La voluntad de Dios ( Código – 2018-040 ) – Radios Fráter
  • febrero 8, 2018

La voluntad de Dios ( Código – 2018-040 )

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Hay días en que recordamos las cosas tremendas que nos suceden. Como el terremoto del 1976 en Guatemala. Fue un evento catastrófico, más de 25,000 personas perdieron la vida. Puede ver de primera mano la devastación, muchas casas hechas de adobe y con techo de tejas, cayeron sobre muchas familias. A las 3 de la mañana, muchos perdieron la vida por el peso y el polvo de esas construcciones. Pero Dios nos ayudó y nos permitió ayudar a levantar a Guatemala. Y Dios nos ayuda a seguir haciendo que nuestros países sean de bendición, de paz.

Pero también hay terremotos emocionales. Hace poco se supo de la muerte del hijo de Fidel Castro. ¿Cómo se llega a un extremo de depresión? Que Dios nos ayude a vencer la depresión. Y esa misma angustia vivió Jesús cuando su tesorero, Judas, lo vendió por 30 monedas de plata, y lo iban a juzgar y crucificar. Y en medio de esa situación terrible, Jesús en el Getsemaní oró pidiendo la voluntad del Padre.

Conocer la voluntad de Dios es importante, porque a veces estar en la voluntad de Dios implica sufrir un sacrificio, así como Jesús sufrió un sacrificio en la voluntad de Dios. A veces la voluntad de Dios implica traición o jucio, otras veces persecución y hasta la cruz, así como Jesús. Por eso los discípulos le pidieron a Jesús que les enseñara a orar, él les dijo: – cuando oren digan: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo -. Cada vez que oremos tenemos que estar dispuestos a aceptar la soberanía de Dios. Él es el creador y dueño del universo, él es el rey de los cielos, la máxima autoridad en nuestra vida.

Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Y la tierra es nuestro cuerpo, porque del polvo fuimos formados. Al morir el cuerpo vuelve al polvo y el espíritu vuelve a Dios. Entonces cuando decimos “hágase tu voluntad en la tierra”, estamos diciendo que se haga su voluntad en nuestro cuerpo. Que se haga tu voluntad y no la nuestra, porque nuestra voluntad puede ser muy distinta a la de Dios. Por ejemplo, en ocasiones querremos matar a alguien, pero la voluntad de Dios es otra. Él dice que suya es la venganza. He podido comprobar que la Palabra de Dios se cumple. Y uno se puede asombrar de lo que les pasa a aquellos que nos hacen daño. Por eso es mejor hacer la voluntad de Dios, aunque sea como una cuesta arriba, hacia la cruz, que hacer nuestra voluntad.

Pablo escribe sobre eso en 1 Tesalonicenses 4:1: “Por lo demás, hermanos, les pedimos encarecidamente en el nombre del Señor Jesús que sigan progresando en el modo de vivir que agrada a Dios, tal como lo aprendieron de nosotros. De hecho, ya lo están practicando. 2 Ustedes saben cuáles son las instrucciones que les dimos de parte del Señor Jesús.”

Si hay un modo de vivir que agrada a Dios, hay un modo de vivir que no agrada a Dios.
Y el versículo 3 dice: “La voluntad de Dios es que sean santificados; que se aparten de la inmoralidad sexual; 4 que cada uno aprenda a controlar su propio cuerpo de una manera santa y honrosa, 5 sin dejarse llevar por los malos deseos como hacen los paganos, que no conocen a Dios; 6 y que nadie perjudique a su hermano ni se aproveche de él en este asunto. El Señor castiga todo esto, como ya les hemos dicho y advertido. 7 Dios no nos llamó a la impureza, sino a la santidad; 8 por tanto, el que rechaza estas instrucciones no rechaza a un hombre, sino a Dios, quien les da a ustedes su Espíritu Santo.”

La voluntad de Dios es que seamos santificados. Santificarse es apartarse de algo para consagrarse a algo. En el Antiguo Testamento se santificó el templo de Jerusalem, se consagró para el culto a Dios y venían de todas partes del mundo a adorarlo. Hoy ya no tenemos que ir a Jerusalem a adorar, lo podemos hacer en nuestros países. Porque la Biblia dice que Dios no habita en templos hechos de manos sino que mora dentro de nosotros. Por eso nuestro cuerpo debe ser santo.

Si limpiamos nuestras casas, nuestros templos donde nos reunimos, siendo estos algo físico, nuestro cuerpo debe estar limpio también porque Dios está dentro de nosotros.
La inmoralidad sexual en la Biblia, se refiere a cualquier tipo de pecado sexual. Tanto en el mundo de los paganos en Tesalónica, como en el mundo de hoy, muchos ven las relaciones pre matrimoniales y extra matrimoniales como algo normal, siempre y cuando no haya consecuencias de embarazos no deseados o contagios de enfermedades de transmisión sexual. Jamás podrían entender que esto es pecado porque no entienden. El no creyente no entiende por qué la inmoralidad sexual es mala. Pero Dios el Creador, sabe más. El que viene a él comprende la dimensión destructiva personal, en pareja y de la sociedad, cuando esta se deshonra a sí misma al practicar la inmoralidad sexual.

