El ministerio de la consolación (código 2016-341) – Radios Fráter
  • septiembre 28, 2016

El ministerio de la consolación (código 2016-341)

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Mateo 5:13-16 dice en el Sermón del monte Nosotros somos la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. Una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.  Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa.  Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. Aun, cuando somos la sal y la luz del mundo, el Señor nos ha prometido algo, en las últimas bienaventuranzas, versículos previos dicen, en Mateo 5:10-12,  

Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.

 El Sermón del monte habla de la justicia del reino, de cómo debemos vivir como siervos de la justicia del reino, que no es un concepto o un conjunto de normas y leyes expresadas en letra. La justicia del reino se define perfectamente en 2 Corintios 5:21 donde dice Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él. Así que la justicia del reino es Jesucristo, debido de la predicación del Evangelio que habla de la justicia del reino tendremos aflicción en nuestro peregrinar en este mundo. Sin embargo, el Señor ha provisto de Su consuelo. Se recuerdan de Juan 16 cuando el Señor dice que nos convenía que se fuese, porque si no el Consolador no vendría. Más al irse nos lo enviaría y le llama al Espíritu Santo como parakletos: consolador.

Me encanta Romanos 15:4 también dice que por la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza. Así que el Señor está enfocado en el ministerio de la consolación, así hemos titulado esta reflexión  porque cuando Su pueblo lleva a cabo el ministerio de la justicia de Dios en este mundo sufrirá aflicción. 2 Corintios 4:17-18 Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas. En este mundo tendremos aflicción pero que confiásemos en el Señor, porque Él ha vencido al mundo, así que por causa de la justicia el pueblo del Señor va a sufrir aflicción y tribulación en este mundo, sin embargo, el Señor está ocupado en proveer de consuelo a Su pueblo mientras este es la sal y la luz de la Tierra. Cuando somos la sala y la luz sufriremos aflicciones en este mundo a causa de Su justicia pero Dios está enfocado en el ministerio del consuelo.

Consuelo no es apapachar, todo va a estar bien, no va a pasar nada. Consuelo viene de la palabra “confort”, que a su vez viene de la expresión con fortaleza. El señor busca fortalecer a su pueblo a través  del consuelo para que lleve a cabo el ministerio del Evangelio, que es la proclamación de la justicia de Dios a través del sacrificio de Cristo. Romanos 5:1 dice justificados mediante la fe, tenemos paz con Dios. Dios nos justifica por la fe a todo aquel que cree en el pago propicio por nuestros pecados que fue la sangre preciosa de nuestro Señor Jesucristo derramada en la cruz del Calvario, pero no solamente nos ha salvado por fe, Romanos 1:17 Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá. Así que cuando Dios se revela a nuestras vidas no solamente es para salvarnos del pecado y de la muerte sino para rehabilitar nuestras vidas, para darnos libertad y poder  ejercer el ministerio de la justicia de Dios que es Cristo. En una palabra, para ser discípulos, para realizar la Gran Comisión y llevándola a cabo pagaremos un precio: el repudio del sistema de valores de este mundo que es en contra de la verdad, y Jesucristo dijo: Yo soy el camino, la verdad, y la vida.  Nadie viene al Padre sino por mí (Juan 14:16).

Así que mientras la Iglesia realiza este ministerio de proclamar la justicia del reino que es en Cristo Jesús, sufrirá aflicción, pero el Señor tiene preparado su consuelo y es exactamente lo que vamos a ver en 2 Corintios 1, el ministerio del consuelo. Expongamos una premisa, solemos preguntarnos ¿por qué Dios permite la aflicción sobre Su pueblo? Esta era una pregunta que se hacía Asaf en el Salmo 73 cuando decía siento punzadas en mi corazón viendo la prosperidad de los impíos — que son los que no toman en cuenta a Dios en sus vidas, que no tienen congojas por su muerte —. Por tanto, la soberbia los corona; Se cubren de vestido de violencia. Los ojos se les saltan de gordura. Logran con creces los antojos del corazón. Y a mí todo el día me disciplinas.

