Oidores y hacedores ( Código – 2018-335 ) – Radios Fráter
  • octubre 3, 2018

Oidores y hacedores ( Código – 2018-335 )

Escuche:

Ya hemos visto que Santiago 1:19 dice: “Mis queridos hermanos, tengan presente esto: Todos deben estar listos para escuchar, y ser lentos para hablar y para enojarse; 20 pues la ira humana no produce la vida justa que Dios quiere. 21 Por esto, despójense de toda inmundicia y de la maldad que tanto abunda, para que puedan recibir con humildad la palabra sembrada en ustedes, la cual tiene poder para salvarles la vida.”

Esto nos enseña que debemos estar listos para escuchar y ser lentos para responder, debemos estar listos para escuchar y prestos para accionar. Santiago 1:22 dice: “No se contenten sólo con escuchar la palabra, pues así se engañan ustedes mismos. Llévenla a la práctica. 23 El que escucha la palabra pero no la pone en práctica es como el que se mira el rostro en un espejo 24 y, después de mirarse, se va y se olvida en seguida de cómo es. 25 Pero quien se fija atentamente en la ley perfecta que da libertad, y persevera en ella, no olvidando lo que ha oído sino haciéndolo, recibirá bendición al practicarla.”

El versículo 22 es tan claro que no necesita mayor explicación. Sin embargo debemos repasar algunos puntos importantes. ¿Nos gozamos cuando escuchamos la Palabra de Dios? No solo debemos contentarnos al escucharla. Hay algo más que debemos hacer. Hay algunas personas que se llaman así mismos cristianos, pero no ponen en práctica lo que manda Jesús, debemos evitar ser esa clase de personas. Si recibe un curso y no lo pone en práctica, no sirve de nada. Debe llevarlo a la práctica para que sea útil.

Podemos ser teóricos sin vivir la experiencia del evangelio. Si no practicamos el evangelio, solo tenemos una relación con el conocimiento de la fe y no una relación con Dios. Escuchar la palabra y no practicarla, es como el que se ve en el espejo en la mañana y se olvida de cómo es. Santiago 1:23 dice: “El que escucha la palabra pero no la pone en práctica es como el que se mira el rostro en un espejo 24 y, después de mirarse, se va y se olvida en seguida de cómo es.”

Hay quienes sólo miran la fe y el evangelio como un vistazo momentáneo que pronto se olvida y que no tiene relevancia a su vida. Ve y conoce, pero pronto se olvida de las enseñanzas y no hace nada al respecto. Estamos en punto en la vida que abundan los medios para que escuchemos la Palabra de Dios. Biblias, aplicaciones móviles, de todo. Santiago 1:21 dice: “Por esto, despójense de toda inmundicia y de la maldad que tanto abunda, para que puedan recibir con humildad la palabra sembrada en ustedes, la cual tiene poder para salvarles la vida.”

La palabra de Dios tiene el poder para salvarnos la vida, pero debemos creer y actuar en base a ella para ser salvos. Mateo 7:21 dice: »No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino solo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo.”

Podemos venir a la congregación, levantar las manos, dar ofrenda y más; y decir Señor, Señor, pero si no hacemos su voluntad estamos perdidos. Mateo 7:24 dice: “»Por tanto, todo el que me oye estas palabras y las pone en práctica es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. 25 Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa; con todo, la casa no se derrumbó porque estaba cimentada sobre la roca. 26 Pero todo el que me oye estas palabras y no las pone en práctica es como un hombre insensato que construyó su casa sobre la arena. 27 Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, soplaron los vientos y azotaron aquella casa. Esta se derrumbó, y grande fue su ruina».”

¿Cuál es la diferencia? Los dos recibieron la enseñanza, los dos escucharon la Palabra. La diferencia es que uno lo puso en práctica y el otro no. ¿Estamos poniendo en práctica lo que aprendemos de la Palabra de Dios?

Para los que ponen en práctica la Palabra, hay bendición. Santiago 1:25 dice: “Pero quien se fija atentamente en la ley perfecta que da libertad, y persevera en ella, no olvidando lo que ha oído sino haciéndolo, recibirá bendición al practicarla.”

