Una iglesia carnal o espiritual (código 2016-400) – Radios Fráter
  • noviembre 9, 2016

Una iglesia carnal o espiritual (código 2016-400)

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Es muy humano sentir celos, la mayoría de esposas, esposos, de hijos, de amigos sienten celos alguna vez, ese sentimiento que tenemos a menudo de sospecha que la persona que amamos ama a otra persona, por ejemplo. No solamente es entre esposos, a veces es entre compañeros de clase que creen que solo ellos tienen la exclusividad del aprecio y la amistad de alguien, pero no es así, tenemos que compartir con los amigos, la familia y eso causa malestares, pleitos, rivalidades, por eso tenemos que tomar en cuenta que la iglesia del Libro de los Hechos de los apóstoles tuvo un éxito extraordinario cuando comenzó. Este libro histórico de la iglesia, en el Nuevo Testamento, dice que perseveraba unida en la oración, en la doctrina de los apóstoles y en el partimiento del pan. El éxito fue la unidad,  debemos leerlo en el  capítulo 2:42. La Iglesia permanecía unida.

No hay cosa más importante en la vida, en cualquier organización o núcleo familiar como la unidad. Por algo dice Dios cuando nos casamos que ya dejamos de ser dos y nos convertimos en una sola carne, algo que es muy complicado de entender, pero así es porque Dios busca la unidad. Por eso la debemos buscar, porque cuando la iglesia se mantiene unida el Señor envía bendición y vida eterna, el Salmo 133 dice Miren cuán bueno y delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía. Es como el buen óleo sobre la cabeza de Aarón, baja por sus barbas y desciende hasta cubrir todo el cuerpo. Todos queremos ser bendecidos, todos queremos tener vida en abundancia, pero tenemos que llenar esa condición importante de mantenernos unidos en armonía.

Anoche celebraba una boda de coral, 35  años de casados, y les mencionaba precisamente uno de los sabios consejos del Libro de Proverbios donde dice más vale comer pan duro donde hay concordia, que un banquete donde hay discordia, porque donde hay concordia aunque sea una tortilla con sal uno se la come con gusto, pero cuando hay discordia aunque sea un  banquete se tiene dificultades para tragar esa comida. La concordia, la armonía, la unidad son valores preciosos que debemos tener. Así que la iglesia comienza con gran bendición, miles de convertidos, muchos sanados, transformados, prosperados, pero llega un momento cuando se expande y crece y sale de los límites de Jerusalén y llega hasta el puerto de Corinto. Ahí ya es una iglesia muy numerosa en toda esa área y es muy carismática, muy expresiva, que usa los dones del Espíritu Santo. En la iglesia de Corinto eso era algo extraordinario, había muchos que hacían uso de esos dones.

Pero – aquí viene el pero –, Pablo recibe el mensaje de una señora que tenía la peculiaridad de ser muy comunicativa y eso es bueno, porque si no uno no se entera. Pablo se enteró de lo que sucedía en la iglesia de Corinto por Cloé que le manda a decir que, como decimos hoy en nuestros medios, que había clavos. Hay muchas manifestaciones del Espíritu, pero hay muchos problemas, hay muchos conflictos, hay divisiones entre los miembros de la iglesia, se formaron partidos. Cuando se han enfrentado, en un partido de futbol, entre cremas y rojos ha habido hasta muertes, ha habido actos de agresión, de violencia porque la gente se fanatiza y piensa que su equipo es lo mejor y se arman conflictos tremendos que han llevado a la cárcel, inclusive, a personas por ese tipo de discusiones, rivalidades que se dan. No podemos permitir que ese tipo de rivalidades, de situaciones lleguen a la iglesia del Señor, pero la iglesia de Corinto por muy pentecostal que era en su culto se dieron divisiones, por eso las cartas que Pablo les escribe para resolver los problemas que se han dado.

