¿Mira la ira? ( Código – 2018-347 ) – Radios Fráter
  • septiembre 26, 2018

¿Mira la ira? ( Código – 2018-347 )

Escuche:

Hace un tiempo estaba con unos amigos en un restaurante, pero el volumen de la música, la cercanía de otras mesas, el ruido de la cocina hacía casi imposible mantener una conversación. En comunicaciones, cuando se habla de ruidos, se habla de distractores.

Es un problema hoy en día, cuando se quiere hablar con alguien que está en el celular todo el tiempo, es incómodo. Y ahora que hasta los relojes tienen notificaciones del celular, son ruidos en la comunicación.

Así es con Dios, Él nos quiere hablar, pero muchas veces no lo escuchamos porque hay muchos ruidos, muchos distractores. Muchas cosas en nuestra mente y corazón que no permiten que escuchemos a Dios. Dios nos habla de muchas maneras, una de ellas es a través de un predicador, pero existe el prejuicio que podemos tener de “qué me puede enseñar este predicador”. Pero él solo es el mensajero. Santiago 1:19 dice: “Mis queridos hermanos, tengan presente esto: Todos deben estar listos para escuchar, y ser lentos para hablar y para enojarse.”

Santiago le habla a judíos que están dispersos por todo el mundo. Estando lejos de la patria, de la familia, uno se siente triste, aislado, deprimido. Sin embargo, recibir una carta es lo más alegre que puede haber. Santiago sabe que ellos son hermanos en Dios, por eso les dice “queridos hermanos”.

Un problema social es la inmigración, personas que están en otro país, otra raza, otro idioma y hay rechazo, son discriminados. Por eso la palabra “querido” traer alegría y esperanza. El amor es un factor importante.

Santiago dice que “todos”, no importa cuánto hemos estudiado, cuánta educación tenemos, todos necesitamos ser prontos para escuchar. Pero mucha gente no oye porque tienen prejuicios porque tienen muchos ruidos. Todos debemos estar listos para escuchar.

De conocimiento general es el dicho “Dios nos puso dos oídos y una boca, para que escuchemos el doble de lo que hablamos”. Generalmente estamos listos para responder, el punto es, al contrario. Debemos estar listos para escuchar. ¿Qué pasa cuando no escuchamos? Juzgamos sin conocer, llegamos a conclusiones generalmente equivocadas y no comprendemos el corazón y los motivos del otro. Proverbios 17:28 dice: “Hasta un necio pasa por sabio si guarda silencio; se le considera prudente si cierra la boca.”

Mucha gente se arrepiente de lo que dice, pocos de lo que no dicen. Es tan importante tomar en cuenta lo que dice la Escritura. Proverbios 10:19 dice: “El que mucho habla, mucho yerra; el que es sabio refrena su lengua.”
Hay muchos hogares destruidos, muchas amistades perdidas porque alguien no refrenó su lengua. Necesitamos que alguien nos ayude a refrenar nuestra lengua. Por eso Santiago les da ese consejo, para que compartieran su fe con prudencia. No podemos entrar a la casa de un familiar no creyente a destruir lo que tienen que no es correcto. Debemos ser sabios y prudentes.

También debemos ser lentos para enojarnos. Aquí en Guatemala muchos hemos quemado cohetillos. Para los cumpleaños, para las fiestas quemamos cohetes. Una vez, de niño, no tenía para comprar cohetes, así que buscaba aquellos que no se habían quemado y los recogía. Pero un amigo que tenía muchos, nos compartió de los que tenía. Y con otro amigo empezamos a quemar un cohete grande. Pero la primera vez no explotó. La segunda vez, yo intenté, pero tenía una mecha corta, pero no explotó. Así la tercera vez le tocó a un mi primo, pero como la mecha estaba muy corta, explotó de inmediato y nos quemó.

Enojarse rápido es como se dice “de mecha corta”, las personas así se enojan rápido. Por eso debemos ser lentos para hablar y enojarse y rápidos para escuchar. Proverbios 19:11 dice: “El buen juicio hace al hombre paciente; su gloria es pasar por alto la ofensa.”

Jonathan Edwards fue un predicador famoso y tercer presidente de la Universidad de Princeton, en Estados Unidos. Un joven fue a hablar con él, pidiendo casarse con su hija. El se negaba vez tras vez. Y el joven no entendía porqué. Hasta el que Jonathan le dijo –ella no es digna de ti. Ella tiene un carácter incontrolable. –

Los padres podrían ser más honestos con los pretendientes. Muchos de los enojos tienen que ver con la falta de comunicación. No nos preocupamos por entender a la otra parte y juzgamos sin tener el cuadro completo a la vista. Stephen R. Covey en su libro “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva” enseña en el quinto hábito lo siguiente: “Procure primero comprender y después ser comprendido”. Esto es un concepto bíblico. Tratar a los demás como deseamos ser tratados, pero aplicándolo al área de la comunicación. Todos deseamos que nos escuchen y que nos comprendan, aun cuando hemos cometido un error o hemos fallado.

