Llamados a ser y a hacer discípulos (2019-089) – Radios Fráter
  • marzo 13, 2019

Llamados a ser y a hacer discípulos (2019-089)

Escuche

Vea


Lea

Estamos celebrando 40 años de fundación. En estas cuatro décadas hemos visto el poder de Dios, la gracia y la misericordia de Dios, así como su obra transformadora en muchas vidas. Y por eso es que estamos predicando sobre esta serie histórica.

¿Qué necesitamos para que se vengan 40 años más? En los dos temas anteriores aprendimos la visión y la misión de La Fráter ¿La recuerda?

Nuestra visión es: “Ser una iglesia cristiana para la familia, que proclame el amor de Dios, manifieste el poder del Cristo resucitado y persevere en el orden dado en la Biblia.”

Esto se ha ido haciendo realidad al trasladar la visión a cada fiel asistente.

También hablamos de la misión de La Fráter.

Nuestra misión es: “Predicar el evangelio de Jesucristo para salvar y transformar vidas, conectar al nuevo creyente para que tenga una familia espiritual y hacer todo con excelencia para la gloria de Dios.”

Así como la iglesia tiene una visión y una misión, también cada discípulo de Jesús en La Fráter, tiene una visión y una misión. El término discípulo es lo que se usó para llamar a los seguidores de Jesús.

La visión de todo discípulo es: “Convertirme en un discípulo de Jesús y multiplicar mi discipulado en otras personas.”

Cuando nos convertimos en un discípulo de un hombre le podemos aprenderle lo bueno y malo, pero como discípulos de Jesús solo aprenderemos lo bueno.

¿Cómo podemos convertirnos en un discípulo de Jesús? Para ser un discípulo de Jesús, crea en Dios y en Jesús como su Hijo. Muchos hemos creído ya en Jesús. Estas son algunas de las características del un discípulo de Jesús. El discípulo cree que Dios existe. Ser un discípulo de Jesús, es reconocer que Dios existe y que envió a su Hijo unigénito para que tuviéramos vida eterna. Hebreos 11:6 dice: “En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan.”

Tan vital es creer que Dios existe y es lo primero que debemos hacer como discípulos de Jesús. Juan 3:16 dice: “»Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.”

Creer en Jesús como el hijo de Dios, que murió en la cruz, que fue sepultado y resucitado es la clave para ser un discípulo de Jesús y un hijo de Dios y tener la vida eterna.

El discípulo reconoce la divinidad y la humanidad de Jesús. Jesús es Dios y hombre. Juan 1:1 dice: “En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. 2 Él estaba con Dios en el principio. 3 Por medio de él todas las cosas fueron creadas; sin él, nada de lo creado llegó a existir. 4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de la humanidad. 5 Esta luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no han podido extinguirla.”

Juan 1:14 dice: “Y el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros. Y hemos contemplado su gloria, la gloria que corresponde al Hijo unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.”

Juan, el discípulo amado tuvo la dicha de habitar con Jesús, de vivir y compartir con él por 3 años. Hebreos 4:14 dice: “Por lo tanto, ya que en Jesús, el Hijo de Dios, tenemos un gran sumo sacerdote que ha atravesado los cielos, aferrémonos a la fe que profesamos. 15 Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado. 16 Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos.”

Todos tenemos momentos en la vida es que necesitamos más la gracia y la ayuda de Dios. Cuando nos encontramos en ese momento difícil, Hebreos nos dice que nos acerquemos confiadamente al trono de la gracia.

¿Cómo podemos convertirnos en un discípulo de Jesús? Para ser un discípulo de Jesús, crea en Dios y en Jesús como su Hijo.

También, para ser un discípulo de Jesús, reconozca que por sus pecados era enemigo de Dios y estaba condenado a muerte eterna. Colosenses 1:21 dice: “En otro tiempo ustedes, por su actitud y sus malas acciones, estaban alejados de Dios y eran sus enemigos.”

Lo bueno es que ya no somos sus enemigos, sino sus amigos. No provoquemos la ira de Dios sobre nuestra vida. Romanos 3:23 dice: “Pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios”

Y Romanos 6:23 dice: “Porque la paga del pecado es muerte, mientras que la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor.”

Ser un discípulo de Jesús, es reconocer que, como pecadores, somos enemigos de Dios.