1 Corintios 1:10-13 dice  Les suplico, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que todos vivan en armonía y que no haya divisiones entre ustedes. Dos cosas: que vivan en armonía y luego que no haya divisiones entre ustedes. Hay un pensador llamado Maquiavelo famoso por una frase que pronunció y es esta “divide y vencerás”, cada vez que se divide una sociedad es vencida por la miseria, la pobreza, por sus enemigos. Cada vez que hay divisiones viene el fracaso. Sino que se mantengan unidos en un mismo pensar y en un mismo propósito. Digo esto, hermanos míos, porque algunos de la familia de Cloé me han informado que hay rivalidades entre ustedes. Me refiero a que unos dicen: «Yo sigo a Pablo»; otros afirman: «Yo, a Apolos»; otros: «Yo, a Cefas»; y otros: «Yo, a Cristo.» ¡Cómo! ¿Está dividido Cristo? ¿Acaso Pablo fue crucificado por ustedes? ¿O es que fueron bautizados en el nombre de Pablo?

A veces las divisiones, en el caso de las iglesias, se dan precisamente porque surgen grupos que siguen a una persona o a otra y empiezan a decir cómo me gusta tal predicador, yo prefiero a tal predicador, a mí me gusta más el otro predicador y este no, aquel es más santo y este no. Empiezan a darse este tipo de rivalidades, de conflictos. En la iglesia de Corinto tenían a estos personajes, Pablo, Apolos y Cefas, que era Pedro, y otros que no querían seguir a ninguno sino solo a Jesucristo. Así que algunos de la familia de Cloé le mandaron el mensaje al apóstol y por eso escribe la carta cuando estaba en Éfeso para tratar de corregir rivalidades, ¿qué son las rivalidades? Es la disputa entre dos o más individuos o grupos, es el enfrentamiento, oposición o enemistad entre varios que aspiran a lograr una misma cosa.

He visto iglesias dividirse y pelearse, llegar a los puños por el color de la pintura que quieren poner en el edificio. Por una cosa tan tonta el enemigo empieza a destruir a una congregación. Tenemos que aprender a que no existan las divisiones, en este caso ponían a un líder, tres de ellos al mismo nivel de Cristo. Había cuatro grupos diferentes en Corinto en los cuales se estaban dividiendo. La suplica de Pablo era que vivieran en un mismo sentir y esto sólo se lograba entendiendo que todos están bajo el primero y único Salvador. Si algo debemos entender es que todos los pastores, predicadores, evangelistas, los distintos ministerios que hay en la iglesia, están sujetos a la máxima autoridad que es Cristo Jesús, Él es el máximo líder, ejemplo, Pastor nuestro y nadie está por encima de su autoridad. Nosotros somos siervos de Él, criados, esclavos. Poner a Pablo, a Apolos, a Pedro al mismo nivel de Cristo fue un gran error. Pablo hace énfasis de ser uno usando estas tres frases: vivan en armonía, manténganse unidos en un mismo pensar, manténganse unidos en un mismo propósito.

Un día Jesús echó demonios de unas personas y los fariseos se acercaron para acusarlo y decir que echaba fuera los demonios por Belcebú y les dijo que eso no era cierto, si yo echo fuera los demonios por Belcebú, ¿por quién los echan ustedes? les dijo. Tanto ustedes como yo estamos interesados en que una persona sea libre de los demonios, pero ustedes me están atacando. Ustedes y yo estamos buscando lo mismo: liberar a la gente de sus demonios. Surgió la rivalidad y Jesús dio esta gran información. Dijo en Lucas 11:17 Todo reino dividido contra sí mismo quedará asolado, y una casa dividida contra sí misma se derrumbará. Cuando un reino o un gobierno está dividido contra sí mismo ellos mismos se destruyen, cuando una familia está dividida contra sí misma, está atacándose ella misma se derrumbará, por eso vemos naciones enteras que vienen a pique, vemos familias que vienen a pique, naufragan, se destruyen porque están divididas. Y la iglesia tiene que mantenerse, como dice Pablo en forma suplicante, en armonía, unida, no podemos dividirnos contra nosotros mismos, porque eso traer la destrucción y la victoria del enemigo.

