El libro que salva (código 2016-377) – Radios Fráter
  • octubre 26, 2016

El libro que salva (código 2016-377)

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En la Biblia, el manual del fabricante, encontramos las instrucciones para  saber qué podemos hacer para corregir las cosas que en un momento dado pueden estar fallando en nuestra vida. Por eso, vale la pena tener una Biblia. En la actualidad las tenemos en abundancia, unos tienen una, otros tendrán más de una, dos o tres, para todas las edades, profesiones, para el hombre, para la mujer. Las tenemos con letra grande, con subrayado de rojo, las tenemos con concordancia. Al principio de la iglesia no fue así, fue hasta que el señor Juan Gutenberg inventó la imprenta que se empezó a imprimir la Biblia, fue precisamente el primer libro que se imprimió. Hoy, es el libro más leído en el mundo entero o por lo menos más vendido. Vale la pena que la leamos todos los días.

Doscientos noventaiocho días han pasado del año, ¿se recuerda que  el último día del año anterior uno de los propósitos era leer la Biblia todos los días? Debemos leerla para ser sabios, creerla para ser salvos, practicarla para ser santos, porque la Biblia es la Palabra de Dios que es vida para nuestra vida. Por eso es importante que la tengamos a nuestro alcance. La Biblia es una brújula para que sepamos el norte del camino que debemos andar, es un lámpara que nos muestra el camino para no tropezar, es la espada del Espíritu que nos sirve para vencer al enemigo y como dijo Jesús en el desierto — cuando fue llevado para ser tentado por cuarenta días por el diablo —, escrito está Satanás, cada vez que lo tentó, y esa Palabra de Dios en su boca y en su corazón fue la que le dio la victoria. Pero si no tiene esa Palabra en su corazón, cuando vengan las batallas espirituales no podrá sacar esa espada del Espíritu para vencer al enemigo.

Es importante recordar que la Biblia es como un espejo, se lee y de pronto uno se ve reflejado ahí. Le muestra lo que hay en su corazón, lo que hay en su mente. Hace algún tiempo me dijo una señora que ese día su marido había llegado por primera vez a la iglesia y le reclamó por qué me había contado toda su vida.  Porque en el momento en que lo vio entrar, usted cambió el mensaje y le dijo todo lo que era su vida. Pero no es así, porque la Biblia es como un espejo y cuando se predica la Palabra de Dios uno se mira ahí reflejado.

Que Dios nos ayude a no tenerla simplemente como amuleto sino que sea nuestro instrumento de alimentación todos los días. Mi abuela, doña Gerónima viuda de López más conocida como la abuela Choma, la conocí cuando tenía pocos años de edad, ella tenía 80 años cuando yo nací. Así que cuando murió tenía 92 y yo 12 años, pero ese lapso fue suficiente para darme cuenta lo que para ella representaba la Biblia. Era tan importante, que cada vez que llegaba a su habitación para decirle abuela regáleme un centavo —no era falta de fe, en mi tiempo esa  cantidad era suficiente porque se podía comprar bastante  —, me contestaba con  mucho gusto pero léeme Mateo 24 o léeme el Salmo 27 o Santiago 4,  todos los días la abuela me pedía que le leyera un pasaje de la Biblia y entonces me daba el centavo. Después solo le decía ¿dónde le leo?

Desde muy pequeño aprendí a recibir ofrendas, me daba un centavo por leer la Biblia. Vale la pena enseñar a nuestros niños a leer la Palabra del Señor. Menciono a la abuela no solo por lo que hacía sino porque también era predicadora del Evangelio. La invitaban a predicar a las iglesias de la ciudad, ya de 88 o 89 años de edad caminaba despacio, donde quiera que llegaba, cuando veía una grada se sentaba. En una bolsas de esas que se usaban para ir al mercado llevaba su Biblia,  dulces, bananos, panes y yo feliz. Llegábamos a la iglesia donde iba a predicar y la presentaban, pasaba la ancianita a predicar. Se paraba detrás del púlpito y decía: hoy quiero hablarles sobre la fe y voy a pedirle a mi nieto Jorge que lea Hebreos 11, a esa edad ya leía la Biblia.