La voluntad de Dios no tiene que ver sólo con el tema sexual, es santificarnos completamente en espíritu, alma y cuerpo a él. Pero en el caso específico de lo que pasaba en Tesalónica, y que lo desconocemos, entendemos que menciona que la voluntad de Dios es apartarse de la inmoralidad sexual. ¿Recuerda que Pablo les dice que desea verlos para suplir lo que les falta a su fe? Esto es algo que falta en algunos que están practicando la inmoralidad sexual. Así que la voluntad de Dios incluye el apartarse de la inmoralidad sexual y también de todo tipo de pecado y conducta que no le honra.

Usted no enfrenta la tentación, usted huye de la tentación. Usted huye de todo escenario sólo o acompañado que lo seduzca y lo termine trayendo a la lona, cuando resulta quebrantando los mandamientos de Dios y pecando contra usted y su prójimo. 1 Corintios 6:18 dice “Huyan de la inmoralidad sexual. Todos los demás pecados que una persona comete quedan fuera de su cuerpo; pero el que comete inmoralidades sexuales peca contra su propio cuerpo.”

¿Cómo puede huir el soltero?
¿Cómo puede huir el casado?

Para santificarse deben aprender a controlar su cuerpo de una manera santa y honrosa. Los deseos sexuales fueron dados por Dios. Pero los deseos no son para darles rienda suelta. La monogamia y la castidad, no sólo honran a Dios. El soltero que se guarda honra a Dios y su futura pareja. El casado que es fiel a su pareja, honra a Dios y a su pareja. Colosenses 3:5 dice: “Por tanto, hagan morir todo lo que es propio de la naturaleza terrenal: inmoralidad sexual, impureza, bajas pasiones, malos deseos y avaricia, la cual es idolatría.”

No debemos dejarnos llevar por los malos deseos como hacen los paganos, que no conocen a Dios. Los deseos sexuales son de los deseos más poderosos que experimentamos los seres humanos. Pero somos llamados a resistirlos. A no dejarnos arrastrar por ellos. ¿En qué está sembrando con su mirada, con sus conversaciones y con sus pensamientos?, ¿En su naturaleza pecaminosa o en el Espíritu? Gálatas 6:8 dice: “El que siembra para agradar a su naturaleza pecaminosa, de esa misma naturaleza cosechará destrucción; el que siembra para agradar al Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna.”

No debemos perjudicar a nuestro hermano, ni aprovecharse de él en este tipo de asuntos. En lugar de ponerle cargas a nuestro hermano, somos llamados a ayudarles a llevarlas. Cuando usted bromea o seduce a alguien a pecar sexualmente, sea del sexo opuesto o del mismo sexo, usted no sólo está perjudicando a su hermano sino aprovechándose de sus carencias y tentaciones. Gálatas 6:1 dice: “Hermanos, si alguien es sorprendido en pecado, ustedes que son espirituales deben restaurarlo con una actitud humilde. Pero cuídese cada uno, porque también puede ser tentado. 2 Ayúdense unos a otros a llevar sus cargas, y así cumplirán la ley de Cristo.”

Juan 8:1 dice: “Pero Jesús se fue al monte de los Olivos. 2 Al amanecer se presentó de nuevo en el templo. Toda la gente se le acercó, y él se sentó a enseñarles. 3 Los maestros de la ley y los fariseos llevaron entonces a una mujer sorprendida en adulterio, y poniéndola en medio del grupo 4 le dijeron a Jesús: ―Maestro, a esta mujer se le ha sorprendido en el acto mismo de adulterio. 5 En la ley Moisés nos ordenó apedrear a tales mujeres. ¿Tú qué dices? 6 Con esta pregunta le estaban tendiendo una trampa, para tener de qué acusarlo. Pero Jesús se inclinó y con el dedo comenzó a escribir en el suelo. 7 Y, como ellos lo acosaban a preguntas, Jesús se incorporó y les dijo: ―Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra. 8 E inclinándose de nuevo, siguió escribiendo en el suelo. 9 Al oír esto, se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos, hasta dejar a Jesús solo con la mujer, que aún seguía allí. 10 Entonces él se incorporó y le preguntó: ―Mujer, ¿dónde están? ¿Ya nadie te condena? 11 ―Nadie, Señor. ―Tampoco yo te condeno. Ahora vete, y no vuelvas a pecar.”

¿Cuál fue la reacción de Jesús? Restauradora. Somos pecadores perdonados por Jesús, y por eso estamos agradecidos, dandole gracias a Dios porque en su misericordia, en lugar de condenarnos nos dijo: ni yo te condeno. La paga del pecado es muerte pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro.

1 Tesalonicenses 5:23 dice: “Que Dios mismo, el Dios de paz, los santifique por completo, y conserve todo su ser -espíritu, alma y cuerpo- irreprochable para la venida de nuestro Señor Jesucristo. 24 El que los llama es fiel, y así lo hará.”

Lo que Pablo pide es humanamente imposible, pero Dios lo puede hacer, porque él es poderoso y lo hará.

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