Las divisiones son también un problema en la actualidad. Muchas veces como cuerpo de Cristo nos dividimos en rivalidades y contiendas.  No es un problema solamente de la iglesia de Corinto en aquel tiempo, sino un problema de la naturaleza pecaminosa del ser humano. Como seres humanos podemos perder el enfoque de estar en un mismo sentir enfocados en Jesús. Todos los que estamos acá queremos creer en Jesús, creemos en Jesús, queremos hacer la obra del Señor, queremos cumplir la voluntad del Señor. Enfoquémonos en lo mismo, no perdamos el enfoque. ¿Pero cuáles eran las características de la iglesia de Corinto que llevaba a las divisiones? Porque son estas características que están en mí como persona. Las características que llevaron a la iglesia de Corinto a dividirse también están en cada uno de nosotros, porque estaba formada por gente y la Fraternidad Cristiana de Guatemala está formada por gente y el ser humano es el mismo en todos lados.

Una familia recibió visita, tenían a un niño bastante inquieto. Para poder atender a las visitas le dieron un rompecabezas del mundo. Le pusieron el mundo hecho pedazos para que lo pudiera armar. Lo curioso es que a los pocos minutos el niño les dijo: ya armé el rompecabezas. Y le preguntaron ¿cómo lo  pudiste armar tan rápido? Es que de un lado el rompecabezas tiene el mapamundi y del otro lado tiene el cuerpo humano. Y para él fue más fácil armar el cuerpo humano que el mapamundi. Hay una verdadera relación en este mundo hecho pedazos, si nosotros logramos poner en orden al ser humano, el mundo será un lugar ordenado. El problema del mundo es que el ser humano está hecho pedazos, el mismo ser humano está dividido contra sí mismo, quiere hacer el bien pero hace el mal, quiere ser santo pero es pecador. Pablo mismo dice el mal que hay en mí es que quiero hacer lo bueno, pero hago lo malo.

Esa es la gran lucha del ser humano querer hacer lo bueno pero hace lo malo, por un lado queremos ser justos pero actuamos injustos, queremos ser honestos pero actuamos con deshonestidad, ahí es donde viene Dios y toma al ser humano y lo pone en orden. Cuando el ser humano está puesto en orden el mundo que lo rodea va a ser un mundo ordenado. Toda familia para mantenerse unida tiene que mantenerse en el orden divino,  tiene que haber un orden espiritual en su mente y en su corazón. Por eso cuando hablamos de un hermano carnal y un hermano espiritual tenemos que recocer las características que lo hacen carnal y que lo hacen espiritual o que lo hacen inmaduro o maduro.

¿Cómo, entonces, reconocemos, que somos carnales o somos espirituales? Dice en 1 Corintios 3:1-4 “Yo, hermanos, no pude dirigirme a ustedes como a espirituales sino como a inmaduros, apenas niños en Cristo. Los niños son inmaduros y por esos toman actitudes que no son correctas, por eso los que somos maduros tenemos que estar cerca de ellos en todo momento para evitar que se maten, porque se matan sin quererlo. Encuentran una pistola, la sacan y se la ponen a otro niño enfrente. Se acerca y le dicen que lo van a matar y lo matan. Tenemos que tener mucho cuidado porque los niños se pueden matar unos a otros.

El niño es egoísta, quiere todo solo para él, no quiere que sus además hermanitos estén contentos, solo él; quiere a su mamá solo para él, cuando la mamá quiere atender al otro siente celos. Que rico es estar en la presencia del Señor porque nos ama y quiere bendecirnos, pero tenemos que tener cuidado, porque a veces somos como niños, es decir tenemos celos. Si Dios le da la oportunidad a uno de nuestros hermanos para cantar entonces los demás sentimos celos. Dios le hadado la oportunidad a uno de nuestros hermanos para predicar, los demás sentimos celos, porque creemos que el pastor quiere más a aquel hermano que a mí, que el pastor aprecia más a aquel hermanos que a mí y es ahí donde surgen los celos, los pleitos entre los hermanos. Debemos tener cuidado que eso no ocurre en nuestra vida, tenemos que tener mucho cuidados para que en la iglesia no surjan ese tipo de actitudes, como dice Pablo niños en Cristo que necesitan que alguien maduro esté con ellos para poner las paces, para que no estén quejándose. Los niños siempre están quejándose con sus papás de lo que hace otro hermano, Los papás constantemente están oyendo quejas y reclamos de lo que hacen sus chiquitos.