Yo leía el pasaje y mi abuela desarrollaba el tema. Me ponía a leer por varias razones: una, porque me estaba enseñando a perder el temor escénico. Dos temores son los más importantes y los más comunes en el ser humano: el  temor a hablar en público, el temor a las alturas. Hay algo interesante, mi abuela era analfabeta, nunca aprendió a leer y a escribir y, sin embargo, se conocía gran parte del texto bíblico de memoria. Por eso ponía al nieto a leer para estar oyendo, por eso ponía atención cuando iba la iglesia para estar aprendiendo y por eso compartía lo que sabía para que no se le olvidara. Es importante que no solo leamos la Biblia y aún si fuéramos analfabetos hacer que nuestros nietos, nuestros hijos o los vecinos nos lean la Biblia, porque ahí es donde vamos a encontrar la bendición que necesitamos.

Hace muchos años leí el libro El apóstol de la fe, que me impresionó enormemente. Es la historia de un hombre llamado Smith Wigglesworth, nacido el 8 de junio de 1859 en una familia pobre en Yorshire, Gran Bretaña. Cuando era niño trabajó en los campos arrancando nabos junto a su madre. Era analfabeto hasta que a la edad de 23 años se casó con Poli, quien le enseñó a leer. Decía a menudo que la Biblia fue el único libro que leyó. Fue plomero de oficio, pero  tuvo que abandonarlo después que llegó a ocuparse demasiado del increíble ministerio de la predicación y la sanidad. Hay relatos de personas que resucitaron a través de su ministerio. Uno que me impresionó fue cuando lo llamaron a orar por una persona, pero cuando llegó ya estaba muerta. Entonces levantó el cuerpo, lo puso parado contra la pared y le dijo: resucita en el nombre de Jesús, y se cayó. Lo volvió a levantar  y lo puso otra vez contra la pared y le ordenó que resucitara en el nombre de Jesús y… resucitó.

Escribió que preferiría ver a una persona salva por medio de su predicación, que ver a diez mil recibir sanidad. Fue un hombre calificado como el apóstol de la fe, porque hizo muchos milagros, muchas sanidades y, sin embargo, llegó a entender lo que hemos entendido nosotros también: que el milagro más grande que Dios obra en la vida de una persona es el nuevo nacimiento, la salvación de esa persona, porque eso le asegura la vida eterna. De nuevo recuerdo que cuando he tenido la oportunidad de orar por un enfermo le digo que para mí es un gusto orar por él, que el Señor lo pueda sanar de esa enfermedad terrible que tiene, pero de morirse tiene. Sana de esta, se enferma de otra. Siempre hay posibilidades. Así que lo más importante no es que sane de esa enfermedad sino que reconozca a Jesús como su Señor y Salvador personal. Así está garantizado que cuando muera tendrá vida eterna en la presencia de Dios nuestro Señor.

Para Smith Wigglesworth, la vida no siempre fue fácil, atravesó momentos muy difíciles. Escribió que “una gran fe es el producto de una gran batalla. Grandes testimonios son el resultado de grandes pruebas. Grandes triunfos solo pueden ser resultado de grandes tribulaciones”. La Biblia es muy realista, vivimos en un mundo caído, todos pasamos por momentos difíciles y algunas personas atraviesan circunstancias que hacen que la vida sea difícil todo el tiempo. Hay personas que de pronto tienen algún problema, pierden una pierna, entonces se viene una dificultad. Claro, hoy hay prótesis muy modernas que pueden ayudar. Otros en un accidente pierden un ojo. Hay dificultades, hay aquí hombres que perdieron a su esposa y se quedaron viudos para toda la vida, otros atrevidos se volvieron  a casar. Hay hijos que se han quedado huérfanos, esa es ya una dificultad para toda la vida. Hay tribulaciones, he conocido personas que estaban por casarse y de pronto se enferma la novia o el novio y fallece. Todos podemos pasar por tribulaciones, a todos nos toca pasar por problemas en la vida y por eso necesitamos estar muy tomados de la Palabra del Señor.