Salmo 73:17-20 Hasta que entrando en el santuario de Dios, Comprendí el fin de ellos. Ciertamente los has puesto en deslizaderos; En asolamientos los harás caer… Como sueño del que despierta, Así, Señor, cuando despertares, menospreciarás su apariencia. En cuanto a mí, acercarme al Señor es el bien. ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti en la tierra nada deseo, mi carne y mi corazón desfallecen, más la roca de mi salvación eres tú por siempre. He puesto en el Señor mi esperanza para contar todas sus obras. Y esta era una pregunta de Asaf, Señor, lo impíos prosperan mientras tus hijos son afligidos en diversas pruebas y dijera el apóstol Pedro para que sometida a prueba nuestra fe mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego sellada en alabanza y honra cuando nuestro Señor se manifieste.

¿Por qué Dios permite la afición sobre la vida de su pueblo? Es la gran pregunta. Y la vamos a contestar en 2 Corintios 1:1-11. Esta primera frase me ayuda a recordar un versículo hermoso, Hechos 20:24 que debiéramos siempre considerar para encontrar el consuelo de Dios en medio de cualquier aflicción de nuestra vida por causa de la justicia.  Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios. A Pablo, apóstol del Señor Jesús, no lo envió nadie. Ninguna denominación, no lo enviaron un concilio ni los hombres, lo envió el Señor Jesús. No hacía caso de las cosas temporales, sus ojos estaban puestos en lo eterno, porque sabía quién lo había enviado. En Hechos 9, en el camino a Damasco, el Señor mismo se le presentó y Él mismo lo envió a ser testigo del Evangelio. Dios en Su voluntad soberana llamó a Pablo cuando él no lo buscaba y dice Romanos 3:9 que no hay quien busque a Dios sino que Dios te buscó a ti, Pablo iba caminando en contra de la Iglesia cuando una luz lo derribó y escuchó una voz que le decía: Saulo, Saulo ¿por qué me persigues? El dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón (Hechos 9: 4- 7). Pablo sabía perfectamente quién lo había enviado ¿sabes tú quien te ha enviado? Es según la voluntad de Dios, no la voluntad de ningún hombre, de ningún concilio.

Le escribe a la iglesia de Dios que está en Corinto con los santos que están en toda Acaya y podríamos decir en Guatemala también. ¿Quiénes son los santos? Aquellos que han sido apartados de la muerte, apartados de la ignorancia, apartados de las tinieblas, de las vanidades de este mundo, apartados para llevar un propósito. Así que esta carta está escrita para la Iglesia, para ti, para los santos, para proveer de consuelo a su pueblo atribulado por causa de Su justicia, de Su pueblo testigo del Evangelio que sufre penalidades en este mundo, por causa de anunciar la buena nueva de salvación.

Así que en 2 Corintios 1:1-11 Pablo introduce y dice que ha sido enviado por Jesucristo, conforme la voluntad de Dios y le escribe a la iglesia y a los santos y les dice: Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Y siempre recuerda, en la Biblia la palabra paz no significa el sentimiento subjetivo del alma sino la reconciliación con Dios. Y esta reconciliación con Dios no es por obra del hombre sino por la gracia de Dios. Concluimos el pensamiento de esta manera, La Biblia no habla de lo que el hombre tiene que hacer por Dios, habla de lo que Dios hizo por el hombre, es por Su gracia que envió a Su Hijo para hacer la paz con el hombre que por su pecado era enemigo de Dios, es lo que dice Romanos 5. Así que el resultado de la gracia es tener paz con Dios, Dios tomó la iniciativa para pacificarnos  través del sacrificio de Jesús.

El primer consejo que nos da Pablo, es que cuando esté pasando por cualquier tribulación, por cualquier prueba, por cualquier angustia, aun cuando no lo entiendas, míralo lo que dice: Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación. Cuando estés pasando por cualquier aflicción por cualquier prueba, lo primero que tienes que hacer para encontrar el consuelo de Dios  es doblar tu rodilla, no busques entender, dobla tu rodilla y dile: bendito sea el Padre de nuestro Señor Jesucristo, padre de misericordias y Dios de toda consolación. Y esto me recuerda lo que el Señor le dijo a Pedro en el Aposento Alto cuando le iba a lavar los pies y este se rehusó a aceptarlo y le dijo: si no te lavare no tendrás parte conmigo, lo que hago ahora tú no lo entiendes, pero lo entenderás más tarde.