No podemos ser como niños espirituales todo el tiempo, tenemos que crecer, tenemos que madurar, por eso Pablo dice Yo, hermanos, no pude dirigirme a ustedes como a espirituales sino como a inmaduros, apenas niños en Cristo.  Les di leche porque no podían asimilar alimento sólido, ni pueden todavía, pues aún son inmaduros. Mientras haya entre ustedes celos y contiendas, ¿no serán inmaduros? ¿Acaso no se están comportando según criterios meramente humanos? Cuando uno afirma: «Yo sigo a Pablo», y otro: «Yo sigo a Apolos», ¿no es porque están actuando con criterios humanos?  ¿Cómo sé que soy un carnal? Si siento celos, envidia, rivalidad con algún hermano en la iglesia puedo concluir que todavía soy un inmaduro, un niño espiritual. Todavía soy un niño. Por eso es importante que nos conozcamos y dejemos la inmadurez por un lado y como dice la Escritura dejar de ser carnal.

Pablo había estado con ellos tres años en Corinto y por eso les dice que todavía son inmaduros, yo he estado con ustedes 38 años pero aquí no hay inmaduros, solo hay gente madura, aquí no hay gente con celos, con envidias, con rivalidades. Tenemos que madurar, no podemos ser niños toda la vida. Cuando no hay celos entre nosotros podemos decir que somos maduros, Esta es la clase de celos que no trata de ayudar a los demás. Los celos están en nuestra naturaleza pecaminosa que debemos hacer morir todos los días.

¿Por qué los celos son malos? Porque nos ponen en enemistad contra alguien bueno, que produce resultados, que está dando fruto, que es apreciado, que tiene un puesto y que no nos ha hecho absolutamente nada sino brillar. Si vienen hermanos que brillan, que dan fruto no sintamos celos por ellos sino gocémonos. Bendigo a Dios que ahora hay cientos de miles de hermanos que pueden ir a orar por un hermano y enfermo sanan y cuando dan testimonio no dicen el pastor oró por mí, porque yo ya no puedo atender a todos los enfermos, pero vino la hermana tal y oró por mí y ahora estoy sano, porque Dios puede usar a todos aquellos que creen en Él para bendecir al necesitado. No debemos sentir celos de nadie, porque hace una obra que quizás no podamos hacer o hemos decidido delegarla.

¿Por qué los celos son malos?  Porque nos ponen en enemistad contra alguien bueno que produce resultados, que está dando fruto. Gálatas 5:19-20  dice Las obras de la naturaleza pecaminosa se conocen bien: inmoralidad sexual, impureza y libertinaje; idolatría y brujería; odio, discordia, celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones, sectarismos. Los celos, las rivalidades son parte de la obra de la naturaleza pecaminosa, la versión de Reina Valera del 60 se habla de la carne, manifestaciones de la carne. La Nueva Versión Internacional nos la explica más y nos dice naturaleza pecaminosa que nosotros tenemos y es la que nos hace actuar con celos, con rivalidades y ponernos en disensiones y pleito con algún miembro de la célula a la que vamos, algún miembro del ministerio en el que trabajamos, con alguna persona, con la compartimos el quehacer la obra del Señor.

