Los juramentos y el cristiano ( Código – 2019-024 ) – Radios Fráter
  • enero 23, 2019

Los juramentos y el cristiano ( Código – 2019-024 )

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En los finales de los años 1990, llegó a mi oficina un cliente para hablar sobre un negocio. Así que llegamos a un acuerdo de brindarle un crédito. Pero para dárselo, se le pidió que firmara un pagaré. Al llegar a la oficina y leer el documento, mientras firmaba me dijo “la palabra de un hombre tiene más valor que un papel que se firma.”

Yo ya había escuchado algo similar pero tuvo más relevancia ese vez porque me lo dijo alguien mientras firmaba. Y es que hay muchas personas que dan su palabra pero no la cumplen. Quizás muchos nos han ofrecido algo que no han cumplido. Todos en algún momento hemos prometido algo y no lo hemos cumplido.

Sin embargo cuando alguien no cumple lo que promete, vienen las excusas, de las que hemos escuchado muchas veces. La más común: el tráfico. Otra: me enfermé. Y una más grave: se murió un familiar. Pero algo más grande después de la excusa viene el juramento.

Es por eso que debemos esforzarnos por ser íntegros. Salmos 15:1 dice: “¿Quién, Señor, puede habitar en tu santuario? ¿Quién puede vivir en tu santo monte? Solo el de conducta intachable, que practica la justicia y de corazón dice la verdad; que no calumnia con la lengua, que no le hace mal a su prójimo ni le acarrea desgracias a su vecino; que desprecia al que Dios reprueba, pero honra al que teme al Señor, que cumple lo prometido aunque salga perjudicado; que presta dinero sin ánimo de lucro, y no acepta sobornos que afecten al inocente. El que así actúa no caerá jamás.”

Hay gente que busca la manera de no salir perjudicada cuando han prometido algo. Las consecuencias de no cumplir la palabra son desastrosas. Piense en las consecuencias que trae el no cumplir la palabra a nivel empresa, familia, amigos. En la empresa, si la materia prima o los productos no llegan en el momento que se indicó, las ventas bajan, pues no hay producto para la venta. En el hogar, si el vendedor promete que llevarán los toldos, las mesas y las sillas el día y hora indicado y llegan dos días después, nadie tiene dónde sentarse para el cumpleaños. En las relaciones, si uno dice que hará algo y no lo hace, la duda elimina la credibilidad futura de la persona. Y la credibilidad en nuestra palabra es fundamental para las relaciones personales y laborales. Si no hay credibilidad no hay nada.

Ahora, es un problema el recurrir a los juramentos para agregar credibilidad. Te lo juro por mi madre, es una frase bastante común en nuestro país. Las personas que han perdido su credibilidad al quedar mal vez tras vez, buscan darle credibilidad y peso a sus palabras por medio de juramentos y dicen: “Te prometo por mi madre que te traigo el carro mañana a las 4:00 p.m.” o “Con Dios como mi testigo te prometo que mañana te pago”.

¿Qué es un juramento? Un juramento es la afirmación o negación de una cosa, poniendo por testigo a Dios, o en sí mismo o en sus criaturas. En otras palabras, podemos decir que es hacer promesas adicionales a nuestro sí o no, con tal que los demás nos crean.
El cristiano no debe recurrir a los juramentos para que su palabra tenga credibilidad. Hoy continuamos estudiando ya los últimos pasajes de la serie del libro de Santiago, serie que interrumpimos por los temas de fin de año y dos temas de este año nuevo. Precisamente tiene que ver con el tema de los juramentos. Santiago 5:12 dice: “Sobre todo, hermanos míos, no juren ni por el cielo ni por la tierra ni por ninguna otra cosa. Que su «sí» sea «sí», y su «no», «no», para que no sean condenados.”

Santiago está citando las palabras del Señor Jesús que encontramos en el Sermón del Monte. Leamos esa porción en Mateo 5:33: “»También han oído que se dijo a sus antepasados: “No faltes a tu juramento, sino cumple con tus promesas al Señor.” 34 Pero yo les digo: No juren de ningún modo: ni por el cielo, porque es el trono de Dios; 35 ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. 36 Tampoco jures por tu cabeza, porque no puedes hacer que ni uno solo de tus cabellos se vuelva blanco o negro. 37 Cuando ustedes digan “sí”, que sea realmente sí; y cuando digan “no”, que sea no. Cualquier cosa de más, proviene del maligno.”

El cristiano no necesita prometer o jurar para que su palabra tenga peso. Es más, Dios prohíbe los juramentos en su Palabra.

