Tres secretos para disfrutar el bienestar ( Código – 2018-310 ) – Radios Fráter
  • agosto 31, 2018

Tres secretos para disfrutar el bienestar ( Código – 2018-310 )

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Se cuenta la historia de un campesino que había tenido un buena cosecha y decidió llevarla a la ciudad. Cargó su carreta con el producto, su gato, su perro y el caballo que jalaba la carreta. Venía por el camino cuando de repente pasó un carro grande y golpeó la carreta. Salió volando el gato, el perro, las cosas y el campesino.

Cuando el que iba manejando se bajó para ver qué había pasado. Cuando vio al gato le dio lástima verlo tan mal que lo mató de tres disparos, fue donde estaba el perro y al verlo moribundo, lo mató de tres disparos. Llegó a ver al caballo y al verlo muy mal le dio tristeza verlo así que lo mató de tres disparos. En eso se acercó al hombre, que estaba tirado en el suelo, huesos quebrados, sangrando, mal herido y que había visto cómo habían muerto sus mascotas, cuando le preguntó el hombre que cómo estaba respondió: “¡Todo bien, todo bien estoy como nunca!”

La Biblia habla sobre cómo podemos disfrutar del bienestar. Lo leemos en Proverbios 3:9 que dice: “Honra al SEÑOR con tus riquezas y con las primicias de todos tus frutos. 10 Así tus graneros estarán llenos con abundancia, y tus lagares rebosarán de vino nuevo.”

Cuando pensamos en el verso 10, esa es la imagen de estar bien, o de disfrutar de bienestar. Tener los graneros llenos, los lagares rebosando de vino, que puede significar alegría, eso habla de estar bien. Pero primero debemos tener claras 2 o 3 cosas.

El primer secreto para estar bien es honrar al Señor con nuestros bienes. La primera línea de este pasaje dice “Honra al Señor con tus riquezas”. Honra, en el idioma hebreo dicen que la raíz, tiene la misma raíz que la palabra “peso” de importancia. En el español honra y peso no tienen relación, pero en el hebreo sí. Lo que aprendemos aquí es que Dios debe ser importante en nuestra vida económico. Dios debe estar por sobre todas las cosas, en nuestra vida financiera. Él debe tener peso en nuestra vida.

Podemos honrar a Dios con nuestros bienes cuando renunciamos a ser los dueños de las cosas que tenemos. Cuando nos oramos a Dios y reconocemos que Él es el dueño y que solo somos administradores de lo que tenemos, eso es un paso importante. Es fácil decir que no somos los dueños, pero es muy difícil vivirlo. Muchos me dicen que han perdido bienes por las deudas y les explico que las perdieron porque eran de ellos.

Uno solo puede perder lo que considera propio. Uno no pierde lo que no es de uno. Si hay que vender una casa, cerrar un negocio, mudarnos de barrio, allí sabremos si tenemos in vínculo con las cosas. Debemos cortar el cordón umbilical con las cosas y declarar a Dios dueño de todas las cosas.

Cuando tenemos las cosas, disfrutémoslas. Dios nos las dio para que disfrutemos de ellas. Cuando sabemos que Dios nos da las cosas no sentimos culpa por tenerlas, porque son de Dios. Y cuando las tenemos, las disfrutamos y cuando no las tenemos, no las extrañamos. No debemos crear vínculos emocionales con las cosas. No debemos permitir que nuestro trabajo, nuestros negocios, las cosas que tenemos nos quiten el gozo del Señor. Porque si eso llega a pasar, no solo nos amargamos nosotros sino a los miembros de nuestra familia y dañamos a la gente que más amamos.
Honramos a Dios con nuestros bienes y riquezas cuando renunciamos a considerarnos dueños de las cosas y nos convertimos en administradores; cuando lo declaramos soberano y nos sometemos a su voluntad y hacemos lo que Él nos dice.

Uno no puede hacer la voluntad de Dios violando su Palabra. Si en nuestra empresa, en nuestro trabajo, tenemos que hacer algo que viole la Palabra de Dios, la respuesta es no. A veces hay que perder dinero por el privilegio de poder mirar a nuestros cónyuges a los ojos y que sepan que somos personas de honor y que queremos imitar el carácter de Cristo en nuestro negocio. Eso es honrar a Dios con nuestros bienes.

Es pagar los impuestos apropiadamente; es no esconder la mercadería que traemos en del exterior en el equipaje; es no mentir en el precio que vendemos los bienes con tal de pagar menos impuestos.

Ser religioso es bien fácil, ser un discípulo de Jesús es mucho más difícil. Tenemos que ser menos religiosos y más comprometidos con Dios. Cuando la iglesia de Cristo se ponga de pie y diga “nosotros vamos a ser el reflejo de Jesús en este país”, este país va a cambiar. Y oramos por ver ese día.

Honrar a Dios significa vivir en moderación, tener el cuidado de cómo manejamos las cosa que él nos da. Qué vemos en la televisión, nuestros teléfonos móviles, cómo manejamos el vehículo. Significa que nuestra casa está ordenada y limpia, porque así reflejamos la limpieza de nuestro corazón. Todo esto para que las personas reconozcan que somos discípulos de Jesús.

Para disfrutar del bienestar primero debemos honrar a Dios con nuestros bienes. Segundo debemos darle a Dios los primero. Proverbios 3:9 dice: “Honra al SEÑOR con tus riquezas y con las primicias de todos tus frutos.”

Las primicias no solo significa lo primero, sino lo primero y lo mejor. Si queremos estar bien debemos dar lo primero y lo mejor a Dios. Abel, Abraham, David, Salomón, María Magdalena y otras mujeres dieron lo primero y lo mejor. José de Arimatea, Priscila y Aquila dieron lo primero y lo mejor. Filemón abrió su casa para que se iniciara una iglesia. ¿Qué de nosotros? ¿Le damos lo que nos sobra o lo primero y lo mejor?

Pensemos cómo podemos darle a Dios lo primero y lo mejor, cuando lo hagamos, experimentaremos el bienestar. Proverbios 3:10 dice: “Así tus graneros estarán llenos con abundancia, y tus lagares rebosarán de vino nuevo.”

El obstáculo que muchos tenemos de no darle lo primero y lo mejor a Dios, es el temor de quedarnos sin nada. Dios nos dice que Él es fiel, el mismo de ayer, hoy y por los siglos y Él nos dará todo lo que necesitamos.

Hay un himno que dice “Hoy, ayer y por los siglos, Cristo es siempre fiel, cambios hay, mas Cristo siempre permanece fiel.”

Tercera clave para disfrutar del bienestar: Confiemos en Dios que es fiel para nuestra provisión diaria.

Hay un poema escrito por Calderón de la Barca llamado ¿Qué quieres?
¿Qué quiero, mi Jesús?…Quiero quererte,
quiero cuanto hay en mí del todo darte,
sin tener más placer que el agradarte,
sin tener más temor que el ofenderte.

Quiero olvidarlo todo y conocerte,
quiero dejarlo todo por buscarte,
quiero perderlo todo por hallarte,
quiero ignorarlo todo por saberte.

Quiero, amable Jesús, abismarme
en ese dulce hueco de tu herida,
y en sus divinas llamas abrasarme.
Quiero, por fin, en ti transfigurarme,
morir a mí, para vivir tu vida,
perderme en ti, Jesús, y no encontrarme.

Para vivir bien es importante empezar en ese lugar, entregándole a Jesús todo nuestro corazón.

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