y ambos tienen, según leímos en 1 Corintios 7, que cumplir con el deber. Otra vez, no se trata de someter, no va a llegar a su casa y decirle: cumple con tu deber. No, siempre tiene que ser con esa actitud de someternos unos a otros por reverencia a Cristo. ¿Le agrada a Cristo que usted como esposa tenga relaciones sexuales con su propio esposo? Si. ¿Le agrada a Cristo que usted como esposo tenga relaciones sexuales con su esposa? Si. Aparte de amar, es esa parte física, emocional interesante.

Pero hay más. La mujer ya no tiene derecho sobre su propio cuerpo, sino su esposo. Tampoco el hombre tiene derecho sobre su propio cuerpo, sino su esposa. Esto nos llevaría  muchas horas para hablar sobre este tema porque ahora se dice” yo hago con mi  cuerpo lo que quiero. Usted señora ya no es dueña de su cuerpo, ahora el dueño de su cuerpo, en primer lugar, es Cristo y en segundo lugar su esposo. El esposo tampoco pude decir “mi cuerpo”. Era, ahora es de su esposa. Además, la Biblia dice que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo. Así que el dueño principal es Dios y Dios que nos concede entregarnos a nuestra pareja. Por lo tanto señora, no puede decir que es su cuerpo y abortar cuando le venga en gana. No, no es su cuerpo, es de Dios y de su esposo, por eso debe tomar en  cuenta a su esposo, siempre. La mujer ya no tiene derecho sobre su propio cuerpo sino su esposo, tampoco  el hombre tiene derecho sobre su propio cuerpo sino su esposa.

No se nieguen el uno al otro, a no ser de común acuerdo, y sólo por un tiempo, para dedicarse a la oración. Pero como yo sé que no se dedican a la oración, ni siquiera tienen esa excusa. No se nieguen el uno al otro, por eso amar a su esposa como Cristo amó a la iglesia quiere decir sacrificarse. Usted llega a su casa después de un día de trabajo en el hospital, lo que quiere es descansar pero su esposa lo espera en un ambiente romántico. Lo que le queda es tomar fuerzas de flaqueza. No se puede negar a su esposa, no le puede decir que ya no aguanta. Pongámoslo del otro lado. Llega el esposo entusiasmado, ese día le aumentaron el sueldo, está contento, hizo buenas ventas. Llega con su esposa y la pobre está cansada, porque lidió con los hijos todo el día. Ha tenido mucho que hacer y usted llega muy romántico, hasta chocolates le lleva. Le dice, amor, el día ha sido bueno, solo falta ponerle la guinda al postre. Piénselo bien, señora, antes de decirle que no, que  le duele la cabeza, que le duele la espalda, no tengo ganas. Porque se está perdiendo posiblemente la última oportunidad en la vida de qu su esposo llegue entusiasmado. No le baje la moral, porque después no se la va a subir. Por eso dice Pablo no se nieguen el uno al otro. Hay parejas que han dejado de tener relaciones por décadas, simplemente porque se empezó a negar. Entonces él o ella dijeron se acabó aquí la cosa y empiezan a surgir  otro tipo de problemas. Aquí los describe Pablo no se nieguen el otro al otro de no ser de común acuerdo, de lo contrario, dice, No tarden en volver a unirse nuevamente; de lo contrario, pueden caer en tentación de Satanás, por falta de dominio propio.

Esposos, amen a sus esposas implica a veces sacrificio con tal de satisfacer a nuestra a pareja. Conozca lo que le disgusta y cambie todo lo que deba cambiar. Si no le gusta que sea mal hablado, aunque sea de oriente, cambie su manera de hablar, aunque así lo haya hecho toda la vida. Empiece a cambiar su léxico, si a ella no le gusta su forma de hablar. Conságrese a Dios para tener su corazón conforme la voluntad de Dios para amarla. Además provéale lo que ella necesita. Esto significa que el esposo, el líder de la casa ama y cuida a la esposa en el día a día como a su propio cuerpo. Para andar uno bien, hay que gastar un poquito, en el vestuario, en el barbero, en el lustre de los zapatos, en la maquinita para afeitarse, tiempo para afeitarse para lucir bien presentable y también para que la esposa luzca bien presentable, radiante como Cristo quiere a su iglesia también cuesta plata.  Y si la quiere sin arrugas, si quiere mejorar algunos aspectos físicos de su esposa le va a costar más plata todavía, también en el caso de problemas de salud donde tiene que pagar médico, exámenes, pagar hospitales.

Tenemos que proveer para nuestra gente. ¿Qué dice 1Timotseo 5:8  El que no provee para los suyos, y sobre todo para los de su propia casa, ha negado la fe y es peor que un incrédulo. La única manera de ser peor que un incrédulo es no proveer para las necesidades materiales de nuestra familia. Si la ama como Cristo amó a la iglesia, sacrifíquese. Amar como Cristo es sacrificarse, incomodar nuestro estilo de vida para agradar a nuestra esposa y servirle. De soltero le gustó estar con los amigos en las noches jugando fut en el barrio, cuando se casa y a su esposa le gusta que usted esté con ella, debe sacrificarse y dejarse meter el clavo como Cristo en la cruz, el otro clavo, clavo en los pies y bien clavado amando a su esposa.

