Padres Ejemplares ( Código – 2018-207 ) – Radios Fráter
  • junio 17, 2018

Padres Ejemplares ( Código – 2018-207 )

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Todos los domingos celebramos el día del Señor, nuestro padre que está en los cielos. Por eso venimos en familia a adorarlo. Él es nuestro padre perfecto que nos amó, nos rescató.

A veces el día del padre, como que cae un manto de culpabilidad, pero hay padres ejemplares, pero no hay padres perfectos. Todos somos pecadores por eso vino Jesús a pagar el precio de nuestros pecados. Por eso ninguna condenación hay para los que estamos en Cristo Jesús.

En la Biblia conocemos de padres ejemplares de los que hablaremos. Uno de ellos es Noé, quien construyó el arca. Génesis 6:5 dice: “Al ver el Señor que la maldad del ser humano en la tierra era muy grande, y que todos sus pensamientos tendían siempre hacia el mal, 6 se arrepintió de haber hecho al ser humano en la tierra, y le dolió en el corazón. 7 Entonces dijo: «Voy a borrar de la tierra al ser humano que he creado. Y haré lo mismo con los animales, los reptiles y las aves del cielo. ¡Me arrepiento de haberlos creado!» 8 Pero Noé contaba con el favor del Señor. 9 Esta es la historia de Noé. Noé era un hombre justo y honrado entre su gente. Siempre anduvo fielmente con Dios. 10 Tuvo tres hijos: Sem, Cam y Jafet. 11 Pero Dios vio que la tierra estaba corrompida y llena de violencia. 12 Al ver Dios tanta corrupción en la tierra, y tanta perversión en la gente, 13 le dijo a Noé: «He decidido acabar con toda la gente, pues por causa de ella la tierra está llena de violencia. Así que voy a destruir a la gente junto con la tierra. 14 Constrúyete un arca de madera resinosa, hazle compartimentos, y cúbrela con brea por dentro y por fuera. 15 Dale las siguientes medidas: ciento cuarenta metros de largo, veintitrés de ancho y catorce de alto. 16 Hazla de tres pisos, con una abertura a medio metro del techo y con una puerta en uno de sus costados. 17 Porque voy a enviar un diluvio sobre la tierra, para destruir a todos los seres vivientes bajo el cielo. Todo lo que existe en la tierra morirá. 18 Pero contigo estableceré mi pacto, y entrarán en el arca tú y tus hijos, tu esposa y tus nueras. 19 Haz que entre en el arca una pareja de todos los seres vivientes, es decir, un macho y una hembra de cada especie, para que sobrevivan contigo. 20 Contigo entrará también una pareja de cada especie de aves, de ganado y de reptiles, para que puedan sobrevivir. 21 Recoge además toda clase de alimento, y almacénalo, para que a ti y a ellos les sirva de comida». 22 Y Noé hizo todo según lo que Dios le había mandado.”

Noé creyó a la palabra de Dios y construyó un arca contra toda lógica, de esa manera salvó a su familia. Ahora el arca ante el diluvio del pecado y que nos salva, es Jesucristo. Así como el Arca tenía un sola puerta la cual cerró Dios, Jesucristo es la puerta por la que todo el que entre será salvo. Él es el pastor, nosotros las ovejas y él la puerta de su rebaño. Juan 10:9 dice: “Yo soy la puerta; el que entre por esta puerta, que soy yo, será salvo. Se moverá con entera libertad, y hallará pastos.”

Padres, que Cristo sea el Arca, el Salvador de nuestros hijos. Papá, salve a sus hijos del diluvio del pecado. Usted es llamado a ser el que presente el evangelio de Jesucristo a sus hijos, guiarlos en una oración de arrepentimiento de pecados y a enseñarles lo que la Biblia enseña. Jesús es el Arca, echa de madera, la cruz y Cristo crucificado en nuestra salvación. Que Cristo sea el Salvador de sus hijos.

