Enséñanos a contar bien nuestros días ( Código – 2017 – 507 ) – Radios Fráter
  • enero 3, 2018

Enséñanos a contar bien nuestros días ( Código – 2017 – 507 )

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Se nos acaba un año y empezamos otro. Y cuando termina un año, significa que tenemos uno menos de vida. Y ¿cuántos nos quedan? No lo sabemos. Solo tenemos el día de hoy, tenemos este momento, por eso es importante aprovecharlo para decirle a las personas que las amamos, abrazarlas y expresarles nuestro cariño. Hay algunos que solo Dios sabe cuánto tiempo les queda. Por eso es tan importante que el día de hoy estemos adorándole, leyendo su Palabra, buscando su voluntad. Porque tenemos que aprovechar la vida de la mejor manera.

El Liceo Fráter tiene 31 años de haber sido fundado, y cada vez que una promoción está a punto de graduarse, se escucha la nostalgia con la que hablan. Hablan que les hará falta los compañeros, incluso los maestros y la institución. Pero empiezan a hablar de ello el último año. Y un día cada uno de nosotros nos vamos a graduar de esta vida. Por eso es importante que estemos preparados, aprovechando al máximo cada día, apreciando lo que tenemos, antes que lo perdamos.  Muy trise sería llegar al último día y darnos cuenta de ese regalo maravilloso que Dios nos dio, la vida y de cómo debimos haber vivido, cómo debimos haber tratado a nuestro prójimo y cómo debimos haber honrado a Dios.

Hoy aprenderemos cómo llegar al final de nuestros días con gozo y, sobre todo, siendo personas sabias delante de los demás y delante de Dios.

Leamos Salmo 90:10: “Algunos llegamos hasta los setenta años, quizás alcancemos hasta los ochenta, si las fuerzas nos acompañan. Tantos años de vida, sin embargo, solo traen pesadas cargas y calamidades: pronto pasan, y con ellos pasamos nosotros. 11 ¿Quién puede comprender el furor de tu enojo? ¡Tu ira es tan grande como el temor que se te debe! 12 Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón adquiera sabiduría.”

El Salmo 90 nos presenta la oración de Moisés quien vivió 120 años. Ese hombre enviado por Dios para liberar al pueblo de Israel de 430 años de esclavitud en Egipto. Fue salvado milagrosamente por medio de una cesta que flotaba por las aguas del río Nilo por la hija del Faraón, ella se estaba bañando en el río y la mandó a traer.

Moisés fue criado por su mamá y adoptado por la hija del Faraón. Pero cuando Moisés tenía 40 años mató a un egipcio que lastimaba a un esclavo judío y tuvo que huir. Y luego se nos dice que Moisés tenía 80 años cuando se presenta ante el faraón y comienzan las plagas enviadas a través de él y de su hermano Aarón por parte de Dios para liberar al pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto. ¿A qué edad empezó Moisés su ministerio? A los 80, así que no digamos que estamos viejos a los 40, ni a los 60, porque a los 80 comenzó Moisés su ministerio de liberar al pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto. Por eso es muy importante no menospreciar a los ancianos.
Si tiene un anciano en su casa como su mamá, su abuela o abuelo, no los menosprecie porque tienen experiencias que le pueden servir. ¡Aprovéchelos! No solo por lo que le puedan dejan de herencia, sino por sus experiencias. Aproveche que están vivos para que esas experiencias le ayuden a usted. Los ancianos tienen experiencia y sabiduría.

Leamos Deuteronomio 34:1 “Moisés ascendió de las llanuras de Moab al monte Nebo, a la cima del monte Pisgá, frente a Jericó. Allí el Señor le mostró todo el territorio que se extiende desde Galaad hasta Dan, 2 todo el territorio de Neftalí y de Efraín, Manasés y Judá, hasta el mar Mediterráneo. 3 Le mostró también la región del Néguev y la del valle de Jericó, la ciudad de palmeras, hasta Zoar. 4 Luego el Señor le dijo: «Este es el territorio que juré a Abraham, Isaac y Jacob que daría a sus descendientes. Te he permitido verlo con tus propios ojos, pero no podrás entrar en él». 5 Allí en Moab murió Moisés, siervo del Señor, tal como el Señor se lo había dicho. 6 Y fue sepultado en Moab, en el valle que está frente a Bet Peor, pero hasta la fecha nadie sabe dónde está su sepultura. 7 Moisés tenía ciento veinte años de edad cuando murió. Con todo, no se había debilitado su vista ni había perdido su vigor. 8 Durante treinta días los israelitas lloraron a Moisés en las llanuras de Moab, guardando así el tiempo de luto acostumbrado.”

