El Señor de paz ( Código – 2018-294 ) – Radios Fráter
  • agosto 16, 2018

El Señor de paz ( Código – 2018-294 )

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Hoy estamos terminando la serie de lecciones sobre la segunda carta de Pablo a los Tesalonicenses. Y debemos leerla en la totalidad en una sentada.

Dice así 2 Tesalonicenses 1:1: “Pablo, Silvano y Timoteo, a la iglesia de los tesalonicenses, unida a Dios nuestro Padre y al Señor Jesucristo: 2 Que Dios el Padre y el Señor Jesucristo les concedan gracia y paz. 3 Hermanos, siempre debemos dar gracias a Dios por ustedes, como es justo, porque su fe se acrecienta cada vez más, y en cada uno de ustedes sigue abundando el amor hacia los otros. 4 Así que nos sentimos orgullosos de ustedes ante las iglesias de Dios por la perseverancia y la fe que muestran al soportar toda clase de persecuciones y sufrimientos. 5 Todo esto prueba que el juicio de Dios es justo, y por tanto él los considera dignos de su reino, por el cual están sufriendo.
6 Dios, que es justo, pagará con sufrimiento a quienes los hacen sufrir a ustedes. 7 Y a ustedes que sufren, les dará descanso, lo mismo que a nosotros. Esto sucederá cuando el Señor Jesús se manifieste desde el cielo entre llamas de fuego, con sus poderosos ángeles, 8 para castigar a los que no reconocen a Dios ni obedecen el evangelio de nuestro Señor Jesús. 9 Ellos sufrirán el castigo de la destrucción eterna, lejos de la presencia del Señor y de la majestad de su poder, 10 el día en que venga para ser glorificado por medio de sus santos y admirado por todos los que hayan creído, entre los cuales están ustedes porque creyeron el testimonio que les dimos.
11 Por eso oramos constantemente por ustedes, para que nuestro Dios los considere dignos del llamamiento que les ha hecho, y por su poder perfeccione toda disposición al bien y toda obra que realicen por la fe. 12 Oramos así, de modo que el nombre de nuestro Señor Jesús sea glorificado por medio de ustedes, y ustedes por él, conforme a la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo.

2:1 Ahora bien, hermanos, en cuanto a la venida de nuestro Señor Jesucristo y a nuestra reunión con él, les pedimos que 2 no pierdan la cabeza ni se alarmen por ciertas profecías,[a] ni por mensajes orales o escritos supuestamente nuestros, que digan: «¡Ya llegó el día del Señor!» 3 No se dejen engañar de ninguna manera, porque primero tiene que llegar la rebelión contra Dios[b] y manifestarse el hombre de maldad,[c] el destructor por naturaleza.[d] 4 Este se opone y se levanta contra todo lo que lleva el nombre de Dios o es objeto de adoración, hasta el punto de adueñarse del templo de Dios y pretender ser Dios.
5 ¿No recuerdan que ya les hablaba de esto cuando estaba con ustedes? 6 Bien saben que hay algo que detiene a este hombre, a fin de que él se manifieste a su debido tiempo. 7 Es cierto que el misterio de la maldad ya está ejerciendo su poder; pero falta que sea quitado de en medio el que ahora lo detiene. 8 Entonces se manifestará aquel malvado, a quien el Señor Jesús derrocará con el soplo de su boca y destruirá con el esplendor de su venida. 9 El malvado vendrá, por obra de Satanás, con toda clase de milagros, señales y prodigios falsos. 10 Con toda perversidad engañará a los que se pierden por haberse negado a amar la verdad y así ser salvos. 11 Por eso Dios permite que, por el poder del engaño, crean en la mentira. 12 Así serán condenados todos los que no creyeron en la verdad, sino que se deleitaron en el mal.
13 Nosotros, en cambio, siempre debemos dar gracias a Dios por ustedes, hermanos amados por el Señor, porque desde el principio Dios los escogió[e] para ser salvos, mediante la obra santificadora del Espíritu y la fe que tienen en la verdad. 14 Para esto Dios los llamó por nuestro evangelio, a fin de que tengan parte en la gloria de nuestro Señor Jesucristo. 15 Así que, hermanos, sigan firmes y manténganse fieles a las enseñanzas[f] que, oralmente o por carta, les hemos transmitido.
16 Que nuestro Señor Jesucristo mismo y Dios nuestro Padre, que nos amó y por su gracia nos dio consuelo eterno y una buena esperanza, 17 los anime y les fortalezca el corazón, para que tanto en palabra como en obra hagan todo lo que sea bueno.