Otro padre ejemplar del que podemos aprende es Moisés. Moisés, enfrentó con la mano de Dios, las pruebas más duras y liberó al pueblo de Israel esclavo en Egipto. Enfrentó el temor ante la misión de liberar al pueblo de Israel en Egipto. Éxodo 3:1 dice: “Un día en que Moisés estaba cuidando el rebaño de Jetro, su suegro, que era sacerdote de Madián, llevó las ovejas hasta el otro extremo del desierto y llegó a Horeb, la montaña de Dios. 2 Estando allí, el ángel del Señor se le apareció entre las llamas de una zarza ardiente. Moisés notó que la zarza estaba envuelta en llamas, pero que no se consumía, 3 así que pensó: «¡Qué increíble! Voy a ver por qué no se consume la zarza». 4 Cuando el Señor vio que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza: ―¡Moisés, Moisés! ―Aquí me tienes —respondió. 5 ―No te acerques más —le dijo Dios—. Quítate las sandalias, porque estás pisando tierra santa. 6 Yo soy el Dios de tu padre. Soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Al oír esto, Moisés se cubrió el rostro, pues tuvo miedo de mirar a Dios. 7 Pero el Señor siguió diciendo: ―Ciertamente he visto la opresión que sufre mi pueblo en Egipto. Los he escuchado quejarse de sus capataces, y conozco bien sus penurias. 8 Así que he descendido para librarlos del poder de los egipcios y sacarlos de ese país, para llevarlos a una tierra buena y espaciosa, tierra donde abundan la leche y la miel. Me refiero al país de los cananeos, hititas, amorreos, ferezeos, heveos y jebuseos. 9 Han llegado a mis oídos los gritos desesperados de los israelitas, y he visto también cómo los oprimen los egipcios. 10 Así que disponte a partir. Voy a enviarte al faraón para que saques de Egipto a los israelitas, que son mi pueblo. 11 Pero Moisés le dijo a Dios:―¿Y quién soy yo para presentarme ante el faraón y sacar de Egipto a los israelitas? 12 ―Yo estaré contigo —le respondió Dios—. Y te voy a dar una señal de que soy yo quien te envía: Cuando hayas sacado de Egipto a mi pueblo, todos ustedes me rendirán culto[a] en esta montaña. 13 Pero Moisés insistió: ―Supongamos que me presento ante los israelitas y les digo: “El Dios de sus antepasados me ha enviado a ustedes”. ¿Qué les respondo si me preguntan: “¿Y cómo se llama?” 14 ―Yo soy el que soy —respondió Dios a Moisés—. Y esto es lo que tienes que decirles a los israelitas: “Yo soy me ha enviado a ustedes”.

Moisés enfrentó con 10 plagas la dureza del corazón del Faraón. Las aguas se convierten en sangre (Éxodo 7:14-25), las ranas (Éxodo 8:1-15), Los piojos (Éxodo 8:16-19), las moscas (Éxodo 8:20-32), la terrible peste sobre el ganado (Éxodo 9:1-7), las úlceras (Éxodo 9:8-12), el granizo y el fuego (Éxodo 9:13-35), las langostas (Éxodo 10:1-20), las Tinieblas y Oscuridad (Éxodo 10:21-29) y la muerte de todos los primogénitos (Éxodo 11:1-10). Enfrentó al mar Rojo y a las rebeliones por la falta de agua y de comida. Partió el mar Rojo en dos (Éxodo 14), Dios proveyó maná, codornices (Éxodo 16) y agua (Éxodo 17).

Lo mejor de todo es que Jesús es quien nos libera de la esclavitud del pecado. Romanos 6:17 dice: “Pero gracias a Dios que, aunque antes eran esclavos del pecado, ya se han sometido de corazón a la enseñanza que les fue transmitida. 18 En efecto, habiendo sido liberados del pecado, ahora son ustedes esclavos de la justicia. 19 Hablo en términos humanos, por las limitaciones de su naturaleza humana. Antes ofrecían ustedes los miembros de su cuerpo para servir a la impureza, que lleva más y más a la maldad; ofrézcanlos ahora para servir a la justicia que lleva a la santidad. 20 Cuando ustedes eran esclavos del pecado, estaban libres del dominio de la justicia. 21 ¿Qué fruto cosechaban entonces? ¡Cosas que ahora los avergüenzan y que conducen a la muerte! 22 Pero ahora que han sido liberados del pecado y se han puesto al servicio de Dios, cosechan la santidad que conduce a la vida eterna. 23 Porque la paga del pecado es muerte, mientras que la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor.”

Papás, que Cristo libere a nuestros hijos de la esclavitud del pecado. Dios utilizó a Moisés para liberar al pueblo de Israel y Jesús en la cruz fue el sacrificio que quita el pecado del mundo. Que sus hijos sean libres en Cristo del pecado y vivan consagradas para él, es su llamado.