¿Por qué deben ser lentos para enojarse? Santiago 1:20 dice: “Pues la ira humana no produce la vida justa que Dios quiere.”

Y Proverbios 14:17 dice: “El iracundo comete locuras, pero el prudente sabe aguantar.”

Debemos tener cuidado cuando vayamos conduciendo el vehículo y alguien hace una imprudencia, debemos aguantar. O cuando nos insultan, debemos aguantar. Conozco a un joven iba en su carro y otra persona cometió una imprudencia. Este joven bajó del carro con una pistola. Pero el conductor del otro carro también tenía una pistola y le disparó primero. El joven reaccionó y le disparó también. Ambos terminaron en el hospital, pero el joven perdió un riñón. Por eso debemos ser lentos para enojarnos. Proverbios 17:27 dice: “El que es entendido refrena sus palabras; el que es prudente controla sus impulsos.”

Debemos controlar nuestros impulsos. No seamos impulsivos, de lo contrario podemos cometer locuras. Por eso Santiago 1:21 dice: “Por esto, despójense de toda inmundicia y de la maldad que tanto abunda, para que puedan recibir con humildad la palabra sembrada en ustedes, la cual tiene poder para salvarles la vida.”

La palabra “despójense” conlleva la idea de cambiarse de ropa. Es venir y quitarse todo aquello que es inmundo y malo. La palabra inmundicia significa: suciedad, porquería o basura. Y la palabra maldad tiene que ver con representar la gran variedad de cosas inmundas que pueden habitar en nosotros.

Debemos quitarnos todo tipo de inmundicia y maldad como: el orgullo, la envidia o la calumnia. Porque la ira humana de la que hablamos, proviene de adentro. Sale de la inmundicia que dejamos habite en nuestros corazones. Ahora bien, despojarse dijimos que conlleva la acción de quitarse la ropa, este es el primer paso, pero ahora debemos recibir algo más.

No sólo nos despojamos de toda inmundicia, ahora dejamos lugar para recibir con humildad la palabra sembrada en nosotros. Esto se refiere al reconocer la palabra de Dios, sus mandamientos y preceptos como la guía de nuestra vida. Para el orgulloso él es su guía de vida, pero el humilde reconoce que debe vivir para Dios y bajo sus mandamientos. No como castigo de parte de Dios sino como bendición. Porque todos los mandamientos existen no para evitarnos vivir, sino para evitarnos sufrir.

Es solo mediante la fe en Cristo que nosotros podemos recibir la salvación que necesitamos. Gálatas 5:19 dice: “Las obras de la naturaleza pecaminosa se conocen bien: inmoralidad sexual, impureza y libertinaje; 20 idolatría y brujería; odio, discordia, celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones, sectarismos 21 y envidia; borracheras, orgías, y otras cosas parecidas. Les advierto ahora, como antes lo hice, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.”

Tenemos que despojarnos de las rivalidades infantiles, especialmente entre cristianos. Eso no permite que la semilla de la Palabra sea sembrada.

Ahora no solo usamos la boca para expresarnos, sino también las redes sociales. Debemos ser prudentes y tener cuidado de lo que compartimos. Jesús es nuestro mayor ejemplo de prudencia. Isaías 53:7 dice: “Maltratado y humillado, ni siquiera abrió su boca; como cordero, fue llevado al matadero; como oveja, enmudeció ante su trasquilador; y ni siquiera abrió su boca.”

Tenemos que pedirle al Señor que nos ayude a seguir el ejemplo de Jesús. Juan 1:29b dice: “«¡Aquí tienen al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!”

Hay una frase que dice: “Se puede ganar una discusión y perder un amigo.” Es mejor conservar las amistades practicando la prudencia. Dios nos quiere hablar, pero debemos hacer a un lado los ruidos, los prejuicios.

1 Pedro 2:20 dice: “Pero ¿cómo pueden ustedes atribuirse mérito alguno si soportan que los maltraten por hacer el mal? En cambio, si sufren por hacer el bien, eso merece elogio delante de Dios. 21 Para esto fueron llamados, porque Cristo sufrió por ustedes, dándoles ejemplo para que sigan sus pasos. 22 «Él no cometió ningún pecado, ni hubo engaño en su boca». 23 Cuando proferían insultos contra él, no replicaba con insultos; cuando padecía, no amenazaba, sino que se entregaba a aquel que juzga con justicia. 24 Él mismo, en su cuerpo, llevó al madero nuestros pecados, para que muramos al pecado y vivamos para la justicia. Por sus heridas ustedes han sido sanados. 25 Antes eran ustedes como ovejas descarriadas, pero ahora han vuelto al Pastor que cuida de sus vidas.”

Jesús nos dejó un claro ejemplo que cuando lo insultaban, no respondía. Así debemos ser nosotros, prudentes, cuidemos nuestros impulsos. Por eso debemos ser prontos para escuchar, y escuchar la Palabra de Dios.

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