Y debemos confiar que Dios no nos ha llamado a entender, imagínate si tuvieras que entender los misterios del reino para tener acceso a la salvación, va más allá de nuestro entendimiento, es una obra preciosa de Dios, Cuando estamos en aflicciones debemos tener la perspectiva no terrenal sino de lo que viene de arriba. Como dice 1 Corintios 13 cuando estés delante de Su presencia sabrás cómo fuiste conocido. Esto quiere decir que conocerás toda la historia de salvación y todo el propósito de salvación que Dios tenía para tu vida, en cualquier circunstancia. Romanos 8:28 esto sabemos que los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien, a aquellos conforme a su propósito fueron llamados.

Así que cuando estemos delante de Dios conoceremos la obra maestra que Dios tejió, aun cuando en tu perspectiva terrenal no tenías la capacidad de entenderlo, pero cuando estés en Su presencia conocerás cómo fuiste conocido y verás la obra maestra. Por lo tanto, cuando estés en diversas pruebas lo primero que Dios nos dice a través del apóstol Pablo es que debemos decir: Bendito sea Dios, el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y de toda consolación. ¿Qué significa misericordia? Quiere decir que Dios no te ha dado lo que tú mereces, nunca se lo pidas a Dios lo que mereces, porque si te da lo que mereces no te la acabas. Siempre es por gracia, Dios nos ha dado lo que podíamos merecer. Así que cuando estés en la tribulación bendice, alma mía, al Señor y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor y no olvides ninguno de sus beneficios. El  perdona todos tus pecados, sana todas tus dolencias, él que rescata del sepulcro tu vida (Salmo 103: 1-4).

La promesa. el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones. Recordemos que les está hablando a los santos, a la iglesia. Dios se compromete a consolar, reconfortar, fortalecer a Su Iglesia en todas sus tribulaciones. Bendice al Señor y recibe esta promesa, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones. Ya vimos la promesa, ahora el propósito, por el cual Dios permite las pruebas es para que podamos también consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. Vimos la promesa en todas nuestras tribulaciones y ahora vemos el propósito. Dios permite las pruebas no solo para que experimentes el consuelo de Dios sino para que también te conviertas en un instrumento de consolación, que participe junto al consolador, Juan 16, y junto a la consolación de las Escrituras, Romanos 15:4. Así cuando se tiene esta perspectiva dada por el Espíritu Santo en medio de la aflicción, entonces sabes que Dios te está convirtiendo en un instrumento de consuelo.

Es fastidioso oír a una persona tratar de consolar a otra cuando jamás ha experimentado la tribulación, pero qué maravilloso es cuando una persona transmite de gracia lo que ha recibido de gracia que es el consuelo de Dios cuando lo ha experimentado. Por eso la Biblia dice en Mateo 5:3-4  Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.  Bienaventurados los que lloran. El mundo jamás diría bienaventurados los que lloran, porque el sistema de valores de este mundo es bienaventurado los que ríen, pero la Biblia dice que ay los que ríen porque mañana se lamentarán. Felices y dichosos los que lloran su condición de pecado. Felices y dichosos los que les duele su raza caída, porque ellos recibirán fortaleza para agradar a Dios, no en la carne sino en el poder del espíritu, es lo que dice Romanos 8:1 ninguna condenación hay para los que están en Cristo, los cuales no buscan agradar a Dios en su carne sino en el espíritu. Así que la promesa en todas nuestras tribulaciones es el propósito para poder consolar a nuestros hermanaos con un evangelio que ha consolado nuestras vidas. No puedes dar lo que no tienes.