Así que cuando no hay celos entre nosotros y cuando no hay contiendas entre nosotros podemos decir que somos maduros. En la vida natural cuando usted es una persona que no tiene celos de su compañero de trabajo, de su hermano en la casa, de su sobrino, de su hijo, cuando ya no tiene ese tipo de celos, entonces ya puede saber que ya es maduro, cuando usted ya no ofende a aquellos que están alrededor suyo en la mesa, cuando ya no arrebata cualquier cosa de su familiar, ya es una persona madura. Cuando usted lo ofenden y logra mantener su dominio propio, con blandas respuestas aplaca la ira, ya no puede ser una persona que vive peleando con todo el mundo, porque en la calle va a encontrarse con gente que para pelear saca la pistola. No puede ser inmaduro. Tenemos que tener no la naturaleza pecaminosa obrando en nosotros sino la naturaleza del Espíritu de Dios, la naturaleza divina que ha puesto en nosotros.

Puede dejar a sus hijos solos cuando sabe que son capaces de permanecer juntos civilizadamente y sin destruirse entre sí y sin destruir nada. Los que tenemos hijos sabemos que hay épocas en que no pueden quedarse solos porque queman la casa, destruyen todo, acaban con todo. Por eso los niños chiquitos, los que son infantes necesitan un cuidado constante, hasta que cuando crecen y se vuelven responsables, maduros pueden quedarse solos, antes de eso no. Lo mismo ocurre en la iglesia que necesita llegar a esa madurez, evitar las contiendas sin destruirse entre sí. Es maduro cuando une y no divide, cuando para el chisme y no lo promueve, cuando guía las conversaciones destructivas hacia algo que edifica. El diablo divide, Dios multiplica. Podemos ser instrumento del diablo cuando estamos sembrando divisiones entre los hermanos. He visto gente divorciarse por un chisme, he visto hogares destruirse por un chisme, he visto personas venirse al suelo por alguien que no fue prudente y en vez de ir con el chisme abordarlo y decirle: mira, tu mujer no sabe que te estás drogando; deja la droga, busca ayuda, busca un grupo. O,  mira, tu esposo no sabe que le estás siendo infiel, rompe esa relación, busca a tu esposo y ponte a cuentas.

Cuando entendemos que Dios es el único que cuenta para todo y no nosotros o cualquier líder, se desvanecen las divisiones y contiendas. Llega un momento en la vida en que los hijos tienen que entender que como madre o como padre los ama a todos, debe evitar ser un padre o una madre que tiene favoritos. Un día llegué a una peluquería y me dijo un amigo al que estaban atendiendo – ¿cuántos nietos tienes? Le dije que once. – Y ¿cuál es tu favorito? No tengo favoritos, todos son igualmente mis nietos, a todos los quiero igual. – Yo sí tengo una nieta favorita–. Peligroso, no podemos como padres tener favoritos ni a los hijos ni a los nietos. El Padre nuestro que está en los cielos nos ama a todos por igual. El Padre nuestro que está en los cielos lo ama a usted aunque sea feo, gordo, o chaparro, aunque sea pobre, aunque sea muy rico. Dios no hace acepción de personas, ama al hombre y a la mujer, al pequeño y al grande, por eso no debemos tener celos, porque Dios esté amando más al hermano al que le está dando ciertos dones que yo no tengo. Sé que el Señor me ama.

¿Se atreve a decir que Dios lo ama? Dios lo ama, una prueba es que usted esté aquí en vez de estar en el ccementerio recibiendo coronas. Un día las va a recibir pero va a estar en la presencia de Dios cuando muera. No piense que Dios no lo ama. Y debemos entender que aparentemente por muy notables que seamos como siervos del Señor, solamente somos colaboradores de Cristo. Todos estamos colaborando para la obra del Señor. Somos un cuerpo, somos una iglesia, por eso la Biblia dice que debemos recordar que solo hay un solo Dios, una sola fe, un solo bautismo.

No podemos caer en el desenfoque. Dice la epístola a los Hebreos puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, no quite los ojos de Él, cualquiera de nosotros colaboradores de Cristo hoy estamos aquí y mañana estaremos  en la presencia de Dios. El Señor permanecerá siempre con nosotros, porque de Él es la obra, pero tenemos que ser maduros, no dejar que nada nos cause divisiones para que perdamos Su bendición.