3:1 Por último, hermanos, oren por nosotros para que el mensaje del Señor se difunda rápidamente y se le reciba con honor, tal como sucedió entre ustedes. 2 Oren además para que seamos librados de personas perversas y malvadas, porque no todos tienen fe. 3 Pero el Señor es fiel, y él los fortalecerá y los protegerá del maligno. 4 Confiamos en el Señor de que ustedes cumplen y seguirán cumpliendo lo que les hemos enseñado. 5 Que el Señor los lleve a amar como Dios ama, y a perseverar como Cristo perseveró.
6 Hermanos, en el nombre del Señor Jesucristo les ordenamos que se aparten de todo hermano que esté viviendo como un vago y no según las enseñanzas recibidas[a] de nosotros. 7 Ustedes mismos saben cómo deben seguir nuestro ejemplo. Nosotros no vivimos como ociosos entre ustedes, 8 ni comimos el pan de nadie sin pagarlo. Al contrario, día y noche trabajamos arduamente y sin descanso para no ser una carga a ninguno de ustedes. 9 Y lo hicimos así no porque no tuviéramos derecho a tal ayuda, sino para darles buen ejemplo. 10 Porque, incluso cuando estábamos con ustedes, les ordenamos: «El que no quiera trabajar, que tampoco coma».
11 Nos hemos enterado de que entre ustedes hay algunos que andan de vagos, sin trabajar en nada, y que solo se meten en lo que no les importa. 12 A tales personas les ordenamos y exhortamos en el Señor Jesucristo que tranquilamente se pongan a trabajar para ganarse la vida. 13 Ustedes, hermanos, no se cansen de hacer el bien.
14 Si alguno no obedece las instrucciones que les damos en esta carta, denúncienlo públicamente y no se relacionen con él, para que se avergüence. 15 Sin embargo, no lo tengan por enemigo, sino amonéstenlo como a hermano.
16 Que el Señor de paz les conceda su paz siempre y en todas las circunstancias. El Señor sea con todos ustedes.
17 Yo, Pablo, escribo este saludo de mi puño y letra. Esta es la señal distintiva de todas mis cartas; así escribo yo.
18 Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos ustedes.”

Recordemos que Timoteo fue el mensajero de la primera y la segunda carta. Y que luego de entregar la primera carta a los nuevos creyentes en Tesalónica a quienes Pablo y Silvano debieron dejar porque estaban siendo perseguidos por maleantes contratados por judíos de una sinagoga, han cobrado ánimo al enviar y recibir de Timoteo la noticia que permanecen firmes en la fe. Envía la primera carta para animarlos y exhortarlos. Cuando Timoteo lleva esa carta, se da cuenta de ciertos asuntos que al regresar le comenta a Pablo. Quien entonces, escribe la segunda carta a los Tesalonicenses.

Aquí establece tres temas principales. Uno, la esperanza en medio de la persecución. El segundo, la enseñanza distorsionada en nombre de Pablo que ya llegó el día del Señor y el tercero, la exhortación a que los vagos se pongan a trabajar para ganarse la vida.

Las palabras finales de Pablo son, 2 Tesalonicenses 3:16: “Que el Señor de paz les conceda su paz siempre y en todas las circunstancias. El Señor sea con todos ustedes. 17 Yo, Pablo, escribo este saludo de mi puño y letra. Esta es la señal distintiva de todas mis cartas; así escribo yo. 18 Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos ustedes.”