Moisés vivió 40 años como príncipe, 40 como fugitivo y 40 sirviendo a Dios y dirigiendo al pueblo de Israel. ¿Quién más calificado para escribir el Salmo 90 y hablar sobre la muerte con todo lo que enfrentó en su vida?
Moisés tuvo la dicha de llegar a ser el hijo de la hija del faraón y vivir en un palacio. Educado por los mejores sabios y maestros de Egipto. Él era el segundo en la lista para ser el faraón por estar preparado. Él supo lo que era comer y vivir en el palacio.

Luego, pasó 40 años en el desierto, pastoreando ovejas, en otras condiciones. Como Pablo, supo estar en abundancia y estar en escases.

Y luego, los últimos 40 años los vivió viendo la mano poderosa de Dios manifestarse, como las 10 plagas que azotaron Egipto, cuando se abrió el Mar Rojo, luego el Maná. En el desierto tuvieron el agua.

Ahora, Salomón también escribió algo sobre contar bien nuestros días. Eclesiastés 12:1 dice: “Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que lleguen los días malos y vengan los años en que digas: «No encuentro en ellos placer alguno»; 2 antes que dejen de brillar el sol y la luz, la luna y las estrellas, y vuelvan las nubes después de la lluvia. 3 Un día temblarán los guardianes de la casa, y se encorvarán los hombres de batalla; se detendrán las molenderas por ser tan pocas, y se apagarán los que miran a través de las ventanas. 4 Se irán cerrando las puertas de la calle, irá disminuyendo el ruido del molino, las aves elevarán su canto, pero apagados se oirán sus trinos. 5 Sobrevendrá el temor por las alturas y por los peligros del camino. Florecerá el almendro, la langosta resultará onerosa, y no servirá de nada la alcaparra, pues el hombre se encamina al hogar eterno y rondan ya en la calle los que lloran su muerte. 6 Acuérdate de tu Creador antes que se rompa el cordón de plata y se quiebre la vasija de oro, y se estrelle el cántaro contra la fuente y se haga pedazos la polea del pozo. 7 Volverá entonces el polvo a la tierra, como antes fue, y el espíritu volverá a Dios, que es quien lo dio.”

Este pasaje se aplica mucho para advertir a los jóvenes. Porque cuando sea anciano, para ver la luz del sol, lo sacarán al patio de la casa, al igual que para ver las estrellas de la noche. Salomón dice: llegará el día, por eso debemos acordarnos de Dios en los días de nuestra juventud. También llegará un día en que no se podrá subir gradas y cuando se es anciano, sale una curvatura en la espalda. Y los dientes de los ancianos tampoco les sirven mucho, ni los ojos y muchos hasta pierden la habilidad de oír. Llega el día en que los mismos familiares lo ven a uno y ven cerca la muerte, listo para “patear la cubeta” como se dice en Guatemala.

Por eso dice Salomón que nos acordemos de Dios desde nuestra juventud.

¿En dónde terminaremos? En el polvo, eso somos. Y aquí no hay discriminación que valga, todos somos polvo.

Cuando alguien se muere, su espíritu vuelve a Dios, no anda vagando por ahí. Pero el cuerpo vuelve al polvo cuando se corrompe. Es por eso que debemos apreciar al abuelo, a la abuela, porque no siempre estarán con nosotros.

Nadie se quiere morir, pero llega el punto en que vivir es un martirio, porque el cuerpo se va desgastando. Llegan las pesadas cargas y calamidades, dijo Moisés. La vida es breve.

¿Por qué entró la muerte? Por la desobediencia de Adán y Eva al mandato de no comer del único fruto prohibido en el jardín del Edén. Comen del árbol del conocimiento del bien y del mal, pero no el de la vida. La enfermedad y la muerte entran a la humanidad. Y el ser humano conoce las consecuencias de quebrantar los mandamientos y rebelarse ante la santidad de Dios y son expulsados del jardín del Edén. El furor del enojo de Dios ante el pecado es una realidad.