1 Corintios 3:5-7 dice Después de todo, ¿qué es Apolos? ¿Y qué es Pablo? Nada más que servidores por medio de los cuales ustedes llegaron a creer, según lo que el Señor le asignó a cada uno.  Yo sembré, Apolos regó, pero Dios ha dado el crecimiento.  Así que no cuenta ni el que siembra ni el que riega, sino sólo Dios, quien es el que hace crecer. Con frecuencia me han preguntado cual es la clave del crecimiento de la iglesia. Yo les digo que es Dios, el crecimiento lo da el Señor. No podemos hacer que crezca la iglesia, eso es algo que el Señor hace, nosotros somos sus colaboradores. Hace algunos años mi madre llegó a visitarnos a la casa y nos llevó un arbolito de nísperos,  y lo sembramos  en una de las esquinas del terreno de nuestra casa. Y cuando se regaba el jardín, se regaba el nisperal, pasaron los meses, empezó a crecer, a crecer, aparecieron los primeros nísperos, los disfrutamos. Al siguiente año el árbol estaba lleno de nísperos y los vecinos salían a la terraza que estaba a la par del árbol y disfrutaban gratis.

Sí, hubo quien lo sembró, hubo quien lo regó, hubo quien disfrutó de los  nísperos pero el crecimiento de ese árbol lo dio Dios. Yo sembré, dice Pablo, Apolos regó, pero el crecimiento lo dio el Señor. Yo no me puedo llevar la gloria ni la honra por lo que ha ocurrido en esta iglesia, esa honra y esa gloria solo es para Dios nuestro Señor, Él merece todo el honor, toda la gloria, es quien ha hecho crecer y por ahí han aparecido algunos a la terraza a robarse los nísperos y han disfrutado de los nísperos de este árbol y han disfrutado  de todo el fruto y seguimos disfrutando de este fruto, pero todos tenemos que entender que en la obra del Señor no importa quién sembró, no importa quién regó, lo que importa es quién da el crecimiento. No podemos el que siembra ni el que riega compararnos con el que da el crecimiento que es Dios nuestro Señor. Por eso no podemos ponernos al mismo nivel. Así que después de todo, dice Pablo, ¿qué es Apolos? ¿Y qué es Pablo? Nada más que servidores.

En efecto, somos colaboradores al servicio de Dios y cada uno colabora de distinta manera, pero todos los que somos colaboradores vamos a recibir de Dios nuestro Señor la debida recompensa cuando estemos en Su presencia, de eso no hay duda y no tenga duda que si colabora en hacer el hoyo para sembrar y no le toca ir a cosechar el fruto, fue parte de todo ese proceso. Hay algunos que estuvieron antes que nosotros que sembraron la Palabra del Señor con su propia sangre, fueron mártires de la Iglesia, los mataron, los aserraron, los encarcelaron, los quemaron, los persiguieron y hoy ellos están en el cielo disfrutando de la presencia de Dios y usted y yo estamos gozando del fruto, de la cosecha, de esa siembra que ellos hicieron con la sangre derramada en el campo misionero, en la obra del Señor. Todos somos colaboradores.

Lo que importa es la Iglesia, el cuerpo de Cristo, que esté creciendo en unidad y madurez, puesto que es el campo de cultivo de Dios, el edificio de Dios. Recomiendo que adquiera el libro Mantenga su iglesia viva y lea despacio todas las grandes verdades que hemos escrito en ese libro sobre la iglesia, porque eso es lo que somos: la iglesia, el cuerpo, un edificio, un reino pero siempre es uno. Un cuerpo tiene muchos miembros pero siempre es uno, cuando se divide se destruye. Si amputamos sus partes poco a poco, finalmente estará muerto. Desgarra la historia que nos reportan los telenoticieros con frecuencia que hallaron un cuerpo desmembrado, un cuerpo desmembrado no puede seguir viviendo, por eso no podemos contribuir a desmembrar el cuerpo de Cristo.