El Salmo más largo de la Biblia es el 119, tiene176 versículos. Vamos a leer algunos de ellos, pero le recomiendo que lo lea completo, despacio y va a aprender grandes cosas, dice 1-20: 24-25; 29-30; 36 Dichosos — todos queremos ser dichosos, esta palabra viene del término Macario que quiere decir dichoso, si alguien se llama así, siéntase dichoso. En las bienaventuranzas dice dichosos diez veces y la gente anda en busca de la dicha —  los que van por caminos perfectos, los que andan conforme a la ley del Señor. En su Biblia va a ver algunas palabras que están a cada cierto número de versículos, por ejemplo aquí aparece la palabrita alef, son los veintidós símbolos del vocabulario hebreo y este es un salmo acróstico. Cada párrafo empieza con la letra del alfabeto hebreo. Recuérdese que el Antiguo Testamento fue escrito en hebreo.

Dichosos los que guardan sus estatutos y de todo corazón lo buscan. Jamás hacen nada malo, sino que siguen los caminos de Dios. Tú has establecido tus preceptos, para que se cumplan fielmente. ¡Cuánto deseo afirmar mis caminos para cumplir tus decretos! No tendré que pasar vergüenzas cuando considere todos tus mandamientos. Te alabaré con integridad de corazón, cuando aprenda tus justos juicios. Tus decretos cumpliré; no me abandones del todo. ¿Cómo puede el joven llevar una vida íntegra? Viviendo conforme a tu palabra. Yo te busco con todo el corazón; no dejes que me desvíe de tus mandamientos. En mi corazón atesoro tus dichos para no pecar contra ti. ¡Bendito seas, Señor! ¡Enséñame tus decretos! Con mis labios he proclamado todos los juicios que has emitido. Me regocijo en el camino de tus estatutos más que en todas las riquezas. En tus preceptos medito y pongo mis ojos en tus sendas. En tus decretos hallo mi deleite, y jamás olvidaré tu palabra.  Trata con bondad a este siervo tuyo; así viviré y obedeceré tu palabra. Ábreme los ojos, para que contemple las maravillas de tu ley. En esta tierra soy un extranjero; no escondas de mí tus mandamientos. 24 Tus estatutos son mi deleite;  son también mis consejeros. Postrado estoy en el polvo.

A veces se necesita de un consejero que le diga cómo manejar su empresa, cómo manejar sus finanzas, cómo tratar con sus trabajadores. David dice: tus estatutos son mi deleite, son también mis consejeros. Versículo 29 Mantenme alejado de caminos torcidos; concédeme las bondades de tu ley. He optado por el camino de la fidelidad. 36 Inclina mi corazón hacia tus estatutos y no hacia las ganancias desmedidas. Dame vida conforme a tu palabra. Versículos 56-57 Lo que a mí me corresponde es obedecer tus preceptos. ¡Mi herencia eres tú, Señor! Prometo obedecer tus palabras.  65 Tú, Señor, tratas bien a tu siervo, conforme a tu palabra. Cuántos no recuerdan a un patrón, un jefe, un superior, autoridad que siempre los trató  bien. Yo puedo darles fe que mi jefe, que mi Rey, que mi Señor siempre me ha tratado bien. Por eso decimos Señor, tratas bien a tu siervo, conforme a tu Palabra. 66 Impárteme conocimiento y buen juicio,   pues yo creo en tus mandamientos.  Antes de sufrir anduve descarriado,  pero ahora obedezco tu palabra. Cuando uno de nosotros se sale del camino del Señor la consecuencia será sufrimiento. El  camino del Señor dice que debemos ser fieles a nuestra esposa, pero no, se va con la del otro. Pasa un romance tórrido, pasa unos meses increíbles lo que está viviendo con la que llamamos “la otra”. Después de ese descarrilamiento lo que viene es sufrimiento.

A veces se presenta un camino que al hombre le parece derecho, pero su fin es de perdición y muerte. Cuando dice el salmista, antes de sufrir anduve descarriado. Tan tranquilo que estaba David en su casa, en el palacio, y de repente se levanta una tarde y se queda viendo hacia una de las casas y ahí se estaba  bañando una señora joven, preciosa, hermosa, dice la Escritura. Vio y mandó averiguar cómo se llamaba la doña, la mandó a traer y tuvo una noche de pasión, luego la mandó a su casa. Una vez fue suficiente para embarazarla. Por eso dice antes de sufrir anduve descarriado. Después de sufrir, por andar descarriado, corresponde obedecer Su Palabra. No sea como la cabra que siempre tira para el monte. Vuelva al Señor arrepentido y obedezca. Ya sabe que por descarrilarse, por apartarse del camino del Señor viene el sufrimiento.