Dios es nuestro Creador y sabe más. Sus mandamientos y sus preceptos precisamente son para bendecirnos, a nuestros semejantes y evitarnos el mal, el dolor y la muerte. Cuando practicamos sus mandamientos recibimos bendición. Proverbios 4:20 dice: “Hijo mío, atiende a mis consejos; escucha atentamente lo que digo. 21 No pierdas de vista mis palabras; guárdalas muy dentro de tu corazón. 22 Ellas dan vida a quienes las hallan; son la salud del cuerpo.”

También Lucas 11:27 dice: “Mientras Jesús decía estas cosas, una mujer de entre la multitud exclamó: —¡Dichosa la mujer que te dio a luz y te amamantó! 28 —Dichosos más bien —contestó Jesús— los que oyen la palabra de Dios y la obedecen.”

Muchas personas llegan con otros a darles palabra “de Dios” diciendo que serán cabeza y no cola, que estarán arriba y no abajo, que serán primeros y no últimos, que darán prestado y no pedir prestado. Pero con el tiempo, nada pasa. Y es porque solo han dado una parte de la palabra. Deuteronomio 28:1 dice: “»Si realmente escuchas al Señor tu Dios, y cumples fielmente todos estos mandamientos que hoy te ordeno, el Señor tu Dios te pondrá por encima de todas las naciones de la tierra. 2 Si obedeces al Señor tu Dios, todas estas bendiciones vendrán sobre ti y te acompañarán siempre:”

Hay una condicionante primero para recibir las bendiciones. Deuteronomio 6:4 dice: “»Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor. 5 Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas. 6 Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. 7 Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. 8 Átalas a tus manos como un signo; llévalas en tu frente como una marca; 9 escríbelas en los postes de tu casa y en los portones de tus ciudades.”

La clave para recibir bendición, es fijarse atentamente en la ley que da libertad y perseverar en ella practicándola. Al contrario del que ve su rostro en el espejo y pronto se olvida, el que practica la palabra y recibe bendición se fija atentamente y persevera en la enseñanza escuchada. Josué 1:6 dice: “»Sé fuerte y valiente, porque tú harás que este pueblo herede la tierra que les prometí a sus antepasados. 7 Sólo te pido que tengas mucho valor y firmeza para obedecer toda la ley que mi siervo Moisés te mandó. No te apartes de ella para nada; sólo así tendrás éxito dondequiera que vayas.8 Recita siempre el libro de la ley y medita en él de día y de noche; cumple con cuidado todo lo que en él está escrito. Así prosperarás y tendrás éxito.”

Obedecer la palabra de Dios requiere valor y firmeza, que nos esforcemos por practicar la Palabra de Dios. Alguno cuando piden consejería, piden sabiduría. Pero he visto que las personas no necesitan sabiduría, porque ya saben qué tienen que hacer. Lo que necesitan es carácter para tomar las decisiones, valor y firmeza.

La abuela de mi esposa no aprendió a leer, pero ella recitaba la Biblia porque se la leían. Leamos y memoricemos la Palabra de Dios. También debemos meditar en ella continuamente y cumplir con cuidado lo que hemos aprendido.

Debemos fijarnos atentamente en la ley que nos da la libertad y ponerla en práctica, así tendremos bendición.

¿Cómo podemos llevar lo que escuchamos de la palabra de Dios a la práctica?
Escuche. Escuchar la predicación de la palabra atentamente y sin distractores es importante. Traiga su Biblia a la iglesia y lleve a sus hijos a la Zona de Campeones.

Anote, el pastor Alex nos enseñó que “El que no anota, no anota”. El que no anota lo que escucha, no recuerda ni la cita bíblica del mensaje. Siempre que escuche una prédica o un tema en la célula, anote. Cuando lea la Biblia, anote sus descubrimientos y enseñanzas.

Reflexione. Reflexionar es considerar detenidamente algo. Siéntese en casa y repase detenidamente sus anotaciones semanales. Pregúntese ¿Entiendo todo lo que he anotado? Si no, investigue.

Accione. Sólo el conocimiento aplicado, produce resultados. Pregúntese sobre las prédicas que escucha o lo que lee en la Biblia ¿cómo voy a aplicar lo que aprendí? ¿Qué voy a comenzar a hacer? ¿Qué voy a dejar de hacer?

Evalúe. Evaluar y aprender del pasado, produce mejores resultados en el presente. Por lo menos una vez al mes, siéntese a evaluar todo lo que ha aprendido. Pregúntese ¿He puesto en práctica lo que decidí cambiar? Pregúntese ¿He sido un hacedor o un oidor de la palabra de Dios?

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