Para ser un discípulo de Jesús, arrepiéntase de sus pecados y crea en el evangelio de Jesucristo. El discípulo reconoce que fue amado por Jesús, cuando aún era aún un pecador. Ser un discípulo de Jesús, es reconocer que fuimos amados, cuando no lo merecíamos y estábamos perdidos en nuestros pecados.

Hay madres que han tenido hijos que han cometido delitos. Pero estos cuando lo han necesitado, acuden a su madre y ellas los visitan en la cárcel. Las madres aman profundamente, cuando nadie ama, las madres si aman. Así como el Padre nuestro que está en los cielos nos ama profundamente. Romanos 5:7 dice: “Difícilmente habrá quien muera por un justo, aunque tal vez haya quien se atreva a morir por una persona buena. 8 Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.”

Cristo murió por nosotros no porque fuéramos buenos, sino porque éramos pecadores, sin embargo por amor fue al Calvario a morir. El discípulo reconoce que Jesús vivió la vida que no podíamos vivir y la muerte que merecíamos. No podíamos vivir una vida santa, sin pecado. Pero Jesús sí pudo vivir sin pecado, y Jesús tomó esa muerte para que nosotros tuviéramos vida. 2 Corintios 5:20 dice: “Así que somos embajadores de Cristo, como si Dios los exhortara a ustedes por medio de nosotros: «En nombre de Cristo les rogamos que se reconcilien con Dios». 21 Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios.”

Dios trató a Jesús como debió tratarnos, como pecadores. Gálatas 2:16 dice: “Sin embargo, al reconocer que nadie es justificado por las obras que demanda la ley, sino por la fe en Jesucristo, también nosotros hemos puesto nuestra fe en Cristo Jesús, para ser justificados por la fe en él y no por las obras de la ley; porque por estas nadie será justificado.”

1 Pedro 3:18 dice: “Porque Cristo murió por los pecados una vez por todas, el justo por los injustos, a fin de llevarlos a ustedes a Dios. Él sufrió la muerte en su cuerpo, pero el Espíritu hizo que volviera a la vida.”

1 Juan 3:16 dice: “En esto conocemos lo que es el amor: en que Jesucristo entregó su vida por nosotros. Así también nosotros debemos entregar la vida por nuestros hermanos.”

El discípulo reconoce que sólo Jesús es el mediador y el reconciliador entre Dios y los hombres. Jesús es el reconciliador, nadie llega al Padre sino por Jesús. Cuando se habla de Jesús como el sumo pontífice, que significa puente. Jesús es el puente, el que une a los dos extremos: a Dios y al hombre. 1 Timoteo 2:5 dice: “Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, 6 quien dio su vida como rescate por todos. Este testimonio Dios lo ha dado a su debido tiempo, 7 y para proclamarlo me nombró heraldo y apóstol. Digo la verdad y no miento: Dios me hizo maestro de los gentiles para enseñarles la verdadera fe.”

2 Corintios 5:17 dice: “Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo! 18 Todo esto proviene de Dios, quien por medio de Cristo nos reconcilió consigo mismo y nos dio el ministerio de la reconciliación: 19 esto es, que en Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo, no tomándole en cuenta sus pecados y encargándonos a nosotros el mensaje de la reconciliación.”

Y ese mensaje es el que nosotros predicamos. Le decimos al pecador puedes reconciliarte con Dios a través de Jesús. El discípulo reconoce que la muerte de Jesús nos libra de la ira de Dios.

Ser un discípulo de Jesús, es reconocer que la muerte de Jesús nos libra de la ira de Dios, de la condenación y la culpabilidad del pecado, nos da nueva vida y vida eterna. Por la fe en su muerte somos declarados justos. Por la fe en su sacrificio, recibimos su justicia y él, el castigo por nuestros pecados. Efesios 2:3 dice: “En ese tiempo también todos nosotros vivíamos como ellos, impulsados por nuestros deseos pecaminosos, siguiendo nuestra propia voluntad y nuestros propósitos. Como los demás, éramos por naturaleza objeto de la ira de Dios.”

Si Dios derrama su ira sobre nosotros nos destruye, pero a través de Jesús podemos estar en paz con Él. Romanos 5:1 dice: “En consecuencia, ya que hemos sido justificados mediante la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.”