Y un tercer hombre es David, quien cometió el pecado del adulterio pero al ser confrontado se arrepintió. David hizo grandes obras como derrotar al gigante Goliat. David fue perseguido por el rey Saúl, pero Dios lo puso en el trono de Israel. David pecó con Betsabé y quiso limpiar su pecado. 2 Samuel 11:1 dice: “En la primavera, que era la época en que los reyes[a] salían de campaña, David mandó a Joab con la guardia real y todo el ejército de Israel para que aniquilara a los amonitas y sitiara la ciudad de Rabá. Pero David se quedó en Jerusalén. 2 Una tarde, al levantarse David de la cama, comenzó a pasearse por la azotea del palacio, y desde allí vio a una mujer que se estaba bañando. La mujer era sumamente hermosa, 3 por lo que David mandó que averiguaran quién era, y le informaron: «Se trata de Betsabé, que es hija de Elián y esposa de Urías el hitita». 4 Entonces David ordenó que la llevaran a su presencia y, cuando Betsabé llegó, él se acostó con ella. Después de eso, ella volvió a su casa. Hacía poco que Betsabé se había purificado de su menstruación, 5 así que quedó embarazada y se lo hizo saber a David. 6 Entonces David le envió este mensaje a Joab: «Mándame aquí a Urías el hitita». Y Joab así lo hizo. 7 Cuando Urías llegó, David le preguntó cómo estaban Joab y los soldados, y cómo iba la campaña. 8 Luego le dijo: «Vete a tu casa y acuéstate con tu mujer». Tan pronto como salió del palacio, Urías recibió un regalo de parte del rey, 9 pero, en vez de irse a su propia casa, se acostó a la entrada del palacio, donde dormía la guardia real. 10 David se enteró de que Urías no había ido a su casa, así que le preguntó: ―Has hecho un viaje largo; ¿por qué no fuiste a tu casa? 11 ―En este momento —respondió Urías—, tanto el arca como los hombres de Israel y de Judá se guarecen en simples enramadas, y mi señor Joab y sus oficiales acampan al aire libre, ¿y yo voy a entrar en mi casa para darme un banquete y acostarme con mi esposa? ¡Tan cierto como que Su Majestad vive, que yo no puedo hacer tal cosa! 12 ―Bueno, entonces quédate hoy aquí, y mañana te enviaré de regreso —replicó David. Urías se quedó ese día en Jerusalén. Pero al día siguiente 13 David lo invitó a un banquete y logró emborracharlo. A pesar de eso, Urías no fue a su casa, sino que volvió a pasar la noche donde dormía la guardia real. 14 A la mañana siguiente, David le escribió una carta a Joab, y se la envió por medio de Urías. 15 La carta decía: «Pongan a Urías al frente de la batalla, donde la lucha sea más dura. Luego déjenlo solo, para que lo hieran y lo maten».”

Tambiém 2 Samuel 11:26 dice: “Cuando Betsabé se enteró de que Urías, su esposo, había muerto, hizo duelo por él. 27 Después del luto, David mandó que se la llevaran al palacio y la tomó por esposa. Con el tiempo, ella le dio un hijo. Sin embargo, lo que David había hecho le desagradó al Señor.”

David al ser confrontado con el profeta Natán se arrepintió de su pecado. 2 Samuel 12:1 “El Señor envió a Natán para que hablara con David. Cuando se presentó ante David, le dijo: ―Dos hombres vivían en un pueblo. El uno era rico, y el otro pobre. 2 El rico tenía muchísimas ovejas y vacas; 3 en cambio, el pobre no tenía más que una sola ovejita que él mismo había comprado y criado. La ovejita creció con él y con sus hijos: comía de su plato, bebía de su vaso y dormía en su regazo. Era para ese hombre como su propia hija. 4 Pero sucedió que un viajero llegó de visita a casa del hombre rico y, como este no quería matar ninguna de sus propias ovejas o vacas para darle de comer al huésped, le quitó al hombre pobre su única ovejita. 5 Tan grande fue el enojo de David contra aquel hombre, que le respondió a Natán: ―¡Tan cierto como que el Señor vive, que quien hizo esto merece la muerte! 6 ¿Cómo pudo hacer algo tan ruin? ¡Ahora pagará cuatro veces el valor de la oveja! 7 Entonces Natán le dijo a David: ―¡Tú eres ese hombre! Así dice el Señor, Dios de Israel: “Yo te ungí como rey sobre Israel, y te libré del poder de Saúl. 8 Te di el palacio de tu amo, y puse sus mujeres en tus brazos. También te permití gobernar a Israel y a Judá. Y por si esto hubiera sido poco, te habría dado mucho más. 9 ¿Por qué, entonces, despreciaste la palabra del Señor haciendo lo que le desagrada? ¡Asesinaste a Urías el hitita para apoderarte de su esposa! ¡Lo mataste con la espada de los amonitas! 10 Por eso la espada jamás se apartará de tu familia, pues me despreciaste al tomar la esposa de Urías el hitita para hacerla tu mujer”. 11 »Pues bien, así dice el Señor: “Yo haré que el desastre que mereces surja de tu propia familia, y ante tus propios ojos tomaré a tus mujeres y se las daré a otro, el cual se acostará con ellas en pleno día. 12 Lo que tú hiciste a escondidas, yo lo haré a plena luz, a la vista de todo Israel”». 13 ―¡He pecado contra el Señor! —reconoció David ante Natán. ―El Señor ha perdonado ya tu pecado, y no morirás —contestó Natán—. 14 Sin embargo, tu hijo sí morirá, pues con tus acciones has ofendido al Señor.”