¿Cuál es la conclusión a la que llegamos al leer estos dos pasajes? El cristiano sólo tiene dos opciones al hablar: Sí o No. Santiago nos dice que su “sí” sea “sí” y que su no sea “no”. No existe una tercera alternativa. O escogemos entre un sí o no. Esto lo que hace es eliminar el pensamiento engañoso y nos impulsa a decidir con sabiduría entre dos únicas opciones. El cristiano sólo tiene una opción cuando ya ha dicho sí o no: Cumplir. El sí y un no del cristiano debe ser suficiente garantía del cumplimiento de su palabra. Esto no implica que usted no deba hacer contratos ante abogados y notarios o dejar por escrito los términos de los negocios que realice. Pero cuando damos nuestra palabra, existan o no existan contratos, esa palabra es suficiente garantía de cumplimiento para todo el que nos conoce. Eclesiastés 5:1 dice: “Cuando vayas a la casa de Dios, cuida tus pasos y acércate a escuchar en vez de ofrecer sacrificio de necios, que ni conciencia tienen de que hacen mal. 2 No te apresures, ni con la boca ni con la mente, a proferir ante Dios palabra alguna; él está en el cielo y tú estás en la tierra. Mide, pues, tus palabras. 3 Quien mucho se preocupa tiene pesadillas, y quien mucho habla dice tonterías. 4 Cuando hagas un voto a Dios, no tardes en cumplirlo, porque a Dios no le agradan los necios. Cumple tus votos: 5 Vale más no hacer votos que hacerlos y no cumplirlos. 6 No permitas que tu boca te haga pecar, ni digas luego ante el mensajero de Dios que lo hiciste sin querer. ¿Por qué ha de enojarse Dios por lo que dices, y destruir el fruto de tu trabajo? 7 Más bien, entre tantos absurdos, pesadillas y palabrerías, muestra temor a Dios.”

Santiago en el capítulo 1 dice que debemos ser rápidos para escuchar y lentos para hablar. Deuteronomio 23:21 dice: “»Si le haces una promesa al Señor tu Dios, no tardes en cumplirla, porque sin duda él demandará que se la cumplas; si no se la cumples, habrás cometido pecado. 22 No serás culpable si evitas hacer una promesa. 23 Pero, si por tu propia voluntad le haces una promesa al Señor tu Dios, cumple fielmente lo que le prometiste.”

Prometa y cumpla. ¿Qué promesas le ha hecho a su Señor y que aún no ha cumplido? Es tiempo de comenzar. Jesús dijo cualquier cosa de más a un sí o a un no, proviene del maligno. ¿Por qué? Porque generalmente el que promete, tiene un récord de incumplimiento de promesas. Trabaja en la mente del que le fallará, haciéndole creer que lo hará en lugar de trabajar en su persona para ser un hombre de palabra, que cumple promesas.

Si ha perdido su credibilidad comience a cumplir y no recurra a los juramentos. Si ha fallado no hable mucho pero sí hable puntual y claro. Ejemplo: “Ustedes quiero pedirles perdón que no he cumplido mi palabra, pero de ahora en adelante pueden confiar en que cumpliré”. Y entonces, cumpla lo que diga. Cada vez que cumpla una promesa estará construyendo de nuevo su nombre, su reputación, su credibilidad. Y construyendo con su testimonio el reino de los cielos. Un conocido dejó de beber. Antes ya nadie creía en él. Ahora todos creen en él. Pero el cambio le tomó tiempo.

Mateo 21:28 dice: “»¿Qué les parece? —continuó Jesús—. Había un hombre que tenía dos hijos. Se dirigió al primero y le pidió: “Hijo, ve a trabajar hoy en el viñedo”. 29 “No quiero”, contestó, pero después se arrepintió y fue. 30 Luego el padre se dirigió al otro hijo y le pidió lo mismo. Este contestó: “Sí, señor”; pero no fue. 31 ¿Cuál de los dos hizo lo que su padre quería?» —El primero —contestaron ellos. Jesús les dijo: —Les aseguro que los recaudadores de impuestos y las prostitutas van delante de ustedes hacia el reino de Dios. 32 Porque Juan fue enviado a ustedes a señalarles el camino de la justicia, y no le creyeron, pero los recaudadores de impuestos y las prostitutas sí le creyeron. E incluso después de ver esto, ustedes no se arrepintieron para creerle.”

Jesús vino por los pecadores, por eso es importante que seamos íntegros y si necesitamos arrepentirnos de nuestros pecados, pidamos perdón y reconozcamos que Él nos puede perdonar.

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