Hebreos 10:19 dice: “Así que, hermanos, mediante la sangre de Jesús, tenemos plena libertad para entrar en el Lugar Santísimo, 20 por el camino nuevo y vivo que él nos ha abierto a través de la cortina, es decir, a través de su cuerpo; 21 y tenemos además un gran sacerdote al frente de la familia de Dios. 22 Acerquémonos, pues, a Dios con corazón sincero y con la plena seguridad que da la fe, interiormente purificados de una conciencia culpable y exteriormente lavados con agua pura.”

Desde que con la muerte de Jesús se rompió el velo, ahora podemos acercarnos a la presencia de Dios.

Todos tenemos una conciencia culpable, pero a través de Jesús somos libres de esa culpa. La conciencia culpable nos quita el sueño, la alegría de vivir, pero Jesús nos limpia. El discípulo de Jesús reconoce al arrepentirse de sus pecados y creer, que es justificado por la fe en el sacrificio de Jesucristo en la cruz.

Para ser un discípulo de Jesús, obedezca todas las enseñanzas de Jesús. Antes de la obediencia, va el arrepentimiento de pecados y el volver a Dios.

Dios dijo: obediencia quiero y no sacrificios. Es importantísimo. Ser un discípulo de Jesús, es obedecer y hacer lo bueno, pero primero implica, como ya vimos, arrepentimiento de pecados y volver a Dios. No son las obras las que nos salvan, sino la obra de Cristo. Es primero, reconocer que no las hemos cumplido. Es primero arrepentirnos de pecados y luego ese arrepentimiento producirá, buenas obras, en respuesta a la obra redentora en la cruz – el pago con su sangre por el precio de nuestra esclavitud del pecado -. No es, hacer buenas obras y entonces Dios me amará. Es arrepentimiento de pecados, por el que siendo aún pecador murió en la cruz por nosotros.

La marca de un discípulo de Jesús es la obediencia a su Salvador. Un discípulo, es aquel que hace suyas las enseñanzas de un maestro. Un discípulo es un aprendiz, un seguidor. Es llamado a obedecer. 1 de Juan 2:6 dice: “El que afirma que permanece en él debe vivir como él vivió.”

Miqueas 6:8 dice: “¡Ya se te ha declarado lo que es bueno! Ya se te ha dicho lo que de ti espera el Señor: Practicar la justicia, amar la misericordia, y humillarte ante tu Dios.”

Juan 14:15 dice: “»Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos.”

La única manera que tenemos para demostrar que amamos a Dios es obedeciendo sus mandamientos.

El discípulo se niega a sí mismo cada día, toma su cruz y sigue a Jesús. Ser un discípulo de Jesús es negarnos cada día, tomar nuestra cruz y seguirle por quién Dios es y lo que hizo en la cruz al adoptarnos y darnos familia espiritual. Tomar nuestra cruz es negarnos a nuestras ambiciones y sueños, para que vivir para Cristo y glorificar a Dios, sea la prioridad número uno en nuestras vidas. Mateo 16:21 dice: “Desde entonces comenzó Jesús a advertir a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y sufrir muchas cosas a manos de los ancianos, de los jefes de los sacerdotes y de los maestros de la ley, y que era necesario que lo mataran y que al tercer día resucitara. 22 Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo: —¡De ninguna manera, Señor! ¡Esto no te sucederá jamás! 23 Jesús se volvió y le dijo a Pedro: —¡Aléjate de mí, Satanás! Quieres hacerme tropezar; no piensas en las cosas de Dios, sino en las de los hombres. 24 Luego dijo Jesús a sus discípulos: —Si alguien quiere ser mi discípulo, tiene que negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirme.”

Nunca dijo Jesús que ser su discípulo era fácil, siempre es difícil, cuesta una cruz.

Ahora, ¿Cómo podemos multiplicar nuestro discipulado en otras personas? Mateo 28:18 dice: “Jesús se acercó entonces a ellos y les dijo: —Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. 19 Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, 20 enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.”

Suscríbase

Ingrese su correo electrónico para recibir cada nuevo mensaje en su buzón.
47 suscriptores

Mensajes por Categoria

Mensaje por fecha

  • 2019
  • 2018
  • 2017
  • 2016
  • 2015
  • 2014
  • 2013
  • 2012
  • 2011
  • 2010
  • 2009
  • 2008
  • 2007