Y el Salmo 51:1 dice: “Ten compasión de mí, oh Dios, conforme a tu gran amor; conforme a tu inmensa bondad, borra mis transgresiones. 2 Lávame de toda mi maldad y límpiame de mi pecado. 3 Yo reconozco mis transgresiones; siempre tengo presente mi pecado. 4 Contra ti he pecado, solo contra ti, y he hecho lo que es malo ante tus ojos; por eso, tu sentencia es justa, y tu juicio, irreprochable. 5 Yo sé que soy malo de nacimiento; pecador me concibió mi madre. 6 Yo sé que tú amas la verdad en lo íntimo; en lo secreto me has enseñado sabiduría. 7 Purifícame con hisopo, y quedaré limpio; lávame, y quedaré más blanco que la nieve. 8 Anúnciame gozo y alegría; infunde gozo en estos huesos que has quebrantado. 9 Aparta tu rostro de mis pecados y borra toda mi maldad. 10 Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu. 11 No me alejes de tu presencia ni me quites tu santo Espíritu. 12 Devuélveme la alegría de tu salvación; que un espíritu obediente me sostenga. 13 Así enseñaré a los transgresores tus caminos, y los pecadores se volverán a ti. 14 Dios mío, Dios de mi salvación, líbrame de derramar sangre, y mi lengua alabará tu justicia. 15 Abre, Señor, mis labios, y mi boca proclamará tu alabanza. 16 Tú no te deleitas en los sacrificios ni te complacen los holocaustos; de lo contrario, te los ofrecería. 17 El sacrificio que te agrada es un espíritu quebrantado; tú, oh Dios, no desprecias al corazón quebrantado y arrepentido. 18 En tu buena voluntad, haz que prospere Sión; levanta los muros de Jerusalén. 19 Entonces te agradarán los sacrificios de justicia, los holocaustos del todo quemados, y sobre tu altar se ofrecerán becerros.”

Papás, que nuestros hijos nos vean arrepentirnos de nuestros pecados y creer en Jesucristo. No existe el papá perfecto. La Biblia es clara cuando dice que no existe justo, ni siquiera uno. El mayor ejemplo que podemos darles a nuestros hijos, es creer en Dios, arrepentirnos de nuestros pecados, poner nuestra fe en Jesucristo y apartarnos de nuestra maldad.

Dios, envío a su hijo unigénito a la tierra y confirmó su divinidad. Jesús ha sido desde siempre la segunda persona de la divinidad. Juan 1:1 dice: “En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. 2 Él estaba con Dios en el principio. 3 Por medio de él todas las cosas fueron creadas; sin él, nada de lo creado llegó a existir. 4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de la humanidad. 5 Esta luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no han podido extinguirla.”

Jesús es el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Apocalipsis 21:6 dice: “También me dijo: «Ya todo está hecho. Yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin.”

Jesús dejó la gloria y tomó la forma de hombre. Juan 1:14 dice: “Y el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros. Y hemos contemplado su gloria, la gloria que corresponde al Hijo unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.”

Dios confirmó su divinidad y habló palabras de afirmación sobre su vida. Mateo 3:13 dice: “Un día Jesús fue de Galilea al Jordán para que Juan lo bautizara. 14 Pero Juan trató de disuadirlo. ―Yo soy el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? —objetó. 15 ―Hagámoslo como te digo, pues nos conviene cumplir con lo que es justo —le contestó Jesús. Entonces Juan consintió. 16 Tan pronto como Jesús fue bautizado, subió del agua. En ese momento se abrió el cielo, y él vio al Espíritu de Dios bajar como una paloma y posarse sobre él. 17 Y una voz del cielo decía: «Este es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él».”

Papás, amemos y hablemos palabras de afirmación sobre la vida de nuestros hijos. Dios mismo declara a su hijo Jesús amado y dice que está muy complacido con él. ¿Qué piensan sus hijos sobre su amor hacia ellos?, ¿Qué tipo de palabras habla sobre sus hijos? Papá, ame y hable palabras de afirmación sobre la vida de sus hijos.

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