Ahora veamos los parámetros de la consolación, Dios se compromete a consolar dentro de estos parámetros. Sigamos con 2 Corintios: Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación. Así que el parámetro en el que el Señor se compromete a consolar a su pueblo es por las aflicciones a causa de la justicia, a causa de Cristo. Cuando eres vituperado a causa de tu fe, cuando te cierran la puerta, cuando te desheredan, cuando te corren por no coludirte con un jefe que busca que transgredas la justicia de Dios y vivas de otra manera a la que fuiste llamado en Cristo, vas a padecer, probablemente seas despedido pero el Señor se compromete a fortalecerte en esa tribulación. El Señor se compromete a estar contigo, como dice el Salmo 23: 1-4, El Señor es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma. Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo. Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.

Así que vimos Su promesa que es consuelo en todas nuestras tribulaciones, vimos  el propósito. Ahora entendemos que Dios permite la aflicción en su pueblo para que nos convirtamos en un cuerpo de Cristo que pueda transmitir consuelo, para consolar a los demás con el consuelo que Dios nos ha consolado. Número tres. Conforme a los parámetros de la aflicción por causa de Cristo. Número cuatro, la comunión con el cuerpo de Cristo, nuestro parentesco, la promesa, el propósito, los parámetros. Pero si somos atribulados, es para vuestra consolación y salvación; o si somos consolados, es para vuestra consolación y salvación, la cual se opera en el sufrir las mismas aflicciones que nosotros también padecemos.  Y nuestra esperanza respecto de vosotros es firme, pues sabemos que así como sois compañeros en las aflicciones, también lo sois en la consolación.

Nunca cometas el grave error de desarraigarte, mutilar el cuerpo de Cristo que es la Iglesia, de la comunión, porque Dios consuela a Su pueblo a través de Su Espíritu, de Su Palabra y de la comunión con el cuerpo de Cristo, somos compañeros en las aflicciones. ¿Cómo opera la consolación? Cuando sufrimos las mismas aflicciones por los mismos parámetros que Cristo. Qué hermoso es llegar a mi iglesia, a mi célula y tener comunión con mis hermanos que están peleando la misma batalla que yo y nos consolamos unos a otros con la esperanza. Juan 8:31-32 Dijo entonces Jesús a los que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Libres de la mentira, libres de las tinieblas. Libres de la esclavitud del pecado, pero libres para realizar su propósito también. Pablo empieza a predicar la verdad, empieza a liberar a muchos efesios, dejan de comprar los templos a Diana y empiezan a atacar a Pablo.

Pablo sabía lo que era padecer a causa del Evangelio. Podía transmitir consuelo, porque lo había recibido. Cuando estés en una tribulación ten perspectiva. Señor, no solamente me voy a ensimismar en mi problema, voy a entender que estás produciendo en mí un instrumento de consuelo. Cuando tienes esta perspectiva recibirás doble porción  del consuelo de Dios. Cuando sabes que estás en la tribulación para recibir consuelo para consolar, Dios te consolará doblemente. Es la misma manera que cuando enseñamos la Palabra de Dios y discipulamos doblemente. Hechos 20 más bienaventurado es dar que recibir, porque el que da tiene doble porción. Pablo había sufrido, pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida. Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte. Se había dado cuenta que iba a perder la vida. Este consuelo es tan poderoso que puede consolar las tribulaciones más profundas de este mundo, tiene la capacidad de consolar a la madre que ha perdido a un hijo.

El poder del consuelo. Vimos la promesa, el propósito, los parámetros, el parentesco y ahora veamos el poder. Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos. El poder del consuelo es aquel poder que llegó a Job cuando dijo: yo sé que mi redentor vive y aun desecha esta mi carme, con mis ojos habré de ver a mi Dios. El poder de nuestro consuelo radica en la resurrección de entre los muertos. Si Cristo no resucitó de entre los muertos ¿qué estás haciendo aquí? Comamos y bebamos, porque mañana moriremos, vana es nuestra predicación, vana es tu fe. Somos hallados falsos testigos porque predicamos fundamente que el poder del consuelo está en la resurrección de entre los muertos, la que no ocurrió si los muertos no resucitan. Así como Cristo resucitó, una madre que ha perdido al hijo tiene la certeza que lo volverá a ver por causa del poder del consuelo, que radica de la resurrección de entre los muertos.