Así dice el Salmo 90:10: “Algunos llegamos hasta los setenta años, quizás alcancemos hasta los ochenta, si las fuerzas nos acompañan. Tantos años de vida, sin embargo, solo traen pesadas cargas y calamidades: pronto pasan, y con ellos pasamos nosotros. 11 ¿Quién puede comprender el furor de tu enojo? ¡Tu ira es tan grande como el temor que se te debe!

El furor del enojo del Señor se manifestó cuando vio que le habían desobedecido y allí se rompió esa comunión que tenían. Por eso Pablo dice que por un hombre entró la muerte, Adán, pero por otro hombre entró la vida, Jesús. Por eso Jesús vino y en el desierto donde fue tentado, venció la tentación y en la cruz del Calvario recuperó la salvación de nosotros para que pudiéramos disfrutar de la comunión con Dios y tener vida en abundancia aquí en la tierra y vida eterna en los cielos.

Gracias al postrer Adán, a Jesús.

La oración es, entonces, enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón adquiera sabiduría.

¿Qué pasa cuando uno se muere? Leamos la parábola que Jesús cuenta para que sepamos qué pasa después de la muerte, está en Lucas 16:19: »Había un hombre rico que se vestía lujosamente y daba espléndidos banquetes todos los días. 20 A la puerta de su casa se tendía un mendigo llamado Lázaro, que estaba cubierto de llagas 21 y que hubiera querido llenarse el estómago con lo que caía de la mesa del rico. Hasta los perros se acercaban y le lamían las llagas. 22 »Resulta que murió el mendigo, y los ángeles se lo llevaron para que estuviera al lado de Abraham. También murió el rico, y lo sepultaron. 23 En el infierno, en medio de sus tormentos, el rico levantó los ojos y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro junto a él. 24 Así que alzó la voz y lo llamó: “Padre Abraham, ten compasión de mí y manda a Lázaro que moje la punta del dedo en agua y me refresque la lengua, porque estoy sufriendo mucho en este fuego”. 25 Pero Abraham le contestó: “Hijo, recuerda que durante tu vida te fue muy bien, mientras que a Lázaro le fue muy mal; pero ahora a él le toca recibir consuelo aquí, y a ti, sufrir terriblemente. 26 Además de eso, hay un gran abismo entre nosotros y ustedes, de modo que los que quieren pasar de aquí para allá no pueden, ni tampoco pueden los de allá para acá”. 27 »Él respondió: “Entonces te ruego, padre, que mandes a Lázaro a la casa de mi padre, 28 para que advierta a mis cinco hermanos y no vengan ellos también a este lugar de tormento”. 29 Pero Abraham le contestó: “Ya tienen a Moisés y a los profetas; ¡que les hagan caso a ellos!” 30 “No les harán caso, padre Abraham —replicó el rico—; en cambio, si se les presentara uno de entre los muertos, entonces sí se arrepentirían”. 31 Abraham le dijo: “Si no les hacen caso a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán aunque alguien se levante de entre los muertos”».

Recordemos, debemos poner nuestra fe en Cristo Jesús para no sufrir como lo menciona esta parte de la Biblia. Así como, no se puede orar por quienes ya están muertos, por eso hay que hacerlo cuando están en vida.

Así que, viejos y jóvenes, acuérdense de su creador, antes de que llegue el día en que ya no será posible. Noé predicó 100 años “viene un diluvio”, pero nadie le creyó. Y cuando Dios le dijo “entra en el arca”, empezó a llover y a llover. Y cuando eso pasó, toda la gente empezó a correr al arca, pero Noé no pudo hacer nada. Por eso hoy es cuando debemos reconocer a Jesús como nuestro salvador.

Por eso es claro Salmos 111:10 cuando dice: “El principio de la sabiduría es el temor del Señor; buen juicio demuestran quienes cumplen sus preceptos. ¡Su alabanza permanece para siempre!”.

Y 1 Pedro 1:13: “Por eso, dispónganse para actuar con inteligencia; tengan dominio propio; pongan su esperanza completamente en la gracia que se les dará cuando se revele Jesucristo. 14 Como hijos obedientes, no se amolden a los malos deseos que tenían antes, cuando vivían en la ignorancia. 15 Más bien, sean ustedes santos en todo lo que hagan, como también es santo quien los llamó; 16 pues está escrito: «Sean santos, porque yo soy santo».”

Pidámosle a Dios que nos enseñe a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón adquiera sabiduría.

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