Recuerdo la historia de un amigo que salió exiliado del país. Él perdió la paz. Por eso es importante entender que la paz de Dios nos seguirá todos los días de nuestra vida, siempre, pase lo que pase.
Otro amigo iba camino a la casa de su hija para orar por ella porque estaba enferma, pero antes que él llegara, me llamaron para contarme que la hija había muerto. El perdió la paz. Pero Dios nos la da a aquellos que nos atrevamos a ponernos en paz con él. Agobiados por muchas circunstancias, pero con paz en nuestros corazones.

2 Tesalonicenses 3:16 dice: “Que el Señor de paz les conceda su paz siempre y en todas las circunstancias. El Señor sea con todos ustedes.”

Hay un relato en Mateo 8:23: “Luego subió a la barca y sus discípulos lo siguieron. 24 De repente, se levantó en el lago una tormenta tan fuerte que las olas inundaban la barca. Pero Jesús estaba dormido. 25 Los discípulos fueron a despertarlo. ―¡Señor —gritaron—, sálvanos, que nos vamos a ahogar! 26 ―Hombres de poca fe —les contestó—, ¿por qué tienen tanto miedo? Entonces se levantó y reprendió a los vientos y a las olas, y todo quedó completamente tranquilo. 27 Los discípulos no salían de su asombro, y decían: «¿Qué clase de hombre es este, que hasta los vientos y las olas le obedecen?»”

Si tenemos mucha fe, tenemos poco miedo. Por eso debemos escuchar la Palabra de Dios. Jesús no sólo calmó la tormenta que enfrentaron los discípulos, quienes pidieron a Jesús que los salvara, pero tenían tanto miedo porque no creían, que así sería. Jesús calmó la tormenta exterior, pero su muerte en la cruz, trajo la paz que cada uno de esos discípulos y de los que creen en su nombre, obtienen al reconocer sus pecados, confesarlos y apartarse para consagrarse a él siempre.

Podemos estar en una tormenta, o llegará. Pero en medio de esa tormenta debemos tener la paz de Dios. La paz del Señor, es la reconciliación que la muerte de Jesús el justo, obtuvo para nosotros en la cruz. No sólo aplacó la ira de Dios con su sacrificio, sino que a la vez, nos reconcilió con el Padre. Murió, pero al tercer día, resucitó. Convirtiéndose así, en nuestra promesa de resurrección.

Esta semana recordé un himno antiguo que habla de la paz de Dios. Esa paz que sobrepasa todo entendimiento.
En este mundo el ser humano se reúsa a aceptar su culpabilidad y a aceptar que es pecador. Cuando algo está quebrado en la casa y pregunta, nadie fue. Siempre habrá a alguien a quien echarle la culpa porque nos cuesta aceptar nuestra responsabilidad.

Por eso es importante que antes de disfrutar la paz de Dios estemos en paz con Dios. Todos somos culpables pero cuando pedimos perdón, Dios nos ama y nos perdona por la sangre qe Jesús derramó, nos limpia y nos da justificación. Romanos 5:1 dice: “En consecuencia, ya que hemos sido justificados mediante la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.”

En el Antiguo Testamento las personas tenían que sacrificar un cordero para tener paz con Dios. En el Nuevo Testamento, fue Jesús quien fue el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
Romanos 5:9 dice: “Y ahora que hemos sido justificados por su sangre, ¡con cuánta más razón, por medio de él, seremos salvados del castigo de Dios!”

Cuando creemos en el sacrificio de Jesús ya no seremos condenados, sino salvados del castigo de Dios, porque la paga del pecado es muerte pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús.

Filipenses 4:6 dice: “No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. 7 Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.”

Ya no más temores y angustias. Ahora hay paz de Dios en nosotros.

Pablo termina firmando su carta para demostrar autenticidad. 2 Tesalonicenses 3:18 dice: “Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos ustedes.”

Próximamente comenzaremos a estudiar el libro de Santiago, también llamado el Proverbios del Nuevo Testamento. Le animamos a leerlo en familia por lo menos una vez todos juntos. Y de manera individual, una vez cada día, durante cinco días, para comprender mejor lo que estaremos estudiando.

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