68 Tú eres bueno, y haces el bien;  enséñame tus decretos. Aunque los insolentes me difaman, yo cumplo tus preceptos con todo el corazón. A veces la crítica es terrible, a veces es justa y a veces es injusta sobre todo cuando es una difamación. Aquí podríamos decir como Jesús: el que se encuentre sin pecado que tire la primera piedra. Nos hemos puesto a criticar lo que no sabemos, a difamar a quién no debemos y David sufrió de calumnia, difamación y de la crítica injusta. 70 El corazón de ellos es torpe e insensible, pero yo me regocijo en tu ley. Me hizo bien haber sido afligido, porque así llegué a conocer tus decretos. Hay un dicho muy popular que dice no hay mal que por bien no venga. Me hizo bien el haber sido afligido, porque si no seguiría chupando, robando, estafando, engañando, adulterando, fornicando, haciendo de todo. No siempre le va a durar esa “alegría”, ese placer que se encuentra en el mundo, porque de pronto viene el sufrimiento.

Hace algunos años participé en una actividad de la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de la salud para explicarnos lo que estaba ocurriendo en el mundo con el sida, Nos dijeron que habían invitado a solo líderes religiosos, a los clérigos del país. Había mormones, católicos, testigos de Jehová, evangélicos, de todo y ahí estaba yo. Pasó un hombre a contar su testimonio y yo le dije si me acompañaba ese mismo día para contarlo en el servicio que tenía en la Fráter. Con mucho gusto, me dijo. Lo traje. El hombre estaba flaco, flaco, cadavérico. Si usted hubiera tenido ojos espirituales habría visto la guadaña. Dijo, yo bendigo a Dios por haberme dado la oportunidad de estar aquí con ustedes, pero antes de hablar ¿me dan la oportunidad de saludarlos personalmente a cada uno de ustedes? Amén, dijeron todos. Se baja el hombre y pasa de banca en banca dando la manos a cada uno. Y después se para y dijo: yo tengo sida. Esa noche me la disfruté, porque todos pensaron que ya los había contagiado de sida, pero aclaró que no se transmitía por dar la mano ni por dar un abrazo, se contagia por una transfusión de sangre o porque se droga, se usa la misma jeringa de uno que ya tiene sida o  si usted tiene relaciones sexuales con alguien que ya lo tiene.

Lea la Biblia, si quiere conocer los decretos de Dios, ahí va a aprender. Y eso le va a hacer mucho bien. David había sido afligido “porque así llegué a conocer tus decretos. 72 Para mí es más valiosa tu enseñanza   que millares de monedas de oro y plata. Quiero decir que he visto a  mucha gente agonizar, a mucha gente en el intensivo, los he visto cuando ya están más allá que acá y créanme que en ese momento de qué sirve tener un montón de plata. Un famoso multimillonario, Nelson Rockefeller, murió y un reportero abordó al contador general y le dijo: ¿cuánto dejó el señor Rockefeller? Y le respondió: ¡todo! Todo lo vamos a dejar, por eso disfrútelo, compártalo cómaselo, vístaselo, paséeselo, diézmelo, ofréndelo, siémbrelo en el reino de Dios, porque cuando se muera lo va a dejar todo.

—Ah, quisiera darle una buena ofrenda al pastor, un día de estos—. Es hoy, se va a morir y se va a quedar con la buena intención. Obedecer los mandamientos del Señor, dice David, para mí es mejor que millares de monedas de oro y plata. Por eso les quiero animar una vez más: leamos la Biblia todos los días, pongámosla en práctica todos los días, compartámosla todos los días. Renovemos el deseo, el compromiso, de ser un lector de las sagradas Escrituras, Renueve ese compromiso de leer, de creer, de obedecer y poner en práctica la Palabra del Señor. Que el Señor le ayude a enseñarla a sus hijos y a sus nietos y a toda la familia.

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