Hay muchas cosas que uno tiene que cambiar por amor a su esposa y una es: en el trabajo cuando le pagaban se metía toda la plata en la bolsa, se la gastaba como le daba la gana; pero, al casarse, ya no es su plata, ahora es “nuestra plata”. Ahora cuando llega a su casa su esposa lo espera y le dice caiga aquí con la plata, hay que pagar la casa, el mercado, el seguro, el colegio. Y usted dirá ¡Ah, malaya aquellos tiempos! Cuando me lo chupaba todo. Ahora no es su plata, ahora es para proveer para su familia, para comprarles de todo, vestuario, zapatos. Si quiere ser peor que un incrédulo deje de proveer para su casa. Esa debe ser la gran satisfacción de todo varón: proveer para su casa. Claro, las leyes de Guatemala dicen que si usted no puede proveer y ella sí, ella tiene que proveer. Si usted señora acostumbró a su marido a recibir, es su problema, pero la responsabilidad, sobre todo en la época de Pablo, es que el hombre provea.

Invierta en lo que ella necesita. Usted quiere una moto de lujo, pero su esposa le dice que necesita una lavadora y una secadora, pero no haga como aquel que le llevó una cubeta y un lazo. No sea pronto para hablar cosas de las que luego se arrepiente, por ejemplo, en un momento dado, están los amigos y familiares en la casa, han pasado los años, su esposa ha ganado peso y usted dice ante todos: ella ya no se sienta, se desparrama. Muérdase la lengua y no diga cosas así porque cuando se vayan sus amigos a usted le van a desparramar otras cosas. No abra la boca tan fácilmente para ofender. Ella también puede decir que cuando se casaron usted era un galán y ahora parece un galón. Cuidado con lo que dice, porque cuando se casó dijo para bien o para mal, en salud o enfermedad, en pobreza o en riqueza, hasta que la muerte nos separe. Y en mi versión personal le añado y no se vale matar al cónyuge.

Amar como Cristo no es así de fácil, pero es lo que necesitamos. Todos los esposos hemos ofendido alguna vez a nuestra esposa, el único que no lo ha hecho es el soltero. ¿Qué nos queda cuando hemos ofendido a nuestra esposa? Pedir perdón, perdonar. Como diría el cómico mexicano que ya en paz descansa “se me chipoteó”. A veces pensamos después de que hablamos, pero si hemos ofendido no nos queda más que pedir perdón y buscar la restauración, si la hemos lastimado. 1 Pedro 3:7, dice, De igual manera, ustedes esposos, sean comprensivos en su vida conyugal, tratando cada uno a su esposa con respeto, ya que como mujer es más delicada – en la versión de RV del 60 dice que ella es vaso más frágil–, y ambos son herederos del grato don de la vida. Así nada estorbará las oraciones de ustedes. A veces las oraciones no son contestadas, porque estamos tratando mal a nuestra esposa.

Si quiere que Dios le conteste sus oraciones, trate bien  a su esposa, porque a Dios le agrada que trate usted a su esposa como le agrada que Cristo trate bien a su iglesia. Cristo nos trata bien, nos ama, nos perdona, nos provee, nos ayuda, nos soporta, nos aguanta. Igual nos toca con nuestra esposa, igual que Cristo con la iglesia, nos toca amarla y vivir como dice Pedro con comprensión, ser comprensivo, es más delicada. Recuérdese que Pedro sí estuvo casado, supo lo que es tener esposa, supo los que es tener suegra. Un día llegó Jesús a la casa de Pedro, estaba enferma su suegra y le pidió a Jesús que orara por ella y oró por ella y se sanó.

Sigamos con 1 Pedro 3:8-10, En fin, vivan en armonía los unos con los otros; compartan penas y alegrías, practiquen el amor fraternal, sean compasivos y humildes. No devuelvan mal por mal ni insulto por insulto; más bien, bendigan, porque para esto fueron llamados, para heredar una bendición. En efecto, el que quiera amar la vida y gozar de días felices, que refrene su lengua de hablar el mal y sus labios de proferir engaños; que se aparte del mal y haga el bien; que busque la paz y la siga.

Hombres solteros y casados, conságrense a Dios y desarrollen su carácter cristiano, ser esposo es vivir para morir por nuestra pareja. Hay muchas cosas que hemnos dejado de hacer por agradar a nuestra pareja, hay muchas relaciones que hemos cortado por amar a nuestra pareja. Hay muchos vicios que teníamos, que hemos dejado por amar a nuestra pareja y agradarla. Igual es nuestras relación con Dios, por amor a Dios dejamos toda clase de vicios, toda clase de malas crianzas, toda clase de mala conducta.

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