Ahora estamos entendiendo para quienes es este consuelo, para lo santos, para la iglesia. Es una promesa, tiene un propósito, tiene parámetros definidos y un parentesco en comunión con el cuerpo de Cristo, tiene un poder que es la resurrección de entre los muertos. No tiene caducidad. El cual nos libró, y nos libra, y en quien esperamos que aún nos librará, de tan gran muerte. Esta es la perpetuidad del consuelo de Dios que permanece vigente, nada nos puede apartar del amor de Dios ni lo presente ni lo por venir, ni  ninguna cosa creada. Estamos hablando de una característica muy interesante del consuelo de Dios es perpetuo. Es una promesa en toda tribulación, tiene un propósito para que podamos consolar con el consuelo con el que nosotros hemos sido consolados. Tiene parámetros, por causa de la justicia Dios se compromete a consolar a Su pueblo. Tiene un parentesco en comunión con el cuerpo de Cristo, tiene un origen, un poder que es la resurrección entre los muertos y es perpetuo para los hijos de Dios.

Veamos el último punto, 11 cooperando también vosotros a favor nuestro con la oración, para que por muchas personas sean dadas gracias a favor nuestro por el don. El don del consuelo. Dios regala consuelo a Su pueblo por gracia, por eso Pablo empezó diciendo gracia y paz. Así que estamos hablando del don de la participación. Vimos la promesa, el propósito, los parámetros, el parentesco, el poder,  la perpetuidad y hora participación con la iglesia, aunque Dios ha prometido consolarnos, aunque esa promesa es perpetua, aunque tiene un poder que es la resurrección entre los muertos, aunque tiene un parentesco con la comunión, con el cuerpo de Cristo también debemos participar en la oración a favor del consuelo de la Iglesia, por causa de los parámetros de justicia.

Debemos hacer una disciplina de oración, para orar a favor de todos aquellos que padecen persecución a causa de la verdad en este mundo. Es exactamente lo que dice el versículo 11. Y esto no solo proveerá de consuelo, nos hará participar con el Espíritu Consolador y la consolación de las Escrituras como cuerpo de Cristo sino también cooperando también vosotros a favor nuestro con la oración, para que por muchas personas sean dadas gracias — no solo provee de consolación sino de gratitud frente a aquel al cual estamos en deuda. Que maravilloso que no solamente seas un instrumento de consolación sino que seas un instrumento que traiga gratitud delante del trono de Su gracia.

Así que este es el ministerio del consuelo. Dios quiere que ejerzamos el ministerio del consuelo, que participemos con la Palabra y con el Espíritu de Dios convirtiéndonos en un  ministerio de consolación. Lucas 2:25 había en el templo un hombre llamado Simeón, este hombre le había pedido a Dios que no muriera antes de ver la consolación de Israel. Y aparece otro nombre que es sinónimo de consolación que es el Ungido del Señor, la salvación para Israel. Los padres de Jesús lo llevaron al tempo, conforme a la costumbre de los judíos para presentarlo delante del templo. Y al verlo, los tomó en sus brazos y le dijo al Señor: Señor, te doy gracias porque ahora he recibido en paz a tu siervo y mis ojos han visto el consuelo, la salvación para Israel.

Con esto me refiero que el ministerio del consuelo es el evangelismo, porque la necesidad más preeminente, más prioritaria del hombre es el perdón de sus pecados y no habría consolación, una vez que fuésemos redargüidos por el Espíritu de Dios. Si Cristo no hubiera muerto en la cruz del Calvario no habría consuelo para tu alma afligida frente a la realidad de perderse eternamente. La necesidad más apremiante del hombre es el perdón de sus pecados y nosotros como iglesia estamos llamados a ejercer el ministerio de la consolación. Bendito sea  el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordia y Dios de toda consolación que ha prometido consolar a su pueblo en todas sus tribulaciones, para hacerlo un instrumento de consolación en los parámetros de la justicia, en un parentesco con el cuerpo de Cristo, en comunión con el cuerpo de Cristo, empoderados por la resurrección de entre los muertos, con una consolación perpetua para que participemos con Él en las oraciones y en la predicación del Evangelio, que traiga gratitud a aquel que dio su vida para salvarnos en la cruz del Calvario.

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