Concluiré con algunas características de una persona espiritual en proceso continuo de madurez, porque no hemos alcanzado totalmente la perfección, vamos en proceso continuo de una perfección. El cristiano que hace morir la carne y es espiritual hace lo siguiente: Sin importar su rol dentro de la iglesia, es de un mismo sentir y pensar en cuanto a la Misión y Visión de la iglesia, en el caso nuestro es la Fráter. Usted tiene el mismo sentir y el mismo pensar, se mantiene enfocados en esa visión y en esa misión, en el mismo sentir y pensar de la Fráter.

No alimenta rivalidades y competencias entre miembros, líderes y ministerios. Cuídese de hablar mal de alguno de los líderes, de algunos de los miembros. Si hay algo que no le gusta de una persona vaya y búsquela y dígale que no le gusta como lo saluda. Dígaselo a él, no se ponga hablar mal de él, hable con él. No hable de la persona, hable con la persona, no destruyamos la reputación de nadie.

No es celoso, sino al contrario es humilde y ayuda en amor a los demás. No le importa que su nombre no sea realzado, mencionado o recibir el crédito de un logro. Recuerdo una época en mi vida cuando era feliz cuando la gente decía es que el pastor oró por mí y sané. Yo no soy el sanador, el sanador es Cristo. Hasta que un día estaba uno de los líderes principales de la iglesia agonizando en el hospital, se me acerca otra reconocido pastor y me dice: hermano, ¿qué hace en estos casos, uno ora, ayuna reprende, uno hace y deshace y la gente no se sana? Allí el Señor puso en el corazón decirle a este hombre – si alguien se sana yo le doy la gloria y honra a Él y si alguien se muere también, todo el descrédito, es de Él –. No soy el que sana, el que sana es Dios, yo solo soy el mensajero, el que da el mensaje, el instrumento en las manos de Dios. Como dice Pablo somos colaboradores en el servicio de Cristo.

Así que usted ni se lleve la gloria ni se lleve la pena, porque todo es del Señor. Que no le importe que su nombre no sea realzado, lo que importa es que Dios sepa quién es usted, porque Dios que le ve a orar en secreto le responderá en público y le dará su debido reconocimiento siempre, porque lo que importa, nos interesa es que no trabajamos para los ojos de los hombres sino para los ojos de Dios. El hombre maduro no hace las cosas para obtener un puesto sino le importa darle gloria a Dios. Sabe que es Dios el que hace las cosas y no es por es por su habilidad. Sabe bien que es un simple servidor y colaborador de Dios. Sigue el ejemplo de Jesús nuestro Señor y Salvador que todos debemos seguir.

Filipenses 2:1-11, ahí está el ejemplo por excelencia, dice Jesús ¿cómo fue Jesús? “Por tanto, si sienten algún estímulo en su unión con Cristo, algún consuelo en su amor, algún compañerismo en el Espíritu, algún afecto entrañable, llénenme de alegría teniendo un mismo parecer, un mismo amor, unidos en alma y pensamiento. Me impresiona gente que nos visita, grupos que vienen de distintos países y nos dicen: nos impresiona el amor que hay en la Fraternidad Cristiana de Guatemala. Y eso, a mí, me da mucha alegría que nos amemos, que nos sirvamos, que nos reconozcamos unos a otros, además sigue diciendo: No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos. Cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses sino también por los intereses de los demás. La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos. Y al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz! Por eso Dios lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

Jesús, nunca vino a jactarse de su posición, a buscar que le sirvieran, a exigir atenciones, vino a servir y a dar su vida en rescate por muchos y dijo: aprenda de mí, que soy manso y humilde de corazón. Vale la pena aprender del ejemplo de Jesús. Vale la pena que seamos mansos y humildes de corazón y que como dijo Pablo, nos mantengamos en un mismo parecer, en un mismo amor unidos en alma y pensamiento.

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